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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Una Reforma Laboral desde la izquierda (III)

Revisemos un poco la historia reciente desde el punto de vista económico, para entender la evolución vivida en nuestra época democrática. En el fondo somos objeto simplemente de un cruel y terrible engaño, auspiciado desde las clases políticas dirigentes (en connivencia con las clases capitalistas), para desproteger cada vez más a las clases trabajadoras de sus derechos. Pero veamos la paradoja: los intentos de desregulación laboral comenzaron, como hemos dicho, en la década de los 80, con los primeros Gobiernos del PSOE. Véanse si no el Acuerdo Interconfederal (1983) o el Acuerdo Económico y Social (AES, 1984), firmado por el entonces Ministro del ramo, Joaquín Almunia, quien es precisamente hoy Comisario Europeo de la Competencia.

 

joaquin_almunia.jpgPodemos afirmar que a partir de aquí comienza esta tendencia liberalizadora de nuestro ordenamiento laboral, que se mantuvo durante una larga etapa de crecimiento económico (basado en nuestro débil e incorrecto modelo productivo, que seguía beneficiando sobre todo a la clase capitalista), y que se ha visto intensificado como consecuencia de la crisis que azota a la economía mundial en general, y a la española en particular. Pero observemos cómo todas las reformas laborales que se han venido practicando han argumentado las mismas necesidades, y han conseguido los mismos objetivos (contrarios, además, a lo que ellas mismas preconizaban).

 

La paradoja por tanto se encuentra en que la clase capitalista comienza a aprovecharse cada vez más de la clase trabajadora mediante esta serie de reformas laborales, que debilitan progresivamente el mundo del trabajo, pero potencian la libertad y el poderío del capitalismo, hasta tal punto que cuando éste estalla en la actual crisis, se toma de nuevo como pretexto para endurecer al máximo las condiciones de la relación laboral. Si nos paramos a pensarlo, se trata de todo un conjunto de artimañas con un objetivo claro: la lucha de clases. El proceso desregulador ha sido posible merced a la hegemonía de la ideología neoliberal y a la paulatina decadencia del keynesianismo.

 

keynes.jpgEn efecto, la obra de John Maynard Keynes asestó un golpe mortal al liberalismo económico dominante hasta la Gran Depresión de 1930, y alumbró un largo período de prosperidad en todos los países industrializados tras la Segunda Guerra Mundial. La tradición keynesiana propugnaba la intervención del Estado para fomentar el pleno empleo, y una distribución más equitativa de la renta a través del sistema fiscal. La legislación laboral frenaba la explotación de la clase obrera, y el Estado del Bienestar sufragaba muchas necesidades básicas de la población (sanidad, educación, cultura), otorgando protección y seguridad a una amplia mayoría social.

 

El choque del petróleo, entre otros muchos factores que estaban propiciando el estancamiento del capitalismo, arrumbaron definitivamente la ortodoxia keynesiana, incapaz de contener la inflación, y favoreció la irrupción del llamado "neoliberalismo", aupado como ideología que se ajusta a la defensa de los intereses inmediatos de la clase dominante. El prefijo "neo" viene a significar una nueva vuelta de tuerca a la ideología liberal clásica, defensora de la idea del poder y protagonismo del mercado, para unirse también a los patrones de pensamiento conservadores y religiosos. Como se puede suponer, la mezcla de todo ello fue ciertamente explosiva.

 

margaret_thatcher.jpgLos triunfos electorales de Margaret Thatcher en Reino Unido y Ronald Reagan en EEUU en 1979 y 1980, respectivamente, ejemplificaron la victoria política de la nueva economía. Más tarde, la paulatina desaparición de la antigua Unión Soviética (URSS) y el retroceso consiguiente del marxismo consolidaron su predominio incontrastado, hasta merecer la consideración despectiva de "pensamiento único". En cierta medida, se trata de una evolución predecible y explicable a través de los factores anteriormente mencionados: desaparecida la necesidad de un compromiso con la clase obrera, el capitalismo recuperó su versión más salvaje, violenta y opresiva, comenzando a destruir todas las conquistas que habían obtenido los trabajadores tras largos años de lucha.

 

ronald_reagan.jpgLa ausencia de restricciones o controles al capitalismo se fue convirtiendo en el dogma más sagrado de esta doctrina económica que sería conocida como "neoliberalismo", difundida por Milton Friedman y sus correligionarios de la Universidad de Chicago. En realidad, como hemos dicho más arriba, se trata del viejo y clásico capitalismo, que una vez despojado del ropaje keynesiano, pretendía erradicar cualquier atisbo de intervencionismo público, y entregarse abiertamente al proyecto liberal de un supremo y autorregulador mercado. Por tanto, y muy resumidamente, el ideario neoliberal puede reducirse a dos postulados fundamentales que denotan la impronta ideológica de los economistas clásicos, a saber:

 

milton_friedman.jpg1.- El Mercado, elevado a la categoría de dogma, se considera el único instrumento apto para la distribución de los recursos. De esta forma, los ideólogos neoliberales reaccionan contra un Estado intervencionista, y atacan apasionadamente cualquier limitación de los intercambios, denunciada como una amenaza a la libertad política y económica.

 

2.- El individualismo y la desigualdad son valores positivos que favorecen  la libertad y la vitalidad de la competencia, necesaria para la prosperidad de todos.

 

Como podemos observar, su concepto de "libertad" es, por decirlo suavemente, algo especial. Desde estos puntos de vista y premisas básicas, es lógico comprender todo lo que viene detrás, todos los criterios, postulados y objetivos del neoliberalismo, que se acrecientan en un mundo globalizado, donde además la casi totalidad de Instituciones internacionales están al servicio de sus intereses, tales el Banco Mundial o el Fondo Monetario Internacional. Como mandamientos derivados de las dos premisas anteriores, tenemos por ejemplo la desregulación laboral, el desmantelamiento del Estado del Bienestar, la privatización de los servicios públicos, y todas las demás intenciones que la clase patronal y capitalista persigue desde hace tiempo. Continuaremos en siguientes entregas.

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