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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (27)

Fuente Viñeta: http://www.elperiodicodearagon.com/

Fuente Viñeta: http://www.elperiodicodearagon.com/

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Se habla con frecuencia de los derechos humanos, pero hay que hablar también de los derechos de la humanidad. (…) ¿Por qué unos pueblos han de andar descalzos para que otros viajen en lujosos automóviles? ¿Por qué unos han de vivir 35 años para que otros vivan 70? ¿Por qué unos han de ser míseramente pobres para que otros sean exageradamente ricos?

Fragmento del Discurso de Fidel Castro ante la Asamblea General de las Naciones Unidas, 1979

Continuamos, en esta entrega número 27, rebatiendo las típicas falacias y patrañas que justifican el modelo de sociedad actual consagrado a la desigualdad. Bien, un argumento dice más o menos que "Afirmar que no tenemos un problema demográfico por culpa de los pobres es irresponsable". Como hemos sostenido en la entrega anterior, la forma coherente de solucionar el problema demográfico es acabar con la pobreza, y por tanto, actuar sobre la desigualdad. La planificación y asesoramiento familiar en condiciones dignas es mejor receta que la esterilización forzada de pobres y hambrientos. La desigualdad no es culpa de los pobres. No la han traído ellos, sino que son sus víctimas. Y también aprovechamos la falsedad del "argumento demográfico" que se cuela últimamente como chivo expiatorio responsable de los múltiples problemas que nos aquejan, como el de las pensiones. Por no desviarnos mucho del tema que nos ocupa, remito a mis lectores/as que revisen los contraargumentos expuestos en su día en nuestra serie de artículos "Hablemos de pensiones". Allí analizamos a fondo todo el tema del sistema público de pensiones, su problemática, los falsos diagnósticos y soluciones, y las soluciones que aportamos desde la izquierda. 

 

Abundando en los argumentos en esa línea, otro nos cuenta que "Señalar a los de arriba como corruptos o delincuentes es una grave irresponsabilidad". Pero la verdad es que el hecho de que muchos grandes ricos eludan el pago de sus impuestos (mediante toda la ingeniería fiscal existente a su favor) no es sólo su responsabilidad, sino también de los políticos que les facilitan, consienten, amparan y cobijan. Y para finalizar con los típicos argumentos que defienden a los ricos, tenemos aquél que dice que "Los grandes ricos son gente corriente. Alguna manzana podrida habrá pero no más que en otras partes". Argumentos parecidos se aplican también a otros ámbitos, como a la violencia machista, o a la corrupción. Es una maniobra de distracción, es una alteración del foco para de nuevo colocarlo y hacer énfasis donde no se debe. Aclaremos que nadie es inmensamente rico sin querer, y esas "manzanas podridas" con mucho poder son más peligrosas. Bajo un modelo de sociedad donde es posible (y bien visto) enriquecerse sin límites, es normal que entre quienes llegan a lo más alto algunos sigan en el empeño, porque dinero llama a dinero, y dinero llama a poder para tener más dinero y más poder. El sistema posee precisamente una arquitectura que avala la desigualdad porque los de más arriba nunca tienen bastante, y a medida que ellos son más ricos, como destacábamos en su bloque temático correspondiente, los pobres van siendo más pobres. 

 

Un nuevo grupo de argumentos que justifican la desigualdad son todos aquéllos que podríamos englobar bajo el epígrafe (como hace Luis Molina en su artículo de referencia) "Capitalismo y Economía". Vamos a ellos. Aquí encuadramos un primer argumento que asegura que "El capitalismo necesita la desigualdad". La primera en la frente: No es cierto. El capitalismo genera y tiende a la desigualdad (como tiende al desempleo, por ejemplo), pero se pueden amortiguar sus efectos, y ello incluso sin que deje de funcionar. Es decir, que no hay que derrocarlo siquiera. El capitalismo puede ser más o menos igualitario, puede derivar hacia un modelo más justo y más humano, o también puede derivar (como nos está ocurriendo) hacia un modelo irracional, perverso, cruel e inhumano. De cualquier forma, un modelo en el que los deseos de una élite se imponen al mínimo bienestar de la mayoría tiene pésimo pronóstico, corto recorrido, y nos llevará al desastre. Pero aclaremos que la desigualdad no es el capitalismo, sino el resultado de llevar hasta sus últimas consecuencias un modelo injusto y aberrante. Un pasito más en esa dirección da el argumento que dice que "La desigualdad es condición para que el capitalismo funcione bien".  Veamos. Para la fabricación en serie y para que aumente la productividad, se necesita acumulación de capital empresarial, pero eso no significa que dicha acumulación sea necesaria. En un primer estadío del desarrollo, la acumulación patrimonial puede facilitar la necesaria acumulación empresarial para el despegue económico. Pero un mundo tecnológico en el que una pequeña élite nada en la superabundancia, mientras que miles de millones de personas malviven en la miseria y en la pobreza es simplemente inaceptable. 

 

Asumir la acumulación de capital empresarial no significa que haya que aceptar la acumulación de patrimonio personal, ni legitimar el aberrante sistema que perpetúa las desigualdades. La desigualdad patrimonial no es necesaria para que el sistema capitalista funcione bien. Sólo es la consecuencia de que las leyes sean extremadamente tolerantes con los intereses de los grandes empresarios y de los grandes patrimonios. En una palabra: para que una empresa (por muy grande que sea) funcione bien, el salario del que cobra menos en relación al que cobra más no tiene porqué diferir (como ahora ocurre) en cientos de veces. Lo volvemos a repetir: no abogamos por la uniformidad, porque todo el mundo tenga igual y gane igual, abogamos por diseñar un sistema que controle que nunca se produzcan desigualdades tan alarmantes. Bien, llegamos ahora a otro típico argumento que se utiliza, que es el siguiente: "Aunque el capitalismo genere desigualdad, no existe otro sistema mejor". Bien, vayamos por partes, porque detrás de esta afirmación hay mucho tomate. De entrada, no es que el capitalismo sea el mejor sistema, sino que es el único en la práctica del mundo mundial. Precisamente la mal llamada "globalización" y el "Fin de la historia" de Francis Fukuyama se refieren exactamente a eso, es decir, llegan a la conclusión (basándose en sus erróneos criterios) de que el capitalismo es "el sistema". Es decir, que no puede existir otro, que es el sistema por excelencia, el sistema indiscutible. Bien, si todo se hubiera quedado ahí hubiera estado mal (de momento, casi todas las Facultades de Economía de las Universidades se centran en estudiar ese modelo, desechando otras alternativas), pero es que es todavía peor: surgen a raíz del Consenso de Washington una serie de Instituciones y Organismos Internacionales (FMI y Banco Mundial, pero también otras) que velan exactamente por eso, es decir, su misión es exactamente promover y vigilar que el único sistema económico que los países adopten sea el capitalismo.

 

¿Y qué ocurre cuando cualquier país, haciendo uso de la soberanía que le es propia, intenta explorar, buscar, desarrollar otros sistemas más justos y racionales que el capitalismo, o incluso menos, buscan sólo aflojar los resortes del capitalismo más descarnado (como ha ocurrido en Cuba, y más recientemente en Venezuela, Ecuador, Bolivia, etc.)? Pues que dichas Instituciones y Organismos, ayudados de las entregadas potencias occidentales (con Estados Unidos a la cabeza, el gran valedor y paladín del capitalismo mundial) se le echan encima como fieras rabiosas, intentando impedir por todos los medios que dichas experiencias avancen. Si estamos de verdad convencidos de que el capitalismo es el mejor sistema...¿Por qué no dejamos que se exploren también otras vías? Al matemático que demuestra la efectividad de su fórmula no le preocupa que otros investigadores la investiguen para poderla rebatir (si es el caso), sino que incluso lo agradecen. Ese argumento, como vemos, se echa por tierra rápidamente. El capitalismo está absolutamente protegido por nuestro sistema "occidental" de países (esos que se definen como artífices de la democracia y de las libertades), que despliegan las más feroces injerencias cuando entienden que algún tercer país no se alinea, o se aleja solo un poquito de las directrices capitalistas más ortodoxas y dogmáticas. Y en ese sentido, el pensamiento dominante se ha encargado (entre otras muchas cosas) de fabricar perversas leyendas, de tergiversar y de manipular la Historia, para presentar a los países que históricamente han intentado alejarse del capitalismo como auténticos demonios (la antigua URSS, China, Cuba, etc.). También tenemos en estudio una serie de artículos para poner, en este sentido, las cosas en su sitio. Continuaremos en siguientes entregas.

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