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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por la senda del Pacifismo (77)

Por la senda del Pacifismo (77)
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La paz está amenazada hoy por innumerables focos de conflicto generados por la codicia imperial bajo el pretexto de una guerra interminable contra el terror. Nuestra participación en la OTAN acrecienta el riesgo de destrucción masiva de grandes núcleos de población y nos hace cómplices de su apoyo a dictaduras genocidas

Colectivo ANEMOI

Continuamos revisando, siguiendo el documento de referencia, los principales aspectos y enfoques de la imperialista y belicista política de la OTAN, organización militar ofensiva por excelencia del bloque occidental capitalista, a la que nuestro país pertenece. Pues bien, otro aspecto destacado del enfoque de la OTAN corresponde a su política nuclear. De hecho, las armas nucleares han sido desde el principio de la creación de la Alianza Atlántica una parte importante de su política de defensa conjunta. La doctrina nuclear de la OTAN apenas ha cambiado durante las últimas décadas, a pesar de la desaparición de la URSS, del Pacto de Varsovia y del final de la Guerra Fría. En la revisión del nuevo Concepto Estratégico de la OTAN, aprobado en la Cumbre de Lisboa de 2010 y que ya citamos en nuestra entrega anterior, se reafirma que la disuasión, basada en una combinación apropiada de capacidades nucleares y convencionales, sigue constituyendo un elemento central de la estrategia de defensa de la Alianza. Esta declaración, y la propia política de la Alianza, viola flagrantemente el Tratado de No Proliferación Nuclear (TNP), o al menos, va contra lo dispuesto en el mismo. Y aunque desde un punto de vista estricto la OTAN no posee armas nucleares propias (del mismo modo que no tiene un ejército propio), existen tres Estados miembro que sí las poseen, que son Estados Unidos, Francia y Gran Bretaña. Concretamente, se estima que Estados Unidos posee unas 7.300 cabezas nucleares, Francia unas 300 y el Reino Unido alrededor de 200. Y por su parte, los Estados miembros de la OTAN no poseedores de armas nucleares participan en diversos grados en la política nuclear de la Alianza. 

 

Algunos países no permiten la entrada de armas nucleares en sus territorios en tiempos de paz. Otros alojan armas nucleares de Estados Unidos en su interior de forma permanente, que pueden ser utilizadas tanto por aviones estadounidenses como por la propia fuerza aérea del Estado huésped. Está demostrado incluso que Estados Unidos ha albergado armas nucleares en algunos países de la OTAN sin el consentimiento de sus gobiernos, como en el caso de Dinamarca. Pero además, en suelo europeo, y aparte de las armas nucleares que poseen Francia y Reino Unido, Estados Unidos tiene desplegadas unas 200 bombas nucleares en distintas bases aéreas repartidas por todo el Viejo Continente. Concretamente en Alemania, Bélgica, Países Bajos, Italia y Turquía. Esta presencia de bombas nucleares estadounidenses en Europa se puede interpretar como un aviso dirigido a Rusia, lo cual podría llevar a una respuesta por parte de Rusia, y dar como resultado una nueva escalada armamentística. En fin, no insistimos más de momento en el asunto nuclear, que será tratado a fondo en el bloque temático séptimo de la presente serie de artículos, dedicado precisamente al desarme nuclear como un gran objetivo pacifista. La OTAN, en definitiva, contribuye decisivamente a la carrera armamentística y a la nuclearización del territorio europeo, amparados ambos en un mayor desarrollo del complejo militar-industrial y en los avances en modernización tecnológica. La OTAN es pues un complejo entramado de relaciones y dependencias entre la tecnología armamentística y su uso y experimentación en todo tipo de conflictos, que el imperialismo estadounidense cobija y ampara bajo su mando. La senda pacifista no puede apoyar en ningún caso la existencia de bloques militares, ni de organizaciones como la OTAN que abogan por el uso de la fuerza como solución a los conflictos, ya que pensamos que deben imponerse los medios diplomáticos para favorecer la distensión, y que éstos poseen suficientes recursos y posibilidades como para hacer desistir hasta a los países y/o dirigentes más belicistas. 

 

Organizaciones como la OTAN representan exactamente lo contrario a lo que la senda pacifista debe buscar, y que son los valores para la cultura de la paz, la objeción de conciencia, la no violencia, la desobediencia civil, las soluciones diplomáticas, el antimilitarismo, el pleno respeto a los todos los derechos humanos, la solidaridad, la ayuda al desarrollo o la cooperación internacional, entre otros. La senda del Pacifismo debe discurrir por los valores de la negociación, del acuerdo, de la presión, de la conciliación de intereses, del desarme mundial, y de la pacificación internacional, con el objetivo final de crear una nueva comunidad internacional completa y absolutamente democrática, que se reafirme en solucionar todos los posibles conflictos de todo tipo que puedan surgir por vías y medios pacíficos. Desde las primeras entregas de esta serie insistíamos, y ahora volvemos a hacerlo, en que la confianza y la creencia en el pacifismo han de ser absolutas, no pueden contemplar fisuras. Ello implica por tanto romper de una forma tajante y definitiva con organizaciones como la OTAN, que asumen y representan justamente los valores contrarios. Y sólo mediante el cultivo de los verdaderos valores pacifistas conseguiremos las auténticas metas que la comunidad internacional tiene planteadas desde hace mucho tiempo (primero como Objetivos del Milenio y luego como Objetivos del Desarrollo), como son la igualdad, la colaboración, la solidaridad, y la erradicación de los grandes males que aquejan a los pueblos, como son el hambre, los desplazamientos forzados, el exilio forzoso, la desigualdad, la discriminación de la mujer, el analfabetismo, etc. Incluso podríamos incluir en dicha lista los graves efectos del cambio climático. Un mundo integralmente pacifista ha de ser la primera garantía para conseguir el resto de objetivos. O si quiere, dicho de otra forma: la comunidad internacional jamás conseguirá esos nobles objetivos sin recorrer de forma decidida la senda del pacifismo. 

 

Para calibrar hasta qué punto nuestra pertenencia como país a la Estructura Militar Integrada de la OTAN nos ha conducido por una espiral imparable, baste recopilar rápidamente el incremento de la presencia militar estadounidense en sus principales bases militares. Como mínimo desde el año 2008 se han incrementado ininterrumpidamente los efectivos estadounidenses en las bases de Rota (Cádiz) y Morón de la Frontera (Sevilla). En Rota, la instalación del Escudo Antimisiles ha supuesto la llegada a dicha base de unos 1.200 militares más, 100 civiles norteamericanos y cuatro buques destructores. Y por su parte, en Morón de la Frontera, la siguiente cronología (tomada de la expuesta en nuestro documento de referencia) nos ayudará a comprender la terrible deriva a la que estamos sometidos, derivada de la irresponsabilidad y el seguidismo complaciente (incluso entusiasta) de nuestros dirigentes políticos hacia las ansias belicistas e imperialistas estadounidenses: 

 

1.- Abril de 2013: El Gobierno del Estado Español aprobó la petición del Gobierno estadounidense de desplegar hasta 500 marines y 8 aviones de transporte durante un año. De este modo, dijeron, construirían una fuerza de respuesta rápida dependiente del mando estadounidense AFRICOM.

 

2.- Febrero de 2014: El Jefe del Pentágono presentó la petición formal de una prórroga por un año más y de un incremento de 350 marines más. La autorización de abril de 2014 se acogió al Artículo 22 del Convenio bilateral de Cooperación para la Defensa de 1988, que permite a Estados Unidos desplegar temporalmente en España hasta un máximo de 900 marines. Precisamente, este carácter temporal permitió al Consejo de Ministros autorizar un contingente de hasta 850 marines y 17 aeronaves sin modificar el referido Convenio, y por tanto, sin pasar por la aprobación del Congreso de los Diputados. Esta autorización extraordinaria no implica un control real de las misiones de los marines. 

 

3.- Diciembre de 2014: Estados Unidos solicitó que el contingente de marines fuera permanente, y que se incrementara el número máximo hasta 3.500, en caso de crisis. Estas nuevas condiciones requerirían una modificación (la tercera) del citado Convenio bilateral, que debería ser aprobada por el Congreso de los Diputados, y que convertiría la base de Morón en la principal base militar de AFRICOM.

 

4.- Julio de 2015: El Congreso de los Diputados aprobó, por la vía de urgencia, la reforma del Convenio. Ya pueden imaginarse los lectores y lectoras cómo fue la distribución del voto: votaron a favor PP, PSOE, CIU, UPyD (hoy día lo haría su homólogo, Ciudadanos), PNV, UPN, CC y Foro Asturias. Votaron en contra el Grupo de la Izquierda Plural (IU-ICV-CHA, hoy día lo haría su homólogo Unidos Podemos), Amaiur y Geroa Bai (hoy día lo harían sus homólogos grupos en el Congreso). 

 

¿Y qué propone el nuevo Convenio bilateral aprobado desde dicha fecha? Pues el nuevo Convenio prevé la presencia permanente de un contingente de hasta 2.200 marines, 500 civiles estadounidenses y 21 aeronaves. Además, aumenta hasta 800 efectivos y 14 aeronaves el límite para despliegues temporales para situaciones de crisis. De esta forma, Morón podrá llegar a acoger hasta 3.000 militares norteamericanos, que no vendrán precisamente a que se les enseñe a tocar la guitarra flamenca. Según el Ministerio de Defensa, en 2008 había sólo 1.130 militares estadounidenses en España. A primeros de 2015 la cifra se había duplicado, y ya había 2.721 registrados. Una vez terminada la ampliación de Morón, se habrá cuadriplicado la presencia militar norteamericana en menos de diez años. Continuaremos en siguientes entregas.

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