Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Renunciar a la OTAN como estructura sería el primer paso hacia la salud mental y la supervivencia del mundo
Nuestra entrada en la OTAN es un caso paradigmático de la evolución que sufren los países que ingresan en la Alianza. La incorporación de España a la OTAN (que se produjo como consecuencia del intento de Golpe de Estado de 1981), tuvo sin duda una razón de peso, como fue impedir que el Estado Español se situara fuera del bloque occidental capitalista. Y es que después del franquismo, los intereses del capitalismo transnacional y del imperialismo norteamericano deseaban una España integrada a todos los efectos en dicho bloque. Existía también la necesidad de transformar las propias Fuerzas Armadas en dos sentidos: el primero, modernizar los diferentes cuerpos militares, especialmente sus altos mandos, la mayoría de los cuales procedían de la etapa de la dictadura franquista, y hacerlos compatibles con el respeto a la Constitución; el segundo, que es el que aquí y ahora nos ocupa, el destinado a renovar el armamento para que las Fuerzas Armadas pudieran ser compatibles con las de otros países socios de la OTAN y así poder participar en igualdad de condiciones en las intervenciones militares en el exterior. Esto se llevó a cabo mediante un fuerte incremento en el gasto militar. Como demuestran los autores del documento de referencia, el gasto en defensa a partir de 1982 aumentó rápidamente durante los primeros años, y ya en 1985 se había incrementado un 18,6%. Posteriormente, a partir de 1996, con la adquisición de los grandes programas de armamentos llevados a cabo para fortalecer la presencia de las FAS españolas en la OTAN, el aumento aún fue mayor hasta alcanzar la cifra de más de 20.000 millones de euros, lo que supone un incremento del 32,3%.
Estos programas tuvieron su expansión más importante durante la primera legislatura del PP de José María Aznar, bajo la denominación de Programas Especiales de Armamento (PEA). Se trataba de grandes programas para hacer compatibles las estructuras y medios de las FAS españolas con las de la Alianza Atlántica, es decir, con el resto de Ejércitos de los países miembros de la OTAN. Algunos de estos programas estaban enmarcados en proyectos europeos de fabricación conjunta de armamento entre varios países. Estos PEA siguen aún hoy día vigentes, pero con un coste muy superior, debido al alargamiento de plazos, y a las cantidades adeudadas a las empresas e industrias militares. Actualmente, Estados Unidos sigue presionando a sus socios europeos para que aumenten sus presupuestos para gastos militares, como por ejemplo se acordó en la Cumbre de la OTAN celebrada en 2014 en Gales, donde se alcanzó el acuerdo (la barbaridad más bien, podríamos decir) de dedicar el 2% del PIB para el año 2023. Para nuestro país representaría sobrepasar los 20.000 millones de euros anuales en gasto militar. Toda una indecencia cuando a la vez se practican recortes sociales de gran envergadura, no se atacan las fuentes del fraude fiscal, se ha de hacer frente a una enorme deuda pública, y sobre todo, representa un alejamiento a las tesis pacifistas y antimilitaristas. No cabe duda por tanto de que la pertenencia a la OTAN representa (entre otros gravísimos inconvenientes) un enorme gasto adicional para el erario público, que lógicamente va en detrimento del desarrollo de la economía productiva y de la satisfacción de las necesidades reales de la población. Pero como sabemos, todo ello se rodea de un discurso en torno a la peligrosidad de las "amenazas" a las que estamos expuestos, cuando en realidad nuestras amenazas vienen derivadas de nuestra pertenencia a la OTAN y de nuestra complicidad con las actividades ligadas al imperialismo norteamericano.
En este sentido, España posee varios acuerdos bilaterales con Estados Unidos, ya que los acuerdos hispano-norteamericanos de 1953 englobaban tres acuerdos: el primero se refería al suministro de material militar estadounidense a España, el segundo hacía referencia a la ayuda económica, y el tercero a la instalación de varias bases navales y terrestres en territorio español. La firma de estos acuerdos supuso para la dictadura de Franco una legitimación y un reconocimiento internacional al régimen, que apuntaló su internacionalización a través del propio alcance de los mismos. Dichos acuerdos estuvieron vigentes entre 1953 y 1970 y tenían una cláusula secreta, que no se conoció hasta años después, que permitía a los Estados Unidos poder activar y utilizar las bases frente a cualquier amenaza o agresión comunista, sin tener la obligación de informar al Gobierno español de los propósitos que tenían, y sin ninguna obligación de ayuda estadounidense en caso de conflicto propio español. Más tarde, estos acuerdos de 1953 fueron sustituidos por el Convenio de Amistad y Cooperación de 1970, cuyo elemento más significativo fue que las bases estadounidenses, que hasta entonces eran de utilización conjunta pero bajo control exclusivo norteamericano, pasaron a ser bases de propiedad española y se autorizó su uso por parte de los americanos mediante una serie de acuerdos complementarios. En 1976, ya muerto Franco, los acuerdos bilaterales pasaron a engrosar dicho Tratado de Amistad y Cooperación, que representaron esta vez un impulso a la monarquía de Juan Carlos I. El Tratado de 1976 fue seguido de un nuevo acuerdo bilateral en 1982, del cual se puede destacar el convenio de cooperación en materia de defensa que recoge la necesidad de modernizar las fuerzas armadas españolas.
En este marco, Estados Unidos se comprometía a vender material militar sobrante y excedente al Ejército español. El acuerdo recoge igualmente la necesidad de cooperar en materia de industria militar. Y de ahí saltamos al año 1988, cuando se firman los últimos Acuerdos Bilaterales, que reflejarían la nueva situación internacional y de política interior española. Estos acuerdos recogieron los cimientos para el cierre de las bases aéreas de Torrejón y Zaragoza y supedita nuevamente la instalación, almacenamiento o introducción de armamento nuclear en territorio español al acuerdo del Gobierno. Además prohíbe sobrevolar el espacio aéreo español con material nuclear a bordo. Pero sin embargo este convenio eximía tanto a buques como a aeronaves de ser inspeccionados, lo que equivale en la práctica a permitir la introducción o tránsito de armamento nuclear en territorio español. Estos acuerdos bilaterales de 1988 han sido posteriormente modificados a través de los Protocolos de Enmienda al Convenio en 2002, 2012 y 2015. La modificación de 2002 reduce casi en un 47% la presencia de personal militar y civil estadounidense en territorio español. El objetivo de la modificación de 2012 fue la contribución española al sistema de defensa antimisiles de la OTAN (el Escudo Antimisiles fue instalado durante la segunda legislatura del PSOE de José Luis Rodríguez Zapatero), autorizando, con esta finalidad, a que Estados Unidos pueda operar con sus fragatas y destructores en la base de Rota. Por último, con la modificación del año 2015 Morón se convirtió en la base permanente de las fuerzas de reacción rápida para África (AFRICOM) de la OTAN, permitiendo incrementar, como ya aludíamos en la entrega anterior, el número de militares y dotaciones de dicha base.
Nuestras relaciones con los Estados Unidos a través de la OTAN han sido, pues, de un absoluto entreguismo, sin calibrar realmente el peligroso alcance de dichas decisiones. Así, nuestra colaboración con la primera potencia belicista y militar del mundo ha sido intensa y servil, poniéndonos en el ojo del huracán de los conflictos internacionales. Todo ello tuvo su máxima expresión en 2003, como conocerán todos mis lectores/as, con nuestra indecente colaboración con la Administración de George W. Bush (junto con el Reino Unido de Tony Blair), durante la segunda legislatura del PP de José María Aznar, en la guerra de invasión de Irak, para derrocar a Sadam Hussein, bajo el engañoso pretexto de su colaboración con Al Qaeda, y su posesión de armas de destrucción masiva. Armas que nunca aparecieron, y por lo cual los dirigentes norteamericano y británico han pedido públicamente disculpas, pero no así nuestro ex Presidente Aznar, que aún se jacta de aquélla inmoral colaboración, que sólo trajo destrucción, devastación, desplazamientos forzados, y millones de muertos y heridos. Evidentemente, esta no es la senda del pacifismo que propugnamos. La famosa foto del trío de las Azores nos hizo entrar en una diabólica espiral. Ella nos ha conducido, junto a nuestra colaboración con la coalición internacional que ha instigado las guerras de Libia y Siria, a padecer en nuestro territorio una serie de brutales atentados terroristas que han dejado cientos de muertos y heridos, y que aún nos continúan situando como punto de mira de la actividad terrorista internacional. Nuestra colaboración con la OTAN debe cesar. Todo gobierno pacifista que se precie de serlo ha de impedir continuar por esta senda de guerra, sangre, odio y destrucción, cuya bandera internacional es la de la OTAN, cuya razón de ser es el agresivo imperialismo, y cuyo adalid son los Estados Unidos y su estado de guerra permanente, tanto interno como externo. Continuaremos en siguientes entregas.