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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (69)

Arquitectura de la Desigualdad (69)
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Los paraísos fiscales esconden 7,6 billones de dólares de fortunas individuales, una cantidad superior al PIB del Reino Unido y Alemania. Oxfam ha analizado 200 empresas, entre ellas las más grandes del mundo y las socias estratégicas del Foro Mundial de Davos, revelando que 9 de cada 10 tienen presencia en paraísos fiscales

Joan Boada

BLOQUE IV. PARAÍSOS FISCALES.

 

La protección gubernamental e institucional a los ricos, como ya explicábamos en el primer bloque temático de esta serie de artículos, es poderosa. De hecho, en el informe del muy oficial Instituto de Estudios de Seguridad de la Unión Europea correspondiente al año 2010, y titulado "¿Qué defensa europea tendremos en 2020?", cuya larga introducción fue escrita por Catherine Ashton (que era entonces la número 2 de la UE, es decir, la Alta Representante de la UE para los Asuntos Exteriores y la Política de Seguridad) se puede leer que la misión de la UE es: "Proteger a los ricos del mundo contra las tensiones y los problemas de los pobres. Dado que la proporción de la población mundial que vive en la miseria y la frustración continuará siendo muy elevada, y las tensiones entre este mundo y el mundo de los ricos seguirá acentuándose, con las consecuencias que ello comporta". La sola lectura de este indecente párrafo ya da idea de la perversión de la arquitectura de las instituciones europeas, que las vuelve indignas y contribuye de forma decisiva y abierta a la extensión de la desigualdad. A tenor de lo cual, el periodista griego Yorgos Mitralias, y uno de los fundadores del Comité sobre la Verdad de la Deuda griega, comentaba en su artículo "Grecia, la democracia desaparecida" lo siguiente: "La conclusión no es difícil y es sobre todo evidente: cuando los más altos dirigentes de la UE, su Presidente de la Comisión y su ministra de asuntos exteriores y de la defensa muestran tal cinismo confesando públicamente y sin ambages que a la UE le importa un comino la democracia porque se preocupa con toda prioridad de proteger a los ricos de la cólera de los pobres, entonces nadie puede decir que no ha estado avisado". Pues bien, uno de esos "mecanismos de defensa" son los famosos paraísos fiscales, que vamos a abordar en el presente cuarto bloque temático de la serie. 

 

Hace pocos días, la UE ha hecho público un nuevo listado de paraísos fiscales reconocidos por la misma, donde aún se siguen quedando fuera muchos de los territorios que evidentemente lo son. En este sentido, GESTHA (sindicato de los Técnicos de Hacienda) reclama que se agilice la armonización europea que califique como paraíso fiscal cualquier país, territorio o centro offshore que permita una baja o nula tributación para los no residentes, y donde existan el secreto bancario, registral y mercantil. Derivado del hecho de que los ricos no suelen creer en la sociedad, sino en los individuos (tal como sostuviera Margaret Thatcher), como expresión típica del egoísmo y del individualismo que caracterizan a la filosofía política que subyace al neoliberalismo imperante, las prácticas derivadas en los llamados "paraísos fiscales" denotan exactamente eso: no queremos pagar, es decir, no queremos contribuir, es decir, no queremos construir Estado y sociedad con el resto de la gente, con la totalidad de las personas. Y amparado en este hecho empírico, se vienen planificando desde hace décadas terribles normativas que conceden "libertad" plena a la circulación de los capitales, para que los ricos y las grandes empresas puedan hacer circular su dinero más allá de los límites territoriales donde radica su actividad o reside su patrimonio. La libertad para los capitales, por sí misma, ya es un hecho que contribuye a una mayor desigualdad social, tal como relata el Catedrático de Economía Aplicada Juan Torres en este artículo, publicado en el medio Contextos, y que vamos a seguir a continuación. Como se verá en su momento, los llamados "paraísos fiscales" son simplemente una manifestación derivada de dicha "libertad" de circulación de los capitales, mientras generan crisis, desigualdad y pobreza para el resto. 

 

Y esto se ha demostrado matemáticamente. De hecho, un estudio publicado en octubre de 2016 por dos economistas del FMI ha demostrado que cuanto mayor es la libertad de movimientos para el capital más elevada es la desigualdad. Pero claro, a la inmensa mayoría de la población llegan los (falsos) mensajes contrarios, que básicamente afirman que la liberalización de los movimientos de capital es muy positiva porque genera crecimiento a largo plazo y mayor bienestar. Sin embargo, el estudio citado revela lo contrario, y ha sido realizado para muchos países (149) y para un período de tiempo muy largo (1970-2010). Los autores estudian tres vías por las que la mayor libertad de los movimientos de capital suele aumentar generalmente la desigualdad, tal y como ellos confirman en su investigación. En primer lugar, porque está asociada a sistemas financieros menos inclusivos que aumentan las tasas de pobreza. En segundo lugar, porque esa mayor libertad suele anticipar crisis financieras que generalmente terminan con efectos muy desiguales e injustos para la población, y finalmente, porque limita el poder de negociación de los trabajadores y eso provoca que caiga la participación de los salarios en la renta nacional. Pero además puede comprobarse históricamente, ya que existen períodos (1945-1970) donde prácticamente no hay ningún país que sufra crisis financieras, y es el mismo donde se da menos desigualdad (reflejada como una menor participación del 10% más rico en el total de la renta) y muy poca libertad de movimientos para el capital. Y al revés, también se comprueba históricamente que cuando existe mayor desigualdad y más crisis es justamente cuando hay más libertad de movimientos para el capital. 

 

Por su parte, como destaca Juan Torres en su artículo, otros estudios también han demostrado que la liberalización del capital no sólo no reduce la pobreza, como se empeña en afirmar sin ningún fundamento la sabiduría económica convencioinal (adscrita sin reservas al dogma neoliberal), sino que, por el contrario, está asociada a una menor participación de los más pobres en el ingreso (en el cómputo total de la renta nacional). La conclusión se nos ofrece nítida: esta coincidencia entre mayor libertad para el capital y mayor número de crisis, más pobreza y desigualdad más elevada no es ni mucho menos casual. La experiencia práctica demuestra que cuando se liberalizan, los capitales se expanden como un gas a la búsqueda de ganancia inmediata y fácil, y eso crea una gran inestabilidad financiera que se agrava, porque, además, la suma de esos dos fenómenos (menor rentabilidad en la parte productiva y mayor en la financiera) desatan el endeudamiento (ya tratado en el bloque temático anterior), aumentando la deuda pública y multiplicando la inversión especulativa. Y todo ello vuelve más ricos a los ya ricos, y más pobres a los pobres: volvemos a la desigualdad. La liberalización de los capitales contribuye, por tanto, a esta arquitectura social de la desigualdad. El edificio de la desigualdad se construye con muchas piezas, con muchos pisos, y cada uno de ellos realiza su función encaminado al mismo objetivo: construir modelos de sociedad más injustos, crueles y desiguales. Vivimos en un sistema tan perverso que concedemos al dinero y a sus grandes propietarios la libertad que negamos al conjunto de los seres humanos, y especialmente a los más vulnerables. Permitimos de esta forma que los grupos sociales más poderosos aumenten todavía más sus ingresos, sus privilegios y sus riquezas. 

 

Como resume Juan Torres, "En aras de darle libertad a los capitales se hace esclavas a las personas". La evidencia empírica demuestra que esa libertad se traduce inevitablemente en crisis desastrosas que provocan tremendos (y en muchos casos irreversibles) daños a millones de personas, a los pueblos y a la naturaleza. Sabemos que sus costes sociales son mayores que sus beneficios, y sin embargo, seguimos creyendo a los que postulan tales medidas económicas (políticas, en el fondo). No existe ni la más mínima razón científica ni prueba evidente que demuestre que la liberalización de los capitales es mejor para las economías que su estricto control. Los paraísos fiscales son un claro ejemplo de lo que estamos contando. Los ricos argumentan que lo hacen porque "la ley lo permite", es decir, básicamente porque es legal, lo cual no quiere decir que sea bueno ni lícito. Pero es el sistema el que lo permite. Son los grandes agentes económicos los grandes implicados en el gran negocio de los paraísos fiscales. Son los políticos los mejores avalistas de la existencia de estos lugares offshore, son los grandes empresarios los grandes evasores, son los bancos los grandes partícipes e instigadores de su existencia, y son los pueblos, las clases populares y trabajadoras, las que asumen y sufren las consecuencias de la existencia de estos perversos sistemas de baja tributación. Toda una clara arquitectura de la desigualdad, planificada, proyectada y asumida por el conjunto de la sociedad. De tarde en tarde conocemos nombres de empresarios, aristócratas, grandes fortunas, deportistas, cantantes, actores y actrices, etc., que participan de este aberrante mundo. Protestamos durante algún tiempo. Después nos olvidamos. Así nos va. Continuaremos en siguientes entregas. 

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