Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
“Estamos en guerra” no es una proclama, es una descripción de la realidad. Una realidad que nos negamos a aceptar para evitar reconocer que somos cómplices, o admitir el riesgo que implica permanecer pasivos frente a la escalada belicista de la coalición occidental de la que formamos parte
Y lejos de lo que podría parecer (en el sentido de sospechar que España posee un papel muy difuso y secundario dentro de las actividades de la OTAN), nuestro país participa hoy día de una forma muy activa en los diversos conflictos internacionales donde la OTAN decide y organiza. Aproximadamente (pues es una cuestión muy cambiante en el tiempo) estamos hablando de unos 14 escenarios bélicos a lo largo y ancho de todo el mundo, con unos 3.000 soldados aproximadamente desplazados a los lugares de conflicto. El total de fondos que el Estado Español dedica a estos conflictos (entre presupuesto de Defensa y aquéllos otros que están disfrazados, pero que también sirven al mismo objetivo) en torno a unos 32.000 millones de euros (¡cuánto bueno podríamos hacer con ese dinero!). Además de ello, poseemos varias bases militares instaladas en nuestro territorio, y en nuestra base de Rota se está construyendo un búnker para albergar a la plana mayor de la Alianza Atlántica. ¿Necesitamos más razones para concluir que nuestra pertenencia a la OTAN (en general la de cualquier país) no tiene absolutamente ningún sentido? ¿Cuántos argumentos más necesitamos para entender que la pertenencia a la OTAN es justo lo contrario a emprender una senda pacifista, o a que es absolutamente imprescindible abandonar dicha deriva de apoyo y soporte al belicismo más descarnado? Organizaciones como la OTAN son hoy día anomalías del pasado, por más que sus más beligerantes países, con Estados Unidos al frente, se empeñen en mantenerla. La senda pacifista no puede ser cómplice del mantenimiento de estas perversas organizaciones.
Augusto Zamora, Profesor de Relaciones Internacionales y autor del sugerente texto "Política y geopolítica para rebeldes, irreverentes y escépticos" (Ed. Akal, 2016), en este artículo para el medio Rebelion, nos explica sobre la OTAN lo siguiente: "La OTAN carece de sentido. Su existencia se basa en una premisa que no resiste el más básico análisis: defender Europa de una agresión rusa. Los hechos indican lo contrario: es Rusia la que debe defenderse de la OTAN que, desde 1999, no cesa de ampliarse (este 2017 ingresará Montenegro) y de acumular contingentes y medios militares del Báltico al Mar Negro. El peligro y sinsentido de esta política tardo-imperialista queda desnudo con una simple y elemental pregunta: Si la Unión Soviética en la cúspide de su poder, cuando contaba con el Pacto de Varsovia y un crecimiento económico potente, no invadió Europa Occidental ¿Por qué habría de hacerlo ahora Rusia, que tiene menos territorio, menos población y menos recursos militares que la URSS en su apogeo? Las guerras se hacen, decía Tucídides, por "el honor, el temor y el interés". ¿Qué ganaría Rusia con una guerra, cuando su mayor objetivo es el desarrollo económico? ¿Qué beneficio obtendría de invadir una región en declive que es, además, su mayor mercado energético? Como ha señalado Vladimir Putin, Rusia tiene 140 millones de habitantes y la OTAN 700 millones. ¿Quién debe temer a quién? Tal desigualdad lleva a una conclusión elemental: Rusia, por sí misma, no podría sostener una guerra regular sin ser derrotada, lo que la obligaría --en caso de conflicto-- a recurrir a su arsenal nuclear, lo que llevaría a la desaparición en horas de Europa y a poner fin a todos los debates". Parece que el análisis de Augusto Zamora desmonta a la perfección todas las maldades que se le atribuyen a Rusia, que no son en realidad más que pretextos para continuar engordando el tamaño y presupuesto de una OTAN cada vez más determinada a emprender una agresión bélica.
Los intereses económicos del complejo militar-industrial funcionan igual que cualquier otro, y no se detienen ante nada para conseguir sus terribles objetivos, lo que convierte a la OTAN en una peligrosa amenaza para la paz mundial. Al igual que otros sectores, no dudan en publicar informes y datos falsos para justificar sus hostiles campañas, mediante las cuales intentan crear situaciones de un cierto riesgo, que en realidad no existe, para de esa forma legitimar sus acciones bélicas. Circulan en los ambientes del sector un montón de falsas amenazas, de situaciones infundadas, dirigidas a crear alarmas para justificar la existencia de la OTAN, el gasto militar, la militarización de Europa y la omnipresencia de Estados Unidos. Las medidas de cerco militar sobre Rusia se llevan desarrollando desde hace décadas, y se han recrudecido durante los últimos años. La crisis de Ucrania elevó el conflicto hasta cotas insospechadas, y bajo ese pretexto y la rebeldía de las regiones de Crimea, Donestk y Lugansk, la OTAN ha emprendido acciones aún más ofensivas y temerarias. Pero antes, desde los años 90, ya se estaban creando las diversas situaciones para apoyar todo este tinglado. Con la guerra de Yugoslavia se aseguraron el control de la Europa del Este (con el ingreso de Polonia, Hungría y Chequia en la OTAN) y la sumisión de la Unión Europea, que abandonó sus proyectos de autonomía militar y de defensa (como la creación de un Euroejército o de una política exterior propia) para plegarse a los intereses de EE.UU. De hecho, la complicidad europea con el gigante norteamericano en los diversos escenarios internacionales es total, aunque a veces exista alguna voz divergente. En 2004 ingresan también a la OTAN Bulgaria, Rumanía, Eslovaquia y las ex Repúblicas Bálticas (Estonia, Lituania y Letonia).
Y al ir aplicando todas estas políticas, y generando todos esos conflictos, no han dejado de crearse nuevas bases militares y dependencias estadounidenses, desde Rota a Estonia, cubriendo el Viejo Continente de un extremo a otro. Pero en el sudeste asiático la evolución no ha sido muy distinta. Seguimos de nuevo al Profesor Augusto Zamora en este artículo, donde nos cuenta que Estados Unidos ha promovido el rearme de Japón, reabierto la base Clark en Filipinas, aumentando su presencia naval y firmando un acuerdo con Corea del Sur para el establecimiento, en este país, de una base más del Escudo Antimisiles, bajo las advertencias en contra de China y Rusia. Estas otras dos potencias, evidentemente, no se han quedado de brazos cruzados, y también han emprendido una peligrosa escalada armamentista, en respuesta a la amenaza del gigante estadounidense. En el caso de Rusia, desde 2002 ha emprendido un poderoso proceso de modernización de su ejército, armada, aviación, misiles y poder nuclear, que estará concluido en 2020. Y China, por su parte, lleva 20 años realizando multimillonarias inversiones en la modernización de sus capacidades militares, preparando lo que muchos analistas en China consideran una inevitable confrontación con Estados Unidos por el control del Mar de China, los estrechos malacos y el Mar de Japón. Y además, conscientes de que comparten un adversario común, Rusia y China mantienen, desde hace tres lustros, un acelerado proceso de cooperación al más alto nivel y en diferentes facetas, que abarca desde el campo alimentario hasta la colaboración espacial. Recientemente se han firmado multitud de acuerdos dirigidos a multiplicar el poder y desarrollo económico, comercial, energético, militar y estratégico entre ambos países. En palabras de Augusto Zamora: "Una alianza que junta los inmensos recursos económicos y comerciales chinos con la enorme capacidad científico-técnica y los recursos materiales y humanos de Rusia. Hablamos (...) de países que, juntos, suman 35 millones de Km2, 1.500 millones de habitantes y que se extienden desde el Mar Báltico hasta el Extremo Oriente".
En fin, que el panorama es ciertamente preocupante. Una escalada hostil de ambas potencias frente a Estados Unidos destruiría el planeta en cuestión de segundos, debido a la potencia nuclear de todas ellas. Pero es que además Rusia y China no están solos, sino que son los adalides más potentes de la Organización de Cooperación de Shangai (OCS), creada en 2002 con el objetivo de que los Estados de la región resolvieran por sí mismos sus conflictos, sin injerencias externas de ningún tipo. La OCS es, posiblemente, la organización más importante jamás creada en Asia, a la que se incorporarán, en este año 2017, India y Pakistán. Irán será el siguiente miembro de esta lista. Estados Unidos ha intentado en vano cooptar a India para su política contra China, pero India es aliada de Rusia desde los años 50, y Pakistán de China. De hecho, ambas ingresarán en la OCS como fruto de la creciente concordia entre ambas potencias. Augusto Zamora concluye de una forma muy gráfica: "Al lado de esas alianzas, la OTAN es un pigmeo envejecido y reumático, sin posibilidad alguna de triunfar en ningún frente". Y entre tanto, nuestra Europa, lejos de emanciparse de cualquier bloque militar y ejercer una valiente y decidida política pacifista en el escenario internacional, es un socio inquebrantable de Estados Unidos y lleva el fango hasta las rodillas, y la vergüenza por los suelos. La obsesión europea por sostener el delirio estadounidense de dominio mundial puede que nos cueste muy cara. La única decisión aceptable en esta perversa contienda es la de apostar por la erradicación de todo imperialismo, así como la desaparición de cualquier bloque militar o geoestratégico. Continuaremos en siguientes entregas.