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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (73)

Arquitectura de la Desigualdad (73)
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El conjunto de paraísos fiscales, unos 50 territorios a nivel global, viene a ser como un club privado en el que hay una gran fiesta y están invitados las grandes fortunas, los artistas, futbolistas, mandatarios mundiales, delincuentes internacionales, grandes multinacionales, todas las empresas del IBEX 35 (que tienen 900 sociedades y filiales en paraísos fiscales, las han triplicado desde 2009), o los 20 mayores bancos de Europa, que obtienen el 26% de su beneficio a través de paraísos fiscales

José María Peláez (Inspector de Hacienda)

Continuamos con la descripción de los aspectos generales de los paraísos fiscales, basándonos en el estupendo artículo de Paula Bach para el medio La Izquierda Diario. Según el esquema básico de funcionamiento que hemos expuesto, bancos, empresas transnacionales, grupos de empresas e individuos propietarios de voluminosos patrimonios son los candidatos típicos para el usufructo, mediante varios mecanismos, de los paraísos fiscales. Estos territorios se utilizan fundamentalmente para tres tipos de prácticas: la elusión (esquivar el pago de determinados impuestos), la evasión impositiva (desviar cantidades a otros territorios para eximir el pago en el territorio de origen) y el lavado de dinero (mediante el cual se consigue que aparezcan determinadas cantidades legales cuando proceden de actividades alegales, ilegales o ilícitas). La elusión es una práctica considerada legal mediante la cual las empresas diversifican los territorios donde pagan impuestos buscando minimizar la carga con respecto a lo que pagarían en un único territorio. Por el contrario, la evasión es una práctica ilegal que consiste en no consignar ganancias que formalmente deberían ser gravadas con algún tipo de impuesto. Por su parte, el blanqueo de capitales es una práctica destinada a lograr que los fondos y activos provenientes de actividades ilícitas aparezcan como resultado de actividades lícitas. 

 

El caso más típico que podemos analizar son las grandes empresas transnacionales. Ellas suelen fragmentar sus actividades para maximizar el beneficio. Suelen así tener sus fábricas en un país, sus oficinas en otro, su servicio de teleasistencia en otro, y su sede en un paraíso fiscal. Y así, esta diversificación les permite combinar la mano de obra más barata con los impuestos y costos medioambientales más bajos o los requisitos legales menores. En los paraísos fiscales se pueden también constituir sociedades en instantes y casi sin exigencias, manteniendo el secreto bancario que permite la no revelación del verdadero propietario así como la exención de dividendos e intereses cobrados. Además también se puede obtener financiación más barata, se realizan autopréstamos, compras y ventas entre distintas sociedades de una misma firma, entre otras múltiples transacciones que desvirtúan completamente los balances. La arquitectura de la desigualdad permite toda esta casuística, y además posee un montón de intermediarios (bancos, asesorías, empresas pantalla, etc.) para que todo ese despliegue sea lo más rápido y eficiente posible. La empresa Enron, por ejemplo, conocida por sus escándalos contables, utilizó una red de casi 900 sociedades en paraísos fiscales. Las empresas suelen también manipular los precios exportando figuradamente, por ejemplo, a muy bajo precio (y por tanto con bajas ganancias y baja tributación) desde una filial a su sede en un paraíso. Exportando luego realmente al precio efectivo desde el paraíso al lugar de destino, pagando muy baja tributación precisamente porque la operación se realiza desde el paraíso. 

 

Pero como decíamos más arriba, otro caso muy frecuente de los paraísos fiscales es el que hacen de ellos los individuos particulares, evidentemente las grandes fortunas, bien multimillonarios, empresarios, banqueros...pero también deportistas de élite, escritores/as, actores y actrices, cantantes...Muy típicamente, los patrimonios de las personas con activos líquidos superiores al millón de dólares suelen colocarse en manos de los bancos que cuentan con secciones especializadas para gestionar (léase revalorizar y proteger) grandes fortunas, utilizando los paraísos fiscales como pieza determinante. A través de fideicomisos (personas que detentan la propiedad de algo sólo virtualmente) esquivan regulaciones fiscales de sus propios países e incluso las leyes sobre herencia y sucesiones. La banca privada asesora a esas grandes fortunas creando unos complejos entramados de empresas y entidades destinadas a ocultar la propiedad, evitando así las posibles inspecciones fiscales. A su vez, el dinero sucio proveniente de la corrupción o de cualquier otro tipo de delito, en los paraísos fiscales se fragmenta y se va introduciendo en muchas cuentas corrientes bancarias. En una segunda fase el dinero se dispersa en los mercados financieros para que en una tercera fase se utilice después en la compra de diversos tipos de bienes o servicios (viviendas, creación de empresas o inversión en determinados productos). La dinámica es simple y los inspectores de las agencias tributarias (incluso los propios periodistas de investigación) son capaces de seguir la pista y sacar a la luz estas turbias operaciones, pero como decimos, no se tiene voluntad política de acabar con ellas. 

 

Y como venimos repitiendo, la hipocresía más absoluta es la moneda de cambio en cuanto a la actitud que los dirigentes y gobernantes mundiales presentan ante el terrible hecho de los paraísos fiscales. Todos los dirigentes y organizaciones internacionales practican en este sentido un doble juego. Desde hace muchos años en sus discursos hacen fulgurantes alocuciones contra los paraísos fiscales, llenándose la boca de palabras morales que invocan la necesidad imperiosa de liquidar estos territorios offshore. Pero también todos, en la trastienda, bajo cuerda y hasta a veces en la superficie, pero siempre en sus medidas concretas, protegen el mantenimiento de su existencia bajo esta economía globalizada y ferozmente competitiva, que sólo consagra la arquitectura de la desigualdad. Y cuando finalmente los periodistas de investigación sacan a la luz determinados casos, como lleva ocurriendo durante estos últimos años, los Gobiernos condenan (cuando ya no tienen más remedio y para quedar bien ante el conjunto de la ciudadanía) a los protagonistas pillados in fraganti, mientras se absuelven a sí mismos de la corrupción instalada en la estructura y el corazón del propio sistema. Mientras apoyan los paraísos fiscales con una mano, desacreditan al que haya sido pillado con empresas offshore con la otra, y en todo caso, no mueven un dedo por cambiar realmente la legislación ni en la teoría ni en la práctica. Necesitamos por tanto combatir los paraísos fiscales para ganar esta tremenda batalla y derribar la cruel arquitectura de la desigualdad, y hemos de hacerlo a nivel social, a nivel económico y a nivel legal. 

 

¿Qué medidas podrían implementarse? Evidentemente un país de forma aislada posee menos fuerza dentro del contexto de la economía globalizada, por lo que lo ideal sería que se fuera desarrollando un marco homogéneo, convergente hacia la armonización fiscal a nivel internacional. Siguiendo a Miguel Urbán y Daniel Albarracín en este artículo, que a su vez citan a Gabriel Zucman, entre las reformas necesarias cabría señalar un tratamiento de los beneficios empresariales bien distinto, que supusiese no sólo una armonización de sus bases imponibles, sino también la generalización de la norma de hacer pagar a las empresas su impuesto de beneficios en cada país en las que operan en función de su facturación o, de manera aún más fidedigna, la presencia de personal empleado. Otra fórmula que debiera plantearse habría de ser el establecimiento de tipos y bases imponibles armonizadas en el impuesto de beneficios a escala internacional que desincentive el uso de los precios de transferencia internacionales. En el caso de los bancos la solución habría de pasar por la retirada de permisos bancarios y la interposición de crecientes obstáculos a los bancos que operen con jurisdicciones consideradas como refugio fiscal. Pero además de todo ello, necesitamos establecer un registro internacional de propietarios reales actualizado, o fórmulas de intercambio de registro nacional automático, en las que hayan de darse los nombres de estas personas. Otro aspecto fundamental es la exigencia del cumplimiento de pautas de diligencia debida a los diferentes facilitadores, haciéndoles responsables de declarar el nombre de sus clientes, acabando con la detestable práctica del secreto "profesional". Continuaremos en siguientes entregas.

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