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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (75)

Viñeta: Artsenal

Viñeta: Artsenal

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La conclusión principal de la fuga de documentos de Panamá es la confirmación de que independientemente del interés geopolítico, nacionalidad o afiliación política, nuestro mundo está plagado por la corrupción de nuestras élites políticas y económicas que regularmente piden a los ciudadanos comunes que se aprieten el cinturón mientras ellos utilizan compañías offshore para perpetuar su lujoso estilo de vida

Remi Piet

En efecto, quizá fuesen los llamados "Papeles de Panamá" (a los que seguirían los "Papeles de la Castellana" y más recientemente los "Papeles del Paraíso") los que de forma masiva e internacional mostraran al mundo las vergüenzas de todo tipo de dirigentes políticos, empresarios, grandes fortunas, artistas, deportistas de élite, etc., en lo referente a su incursión en el mundo de los paraísos fiscales, demostrando hasta qué puntos estamos ante una práctica masiva y aberrante. En abril de 2016, el ICIJ (Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación) difundió a través de varios medios de comunicación internacionales un conjunto de filtraciones (en realidad, millones de apuntes y registros contables) relativo a la existencia de un entramado de sociedades pertenecientes a personalidades de todo el mundo situadas en paraísos fiscales. Saltaron entonces a la palestra por primera vez nombres muy conocidos del mundo del arte, de las finanzas, de la política, de las letras, de los escenarios, etc. Les unía la participación de una firma panameña, el famoso despacho de abogados Mossack-Fonseca, especialista en domiciliación de empresas offshore (entidades fantasma diseñadas para ocultar la identidad de sus titulares reales) entre los años 1977 y 2015. La BBC aseguró que entre los papeles figuraban al menos 72 jefes o exjefes de Estado. Fue quizá el ejemplo más palpable a nivel interno de esa cultura del egoísmo y de la desigualdad que marca nuestras economías y nuestras vidas. 

 

Por primera vez nos mostraban estos medios todo un sistema perfectamente diseñado y calculado para encubrir las riquezas de todos estos personajes, o al menos, para ocultar ante la opinión pública la existencia de tales entidades. Por supuesto, los grandes bancos privados ejercían como intermediarios entre el gabinete y sus clientes, y en algunas ocasiones, participaban en complicadas operaciones de creación de empresas pantallas y de ocultación de fondos a través de diversos paraísos fiscales situados en distintos continentes. El espectáculo fue realmente bochornoso, pero lejos de tomar conciencia sobre ello, el grueso de la población no ha parecido reaccionar como se debería, exigiendo enérgicamente a los poderes públicos toda clase de medidas para que estos vergonzosos escándalos no se produzcan. Los Papeles de Panamá y otros casos similares que han salido a la luz pública recientemente, constituyen una deprimente radiografía del nivel de corrupción, ocultación e impunidad que se establece en ese triángulo cuyos vértices forman las entidades bancarias, los paraísos fiscales y los despachos que asesoran a sus clientes en la opacidad y el lavado de dinero, destapando todo el cinismo existente en torno a estos asuntos. Ilustremos algún ejemplo concreto con datos reales: Zug es una pequeña localidad suiza con apenas 19.000 habitantes, y sin embargo alberga, en dos o tres calles, nada menos que 29.000 empresas, y entre ellas al menos 500 sedes globales de compañías multinacionales y cientos de otras sedes regionales. Podríamos poner cientos de ejemplos más en dicha línea. 

 

¿A qué se debe semejante fenómeno? ¿Cómo es posible que una pequeña localidad pueda albergar tal cantidad de sociedades? ¿Dónde radica exactamente el interés? ¿Coinciden en ese interés todas las empresas al situar allí sus sedes? Desvelemos el secreto: Zug ofrece los impuestos corporativos más bajos del mundo. Algo así como si de repente el impuesto de circulación de vehículos fuese especialmente bajo en determinada ciudad del globo, y todas las personas matricularan allí sus coches. Es algo similar, pero a mucha mayor escala. En el caso de Zug y adicionalmente, de esas 29.000 empresas registradas, en 17.000 de ellas no consta ningún empleado o empleada dados de alta. ¿Funcionan entonces solas sus oficinas, por alguna suerte de inteligencia artificial? No, simplemente son sedes no reales. Esto convierte a Zug en el "paraíso de los paraísos" fiscales. Estos territorios se han ido convirtiendo en un factor peligroso que distorsiona ampliamente el funcionamiento del sistema capitalista y contribuye de forma exagerada a la concentración de la riqueza en pocas manos, disparando de este modo la arquitectura de la desigualdad. Veamos alguna evolución histórica sobre los impuestos: el promedio del Impuesto de Sociedades en los países de la OCDE ha venido disminuyendo década tras década. En 1950 era del 50%, en el 2011 ya era del 25%, y esto se explica por la despiadada competencia tributaria entre los diferentes países y territorios, jugando los paraísos fiscales, evidentemente, un rol decisivo en esa tendencia. 

 

La distribución evolutiva de la renta cada vez es más favorable para los agentes empresariales, es decir, para las rentas del capital, y más penosa para las rentas del trabajo. Insistiendo en ello, en 1992 los 400 estadounidenses más ricos declararon el 26% de su renta como salarios, y el 36% como plusvalía. Hoy día, sólo un exiguo 6% se declara como renta asalariada, y el 66% como plusvalía, bajo la creciente filosofía de la reducción de impuestos a las empresas y grandes fortunas. Los paraísos fiscales son la guinda del pastel, de este pastel de la distribución y aportación de las rentas tan injusto, de esta planificada y disparada arquitectura de la desigualdad. Y todo ello sin mencionar, entre otros elementos, el papel que desempeñan los paraísos fiscales en el lavado de dinero (procedente de execrables negocios), variable fundamental en la consolidación de la delincuencia organizada, donde habría mucho que decir respecto a la evidente complicidad de varios gobiernos y Estados del mundo. Rodolfo Bueno nos expone más ejemplos en este artículo para el medio Rebelion.org, del cual rescato los siguientes párrafos: "El método más comúnmente empleado para pagar menos impuestos es la sociedad offshore, que puede hacer negocios en el mundo entero y garantiza el anonimato total de sus socios; una offshore fácilmente se puede convertir en corporación y viceversa. Nada de impuestos ni de IVA ni de contribuciones sociales. Para fundarla, se contratan los servicios de un experto, se selecciona el nombre de la empresa, se realiza el primer pago, menos de dos mil dólares, y la sociedad, sin requisitos de capital, se funda en dos días. Se exigen pocos documentos, no hay ni responsabilidades personales ni dirección de oficina ni inversión mínima ni pleitos sobre las acciones de la empresa, que pueden ser transferidas de inmediato sin aviso público". 

 

Y continúa: "Costo anual, setecientos dólares. Propietarios, a gusto y paladar del que guste: individuos de cualquier nacionalidad, independientemente de su relación con la empresa, corporaciones, sociedades, fideicomisos. ¡Bravo! BBB. Mejor imposible. Ni siquiera el diablo tienta tan bonito. Ésta es, en esencia, una estructura que permite maximizar ganancias. En Delaware, el Estado más pequeño después de Rhode Island --650.000 habitantes--, apodado tierra libre de impuestos y uno de los mayores centros bancarios de EE.UU., hay, según su portal oficial, más de un millón de empresas, el 60% de las cuales cotiza en la Bolsa de Nueva York. Delaware, además de garantizar un ilimitado secreto bancario, posee un sistema judicial que resuelve los conflictos legales a favor de las empresas de este Estado; lo que lo convierte en la meta ideal para la creación de sociedades, pues no hay límites al tipo de negocios legales o ilegales que se pueden realizar. No se exige ni ser residente ni ser ciudadano de EE.UU. ni viajar ni hacer negocios en Delaware, basta con desearlo para crear una compañía, tal como en la lámpara de Aladino". Fabulosa descripción la que nos realiza Rodolfo Bueno en los párrafos anteriores, que describe perfectamente la facilidad que los capitales poseen a la hora de instalarse en cualquier sitio del mundo. Son las mejores credenciales. Mientras, a las personas que intentan instalarse para desarrollar una vida mejor, se les impide sistemáticamente, y se les trata de forma denigrante. ¿Hay quien niegue a estas alturas la arquitectura de la desigualdad? Continuaremos en siguientes entregas.

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