Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Empresas fabricantes de ingenios militares como Lockheed Martin (especializada en aviones de guerra como el F-16 y los helicópteros Black Hawk, la mayor contratista del Pentágono), Boeing (productora de los bombarderos B-52 y los helicópteros Apache y Chinook), BAE Systems (vehículos aeroespaciales, buques de guerra, municiones, sistemas de guerra terrestre), Northrop Grumman (primer constructor de navíos de combate), Raytheon (fabricantes de los misiles Tomahawk), General Dynamics (quien aporta tanques de combate y sistemas de vigilancia), Honeywell (industria espacial), Dyncorp (monumental empresa que presta servicios de logística y mantenimiento de equipos militares) –compañías todas que para el año 2016 registraron ventas por casi un billón de dólares, teniendo incrementos desde el 2010 de un 60% en sus ganancias– se sienten exultantes: la “guerra infinita” que se iniciara algunos años atrás con la “batalla contra el terrorismo”, no parece detenerse. La necesidad perpetua de renovar equipos y toda la parafernalia militar asociada promete ingentes ganancias. Todo indica que esa rama industrial sigue marcando el paso de la política imperial
Hemos sostenido que las principales motivaciones de las guerras son de tipo económico, en realidad una intrincada maraña de intereses geopolíticos y del complejo militar-industrial-tecnológico se mueven para detectar nuevos focos de conflicto, y desembocar o no finalmente en un conflicto armado. Para comprenderlo mejor, tomemos una guerra actual, como es la guerra de Siria, para explicar hasta qué punto se dan cita intereses económicos de todo tipo en su despliegue y en su mantenimiento. Nos lo explica muy bien Lola Sánchez (Eurodiputada de Podemos) en este artículo para el medio Publico que vamos a seguir a continuación. El primero y más importante de estos negocios es el petróleo. Numerosos analistas sitúan como origen del conflicto sirio el acuerdo de 2011 entre Siria, Irán e Irak para construir un gaseoducto que uniría el Golfo Pérsico con el Mediterráneo, cruzando los tres territorios. Así, Siria se convertiría en un nodo esencial en el transporte de gas y petróleo hacia Europa. Sin embargo, esta estrategia habría perjudicado enormemente los planes de otros actores de la zona, como Turquía o Arabia Saudí, cuya mayoría religiosa es suní, en vez de chiíta. En 2009, Qatar propuso a Estados Unidos la construcción de otro gaseoducto que partiría de allí y cruzaría Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía. De este modo, el control de Rusia sobre el petróleo que consume Europa sufriría un serio revés, pues el gobierno sirio es aliado ruso. Pero aunque sea ésta la razón del inicio de los movimientos que desembocaron en esta sangrienta contienda que dura ya más de 6 años, otros muchos factores han incidido en ella.
Los bandos implicados en esta guerra se acusan mutuamente de estar comprando petróleo al Estado Islámico, y es muy probable (como muy acertadamente señala Lola Sánchez) que todos los actores implicados lo estén haciendo. El Estado Islámico vende el barril de crudo a un precio menor al de mercado, por lo cual es posible que numerosas empresas energéticas occidentales estén haciendo un negocio redondo para mantener sus negocios en Siria. Pero evidentemente, el sector por antonomasia que se ve ampliamente reforzado con cada conflicto es el de las armas. Europa vende con absoluto descaro todo tipo de material bélico a los países del Golfo, a pesar de que es evidente que muchos de ellos arman a su vez al Daesh. Lamentablemente, nuestro país es uno de los que se llevan la palma. Según un informe de la Secretaría de Comercio, sólo durante la primera mitad de 2015 nuestro país vendió a Arabia Saudí artillería por valor de 450 millones de euros, batiendo récords históricos. Así que luego, estas granadas, misiles o minas acabarán en manos de los radicales islámicos o bombardeando civiles en Yemen. Lola Sánchez explicó la relación con el mundo laboral en los siguientes términos: "Estaba previsto que durante la visita que el Rey Felipe VI iba a realizar a Arabia Saudí hace unas semanas, la empresa pública Navantia firmase un contrato para la construcción de cinco corbetas por un valor de 3.000 millones de euros. El Gobierno justifica esta operación y la "vende" a la ciudadanía alegando que dará trabajo a unas dos mil personas durante cinco años, en los astilleros de Cádiz y Ferrol. En tiempos de crisis, esta pequeña bomba de oxígeno para tantos trabajadores hace que todos miremos para otro lado y obviemos, y no queramos ver, la relación directa entre este caramelo laboral y la crisis humanitaria de los refugiados, que huyen de una guerra que estamos alimentando. Enfrentar a pobres contra pobres ha sido siempre una táctica eficaz de las élites políticas y económicas".
Pero aún existen más negocios implicados en esta guerra, frotándose las manos, y deseando que el conflicto sirio produzca la mayor destrucción posible en los territorios afectados. Se trata del negocio de la reconstrucción. Ya lo vimos en Irak y lo volveremos a ver en Siria. Seguramente ya existan borradores de contratos, acuerdos, compromisos, alianzas y estrategias de todo tipo para sacar tajada cuando se acabe formalmente la guerra, y haya que comenzar esa "reconstrucción". Son los auténticos buitres carroñeros de la guerra, empresas constructoras europeas y estadounidenses, que hacen que las bolsas suban, que se dedican al "fomento" de los países y las naciones, gracias a las que las primas de riesgo bajan, y el "desarrollo" del país se acrecienta. Y por último, no podemos dejar de citar al execrable negocio del tráfico de personas. Las mafias ilegales que se aprovechan de la terrible situación de miles y miles de víctimas inocentes, que comprueban cómo su mundo se desmorona, su aire se vuelve irrespirable, y todo su entorno social y familiar cae en pedazos. Son las que contemplan con estupor e impotencia cómo los edificios que frecuentaban ya no existen, cómo sus calles favoritas se han convertido en infinitos escombros, y cómo un simple paseo se puede convertir en una experiencia mortal. Sus anhelos se evaporan, sus posibilidades se anulan, su experiencia vital se vuelve tenebrosa y espantosa. Muchos deciden quedarse a pesar de todo, pero otros muchos deciden abandonar dicho infierno y migrar hacia otros puntos del planeta. Otros países y regiones donde también habrán de sufrir el odio, la discriminación y la intolerancia de este mundo bélico y salvaje. En este contexto, y sobre todo para las familias pobres, las mafias que controlan el tráfico ilegal de personas encuentran su vivero.
La economista Loretta Napoleoni calcula que el Estado Islámico llega a obtener medio millón de dólares diario en concepto de tributos a las personas que cruzan los territorios que están bajo su control, durante la huida de las mismas. También afirma que cada refugiado que llega a las puertas de Europa (unas puertas cada vez más herméticas) ha pagado aproximadamente unos 5.000 euros al Estado Islámico y a los diferentes grupos armados durante las diversas etapas de su viaje. En Turquía vuelven a encontrarse con otras redes de traficantes, pero gracias al indecente acuerdo que Erdogan firmó con la Unión Europea, Turquía hace la vista gorda mientras recibe hasta 7.000 millones de euros de los 28 países miembros de la UE por controlar y redistribuir el flujo de refugiados. Así que entre algunos otros que no hemos mencionado, y que son normalmente negocios colaterales a los ya descritos, los sectores armamentístico, energético, y de la construcción, apoyados por los propios Estados, están muy interesados en que conflictos como el de Siria exploten, se mantengan en el tiempo y se rentabilicen lo mejor posible, porque esa es exactamente la forma de vivir que ellos han diseñado en este asqueroso mundo capitalista. Pero claro, cuando la pelota se nos devuelva a nuestro tejado, en forma por ejemplo de atentados terroristas que asesinen sin piedad a varios (incluso a cientos de) inocentes de cualquier país occidental, entonces aparecerán con rostros compungidos nuestros indecentes gobernantes, no para reconocer la barbarie y la sinrazón de la guerra que están apoyando con sus políticas, sino para argumentar falacias como que los terroristas quieren "anular nuestro sistema de libertades". Simplemente vergonzoso.
La realidad sobre Siria (es sólo un ejemplo actual de conflicto bélico, podríamos recurrir a otros muchos presentes o pasados, el patrón es siempre el mismo) es otra bien distinta a la que nos cuentan los medios de comunicación dominantes, que lógicamente también se mueven por intereses económicos. Nos lo explica muy bien el sociológo e investigador vasco José Antonio Egido (autor del libro "Siria es el centro del mundo") en esta entrevista de Enric Llopis para el medio Rebelion.org, cuya lectura completa recomiendo a los seguidores de este Blog. Egido considera que los medios han puesto mucho interés en presentar a Bashar Al-Assad como un dictador, y que una de las razones de la agresión a Siria es evitar un renacimiento del "panarabismo" en la región. Egido asegura que si se consigue la derrota de los planes occidentales, Siria es el país donde puede nacer un mundo multipolar, en el que se ponga fin a la impunidad de Estados Unidos y de la OTAN. Los medios de comunicación nos ofrecen una visión perversa y tergiversada del humanismo, que implica obviar todo tipo de información seria y análisis político, objetivo y plural, que pueda armar ideológicamente a la opinión pública sobre las verdaderas razones y contradicciones de la guerra. Nuestros medios occidentales nos cuentan siempre la misma película, con los mismos buenos y malos, con los mismos mensajes, lo cual supone una falta de rigor y de imparcialidad tremenda. En el fondo, como decimos, el negocio de los medios (participado también por terceras empresas de los otros negocios) también está implicado en los conflictos, desempeñando el papel "informativo", que en realidad es una indecente divulgación de sus postulados. Los medios no fomentan el análisis, sino la adhesión ideológica a unos objetivos. Continuaremos en siguientes entregas.