Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La lucha feminista y la ecologista están íntimamente relacionadas y tienen que ir de la mano para caminar hacia un mundo verde y en paz. El modelo de vida y de consumo capitalista y patriarcal se sostiene por la explotación del planeta, sus recursos y la violación sistemática de los DDHH, donde las personas más vulnerables son mujeres y niñas por la feminización de la pobreza, los roles asociados de cuidados y la violencia machista
La corriente ecofeminista, en este sentido, realiza muchas aportaciones, y sintoniza absolutamente, como venimos contando, con los parámetros generales donde se encuadra el Buen Vivir. El ecofeminismo surge de un diálogo permanente entre el feminismo y el ecologismo, toma de ambos y construye un nuevo ideario, destacando nuestra ecodependencia y nuestra sociodependencia. La vida humana en solitario es vulnerable, necesitamos a la sociedad, al resto de las personas, y además lo necesitamos actuando sobre una naturaleza limitada. La lógica de los cuidados se integra con la lógica ecologista, se amplía y se inserta en ella, ofreciéndonos puntos de vista complementarios, y lógicas distintas a la capitalista. Se sostiene bajo un panorama social donde unas personas cuidan a otras, sobre todo en determinados momentos del ciclo vital. El pensamiento ecofeminista encuadra nuestra vida y la del resto de seres vivos bajo otro prisma, y puede ayudarnos a abordar una deconstrucción del imaginario colectivo actual, para sustituirlo por otras vías de salida más justas y sostenibles, que ataquen a las raíces del sistema capitalista actual, profundamente colonial, patriarcal, ecocida y genocida. El ecofeminismo cobra cada vez más fuerza dentro del pensamiento alternativo. También implica a la ciencia y la tecnología, igualmente dedicadas bajo el actual modelo a servir de muletas para consagrar y perpetuar el sistema. ¿Necesitamos la ciencia y la tecnología? Evidentemente. Por supuesto que sí, pero la destrucción generalizada del planeta es resultado del modelo de desarrollo científico y tecnológico utilizado por el capitalismo, es decir, también a su servicio. La ciencia y la tecnología, como el propio pensamiento humano, no son neutras, sino que están al servicio de un modelo. Es el modelo el que hay que abatir.
El estado actual del deterioro de los ecosistemas y los recursos no es un problema técnico que pueda resolverse con una ciencia más avanzada ni con una tecnología más potente (como acostumbran a creer los tecnoutópicos), porque es un problema real de carácter político, de redistribución de la riqueza, de control sobre los recursos, de agotamiento de modelos energéticos. Pero como el capitalismo es incapaz de comprender estos problemas, de asumirlos y de combatirlos, porque ello iría en contra de su propia filosofía (crecentista), entonces lo que plantea es siempre una huida hacia adelante, hacia ninguna parte, o mejor dicho, hacia el precipicio, hacia el colapso. Nosotros afirmamos que debemos abandonar determinados sectores productivos por insostenibles, porque continuar dependiendo de ellos nos abocará al suicidio. Y mientras, el capitalismo suicida y miope continúa por la senda del crecimiento a costa de lo que sea, incluso de nuestra propia desaparición como especie (como de hecho ya está ocurriendo con miles de especies de plantas y animales). Hasta tal nivel de absurdo llegan las propuestas de los organismos internacionales que rigen el capitalismo, que nos animan a que continuemos por la senda "reformista" actual, so pena de que la economía pierda fuerza. Es decir, que el camino contrario, es decir, el que requiere redistribuir la riqueza, dignificar salarios, pensiones, o cubrir sistemas de dependencia para todas las personas que lo necesiten, va en contra de una economía saneada. La conclusión no necesita mucho esfuerzo: si para que la economía vaya bien las personas tenemos que vivir cada vez peor...¿qué clase de economía es ésta? Si para que estos organismos nos feliciten tenemos que seguir masacrando vidas, fomentando guerras, recortando prestaciones sociales, desmantelando el bienestar humano, amenazando las especies animales, y expoliando los recursos naturales de los territorios...¿hacia dónde nos dirigimos? ¿Es que no ven el abismo?
Todo ello es resultado de esta profunda crisis civilizatoria a la que asistimos, se ponen en crisis los modelos de producción, de desarrollo y de consumo, y mientras se diseñan otros nuevos (si es que somos capaces de hacerlo), hemos de atravesar profundos desiertos de ideas, de rechazos, de sentimientos, de imaginarios, de aceptaciones, de reconversiones...Incluso el resurgir de ciertos modos de fascismo (con el ascenso de ciertas ultraderechas por todo el mundo) es resultado directo de este tiempo de crisis, de replanteamientos, de pugnas por modelos distintos, de luchas por los recursos, por falsas apropiaciones de identidades, de sentimientos, de soluciones simples para problemas complejos...pero no podemos perder el norte. Cuando la razón y el pensamiento humanos de desvinculan, se separan de la ética, de los afectos, y dejan de poner en el centro de atención el mantenimiento y sostenimiento de la vida, comienza a crecer un monstruo que es fácil de alimentar, pero muy difícil de destruir. Necesitamos volver a poner en el centro el amor por la vida, por los demás, el sentimiento de lo colectivo, de lo común, la protección de nosotros mismos y de todo lo que nos rodea. Si todo ello no se coloca como prioridad en las relaciones sociales y en los motores económicos y de producción, esos monstruos se harán cada vez más grandes, más incontrolables, y nos llevarán a situaciones destructoras del conjunto de la vida. Y junto al ecofeminismo, el ecosocialismo también ofrece otra visión, otra alternativa radical que ubica el bienestar social y ecológico en primer lugar, en el centro de atención. Porque consciente de los vínculos de la explotación del trabajo humano y de la explotación de los recursos y del medio ambiente, el ecosocialismo se erige en contra tanto de uno como de otro.
El ecosocialismo requiere, no obstante, que se adopte masivamente un nuevo modelo de producción, a través de un modelo de planificación estrictamente democrático, donde la sociedad en conjunto pueda tomar el control de lo que se fabrica, cómo y para qué. Reparto del trabajo, jornadas laborales más cortas, redistribución de la riqueza, modelos energéticos sostenibles, energías limpias y democráticas (soberanía energética, como base para el resto de soberanías), énfasis en las auténticas necesidades de la comunidad, que faciliten (como Javier Ferrero nos ilustra en su imagen) la elevación del ser por encima del tener, la dimensión del ser por encima del estar, la dimensión humana por encima de la riqueza, la valoración del compartir por encima del poseer, la dimensión común por encima del individualismo, y el logro de un sentido de libertad más profundo para todos los seres humanos. Seguiremos a continuación el fantástico artículo de Michael Löwy para la web Great Transition Iniciative, y replicado por www.15-15-15.org y por el digital español Rebelion, entre otros. Löwy explica en dicho artículo los grandes fundamentos del ecosocialismo, como disciplina que emerge dibujándonos un nuevo imaginario productivo, económico, político, científico y cultural. Sintetizando los principios básicos de la ecología (ya principiados en Marx, y seguidos por otros autores como Manuel Sacristán o John Bellamy Foster), y la crítica marxista de la economía política, el ecosocialismo ofrece una alternativa radical a una situación insostenible. Lo primero que debemos enfrentar es la visión capitalista del "progreso" basada en el crecimiento infinito del mercado y la expansión cuantitativa (a costa del agotamiento de los recursos naturales), porque esa visión es destructiva. Necesitamos defender políticas basadas en criterios no monetarios, como el bienestar individual y colectivo, las necesidades sociales y el equilibrio ecológico. El ecosocialismo abandona, por supuesto, las versiones timoratas, dulcificadas o ingenuas de un "capitalismo verde" o de un socialismo productivista, que no llevan a ningún sitio útil, sino que únicamente persiguen disfrazar bajo un rostro más humano las execrables prácticas capitalistas al uso.
Las crisis económica y ecológica están entrelazadas, la una surge por la otra y se retroalimentan barajando los mismos parámetros. Hemos de buscar entonces una reestructuración radical de la economía de acuerdo a los principios de la planificación ecológica democrática, ubicando las necesidades planetarias y sociales en primer lugar. ¿Qué es esto de la planificación ecológica democrática? Es un nuevo modo de plantear las bases de un modelo productivo, donde la población misma (no el mercado, ni una burocracia al uso, ni un Gobierno, ni una organización, ni un club, ni un Estado, ni una entidad supranacional) toma y planifica las principales decisiones sobre la economía. Al comienzo de la gran transición hacia este nuevo modo de vida, con su nuevo modelo de producción y consumo, algunos sectores de la economía deberán suprimirse, como por ejemplo el de la extracción de combustibles fósiles (por ser causante del cambio climático), y otros, en cambio, deberán potenciarse. Deberán también crearse nuevos sectores económicos fieles al modelo. Pero todo este planteamiento, evidentemente, es incompatible con la visión actual del control privado de los medios de producción. En particular, para que las inversiones y las innovaciones tecnológicas sirvan al bien común, la toma de decisiones debe alejarse de los bancos y las empresas capitalistas que dominan actualmente, y ser ubicada bajo el control y el dominio público. Entonces, la sociedad misma, y no una pequeña oligarquía de propietarios, ni una élite de tecno-burócratas, decidirá democráticamente qué líneas productivas van a ser apoyadas, y cómo se van a invertir los recursos en educación, salud, cultura...Será el voto popular directo el que decida las prioridades de inversión social que más convienen, organizado en cuerpos electos a escala nacional, regional o local, según corresponda. Bajo este modelo ecosocialista el precio de los bienes públicos comúnmente compartidos no serían dejados al albur o los vaivenes de las leyes de la oferta y la demanda, sino que reflejarían las prioridades sociales y políticas, con el uso de impuestos y subsidios para incentivar bienes sociales y desincentivar perjuicios o males sociales. Idealmente, a medida que avanza la transición ecosocialista, más productos y servicios críticos para satisfacer las necesidades humanas fundamentales serán libremente distribuidos, de acuerdo a la voluntad del conjunto de la ciudadanía. Continuaremos en siguientes entregas.