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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (148)

Viñeta: Iñaky y Frenchy

Viñeta: Iñaky y Frenchy

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¿Es partidario el oligopolio eléctrico de seguir condenando a millones de personas a enfundarse dos pijamas a las siete de la tarde, apagar la luz y meterse en la cama porque no pueden afrontar un pago mayor de la electricidad y la calefacción? Señores dirigentes, ¿están a favor de que haya personas mayores viviendo a la luz de las velas, arriesgándose a incendiarse con ellas? Díganlo claramente. Hay una guerra mundial contra los pobres y ustedes participan en ella

Olga Rodríguez

La triste realidad de la pobreza energética (al igual que ocurrió con el cadáver del niño Aylan Kurdi ahogado en la playa), tuvo su hito más emblemático con la muerte el 15 de noviembre de 2016 de Rosa, una anciana de 81 años de la localidad catalana de Reus, a quien Gas Natural Fenosa había cortado la luz dos meses atrás por no poder pagarla. Rosa murió de madrugada en su casa a causa de un incendio provocado por una vela que usaba para poder alumbrarse. La vela se cayó mientras dormía, incendió el colchón y la anciana murió asfixiada por el humo. Según la Ley catalana 24/2015 (la primera de este tipo, aprobada por unanimidad a raíz de una Iniciativa Legislativa Popular impulsada por organizaciones de la sociedad civil y avalada por 143.380 firmas), la compañía debería haber avisado a los Servicios Sociales en el momento del impago, para que éstos pudieran poner en marcha los mecanismos previstos en la referida ley para evitar el corte del suministro. Pero esto no ocurrió. El de Rosa no ha sido el único caso. Según ha denunciado la agrupación de bomberos de UGT en Cataluña, 6 de cada 10 muertes en incendios ocurridos dentro del hogar se pueden atribuir directamente a situaciones de pobreza energética. En toda España, la falta de suministro se cobra unas 7.200 vidas al año, según calcula la Asociación de Ciencias Ambientales. El problema se ha vuelto, pues, extremadamente preocupante. Al igual que las medidas de "austeridad" han llegado a provocar el suicidio de miles de personas durante los últimos años, estas muertes por pobreza energética se encuadran bajo la misma perspectiva. Podemos discutir hasta cansarnos sobre si la muerte de Rosa fue un "accidente". Creemos firmemente que no. Un accidente ocurre por la concurrencia de causas absolutamente arbitrarias. En este caso, se trata de un acontecimiento trágico, generado por una suma de factores que concurrieron en tan fatal desenlace: empobrecimiento, precariedad, expolio y desigualdad. El incendio lo provocó una vela, pero la vela jamás habría sido usada si Rosa no hubiera sufrido el corte del suministro, una decisión inhumana, vil y cobarde donde las haya. 

 

Pero los datos siguen estando ahí: más de cinco millones de personas pasan frío en invierno para no hacer frente al importe económico que supone mantener sus viviendas mínimamente climatizadas. Concretamente, como nos indican en este artículo desde eldiario.es, el 11% de los hogares españoles se declaró en el año 2014 (uno de los peores años de la crisis) incapaz de hacer frente a los meses de invierno con una temperatura adecuada en sus viviendas. Son datos de la Asociación de Ciencias Ambientales (ACA). Esta asociación nos contaba también un dato muy significativo: en un solo año, el sueldo de Juan Rosell (Presidente de CEOE) como consejero de la primera empresa del sector en España, Gas Natural subió un 64%, desde los 127.000 euros de 2014 hasta los 208.000 del año siguiente. Cualquier asociación de datos que hagan los lectores y lectoras entre este aumento paralelo en los recibos de la luz y el sueldo de los consejeros de la eléctrica será pura y lógica consecuencia. Pero no solo este factor influye: durante el mandato del ex Ministro del PP José Manuel Soria (quien tuvo que dimitir del Ejecutivo por la aparición de unos datos de una supuesta empresa suya alojada en un paraíso fiscal), y en su afán por poner fin al multimillonario déficit de tarifa (otra mentira más del sistema eléctrico, como explicamos ya nosotros en este artículo) que arrastraba el sistema eléctrico, Soria aprobó un nuevo sistema de fijación de precios basado en la cotización horaria de la electricidad en el mercado mayorista, que no ha impedido que nuestro país sea, según Eurostat, uno de los países europeos más caros en el recibo de la luz. Según cálculos de la ACA, 1,2 millones de personas en nuestro país (el 3% de los hogares) dedican más del 20% de sus ingresos totales en abonar el recibo eléctrico. ¿Es plausible que el pago de un suministro básico llegue a alcanzar tales cotas? ¿Es sostenible este sistema? Dejo de nuevo la reflexión de la respuesta a mis lectores y lectoras. La ACA considera, con buen juicio, que lo aceptable sería que esta partida no superase nunca el 5% del total del presupuesto de las familias, algo que ocurre, según sus cálculos, únicamente en el 45% de los hogares. 

 

Por otra parte, el estudio referido también destaca como dato interesante el hecho de que 7,8 millones de personas viven con goteras o humedades en sus viviendas, precisamente una de las señales más evidentes de la pobreza energética, derivadas del insuficiente uso de la energía. Ante este hecho, la eficiencia energética emerge como una de las principales soluciones al mismo, especialmente la rehabilitación de edificios antiguos que no cumplen con las actuales normativas, actualizadas en niveles de consumo y eficiencia. Es precisamente una política a la que hay que concederle una atención especial, no ya solo por el nivel de empleo que generaría, sino también por su aportación a la sostenibilidad energética de los hogares. Nuestros vecinos europeos lo llevan mucho mejor que nosotros. En un reciente artículo de Carolina García Hervás para el medio La Vanguardia, al que nos remitimos, se analiza brevemente el contexto europeo de la pobreza energética. Mientras que en nuestro país se eleva a 63 euros al mes, el precio de la energía en países con mayor nivel de vida que el nuestro, como Noruega o Finlandia, solo pagan 10 euros. ¿Es que allí las empresas de energía están en suspensión de pagos? ¿Es que acaso son peligrosos países "comunistas" que han nacionalizado dichas empresas? ¿Será porque no existen puertas giratorias? ¿Cómo es posible ese modelo nórdico, donde cobran más y pagan menos? Que se lo cuenten con urgencia a nuestros gobernantes, a ver si aprenden algo. Esta gran diferencia se debe (entre otros factores) a que estos países aumentaron el uso de energías renovables para abastecerse. Carolina García lo explica en los siguientes términos: "Noruega y Finlandia producen casi la totalidad de la energía que consumen a través de energías renovables como la hidroeléctrica, a diferencia de España, donde existe un modelo energético derrochador, dependiente, donde se consume más de lo que se produce. Algo que debería ocurrir en España y que ha contribuido a disminuir la pobreza energética en estos países nórdicos es la existencia de voluntad política y de la sociedad civil, el aprovechamiento de los recursos naturales y una legislación flexible, que combinados adecuadamente, han llevado a excelentes resultados en el norte de Europa". 

 

En efecto, pero para ello tendríamos que tener no solo un Gobierno concienciado y decidido a abordar el problema (que no lo tenemos), sino un gremio empresarial inteligente, justo, humano y sensible, que tampoco tenemos. Nuestros empresarios (y no solo los energéticos) conforman la ralea más indecente de toda Europa, los más trogloditas de todo el continente, cosa de todo punto lógica si echamos un poco la vista atrás, y comprendemos que la mayoría de ellos (y sus descendientes) vienen de la época franquista. No son capaces de la más mínima empatía con las personas, y no comprenden (ni les interesa comprender) las gravísimas consecuencias de esta pobreza energética, que en el fondo son las mismas consecuencias que provoca la propia desigualdad: la salud de las personas, las relaciones familiares, el rendimiento económico, etc. Como destacan Marta García y Joana Mundó en su dossier "La energía como derecho", que tomaremos como referencia a continuación, la Cruz Roja ha constatado que el 58% de la población que es atendida por esta organización vive en hogares donde no se pueden permitir encender la calefacción. Además, España es uno de los países con mayor nivel de mortalidad adicional en invierno de toda la Unión Europea. La pobreza energética se diferencia de la pobreza general en que, además de incidir en ella la situación personal de quien la sufre (ingresos, privación material severa, intensidad de trabajo en el hogar...), inciden también factores relativos a su propio hogar (ubicación, zona climática, tipo de vivienda, antigüedad de la misma, equipamiento...). Por tanto, podríamos distinguir tres causas principales que determinan la situación de pobreza energética:

 

1.- Bajo nivel de renta. En una mayoría de casos, las personas que sufren pobreza energética son las que están percibiendo prestaciones sociales, que están en desempleo, que trabajan a tiempo parcial, que trabajan de forma discontinua, o que están fuertemente endeudadas. Se suma también a todo ello el hecho frecuente de que estas personas a menudo no se pueden permitir vivir en viviendas adecuadas, y suelen hacerlo en edificios que requieren reformas y mejoras de cara a una mayor eficiencia energética. 

 

2.- Baja calidad de la edificación. Este factor supone un problema estructural que afecta a gran parte del parque de viviendas de nuestro país, dado que más del 50% de las viviendas actuales fueron construidas antes de que se aplicara cualquier normativa de regulación térmica. Lógicamente, este hecho tiene unas consecuencias más graves para las personas económicamente vulnerables y con problemas de salud, pero en general tiene un impacto en toda la población que vive en edificios de estas características donde la calidad de la edificación no permite mantener una temperatura de confort y se necesita más energía (y por tanto más recursos económicos) para climatizar las viviendas.

 

3.- Incremento continuado de los precios de la energía. Este tercer factor es también determinante, ya que durante los últimos años, la escalada en los precios de la energía no ha cesado, convirtiendo un suministro básico y un derecho humano casi en artículo de lujo. A ello hay que unir que el poder adquisitivo de la mayoría de la población ha empeorado. Además, hasta el momento no se han justificado estos incrementos en el precio de la factura eléctrica en base a los costes reales de generación, distribución y suministro de la energía, dada la opacidad general del sector energético español. Esta falta de transparencia también aumenta la vulnerabilidad de los consumidores. 

 

Evidentemente, cuando los tres factores aludidos anteriormente se unen, nos encontramos ante un cóctel explosivo que determina casos realmente graves de pobreza energética. Pero fijémonos en el siguiente dato: nuestros gobernantes podrían incidir directamente en los tres factores indicados, solo falta la voluntad política para hacerlo. Continuaremos en siguientes entregas.

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