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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (59)

Viñeta: Becs

Viñeta: Becs

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La tierra se dirige hacia un *burnout*. La naturaleza agoniza. El índice planetario de agua dulce registra una disminución del 83% en comparación a 1970 y en igual período ha desaparecido el 60% de las especies vertebradas. Especialmente en los trópicos y en particular en América del Sur y Central, con 89% de pérdidas. El reino animal vive el peor momento de toda su existencia

Extracto del Informe “Planeta Vivo” 2018, de WWF

Costará aún tiempo, esfuerzo y dedicación, insistencia y luchas, constancia y ánimo, el conseguir que las sociedades actuales, vinculadas al capitalismo más descarnado, acepten regular y conceder derechos a la Naturaleza. Pero esta lucha no puede decaer. Más bien al contrario, ha de ser reforzada, porque nos va en ella nuestra existencia como seres humanos sobre la Tierra. En definitiva, si la Naturaleza incluye a la Humanidad, sus derechos no están aislados de los Derechos Humanos, aunque tampoco se reducen a éstos. Inversamente, los Derechos Humanos como el derecho al trabajo, a la vivienda o a la salud deben entenderse también en términos ecológicos. No podemos tener una vivienda sobre un río, no podemos tener salud con un aire contaminado, no podemos trabajar desarrollando actividades que perjudiquen al medio ambiente...Todo ello exige reconceptualizar todo el compendio de los Derechos Humanos desde una óptica ecológica profunda y transversal, pues la destrucción de la Naturaleza niega también la propia existencia humana, y por tanto, los Derechos Humanos serían inalcanzables sin nuestra Madre Tierra. De esta forma, la justicia ecológica y la justicia social se complementan, la una no es posible sin la otra. Alberto Acosta explica en el artículo de referencia: "Los Derechos Humanos y los Derechos de la Naturaleza, que articulan una "igualdad biocéntrica", unos derechos bioculturales, un derecho salvaje (como lo denomina Cormac Cullinan), una propuesta desde "lo común", aún siendo analíticamente diferenciables, se perfeccionan y conforman una suerte de "derechos de y a la vida". Por eso, los Derechos de la Naturaleza, imbricados cada vez más con los Derechos Humanos, conminan a construir democráticamente sociedades sustentables, a partir de ciudadanías plurales pensadas también desde lo ecológico".

 

Si la Naturaleza no es considerada sujeto de derechos, si continuamos expoliándola, si seguimos destruyéndola, los efectos devastadores de dicha destrucción se volverán contra nosotros y cualquier forma de vida sobre la Tierra: aumento de temperaturas (si no se toman medidas para reducir las emisiones de GEI, la temperatura de la Tierra aumentará probablemente en unos 4ºC respecto de la era preindustrial de aquí a finales de siglo), elevación del nivel del mar (de aquí a 2100, el nivel del mar se elevaría entre 26 y 82 centímetros respecto del período 1986-2005, según el IPCC), fenómenos meteorológicos extremos (lluvias torrenciales, olas de frío o de calor extremos, huracanes, tifones), sequías e inundaciones (los científicos piensan que un planeta más caliente tendrá menos precipitaciones en forma de nevadas, pero más en forma de lluvias torrenciales), crisis humanitarias (se generarán enfermedades, se destruirán cosechas, se anegarán territorios, y se generarán éxodos masivos de poblaciones afectadas, refugiados climáticos, haciendo estallar guerras y enfrentamientos), etc. El panorama que se nos avecina, por tanto, es desolador, apocalíptico. Buena parte de dichas tendencias son ya imparables, pero muchas otras pueden rebajarse, incluso controlarse, si comenzamos a tomar seria conciencia de la envergadura del problema, y actuamos en consecuencia. La Naturaleza ha de ser venerada, protegida, respetada. No puede ser atacada, porque eso implica atacarnos a nosotros mismos, y al resto de seres vivos que ella alberga. Pues bien, veamos un momento lo que se está haciendo por parte de las grandes empresas: este artículo de Diego Herranz para el medio Publico nos cuenta el resultado de un informe de la ONG británica InfluenceMap, que desvela la verdadera agenda anticlimática (es decir, negacionista) de las cinco grandes petroleras (las llamadas Big Fives): ExxonMobil, Shell, Chevron, BP y Total no escatiman esfuerzos para obstruir los objetivos de los Acuerdos de París (2015). ¿Cuál es el fondo del asunto? Está muy claro: el petróleo es su negocio, las emisiones de gases contaminantes son su consecuencia fundamental. Conclusión: nos importan un pimiento las emisiones de gases contaminantes, mientras nuestro negocio continúe dando beneficios. ¿Y continúa? Pues veamos: Repsol logró en 2018 unas ganancias récord en los últimos 8 años (2.341 millones de euros), y Cepsa ganó 830 millones de euros en el mismo año, su mejor beneficio en toda la última década.

 

Ante este panorama, las Big Fives no escatimarán esfuerzos en torpedear cualquier acuerdo, por muchos países que lo suscriban, que vaya contra sus intereses. Después ya blanquearán sus actividades del modo que nos tienen acostumbrados, pero la verdad es que no están dispuestas a abandonar (o a reciclar) su negocio. Un montón de fundaciones nos contarán que han creado innovadores proyectos en energías renovables, pero el petróleo continuará extrayéndose, y las emisiones GEI seguirán contribuyendo al calentamiento global. Dedicarán inmensas cantidades de dinero para retrasar, controlar o bloquear cualquier iniciativa pensada para combatir el cambio climático. No les temblará el pulso. Nos hablarán después de la Responsabilidad Social Corporativa, pero serán palabras. Los hechos las desmentirán. Pura imagen. Publicidad engañosa. Sus costosas estrategias de lobby continuarán estando en contra de la lucha por una civilización sostenible. El caos civilizatorio les importa un bledo, ni siquiera creen en él. Continuarán quejándose de un exceso regulatorio que les merma los beneficios y les dispara los costes. Hasta ahí llega su hipocresía y su cinismo. Veamos ejemplos concretos: BP donó 13 millones a una campaña, a la que también se sumó Chevron, que logró frenar la imposición de una tasa al carbón en el Estado de Washington, un millón de los cuales se destinó a publicidad en los medios. Mientras sus discursos públicos dicen apoyar la causa climática, sus acciones de lobby van en sentido contrario. Mientras abogan públicamente por soluciones de bajas emisiones de CO2, aumentan sus inversiones y gastos hacia la expansión del negocio de los combustibles fósiles. Puro teatro. Mentira absoluta. Nula conciencia. Esto es el capitalismo. Lo previsto para 2019, es que los desembolsos presupuestados en planes de inversión para la extracción de gas y petróleo de estas 5 grandes corporaciones, se incrementen hasta los 115.000 millones de dólares, de los que sólo el 3% irán a proyectos de bajas emisiones. En definitiva, la retórica de estas grandes petroleras no concuerda para nada con su actividad real, y mientras no seamos capaces de detenerlas, todos los acuerdos internacionales que se suscriban quedarán en papel mojado. Sus intentos de sabotaje contra el cambio climático prevalecerán a los esfuerzos por detenerlo. 

 

Pero las petroleras no son las únicas que boicotean las acciones contra el cambio climático. Los bancos no se quedan atrás. Este artículo de Ecologistas en Acción nos remite a las actividades del Banco Santander en este asunto. Esta entidad es una de las mayores corporaciones financieras del mundo que más contribuyen al cambio climático. Ecologistas en Acción relatan en dicho artículo: "En su plan de eficiencia 2016-2018 el Banco Santander afirmaba que dedicaba 69,8 millones de euros a paliar su impacto en el cambio climático. Se trata de una cifra ridícula comparada con los casi 13.400 millones de euros dedicados en ese período de tres años a financiar los combustibles fósiles, según el Informe "Fossil Fuel Finance Report Card 2019". El Banco Santander aparece en esta lista de los bancos más sucios del mundo. Incluso para algunos sectores, como los proyectos de gas y petróleo en aguas ultraprofundas, la entidad se sitúa en los cinco primeros puestos". Dudoso honor le cabe al banco en esta tarea, por mucha publicidad que nos venda en sentido contrario. El Banco Santander, como otras muchas corporaciones, están apostando más por el suicidio climático que por las acciones en favor de un nuevo modelo de sociedad sostenible. De hecho, continúa financiando el fracking, las arenas bituminosas, o las prospecciones en el Ártico, por mucho que diga que está comprometido con el Acuerdo de París. ¡Menudo compromiso! Sin la financiación que el Banco Santander concede a estas actividades, difícilmente podrían ser continuadas. Los bancos fósiles como el Santander son directamente responsables del caos climático, porque las empresas de combustibles fósiles no podrían operar sin su dinero. Son agentes capitalistas muy peligrosos, que permiten con su financiación que otras actividades perniciosas se implanten y desarrollen, sin tener en cuenta su licitud o moralidad. Mientras fluya el dinero y contribuya a sus beneficios, estos gigantes bancarios no se plantearán nada más. Les da igual que su negocio se llame "destrucción del clima". La lucha por la justicia climática y los Derechos de la Naturaleza ha de alcanzar tal calibre y envergadura que obligue a estos agentes tóxicos del capitalismo a replantear sus actividades, o a hundirse con ellas. 

 

Y como hemos planteado más arriba, los ataques a la Naturaleza favorecen también el desarrollo de nuevas enfermedades, tal como nos cuenta este artículo de Ecoportal. Fundamentalmente la deforestación y los desarrollos inmobiliarios han modificado el medio ambiente, produciendo escenarios ideales para la proliferación de enfermedades transmitidas por animales e insectos. La construcción de autopistas, aeropuertos y los modelos productivos agropecuarios están provocando un aumento de estas enfermedades. De esta forma, la modificación que el ser humano está efectuando sobre la Naturaleza está provocando la existencia de nuevos virus, cada vez más mortales. Por ejemplo, en territorios donde se han producido grandes deforestaciones, se han creado condiciones ideales para la propagación de virus transmitidos por mosquitos. Pero no solo los mosquitos: los caracoles, los primates y los murciélagos también pueden propagar estas enfermedades. Hoy día un virus puede dar la vuelta al mundo en pocas horas, gracias a los vuelos aéreos. El caso más paradigmático de cómo la deforestación multiplica la aparición de enfermedades se dio en la selva peruana, que luego de construir una ruta que la atravesó, los casos de malaria subieron de 600 a 120.000 por año. Destruir la Naturaleza implica, pues, grandes riesgos para la salud. El equilibrio natural que ella nos brinda actúa como paraguas para nuestra protección, pero nosotros estamos alterando dicho equilibrio. En la próxima entrega nos centraremos en dos buenos ejemplos de lo que decimos, como son el AVE (monstruosidad agresiva capitalista donde las haya), y el turismo de Cruceros (modelo insostenible a gran escala). Ellos y otros muchos ejemplos (las modernas aeronaves, entre otros) nos han conducido a una situación donde los artefactos que fabricamos e introducimos en nuestra vida atentan gravemente contra la sostenibilidad de la Naturaleza, contra el equilibrio de los ecosistemas y contra los recursos que necesitamos para la vida. Todas estas razones nos instan a derribar estos modelos, a excluirlos de nuestras vidas, y a luchar por alcanzar otros modos de producción, de consumo, de transporte, de reciclaje, de utilización de los recursos, para alcanzar modos sostenibles de vivir, de Buen Vivir. Continuaremos en siguientes entregas.

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