Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Hay que acabar con la ficción del conflicto entre dos pueblos al mismo nivel con idéntico derecho sobre la misma tierra. Hay una ocupación, hay un ocupado, y por tanto, un ocupante. Si se boicoteó a Sudáfrica, ¿por qué no a Israel?
La palabra "Nakba" significa catástrofe en árabe, y es precisamente esa efeméride, referida en Israel como una celebración por su independencia, lo que los palestinos sufren como una catástrofe, un recordatorio del comienzo de su aniquilación como pueblo. En efecto, el Día de la Independencia de Israel está marcado en el calendario cada 9 de mayo, los israelíes celebraron este pasado 9 de mayo 71 años de independencia, y lo hicieron con picnics, fiestas y fuegos artificiales. Sin embargo, los palestinos sufren ese día como el de la Nakba, porque significó el comienzo de una limpieza étnica, la destrucción de su pueblo y la creación de una población de refugiados. Especialmente de forma cruel la sufren los palestinos de dentro de Israel, ya que sus circunstancias son diferentes. Y mientras escuchan las sirenas que dan comienzo a su festejo, ellos sufren porque se sienten alienados en su propio país. Siguiendo a Dareen Tatour en este artículo traducido para el digital Rebelion por J.M., hemos de recordar que si bien el derecho internacional considera que la ocupación de las tierras palestinas por parte de Israel se limita a Cisjordania, Jesusalén oriental y la Franja de Gaza, muchos ciudadanos palestinos de Israel consideran que también viven bajo la ocupación. De hecho, al final de la guerra de 1948, los ciudadanos palestinos de Israel vivieron bajo la ocupación militar formal dentro de Israel durante dos décadas. Dareen Tatour relata: "El establecimiento de Israel se produjo con la destrucción de 531 aldeas palestinas por las milicias sionistas y el primer ejército de Israel. En el área de Acre 30 aldeas fueron destruidas, 64 aldeas en el distrito de Ramla, 31 aldeas en Bisan, 88 aldeas cerca del poblado Beer Sheva, 46 aldeas en Gaza, 59 por Haifa, 16 en Hebrón, 25 alrededor de Jaffa, 39 cerca de Jerusalén, seis por Jenin, cinco por Nazaret, 78 fuera de Safad, 26 por Tiberíades y 18 en el área de Tulkarem". Los y las palestinas de mayor edad aún recuerdan tanta destrucción, tanta devastación, tanto odio y tanta barbarie.
Es comprensible, entonces, que se conmemore otro aniversario, el de la Nakba, la catástrofe, como aniversario del desarraigo, del desplazamiento, del terrorismo, de la ocupación y de la limpieza étnica. Son por tanto 71 años de sufrimiento, aunque las nuevas generaciones únicamente conozcan los de las últimas décadas. Son 71 años de condena internacional ignorada, son 71 años de genocidio continuado, son 71 años de indiferencia de eso que llamamos "comunidad internacional", y que jamás ha estado a la altura de lo deseable en este conflicto. El pueblo palestino sigue siendo uno de los pocos pueblos que vive como refugiado en su tierra natal. Son 71 años de privación de derechos, donde la tierra palestina fue colonizada principalmente por personas que vinieron de todo el mundo, afirmando de forma grosera que Palestina estaba vacía según el tópico del siglo XX: "Una tierra sin un pueblo para un pueblo sin tierra". Pero ese tópico era falso, siempre lo ha sido. Aquél primer ejército sionista llevó a cabo alrededor de 70 masacres en las que murieron unos 15.000 palestinos y destruyeron unas 531 ciudades. Más de 6.000 israelíes murieron en los combates. Hasta la fecha, toda el conflicto ha creado una población de 7 millones de refugiados palestinos. Por tanto...¿qué dimensión posee verdaderamente la celebración de la "independencia" de Israel? Celebrar eso significa celebrar a los palestinos que han sido encarcelados. Desde 1967 hasta la actualidad, la Oficina Central de Estadísticas de Palestina informa que Israel ha detenido en algún momento del conflicto a cerca de un millón de palestinos. Desde 1948 hasta hoy, la misma Oficina calcula que 100.000 palestinos y otros árabes han sido asesinados en el contexto del conflicto con Israel, incluyendo 20.000 muertos en guerras del Líbano. Tampoco se habla de la cantidad de árboles que murieron desde la Nakba en 1948 hasta hoy. La Oficina Central de Estadísticas de Palestina estima que alrededor de un millón de árboles en tierras de propiedad de palestinos fueron arrancados desde el año 2000.
La Nakba, por todo lo dicho, es una efeméride muy especial para el pueblo palestino. Se vive en tragedia, se conmemora con lágrimas y se reprimen todos los dolores. Mientras en Israel todo es jolgorio y alegría, los palestinos recuerdan su profunda desgracia. Es un recuerdo a la memoria de los palestinos de generaciones anteriores, son las cenizas de un pueblo vivo, e implica la batalla por permanecer en su tierra y por conservar su herencia y su dignidad, enfrentando una serie de leyes israelíes autoritarias y racistas. Solo el tener que contemplar las banderas israelíes es ya un acto de constricción. Mirarlas les trae a la memoria sus mártires y sus presos. Están por todos lados: en las calles, en las escuelas, en las estaciones de servicio, en los automóviles...Los palestinos, durante la Nakba, deambulan por sus pueblos destruidos y se sientan en las piedras de los escombros de las casas que una vez estuvieron allí, en pie, levantadas, habitadas por sus hermanos palestinos. Recuerdan a éste o a la otra familia, sus pérdidas, a los que quedan vivos. Recuerdan sus muertos. La Nakba es un día de dolor. Israel, el ocupante, lo celebra como una victoria, mientras Palestina, la ocupada, lo recuerda con desolación. Pero continúan su vida con esperanza: es posible que al año siguiente, a la siguiente Nakba, la situación haya cambiado para mejor, es posible, solo posible, que exista algún motivo para la alegría, para el alborozo, para la esperanza. Así es la vida en Palestina durante ese trágico día. Preguntémonos ahora, tras los trazos históricos de nuestros primeros artículos: ¿Quién es Israel? ¿Quién es ese pueblo ocupante? Nos basaremos en este artículo de uno de los mayores expertos internacionales en el tema, como es Ramón Pedregal Casanova. Es, además de autor de muchos textos sobre el asunto, Presidente de la Asociación Europea de Cooperación Internacional y Estudios Sociales (AMANE). Nos basaremos en esta serie en sus fuentes, sus artículos y sus libros, para proporcionar una ajustada idea sobre lo que hablamos. De entrada, nos fijaremos en este artículo publicado en el medio digital UCR (Unidad Cívica por la República), que nos proporciona una buena idea de nuestro protagonista.
Israel es, básicamente, un pueblo que desprecia al mundo, y que proporciona al mundo inseguridad. Pedregal Casanova lo define como "un ente atómico, colonialista y racista, en continua guerra de agresión contra la población autóctona de Palestina", lo cual nos parece una definición muy ajustada a la realidad. Israel además proporciona un fenomenal punto de apoyo para el dominio geoestratégico de la región (Oriente Medio), por parte de la mayor potencia mundial, los Estados Unidos de América (USA). Estados Unidos e Israel poseen una sangrienta e inquebrantable amistad, de la que daremos cuenta aquí con profunda extensión. Desde su creación como entidad sionista, Israel no ha detenido su propósito de dominación de todo el área de Oriente Medio, creándose continuos enemigos en el mundo árabe, ha conseguido dividir el frente unido árabe en torno a la causa palestina, una vez conseguido esto ha fomentado el derribo de los gobiernos árabes laicos, con características de mejoras sociales para sus respectivas poblaciones, y ha magnificado y alentado el enfrentamiento de corrientes religiosas radicales y fundamentalistas, entre otras "conquistas" de su reciente historia. Los dirigentes de Israel han bebido en la tradición coral de los asesinos y dictadores del mundo (Franco, Hitler, Mussolini...) y de las voces imperialistas, las voces de quienes alimentan el sionismo, manifestando la visión de los criminales que han existido en la Historia. Además del Reino Unido en Europa (y de prácticamente toda la UE), el actor de quien Israel obtiene más amistad y apoyo armamentístico es Estados Unidos. Ya no habría que decir mucho más. Mis lectores y lectoras ya deben estar familiarizados con el fenómeno del imperialismo estadounidense (hemos dedicado varias series a reflejarlo, tales como"USA: Estado de guerra permanente", o "Por la senda del Pacifismo", entre otras). Los colaboradores de Israel sobre el terreno, como son Arabia Saudí y Qatar son también protectores y financiadores, al igual que el propio gobierno estadounidense, de quienes asolan Libia, Irak o Siria.
No es casual que Israel sea contrario a las resoluciones de los Tribunales internacionales, contrario a las Resoluciones de la ONU, contrario a los acuerdos de la Convención de Ginebra, contrario al Tratado de No Proliferación Nuclear...y que debido a su filosofía fascista impida la vuelta de los millones de refugiados palestinos a su propio país, mantenga ilegalmente el bloqueo a Gaza, continúe creando asentamientos coloniales en Palestina, encierre en batustanes a la población palestina y le impida comunicarse, etc. Bajo el vergonzoso mantra de que "las dos partes tienen que hablar", de que "es un proceso de paz", y demás eufemismos para encubrir la realidad, la comunidad internacional se declara "neutral" ante este conflicto, mientras los estadounidenses aúpan a los sionistas y les otorgan puestos de influencia en centros de poder decisivos, y el resto de países consienten, con lo que ayudan a que el ente criminal israelí no detenga sus terribles acciones contra Palestina. Así, de esta forma tan vergonzosa, se legitima y normaliza la injusticia, se banaliza la barbarie, se blanquea el terrorismo fascista de Israel contra Palestina, se da carta de naturaleza al genocidio del pueblo palestino. Y así, de esta manera, Israel aumenta su poder, se ve reforzado en sus acciones, y sobre todo, ayudado por el pueblo estadounidense y sus abyectos gobernantes. Estados Unidos es tan contrario al derecho internacional, tan contrario al derecho de los pueblos, tan contrario a los derechos humanos en general, que concede sumas inmensas de dinero y armas a Israel, de varias decenas de miles de millones de dólares cada una. El sionismo recibe la mayor inversión de Estados Unidos en el mundo. Un pacto de sangre mantiene su inquebrantable amistad. Pero no están solos con el gigante usamericano: además de ellos, numerosos gobiernos europeos, tales como Inglaterra, Francia, Alemania, España, Italia, Grecia, Rumanía, incluso Rusia y China. Cuando son preguntados por la barbarie que ocurre, se limitan a contestar que "Israel es una democracia", y que "tiene derecho a defenderse". La maldad política no tiene límites. Así llevamos décadas. La justicia y la igualdad entre los pueblos, la paz y la fraternidad, la ética política, la creación de un mundo más justo, equilibrado e igualitario: todas estas cosas les preocupan lo que un pimiento en adobo. El grado de cinismo de los gobernantes occidentales, y de algunos orientales, es clamoroso e indignante. Israel es hoy, en los hechos, la expresión del desprecio al mundo. La política más criminal e irracional es desplegada por sus gobiernos, desde el primero hasta el último. Continuaremos en siguientes entregas.