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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Genocidio Palestino (XVII)

El Genocidio Palestino (XVII)
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Palestina es como Auschwitz

José Saramago

No existe un conflicto, ni dos relatos, con su respaldo moral. Existe una ocupación militar impuesta por una potencia nuclear apoyada por la mayor potencia militar del planeta y existe una injusticia descomunal

John Pilger

El conflicto palestino-israelí ha sido quizá el más internacionalizado de la historia, dando lugar a innumerables resoluciones de la ONU, conferencias, acuerdos, tratados y pactos, todos ellos incumplidos o con la permanente amenaza de ser incumplidos, como nos recuerda Víctor Arrogante en este artículo que tomamos como referencia. Y a más de 70 años de la creación del Estado de Israel, y a más de un siglo de conflicto, todas las principales cuestiones siguen pendientes: la soberanía de la Franja de Gaza y Cisjordania, la formación y el reconocimiento de un Estado palestino, el estatus de la parte oriental de Jerusalén y de los Altos del Golán, el destino de los asentamientos israelíes, o de los refugiados palestinos. Difíciles cuestiones que se anteponen al reconocimiento de Israel y Palestina y su derecho a coexistir y a vivir en paz. A día de hoy, Gaza continúa asediada. Ni siquiera las llamadas Flotillas de la Libertad, donde han arribado activistas de todas partes del mundo, han podido cambiar el panorama. Un millón y medio de personas se encuentran encerradas en un territorio de 365 kilómetros cuadrados, confinados entre muros. La situación es patética, y debiera darnos vergüenza como comunidad internacional. Esta pequeña zona del mundo se ha convertido en la mayor prisión del globo a cielo abierto, un enorme campo de concentración o un campo de prisioneros. Los constantes ataques por tierra, mar y aire no discriminan los objetivos militares de los civiles. Todos los palestinos son considerados combatientes o terroristas. Los niños también. La ONU denuncia cada año la detención por parte de Israel de cientos de niños palestinos. Palestina es el peor lugar del mundo para nacer, para ser niño, para vivir la infancia. La Unión Europea, junto a la ONU, Rusia y Estados Unidos (los integrantes del Cuarteto de Paz para Oriente Medio, ya citado en entregas anteriores) consideran que la creación de un Estado palestino independiente, viable y democrático va también en interés del propio Israel. Pero para alcanzar esa meta es imprescindible abandonar la política del odio y del ataque, de la incomprensión y de la desidia. 

 

Porque tras décadas de odio fratricida, es hora de buscar nuevas vías. El diálogo no puede ser una palabra hueca, vacía, y la necesidad de respetar el cese de la violencia y el cumplimiento de los acuerdos es fundamental para proporcionar avances al conflicto. Los israelíes deberían, por tanto, apoyar la formación de un Estado soberano para los palestinos, levantar el criminal bloqueo a Gaza y las restricciones de movimiento en Cisjordania y Jerusalén Oriental. Los palestinos, por su parte, han de abandonar también la violencia y reconocer al Estado de Israel. Pero que ambos bandos tengan deberes que hacer no significa, como hemos afirmado varias veces durante esta serie de artículos, que la lucha sea entre iguales. Palestina es el elemento débil, únicamente apoyado por algunos pequeños países de su zona, mientras que Israel es el elemento fuerte, con una fuerza militar poderosísima y el continuo apoyo y reconocimiento de Estados Unidos, así como la connivencia de la comunidad internacional, que se limita a "condenar" los ataques y a instar a ambas partes al diálogo y al abandono de la violencia. La ONU, por su parte, siempre ha intentado ser justa en sus resoluciones, pero el problema es el continuo incumplimiento de las mismas por parte de Israel. Una vez superados los escollos preliminares, se tendrían que alcanzar acuerdos razonables en materia de fronteras, asentamientos de colonos judíos y posibilidades reales de retorno para los refugiados. Pero el afán expansionista de Israel no tiene límites. El Consejo de Seguridad de la ONU adoptó la Resolución 2334 (Diciembre de 2016), con 14 votos a favor y la abstención de Estados Unidos. La declaración reafirma la ilegalidad de los asentamientos israelíes en los territorios palestinos ocupados, incluida Jerusalén Oriental, y considera que los asentamientos constituyen una flagrante violación de las leyes y del derecho internacional. Lo que está ocurriendo en Palestina es un crimen contra la humanidad en toda regla, por lo que denunciar y apoyar activamente la causa palestina es un deber, y mantener viva la llama de este pueblo heroico, todo un acto de reconocimiento por la paz. 

 

Bien, llegado este momento, es justo volver a reconocer (ya lo hicimos durante las primeras entregas de la serie, cuando historiábamos el conflicto durante las últimas décadas) la inmensa figura de Yaser Arafat (24/8/1929-11/11/2004). Para ello vamos a tomar como referencia un estupendo artículo publicado en la web del medio Monitor de Oriente, aparecido a finales de 2017. El cliché de "Quien es un terrorista para unos, es un luchador por la libertad para otros", bien puede aplicarse a esta gran figura internacional. Este sin par personaje, durante toda su vida y varios años más allá de su muerte, siempre ha captado una considerable atención de aquellos que le veneran como un símbolo de la resistencia, y aquellos que le desprecian por haber tomado las armas. Después de conocer su muerte en 2004, el entonces ex Presidente israelí Simon Peres afirmó: "El mayor error de Arafat fue el uso del terror. Sus grandes logros fueron conseguidos cuando trató de construir la paz". Por su parte, el Presidente cubano y líder de la Revolución Fidel Castro, declaró: "Eterno honor y gloria al heroico e inolvidable combatiente Yaser Arafat. Nada puede borrar tu nombre de la historia de aquellos grandes luchadores que persiguieron la libertad de los pueblos". Desde cualquier punto de vista, es indiscutible que Arafat fue el responsable de llevar el conflicto palestino-israelí a ojos del mundo entero, y su imagen permanece como icono de la lucha palestina. Su foto aparece en chapas, camisetas, posters y mochilas a lo largo del mundo entero, y debe ser situado en el más alto pedestal de los grandes nombres de la historia. Muhammed Arafat nació en 1929, y desde una temprana edad su nombre (que pudiéramos traducir del árabe como "de trato fácil") ya llamó la atención. Muchos conocidos cuentan que nació en El Cairo (Egipto), pero el propio líder siempre consideró Jerusalén como su verdadero lugar de nacimiento. Fue un hermano de siete. Su padre era de Gaza y su madre pertenecía a una familia de Abu Said residente en Jerusalén que, de acuerdo con la biografía de Alan Hart ("Arafat: Terrorista o Pacificador"), aseguraba ser descendiente del profeta Muhammed. Arafat fue un gran revolucionario desde muy joven, inspirándose en la injusticia del imperialismo europeo y de la ocupación sionista, de la que fue testigo según iba creciendo. Durante su adolescencia protestó contra el rechazo del gobierno de Egipto de proveer de armas a los palestinos y comenzó una exitosa operación para pasarlas él mismo de contrabando a través de la frontera.

 

En 1948 abandonó su Graduado en Ingeniería Civil en la Universidad de El Cairo y marchó a Palestina para unirse a las fuerzas árabes que luchaban contra los soldados israelíes, que se encontraban entonces expulsando a miles de palestinos de sus hogares para abrir el camino de la creación del Estado de Israel, en la ya referida como "Nakba" (Desastre) del pueblo palestino.  La figura de Yaser Arafat iba cada vez alzándose como una figura imprescindible. Más tarde, Arafat comenzaría a unir a esos palestinos afectados por dicha tragedia bajo el partido político secular Fatah, que se aglutinaba bajo el eslógan "Revolución hasta la Victoria". La victoria era, por supuesto, el derecho de regreso a su propio hogar para el pueblo palestino, así como el establecimiento de un Estado propio. Arafat llegó a ser el Presidente de la Organización para la Liberación de Palestina (OLP), un paraguas bajo el que se encontraban diferentes facciones (de las que Fatah era la más fuerte) y cuyo propósito era liberar Palestina de la ocupación sionista. La figura de Arafat iba poco a poco creciendo, y manifestándose con más fuerza. Su reconocimiento y admiración internacional iban en aumento. Su valentía era impresionante. Su capacidad como interlocutor fue indiscutida durante décadas. Fatah y la OLP apoyaron abiertamente la lucha armada para liberar a su pueblo, como una respuesta legítima a la violencia israelí que había expulsado a muchos palestinos fuera de su tierra, y como un medio necesario para recuperarla. Arafat extendió esta campaña por la lucha armada a sus países vecinos, y la OLP estuvo operando desde Jordania, hasta que el Rey Hussein ordenó su expulsión forzosa en 1970. Tras esto, los militantes palestinos se reagruparon en el Líbano, pero fueron de nuevo forzados a salir debido a la invasión israelí a gran escala de 1982, que asesinó alrededor de 17.500 civiles en el camino, y donde se produjeron las tristemente famosas matanzas de Sabra y Shatila. Asediado por Israel, Arafat huyó con otros miembros de la OLP a Túnez. 

 

En 1974 pronunció su célebre discurso en la Asamblea General de las Naciones Unidas, donde aseguró: "Vengo a veros con una rama de olivo en una mano y un arma que lucha por la libertad en la otra. No dejen que la rama de olivo caiga de mi mano", frase que levantó una profunda ovación. Arafat comprendió que el camino de las armas no era el mejor posible. A partir de entonces, el propósito de conseguir negociaciones pacíficas a cambio de la consecución de un Estado palestino se convirtió en el punto clave y en el objetivo fundamental del líder. Pero no todo el mundo en la OLP estaba dispuesto a dejar las armas, y la entrada de Yaser Arafat en la vía pacífica y diplomática dividió a la organización. Durante largos años, Arafat continuó tomando parte en multitud de negociaciones diplomáticas, de las cuales las más notables fueron los Acuerdos de Oslo de 1993 (hemos hablado de ellos extensamente en las primeras entregas), de los cuales emergió el actual cuerpo de gobierno de la Autoridad Nacional Palestina (ANP). Arafat fue elegido Presidente de Palestina en 1996, pero en su intento de revivir a Fatah como partido político, el histórico líder palestino comenzó a marcar su declive. Fue acusado de nepotismo y corrupción. A través de sus acuerdos, Arafat había fallado en asegurar el derecho de los refugiados palestinos y los asentamientos crecían por doquier, lo que representó un duro golpe para su lucha. Arafat no descansó nunca, su pasión era la libertad de su pueblo, su razón de ser era ser útil a la causa. Adoptó al menos a 28 niños y niñas hijos de mártires asesinados por la causa palestina. A los 61 años contrajo matrimonio con la joven Suha Daoud Al Tawil, su asesora económica e hija de un activista de la OLP. Suha vive en Francia en la actualidad, junto a su única hija, con una pensión de la Autoridad Nacional Palestina. Yaser Arafat ha sido descrito como un hombre cortés, valiente, y como un líder sensato, que luchó incansablemente por su pueblo, aunque con un temperamento duro que disfrutaba viendo dibujos animados y bebiendo té con miel. Siempre llevaba su uniforme verde oliva y con su kaffiyeh, el pañuelo palestino. Siempre respondía a las preguntas, aunque le resultaran incómodas, pero le disgustaban los medios occidentales y su cobertura acerca del conflicto palestino. Continuaremos con su semblanza en la próxima entrega.

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