Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Si no preparan para el futuro, si no enseñan a desentrañar las causas relevantes de los procesos de destrucción de la vida, si ignoran o esconden los hilos que mueven el mundo, si no facilitan una toma de decisiones para un mundo razonable e incluso justo, si no preparan para un planeta sostenible…¿Cuál es la función de los libros de texto? ¿Será la de legitimar el modo en el que las cosas se hacen?
En nuestra última entrega ya comenzamos a dedicarnos a exponer a fondo las problemáticas encontradas en cuanto a los contenidos que hoy día muestran los libros de texto de nuestros escolares. La lista de asuntos que tenemos que abordar es muy extensa (la inexistencia del concepto de sostenibilidad, la incuestionabilidad del progreso, el desarrollo y el crecimiento, el exceso de predicación positiva de la tecnología, la irrelevancia de las soluciones propuestas, la ocultación de las soluciones verdaderamente relevantes, la individualización de las causas y soluciones, la ciencia como valor absoluto, el proceso de mercantilización de la vida, el desprecio a los límites naturales, presentar la energía como inagotable, el etnocentrismo y el desprecio por las culturas ecológicamente sostenibles, la trivialización del concepto de información, la estimulación del consumo, la presentación sesgada de las bondades de la globalización, la escasa crítica a la concentración de poder, el silencio en torno a las multinacionales, la presentación nefasta de las necesidades humanas y las formas de resolverlas, el transporte ilimitado y la velocidad como signos de desarrollo, la exposición sobre guerras y conflictos, los enfoques sobre la pobreza y las migraciones, la naturalización de la propiedad privada, la exaltación del turismo depredador, el equivocado enfoque sobre el bienestar y la calidad de vida, la reducción del trabajo humano al empleo, los erróneos enfoques sobre la salud, el silencio sobre la televisión y la basura en los medios de comunicación, la visión acrítica de la agricultura y ganadería industriales, la simplificación de la biodiversidad y de la ideodiversidad, la ausencia de derechos para los animales, la poca importancia concedida a los residuos, el arrinconamiento de los bosques, la sobreurbanización...), pues extensos son los temas abordados en las diferentes asignaturas que nuestros estudiantes han de superar. Intentaremos abordar, durante las próximas entregas, todos estos asuntos, es decir, exponerlos tal cual se presentan a los escolares en los libros de texto, y las críticas que desde nuestro punto de vista debemos hacer a tales asuntos, de cara a una exposición más acorde con la ocultada realidad.
1.- LA INEXISTENCIA DEL CONCEPTO DE SOSTENIBILIDAD. Los libros de texto que manejan nuestros escolares no hacen mención alguna al concepto de sostenibilidad de nuestra civilización. Por tanto, no se les inculca a nuestros alumnos y alumnas dicha preocupación. De forma marginal se mencionan algunos problemas ambientales, pero ninguna alude a la inviabilidad del actual modelo de "desarrollo" que ignora los límites biofísicos de nuestro planeta. El informe de Ecologistas en Acción donde nos basamos para esta recopilación presenta diversos fragmentos tomados directamente de textos que leen nuestros estudiantes, que demuestran lo que decimos (se evalúan libros de diversos cursos y editoriales). Las escasas veces en las que se mencionan conceptos cercanos a la sostenibilidad se hacen bajo el ilusorio concepto de "desarrollo sostenible", que encierra una clara contradicción en sí mismo (¿puede ser sostenible el desarrollo tal y como lo entendemos hoy día?). Para los libros de texto, los problemas ecológicos son considerados como una especie de fallo de la economía de libre mercado, y no como un requisito para su desarrollo. Y así, las grandes deficiencias del sistema son consideradas como "fallos" del mismo. En general, la parte de los libros de texto dedicada a la ecología, a la biodiversidad o al conocimiento de la reproducción de la vida y de los ecosistemas es mínima. Nuestros escolares se hacen adultos sin tener una conciencia clara de la importancia de estas dinámicas.
2.- LA INCUESTIONABILIDAD DEL PROGRESO, EL DESARROLLO Y EL CRECIMIENTO. La valoración y la confianza en el progreso y en el desarrollo están presentes en nuestra cultura, y por ende, en la cultura que imponemos a nuestros escolares. La historia se concibe como si fuera una línea ascendente estructurada por el crecimiento económico, que por supuesto no se pone en debate. Se mantiene incuestionada la idea de que la humanidad va a mejor, ignorando que bien pudiera ser...a peor. Hemos de transmitir a nuestros estudiantes en las escuelas que el avance, el progreso y el desarrollo de las civilizaciones humanas no pueden medirse (o al menos no únicamente) por los grandes desarrollos que se alcancen a niveles técnico, científico o industrial, sino que las necesidades y el bienestar humanos descansan sobre otras variables. Los libros de texto presentan el presente como indiscutiblemente mejor que el pasado, por lo cual el presente queda legitimado. Y así, progreso, desarrollo, riqueza, crecimiento económico y bienestar se presentan como términos intercambiables, porque además ni siquiera se mencionan las terribles desigualdades que caracterizan a nuestras actuales sociedades. El crecimiento económico se considera una característica intrínseca y positiva de las sociedades y los sistemas económicos (bajo estos mimbres...¿cómo vamos a hablarles a estos niños y niñas de decrecimiento cuando sean adultos sin que nos pongan caras de asombro?). No crecer, para los libros de texto, significa decadencia. Se considera intrínseca y naturalmente bueno que los PIB de las naciones y los continentes crezcan, presentando lo contrario como un auténtico drama. La posibilidad de no crecer, por tanto, no se contempla como opción posible o deseable, sino que se descarta en absoluto. El desarrollo, al ser también para los libros de texto intrínsecamente positivo, se sitúa jerárquicamente por encima de otros criterios deseables, tales como la moderación, la prudencia o la austeridad (verdadera). En general, no aparece la tensión y correlación entre crecimiento económico y deterioro ecológico, pero es curioso que cuando se ha encontrado, ha sido priorizando el crecimiento económico.
Nuestros libros de texto enseñan más los cambios (guerras, revoluciones, conflictos, conquistas, inventos, grandes obras...) que lo que permanece (el mantenimiento de la vida). Los libros de texto no hablan de los procesos lentos ni de aquellos trabajos cuyo interés reside en mantener estable un sistema, como son los trabajos de cuidados o para el mantenimiento de la vida. El crecimiento, la riqueza y el bienestar se asocian a la producción, ignorando la extracción y los residuos. Siempre se suma, nunca se resta. Por ejemplo, no aparecen gráficos de la evolución de las reservas de petróleo, de las tierras fértiles o de las aguas no contaminadas. Cuando aparecen los recursos de la tierra son normalmente subordinados a la economía monetaria. La totalidad de los textos analizados en el informe ignoran que una buena parte de lo que se viene llamando crecimiento no es otra cosa que sacar los recursos de la despensa (actividades extractivas), o bien consisten en la monetarización de los bienes o actividades que ya existían y en muchos casos eran de acceso libre o comunitario, pero que no eran contabilizados monetariamente (por ejemplo cuando comemos lo que hemos cultivado). Los textos ignoran (y hacen ignorar a nuestros estudiantes) que el crecimiento del PIB está profundamente asociado con el deterioro y agotamiento de los recursos y de la vida, y que lo que vienen llamando "desarrollo" mejor pudiera ser llamado saqueo, expolio o destrucción. En las escasas ocasiones donde los libros de texto vierten alguna crítica al progreso o al desarrollo se refieren a los desastres de la guerra (fallos del sistema), no del propio modelo de desarrollo (de su naturaleza intrínseca).
Es cierto que existen algunas editoriales más críticas, por ejemplo una excepción a lo arriba indicado es el siguiente párrafo: "Estas ideas, a las que se llamó desarrollistas, parecían verdades evidentes en medio de la abundancia económica de los años sesenta, que creaba la ilusión de que había recursos para todos y de que era posible que los países del Tercer Mundo llegaran a ser tan prósperos como los desarrollados" (extracto del libro de texto "Historia Contemporánea" de 1º de Bachillerato, Ed. Akal). Lo que en realidad deberían contar los libros de texto a nuestros escolares es que deberían entenderse como sociedades más desarrolladas aquellas que son más sostenibles, pero ello implicaría volver a definir por completo los parámetros bajo los que se cuentan la evolución histórica y los conceptos de adelanto y atraso. Lo que los libros de texto deben hacer es problematizar y poner en debate los conceptos de progreso, desarrollo, crecimiento, bienestar, necesidades y riqueza, entre otros, en lugar de darlos por supuestos bajo el prisma de la civilización industrial. En resumidas cuentas, deberían dejar de presentarlos de forma acrítica y siempre optimista. Continuaremos en siguientes entregas.
Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción