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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Genocidio Palestino (32)

Viñeta: Portada del Blog "Palestina en el corazón" (https://mariaenpalestina.wordpress.com/)

Viñeta: Portada del Blog "Palestina en el corazón" (https://mariaenpalestina.wordpress.com/)

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Al defender sus derechos nacionales el pueblo palestino ha defendido los derechos de todos los revolucionarios del mundo y la sangre derramada por sus hijos es como la sangre de nuestros propios pueblos

Fidel Castro

Pensar en un «acuerdo del siglo» sin la salida de los cientos de miles de colonos, el fin de las leyes de ocupación, el retorno de los refugiados, la destrucción del muro, la libertad para los siete mil presos palestinos – entre ellos 350 niños – y la proclamación del Estado palestino, con todos sus derechos y su asiento en el seno de las Naciones Unidas, es simplemente ilusorio (…) No se trata de un «acuerdo del siglo» como dice el consorcio estadounidense-sionista, ni una «bofetada del siglo» como sostiene la Autoridad Nacional Palestina (ANP) es lisa y llanamente una imposición, un crimen, una violación del derecho internacional y sobre todo a los derechos humanos del pueblo palestino

Pablo Jofré Leal

Nos encontramos ya en la recta final de esta serie de artículos, dedicada al conflicto palestino-israelí. Hemos detallado en anteriores entregas un poco de la historia reciente del conflicto, nos hemos adentrado en el origen del mismo, y hemos repasado muchas de las manifestaciones que hoy día nos ofrece el conflicto. También hemos aportado, desde nuestra humilde tribuna, algunas soluciones al mismo. Hemos recalcado, sobre todo, la perversa naturaleza del sionismo, su colaboración con el imperialismo, y la vergonzosa conducta de la comunidad internacional al respecto. Vamos a ir finalizando en las próximas entregas, ya que únicamente nos resta focalizar nuestra exposición sobre la última propuesta de "solución" al conflicto, llamada vergonzosamente "Acuerdo del Siglo", y que a propuesta de la Administración estadounidense de Donald Trump, se ha publicado hace pocos meses. Dicha propuesta no es más que una forma de impedir la autodeterminación del pueblo palestino, dispersándolo y restándole fuerza, limitar su autonomía y sujetarlo al arbitrio de la criminal alianza entre el imperialismo y el sionismo. De entrada, la propuesta ha sido elaborada sin contar con el pueblo palestino y sus organizaciones representativas, es decir, ha sido una "solución" únicamente estudiada por Estados Unidos e Israel. Ello en sí mismo la invalida completamente. A grandes rasgos, es una propuesta que consolida la colonización, el apartheid y el crimen de lesa humanidad sobre los territorios ocupados, tanto de la Palestina histórica como de aquellos ocupados desde 1967. El plan de Trump y Netanyahu ignora por completo los deseos y aspiraciones del pueblo palestino. No se trata de un proyecto de paz, sino de un proyecto de coacción. Parece ser que el equipo preparador del plan ha estado coordinado por el yerno del Presidente estadounidense, el empresario inmobiliario Jared Kushner, sionista confeso. El documento supone la eliminación de cualquier resquicio para que Palestina pueda obtener su propio Estado. 

 

El "Acuerdo del Siglo" se convierte así más bien en la burla del siglo, ignorando los esfuerzos por avanzar en el logro de un Estado palestino propio, y sobre todo (no podía esperarse otra cosa), y tal como sostiene Pablo Jofré en este artículo que tomamos como referencia, muestra que la preocupación de Estados Unidos se limita a satisfacer los apetitos de sangre y tierra del sionismo. Una propuesta de este tipo no puede ser tolerada, ya que supone la más abyecta violación del derecho internacional. Los israelíes seguirán gozando de las prebendas y privilegios que les otorga la usurpación, el robo y la impunidad de ocupar una tierra que no les pertenece. El plan niega además tajantemente una de las reivindicaciones centrales del pueblo palestino, como es el derecho al retorno de los millones de refugiados palestinos expulsados desde 1948. Jofré Leal explica: "Ese es el fundamento del Acuerdo del Siglo, consolidar el dominio del sionismo, avalado por su padre putativo en tierras palestinas, expulsarlos de sus hogares, desunir los vínculos territoriales que atan al palestino a su tierra: sus olivos, cultivos, fuentes de agua. Sus sitios de culto, su historia tejida a lo largo de miles de años. Israel pretende así sionizar a Palestina, quitarle su carácter árabe, robarle su identidad, copiar descaradamente su vestuario, apropiarse de su gastronomía, su cultura basal. Israel pretende vaciar de contenido al pueblo palestino expulsándolos de sus hogares o demoliendo sus viviendas de forma brutal, impidiéndoles transitar por sus ciudades y pueblos. Prohibiéndoles visitar a sus familias en otras ciudades de la Palestina ocupada y menos aún osar entrar en la Palestina histórica. El pueblo palestino no puede andar libre por su patria ancestral, cultivar sus olivos o cosecharlos con tranquilidad cuando la oportunidad lo permite. No puede beber de sus fuentes de agua robadas impunemente para abastecer los asentamientos poblados por colonos extremistas". El mal llamado "Acuerdo del Siglo" fue presentado (después de muchas discusiones secretas) el mes de enero de 2020. Se suponía que debía ofrecer una solución imparcial y justa para uno de los mayores y más longevos conflictos mundiales, pero viniendo de los actores implicados...¿alguien de verdad podría creerse esto?

 

Sheena Anne Arackal explica el acuerdo en los siguientes términos (siguiendo su artículo traducido para el digital Rebelion desde el medio Mondoweiss): "Bajo el nuevo plan de paz presentado por el presidente Trump, a los palestinos se les otorgará una autonomía limitada dentro de una patria palestina que consiste en múltiples enclaves no contiguos diseminados por Cisjordania y Gaza. El Gobierno de Israel mantendrá el control de seguridad sobre los enclaves palestinos y continuará controlando sus fronteras, el espacio aéreo, los acuíferos, las aguas marítimas y el espectro electromagnético. Israel podrá anexarse el Valle del Jordán y las comunidades judías de Cisjordania. A los palestinos se les permitirá elegir a los líderes de su nueva patria, pero no tendrán derechos políticos en Israel, el Estado que realmente los gobierna". La autora incluye algunos mapas explicativos al respecto, y continúa: "Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump separa física y políticamente a los palestinos al colocarlos dentro de un Estado no contiguo (Áreas A y B y Gaza) y declararlos ciudadanos de esa patria. Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump otorga autonomía a la patria palestina sobre asuntos civiles como educación y atención médica, mientras áreas críticas como el comercio, la inmigración y la seguridad permanecerán bajo control israelí. Al igual que el gran apartheid de Sudáfrica, el plan de Trump es un juego de artimañas político, un intento poco velado de afirmar que Israel, un Estado que gobierna aproximadamente el mismo número de judíos que de palestinos, es en realidad un Estado de mayoría judía. También (como el apartheid de Sudáfrica) la Administración de Trump afirma que los bantustanes son una solución temporal. Una vez que la población indígena esté lista para el autogobierno, algún día se les otorgará algo que se asemeje a un Estado". Absolutamente vergonzoso, ridículo, inadmisible. Este acuerdo del siglo se suponía que debía traer paz y dignidad a Medio Oriente, pero lo cierto es que hace exactamente lo contrario, resucitando el apartheid, un sistema político indecente y racista que debiera pertenecer ya a los basureros de la historia. De hecho, y como recoge este artículo del medio Contrainformación, la ONU ha instado a la comunidad internacional a condenar abiertamente esta propuesta, que permitiría a Israel la anexión del 30% de Cisjordania, algo que está estrictamente prohibido por el derecho internacional, comenzando por la propia Carta de las Naciones Unidas (1945).

 

El relator especial de la ONU encargado de los derechos humanos en territorio palestino, Michael Lynk declaró a finales de enero que "El reciente plan de paz para solucionar el conflicto entre israelíes y palestinos presentado por el Presidente de Estados Unidos Donald Trump es una propuesta sesgada hacia una de las partes del conflicto", en un tono bastante suave y moderado. Lynk destacó que la propuesta de Trump no presenta una fórmula para una paz justa y verdadera, sino que respalda la creación de un Bantustán (término que procede de nombrar a las tribus bantúes africanas, y por ende a un territorio reservado para los habitantes no blancos de Sudáfrica y el suroeste de África como parte de la política de apartheid) del siglo XXI en el Medio Oriente. El relator añadió que el pequeño "Estado" palestino resultante sería "como un islote disperso de territorio no contiguo completamente rodeado por Israel, sin fronteras exteriores, sin control sobre su espacio aéreo, sin derecho a un ejército para defender su seguridad, sin base geográfica para una economía viable, sin libertad de movimiento y sin capacidad para quejarse ante foros judiciales internacionales contra Israel o los Estados Unidos". Más claro el agua. Un plan que consolidaría de forma permanente el eterno sometimiento de los palestinos a los designios sionistas e imperialistas. Lynk también deploró la propuesta de legalizar los 240 asentamientos israelíes en Cisjordania y Jerusalén Oriental al afirmar que "el derecho internacional prohíbe expresamente el traslado de la población civil de una potencia ocupante. El Consejo de Seguridad de las Naciones Unidas ha condenado los asentamientos israelíes como una violación flagrante del derecho internacional, y el Estatuto de Roma de 1998 los ha considerado como supuestos crímenes de guerra". En este documento de referencia aparecen con detalle los mapas del Estado de Israel y de Palestina, tal como se han registrado en la propuesta del Acuerdo del Siglo. Esta absurda e irracional propuesta legitima de un plumazo más de 50 años de violaciones por parte de Israel de los derechos humanos de los palestinos. Es como una recompensa a Israel por sus aberrantes crímenes. 

 

Por su parte, Arabia Saudí, Egipto, los Emiratos Árabes Unidos, Kuwait, Omán y Bahrein han acogido sin reservas la propuesta del "Acuerdo del Siglo". Y lo mismo hizo Qatar, si bien añadió que el Estado palestino debería negociarse a partir de las fronteras de 1967 y que los palestinos deberían conservar su derecho al retorno. La mayoría de Estados occidentales también han apoyado, con más o menos entusiasmo, el plan de Trump. Sin ir más lejos, el Reino Unido lo ha acogido con gran alborozo. Los palestinos, en su rechazo, están absolutamente solos, salvo la protesta con boca pequeña de la ONU que acabamos de reseñar. No les quedan aliados árabes. Siria e Irak están destrozados por sus guerras. Los palestinos han perdido el respaldo de las naciones árabes más pobladas y de la más rica. No tienen más apoyo que ellos mismos. Solo tienen la opción de seguir defendiendo su tierra con uñas y dientes. Tomando de nuevo las palabras de Pablo Jofré Leal: "Hoy, más que nunca, Palestina necesita la solidaridad, el apoyo efectivo y concreto de los pueblos del mundo. Hoy, cuando el binomio criminal compuesto por Washington y el sionismo pretende imponer un "Acuerdo del Siglo" que exuda sangre palestina. Hoy, que la Resistencia palestina muestra el camino de la dignidad como eje de la acción contra el régimen nacionalsionista, se requiere intensificar los esfuerzos de la sociedad civil por apoyar a Palestina". Como dijo Ernesto Gómez Abascal: "No hay mayor terrorismo que despojar a todo un pueblo de sus tierras y sus legítimos y elementales derechos a la existencia". En expresión de mi muy admirado Guadi Calvo, este acuerdo exige a Palestina "hacer de puta y poner la cama". Calvo también tilda al acuerdo como "una genuina pieza de hipocresía", ya que también obliga a Palestina a reconocer oficialmente a Israel como Estado judío. El acuerdo recoge también que la nación árabe no podrá unirse a organizaciones internacionales sin el consentimiento judío, y además deberá retirar todas las demandas contra Israel, Estados Unidos y ciudadanos de estos países que hayan presentado ante cualquier tribunal internacional, así como tampoco podrá recurrir a la Interpol contra causas que involucren a norteamericanos ni a israelíes. Como puede comprobarse, toda una joya documental. Finalizaremos esta serie en la próxima y última entrega.

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