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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (87)

Viñeta: Osval

Viñeta: Osval

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La primera ética se ocupó de la relación entre los individuos [...] Ampliaciones posteriores trataron de la relación entre el individuo y la sociedad [...] Hasta ahora no hay una ética que se ocupe de la relación del hombre con la tierra y con los animales y plantas que crecen sobre ella [...] La extensión de la ética a este tercer elemento en el ambiente humano es […] una posibilidad evolutiva y una necesidad ecológica

Aldo Leopold

No habrá forma de dar respuesta a los problemas medioambientales que amenazan la vida en nuestro planeta si no se parte de un convencimiento común y efectivo: ni la naturaleza en su conjunto ni los recursos que nos provee son mercancías. No han sido creados como tales y eso significa que no pueden utilizarse con el único propósito de hacerlos rentables en los mercados. No hay solución sostenible ni verdadera para el planeta que no pase por asumir un principio básico: lo que por su intrínseca naturaleza es común y perteneciente no sólo a la generación presente sino también a las futuras no puede ser apropiado privadamente por nadie, ni destruirse

Juan Torres López

En la entrega anterior finalizamos la exposición de los puntos fundamentales que constituyen las bases filosóficas del pensamiento andino, lo que hemos denominado (siguiendo a Josef Estermann) la Pachasofía andina. En el cuadro siguiente, tomado de la misma fuente, hacemos un resumen comparativo entre el modelo de desarrollo occidental y el enfoque de dicho modelo de pensamiento andino:

 

 

Las bases sobre las que se asienta este pensamiento sobre el Buen Vivir descansan, como estamos viendo, en un absoluto respeto a la Naturaleza. Por ejemplo, Nina Pacari (otra líder indígena) explica: "Todos los seres de la Naturaleza están investidos de energía que es el Samai, y en consecuencia, son seres que tienen vida: una piedra, un río (agua), la montaña, el sol, las plantas, en fin, todos los seres tienen vida y ellos también disfrutan de una familia, de alegrías y tristezas al igual que el ser humano. Así es como cada uno de estos seres se relacionan entre sí (...) Todo somos parte de un todo; (...) [y a pesar de] ser distintos, somos complementarios, nos necesitamos mutuamente". Y por su parte, Mónica Chuji añade: "El Sumak Kawsay tiene una dimensión filosófico-espiritual y ética porque nace de las más profundas convicciones de vida colectiva basada en una relación inseparable, respetuosa y armónica con la naturaleza; porque en la naturaleza está la fuerza y el sustento de toda creación humana; porque en ella vivimos y de ella dependemos". Por su parte, Eduardo Gudynas, en su artículo "El largo recorrido de los derechos de la naturaleza" (Revista "América Latina en Movimiento", Nº 479, Oct. 2012), nos dice: "¿Cómo entender un bosque? Algunos dirán que es un conjunto de árboles. Otros agregarán que no son solamente árboles, porque también se encuentran helechos, orquídeas, arbustos y muchas otras especies vegetales. Algunos dirán que los animales, sean pequeños como escarabajos o sapos, o grandes, como tapires o jaguares, también son parte de ese ambiente, y que sin ellos no estamos frente a un verdadero bosque. De esta manera un bosque se entiende, e incluso se siente, a partir de la vida que éste cobija. El bosque es ese conjunto de elementos, pero también es más que un simple agregado, e incluso habrá quienes afirmarán que puede expresar sus humores, enojándose o aquietándose. Bajo esta mirada, el bosque tiene atributos propios, que son independientemente de la utilidad o de las opiniones que nosotros, humanos, pudiéramos tener. Es en esta sensibilidad donde se encuentran las raíces de los derechos de la Naturaleza". 

 

Por ello, frente al paradigma de la civilización occidental (industrial, capitalista) que tiene como destino manifiesto dominar a la Naturaleza, para el indígena su destino es cuidar a la Naturaleza como un ente del que forma parte; por eso no debe tomarse de ella más que lo necesario para la subsistencia. El paradigma biocéntrico nos insta igualmente a actuar de la misma forma. Por otra parte, en la tradición indígena el concepto de propiedad sobre la tierra no existe tal como se entiende en las sociedades occidentales. Ellos entienden más bien un derecho de usufructo de la vida que proveen los bosques, los ríos, las montañas o las lagunas. Y este derecho de usufructo (disfrute, albergue) lo gana una comunidad frente a otra, o un pueblo frente a otro, no mediante enfrentamientos, guerras o batallas, sino por el grado de conocimiento y familiaridad que éste tiene sobre los secretos de su territorio. En "El Libro de la Vida de Sarayaku" (ver una referencia a este pueblo indígena en  https://rebelion.org/sarayacu-libertad-tierra-cultura/) podemos leer: "Para nosotros el territorio no es solo el suelo, y menos las riquezas que los occidentales llaman recursos naturales. Desde nuestra visión, fundamentalmente, es un espacio de vida, que lo disfrutamos cuanto más entero se encuentre y menos transformado esté. Por eso no terminamos de comprender la lógica occidental que se expresa en las leyes creadas y que separa como cosas distintas el suelo, el bosque, la fauna, el agua y el subsuelo. Para nosotros el Kaypacha, el Jawapacha y el Ukapacha son una sola unidad, y separarlos es como separar un corazón del cuerpo en que se aloja. La naturaleza y la selva son parte de nosotros mismos, y de alguna forma, son una prolongación de nuestros cuerpos y de nuestros espíritus. La naturaleza, en ese sentido, nos habla y en ese juego de relaciones hemos aprendido mutuamente a convivir con ella y entre nosotros". Básicamente, el gran salto conceptual consiste en pasar desde una ética basada o que gira en torno al hombre (antropocentrismo) a una ética anclada en la vida (biocentrismo).

 

Este salto conceptual no es un ejercicio fácil, pero hemos de poner todo nuestro empeño en él. Nos llevará tiempo, pero hemos de preparar a nuestra mente para asumirlo. Cuanto más profundamente lo asumamos, más fácilmente comprenderemos los fundamentos del nuevo paradigma donde se asienta el Buen Vivir indígena, así como el resto de corrientes de pensamiento occidentales afines a él (decrecimiento, ecología profunda, desarrollo a escala humana, ecofeminismo, ecosocialismo...). Tomaremos como referencia este breve documento de Alfonso Henríquez para la siguiente exposición. Puede considerarse al filósofo noruego Arnold (Arne) Naess como el padre de la disciplina que llamamos Ecología Profunda (por oposición a una ecología superficial que pondría el foco únicamente en la tarea conservacionista de la naturaleza), movimiento filosófico, social y cultural que comenzó a difundirse durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado al amparo de la creciente preocupación por la degradación del medio ambiente vinculada cada vez con mayor fuerza a la acción directa del ser humano. En esta época, un profesor de la Universidad de Oslo publica en 1973 un breve pero importante artículo para el movimiento ecologista, titulado "The shallow and the deep, long range ecology movements" (Naess, 1973) en el cual expondrá los principios básicos en torno a los cuales la gran parte de la reflexión posterior sobre la problemática eco-filosófica se construirá. Retomo la explicación de Alfonso Henríquez: "Tradicionalmente la ética se ha centrado en la conducta humana, asignándole al hombre una serie de atributos morales que lo harían el único ser digno de valor por sí. Ahora bien, para esta corriente, la ética tradicional se encuentra atravesada por un profundo antropocentrismo animado por un dualismo fundacional, a saber, la distinción entre el hombre y un entorno que lo rodea, la naturaleza. Esta distinción ha tendido no al equilibrio sino que a la ubicación del hombre en un plano de superioridad en relación al mundo natural, sea éste animado o inanimado, autorizándolo por ello, para su explotación y aprovechamiento. La naturaleza aparece no solo como un conjunto de bienes disponibles, sino que, como un mundo en el que la ética no tiene nada que decir, pues ésta se aplica solo a las conductas humanas". 

 

Y así, reemplazar una ética fundada en lo humano por una ética centrada en la vida (animal o no) implica un replanteamiento de quiénes (qué seres) deberían ser considerados moralmente. En el pensamiento de Arne Naess se percibe la concepción de que el hombre (el ser humano, en general) no se "encuentra" en el entorno, pues la sola palabra "entorno" ya denota una posición de centralidad del ser humano sobre todo aquéllo que lo rodea. Lo que en realidad existe entonces no es una oposición entre estas dos esferas, sino toda una extensa red de relaciones, dependencias e interconexiones, entre las cuales (y gracias a las cuales) se va constituyendo todo individuo, sea de la especie que sea. Este individuo, por tanto, presentará una serie de características propias que solo adquirirán sentido en sus relaciones e interdependencias con los demás individuos (de su especie y de otras) y con lo demás. Para comprender esto en toda su dimensión hemos de despojarnos de toda nuestra herencia cultural occidental, incluyendo, entre otras, la herencia judeocristiana, el cartesianismo, el racionalismo, el newtonismo, y sobre todo, el capitalismo. Partiendo de esta base, para Arne Naess (y otros autores, aunque en grados diversos) existe una especie de "derecho" (palabra que siempre hemos de tomar con cautela) de toda forma de vida sin excepción a prosperar y desarrollar todas sus potencialidades, desde la montaña al hombre, pasando por los bosques, los ríos, los mares, los arbustos, las lagunas, los peces, los tigres...Todos los seres vivientes entrarían a formar parte, en pleno equilibrio y armonía, de esta red de nodos biocéntrica. Justamente en este "derecho a hacerse" de cada entidad, a ser en toda su extensión, a realizar sus potencialidades, es donde Arne Naess reconoce un valor intrínseco. Y así, el verdadero desarrollo de las potencialidades que lleva a la autorrealización implica una apertura hacia la interconexión e identificación que existe entre todo lo vivo, lo cual permite superar el individualismo, y reemplazarlo por el ideal de igualdad de la biosfera, pues el potencial individual no se puede dar aisladamente, sino mediante una conexión con los demás seres. Continuaremos en siguientes entregas.

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