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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Filosofía y Política del Buen Vivir (88)

Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

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La idea del decrecimiento nace de pensadores críticos con el desarrollo y con la sociedad de consumo, entre ellos Ivan Illich, André Gorz, Cornelius Castoriadus o François Partant, incluyendo en esta crítica la del fracaso del desarrollo en el Tercer Mundo, con autores como Vandana Shiva, Arturo Escobar, etc. Del mismo modo, dentro del campo de la economía, tras el informe del Club de Roma, aparecen voces críticas al modelo de crecimiento. Herman Daly, economista norteamericano que recibió el Nobel alternativo en 1996, propone la idea de que es posible una economía estable, con unas condiciones estacionarias de población y capital, el crecimiento 0

Pepa Gisbert (2007)

¿Escasez de energía y materiales? Sí -relativamente. Sólo si la escasez en cooperación, solidaridad e igualdad nos impiden ajustar nuestras expectativas y deseos a lo biofísicamente posible. Esas son las escaseces últimas que amenazan con acabar con nuestra civilización y precipitarnos al colapso

Jorge Riechman

En la última entrega de la serie (siguiendo este breve documento de Alfonso Henríquez) destacábamos la necesidad de virar desde una ética centrada en el hombre (antropocéntrica) hacia una ética centrada en la vida, es decir, que pusiese todas las formas de vida (humanas y no humanas) en el centro. Hemos de destacar que este nuevo enfoque no implica un desprecio por el ser humano, sino una nueva visión más igualitarista, que concede valor intrínseco a todo lo vivo. La Ecología Profunda parte del principio de que todos los seres tienen el mismo valor, y están en el mismo grado de atribución moral. Este nuevo enfoque nos conduce a una actitud de respeto y no explotación de lo vivo. La diversidad realza y fortalece las capacidades de supervivencia de los individuos, y de sus grupos o especies, lo cual nos conduce a su vez a entender el proceso de la vida no como la habilidad de consumir y matar, de competir contra los otros, sino como la capacidad para coexistir y cooperar. Alfonso Henríquez concluye: "Este punto cobra mayor sentido a la luz de los presupuestos anteriores, pues permite abrir paso a un campo en que dejando atrás los dualismos hombre-ambiente, cultura-naturaleza, mente-cuerpo, consciente-autoconsciente, etc., nos abra hacia una profunda tolerancia de la diversidad de las formas de vida (...), en las cuales la humana, no diluyéndose, baja del pedestal en el que el pensamiento antropocentrista la tenía ubicada".  A la pregunta sobre ¿Hay valor fuera del ámbito de los seres capaces de sentir?, como vemos, la Ecología Profunda responde afirmativamente. Ello implica, entonces, que además de los seres sintientes (cualquier individuo de las especies humana, o de los reinos vegetal o animal), también aquellos que no lo son pueden ser titulares de atributos morales, sean éstos por ejemplo ecosistemas completos (la Amazonía brasileña) o individuos concretos del mismo, tales como una montaña o un arroyo. Y esto nos permite caracterizar a dichos sistemas de pensamiento como biocéntricos (centrados en la vida) o ecocéntricos (centrados en el ecosistema) por oposición a las que podemos llamar filosofías antropocéntricas, como todas aquellas expresadas por el pensamiento racionalista occidental. 

 

La Ecología Profunda nos ofrece un criterio radicalmente más inclusivo y universal, lo que permite ampliar racionalmente el marco de los sujetos capaces de ser tenidos en cuenta como entes morales. Es la base filosófica, por tanto, para pasar luego a la base jurídico-política donde se asienta la concepción de conceder derechos a la propia Naturaleza, posibilidad que trataremos luego más profundamente. Bien, a partir de los cimientos conceptuales aportados por la Ecología Profunda (a través de Arne Naess y otros autores), con el tiempo van naciendo otras corrientes de pensamiento afines o derivadas de ella, que podemos resumir como sigue, siguiendo de nuevo a Alfonso Henríquez:

 

1.- Hipótesis Gaia (Lovelock-Margulis). Esta teoría data de 1985, cuando los científicos e investigadores James Lovelock y Lyn Margulis publican un texto provocador llamado "Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra". Para estos autores, la Tierra formaría un todo orgánico, autorreproducible, autorregulatorio y teleológico, compuesto de una serie de subsistemas jerárquicamente organizados. La meta del sistema es el mantenimiento de las condiciones óptimas para la vida, y obsérvese que nos referimos a la vida en sentido general, y no a la vida del ser humano en particular, pues éste no es más que un elemento del mismo, sin ninguna importancia particular dentro del sistema. 

 

2.- Ética de la Tierra (Aldo Leopold). En este sentido parece ir una obra anterior cronológicamente, del ambientalista estadounidense Aldo Leopold, quien escribiera en 1940 el clásico ecologista "A Sand County Almanac", en el cual popularizara la designada como Ética de la Tierra. El aporte fundamental es que para Leopold y para uno de sus principales seguidores, John Callicot, en contra de lo que la tradición y la intuición podrían sostener, el sujeto moral por excelencia es la especie y no el individuo (humanos o no), pues la Naturaleza forma una comunidad biótica en la cual los individuos no son los que tienen el derecho de vivir propiamente dicho, sino que solo su especie lo tiene, representando el fin último el logro de un equilibrio entre las mismas. De hecho, ciertas culturas, pueblos y comunidades humanas contemplan el grado de valía, inserción y éxito de los individuos en función del grado de su pertenencia a la comunidad, dando preferencia a familias o clanes más que a las personas en sí mismas. 

 

3.- Teleologismo Biocéntrico (Paul Taylor). Paul Taylor por otro lado, alejándose un poco de estas dos posturas anteriores (que por un lado reducen al ser humano a una especie disponible en beneficio del equilibrio ecológico, y por el otro hacen sacrificable la vida en bien de la especie), y acercándose más a la filosofía de Arne Naess, en su obra plantea la teoría de que un organismo y todas las formas de vida en general son un bien en sí mismas. Para Taylor todos los seres vivientes tendrían un mismo valor intrínseco, y no porque sean conscientes, de hecho argumenta que si así fuese, muchos quedarían imposibilitados para ser considerados sujetos morales, ya que la conciencia no es una propiedad universal. En cambio, lo que sí es una propiedad de esta clase es la actividad organizada que marca la tendencia a preservar su existencia, protegiéndose y promoviendo su bienestar. Todas las criaturas de la Tierra son, por tanto, un fin en sí mismas. 

 

Todas estas manifestaciones, variantes o corrientes de pensamiento giran en torno al Biocentrismo, aportando cada una de ellas sus propias características, pero manteniendo como vemos unos aspectos fundamentales compartidas por todas. El giro biocéntrico implica reconceptualizar los significados de diversos términos que han sido falazmente apropiados por el actual paradigma, tales como "progreso", "desarrollo", "bienestar" o "riqueza". Para alcanzar estas metas, bajo el paradigma antropocéntrico la Naturaleza es continua y violentamente saqueada y expoliada, sometida a brutales procesos de extractivismo (estamos agotando materiales y fuentes de energía que la Naturaleza ha tardado millones de años en crear), y las demás formas de vida no humanas son infravaloradas. El Buen Vivir, basado en el paradigma biocéntrico, renuncia a estas prácticas porque valora todos los seres que la Madre Tierra alberga, incluida ella misma. Pero esta serie de artículos se titula "Filosofía y Política del Buen Vivir", lo que implica que no pretendemos quedarnos únicamente en los aspectos teóricos o filosóficos de este paradigma civilizatorio alternativo, sino además vincularlo a sus aspectos prácticos, es decir, a su dimensión jurídico-política. Y en ese sentido, comentar también las decisiones y medidas que podemos aplicar para acercar nuestras sociedades a dicho paradigma. En lo que nos ocupa, y tal como hemos expuesto en algunos artículos anteriores, el Biocentrismo se plasmaría, entre otras medidas, en el reconocimiento de la Naturaleza como sujeto de derechos, llevando este reconocimiento a los más altos niveles, como pueden ser todo tipo de leyes y normativas, y por encima de ellas, el propio texto constitucional. De hecho, en las Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009), cada una a su manera y en su propio contexto, aparecen recogidos expresamente los derechos de la Naturaleza. Es por tanto un hito perfectamente alcanzable y deseable, que sentaría un precedente básico y fundamental para no solo cambiar la mentalidad de las personas, sino también para adaptar todo el corpus jurídico de la comunidad hacia este reconocimiento. Continuaremos en siguientes entregas.

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