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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El falso relato sobre el Descubrimiento de América (II)

El falso relato sobre el Descubrimiento de América (II)
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Solo se puede narrar verdaderamente el pasado como es, no como era. Ya que rememorar el pasado es un acto social del presente (…) y que afecta al sistema social del presente (…). La “verdad” cambia porque la sociedad cambia

Immanuel Wallerstein

Para finalizar el artículo anterior, primero de esta serie, tomamos un fragmento del texto "Arqueología de lo jondo", de Antonio Manuel, donde el autor relataba cómo tuvo que explicar a su hijo y corregir muchas de las cuestiones que su libro de texto le contaba sobre el supuesto "descubrimiento" de América, entre otras cuestiones. Y es que, efectivamente, los libros de texto que nos han enseñado determinadas asignaturas en nuestros tiempos escolares tienen la culpa (en realidad sus autores y editores, y en última instancia una política y una cierta cosmovisión de los hechos) de que fuésemos poseyendo desde pequeños un relato equivocado de lo que realmente sucedió. Los libros de texto que hablaban (y continúan hablando) del "descubrimiento" de América son un caso especialmente llamativo que pone de manifiesto la omisión y ocultación de la existencia de culturas sostenibles, muy anteriores a las nuestras (las occidentales). Al ser desconocida por la sociedad occidental, se consideró América desconocida de forma universal. Craso error. En los libros de texto de referencia de las principales editoriales, apenas se comenta el expolio de recursos que tuvo lugar, las degradaciones ambientales que provocaron, o los genocidios llevados a cabo en dicho continente por parte de los occidentales (españoles, en este caso, mayoritariamente). Y así, un montón de barbaridades son enseñadas a nuestros escolares en dichos textos, tales como que "La colonización consistió en poblar América" (América ya estaba poblada antes de la llegada de los europeos), o "Cristóbal Colón como todas las personas de su época no conocía la existencia de América" (por lo visto los indios e indias no eran personas o no existían), etc. La sarta de estupideces, mentiras y adulteraciones de la realidad que se vienen produciendo son un ejemplo de clara manipulación de los conocimientos, y de evidente colonización mental de los estudiantes, que lógicamente cuando llegan a adultos, poseen dicho relato completamente asumido. 

 

Por lo tanto, ni América estaba despoblada (sí de europeos), ni se descubrió ningún "Nuevo Mundo" (sí para los europeos). Pero al no ser habituales estas aclaraciones, se convierte la afirmación en clara mentira. ¿Diríamos por ejemplo que los inmigrantes latinoamericanos han "descubierto" España, puesto que no la conocían antes? En definitiva, llevamos siglos enseñando a nuestros escolares unos libros de texto que no recogen un enfoque intercultural en el que se analicen las culturas desde sus propios patrones civilizatorios, se efectúe un discurso y una enseñanza desde el respeto (dichos textos siempre se refieren a las culturas indígenas con desprecio, o como atrasadas), y se promueva un encuentro en equidad donde no quepan el paternalismo ni la dimensión inferior-superior. Y por otra parte, necesitamos contar a nuestras nuevas generaciones el relato desde la verdad presente, no desde la mentalidad imperialista de hace cinco siglos. Con todos esos mimbres, desde la escuela lo que estamos fomentando es "la inmadurez y la visceralidad con que la opinión pública española enfrenta su pasado histórico", en palabras de Jorge Sancho, cuyo artículo tomamos como referencia a continuación. De hecho, la inmensa mayoría de adultos españoles aún piensan que la destrucción de las civilizaciones y culturas amerindias es apenas un mal necesario para la construcción de una providencial, casi virtuosa, Hispanidad. Pero dicho relato es muy peligroso, pues además de un relato falso, hace gala de toda la banalidad, la zafiedad, el cinismo y la indigencia intelectual que en muchos aspectos nos caracteriza. No es un mal endógeno de la sociedad española, pero sí es evidente que se lo debemos a una educación y un pensamiento político muy sesgado a la derecha, como efecto, mirando solo a los tiempos más recientes, de cuatro décadas de nacionalcatolicismo franquista. Pero llevamos también más de cuatro décadas de democracia, lo cual ya sería por sí mismo etiqueta suficiente como para que hubiésemos olvidado aquél relato de épica y grandeza, que en realidad es un relato de expolio, muerte y destrucción. 

 

Explica Jorge Sancho: "La falta de la más mínima higiene democrática en la sociedad española se pone de manifiesto por la persistente popularidad de conceptos historiográficos absolutamente caducos como los de "Reconquista" o "Descubrimiento". Resulta completamente evidente que las expediciones colombinas no descubrieron absolutamente nada; que ese "Nuevo Mundo" estaba habitado desde hace decenas de miles de años por multitud de pueblos y culturas que se extendían desde Alaska a la Tierra de Fuego...y de hecho América fue visitada por los Vikingos, y probablemente también, por navegantes polinesios siglos antes de que la Pinta, la Niña y la Santa María partiesen desde Palos de la Frontera. Los conquistadores castellanos no llegaron a un continente vacío ni habitado por salvajes que esperaban recibir los regalos de la "civilización" para aprender a rezar o a escribir de manera correcta. Las Américas presentaban a finales del siglo XV un ecosistema humano rico y diverso; algunas de cuyas formaciones sociales (como los Mayas, Aztecas o Incas) tenían un grado de complejidad comparable a los Imperios Romano o Persa en la antigüedad". Esto es exactamente lo que nuestros escolares deberían aprender en sus libros de texto. Sin embargo, lo que aprenden es la "valentía y la heroicidad de nuestros conquistadores", que contribuyeron a que el Imperio Español de la época (a fuerza de destrucción a mansalva) se extendiera allende los mares. Añade Jorge Sancho que aunque técnicamente no sea lo más apropiado describir el proceso de conquista y colonización de los pueblos originarios americanos como un genocidio (a la manera del Holocausto nazi o el exterminio de los Tutsis ruandeses en 1994), estamos hablando de la destrucción histórica deliberada de pueblos enteros, y de expolio de sus riquezas y recursos naturales, con lo cual las supuestas "hazañas" de Colón, Hernán Cortés, Núñez de Balboa, Pizarro y tantos otros "conquistadores" merecerían entrar en la categoría más amplia de Democidio, es decir, destrucción de pueblos en su más alta dimensión, lo que implica la absoluta aniquilación de sus respectivas culturas. 

 

Una característica fundamental en todo democidio es la propia destrucción demográfica. En este sentido, es innegable que tomando en consideración el conjunto del proceso colonizador (que se extendió durante más de un siglo y a una escala continental, en sucesivas oleadas), la catástrofe demográfica alcanzó unas dimensiones apocalípticas. En términos absolutos murieron decenas de millones de personas, algo solo comparable con las Guerras Mundiales o las conquistas de los mongoles en Asia. En términos relativos el impacto fue aún mayor, dado que las estimaciones más conservadoras situarían la pérdida de población en el Nuevo Mundo en al menos un 75% de su población continental entre los años 1500 y 1650 (mediados del siglo XVII, aproximadamente), momento a partir del cual comenzó una lenta recuperación poblacional. Probablemente sea éste el proceso demográfico más relevante en tiempo histórico de toda la Historia de la Humanidad, ya que alteró de manera decisiva el equilibrio demográfico entre los continentes. Existe un debate historiográfico sobre las causas profundas de este colapso demográfico, que es sin duda de una enorme complejidad y en el que no abundan desgraciadamente (dada la antigüedad de los hechos acontecidos) las fuentes directas, por lo que inevitablemente hay un cierto grado de especulación al respecto de lo que realmente sucedió. En cualquier caso, las líneas generales de lo acontecido parecen estar bastante claras, a la luz de los datos e investigaciones que pueden consultarse. Es evidente que una destrucción demográfica de la envergadura de la que estamos tratando no ocurre al albur de unas determinadas circunstancias que se conciten aleatoriamente, sino que han de obedecer a la conjunción de múltiples factores que las determinen. Si colocamos por tanto todas las piezas del puzzle (este puzzle es el que estamos intentando exponer en esta serie de artículos) hasta conformar la realidad completa, en sus justos términos, está claro que, al menos, podríamos aproximarnos bastante bien al relato correcto de lo sucedido. 

 

Retomo de nuevo las palabras de Jorge Sancho: "El factor desencadenante es sin duda la invasión de castellanos (y portugueses) que se desarrolla con gran rapidez y virulencia entre finales del siglo XV y mediados del siglo XVI; los conquistadores por lo general se relacionan con los diversos grupos indígenas haciendo uso de una gran violencia --movidos por el fanatismo religioso y el afán de rapiña--; pese a que el número de los invasores es insignificante comparado con el de la población local, éstos traen consigo multitud de enfermedades infecciosas (como la Viruela o el Sarampión) que causan estragos entre una población que carece de defensas frente a los nuevos patógenos; la densidad demográfica americana y la relativa homogeneidad genética de sus poblaciones favorecen la extensión sin precedentes de las epidemias, cuyos efectos devastadores muchas veces anteceden a la llegada de los conquistadores, favoreciendo la disolución de las formaciones sociales amerindias y posibilitando su posterior asimilación a manos de los invasores europeos". Y añade: "Este proceso fue tan rápido, violento y traumático que en no pocas ocasiones desencadenó suicidios en masa entre los indígenas incapaces de asimilar el abrupto final de su universo social y cultural. Pero lo que hizo irreversible la catástrofe fue el sometimiento de los supervivientes a un régimen económico predatorio y extractivista que era completamente indiferente a la supervivencia de los indígenas". Necesitamos por tanto un poco de visión histórica, pero sobre todo grandes dosis de empatía, para poder ponernos en el lugar de esos pobladores indígenas, y de la espiral de muerte, violencia, imposición y destrucción que los llamados "conquistadores" llevaron consigo. La cruel violencia de las conquistas puede entenderse por la necesidad de los reducidos contingentes castellanos de usar un terror sistemático para dominar y mantener sometidos a las vastas poblaciones americanas. Los "conquistadores" fueron vectores de las epidemias y usaron de manera despiadada y oportunista los estragos por ellas causadas para afianzar su dominio, a toda costa. Y por su parte, el régimen de explotación económica al que fueron sometidos los pueblos originarios una vez consolidada la conquista (ejemplificada por la infame Encomienda y luego continuada por otras formas de trabajo forzoso como el Repartimiento) no solo pone de manifiesto que la codicia era el principal motor detrás del esfuerzo colonizador, sino el hecho de que la población indígena fuese tratada ante todo como mano de obra prescindible, cuyas vidas eran el preciado combustible con el que poner en marcha y mantener la maquinaria de la acumulación originaria del capital. Continuaremos en siguientes entregas.

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