Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
La crisis ecológica evidencia que ha llegado el punto en que la contradicción entre los recursos existentes y la maquinaria de reproducción industrial parecen haber alcanzado un límite. El capitalismo –para mantener su ciclo vital– necesita destruir capital, vidas, bienes y recursos naturales mediante despojo de tierras y despoblamientos violentos de zonas y amplias regiones, expoliación de recursos y explotación a gran escala de fuerza de trabajo
El decrecimiento debe ser una opción consciente, voluntaria y democrática, no obligada por la escasez o la austeridad; que surja del deseo de reordenar las prioridades: el bienestar, no el crecimiento; la calidad de vida, no el consumo
En la entrega anterior, tomando como referencia este artículo del Blog "Usted no se lo cree", habíamos comenzado a explicar los motivos por los cuales, aún con toda la evidencia científica sobre el cambio climático, el agotamiento de los combustibles fósiles y el abismo civilizatorio, las personas no reaccionan como sería lógico esperar. Continuaremos con este asunto, pues hay aún algunos puntos que exponer. El propio lenguaje científico nos juega también alguna mala pasada, en el sentido de no estar muy familiarizados con él, y debido a ello, poder realizar malas interpretaciones. Cuando los científicos hablan de "teoría" o "hipótesis", es porque es algo que ha sido verificado en un determinado porcentaje de casos, no de forma caprichosa. Pero los negacionistas aprovechan el uso de este lenguaje para hacer propaganda en su contra. ¿Alguien esperaría a tener una opinión unánime de todos los médicos si dos de ellos le han dicho que posee un 80% de probabilidades de desarrollar un linfoma? Aplicándolo a nuestro caso, por ejemplo, si nos dicen que el punto de no retorno del sistema climático se encuentra en el umbral de los +2 ºC respecto al promedio preindustrial, que lo alcanzaremos antes de 20 años y que, a pesar de llevar a cabo las acciones de mitigación más drásticas imaginables, existe un 25% de probabilidades de que no podamos evitar el colapso...¿qué debemos decidir? ¿Esperar 10 años más a que nos digan que estas incertidumbres han disminuido? Según los negacionistas, deberíamos esperar a que no haya incertidumbre ninguna, es decir, hasta el infinito (el problema es que el colapso nos alcanzará en dicha espera pasiva). Un nuevo motivo de dificultad en la asunción del problema reside en que no tenemos soluciones aparentemente viables al alcance. Entonces, aplicamos el famoso dicho que reza: "Si algo no tiene solución...¿para qué nos vamos a preocupar?". Ello depende también del grado de cambio en nuestras vidas que supongan las soluciones planteadas. En este sentido, también tenemos el famoso dicho que dice así: "Veremos antes el fin del mundo que el fin del capitalismo". Es decir, nos creemos que nuestro mundo está tan intrincadamente desarrollado en sus parámetros actuales que es imposible cambiarlo. Pero esta es otra impresión equivocada.
En el último artículo decíamos que la visión antropocéntrica conlleva igualmente una visión del tiempo adaptada al ser humano, como si éste lo gobernara todo, y todo girara a su alrededor. En este sentido, el capitalismo lleva sobre la faz de la Tierra un par de siglos, dos siglos y medio como mucho, lo que implica que muchos miles de años antes no existía, es decir, las comunidades humanas poseían otros modos de organización social y económica. Luego por tanto, por muy imbuidos que estemos en el capitalismo, si nos demuestran que este sendero nos conduce al abismo, no debiéramos desesperar ni dar la causa por perdida, sino luchar con todas nuestras fuerzas por erradicar este demencial sistema, e irlo paulatimente sustituyendo por otros modos de organización de la producción y de la vida. La solución por tanto existe, aunque tenga un coste demasiado elevado (¿pero no tendría aún un coste más elevado el no hacer nada?). El problema aquí es luchar contra la enorme presión que los negacionistas establecen, que son los más interesados en que el sistema capitalista actual se mantenga (no hablamos aquí de los negacionistas por ignorancia, ya que la ignorancia puede ser derrotada simplemente poseyendo interés en ello). Las soluciones existen, aunque sea a coste muy elevado: por ejemplo, es técnicamente posible alimentar de electricidad a toda Europa con una combinación de energía fotovoltaica, eólica e hidroeléctrica ubicada en el desierto del Sáhara. Es posible también hacer lo mismo en Asia ubicando estos sistemas en Arabia Saudí, en los Estados Unidos en el suroeste de este país, etc. El problema es la viabilidad económica, relacionada además con el tiempo disponible, y la viabilidad política. Aunque ciertamente hay otro problema más serio todavía, consistente en cómo disponer de la energía para fabricar y mantener la imponente cantidad de generadores eólicos y solares que serían necesarios para asegurar (sobre todo en invierno) unos niveles de energía neta similares a los actuales. Pero con voluntad política, se podría estudiar dicha posibilidad. Aunque lo cierto es que para emprender proyectos de estas dimensiones tendríamos que disfrutar de un mundo amigo geopolíticamente hablando, lo cual dista mucho de ocurrir. Como podemos apreciar diariamente en los programas informativos, las grandes potencias se pasan el día peleando unas con otras por los más vergonzantes motivos.
Bien, otro alegato contra la implantación (creencia, asunción mayoritaria) de una filosofía y políticas del Buen Vivir ante el abismo civilizatorio que nos amenaza, lo constituye la gran cantidad de aspectos personales que nos tocarían de lleno a cada uno de nosotros, en nuestra intimidad, en nuestras formas de vida, en nuestros planteamientos personales, deseos, aspiraciones, comodidades, etc. Por ejemplo, cuando nos digan que no podemos emplear nuestro coche privado, que solo podemos comer carne una vez a la semana o que deberíamos convertirnos en veganos, cuando se disparen los impuestos a la electricidad, cuando el desempleo se masifique y cronifique, y el Estado no pueda recaudar tantos impuestos como para mantener los subsidios de supervivencia...¿lo aguantaremos, estoicamente, en aras a mantener el clima del futuro? Las previsiones más optimistas consideran que se producirán revueltas populares más o menos violentas, las más pesimistas auguran la implantación de una suerte de "ecofascismo" mundial que desembocará en disturbios, guerras de competencia por los recursos, sistemas violentos y dictatoriales, profundización de las desigualdades, etc. Y entonces, lo más probable sea que no queramos siquiera imaginarnos ese mundo. Pero esconder la cabeza como el avestruz tampoco nos resolverá el problema. Es preciso por ello creerlo, asumirlo y actuar, para poder "colapsar mejor", es decir, conseguir que dichas situaciones que hemos descrito nos afecten lo menos posible. No habrá más remedio que asumir dichas situaciones, y por ello algunos Gobiernos de determinados países están ya implantando determinadas medidas para "suavizar" el colapso a sus respectivas poblaciones, aunque como decimos, este asunto es global, y las posibles medidas de un solo país, incluso de un solo continente, se volverán insuficientes si no son asumidas también por el resto de la comunidad internacional. ¿Cómo promoveremos entonces la solidaridad en unas sociedades tocadas de muerte por el individualismo culturalmente inducido, por unas prácticas y modos de vida imperantes procedentes del capitalismo más descarnado? El asunto es francamente complicado. Pero precisamente por ello debemos actuar, y actuar deprisa y convencidos de lo que hacemos. Actuar intentando difundir dichas acciones, para que cada vez más gente a su vez las asuma y las difunda. No existe otra.
Pero como venimos diciendo, dado que estas respuestas han sido contaminadas con grandes dosis de intoxicación, negacionismo, ocultación y desinformación, bulos y mentiras, lo más extendido es seguir suponiendo, bajo la bandera de la tecnoutopía irracional, que la tecnología y las energías renovables acabarán acudiendo en masa a nuestro socorro, lo cual nos tranquiliza y nos aleja los motivos para la alarma. Estos son los motivos por los que continuamos instalados en la irresponsabilidad. Nuestros modelos mentales y civilizatorios nos pesan demasiado, y simplemente, es mejor relajarnos y no hacer nada, no creernos a los pájaros de mal agüero que nos hablan de colapsos, y continuar nuestros parámetros sociales y económicos tal cual los hemos practicado hasta ahora. Es un mecanismo de defensa psicológica y de preservación de nuestros esquemas mentales, porque luchar contra ellos es una batalla muy dura. Pero como decimos, estos esquemas y modelos mentales nos han sido inducidos. Hoy los consideramos como verdades elementales, pero no lo son. Solo son parte del mundo que nosotros hemos construido, de 250 años para acá. De hecho funcionamos con ellos como si fueran axiomas que no necesitaran demostración, cuando lo fácil es precisamente demostrar que no son ciertos. Por ejemplo, creemos que para que la sociedad funcione es necesario el crecimiento económico, que este crecimiento es una condición necesaria para el desarrollo de las sociedades y para mejorar las menos desarrolladas, y que el progreso, a pesar de algunas oscilaciones, se produce de forma continua, siempre a mejor. Es justo lo que nos han enseñado en la escuela, desde pequeños, y lo que hemos visto en nuestro mundo "real". Jamás nos pusimos a pensar, a cuestionar estos "dogmas" de nuestro mundo, porque nos parecían tan evidentes que cualquier cuestionamiento de los mismos era algo absurdo. Pero en esta serie de artículos estamos proporcionando otros puntos de vista para intentar demostrar que esto no es así. Ni las sociedades han ido siempre a mejor, ni el crecimiento económico de los países ricos revierte como una de sus consecuencias en la inmensa mayoría de las personas que viven en sociedades menos opulentas. Ni el "progreso" es el progreso, ni la "riqueza" es riqueza, ni el "bienestar" es tal, sino que son todas ellas construcciones mentales que el capitalismo nos ha imbuido.
Otro modelo mental relacionado con los anteriores es creer que dicho crecimiento económico puede (y debe) continuar indefinidamente, que lo bueno es crecer, que lo malo es estancarse, y que se puede continuar así ad infinitum. Pero también estamos demostrando aquí que el crecimiento ilimitado es una falacia, es insostenible, nos conduce a la destrucción, y solo cabría hablar de sostenibilidad en caso de una redefinición de todos estos términos de los que la cultura capitalista se ha apropiado, algo que no parece estar en la mente de las mayorías sociales, ni de nuestros dirigentes políticos. Muchos intereses creados nos lo impiden. Pero los mecanismos biofísicos que rigen la dinámica de los ecosistemas son certezas matemáticas, y al igual que se hundió el Titanic por mucho que sus tripulantes y pasajeros no lo estuvieran asumiendo, lo mismo nos puede ocurrir a nosotros. Podemos seguir escuchando música para distraernos mientras el colapso nos lleva por delante, podemos seguir con nuestras distinciones sobre clases sociales, estamentos y status quo, pero el colapso vendrá de todos modos, pero podemos ir construyendo más botes salvavidas, podemos ir variando el rumbo de nuestra economía, podemos ir funcionando con otros esquemas mentales, podemos asumir otros valores y conceptos, podemos ir practicando otras formas de vivir, producir y consumir, y con todo ello, al final, es posible que nuestro choque con el gran iceberg civilizatorio no resulte tan caótico. De eso precisamente trata esta serie de artículos, de intentar poner los cimientos para una nueva filosofía y una nueva política, ambas enfocadas al Buen Vivir, es decir, al Vivir armoniosamente, con respeto, con frugalidad, con reparto, con tranquilidad, con lentitud, con sosiego, con cooperación, para poder alcanzar un puerto más seguro cuando el planeta en su conjunto alcance su punto álgido en el caos climático que ya estamos comenzando a experimentar. Ello nos implicará, ya lo venimos exponiendo, la remoción de muchos de los cimientos de nuestra cultura, de nuestros valores, de nuestras actitudes, pero será la única forma de sobrevivir al abismo sistémico que nosotros mismos hemos provocado. No es tarde para implementar todas estas políticas, para asumir todas las nuevas prácticas, valores y actitudes, nos cueste lo que nos cueste, porque de lo contrario, simplemente, dejaremos de existir como humanidad. El planeta continuará su recorrido, pero sin nosotros. ¿Quién necesita más a quién? Continuaremos en siguientes entregas.