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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Por una Reforma Educativa para todos (33)

Los hombres, cuando enseñan, aprenden. No se trata solo de que enseña el que sabe y que aprende quien no sabe: todos sabemos algo y todos ignoramos algo. Todos somos, a la vez, maestros y alumnos

Séneca

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33.- LA VISIÓN ACRÍTICA DE LA AGRICULTURA Y LA GANADERÍA INDUSTRIAL. El tratamiento que los libros de texto de nuestros escolares conceden a estas actividades históricas del ser humano también dista mucho de ser correcto. Erróneamente, los libros de texto consideran que los países en los que la mayor parte de la población se dedica a la agricultura y ganadería son atrasados, especialmente si no utilizan mecanización, abonos y pesticidas químicos o su producción no se basa en el monocultivo. La pérdida del peso de la agricultura en la economía se manifiesta como un índice de desarrollo y modernización. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal afirma: “La productividad del campo ruso seguía siendo muy escasa porque no se introdujo la mecanización”. O el mismo libro de la Editorial Oxford afirma: "La agricultura era tradicional y poco eficiente, ya que el rendimiento por hectárea era muy bajo". "Este panorama dificultaba que la agricultura abandonase su carácter general de subsistencia". Para los libros de texto, la economía de subsistencia se considera sinónimo de pobreza, a pesar de que las personas que viven de este modo puedan a menudo ser autosuficientes
o a veces trabajar menos horas que las personas que viven en economías industrializadas. Esto nos lo muestra muy claro, por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives: “En los países subdesarrollados la agricultura y la ganadería siguen siendo de subsistencia, es decir, la población consume lo que produce. Sin embargo, en los países desarrollados la aplicación de nuevas técnicas en cuanto a maquinaria, abonos, selección de razas, etc. ha generado una agricultura y ganadería comerciales, es decir, la producción se destina al comercio y no al propio consumo.” Los mensajes subliminales están bien claros. El modelo agropecuario tradicional se considera poco productivo. Se considera, por ejemplo, atrasada una agricultura condicionada a los factores del clima. No se tiene en cuenta lo ineficaces que resultan los sistemas de explotación agrícolas y ganaderos intensivos en cuanto a los balances energéticos, generación de residuos, pérdida de biodiversidad, introducción de elementos tóxicos peligrosos de efectos ambientales impredecibles, problemas para la salud de las personas o pérdida de soberanía alimentaria. 

 

A pesar de que el concepto de productividad en la agricultura debería tener en cuenta la internalización de los costes en todo el proceso, los libros de texto permanecen ignorantes a esta realidad y ocultan los impactos de la agricultura y ganadería intensiva sobre los ecosistemas, la salud, el maltrato animal, las condiciones laborales o el aumento de residuos generados. Sólo se fijan en el crecimiento de la productividad: como por ejemplo en el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal, que afirma: “Las prácticas agroquímicas y la mecanización lograron un aumento espectacular de la productividad agrícola”. O por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé, que cuenta: “La agricultura europea había experimentado un fuerte desarrollo basado en el incremento de la productividad. Esto se había conseguido aumentando la utilización de la tecnología, fertilizantes, energía, etc. Y disminuyendo la utilización del factor trabajo”. Pero aún tenemos más ejemplos: el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest dice: "Las tierras de regadío son más productivas y rentables" (como si estos factores fueran los únicos importantes), y el libro de Economía antes citado afirma: “En la revolución industrial se mejoraron las técnicas de cultivo, con lo que se incrementó la productividad”. Todos los mensajes, como vemos, van encaminados a reproducir y valorar únicamente la lógica capitalista, es decir, la de la rentabilidad y productividad, como si el resto de factores no fueran valorables, o como si el incremento de dichos factores no tuviera sus repercusiones negativas. Se oculta la vulnerabilidad de los cultivos actuales dada su inadaptación a las condiciones ambientales tales como la introducción de variedades de animales, plantas y semillas procedentes de otras áreas, la aparición de plagas que se tratan con ingentes cantidades de insecticidas químicos de efectos imprevisibles, la pérdida de biodiversidad en los monocultivos, la degradación de suelos, el despilfarro y la contaminación de agua, la introducción de transgénicos, los desastrosos balances energéticos, la generación de residuos o el transporte a largas distancias. Aunque la agricultura industrial actual es la “práctica de hacer comestible la energía del petróleo”, los libros no permiten tener conciencia de esta situación de riesgo. 

 

Por este camino, nuestros escolares pierden el conocimiento del origen y formas de producción de los alimentos que consumimos (mecanización, transporte a larga distancia, envasado, etc.). Se pierde el conocimiento de la vida, de los ciclos de la naturaleza, como en los invernaderos en los que no existen las estaciones y se aceleran los ciclos de la planta o en la estabulación permanente del ganado que cambia el fotoperíodo de los animales. Hay que enseñar a los alumnos y alumnas que la agricultura y ganadería industrializadas presentan un balance energético y ambiental altamente deficitario, de este modo, producir una caloría de carne de pollo en intensivo requiere doce calorías de cereal. Se ignora que el número de calorías introducidas en el proceso en relación con las obtenidas ha ido empeorado progresivamente con respecto a la agricultura tradicional. Tampoco se les enseña a los estudiantes los peligros de los agroquímicos utilizados en la agricultura industrial. Se justifica el uso de transgénicos sin tener en cuenta sus posibles efectos sobre la salud, el medio ambiente o los sistemas productivos tradicionales, de consecuencias mucho más graves y prolongadas que los agrotóxicos. No existe el principio de precaución. No se relaciona la introducción de la biotecnología con el control del mercado por parte de las transnacionales. Todos estos aspectos son ignorados por los libros de texto. Más bien al contrario, los libros de texto cuentan cosas como las siguientes: “Sin embargo, en la actualidad, el incremento de la producción agrícola puede haber tocado techo, por lo que el reto de la ingeniería genética está en obtener alimentos vegetales con costes menores y convertir en agrícolas terrenos hoy en día improductivos, mediante el cultivo de especies adaptadas a ellos” (libro de Biología y Geología 1º de Bachillerato Anaya). No se menciona apenas la ganadería como sistema productivo y, por tanto, se oculta el maltrato a los animales en la ganadería intensiva, potenciado por intereses económicos y comerciales completamente ajenos al sector ganadero tradicional, y por supuesto insensibles a cualquier consideración de salud pública, de bienestar animal, o de sostenibilidad y equidad. Los animales, ajenos al campo, son fuentes de producción de carne, leche, grasas o piensos, hacinados en instalaciones donde apenas pueden moverse, sometidos a estrés, alimentados con piensos de dudosa salubridad, hormonados o tratados con antibióticos. 

 

De nuevo, el libro de Biología y Geología de 1º de Bachillerato Ed. Anaya nos ofrece una buena muestra de todo ello: “Se han utilizado hormonas, principalmente en la producción lechera, tanto para aumentar la cantidad de leche como el porcentaje en grasa”. “El mayor adelanto ha sido el empleo de compuestos hormonales sintéticos para incrementar el peso del ganado vacuno en explotación intensiva”. Sin comentarios. Es imposible que de esta forma, tengamos luego generaciones de personas adultas que se encuentren sensibilizadas con las culturas y prácticas sostenibles, o las valoren siquiera. Se trata escasamente el tema de la pesca y cuando se hace no se tiene en cuenta su gestión sostenible. No se habla de la producción de pescado en acuicultura con piensos de dudosos efectos sobre la salud de las personas. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Anaya cuenta: “La pesca es importante en España, debido a la extensión de sus costas; pero atraviesa muchas dificultades, como el agotamiento de los bancos de peces, la limitación del número de barcos y de las áreas de captura, etc". Pero aún hay más: el libro de Inglés de 6º de Primaria Ed. Longman afirma que se considera una alimentación sana y equilibrada para la población aquélla que incluye "comer carne y pescado todos los días" (parece que no están considerado el veganismo precisamente). Se ocultan los efectos sobre la salud humana del actual sistema de alimentación que utiliza productos cancerígenos, hormonas, transgénicos o dioxinas. Mientras una gran parte de la población mundial muere de hambre por falta de alimentos, en los países industrializados muchas personas sufren de obesidad, colesterol, intoxicaciones o alergias de origen alimentario. El éxodo rural no se contempla como un problema social grave (desarraigos, pérdida de cultura rural tradicional, marginalidad en las ciudades, urbes insostenibles de millones de habitantes…) sino como un resultado del desarrollo y la modernidad. No se ve como un problema, por tanto, la tremenda desigualdad en la distribución de la población, ni la existencia de zonas vaciadas cada vez más extensas, ni la pérdida de modos de vida sostenibles, simples y frugales. Se oculta igualmente la relación entre los actuales modos de producción agrícola y el empobrecimiento de países enteros, la explotación laboral en condiciones infrahumanas, el enriquecimiento de unos pocos o el control de precios por parte de las grandes multinacionales. 

 

Los libros de texto y los docentes deberían enseñar a los escolares que en un mundo globalizado como el nuestro (se entiende según el modelo de globalización capitalista), las condiciones del "libre" comercio internacional controlan los precios y empujan a los pequeños agricultores de los países empobrecidos a una competencia injusta con los sistemas agrícolas del Norte, de gran escala, capital intensivo, fuerte mecanización y enormes subsidios. Lo que supone condenar a la miseria a una gran parte de la población mundial. La concentración de poder, la propiedad del suelo en manos de unos pocos, la especulación, la explotación laboral y el control del mercado por parte de las multinacionales ha de ponerse en evidencia para entender los sistemas agrícolas y ganaderos actuales. Las transnacionales controlan el 80% de la tierra dedicada a cultivos de exportación y sólo cinco empresas controlan casi el 100% del mercado mundial de transgénicos. Pero todo esto queda oculto a los estudiantes. Así es imposible que entiendan cómo funciona nuestro mundo, y mucho menos que siquiera imaginen cómo debería funcionar. No se dan a conocer las distintas alternativas a los sistemas agrarios y ganaderos que se están desarrollando en la actualidad tales como las luchas por la soberanía alimentaria, el comercio justo, la agroecología, las redes de consumo y de trueque o las campañas de resistencia a los agrotóxicos y los transgénicos. Nuestros escolares deben comprender la verdadera esencia de una agricultura y ganadería sostenibles, la importancia del buen trato hacia los animales que nos puedan ayudar a dichas tareas, y hasta qué punto la cultura capitalista ha alterado no solo los medios en los que se basan hoy día estas actividades, sino los fines en sí mismos a los que están dedicadas. Deben comprender, sencillamente, que mientras existen millones de campesinos en extensas zonas agrícolas y ganaderas del mundo empobreciéndose cada vez más, el modelo actual consagra el poderío de unas cuantas grandes corporaciones transnacionales, que se apropian de sus semillas, que las comercializan en todo el mundo, y que son las responsables de los perniciosos efectos que causan sobre nuestros hábitos alimentarios y de salud. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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