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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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A vueltas con la salida del euro

Efectivamente, vamos a darle en el presente artículo otra vueltecita a la idea, que gana adeptos día tras día, de la salida de España de la moneda única europea. Hemos abordado ya este este tema en varios de nuestros artículos, desde puntos de vista colaterales, y nos hemos manifestado siempre en la postura de que era posible, incluso deseable, una salida del euro para poder alcanzar una mejor situación (no inmediata, sino después de un tiempo) de nuestras cuentas públicas, y por ende de nuestra sociedad, alcanzando la premisa general de la recuperación de nuestra soberanía monetaria. Vamos a insistir en todo ello, pero como digo, cada día se alzan nuevas y autorizadas voces proclamando que la salida del euro es la única salida posible al pozo sin fondo donde nos encontramos. ATTAC España, en general (aunque hay personas en su Consejo Científico que no opinan así) apuesta por una salida del euro, y muchos científicos sociales abonan esta tesis, como nuestro Profesor de Economía Aplicada de la UMA (Universidad de Málaga), Alberto Montero Soler.

 

salida_euro1.jpgBien, hemos de partir de la base de que la EuroZona, conjunto de la actual UE-27 que tiene el euro por moneda nacional y oficial (pues en algunos países existen monedas secundarias de uso local y no oficial), está mal diseñada, o mejor dicho, diseñada para unos fines que no son los que nos convienen. Desde el Tratado de Maastricht de 1992 al reciente Tratado de Lisboa, todos las "reglas de juego" de la EuroZona están claramente encaminadas hacia la preponderancia de un capitalismo financiero, y de la presencia de un esquema institucional europeo que garantiza ese escenario. Tómese como ejemplo la famosa "independencia" del Banco Central Europeo (BCE), que en realidad significa que se le otorga un poder por encima de todas las demás Instituciones "democráticas", y que es capaz de dictar una política económica, financiera y monetaria que, mientras apoya sin límites a la banca privada, asfixia a los Estados miembros, para que no puedan financiarse públicamente a través de él. Todo el engranaje europeo está diseñado según estos principios, y bajo la tutela y las directrices de Alemania, histórica locomotora económica europea, de tal forma que podemos concluir que el euro es la moneda alemana.

 

salida_euro2.jpgY cualquier lógica de economía política y de política económica nos lleva a afirmar que cualquier proyecto de moneda única para una comunidad es absurdo, si no existe también una autoridad política, un Estado, que conceda legitimidad a la fundación de dicha nueva moneda común. El euro ha operado y opera en sentido inverso, partiendo de la vertiente económica en vez de la política, demostrando su fracaso y debilidad, por mucho que los actuales gobernantes se empeñen en ofrecer el mensaje de la supuesta "irreversibilidad" del euro. El escenario al que nos ha llevado está bien claro: la construcción de un nuevo espacio de dominación y de explotación del capital, pensado para una nueva fase del utraliberalismo capitalista, donde las Instituciones no están al servicio de las personas, de la ciudadanía, sino del gran capital. De este modo, las Instituciones Europeas dejan de estar al servicio del Estado-Nación (entendido bajo los principios de la soberanía popular), ya que consideran que el Estado no es un requisito previo a la economía (y a la moneda), sino su resultado.

 

salida_euro3.jpgEl actual proyecto europeo, basado en el euro, no pretende la unidad ni la cohesión de Europa (no tenemos ni siquiera una unidad en la política exterior ni de seguridad), ni la solidaridad de sus pueblos, sino un nuevo dispositivo de mando y de explotación, y por tanto, de clase. De esta forma, el poder del Capital es transversal a la economía, a la política y a la sociedad. Y efectivamente, todos los tratados europeos ponen en práctica esta "privatización" de la gubernamentalidad. Ésta ya no se ejerce exclusivamente por el Estado, sino por un conjunto de Instituciones no estatales (bancos centrales, mercados, agencias de rating, fondos de pensiones, aseguradoras, entidades supranacionales, etc), donde las administraciones de los Estados son sólo piezas en su poder. Véase como demostración de todo ello el papel que juega actualmente la llamada Troika en la crisis, con sus representantes de visita a los países para comprobar cómo los planes de austeridad y "reformas estructurales" se cumplen, antes de dar el visto bueno a los supuestos "rescates" del país en cuestión. Hoy en día, hemos llegado a un panorama donde las Administraciones Públicas defienden más a la empresa privada que a la propia ciudadanía. Incluso funcionan bajo los mismos parámetros y objetivos que aquéllas, privatizando los servicios públicos, en aras a obtener rentabilidad económica y nuevos nichos de negocio.

 

salida_euro4.jpgDe esta forma, para "liberalizar" a los mercados se somete a la sociedad, interviniendo de manera masiva, invasiva y y autoritaria sobre la vida cotidiana de la gente. Por tanto, no existe otro horizonte dentro del euro que someterse a todo este tinglado, a todo este conjunto de reglas de gobernanza de la nueva economía y de la nueva política europeas. Incluso aunque los Estados miembros posean algún margen de maniobra actualmente, dicho margen será cada vez más pequeño, pues la política de las Instituciones y los futuros acuerdos y tratados europeos serán cada vez más invasivos, y harán perder soberanía nacional en el sentido que estamos explicando. No hay otra salida que romper con el euro. Y éste, que sería un proceso traumático, podría tener alguna salida en el horizonte de un breve período de 1-2 años, pero al final se podría ver luz al final del túnel. Dentro del euro no podremos ver nunca dicha luz. El euro es un proyecto que restringe la soberanía política para que se ponga al servicio de la economía financiera y del capital, de la especulación y de los grandes intereses privados.

 

salida_euro5.jpgPor tanto, ante todo este macabro escenario sin salida, lo que tenemos que hacer es armarnos de coraje y valentía política y comenzar a afirmar bien alto y claro algunas cuestiones. En primer lugar, LA DEUDA NO PUEDE SER PAGADA. Esto se sabe perfectamente, de hecho técnicamente España es un país quebrado. El volumen de deuda que han contraído los particulares, las empresas, las familias y el sistema financiero, sumada a la que ahora está contrayendo el sector público, en un contexto marcado por la recesión económica y los problemas de déficit fiscal, hacen que sea absolutamente imposible pagar la deuda. El Gobierno debería (pero no lo hace) reestructurar dicha deuda, no sólo alargando los plazos, cambiando los tipos de interés y estableciendo un período de carencia, sino además rechazando la deuda ilegítima, procedente de las prácticas ilícitas y abusivas de las entidades financieras, y de los rescates practicados para su salvación. Las políticas de ajuste, recorte y austeridad practicadas nos llevan a un callejón sin salida, ya que la deuda, de todos modos, no va a poder ser pagada.

 

salida_euro6.jpgA partir de aquí, la salida del euro nos traería, con todos sus inconvenientes, que ahora contaremos, la recuperación de la soberanía monetaria. Y con ella, la posibilidad (que ahora no tenemos, y tendremos cada vez menos) de hacer política a través de un presupuesto. Evidentemente, nuestra salida del euro produciría una inmediata debacle en nuestra economía, que acarrearía un descenso en el nivel de vida de la ciudadanía, pero es que esto es exactamente lo que está ocurriendo dentro del euro. El caso de Grecia es paradigmático y tremendamente ilustrativo en este sentido: en los últimos años, Grecia ha perdido del orden del 25% de su PIB, gracias a las políticas de austeridad impuestas por la Troika. Por otra parte, salir del Euro no implica salir de la UE, que es uno de los errores de base que se plantean. De hecho, ni Suecia, ni Dinamarca, ni el Reino Unido están en la EuroZona, y si contemplamos sus variables macroeconómicas (desempleo, inflación, déficit público, deuda pública, etc.), todas en promedio, a lo largo de diez años de vida del euro, son mejores fuera del mismo que dentro.

 

salida_euro7.jpgCon una salida del euro y una recuperación de la soberanía monetaria, y con un Banco de España emitiendo moneda, no estaríamos tan pendientes de las fluctuaciones de los mercados financieros a la hora de nuestra financiación, y por tanto ellos dejarían de marcarnos la política, recuperando también nuestra soberanía política. Entonces, tendríamos más independencia para cambiar nuestro modelo productivo y de desarrollo económico, para diversificar la estructura productiva, para más margen fiscal, para otras políticas de redistribución y creación de riqueza nacional. Es cierto que con la vuelta a la peseta todos los productos del exterior se volverían mucho más caros, pero también es verdad que habrá que producir cosas dentro que ya no se comprarían fuera, con lo cual se generaría también un demanda interna que aumentaría la competitividad interior en precio, con respecto a la exterior. Todo ello contribuiría a romper con esta lógica perversa y demencial de la globalización, donde todos los productos vienen desde muy lejos, mientras que al mismo tiempo, se desmantelan empresas locales que producen lo mismo, pero un poco más caro. Podríamos acabar por tanto con el chantaje del fenómeno de la deslocalización que practican las grandes empresas. Estamos convencidos de que es la única salida, y es un tema que seguro que volveremos a retomar en próximos artículos.

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