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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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El Federalismo como Modelo Territorial y de Estado (VIII)

En esta nueva entrega de los artículos dedicados al Modelo Federal que proponemos desde la izquierda, vamos a abordar el tema del Republicanismo. Sobre la situación actual, creo que pocos comentarios se pueden añadir: tenemos un Rey acomodado, que lejos de ver la realidad social caótica de su país, defiende las injustas reformas del Gobierno del PP, símbolo de una Monarquía anacrónica y alejada de la ciudadanía. Todo ello, por no hablar de la sinrazón de tener que soportar una Jefatura del Estado designada por herencia de sangre, en vez de por la elección democrática de todos los ciudadanos/as. El actual monarca no representa pues al pueblo español, sino a las oligarquías dominantes, a las clases poderosas, y a los intereses de las mismas. Para un mayor análisis del estado actual de la Monarquía, véanse los artículos "Carta Abierta al Rey Juan Carlos", "Respuesta a la Carta del Rey Juan Carlos", y "Anacronismos de una Monarquía", donde exponemos otros muchos aspectos y rasgos del monarca y de la institución de la Corona. 

 

Las diferentes burguesías que han ido creando la nación española a lo largo de los siglos no han sido capaces de crear un marco para la convivencia voluntaria de todos los pueblos y nacionalidades del Estado. El antecedente histórico más reciente que tenemos, la II República (1931-1936), no sólo fue un intento de hacerlo al margen de la Monarquía, sino con otros grupos y clases, es decir, con otros sujetos políticos. Este intento popular de fraguar una nueva identidad compartida y voluntaria, no se basaba en la creación sin más de un orden institucional nuevo, sino también de un orden social nuevo. La justicia social en lo económico y en lo educativo, la cultura del trabajo frente a la cultura de la renta, la búsqueda y recuperación del patrimonio lingüístico, etnográfico, folklórico, arquitectónico, paisajístico y cultural del conjunto de pueblos y territorios del Estado, el estímulo y apoyo a las ciencias y la investigación, la profundización democrática, etc., fueron algunos de sus ejes programáticos.

 

Este carácter indisoluble entre República y transformación social en un sentido amplio, ha salido reforzado con la vinculación entre franquismo (dictadura) y regresión social y cultural (incluida la uniformización), con la paralización de las grandes reformas sociales poco tiempo después de que la Constitución de 1978 empezara a caminar, y con la progresiva decantación de la institución de la Corona hacia posiciones no compartidas por la mayoría social del país. A todo ello se une el hecho de que la capacidad de la Corona para generar consenso está disminuyendo últimamente en todo el Estado a pasos agigantados, especialmente en Cataluña y Euskadi, donde existen no sólo fuertes sentimientos identitarios, sino además fuertes tendencias republicanas. Por otra parte, la asociación mental entre República y progreso social también ha sido tradicionalmente muy fuerte en la mitad sur de la Península, y especialmente en Andalucía, el pueblo más antiguo y con más personalidad propia con diferencia de todo el Estado Español.

 

De esta forma, las nuevas generaciones, preferentemente en los grandes centros urbanos, que no se han visto beneficiadas por los primeros años del incipiente Estado del Bienestar nacido de la Constitución de 1978 (muchos de ellos nacidos ya en democracia, y por tanto que no tuvieron ni siquiera ocasión de votarla), asocian cada vez más el ideal republicano al ideal de la transformación y de la justicia social, así como al de democracia real. Y esto añade al Republicanismo nuevas dimensiones estratégicas en relación a todo lo anteriormente comentado:

 

1.- El ideal republicano es un patrimonio político que permite fundamentar el Federalismo sobre una base de transformación social, y del reconocimiento, el cuidado y la preservación de la diversidad plurinacional del Estado.

 

2.- El Republicanismo Federal permite dar una solución solidaria y no excluyente al problema de la convivencia plurinacional en el Estado Español.

 

3.- El Republicanismo puede servir como base para fundamentar una fuerte identidad compartida de carácter federal. Y esta identidad compartida es esencial para organizar los procesos de distribución y los acuerdos interterritoriales, así como para organizar un consenso de fondo sobre objetivos comunes. Este es un tema crítico, sobre todo si tenemos en cuenta la existencia de fuertes desigualdades territoriales.

 

4.- Por último, el Republicanismo es una buena fórmula (la mejor, a nuestro entender) para hacer frente a las progresivas demandas de mayor democratización de la sociedad española. Si siguen así las cosas, es previsible que la elección del representante máximo del Estado no se pueda quedar fuera de la dinámica democrática, y por tanto la Jefatura del Estado haya de ser elegida también por sufragio universal, libre y directo de toda la ciudadanía.

 

Por tanto y en resumidas cuentas, desde la izquierda abogamos, en plena armonía con los principios inspiradores que ya hemos venido comentando en los anteriores artículos, por una República Federal como modelo de Estado, pudiendo elegir la Jefatura de dicho Estado de forma democrática. El Presidente o Presidenta de esta III República sería elegido para un mandato de cuatro años, y representaría a todos los territorios y pueblos federados del Estado Español al más alto nivel.  De esta forma, acabaríamos con la Institución absurda, antidemocrática y anacrónica de la Corona. En el próximo artículo comenzaremos a abordar los temas de financiación para el Estado Federal.

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