Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Hemos asistido en estos últimos días a un nuevo debate de tintes antidemocráticos, con la propuesta de la Delegada del Gobierno en Madrid, Cristina Cifuentes, sobre la posible regulación del Derecho de Manifestación. Esto se propone además cuando tenemos tan recientes las últimas manifestaciones y movilizaciones ciudadanas, algunas de sonado relieve, como por ejemplo las convocadas por la Coordinadora 25-S para rodear el Congreso de los Diputados. Precisamente, sobre los sucesos ocurridos en la Estación de Atocha se va a realizar una Comisión de Investigación interna, con objeto de depurar posibles responsabilidades.
Bien, parece ser que la señora Cifuentes está muy preocupada por la toma del centro de Madrid por los manifestantes, que colapsan constantemente el centro de la capital, e impiden el normal funcionamiento de comercios y empresas, así como el tráfico rodado y el libre movimiento de las personas. Por tanto, su propuesta dice ir más en la línea de controlar los posibles días, horarios e itinerarios de las movilizaciones ciudadanas. Vamos, que a la señora Cifuentes sólo le ha faltado proponer un sistema de cita previa para convocar posibles manifestaciones en la ciudad, que nos reserve día, hora y lugar para poder manifestarse con libertad, y sin molestar al resto de transeúntes. La propuesta tiene por tanto, mucho trasfondo de recorte de libertades, de limitación de derechos, y de represión de la voluntad popular. Bien pareciera que nos retrotrae a tiempos pasados que queremos olvidar.
Habría que decirle a la Delegada del Gobierno que más valdría que se ocupara de que las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad hicieran bien su trabajo, estuvieran identificados en todo momento, no agredieran a la gente sin motivo, y no montaran los chulescos espectáculos que han protagonizado últimamente. Lo cierto es que entre los grises de la época franquista y los antidisturbios de hoy parece haber pocas diferencias. Afortunadamente, salvo en el caso del flamante nuevo Presidente de la Comunidad de Madrid, Ignacio González, que ha apoyado a Cifuentes (como no podía ser de otra manera), la propuesta de la Delegada no ha calado muy bien entre sus adláteres, por lo cual se ha visto obligada a matizarla en breve. Se han manifestado en contra, además de los sindicatos y toda la oposición, el Fiscal General del Estado.
Efectivamente, este Gobierno ultraconservador que tenemos no tolera que desde la ciudadanía hagamos frente a sus decisiones haciendo valer nuestra fuerza, que no es otra que el derecho a la protesta, a la denuncia, a la indignación, a la rebeldía, a la movilización, por lo cual está preparando actualmente una serie de modificaciones al Código Penal, para endurecer las penas preventivas y catalogar como delitos toda serie de actos que induzcan a dichos comportamientos. Claro síntoma de gobiernos totalitarios, pues sólo aquéllos que no aceptan las críticas son los más firmes defensores de todo tipo de represión ciudadana. No sólo caminamos hacia un Estado minúsculo, contable e insensible, sino también socialmente represor.
Luego por tanto, señora Cifuentes, la gente no se manifiesta porque no tenga otra cosa mejor que hacer. Si el Gobierno no subiera el IVA, no despidiera profesores, no privatizara la Sanidad, no recortara en Educación, no suspendiera las Convocatorias de Empleo Público, no empobreciera a la gente, no diera todo el poder de decisión a los empresarios, no hiciera unos presupuestos injustos, no eliminara los fondos y recursos para la Dependencia, no permitiera que los más ricos defraudaran, no rescatara a los banqueros, no aumentara el gasto militar, no fuera contra la ley del aborto, no recortara las prestaciones por desempleo, y un larguísimo etcétera, la gente no tendría que manifestarse. Y si resulta que se colapsa la Gran Vía, la Plaza de Cibeles o la Carrera de San Jerónimo, pues lo siento por los comerciantes y por los viandantes, pero eso es lo que hay que hacer. Y parafraseando a Cándido Méndez, no vaya a ser que entre la señora Cifuentes y la señora De Cospedal, "tengamos que añorar a Esperanza Aguirre".