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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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¿Aquí no haría falta una revolución? (VIII)

Continuando desde la perspectiva, ya enunciada en el anterior artículo, de nuestra muy posible expulsión del Euro y de la propia UE, nuestro ánimo y nuestra postura no deben ser catastrofistas. Inevitablemente, y llegado este caso, la adopción de una nueva moneda por el nuevo Gobierno, estaría acompañada por toda una campaña de descrédito en los mercados internacionales, sometiendo al país a altas presiones inflacionistas. Sin embargo, y como ya explicábamos en la anterior entrega, una economía nacionalizada y planificada democráticamente, es la garantía para proporcionar un mínimo de condiciones de vida dignas y tolerables para toda la clase trabajadora. Nunca hemos dicho que este camino fuese fácil (véase el caso de Islandia, ya referido en otros artículos), sino que la consecuención de una plena prosperidad y justicia social inevitablemente implicaría esfuerzos y sacrificios.

 

revolucion21.jpgEn efecto, nunca hubo en la Historia de la Humanidad cualquier cambio progresista, revolucionario, político y social que no implicara sacrificios para la población. Pero con la gran diferencia de que estos sacrificios sí que nos llevarán al éxito como sociedad, sí que nos conducirán a un escenario de empleo, dignidad, tranquilidad, paz social, desarrollo, armonía, reducción de la desigualdad, eliminación de la pobreza. Factores todos ellos que inciden en una mayor cota de felicidad social, de logro y realización personal y colectiva. ¿Dónde nos lleva la otra alternativa, la de seguir como estamos? Inevitablemente, la aceptación pasiva de la creciente barbarie capitalista, nos conduce al interminable empobrecimiento de millones de trabajadores y desempleados, en pos de los crecientes beneficios de un puñado de parásitos capitalistas. Pero hemos de conseguir romper con el miedo, con la tibieza, y pasar a la ofensiva. En palabras del Zen: "Aquél que ataca debe vencer, aquél que se defiende debe apenas sobrevivir". Pasemos al ataque.

 

revolucion22.jpgAdemás, seguro que en poco tiempo tendríamos más países seguidores, ya que una revolución victoriosa en un país sería suficiente para poder romper con un solo eslabón de la cadena capitalista internacional, y convertir la chispa revolucionaria en un incendio que se extendería rápidamente por todo el mundo, ya que las nuevas tecnologías y los medios de comunicación están hoy día tan desarrollados que los movimientos revolucionarios (como se ha podido ver recientemente en el estallido de las revoluciones en el mundo árabe, o los movimientos de los indignados) pueden extenderse de una esquina del planeta a otra, en cuestión de minutos. Luego por tanto es posible. No nos dejemos desanimar ni amedrentar. Hemos dicho muchas veces en nuestros artículos que un pueblo unido y en marcha no se detiene jamás. No puede ser vencido. Ahora mismo simplemente estamos anestesiados. Son tantos años, décadas, siglos, de capitalismo cada vez más salvaje que nos hemos acostumbrado a ver como "normales" una serie de prácticas que se dan en nuestra sociedad, una serie de valores que aceptamos sin más, sin cuestionarnos por qué existen, y por qué no podemos acabar con ellos.

 

revolucion23.jpgTodo un ejército de medios de comunicación "convencionales" en todo el mundo nos bombardean constantemente para que aceptemos sin rechistar los planteamientos capitalistas, los valores capitalistas, las escalas y la razón de ser del mundo capitalista. Todas las grandes Instituciones internacionales, salvo algunas de Hispanoamérica recientemente creadas, que ya funcionan bajo otros prismas socialistas, nos incitan a entender el mundo bajo los dogmas capitalistas. Nos inculcan la pasividad, el individualismo, la no reacción. Nos inculcan la adopción de una serie de normas de convivencia con las reglas de un mundo que nos relega a la desigualdad social, a la inactividad, a la pobreza, a la resignación. Y toda exigencia de romper con estos grilletes de la esclavitud asalariada y del enorme ejército de desempleados, que se ven obligados a comer las sobras de la sociedad, es calificada como "populismo" y "aventurerismo" por estos buenos ciudadanos, por estos respetables "demócratas". Un claro ejemplo lo tenemos en las políticas del Presidente venezolano, Hugo Chávez, criticadas y denostadas por doquier en todo el mundo capitalista, y escondiendo a la población mundial sus auténticos logros.

 

revolucion24.jpgPero el derrocamiento del sistema capitalista es posible hoy en día. Sólo tenemos que romper con la anestesia social dominante. Tenemos que romper con sus dogmas, e incluso con su engañoso lenguaje. Bajo la presión de la opinión pública burguesa, los dirigentes conservadores o socialdemócratas, a lo largo del tiempo, sobre todo cuando se acercan al poder, nos infunden una visión recatada de su programa, tímida, recortada, que no es más que la plasmación de su cobardía para enfrentarse de verdad con el sistema, y romperlo en mil pedazos. Y tratan de contentar a todo el mundo con el único objetivo de perpetuarse en el poder. De esta forma y por un lado, tratan de tranquilizar a la burguesía y a las clases dominantes respecto a que sus intereses fundamentales, a saber, su control sobre la economía y el Estado, no se verán afectados, y por el otro, convencen a los trabajadores de que un cambio fundamental en la sociedad todavía no es factible. Así llevamos en España desde los tiempos de la llamada Transición, hace casi 40 años. La alternancia (que no alternativa) de los Gobiernos de PSOE y PP lleva engañando sistemáticamente a la clase trabajadora, recortando poco a poco sus derechos, y desmontando todo el engranaje de protección social y de poder de lo público.

 

revolucion25.jpgPero el hecho es que no les conviene enfrentarse al sistema, porque son los primeros beneficiados de él. Se benefician del bipartidismo, de la Ley Electoral que les perpetúa en el poder, de los medios de comunicación a su servicio, de las leyes que promulgan a su servicio, del poder de las Instituciones, de su omnipresencia en todo tipo de foros y empresas, etc. Es un cáncer que corroe el propio sistema cada vez más, hasta sus entrañas. Por eso sólo una revolución popular, pacífica pero implacable, puede romper con esta dinámica, puede conseguir cortar esta pescadilla que se muerde la cola, puede llevarnos a otro escenario, a otro sistema: una nueva Constitución, respetada desde su primer artículo hasta el último, que remueva todos los cimientos del actual sistema, y que se centre, como tantas veces hemos proclamado, en las personas: sus necesidades, su protección, su dignidad. Todo ello es posible. No es fácil, nunca lo hemos dicho, pero nuestra falta de valentía puede acabar con nosotros mismos. Continuaremos en siguientes entregas.

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