Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Me váis a perdonar, queridos lectores, que este nuevo artículo sobre la serie que estamos dedicando a la necesidad de implantar un auténtico Estado laico vaya aún en un tono más agresivo y directo que los anteriores, y ello debido a que continúan sucediéndose en nuestra sociedad una serie de acontecimientos que nos hacen elevar el tono de nuestra voz más que nunca, pues nos damos cuenta de todo el camino que nos queda por recorrer, y toda la hipocresía de que todavía hace gala nuestra sociedad.
Voy a hacerme eco también del último manifiesto del colectivo LGTB (Lesbianas, Gays, Transexuales, Bisexuales) publicado en la web de Izquierda Unida (Manifiesto ALEAS IU), que recoge perfectamente toda la protesta y el malestar de este colectivo en relación a algunos acontecimientos. De entrada, hace pocos días nos volvíamos a encontrar con nuevas declaraciones del portavoz de la Conferencia Episcopal Española, en el sentido de su pronunciamiento en torno a la próxima publicación de la Ley de Cuidados Paliativos, advirtiendo de su "posible no cumplimiento por motivos de conciencia, ya que puede suponer el uso de prácticas eutanásicas encubiertas". Sin comentarios. Como sabemos, dicha Ley es una extrapolación al Parlamento Nacional de nuestra Ley de Muerte Digna, que el Parlamento Andaluz ratificó hace varios años, pionera por tanto en su serie. Aprovechamos desde IU para exigir que el tema de la eutanasia sea regulado valientemente por el Estado Español sin más tardanza, pues también es un tema de derechos fundamentales.
Pero lo más novedoso y crucial es el tema de la próxima visita del Papa Benedicto XVI para la celebración en Madrid durante el mes de Agosto de la Jornada Mundial de la Juventud, y cuyo coste (el de la visita) está estimado en 50 millones de euros, interviniendo en su financiación empresas como el Banco de Santander, el Grupo Prisa, o Iberdrola; su colaboración será recompensada mediante desgravaciones fiscales, el acto será calificado como "un acontecimiento de excepcional interés público" (ya que argumentan que el Papa, además del máximo líder espiritual de la Iglesia Católica, es también un Jefe de Estado), y tanto el Ayuntamiento como la Comunidad de Madrid y el Estado en su conjunto se han comprometido a financiar y a velar por la seguridad del evento. Y todo ello en un supuesto clima de máxima austeridad de las cuentas públicas, y de difusión masiva de mensajes a todos los niveles y para todos los colectivos de que "hay que apretarse el cinturón". Sin más comentarios.
Y a continuación rescato, porque es la parte fundamental del mensaje de fondo, un párrafo de dicho Manifiesto, en relación con la posición de la Iglesia con respecto al mundo LGTB: "Todas/os ya sabemos que la institución eclesiástica practica activamente la homofobia, bifobia, lesbofobia, transfobia, y el heterosexismo, señalando y discriminando a toda aquella persona que se escape de la norma, aunque no compartan su misma fe. La salud no escapa de sus dogmas, y así Benedicto XVI no tiene ningún pudor en negar la efectividad del preservativo frente al VIH, con todos los riesgos que supone que una figura de autoridad esgrima argumentos de este tipo. Todo ello a través de una posición de poder que tiene la Iglesia Católica en nuestro país, no comparable con otros países de la Unión Europea. Sin duda, herencia del franquismo que ni el PP ni el PSOE han querido tocar". Creo que queda perfectamente claro, y por supuesto, desde Izquierda Unida nos adherimos totalmente con dicha postura y la denuncia correspondiente.
Ya sabemos, como también se recuerda en el Manifiesto, que la Iglesia no se mueve ni un milímetro de lo que considera su modelo de sexualidad adecuada, rechazando y exterminando todas aquéllas posibilidades de vivir una sexualidad diferente, o bien alejada de fines meramente reproductivos. Recordemos cuántas persecuciones y vejaciones han sufrido durante mucho tiempo las personas bisexuales y/o transexuales por parte de la Iglesia, y que todavía en la actualidad existen países (5 en total) donde el ser homosexual es castigado con la pena de muerte. Y en nuestra historia reciente, no se nos debe olvidar el comportamiento de la Iglesia durante el franquismo. Pero lo más increíble es que todavía en nuestros tiempos se sigan financiando con dinero público todas las variantes de lo que podemos llamar la LGTB-fobia, que la próxima visita del Papa vaya a costar cien veces más que la celebración del Día del Orgullo LGTB, o que la Ley de Libertad Religiosa no haya sido todavía abordada durante los 8 últimos años de gobierno del PSOE, ni muchos menos la instauración de un verdadero y completo Estado laico.