Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Educar en la diversidad afectivo-sexual, como estamos comprobando, es todavía una asignatura pendiente en el Estado Español, donde no hemos tenido conciencia, ni desde el ámbito público ni desde el privado, de la necesidad de educar desde la base en el respeto hacia dicha diversidad, el reconocimiento de la misma, y la igualdad de oportunidades. Aquí entroncamos con el propio sistema educativo público, que actualmente continúa padeciendo graves déficits desde la perspectiva de la educación en el ámbito LGTBI: las y los profesionales de la educación en nuestro país no cuentan con los debidos recursos o herramientas que les ayuden a identificar, mediar o resolver los conflictos y la violencia derivados de un entorno de incomprensión e intolerancia hacia la diversidad afectivo-sexual. La experiencia nos indica que en la educación tradicional, a la finalización de la misma, las personas llevan invisibilizado el mundo LGTBI, y en los peores casos, lo consideran una perversión.
Existen muy pocos libros de texto, de lectura, de consulta, etc., que reflejen la realidad LGTBI, que cuenten con ella, que sean inclusivos respecto a ella, que la traten con naturalidad y visibilidad, y que sean respetuosos hacia la igualdad de derechos y oportunidades. En definitiva, que permitan la completa integración de personas del colectivo LGTBI desde el propio sistema educativo, y que permitan visibilizar y comprender la existencia de otras perspectivas y realidades sociales. Esto lo podemos también extrapolar al concepto de familia, donde llevamos mucho tiempo intentando romper con el manido concepto de familia tradicional (padres, hijos, nietos y abuelos) para extenderlo al resto de modalidades que se dan hoy en día (familias monoparentales, de gays, lesbianas, adopciones, etc.). El actual Anteproyecto de la LOMCE (Ley Orgánica de Mejora de la Calidad Educativa), propuesta por el PP, y que estamos analizando en esta serie de artículos, no avanza nada en este ámbito, como era de esperar, sino que retrocede aún más, al volver a incorporar de forma obligatoria la religión en las aulas, incorporando por tanto toda su ideología retrógrada con respecto a este tema.
Pero aún con todas esas deficiencias, lo más alarmante y trágico sigue siendo que los y las adolescentes LGTBI continúan sufriendo, en su mayoría, verdaderas situaciones de aislamiento, incomprensión y violencia por el mero hecho de su condición sexual. Es responsabilidad de un sistema educativo justo procurar concienciar a las personas para la comprensión, aceptación, inclusión e integración de todos los colectivos, sin atender a condiciones de tipo afectivo-sexual. Parece que incluso aún cuando vamos asumiendo este principio de convivencia respetando la no discriminación en otros ámbitos (raza, religión, etc.) todavía nos cuesta en lo relativo a la condición u opción sexual. Hemos de enseñar a respetar la sexualidad, que ha de ser vivida plenamente, de acuerdo a la íntima identidad y sentimientos de cada persona, con pleno respecto a su posible dimensión LGTBI.
Desde la izquierda pensamos por tanto que es fundamental educar en la diversidad afectivo-sexual, sin complejos, en toda su dimensión, y desde los primeros años de la enseñanza. Las principales medidas que deberíamos asegurar al respecto pueden ser las siguientes, sin ánimo de presentar un catálogo exhaustivo:
1.- La inclusión en el currículum educativo, tanto de forma transversal como específica, de contenidos relevantes sobre educación afectivo-sexual, sobre la diversidad de modelos familiares, sobre valores de tolerancia, integración, respeto, aceptación, inclusión, pluralidad, etc.
2.- La creación de unos contenidos mínimos de educación afectivo-sexual para introducirlos en los planes de estudio del Máster de Formación del profesorado.
3.- La elaboración de materiales específicos en relación a la diversidad sexual, complementarios a la formación formal (contando con la participación conjunta en su elaboración de colectivos LGTBI) así como la creación de programas de colaboración con los distintos centros educativos y los colectivos LGTBI.
4.- Garantizar que en todos los centros públicos de enseñanza haya un servicio psicopedagógico llevado a cabo con la colaboración de los colectivos LGTBI, que tenga conocimientos sobre diversidad afectivo-sexual, y que pueda atender a los estudiantes, y mediar en los posibles conflictos que puedan surgir en los centros.
5.- Elaborar programas de formación específicos en educación afectivo-sexual para las y los profesores, en los que participen también colectivos LGTBI.
6.- Elaborar estudios e informes sobre la situación de acoso y violencia (bullying) para poder conocer la auténtica realidad de nuestros centros educativos en lo tocante a este tema, y articular una serie de medidas que puedan atajar la grave situación que sufren los y las adolescentes LGTBI.
Continuaremos en siguientes entregas, introduciéndonos en el mundo de las Administraciones Públicas, y su relación y comportamiento ante el mundo LGTBI, proponiendo mejoras en este sentido.