Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Estamos asistiendo estos días a un auténtico culebrón que nada tiene que envidiarle al de una telenovela clásica, pues mezcla todos los ingredientes que se mueven en estos contextos: imperio, poder, dinero, corrupción, influencias, no sabemos si también amor, odio, pasiones (aunque seguro que sí), por lo cual, como decimos en el título, la realidad mucha veces supera a la ficción. Tiene que ver, como sabemos, con el escándalo británico (y mundial, pues se trata de una Corporación Internacional) protagonizado por las empresas del magnate de la comunicación Rupert Murdoch, y de todos sus secuaces, y ya tiene flecos y efectos colaterales en un montón de empresas del imperio Murdoch, ramificadas en los cinco continentes.
Efectivamente, se levantaba el escándalo al filtrarse la información de que la revista News of the World, el tabloide británico por excelencia, había ordenado pinchazos telefónicos y escuchas ilegales para hacer el seguimiento de las conversaciones de grandes personajes de la vida social, política, deportiva e incluso Institucional británica, entrando de lleno no sólo en la ilegalidad manifiesta, sino en el más descarado intervencionismo del peor gusto, y en las manipulaciones más macabras de las últimas décadas. A partir de ese momento, se pusieron en el punto de mira y en el ojo del huracán a los más altos dirigentes de las empresas del Grupo Murdoch, desde el mismo magnate, pasando por su hijo, y por la directora de la revista en cuestión, Rebecca Brooks, a la que han detenido hace varios días.
Pero por lo visto esto no ha hecho más que empezar, pues a poco de comenzar las investigaciones, se han destapado una serie de relaciones ilícitas y de flujos de comunicación muy sospechosos, que ligaban la actividad de los periodistas de estas publicaciones con los altos cargos de la policía británica, la archiconocida, mítica y legendaria Scotland Yard. De tal forma que, al momento de escribir este artículo, ya han dimitido los números 1 y 2 de la policía, es decir, el máximo responsable de Scotland Yard y su segundo, y lo último que ha salido a la luz es que ha aparecido muerto el periodista que denunció el escándalo, precisamente por denunciar el nombramiento del ex Jefe de Prensa del gobierno de David Cameron, y su relación de ex periodista de la revista en cuestión. Como vemos, es un escándalo de tan impresionantes dimensiones, de relaciones tan intrincadas y de tal magnitud, que no nos extrañaría nada que arrastrase a muchos más cargos públicos del gobierno británico, y que hiciera tambalearse a muchas más empresas del grupo Murdoch, incluso en otros países, como le está ocurriendo a la revista Wall Street Journal, en Nueva York.
Bien, mucho más allá de todas las ramificaciones del escándalo en sí, nos preguntamos: ¿Cómo se puede llegar a estas situaciones? ¿Cómo es posible que la corrupción arrastre a tantas personas, de tantos sitios distintos, y de tan alto nivel? Ese es el auténtico problema, poder combatir la corrupción en sí misma, venga de donde venga, y a cualquier nivel, porque si no se corta a tiempo, se convierte en un auténtico cáncer que es capaz de destruir todo lo que encuentra a su paso. Salvando las distancias, es como la droga, que se comienza por probar un poquito, y luego ya no puedes controlarla. Debiéramos ser capaces, todos, como sociedad, de diseñar mecanismos a todos los niveles que fuesen capaces de prevenir comportamientos corruptos, y de actuar en consecuencia, porque la corrupción es la gran sombra que hoy en día contribuye a desacreditar a la clase política y empresarial, y no podemos consentirlo, en honor a tantas personas de buena fe, que realizan su trabajo de forma digna y honesta. Nos estamos jugando mucho, nos estamos jugando las reglas de comportamiento de nuestra futura sociedad, justamente esa que vamos a dejarle a las próximas generaciones.