Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Desde el Gobierno, desde la gran Patronal CEOE y desde las grandes Instituciones públicas y privadas nacionales e internacionales, todas convergentes con el gran dogma neoliberal, no se hace más que tomar medidas en la misma dirección, sin prisa pero sin pausa. El espejo más sangriento sigue siendo Grecia, donde no les basta con que una gran parte de la población haya entrado en el umbral de la pobreza, sino que continúan exigiendo desde la Troika la adopción de nuevas medidas de ajuste para poder recibir el nuevo tramo de ayudas.
En España se han formalizado recientemente la nueva Ley de Estabilidad Presupuestaria, que proyecta a los tres niveles de las Administraciones Públicas la obligación de no poder gastar más de lo presupuestado, y de ir reduciendo paulatinamente el déficit público, hasta llegar a déficit cero para el año 2020. Pero mientras tanto, no se queda ahí la cosa, pues el Ministro Guindos acaba de lanzar la Reforma del Sector Financiero, y la Ministra Báñez lanzará en pocos días la tan manida Reforma Laboral. Todo incide en la misma dirección, de recorte de prestaciones sociales, de disminución de salarios directos e indirectos, reducción de aportaciones patronales, facilidades para el despido, descentralización de la negociación colectiva, etc.
Estamos asistiendo a un encubierto y progresivo desmontaje de nuestro Estado del Bienestar, en vez de tomar medidas en sentido contrario, para proceder a su extensión, a sus capacidades para la creación de empleo público decente, estable y de calidad, y para que a su vez esto proyecte savia nueva a nuestra economía real, suponiendo un impulso decidido a nuestra economía productiva, que sería la única forma de romper el círculo vicioso donde continuamos, a saber, generando cada vez más crisis y más paro.
Nos quieren trasladar la idea de que el actual déficit es consecuencia de haber vivido por encima de nuestras posibilidades, cuando su rápido aumento es el producto de las masivas ayudas a la Banca, el aumento de intereses que dichas ayudas provocan, y también de la caída en la recaudación de impuestos. Aún así, actualmente la deuda supera en poco al 60% del PIB, veinte puntos menos que la deuda alemana, sin embargo es utilizada como pretexto para presionar en la línea de más recortes que permitan reducirla rápidamente.
En un artículo publicado por el Profesor de Economía Internacional de la UCM y miembro del Comité Científico de ATTAC, Jorge Fonseca, asegura que nuestra deuda es fundamentalmente privada, pero está siendo gradualmente "estatizada" (llevada al terreno público) para que la paguemos todos. La presión de los gobiernos dominantes en la UE, representantes del gran capital europeo, también busca forzar la privatización masiva de activos públicos, tanto de organismos y empresas (como Loterías del Estado, AENA, Cajas de Ahorros, empresas de servicios de aguas, etc.), como de buena parte del sistema de educación, de salud y parcialmente el de pensiones, apetitosos bocados para la voracidad capitalista, que encuentra en ellos el doble atractivo de la elevada rentabilidad que permiten, junto a la garantía que les ofrece el Estado.
Y sabemos además que las experiencias en países donde los servicios sanitarios y educativos se privatizaron (como en Chile durante la dictadura de Pinochet), nos demuestran que dichos servicios se encarecieron notoriamente, y dificultaron el acceso a los mismos de los sectores sociales más desfavorecidos, suponiendo una pérdida más de derechos de los trabajadores.
No nos extraña nada que esta escalada de medidas de carácter antisocial continúe y se acreciente cada vez más, conociendo el perfil de nuestros actuales gobernantes, por ejemplo el del Ministro Guindos, quien fuera miembro importante de la filial española de Lehman Brothers, para quien fue Consejero Asesor para Europa. También ha sido Socio-Consejero de AB Asesores, y más tarde responsable de la División Financiera de la multinacional consultora PriceWaterhouseCoopers. Conocemos de él, por ejemplo, que en un seminario de la Fundación FAES (muy ligada al Partido Popular y al ex Presidente Aznar), dijo cosas como que "El Estado es el problema", o que "Hay que vender las empresas públicas, rebajar los costes de despido, eliminar todas las agencias públicas...".
Y por su parte, Pedro Morenés, el nuevo Ministro de Defensa, era nada más y nada menos que el Director de una empresa de misiles. Es el Presidente del Consejo de Administración de Construcciones Navales del Norte, y desde junio de 2010 Director General para España de la empresa paneuropea de misiles MBDA, una compañía con operaciones en Reino Unido, Francia, Alemania e Italia, que diseña y fabrica misiles, y que trabaja con unas 90 fuerzas armadas de todo el mundo. Con este tipo de gente colocada en el nivel más alto del sector público, creo que no hay que ser muy inteligente para entrever por dónde irán los tiros...
El "pacto fiscal" impuesto en el Consejo Europeo de diciembre pasado, que se plasmará en un Tratado que está previsto firmarse en marzo de este año, y para el que el Partido de la Izquierda Europea ya prepara masivas movilizaciones en contra, tiene la doble finalidad de asegurar constitucionalmente el riguroso acatamiento de las reglas de juego neoliberales que estaban presentes en acuerdos anteriores por parte de toda la Unión Europea, para utilizarlo como arma coercitiva para acelerar el proceso de liquidación del denominado Estado del Bienestar europeo (cada vez más precario).
Esto se traducirá en nuevas agresiones a los trabajadores, no sólo en mayores recortes de derechos laborales, económicos y sociales, sino también democráticos, ya que para imponer este nuevo régimen el Estado tendrá que apelar a medidas represivas que recortarán también derechos civiles, democráticos o que atenten o no respeten la soberanía popular.
El discurso de los representantes patronales anticipa esta deriva autoritaria, ya que por ejemplo, afirmaciones como las de Isak Andic, propietario de Mango (principal accionista del Banco de Sabadell), de que "la época de los derechos se ha acabado", o las propuestas de la CEOE de crear contratos esclavistas "al estilo chino" de cuatrocientos euros, o bien la de Rosell, de que se puedan despedir a funcionarios públicos, tienen como antecedentes medidas similares aplicadas por los regímenes terroristas de Pinochet y Videla.
En el asalto totalitario a los derechos sociales se incluyen un gran número de propuestas, como el doble pago sanitario (mediante impuestos y mediante tasa directa, el llamado "copago"), o las propuestas de acabar gradualmente con la educación gratuita en el Bachillerato y en la Universidad.
Desde la izquierda negamos la mayor, volvemos a afirmar que la crisis no es más que una gran estafa, que se produce por la explosión en cadena del sistema financiero, por el colapso de un modelo de capitalismo de casino, no por la situación del mercado laboral (válido hasta el estallido de la crisis), no por la extensión de nuestro Estado del Bienestar (sustentable hasta la caída de Lehman Brothers), no por el excesivo gasto de las Administraciones Públicas, sino porque los Estados fueron los que rescataron con dinero público a los Bancos y a los especuladores.
Todos los recortes implantados, con el pretexto de contención del déficit, sacrosanto mandamiento de la ideología neoliberal, y santo grial de todas las políticas actuales, han empeorado la situación en vez de aliviarla: altos índices de desempleo, aumento del número de pobres, recortes en derechos conseguidos durante muchos años de lucha obrera y sindical, y paulatina privatización de los sectores y servicios públicos. Todas las medidas de austeridad han conducido al derrumbe económico, y se pretende seguir por esa línea.
Y como dice Ginés Fernández, Director de Mundo Obrero, "Hoy vemos cómo la carga de la crisis se está realizando sobre los hombros de los que no la han creado, y esta situación es asumida por una parte muy importante de la sociedad, que considera la crisis como si fuera una plaga bíblica por los pecados del capitalismo, que hay que sufrir porque no queda otra alternativa. Y a todo esto ayuda toda la propaganda de los medios de comunicación del sistema capitalista, que se han convertido en una especie de transmisores de un mensaje comercializado para la manipulación colectiva de conciencias, y para que asumamos los recortes como algo inevitable".
Y continúa el autor en su artículo: "Esta no es otra cosa que una batalla ideológica, la lucha de clases que, hasta ahora y desgraciadamente, van ganando ellos. Y decididamente queremos decir alto y claro que no, QUE OTRA POLÍTICA ES POSIBLE, para construir otra sociedad, y un modelo económico y social donde el ser humano sea el centro de las actuaciones, y no la cuenta de resultados de la banca".