Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Recordarán los lectores que hace poco dedicábamos un par de artículos a hablar sobre la imagen de la clase política, y esta vez vamos a hacer lo propio con la clase empresarial. Nos vamos a centrar sobre el empresariado español, pero entiendo que gran parte de lo que vamos a opinar es extrapolable a la clase empresarial internacional, con más o menos matices. Y también queremos aclarar que siempre existen, como en todo, las honrosas excepciones que representan bastantes empresarios, que puedan no estar en la "linea dura" que vamos a contar, que es la tónica general que se observa.
Para comenzar, la clase empresarial española no suele lucirse mucho en sus declaraciones, muchas de las cuales resultan de un tono realmente agresivo, cuando no grotesco. Recordaremos que hace unos meses se aprobó por el Gobierno el famoso recorte salarial en el sueldo de los funcionarios, lo cual desató (por los interesados, claro está) un pequeño cúmulo de comentarios con respecto a los supuestos "privilegios" del funcionariado español. De acuerdo en que todos los que criticaron las condiciones de trabajo de los funcionarios no eran empresarios (por ejemplo, el periodista Carlos Herrera realizó también algunas duras críticas), pero la inmensa mayoría de críticas vinieron del sector empresarial, y además de empresarios bastantes reconocidos y famosos: entre otros, el Presidente de Mango, el Presidente de la Patronal Andaluza (Santiago Herrero), el ex Presidente de CEOE (Gerardo Díaz Ferrán) e incluso su actual Presidente (Juan Rosell). Todos en la línea de que se deberían anular dichas "condiciones de privilegio", cuando tenemos que decir rotundamente que dichas condiciones son falsas, y que el acceso a un puesto de trabajo estable es un derecho y no un privilegio, como dichos señores quisieron hacer ver.
Lo del señor Díaz Ferrán de verdad es que no tiene nombre (menos mal que ya no es el responsable de la cúpula empresarial española), pues mientras hacía declaraciones del tipo "Hay que trabajar más, y cobrar menos", hemos sido testigos últimamente de la cantidad de problemas en sus empresas, muchas de las cuales todavía les deben muchas nóminas a sus empleados. Pero no quedan ahí los desvaríos: el sector eléctrico español le reivindica al Gobierno recuperar lo que han dado en llamar el "déficit tarifario" (lo cual además ha motivado las últimas subidas del recibo de la luz, en enero pasado), mientras ENDESA tiene la desfachatez de contratar como Asesor Internacional al ex Presidente del Gobierno, José María Aznar, con un sueldo anual de 220.000 euros. Por su parte, todas las actividades ligadas a la deslocalización de la producción hacia terceros países, de mano de obra más barata, se sigue dando en nuestro país casi continuamente. Buenos ejemplos de ello, aunque siempre disfrazados por el tema de la crisis económica, han sido los recientes casos de la fábrica de YAMAHA en Barcelona, o del GRUPO PRISA a nivel internacional, pero donde en España se van a destruir más de 2.000 empleos.
Y lo último ha sido (de momento) la escapada hacia adelante que han hecho muchos líderes empresariales de este país, a quienes parece ser que les ha venido bien la "sugerencia" de la canciller alemana Angela Merkel, en el sentido de negociar las cláusulas de revisión salarial para ligarlas a la productividad de las empresas, en vez de a los porcentajes de inflación (subidas anuales del IPC). Como digo, y aunque la primera reacción parece ser que fue contraria, al final dicha sugerencia se ha visto con buenos ojos por el empresariado español (incluso el Gobierno le ha hecho algún guiño), por lo cual le auguramos a los Sindicatos españoles grandes batallas negociadoras para impedir que dichos criterios, a la más estricta usanza del feroz capitalismo, se lleguen a implantar. En el fondo lo que hay es una gran trampa, muy sutil como siempre, para intentar digamos "hacer cómplices" a la clase trabajadora con la clase empresarial, y que aquéllos se solidaricen con los mayores o menores beneficios de éstos, repercutiéndoles en sus salarios. Todo un desatino.
Y voy a terminar con una reflexión para dejar claro en mi opinión un tema, que de tanto repetirlo me parece cansino y manido, otra de las trampas. Resulta en otra de las frases estrella que últimamente se repiten, y todo el mundo las acepta sin más, sin darse cuenta de la falacia que significa: "Los empresarios somos los que creamos el empleo", con sus muchas variantes, es la frasecita de marras. Como si el empleo fuese una cosa etérea, resultante de una fórmula mágica que sólo ellos conocen, y a los cuales les debemos el favor. Y hay que decirles a estos señores que dejen de manipular, que no, que LOS EMPRESARIOS NO CREAN EL EMPLEO, sino que el empleo es creado por la demanda de un determinado producto o servicio, es decir, por el potencial de clientes que dicho producto o servicio pueda disparar. Ellos lo único que hacen (que en el fono y dicho sea de paso, es lo único que les importa) es poner el dinero (para ganar mucho más, claro) para que esto sea posible, y si para ello resulta que hay que contratar a 20 personas, pues se contratan. No nos dejemos engañar. El empleo lo crea el mercado, lo crean las necesidades, lo crea un mercado laboral adecuado, lo crea la confianza y el crecimiento económico, pero no los empresarios, que únicamente son el instrumento final para que dicha creación de empleo se formalice.