Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Nuestro recorrido en estos artículos sobre la IE nos dejaba en la última entrega con el estudio de las emociones. Según la RAE, emoción es una "Alteración del ánimo intensa y pasajera, agradable o penosa, que va acompañada de cierta conmoción somática". Por tanto, se refiere a un proceso conductual del cual deriva una alteración física asociada, pudiendo por tanto colocarlas como indicadores de un estado mental o afectivo, de carácter distinto al conocimiento.
Conviene, también, remarcar la diferenciación que muchos autores establecen entre emoción y sentimiento. En palabras de Antoni R. Damasio "los sentimientos son la representación mental de los cambios orgánicos presentes en una emoción". Esto es, la emoción la asocia a los cambios fisiológicos que experimenta un individuo tras percibir un estímulo, mientras que los sentimientos son el rótulo subjetivo que un individuo establece a cada emoción que experimenta, dotándola de una cualidad propia. No obstante y en la práctica, emociones y sentimientos pueden ser incluídas en un mismo saco.
Además, existe un consenso común a la mayoría de autores por el cual se acepta que las emociones tienen un triple sistema de respuesta, siendo este triplete el origen de su multidimensionalidad. De tal manera, se consideran como manifestaciones de la emoción:
1.- La activación fisiológica (sistema neurofisiológico-bioquímico). Se refiere a los cambios que se producen en el sistema nervioso central, periférico y endocrino. Estos cambios suelen afectar al tono muscular, la respiración, la circulación e incluso la velocidad de procesamiento mental, con un nivel de manifestación irregular dependiendo de la fuerza de la emoción o estímulo sentido.
2.- La conducta expresiva (sistema conductual-expresivo). Hace referencia a la exteriorización de las emociones a través de formas de lenguaje no verbal (kinestesia), como pueden ser los gestos, facciones de la cara, posturas o cambios de fuerza, ritmo o tonalidad en el diálogo.
3.- Los sentimientos subjetivos (sistema experiencial-subjetivo). Se refiere a los sentimientos que genera una emoción, divididos principalmente en placer o aflicción.
Cada uno de estos componentes sólo refleja una dimensión parcial de la emoción. Por lo tanto, sólo se pueden observar al completo las emociones, mediante una observación conjunta de los tres sistemas. Y como comentábamos en el artículo anterior, ha sido aceptado por la mayoría de los investigadores, tanto del ámbito cognitivo como biológico, que las emociones son formas de conductas que cumplen una función adaptativa. Es decir, que constituyen un sistema de evolución y adaptación a las condiciones ambientales. Las emociones sirven para activar y preparar los sistemas de respuestas (neurofisiológico-bioquímico, conductual-expresivo y experiencial-subjetivo) ante la gran cantidad de estímulos que pueden percibir los seres que las tienen.
La funcionalidad emocional puede ser desglosada en estos niveles:
1.- Funciones intrapersonales. Son funciones relacionadas con el organismo y el comportamiento. Pondremos algunos ejemplos: coordinar los tres sistemas de respuesta ya conocidos; proveer de un soporte físico adecuado para iniciar acciones de huida o enfrentamiento; aumentar y favorecer la velocidad de procesamiento mental, pudiendo elegir entre una mayor variedad de opciones ante una situación y hacerlo de forma satisfactoria; modificar los modos de comportamiento habituales del individuo, provocando la activación de conductas latentes o inhibidas impropias a la persona; o advertir al organismo ante posibles condiciones desfavorables o dañinas.
2.- Funciones interpersonales. Se refiere a las funciones relacionadas con la comunicación y la relación con otras personas. Destaca esta funcionalidad en lo referente a la transmisión externa de nuestro estado de ánimo, a través de los gestos, los cambios de tono, etc. Esta funcionalidad es doble, puesto que en segunda instancia, permite a los receptores adaptar y regular su comportamiento para reaccionar ante nosotros. Otro aspecto de esta funcionalidad es aumentar o disminuir nuestra capacidad de relacionarnos e interactuar en un grupo. Determinadas emociones pueden provocar rechazo en el grupo, mientras que otras pueden favorecer nuestra aceptación e integración en el mismo.
3.- Función motivacional. Las emociones motivan, permitiendo activar recursos para movilizarnos ante una determinada situación. En este contexto también se mueve una función social-motivacional. La activación de una clase de recurso u otro también está regulada en función del contexto social en que nos encontremos. Por tanto, esta funcionalidad es un compendio entre la función interpersonal y la motivacional, puesto que la motivación para actuar de una forma u otra se regulará en base a una actitud que queramos conseguir en el receptor.
4.- Función valorativa. Es la principal función que cumplen las emociones, puesto que suponen un índice valorativo de los hechos, para catalogarlos como placenteros o aflictivos. Esta funcionalidad depende de la sensibilidad emocional, el proceso o baremo por el cual somos capaces de valorar la relevancia de un estímulo que hemos recibido. Y desde este punto de vista, las emociones serían señales que hemos recibido ante eventos de importante relevancia.
Y para terminar esta parte, digamos que el debate sobre la funcionalidad/disfuncionalidad de las emociones (si éstas son adecuadas o no) ha sido propiciado por muchos autores, con la conclusión final de que el indicador fundamental para medir esta adecuación es la propia consecuencia que genere la emoción. Por ejemplo, una emoción que podríamos considerar típicamente disfuncional, como la ira, puede serlo si las consecuencias de esa ira son negativas. Sin embargo, si esa misma emoción obtiene como consecuencia una ventaja para el sujeto o su entorno, podría ser considerada positiva. Asímismo, esta valoración también depende del momento y de la prolongación en el tiempo que pudiera tener. En un momento dado, sentir ira podría ser beneficioso para, por ejemplo, la integridad o la autoestima de la persona, sin embargo la prolongación indebida, en la que falta un objeto que la prolongue, podría ser perjudicial.