Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Escribimos hace algún tiempo una serie de dos artículos bajo el título "Los tipos de terrorismo" (que aprovecho para agradecer a los lectores la gran acogida que tuvieron, pues las estadísticas del blog me dieron muchas referencias de su masiva lectura), y ahora vamos a hacer lo propio sobre los tipos de prostitución. No sé si tendrá la misma acogida que el artículo citado, pero vamos por lo menos a intentarlo, pues creo que también es un tema de interés, incluso con algún punto en común, pues igual que pasaba con la palabra "terrorismo", la asociamos únicamente a un tipo, a una sola modalidad, sin darnos cuenta de a cúantas actitudes y comportamientos los podemos calificar así también.
Efectivamente, la RAE, con su acostumbrada visión dogmática de los conceptos, nos define prostitución como "Actividad a la que se dedica quien mantiene relaciones sexuales con otras personas, a cambio de dinero". Pues bien, sin querer desmentir a nuestra Real Academia, vamos a poner en debate esta única acepción, pues creemos que podemos aplicar dicho término a un montón de situaciones distintas. Si tuviéramos que entrever un hilo conductor, descubrir un mínimo común múltiplo (como se diría en matemáticas) para todos los comportamientos que se puedan tildar de prostitución, quizá nos quedaríamos únicamente con el concepto, la idea o el matiz de lo que podemos llamar INTERCAMBIO ILÍCITO.
Es decir, cualquier comportamiento humano que apoye, practique, instigue o consienta el intercambio ilícito de información, productos, bienes, servicios o poderes, puede considerarse prostitución. Precisamente por esto no es un delito, porque además ese grado de licitud o ilicitud va cambiando históricamente, y es además susceptible y dependiente de las culturas y las civilizaciones...¿quién decide si cierto intercambio es más o menos lícito? Pues lo deciden las sociedades, los pueblos, las culturas y las civilizaciones, según el momento histórico y su propia tradición.
Pondremos un ejemplo: supongamos que viene un vecino a casa que entiende de electricidad, y le pedimos el favor de que nos arregle un enchufe que nos chispea. En agradecimiento (intercambio), nosotros no le cobramos nada por unas clases particulares de apoyo a su hijo para que pueda aprobar una asignatura pendiente. Podemos considerar este intercambio completamente lícito, pero si lo que nos pide a cambio nuestro vecino es que le aprobemos el examen a su hijo (suponiendo que seamos su profesor), este intercambio ya no es tan lícito. Desde ese punto de vista, podría ser considerado (si lo aceptamos, claro está) un comportamiento de prostitución, porque prostituye (altera, desvirtúa) el nivel adecuado, correcto, normal o proporcionado (lícito) del intercambio. Pero sin embargo, casos como éste, con todas sus variantes, han podido ocurrir y ocurren muchas veces.
El mensaje por tanto es que (casi) todos practicamos la prostitución de una forma u otra, y que no hay que avergonzarse por ello, pues no siempre nuestros intercambios o flujos de información con otras personas son completamente lícitos, lo que ocurre es que no todos los actos de prostitución están socialmente bien vistos, es decir, que unos están mejor vistos que otros, y ahí es donde tenemos que romper una lanza que ataque la reinante hipocresía que existe en nuestra sociedad. Efectivamente, la prostitución atacada, mal vista, perseguida y no entendida, es únicamente la sexual, cuando en realidad es sólo un tipo de prostitución. Siguiendo con nuestro ejemplo anterior, si somos nosotros los que arreglamos el enchufe al vecino y como intercambio le pedimos acostarnos con su muer, quizá el vecino no lo comprenda tan bien como el otro favor. Continuaremos el tema en la siguiente y última entrega.