Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
Parece ser que ha levantado ampollas la actuación de unos cuantos grupos de incontrolados hace un par de días ante las puertas del Parlamento de Cataluña. Vaya por delante mi clara y total repulsa hacia dichos actos, que ahora repasaremos, pero valga este artículo para intentar poner las cosas en su sitio, y el acento donde se debe.
Efectivamente, antes, durante y después de la sesión plenaria del Parlamento, estuvieron concentrados varios grupos de personas, ajenas al parecer al 15M (o bien éstos se han desmarcado de aquéllos) que se dedicaron a proferir insultos a los parlamentarios, a empujarlos, a tirarles piedras y pinturas, a zarandearlos, zancadillearlos y alguna que otra tropelía más. No lo comentamos por quitar hierro al asunto, pero hemos de destacar que ningún diputado fue seriamente herido, por más que algunos de ellos, como el Presidente Artur Más, llegara a las dependencias del Parlamento en helicóptero. Pues bien, éstos fueron los hechos, y a partir de aquí se han sucedido una serie de declaraciones por parte de toda la clase política, a las que también me adhiero, en el sentido de condenar dichos actos de presión y de barbarie contra los representantes legítimos del pueblo.
Pero como ya señalé en mi primer artículo dedicado a los Tipos de Terrorismo, y teniendo en cuenta que detrás de los hechos hay que buscar las verdades, y que no es bueno solapar a éstas con aquéllos, vamos a intentar poner las cosas en su sitio. Todas estas declaraciones tan pomposas, tan aparentemente justas y correctas condenando las agresiones, tan solemnes y tan claras en el sentido de la repulsa, se quedan cojas si no intentamos explicar porqué se producen, y cuál es la motivación que las causa, es decir, porqué se llega a estas situaciones. Recordemos que de partida tenemos un movimiento de indignación ciudadana, con el cual curiosamente algunos políticos han declarado estar indignados, que denuncia una serie de carencias en nuestra sociedad, y cuyas reivindicaciones no son atendidas. Y no sólo eso, sino que lejos de caminar en el buen sentido, el pleno del Parlamento del día en cuestión aprobaba un nuevo paquete de medidas de recortes para Cataluña todavía de más duro ajuste que las que ya aprobara en su día el Parlamento del Estado. Así las cosas, no es de extrañar que cierto grupo de personas explote en su capacidad tolerante, y espete a los políticos actuales en plena cara que no han sido capaces, que siguen sin ser capaces de dar los más mínimos pasos de acercamiento, de sensibilidad con el movimiento ciudadano que denuncia dichas situaciones.
Así que ante la violencia de estos indignados, destaquemos la violencia y el terrorismo político de las medidas adoptadas por los grupos del Parlamento Catalán, en el sentido del brutal recorte social que se aprobó por CIU en Cataluña (con la ayuda del PP, del PSC y otros, y sin que constara siquiera en su programa electoral). Medidas como la supresión de gran número de becas en Educación, o la Sanidad, donde se pretenden cerrar los quirófanos por las tardes, o atender a 76.000 pacientes menos en urgencias, son buena prueba de hacia dónde camina nuestra sociedad, pero este debate se eclipsa, o mejor dicho se pretende eclipsar, poniendo el acento en la grotesca actitud de un grupo de incontrolados. Pero nosotros, inteligentes ciudadanos, sabremos valorar los hechos, y también separarlos de las verdades, y la verdad es que estamos cada vez más caminando hacia una sociedad más injusta e insolidaria, y que es mucho más violento, temerario y agresivo que un ciudadano se vea sujeto a un deshaucio porque se quedó en paro y no puede pagar la hipoteca de su casa, que el 43% de la juventud no pueda ver más horizonte que el paro, que las ayudas económicas cuando se acaban las prestaciones por desempleo sean de 400 euros mensuales, que se vayan a ligar los salarios a la productividad, que se vaya a flexibilizar la negociación colectiva a favor de las empresas, y un largo etcétera que voy a finalizar, porque si no este artículo tendría que tener muchas más páginas.
Voy a rescatar textualmente un párrafo del artículo de Andrés Pérez Mohorte, que me parece genial para explicar lo que está pasando, aunque nosotros todavía no estemos como en Grecia: "La violencia no es el camino. Pero en ocasiones el camino es lo de menos. Como en Grecia. El país está hundido. La gente sale a la calle y la toma con lo primero que encuentra. ¿Qué se les puede reprochar? ¿Que respeten una democracia fraudulenta? ¿Que acaten los numerosos recortes sociales que empeoran su calidad de vida porque el sistema está montado como tal y hay que tener decencia cívica en una manifestación? Pedirles algo así a los griegos es absurdo. Como no hay futuro la única salida es destruir". Sencillamente genial. Totalmente de acuerdo. Creo que se puede decir más alto, pero no más claro.
Luego por tanto y resumiendo, no nos dejemos eclipsar por falsas manipulaciones de la realidad, y por una escala de valores totalmente idiotizante: ¿que las actuaciones fueron incorrectas? De acuerdo. ¿Que atentan contra la representación legítima del pueblo y de las Instituciones? De acuerdo. Pero como todo en la vida, ¿qué es lo más importante? ¿Me voy a fijar en que un dedo me está sangrando por un corte, cuando estoy sufriendo un cáncer de páncreas terminal? Pues eso es lo que está ocurriendo. Dichos episodios son completamente anecdóticos comparado con el auténtico cáncer que sufre nuestra sociedad, cada vez más alejada de los problemas de la ciudadanía, y entregada por completo a los avatares económicos de los Mercados Financieros, que son los que realmente dirigen la política de los gobiernos y de los Estados. Esto no ha hecho más que empezar. Se avecinan más ataques de indignación.