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Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.

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Arquitectura de la Desigualdad (158)

Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

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Que el trabajo, es decir, nuestra forma de estar y ser en el mundo, de relacionarnos con la naturaleza, de ser naturaleza, de encontrar en ella los recursos de nuestra subsistencia, se constituya bajo el capitalismo en una condición sometida a la voluntad de quienes detentan, usurpan, gestionan y usufructúan los medios de producción es algo totalmente absurdo

Constantino Bértolo

BLOQUE IX. REDISTRIBUIR LA RIQUEZA EN EL PLANETA Y REDUCIR LAS DESIGUALDADES A TRAVÉS DE LA IMPLANTACIÓN DE UNA FISCALIDAD INTERNACIONAL PARA EL DESARROLLO.

 

Mucho hemos hablado en su bloque temático correspondiente sobre la fiscalidad, pero en este noveno bloque temático queremos abordarla desde un punto de vista nuevo y diferente, precisamente enfocado a la reducción de las desigualdades. Es la esfera de la fiscalidad internacional, herramienta fundamental para conseguir una justa redistribución de la riqueza en todos los lugares del mundo, es decir, interplanetaria. ¿Dónde vamos a inspirarnos para exponer nuestros criterios? Veamos: la Plataforma 2015 y Más editó en el año 2010 una Guía con 7 textos aplicables a diferentes ámbitos. Concretamente, el número 7 de ellos se titulaba "Guía sobre globalización, objetivos de desarrollo del milenio y trabajo decente", cuyo texto base fue escrito por Ricardo García Zaldívar, del Consejo Científico de ATTAC, una de las organizaciones sociales más valiosas que poseemos, pero a cuyos miembros se les hace más bien poco caso, dado el corte ideológico de los Gobiernos que hemos padecido hasta ahora. Pues bien, remito a mis lectores a la lectura completa de toda la colección, incluido el número de referencia, donde nos vamos a detener en su apartado relativo al tema que nos ocupa. Como sabemos, la fiscalidad ha sido siempre un potente instrumento de lucha contra las desigualdades. Pero como argumenta el autor, la fiscalidad está actualmente muy afectada debido a que los espacios impositivos nacionales ya no se corresponden con la práctica de la globalización: "La apertura de las fronteras a los movimientos de los capitales implica pérdida de eficacia de las políticas fiscales, pues la competencia entre países hace depender del exterior las decisiones nacionales. La fiscalidad nacional sigue siendo eficaz frente a los factores poco movibles como el trabajo, pero resulta ineficaz frente a los más volátiles como el capital: los paraísos fiscales favorecen la evasión y fraude fiscales, la delincuencia financiera y criminal y la insolidaridad. Sólo una fiscalidad internacional podría contribuir a redistribuir la riqueza en el planeta y reducir las desigualdades" (Ricardo García Zaldívar).

 

En concreto, los autores del texto proponen un total de 4 impuestos globales financieros de posible aplicación inmediata a escala planetaria, que por supuesto apoyamos desde esta humilde tribuna, y que contribuirían al objetivo fijado. Son los siguientes:

 

1.- El primero es un Impuesto sobre las Transacciones Cambiarias (ITC), combinado con otro Impuesto sobre Transacciones Bursátiles (ITB). Ambos constituyen el Impuesto sobre Transacciones Financieras (ITF), que incluso estuvo en estudio por el FMI por encargo del G20 en su reunión de Londres de septiembre de 2009. La base del ITF reside en la Tasa Tobin, y atacaría proritariamente la especulación financiera sobre las divisas, que se ha acentuado a medida que ha ido bajando el coste de las transacciones gracias a los avances tecnológicos (Internet y las TIC). De hecho, Keynes ya propuso la creación de un impuesto que gravase las operaciones especulativas de carácter financiero para limitar la economía "casino", y James Tobin, que se inspiró en el propio Keynes, propuso un impuesto mundial restringido al mercado de divisas. Los movimientos sociales han enarbolado políticamente esa idea bajo la denominación de Tasa Tobin. En 1970, el volumen anual del mercado de divisas representaba sólo dos veces el volumen del comercio y la inversión internacionales. En 2007, justo antes de la crisis, era más de 50 veces. El ITC podría frenar esta orgía especulativa, consiguiendo además una recaudación impositiva de unos 300 millones de dólares al año.

 

2.- La segunda propuesta consiste en un Impuesto Unitario sobre los Beneficios de las Transnacionales (grandes corporaciones multinacionales) o IUBT. Los autores del texto citado proponen para este impuesto un tipo impositivo del 20% sobre unos beneficios estimados de 1 billón de dólares, y podría recaudar en este entorno alrededor de 200.000 millones de dólares al año.

 

3.- La tercera propuesta responde a un Impuesto sobre las Inversiones Directas en el Extranjero (IIDE), con un tipo del 10%. Los autores calculan que sobre un volumen total de inversiones directas en el extranjero de unos 800.000 millones de dólares, se podrían recaudar del orden de 80.000 millones al año. 

 

4.- Por último, la cuarta propuesta sobre fiscalidad internacional financiera sería el Impuesto sobre las Grandes Fortunas (IGF), ya propuesto en nuestro país sin demasiado éxito, por las fuerzas políticas de la izquierda parlamentaria. Como hemos asegurado tantas veces a lo largo de esta serie de artículos, la crisis ha sido básicamente una estafa que ha conseguido, entre otros perversos objetivos, que los pobres se vuelvan más pobres, y en cambio aumente el número de ricos en general (millonarios y milmillonarios). Pues bien, en este sentido, se calcula que bastaría un 1% sobre un patrimonio mundial estimado en 5 billones de dólares, para que este IGF alcanzara la cifra de 50.000 millones de dólares al año. La pregunta es: ¿están dispuestos nuestros políticos de turno a realizar ese "daño patrimonial" a la clase de la revista Forbes?

 

Bien, además de las propuestas de fiscalidad de carácter financiero, una fiscalidad internacional que pretenda crear alternativas a la globalización neoliberal tendría que plantearse también la posibilidad de desarrollar otros impuestos globales, impuestos que podríamos situar dentro de las órbitas ecologista y pacifista. En concreto, se pueden proponer Impuestos medioambientales sobre las emisiones de CO2 y sobre residuos nucleares de gran actividad y larga duración, un Impuesto ecológico sobre el transporte aéreo, y un Impuesto social sobre la venta de armas. Los autores del texto de referencia estiman los siguientes:

 

1.- Emisiones de CO2: un tipo impositivo de 21 dólares por tonelada de CO2 emitido supondría 125.000 millones de dólares al año. El control de emisiones es fundamental para reducir el calentamiento global del planeta, y de esta forma atajar los gravísimos efectos del cambio climático. 

 

2.- Residuos: un tipo impositivo de 250 millones de dólares por tonelada de plutonio y actínidos menores recaudaría 15.000 millones de dólares al año. El control de nuestros residuos es otro puntal fundamental para cambiar hacia otro modelo productivo más sostenible. 

 

3.- Transporte aéreo: este tipo de transporte es de los más contaminantes que existen. Un tipo impositivo de 3,65 dólares por tonelada de keroseno consumida reportaría a las arcas mundiales 75.000 millones de dólares al año. 

 

4.- Tráfico internacional de armas: en otras series de artículos ("Por la senda del Pacifismo") hemos expuesto in extenso las perniciosas relaciones y efectos para nuestra sociedad del complejo militar-industrial-tecnológico. Estamos convencidos de que un buen impuesto al tráfico de armas contribuiría a disuadir este comercio, aportando un granito de arena en este sentido. Concretamente, un tipo impositivo del 10% sobre el tráfico internacional de armas añadiría otros 5.000 millones de dólares al año. 

 

¿Qué ocurriría si ahora sumamos las aportaciones de los diversos impuestos propuestos, tanto lo recaudado por los impuestos financieros como por los no financieros? Pues que aportaríamos entre todos los países del mundo a la propia fiscalidad internacional una cifra total estimada en 790.000 millones de dólares al año, alcanzándose fácilmente el billón de dólares de ingresos fiscales si se simultaneasen con una eficaz lucha contra el fraude de los paraísos fiscales (ver nuestro bloque temático correspondiente en esta misma serie de artículos, donde expusimos a fondo dicha problemática). Se trata de una cifra que es, de entrada, con datos de la fecha de redacción del informe, 20 veces el volumen de la Ayuda Oficial al Desarrollo (AOD). En definitiva, y como hemos expuesto, el hecho de poder dar pasos significativos para la mejor redistribución de la riqueza en el planeta y contribuir así al desmontaje de la arquitectura de la desigualdad es algo que está perfectamente a nuestro alcance. Son metas absolutamente factibles si se ponen en marcha medidas de esta índole. Lo que falta es voluntad política y presión social sostenida y mayoritaria para canalizarlas. Finalizamos aquí este breve bloque temático, y continuaremos con el siguiente en la próxima entrega.

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