Blog de Rafael Silva. Presenta artículos de opinión basados en la actualidad política, cultural y social.
"El desarrollo del capitalismo ha sido una continua crisis, esto es, un rapidísimo movimiento de elementos que se equilibraban y se inmunizaban"
(Antonio Gramsci)
Continuando desde el artículo anterior, donde comenzamos a hablar sobre el capitalismo español y nuestras clases sociales, diremos que la composición del bloque de poder en nuestro país queda definida por:
1.- Un núcleo central sustentado en el sector bancario, el cual se desliga de las actividades industriales nacionales, para convertirse en un grupo fuertemente internacionalizado y especializado en actividades financieras y especulativas, y que a su vez han jugado un papel fundamental en la expansión del sector inmobiliario (del cual hablaremos más a fondo en su momento). Es con diferencia el sector más potente y despótico de todos. A él se han dedicado el grueso de las políticas de "rescate" que se han implementado desde la Unión Europea, lo cual ha contribuido al crecimiento de nuestra deuda pública, a base de un proceso de socialización de las pérdidas y de privatización de las ganancias.
2.- Un sector relacionado con el turismo y la construcción, verdadero motor del frágil crecimiento económico español desde mediados de la década de los noventa del siglo pasado al 2007. Se trata de un sector aliado del anterior en el objetivo de extensión de la construcción a través del endeudamiento creciente de la población. En el caso del capital relacionado con la construcción, destaca la presencia de potentes grupos empresariales relacionados con la obra pública, que han desplegado una fuerte presión política dirigida al objetivo de imponer, controlar y corromper las políticas de gasto e inversión públicas, como se está demostrando con los llamados "papeles de Bárcenas". Junto al empresariado hostelero, el eje turístico-constructor ha orientado las sucesivas reformas laborales e instigado las políticas de ajuste salarial. La crisis del sector le lleva a estrategias de diversificación que se dirigen al control del sector eléctrico o a la profundización de políticas privatizadoras que apuntan a los servicios públicos.
3.- Los sectores empresariales relacionados con la prestación de servicios, fruto del proceso de externalización o subcontratación de actividades antes dependientes del sector público, tales como servicios de limpieza, mantenimiento o recogida de residuos. Fracción ésta del capital muy relacionada con el empresariado de la construcción, que aprovecha la crisis para protagonizar una ofensiva política centrada en la privatización de dichos servicios y empresas públicas, como el suministro de agua, control de hospitales, de los servicios sociales o la educación, o en el caso de las grandes constructoras, del control de los puertos y aeropuertos más rentables.
4.- Fracciones del capital que han generado una alianza de clase entre el sector financiero-prestación de servicios-construcción, a los que hay que sumar el nuevo sector de distribución comercial, con empresas tan potentes como El Corte Inglés o Inditex, y el cada vez más importante sector alimentario. Todos ellos forman el núcleo central del capitalismo español que conforma el bloque de poder en España, que en unión con el capital financiero internacional y las grandes empresas transnacionales del automóvil y de la química, componen la alianza de clase dominante en nuestro país, con la complicidad de las políticas antiobreras de quienes han gobernado desde hace más de treinta años.
5.- Por último, un quinto bloque lo constituye el resto del empresariado no incluido en los puntos anteriores, con empleados/as, que se mueve alrededor del 5% de la población, y que difiere bastante de las condiciones en que se mueve esa fracción hegemónica, y desde luego forman un conjunto bastante heterogéneo, desde medianos y grandes empresarios/as (con incluso más de 2.000 empleados/as), hasta pequeños tenderos/as, artesanos/as y profesionales con 1-2 asalariados/as, cuyos planteamientos son mayoritariamente conservadores en política, y antiobreros en economía.
También es importante analizar el papel de los falsos autónomos en la estructuración de clases en nuestro país, ya que éstos han sufrido un proceso de desclasamiento, y por tanto, desde la izquierda debemos tratar de atraerlos a posiciones que permitan su incorporación en la lucha por sus intereses, trabajando sobre todo el aumento de su conciencia de clase como grupo. El caso más típico son los autónomos unipersonales, sin personal contratado, que además dependen en su inmensa mayoría de trabajos de la contratación de otra empresa superior. La conciencia de clase trabajadora, de forma muy evidente, debe primar en todo este grupo.
Por su parte, la clase trabajadora en España está enormemente fragmentada: una primera diferenciación se puede establecer entre personas con un trabajo no precario, precario y sumergido, en una proporción aproximada para cada grupo (la foto no es fija) de un 32%-48%-20%. Existe aún (aunque en progresivo desmontaje) un núcleo central de trabajadores con derechos, salarios relativamente buenos y condiciones de trabajo decentes (al menos en términos relativos) que puede estar en torno al 30% de los asalariados/as, el resto está en situación de precariedad en mayor o menor medida. La clase trabajadora en España desarrolla su actividad mayoritariamente en el sector servicios, después del proceso de progresiva desindustrialización que llevamos sufriendo durante las últimas décadas. En este sector trabajan aproximadamente dos de cada tres trabajadores/as, uno de cada tres está entre industria y construcción, y una minoría lo hace en la agricultura.
La característica básica de la clase trabajadora española es la precariedad laboral, con una tasa de actividad no alta, del 60%, una tasa de paro en plena crisis que supera el 26%, y una tasa de temporalidad por encima del 30%. Veáse el artículo titulado "El verdadero efecto de la Reforma Laboral" para una exposición más completa sobre la evolución última del mercado de trabajo. La salarización es alta, más de 4 de cada 5 dependen de un salario, una tasa de trabajo a tiempo parcial nada despreciable y en continuo aumento, superando el 15% en un país en el que esa forma de contratación es impuesta al trabajador/a, no deseada, un importante nivel de subempleo, del 12,5%, y una mano de obra en la economía sumergida equivalente al 20-25%. Esto lleva a que entre 6-7 trabajadores de cada diez estén en situación de precariedad en el trabajo.
A estas dos características, una clase empleada mayoritariamente en el sector terciario, viviendo y trabajando en la precariedad, se añade una tercera, su extraordinaria diversidad, compuesta por diferentes grupos, de los cuales ninguno aparece como el cuantitativamente mayoritario y mucho menos como el nucleador o aglutinador del conjunto, grupos entre los que existen, por lo tanto, enormes diferencias de todo tipo. Así, junto a los restos, cuantitativa y cualitativamente importantes, de lo que se podría denominar la "clase obrera tradicional", apenas un 25% del total, que ha perdido por completo su status quo de grupo hegemónico dentro de la clase, se pueden destacar a los cuatro colectivos que mayor crecimiento han experimentado en las últimas décadas, como son las mujeres (el 45% de los activos), la juventud menor de 30 años (el 20%), los y las inmigrantes (el 15%), y los trabajadores/as intelectuales (por encima del 30%). Estos grupos, junto con los trabajadores/as de la construcción y de las actividades dependientes de la misma, son precisamente los que más han sufrido el embate de los primeros cinco años de la crisis, que ahora ya está afectando a todos los grupos casi por igual. En las siguientes entregas haremos un somero repaso a dichos grupos que hemos mencionado.