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14 diciembre 2016 3 14 /12 /diciembre /2016 00:00
Hacia la superación del franquismo (I)

El pasado que no conocemos, que no cuestionamos, que no sometemos a debate ético, que no juzgamos, que queda impune, corremos el riesgo de que se naturalice en nuestro presente. No deberíamos aceptar que lo intolerable del ayer acabe siendo tolerado hoy porque no hemos pensando críticamente sobre lo que supuso ayer y lo que significa hoy

Jordi Mir

La paz no significa sólo la ausencia de guerras, sino que representa también un estado interior, un estado de tranquilidad emocional, de haber pasado página de cuantos hechos abominables hayan podido perturbarnos en nuestra reciente historia. Ello es aplicable a las personas, y también a los pueblos, a las colectividades humanas. De hecho, sólo se alcanza la paz cuando estamos también en paz con nosotros mismos. Y en ese sentido, la superación auténtica y completa del franquismo representa una deuda pendiente que como sociedad que se autodeclara democrática tenemos que saldar. Una página negra de nuestra historia que hay que superar. Pero para poder superarla, antes hay que haberse enfrentado a ella, hay que haberla conocido, y hay que haberla reparado en todas sus dimensiones. Y justamente aquí es donde nuestro país falla estrepitosamente. Por eso, esta breve serie de artículos, que ahora comenzamos, va dedicada precisamente a eso: a la superación del franquismo en nuestro país. La desvergüenza de nuestras instituciones, muchas de ellas procedentes del franquismo, han intentado que las nuevas generaciones no conozcan la perversidad de la dictadura que aquí se vivió durante casi cuarenta años, en las escuelas no se ha estudiado la historia reciente de nuestro país, o si se ha hecho, se ha hecho tapizándola con un barniz hipócrita para quitarle toda su crudeza. Así no podemos continuar.

 

Y por si todo ello fuera poco, incluso los dirigentes políticos de la derecha, herederos de la época franquista en su inmensa mayoría, lo han expresado con total descaro. Por ejemplo, el ex Ministro del Interior con la primera legislatura de Rajoy, el impresentable Jorge Fernández Díaz, aseguró recientemente, a preguntas de los periodistas, refiriéndose a quienes le criticaban: "Algunos quieren ganar ahora la guerra que perdieron hace 80 años". Lamentables palabras de todo un líder político que además ha representado a las Fuerzas y Cuerpos de Seguridad del Estado. Este es el panorama que tenemos. Bien, queremos que esta serie de artículos contribuya, por lo menos, a intentar informar, divulgar, crear conciencia, crear responsabilidad colectiva del tremendo daño que nos hacemos mientras continuemos ignorando la barbarie de la Guerra Civil y de la posterior dictadura a la que estuvimos sometidos durante gran parte del pasado siglo XX. Por tanto, y en primer lugar, vamos a exponer qué fue de verdad el franquismo, ya que es un tema que ni siquiera nuestros escolares aprenden en sus centros docentes, pues muchas editoriales y autores siguen utilizando eufemismos para el régimen franquista tales como "régimen autoritario", y otros por el estilo (incluso Rajoy, en su discurso de investidura, se refirió al régimen franquista en esos términos). Bien, comencemos por explicar qué había anteriormente al levantamiento militar del General Franco, y las verdaderas razones de dicha sublevación. El 14 de abril de 1931 se proclamó la Segunda República en nuestro país. Fue una oportunidad histórica magnífica para todos los pueblos del Estado Español. Acabado el régimen monárquico de Alfonso XIII y la breve dictadura de Primo de Rivera, la II República Española encarnó la democracia y la modernidad, la libertad, la educación y el progreso, la igualdad y los derechos universales para todos los ciudadanos/as. 

 

La Constitución Republicana de 1931 significó una Carta Magna abierta al progreso y a los avances sociales, evolucionada y pionera en muchos aspectos, siendo quizá la más avanzada de su tiempo. . Seguimos a continuación parte de la exposición de Víctor Arrogante en su reciente artículo "Por una Constitución Republicana", publicado originalmente en Diario 16. La Constitución diseñaba una República social, democrática y reformista. En su artículo 1, declaraba que "España es una República democrática de trabajadores de toda clase, que se organiza en régimen de libertad y justicia. Los poderes de todos sus órganos emanan del pueblo. La República constituye un Estado integral, compatible con la autonomía de las regiones y de los municipios". Declaraba la Constitución que todos los españoles son iguales ante la ley, el Estado Español no tiene religión oficial, y estará integrado por municipios mancomunados en provincias y por las regiones que se constituyan en régimen de autonomía. También declaraba que "España renuncia a la guerra como instrumento de política nacional", declarando un Estado expresamente pacifista. Una de las novedades que le confieren su rasgo más democrático, en la época, fue el reconocimiento del sufragio universal, incluyendo a las mujeres. La Constitución reconocía también la libertad religiosa, de expresión, reunión, asociación y petición; el derecho de libre residencia, de circulación y elección de profesión; inviolabilidad del domicilio y correspondencia; protección a la familia, derecho al divorcio, al trabajo, a la cultura y a la enseñanza. Se suprimían los privilegios de clase social y de riqueza, y se abría la posibilidad de socialización de la propiedad y de los principales servicios públicos. 

 

La Constitución Republicana de 1931 también rompía con la tradición bicameral, eliminando el Senado. El Congreso salió reforzado con la facultad de destituir al Jefe del Estado (con mandato de siete años). La República se declaraba laica, garantizaba la libertad de culto, prohibiendo a las órdenes religiosas ejercer la enseñanza, y desvinculaba al Estado de la financiación de la Iglesia. Lógicamente, esta situación, que prometía consolidarse y avanzar, molestaba mucho a los sectores de la oligarquía (empresarios, militares, terratenientes, aristócratas, la Iglesia Católica, etc.), que veían con muy malos ojos la evolución social que España estaba protagonizando. Y así, un grupo de militares fascistas (hemos de insistir en que fue un determinado grupo, pues muchos otros militares siguieron siendo fieles a la República), capitaneados por el General Franco, se levantó en armas contra el régimen democrático y legítimo de la República, provocando en primer lugar una cruenta Guerra Civil que duró tres largos años (1936-1939), y luego una dictadura represora, genocida, sangrienta y vengativa que duró durante los cuarenta años siguientes, hasta la muerte del dictador a finales de 1975. Del Blog de Héctor Braojos, "Tribuna Histórica", vamos a basarnos en su artículo "La paz de Franco: venganza y castigo", para describir los terribles horrores de la Guerra Civil y de la posterior dictadura. No queremos caer en lo macabro ni lo escabroso más allá de describir fielmente el modelo de sociedad al que nos llevó el franquismo. Por tanto, en las siguientes líneas, y en las sucesivas entregas de artículos de esta serie, los lectores y lectoras no encontrarán nada de exageración ni de inventiva. Sólo la cruda realidad. Una realidad a la que nuestro país sigue dando la espalda, e ignorando, a pesar de los múltiples llamamientos internacionales a recuperar la Memoria Histórica, y a reconocer la verdad, la justicia y la reparación a las víctimas. 

 

Después de casi tres años de acoso y derribo, en 1939, la Segunda República española agonizaba a la espera de la estocada final del fascismo. La legalidad democrática del Estado se desmoronaba de manera forzada con la guerra, dando paso a una dictadura cruel que basaría su nuevo ordenamiento jurídico en el abuso sistemático de los vencidos, de forma abyecta, despiadada y criminal, manifestado de múltiples formas, desde la esclavitud hasta la humillación o el asesinato, amparándose en juicios sumarísimos sin garantías. Después de casi tres años de guerra civil, donde se enfrentaron (usando la terminología de la época) el "bando republicano" (el defensor de la legalidad democrática y legítima de la República) y el "bando nacional" (seguidor de los golpistas), la sanguinaria actuación del golpismo no detendría su siniestra actividad tras conseguir la victoria. Franco se opuso a cualquier negociación con los leales a la democracia republicana, por lo que los deseos de paz, piedad y perdón del Presidente Azaña, pronunciados en 1938, se vieron defraudados, rompiéndose en mil pedazos. La inseguridad de lo que podía venir, las precarias posibilidades de escapatoria, las noticias de los asesinatos masivos del fascismo y la responsabilidades de mantener familiares con vida, convirtieron el futuro inmediato en un sentimiento de tremenda angustia para todos los españoles, que veían cada día más cerca la victoria reaccionaria, apoyada por el fascismo italiano de Mussolini y el nacionalsocialismo alemán de Hitler. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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