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13 agosto 2019 2 13 /08 /agosto /2019 23:00
Viñeta: Vicman

Viñeta: Vicman

En los regímenes autoritarios queda velado el contenido económico de la violencia, mientras que en los regímenes formalmente democráticos queda velado el contenido violento de la economía

Bertolt Brecht

Y es que, en el fondo, todo migrante es un migrante político. No existe, no debe existir otra clasificación: el refugiado es un migrante político, ya que no puede expresar en su país las ideas en las que cree, o es un perseguido político por razón de identidad sexual, de credo religioso, de etnia, de nacionalidad, de opinión...por su parte, el migrante "económico" también es un migrante político, ya que las razones para su migración (básicamente, la desigualdad en las relaciones internacionales, la explotación de su medio de vida, los efectos del cambio climático, etc.) también obedecen a causas políticas. Y todos tienen el derecho reconocido a obtener la condición de refugiado, si se comprueban estas circunstancias. Y ese derecho no lo podemos ignorar en base a ningún "efecto llamada", a ninguna "invasión", a ningún "ataque a nuestra civilización y a nuestra cultura", o a la inexistencia de algún "puerto seguro". El "puerto seguro" es, simplemente, cualquier puerto de un país que no sufra una guerra (interna o externa), y que sea el más cercano al lugar de donde fueron rescatadas dichas personas. Ante todo este "ninguneo institucional" que se lleva a cabo prácticamente en toda Europa en lo concerniente a las políticas de refugio y asilo, las autoridades europeas no sólo no se mojan directamente, sino que además incentivan de algún modo la acción de ignorar de facto estos ataques al derecho internacional. La Comisión Europea no sólo hace la vista gorda ante las brutales acciones de los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad en muchos Estados de la UE, sino que además calla ante la aprobación de leyes que son claramente restrictivas en derechos humanos básicos, y que vulneran tratados internacionales, que se supone deberían tener prelación incluso sobre los propios tratados de la UE. En palabras de Javier de Lucas, en la entrevista de referencia: "Sorprende que la UE tenga tanto empeño en exigir el cumplimiento de los deberes a los socios [comunitarios] cuando se incumple la "regla de oro" del déficit, o las políticas de austeridad, pero cuando se aprueban leyes en los parlamentos incompatibles con el Tratado de la Unión, como en el caso de Hungría, no se establezcan mecanismos de sanción".  

 

Y al caso de Hungría que cita Javier de Lucas habría que añadirle, entre otros, el reciente caso de Italia, a la deriva ultraderechista con su Ministro Salvini al frente. De entrada, el hecho de sean las ONG de rescate humanitario las que se estén dedicando a salvar las vidas de esta gente en el mar, ya sería suficiente para que se les cayera la cara de vergüenza, si es que tuvieran vergüenza. Pero no sólo no tienen vergüenza, sino que despliegan, además, maldad y mala fe. Y así, la última desfachatez de este personaje (apoyado por su gobierno y por una parte de la población, todo hay que decirlo) ha sido promover una ley por la cual se podrá multar hasta con ¡Un millón de euros! (hasta ahora la máxima cuantía era de 50.000, que ya suponía un claro ataque a la decencia) a las ONG responsables de salvar vidas "sin permiso" (aquí está el matiz) en el Mediterráneo. Salvini, que participó en la votación de esta ley en calidad de senador (hoy día cualquier mequetrefe puede optar a cualquier cargo político), celebró inmediatamente la aprobación de la norma, agradeciéndoselo a la Virgen María (estamos seguros de que si la Virgen pudiera haberle contestado, y precisamente por ello lo hace, no refrendaría ese horror legislativo). Este artículo del medio Contrainformación explica el sentido de dicha norma, y a él nos remitimos. Esta ley fue aprobada el pasado 25 de julio, y otorga al Ministro del Interior la potestad de limitar o prohibir la entrada de naves (por motivos de seguridad, que en realidad son motivos de xenofobia) en aguas territoriales italianas, con amenaza de estas brutales multas a los comandantes de dichas naves. Evidentemente, está basada en el escozor que provocó la entrada en puerto italiano del buque conducido por la alemana Carola Rackete. La nueva ley también prevé el arresto del capitán que ignore las órdenes de alejamiento, autoriza a las autoridades navales a abordar el barco sin necesidad de permiso, e incluso permite la interceptación de las conversaciones telefónicas de modo preventivo contra aquéllos sospechosos de favorecer la "inmigración clandestina e irregular". Pero como observábamos más arriba, el matiz está en la expresión "sin permiso" a la hora del rescate de las personas. Es decir, salvar la vida a alguien en el mar y llevarlo a puerto seguro ya deja de ser una acción humanitaria en sí misma, sino que tiene que tener el "permiso" de las desalmadas autoridades que tengan la potestad de concederlo. 

 

Una situación, como vemos, absolutamente surrealista. Pero nuestros gobernantes tampoco se quedan atrás en este perverso asunto: este pasado fin de semana, el Ministro de Fomento en funciones, y número 2 del PSOE, José Luis Ábalos, declaraba en entrevista a un diario nacional, refiriéndose al Open Arms (que lleva casi dos semanas con más de 120 personas a bordo sin poder desembarcarlas en puerto seguro por falta de "permiso" de las autoridades): "Me molestan estos abanderados de la humanidad que nunca han tenido que tomar ninguna decisión...". Podríamos responderle muchas cosas al señor Ábalos, tantas que nos darían para otro artículo, pero por hacerlo rápidamente, le diremos que el PSOE y sus dirigentes han conducido las siglas del socialismo a tal nivel de indignidad que ya no merecen seguir incorporándolas en su partido. Y es que, como expresa Santiago Álvarez Cantalapiedra en este artículo para Fuhem Ecosocial: "El Estado neoliberal está evolucionando hacia un Estado "securitario" que, ante las problemáticas que debe afrontar, responde endureciendo el aparato punitivo y con políticas que suponen un régimen de excepción en el cumplimiento de los derechos y garantías constitucionales". Repasaremos lo fundamental de este artículo. Así las cosas, podemos afirmar sin dudas que las actuales políticas de fronteras (inmigración y asilo) están desafiando en Europa y en Estados Unidos los fundamentos de la democracia. En 2016, los gobiernos de Dinamarca y Suecia dictaron normas que entorpecían la reagrupación familiar, confiscaban los bienes de los refugiados y aceleraban la expulsión de los migrantes cuya solicitud de asilo hubiese sido denegada. Y por su parte, Alemania, Austria, Hungría, la República Checa o Eslovaquia han reintroducido controles fronterizos en la zona Schengen, para bloquear la posible llegada de nuevos refugiados a sus territorios. ¿Por qué tienen éxito estas sangrientas medidas? ¿Por qué obtienen estas aberrantes normas los aplausos de una parte importante de la población? Básicamente, porque antes los políticos se han encargado de insuflar miedo a esta población. Si no hacen entrar antes a los contingentes humanos en situación de miedo (difundiendo falsos mantras y argumentos de perogrullo), las poblaciones no estarían preparadas psicológicamente para normalizar estos fanáticos estados de excepción. 

 

Álvarez Cantalapiedra explica: "Un miedo alimentado por una visión deformada de la realidad que, alentada desde el poder, impere en el imaginario colectivo y busque que la población europea crea que es la diana del terrorismo internacional, cuando con datos en la mano, no somos, ni mucho menos, el objetivo principal del yihadismo; que presente como inasumible, a quienes disfrutamos unos de los niveles de vida más elevados del planeta, la recepción de un contingente de refugiados que representa una parte muy pequeña del total; que haga sentir que nos encontramos ante el riesgo de una invasión de inmigrantes que no se da". Cuando logran infundir este miedo injustificado a la población, a partir de ahí se abre el campo libre para introducir perversiones legislativas y morales como las que hoy día caracterizan el contexto europeo y norteamericano. ¿Se va la gente de sus países, de sus hogares? No, los echan. Actualmente existen cerca de 40 conflictos armados en el mundo, y casi 100 escenarios de tensión que están provocando la huida de millones de personas ante la destrucción de sus tierras, de sus hogares, de sus culturas. Otros varios millones poseen el temor (éste sí, fundado) de que serán perseguidas o aniquiladas en caso de permanecer en sus hogares. Pero como ya hemos insistido, junto al hecho incontestable de que los conflictos armados provocan la huida masiva de la gente, nos encontramos con otros procesos menos evidentes (como el acaparamiento de tierras, el agresivo extractivismo minero o energético, la destrucción de amplios parajes naturales que forman el hábitat de numerosos pueblos, la desertificación de amplias zonas de terreno, el anegamiento procedente de grandes tormentas, tifones, huracanes, etc., procesos todos ellos que están expulsando (y en el futuro lo harán más y de forma más intensa) a numerosas personas de sus centros y modos de vida, por motivo de simple y pura supervivencia. Este es el relato verdadero. Este es el relato que se niegan a contarnos. Este es el relato que deberían comprender nuestros dirigentes políticos, para actuar en consecuencia. Es muy cobarde excusarse en un burdo sistema de cuotas, o en inexistentes "efectos llamada", o alegar a falsos mantras como la "inmigración ordenada" (¡pues ordénenla ustedes!), para desentenderse completamente del problema, y dejar a estas personas abandonadas a su suerte, sufriendo todo tipo de penurias y vejaciones en el mar, en campos de concentración, o en montes desde donde preparan sus saltos a las condenadas vallas. 

 

Son procesos, como incide Álvarez Cantalapiedra, activados por mecanismos de acumulación por desposesión, intensificados además durante las últimas décadas. David Harvey, en su obra "El nuevo imperialismo", relata: "Durante las tres últimas décadas se ha acelerado el desplazamiento de poblaciones campesinas y la formación de un proletariado sin tierra en países como México y la India; muchos recursos que antes eran propiedad comunal, como el agua, están siendo privatizados (con frecuencia bajo la presión del Banco Mundial) y sometidos a la lógica de la acumulación capitalista; desaparecen formas de producción y consumo alternativas (indígenas o incluso de pequeña producción, como en el caso de Estados Unidos); se privatizan industrias nacionalizadas; las granjas familiares se ven desplazadas por las grandes empresas agrícolas; y la esclavitud no ha desaparecido (en particular en el comercio sexual)". No, la esclavitud no ha desaparecido. Poblaciones enteras son literalmente empujadas, salvajemente expulsadas, u hostigadas por las grandes empresas transnacionales, grupos paramilitares, o bien por sus propios Estados, pasando a engrosar las estadísticas de desplazados internos o refugiados en terceros países. Indocumentados estadounidenses proceden a millares de este tipo de políticas. Ante todo este retrato del horror, si nos queda un ápice de decencia, no se puede sino asumir las oportunas responsabilidades. No vale escudarse (porque además, es falso) en que "España siempre ha asumido sus responsabilidades" (José Luis Ábalos dixit, en entrevista citada más arriba), cuando acoge cifras realmente ridículas de refugiados anualmente. ¿Es que vamos a negar que somos las potencias occidentales las responsables de dichos conflictos armados? ¿Es que vamos a negar nuestras responsabilidades históricas y presentes en la devastación de estos pueblos, por medio del neocolonialismo? ¿Es que vamos a negar que llevamos desde su fundación como país haciendo el juego a los perversos Estados Unidos, apoyando sus guerras, participando de sus decisiones, alineándonos con sus argumentos, alimentando el belicista imperialismo estadounidense? ¿Es que vamos a negar que somos nosotros, las potencias occidentales, las principales emisoras de gases de efecto invernadero (con nuestras empresas, nuestras tecnologías, nuestros vehículos...), y por tanto las principales responsables del cambio climático, que afecta principalmente a los países menos responsables, es decir, más pobres? Si no podemos negar nada de esto, sólo nos queda asumir, de verdad, nuestra responsabilidad, abandonar todas estas bárbaras políticas, y acoger a todo el que llegue a nuestra puerta. Continuaremos en siguientes entregas.

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