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4 noviembre 2021 4 04 /11 /noviembre /2021 00:00

Aun cuando la historia no pueda decirnos exactamente qué significa la música, ésta sí que puede decirnos algo sobre la historia

Alex Ross

Estamos asistiendo, de un tiempo acá, a todo un proceso de revisión histórica sobre la génesis del Arte Flamenco, o si se prefiere, gitano-andaluz. En efecto, una serie de autores, investigadores, escritores, flamencólogos, musicólogos, historiadores, etc., están intentando divulgar, bajo un manto de apariencia científica, toda una revisión sobre los postulados en los que se asentaba lo que se conocía sobre el tema, corriente que estos autores denominan “Flamencología clásica”, y que, siempre según ellos, estaba basada en mitos, falacias y fantasías. Frente a esta flamencología clásica, ellos ofrecen lo que denominan “Flamencología científica”, a la que abonan, en sus diferentes obras, con toda una suerte de datos, descubrimientos y sobre todo, opiniones. Lo que pretendo argumentar en este artículo son las visiones y los intereses que subyacen a los nuevos planteamientos que presentan estos flamencólogos “científicos”, así como también las deficiencias de los planteamientos de la flamencología clásica, imperante, sobre todo, durante la segunda mitad del siglo XX.

 

En primer lugar, quiero aclarar por qué uso el entrecomillado para la palabra “científica”, aplicado a la Flamencología. Y es que como ocurre por ejemplo con la Economía, ésta es presentada a la opinión pública como si fuera una ciencia exacta (al mismo nivel de las Matemáticas, la Física, la Química…), y esto es un hecho interesado, practicado precisamente por los autores que quieren ofrecer un barniz científico a sus verdaderas intenciones ideológicas: se trata de disfrazar, como si fueran verdades científicas irrebatibles, lo que no son más que postulados basados en corrientes ideológicas, para hacer creer a la opinión pública que sus opiniones (que responden, como decimos, a una evidente carga ideológica, y por tanto a la defensa de sus intereses) son la única alternativa y la verdad absoluta. En realidad, la Economía, como otras muchas disciplinas, es una Ciencia Social, como la Historia, la Sociología, y muchas otras, encuadradas en el gran grupo de las Humanidades, donde sus postulados obedecen a una determinada interpretación de los acontecimientos históricos, y por tanto, a las conclusiones que podamos obtener de dichas interpretaciones. No existe, por tanto, una Flamencología que pueda ser más “científica” que otra, sino corrientes de opinión y de interpretación sobre los diferentes hechos históricos que determinan estos fenómenos.

 

¿Dónde se asentaba la flamencología del siglo XX? Grandes nombres como Antonio Machado y Álvarez “Demófilo” (padre de los egregios poetas Antonio y Manuel Machado), cuya obra situamos a finales del siglo XIX, junto a Carlos y Pedro Caba, Manuel de Falla (a principios del siglo XX), y posteriormente Anselmo González Climent, Ricardo Molina, José Manuel Caballero Bonald, Juan de la Plata, Félix Grande, Manuel Ríos Ruiz, Manuel Barrios, José Blas Vega, Fernando Quiñones, etc., dieron a conocer el grueso de los fundamentos de la Flamencología actual, justamente la que los autores revisionistas pretenden criticar. Hemos omitido expresamente un nombre fundamental: Blas Infante, precisamente porque queremos basarnos en su aportación para rescatar los planteamientos que, pensamos, no quisieron o no pudieron asumir estos autores del siglo pasado. En efecto, todos ellos, más o menos, con sus diferencias y matices, asumían y presentaban un relato de la gestación del Arte Flamenco basado en la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, que como crisol de culturas, iba a actuar como cuna para la formación de un nuevo arte musical, y de una cultura, la flamenca, basada en las aportaciones de todas ellas (judía, morisca, gitana…), siempre sobre la base y el sustrato del solar andaluz.

 

Pero hablábamos anteriormente de la fundamental aportación de Blas Infante, de hecho el único autor del siglo XX que se atrevió (y usamos deliberadamente esta palabra, lo cual le costó, entre otros motivos, su asesinato en 1936 por parte de los militares fascistas sublevados en la Guerra Civil) a formular una hipótesis completa e íntegra sobre la gestación del Arte Flamenco, sostenida sobre la base fundamental de la aportación morisca, entendida ésta como lo que era: andaluza. Pero para ello (y por eso decimos que se “atrevió”) tuvo que contemplar un hecho fundamental que el resto de los autores (previos y posteriores a él) no contemplaron: la visión de la cultura y la civilización de Al-Ándalus como lo que realmente fue: una civilización esplendorosa, genial, avanzada y completa, y lo que es más importante, de dimensión andaluza, y por ende, española, europea y occidental. Contemplar este hecho fundamental de nuestra historia se oponía radicalmente a la influencia del pensamiento dominante que históricamente nos invade desde los tiempos de la mal llamada “Reconquista”, es decir, desde finales del siglo XV. Para hacerlo, por tanto, había que exhibir grandes dosis de valentía e integridad, y es exactamente lo que hizo Blas Infante.

 

Todos los autores del siglo XX que hemos mencionado, todos ellos brillantes, omitieron, ignoraron o no concedieron toda la credibilidad al relato de Blas Infante, entendemos que porque todos ellos también eran hijos del pensamiento dominante, pero sobre todo, porque ningún otro autor había continuado las investigaciones del insigne casareño, y por tanto, aún existían grandes lagunas en todos los campos (históricos, lingüísticos, musicológicos, etc.) que permitieran abonar la tesis de Blas Infante con más solidez y apoyos. Hoy día, no obstante, gracias a las investigaciones y aportaciones de muchos otros autores, de diferentes disciplinas, desde el propio Blas Infante, pasando por Félix Grande, y actualmente Antonio Manuel Rodríguez Ramos, José Ruiz Mata, etc., historiadores como Bernard Vicent, Emilio González Ferrín o Mª Jesús Viguera Molins, etc., o antropólogos como Isidoro Moreno, disponemos ya de una base conceptual e histórica para poder documentar, con más firmeza, los postulados originarios de Blas Infante, completarlos y ofrecerlos con más fuerza e integridad.

 

Dicha teoría, que es la que nosotros defendemos, parte como decimos de un puntal fundamental, que es el reconocimiento de la civilización de Al-Ándalus, como una civilización esplendorosa, cuyo epicentro estuvo situado en la actual Andalucía (Califato de Córdoba), y que se proyecta hasta nuestros días a través de los vestigios culturales de todo tipo que proceden de los moriscos (descendientes de los andalusíes, que fueron expulsados masivamente a principios del siglo XVII), y que se manifiestan en el orden musical, pero también en el orden folklórico, costumbrista, cultural, lingüístico, etc. En cualquier caso, por tanto, ligado a la historia y a la cultura andaluza. Ahí es donde entendemos que hemos de encuadrar el fenómeno flamenco, como un hecho diferencial y propio del acervo cultural andaluz. Por supuesto, este fenómeno fue enriquecido y completado con las aportaciones del pueblo gitano, sin el cual posiblemente tampoco hubiésemos llegado a conformar el arte flamenco tal y como hoy lo conocemos.

 

Pero frente a esta teoría, se ha desencadenado toda una reacción por parte de ciertos autores, e incluso algunos de los más radicales ponen en entredicho todas las bases donde se asienta, para ofrecer otros puntos de vista absolutamente descafeinados, y por supuesto, interesados. Básicamente, los bulos que se están publicando y difundiendo sobre nuestra cultura flamenca, parten de ignorar la civilización de Al-Ándalus y todo su legado, de negar la aportación del pueblo gitano, e incluso de desvincular la propia historia e idiosincrasia del pueblo andaluz, como elemento aglutinador para la génesis del arte flamenco. ¿Cómo explican entonces el fenómeno flamenco? Pues básicamente como un “hecho escénico”, que se da durante el siglo XIX, es decir, durante la época del Romanticismo (ligada a la exaltación del magismo y del gitanismo), y que proviene de un proceso de andaluzamiento o agitanamiento en los modos expresivos y musicales, de lo que antes se venían denominando como “bailes y cantes del país”, “bailes de palillos”, “bailes de candil”, “cantos andaluces”, etc. Es decir, niegan que la propia historia andaluza tenga algo que ver con el flamenco, niegan las aportaciones de moriscos, gitanos, judíos y otros pueblos en su proceso de gestación, y niegan, por supuesto, que el arte flamenco se gestara antes del siglo XIX, precisamente para no tener que reconocer la aportación de Al-Ándalus y de los moriscos en dicho proceso.

 

Esta equivocada teoría, a nuestro entender, es hija de la conceptualidad cultural de la globalización imperante, que intenta por todos los medios anular la identidad cultural de los pueblos del mundo, para integrarlos bajo unos mismos parámetros culturales, ignorando su historia y sus propios marcadores de identidad. Mediante un proceso cultural globalizador, lo que se practica es una suerte de apropiación de la cultura de los pueblos (en este caso del pueblo andaluz) para integrarla como perteneciente a la cultura de sus Estados-nación, incluso de la cultura de su continente, hasta llegar al ámbito de la cultura universal. Y en efecto, el arte flamenco es ya hoy día una cultura y una música universal, pero la universalización no anula la paternidad. Y la paternidad, las bases culturales y musicales, las materias primas, la savia y el genio que crean el arte flamenco son exclusivamente andaluces, pues andaluces eran todos los miembros de los pueblos que fueron aportando en su proceso de gestación.

 

Por tanto, frente a toda esta pléyade de autores revisionistas que intentan despojar de toda carga histórico-cultural al fenómeno flamenco, desligándolo de la propia historia de Andalucía y de su identidad y acervo cultural, como fenómeno antropológico ligado a nuestro pueblo, nosotros nos seguimos alineando y continuaremos defendiendo la que pensamos que es la visión justa y correcta del fenómeno flamenco, completamente ligado a la cultura autóctona y a la historia andaluza. Es hora de combatir la historia oficial, y de rescatar la memoria sepultada de tantos siglos. Porque para alcanzar la verdad, la historia y la memoria han de darse la mano, han de complementarse y casar a la perfección. Únicamente mediante esta visión holística seremos capaces de entender el fenómeno flamenco en toda su dimensión.

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