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13 agosto 2017 7 13 /08 /agosto /2017 23:00
Viñeta: Martirena

Viñeta: Martirena

Los ejércitos nunca han servido para ayudar a la gente, sino a los ricos para derrotar a los pobres; son algo completamente inútil y uno de los peores capítulos en que los Estados derrochan el dinero

Arcadi Oliveres

BLOQUE II. SOBRE LAS FUERZAS ARMADAS.

 

Como ya advertimos en la entrega anterior, a partir de la presente nos dedicaremos a abordar, por supuesto en relación al tema de fondo que nos ocupa (el pacifismo), el papel de los Ejércitos y de las Fuerzas Armadas, tanto referidas a nuestro país como al contexto internacional. Debatiremos sobre la evolución desde las amenazas militares clásicas hasta las nuevas amenazas, y discutiremos el papel que las Fuerzas Armadas deberían desarrollar bajo la óptica pacifista. Actualmente, en la inmensa mayoría de los países, bajo un contexto como el actual, de bloques militares, de amenazas de guerra, de conflagraciones parciales en distintos continentes, de conflictos armados diversos, etc., las Fuerzas Armadas son parte imprescindible de lo que llamamos el complejo militar-industrial. Este complejo se desarrolla históricamente cuando la industria militar y de fabricación y exportación de armas necesita la propia guerra para incrementar su crecimiento (razón de ser del propio capitalismo), y los Ejércitos, evidentemente, son parte esencial del mismo. Bien, los tiempos cambian, surge un nuevo concepto de amenazas (derivado igualmente de la insaciabilidad capitalista) y necesitamos nuevos papeles y tareas para nuestras Fuerzas Armadas, cambios que deberían reflejarse en las propias Constituciones, y que alejen la visión anticuada y militarista de los Ejércitos. Desde los años 90 vienen surgiendo, auspiciados por la ONU, una serie de grupos armados cuya misión es únicamente "de paz", y que intervienen justo después de que los conflictos armados han finalizado, para ayudar a la población civil a restablecer su vida, a la nación sus infraestructuras y a la sociedad civil su organización. 

 

Pero estos famosos "cascos azules" de la ONU, en sus múltiples variantes, no ofrecen en realidad una nueva orientación de los Ejércitos, sino una serie de tareas auxiliares, enfocadas a la ayuda social y civil en la reconstrucción de zonas en conflicto. Igualmente, se han venido creando dentro de los actuales Ejércitos una serie de unidades especiales, cuyo cometido se aleja de las clásicas acciones bélicas, como en España ocurre con la UME (Unidad Militar de Emergencias), y que desarrollan tareas de auxilio y apoyo en toda clase de accidentes, catástrofes naturales o conflictos civiles. Pero como decimos, en el fondo, aún no se han desterrado de los Ejércitos su capacidad y su visión guerrera, y sus objetivos militares en la intervención de conflictos armados. Mis lectores y lectoras podrán argumentar que precisamente para eso están los Ejércitos, pero si somos coherentes con la senda pacifista, en un contexto de paz, nacional e internacional, está claro que el papel de los Ejércitos ha de ser revisado desde varios puntos de vista. ¿Cuál podría ser ese nuevo papel, y cómo podríamos llamarlo? Pues por ejemplo, podríamos aspirar a conseguir lo que en algunos países de América Latina han denominado como "la unidad cívico-militar", como una expresión que intenta describir la íntima relación que debiera alcanzarse entre el pueblo y sus Fuerzas Armadas. Para ello, como decimos, el papel de las propias Fuerzas Armadas ha de ser redefinido por completo, y aunque no pueden renunciar a su propia esencia (pues si no ya no podríamos hablar de Fuerzas Armadas), sí debemos reservar para ellas otras funciones y cometidos totalmente distintos. ¿Significa eso que los Ejércitos ya no servirán para la defensa militar de nuestros países cuando sea necesario? Nada más lejos de la realidad. 

 

Los Ejércitos seguirán preparados y listos para desarrollar sus funciones militares ante situaciones de defensa propia de la nación (invasiones de países extranjeros, declaraciones de guerra de terceros países, intervenciones militares de nuestro país en conflictos extranjeros cuando sea estrictamente necesario y bajo la tutela de una ONU más democrática, etc.). Pero es evidente que, aun manteniendo y reservando para los Ejércitos el papel clásico que estamos señalando, nuestro mundo de hoy recibe continuamente nuevas amenazas a las personas que hay que combatir, que no tienen nada que ver con las amenazas militares, donde nuestras Fuerzas Armadas podrían desarrollar papeles muy interesantes, a la vez que se reducen al mínimo imprescindible la colaboración de las mismas en conflictos armados exteriores, donde la senda del pacifismo obliga a actuar por todos los medios posibles sin recurrir a la guerra. Lo primero que tenemos que abandonar es la visión burguesa y capitalista de las Fuerzas Armadas, consideradas como parte del aparato del Estado, un Estado que posee el monopolio de la violencia y de las armas, y que está al servicio de las clases dominantes, y para el que los Ejércitos tienen un papel reservado en la defensa del territorio nacional, de la "patria" y de la soberanía. Pero detrás de estas grandilocuentes palabras, se esconden unos Ejércitos muy pegados ideológicamente al pensamiento dominante, que están diseñados y entrenados para concebir la "defensa nacional" como una defensa de las clases dominantes, de la burguesía, de los terratenientes, de los latifundistas y de los poderes gubernamentales. La senda pacifista, como senda internacionalista, pone en crisis y en debate los propios conceptos de "soberanía nacional", de "patria" y de "integridad territorial", palabras gruesas que se dan cita en casi todos los textos constitucionales clásicos. 

 

¿En qué podría consistir entonces esa "unidad cívico-militar" a la que aspiramos para nuestras Fuerzas Armadas? Pues básicamente en crear poco a poco una corriente militar contrahegemónica, capaz de romper con la clásica hegemonía burguesa sobre el papel de las Fuerzas Armadas nacionales. Los Ejércitos, en su nueva concepción, deben convertirse en un brazo armado que se sustraiga del control ejercido por la burguesía sobre el aparato militar para el ejercicio de su violencia de clase. Y ello porque históricamente, tenemos muchos casos perfectamente documentados en los cuales la reacción de los altos sectores de las Fuerzas Armadas a su utilización por los políticos (legítimos representantes del pueblo, al que las FF.AA. se deben) se ha vuelto contra el pueblo, contra el cual han perpetrado crueles masacres. Piénsese por ejemplo en el papel de una parte de nuestras FF.AA. (otra parte permaneció fiel a la Segunda República) ante el Golpe de Estado fascista del General Franco de 1936, donde el Ejército se rebeló contra el pueblo y el legítimo poder del gobierno republicano. Esas actitudes de rebelión deben estar absolutamente descartadas bajo unas Fuerzas Armadas democráticas, cuya misión principal debe estar al servicio del pueblo, para su defensa e integridad. Pero el pueblo no entendido en sentido genérico o filosófico, sino en sentido concreto, es decir, el conjunto de la población civil. Hay que crear por tanto una nueva doctrina militar para nuestros Ejércitos, que revolucione su clásico papel. Una doctrina militar despegada de los grandes bloques militares, despegada del imperialismo, despegada de su utilización por parte de los intereses de las clases dominantes, y despegada de toda intención bélica que no esté absolutamente legitimada y enmarcada en una intervención oficial y democráticamente reconocida. 

 

Ello implica también, bajo estos nuevos parámetros de la "unidad civico-militar", que nuestros Ejércitos han de convertirse en elemento plenamente soberano, esto es, la negación a la presencia de misiones y bases militares extranjeras sobre el suelo patrio, y la retirada de todas nuestras tropas de todas las alianzas militares estratéticas donde pudieran estar presentes, así como de todos los conflictos armados donde nuestros Ejércitos estén destinados. El movimiento se demuestra andando, y precisamente esta es la forma de andar bajo la senda pacifista. Y por otra parte, los Ejércitos deben procurar una estrecha vinculación cívico-militar en el trabajo social (desarrollo de tareas de protección de los derechos humanos, abastecimiento, protección civil, etc.), la formación de las Fuerzas Armadas con una orientación no represiva hacia el pueblo y no supeditada a los poderes económicos del gran capital, tanto nacional como extranjero. En las escuelas militares se debe reordenar y reorientar el programa, que además de la propia preparación militar física y teórica, nuestros futuros militares deben salir con actitudes, ideas y principios antiimperialistas, democráticos y socialistas. Si queremos la paz tenemos que prepararnos para la paz, y un paso principal para ello es reconvertir todo el clásico ideario militar basado en el belicismo y en las actitudes fascistas, de desprecio al pueblo y de apego a los intereses de la alta burguesía. Los Ejércitos deben pertenecer al pueblo en toda su dimensión. Deben obedecer al pueblo a través de los mecanismos representativos y democráticos que se habiliten en la sociedad civil, y deben luchar contra las nuevas amenazas que aquejan a nuestras sociedades, alejando fantasmas de objetivos militares, de guerras y de conflictos armados. Ello requiere, lógicamente, una retirada de ese complejo militar-industrial del que comenzábamos hablando, para dejar de ser parte del mismo, y renunciar a sus objetivos guerreros y capitalistas. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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