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30 diciembre 2020 3 30 /12 /diciembre /2020 00:00

La prostitución está dirigida por y para los varones. La prostitución es posible porque existe el poder de los hombres como clase dominante sobre las mujeres. Los pocos hombres que están en la prostitución lo están normalmente al servicio de otros hombres, e incluso cuando son las mujeres sus clientes este intercambio comercial no refleja menos las desigualdades de clase, de raza, de edad o de otras relaciones de poder entre la persona que compra y la que es comprada

Enrique Javier Díez Gutiérrez

Fijaos, queridos lectores y lectoras, hasta qué punto es cierta la cita de entradilla, que Rosa Cobo destaca lo siguiente en su texto (ya referido en las primeras entregas) "La prostitución en el corazón del capitalismo": "Una reciente investigación de la OIT y la Walk Free Foundation señala que de las más de 40 millones de personas víctimas de la esclavitud moderna en 2016, la mayoría eran mujeres y niñas (cerca de 29 millones, el 71% del total). Las mujeres representan asímismo el 99% de las víctimas del trabajo forzoso en la industria del comercio sexual y el 84% de los matrimonios forzosos, mientras que a los hombres se les explota mayoritariamente en la industria minera, pesquera o como soldados. El Informe Global sobre Trata de Personas 2016 de la ONU sostiene que la explotación sexual y el trabajo forzoso constituyen las modalidades más detectadas de trata de personas, que representa unos beneficios de 32.000 millones de euros anuales para las mafias. El lucro y las reducidas tasas de condena suponen un acicate para quienes se dedican al negocio. La mendicidad, los matrimonios forzados, la pornografía o todo tipo de fraudes se incluyen en la noción de trata, de la que según Naciones Unidas, no hay países inmunes". Es una industria globalizada, multisectorial, interconectada, con un modo de funcionamiento similar al de las grandes corporaciones capitalistas. Sus beneficios anuales superan al de varias multinacionales juntas, y como vemos, constituye la espiral más cruel y despiadada del capitalismo neoliberal. Es fundamental que todo esto se sepa, que se le dé difusión, que exista conciencia de este escandaloso fenómeno, precisamente para que sirva como efecto disuasorio fundamental hacia los "clientes" (puteros) de la prostitución, ya que sin ellos (la demanda) no existiría la oferta. En sentido general, el prostituidor o cliente consume prostitución sin querer saber que la mujer está allí bajo una coacción evidente, en una situación de vulnerabilidad extrema o en una situación administrativamente "irregular" (las comillas pretenden decir que nadie debería estar en este estado, pues ninguna persona es "irregular"). No quieren saber, no les interesa saber, no les preocupa saber. La propaganda ha vencido a la sensibilidad, a la humanidad, a la democracia y a los derechos humanos. 

 

La inmensa mayoría de los clubes de alterne actuales son pequeñas "sucursales" de la extensísima red mafiosa que les da cobertura, y por tanto, sus chicas simplemente "llegan" cada cierto tiempo desde lugares distintos, donde han sido captadas por estas redes criminales, típicamente bajo engaños y promesas de falsos empleos en los países de destino. Y como decimos, es fundamental que los hombres que acuden a la prostitución sean conscientes de esta terrible realidad, porque solo mediante una clara conciencia de este cruel hecho seremos capaces de frenar este fenómeno (aunque no sólo, como ya hemos discutido en entregas anteriores). Por tanto, nunca existe "libertad" en un burdel, nunca hay una posición de igualdad entre el cliente y la prostituta, así que no valen argumentos como que ellos (los prostituidores) le dan dinero por sexo a una mujer con necesidad en un contrato libremente establecido. Esto es una clara barbaridad. Lo que existe es una situación de poder frente a opresión, de dominancia frente a necesidad, de libertad frente a esclavitud. Resulta imposible justificar que exista un consentimiento por parte de la mujer prostituida. No puede haberlo cuando las mujeres provienen de situaciones de extrema precariedad, y además en un alto porcentaje se encuentran prácticamente secuestradas por estas redes mafiosas, que suelen además amenazar a las prostitutas a través de sus respectivas familias en sus países de origen. No obstante, como señala Rosa Cobo en su texto, no es la pobreza la única razón que conduce a que la prostitución se transforme en la industria del sexo, sino que también influyen las instituciones y organismos del capitalismo internacional (legitimando dicha aberración como negocio) y la presencia de nuevos empresarios proxenetas, que lanzan discursos "liberales" sobre el asunto, con evidentes complicidades por parte de fuerzas políticas que compran y difunden dichos discursos. Estos "empresarios del sexo" desean para sus negocios una mayor legitimidad social y una mayor seguridad jurídica, por eso persiguen la regulación de la prostitución, por mucho que saquen la defensa de los derechos de las "trabajadoras del sexo". 

 

Como venimos comentando, la tarea abolicionista choca contra multitud de intereses creados en torno a estos "negocios" del sexo, que además bajo el escenario de la globalización poseen un poderío inmenso. Pero todo ello, y así lo estamos defendiendo, no debe ser causa para cruzarse de brazos, y entrar en una política permisiva, cómplice y sobre todo cínica, pues existen multitud de medidas que se pueden tomar para hacerle la vida muy complicada a la prostitución en cualquier país, como por ejemplo España. Salvando las distancias, podríamos extrapolarlo al asunto de los paraísos fiscales, donde también podríamos pensar lo mismo: "Uf, eso está extendido por todo el mundo, aunque quisiéramos sería imposible acabar con ellos". Efectivamente, ningún país por sí mismo podrá acabar definitivamente con los paraísos fiscales, porque se necesitarán políticas conjuntas de diferentes Estados, asociaciones y organismos internacionales de carácter económico. Pero eso no es óbice para que, a nivel local, se puedan (y deban) hacer muchas cosas. En el caso que nos ocupa de la prostitución, para el caso de España (en realidad cualquier país) y tomando de nuevo las palabras de Rosa Cobo: "Lo primero es ilegalizar la industria del sexo, es decir, los clubes, los hoteles que son burdeles, los edificios o pisos que funcionan como tales, las agencias. Con ello se disuade a los proxenetas de que nuestro país es un buen lugar para invertir y blanquear su dinero. Segundo, mediante las multas, se penaliza la demanda, otra parte imprescindible. Y tercero, a la vez, hay que implementar políticas públicas para las mujeres. En España hay entre 300.000 y 100.000 mujeres en prostitución, por supuesto, las medidas para ilegalizar deben estar acompañadas de estas políticas". Es evidente que si cada país se tomara en serio este asunto, complicaríamos bastante la vida a los proxenetas, y de camino, a las redes de tráfico de mujeres que se lucran con su explotación sexual. Y a este respecto, los medios de comunicación (que en todos los asuntos poseen una gran importancia) lo que hacen (al menos los dominantes) es multiplicar el cinismo y la hipocresía en torno a este tema, retorciendo el significado de las palabras, adoptando eufemismos perversos y normalizando las explotaciones más aberrantes. Es muy evidente que si los medios de comunicación adoptaran la visión abolicionista otro gallo nos cantara, pero como sabemos, los grandes conglomerados de la comunicación son también empresas sometidas a la lógica del gran capital, al cual no le interesa esta postura. 

 

Cecilia Zamudio, una de las más brillantes críticas mundiales sobre la criminalidad del capitalismo, lo ha expresado bien claro en este artículo para el medio digital Rebelion, que vamos a tomar como referencia a continuación: "Hay una correlación directa entre empobrecimiento y prostitución; además, numerosos estudios han revelado que gran parte de las mujeres prostituidas sufrieron maltrato en la infancia y padecen Trastorno de Estrés Postraumático: "sufrieron violencia o fueron desatendidas en la niñez (...) sufren de depresión, trastornos de ansiedad y adicción en índices muy altos. La mayoría han sido violadas (...) La mayoría dice que dejaría la prostitución de inmediato si pudierar hacerlo". Esa es la terrible realidad que buscan tapar con el barniz del discurso sobre la supuesta "elección libre". No nos dejemos engañar, por tanto. No existe elección libre en la prostitución, para la inmensa mayoría de casos en la estadística actual. Para la mayoría de mujeres prostituidas, su esclavitud es la continuación y la profundización desgarradora de todos esos traumas, por supuesto bajo los mimbres de sociedades capitalistas a las que les importa bien poco el dolor ajeno. Y zanja Zamudio la cuestión de una forma absolutamente tajante: "Que la clase explotadora, los proxenetas y la derecha hagan apología de esa falacia de la supuesta "libertad de elección" es coherente con sus putrefactos intereses; pero que gente que se pretenda "de izquierda" intente presentar una brutal explotación como algo casi bucólico, demuestra una carencia de empatía y de profundidad lacerantes". El trabajo de investigación titulado "Las voces expropiadas y el lobby proxeneta" denuncia lo siguiente: "...La prostitución es un negocio de proporciones siderales. Esa es la razón por la cual la burguesía internacional proxeneta y sus instituciones están apoyando con millones de dólares anuales la legalización de la prostitución; el capitalismo quiere blanquear y sostener esos negocios. A través de la Open Society Foundation, [George] Soros ha aportado 11 billones de dólares en los últimos 30 años para la despenalización de la prostitución (...) Otro millonario que pone fondos en organizaciones pro legalización es Bill Gates". El panorama, por tanto, permite una comprensión casi total del fenómeno, de los intereses en juego y del cierre del círculo en torno al oscuro mundo de la prostitución. La propaganda del lobby proxeneta posee tanta fuerza que consigue transformar los imaginarios colectivos en relación a este asunto. 

 

Y así, los intereses de las poderosas organizaciones y personajes que existen detrás de esta trama intenta esconder la auténtica realidad de las mujeres prostituidas, que no es más que una realidad siniestra. Cito de nuevo a Cecilia Zamudio, quien describe perfectamente esa realidad: "Los defensores de la legalización de la prostitución intentan esconder, tras la fábula del "empoderamiento", el dolor de las prácticas cada vez más extremas que piden los "señores puteros", que pagan por "fiestas de violación"; intentan esconder la explotación en cadena de proxenetas, puteros, rentistas y expendedores de drogas; esconder la drogodependencia y descorporalización que se instala para disociarse del horror; esconder la realidad de las mujeres empobrecidas, empujadas a migrar y arrinconadas por la brutalidad del sistema, urgidas a conseguir el sustento para sus hijos empeñando su salud física y emocional, a la merced de sádicos misóginos que pagan por ejercer poder". Quizá no se pueda describir mejor el horror que destila este mundo de la prostitución. Esta es exactamente la realidad. No puede ser disfrazada ni tolerada. No puede ser consentida por una sociedad que se precie de ser democrática. No puede ser avalada por ningún país o Estado que suscriba y se haga eco mínimamente de los derechos humanos más elementales. No puede, simplemente, existir en las sociedades del siglo XXI. Sin embargo, existe. El capitalismo es un monstruo que posee tanta fuerza, tanto poder, en tantas vertientes (económica, política, mediática, social, cultural..) que ha conseguido no solo que existan estas perversas realidades, sino que una buena parte de las sociedades actuales las toleren. Hoy día, por tanto, hemos de asistir con estupefacción al hecho de que este tipo de explotación tan salvaje y aberrante se esté llevando a cabo en el burdel de la esquina, en aquél club de carretera...En una palabra, delante de nuestras narices "democráticas". Hoy día la prostitución se parapeta en burdeles legales, no porque lo sean ex profeso, sino porque, simplemente, no son ilegales. Pero está demostrado que allí donde la prostitución está regulada, hay más trata de personas que en ningún otro lugar. Cecilia Zamudio recoge en su artículo multitud de informes que lo avalan, así como multitud de testimonios absolutamente desoladores. Recomiendo su lectura completa. Continuaremos en siguientes entregas.

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