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16 agosto 2017 3 16 /08 /agosto /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.noalttip.org/

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Algunas poderosas corporaciones se han hecho con el poder en las "democracias" occidentales para sacrificar el bienestar de la población a la codicia corporativa y sus beneficios sin tener en cuenta a los pueblos, los países y la sociedad. El "capitalismo democrático" es total e irremediable. El TTIP concede a las corporaciones un inexplicable poder por encima de gobiernos y pueblos

Paul Craig Roberts

Llegados a este punto, después de 44 entregas anteriores de esta serie de artículos, entendemos que ya hemos explicado profusamente y con toda clase de argumentos la peligrosidad de la nueva hornada de Tratados de Libre Comercio (TLC), hemos enumerado claramente sus múltiples peligros, y hemos detallado sus innumerables riesgos, en los diversos campos de su aplicación a las políticas alimentarias, sociales, laborales, de protección intelectual, de servicios públicos, y un largo etc. Entendemos que los lectores y lectoras ya deben tener un fotografía más o menos completa de la dimensión de estas herramientas, y de cómo afectan a la práctica totalidad de las facetas de la vida humana, social y medioambiental. Bien, a partir de aquí podríamos comenzar una especie de segunda parte de esta serie de artículos, donde expongamos las alternativas. Dichas alternativas existen, y el camino general para ellas también se ha ido exponiendo sucintamente en entregas anteriores, pero es preciso exponerlas con más detalle. En este sentido, es necesario analizar cómo está constituido el comercio global, sus instituciones y sus reglas, es necesario también hablar sobre el proteccionismo (muchas veces mal entendido debido a la propaganda neoliberal y globalizadora imperante), y sobre todo, en nuestros últimos artículos, exponer las líneas generales para un tratado vinculante para las grandes empresas transnacionales, que consagre derechos para las personas pero reglas para las empresas, para finalizar exponiendo con detalle quizá la mejor y más completa alternativa a los TLC, como es el Tratado Internacional de los Pueblos. Con todo ello, no sólo nos habremos quedado en la exposición de las críticas, sino que también habremos ayudado a difundir la existencia de alternativas reales que se pueden implementar. 

 

Bien, la primera pregunta podría ser: ¿existen alternativas a los TLC? Enseguida nuestros críticos entenderán que en dicha pregunta estamos manifestándonos explícitamente contra el "libre comercio", pero ya hemos denunciado y desmontado sus mitos en entregas anteriores, a las que remito a los lectores y lectoras interesadas. No es cuestión de estar en contra del comercio, siempre que éste constituya una actividad lícita y respetuosa para los derechos humanos, de los pueblos y de la naturaleza. Sí estamos claramente en contra de la visión que sobre el "libre comercio" pretende difundirse desde los actores interesados en la aprobación de los TLC al uso de nueva generación. Frente a estos tratados, y siguiendo a Verónica Gómez Calvo, de ATTAC España  (traductora del documento "El Acuerdo Transatlántico de Libre Comercio: el ascenso al poder ilimitado de las multinacionales"), necesitamos un programa de políticas económicas que se base en la cooperación, no en la competición, y que ponga a las personas y al planeta por delante de los intereses de los grandes bancos y corporaciones. Por ejemplo, una alternativa es el ATM (Mandato Alternativo de Comercio e Inversiones), una coalición de más de 50 organizaciones europeas, que ofrece una alternativa a la agenda neoliberal, que incremente la economía y el bienestar social y medioambiental para todas las personas, es decir, globalmente. El ATM propone ser controlado democráticamente por el público y los parlamentarios, su visión se halla anclada en una comprensión holística del mundo y sus problemas, que tiene en cuenta el medio ambiente y la limitación de los recursos naturales, así como el respeto por las distintas etnias, clases y géneros, con la visión y objetivos de fomentar la justicia y la igualdad, dejando amplio margen a las comunidades para elegir libremente e integrarse en una economía global con justicia. 

 

Pero no sólo el ATM, sino que existen muchos otros movimientos y organizaciones que promueven y se interesan por una economía europea y global por el bien común, con valores y acorde con las limitaciones que la naturaleza nos impone, tales como la Economía Solidaria, la Economía del Bien Común, los defensores de los pro-comunes y los servicios públicos, etc. Necesitamos darnos cuenta, argumenta Verónica Gómez Calvo como una aportación a su traducción del referido documento, "de que el cambio que transforme las vidas de millones de personas sólo será posible si ponemos por delante la salvaguarda y el bienestar de las personas y el planeta, incorporamos la dimensión ética a la economía, y desarrollamos estructuras que posibiliten una democracia que además de representativa, sea también participativa (ciudadana) y directa, de manera que el último control de las decisiones políticas lo tenga el pueblo, empoderando a éste como sujeto político, con voz y voto real, de manera que el sistema económico se halle bajo control democrático y sea obligado a funcionar por todas y cada una de las personas que habitamos el mundo y por este planeta que no es sólo nuestra casa, sino la madre naturaleza que acoge y prolonga la existencia de la especie humana". Ese es por tanto el objetivo final, lo cual supone, evidentemente, girar 180 grados sobre la dirección de los tratados de libre comercio actuales, para recomenzar sobre una mirada ecológica, defensora de los derechos humanos, de la cooperación, de la solidaridad, de la igualdad, de la sostenibilidad, del respeto hacia los recursos naturales, y de la autonomía, independencia y soberanía de los pueblos. Por este camino es por donde hay que buscar las alternativas a estos aberrantes tratados. La única globalización que ha de respetarse y promocionarse es la de los derechos humanos, de los pueblos y de la naturaleza. Este es el horizonte, y la única salida al colapso civilizatorio al que estos tratados nos conducen. 

 

Pongamos en debate lo fundamental. Y así, en vez de dar por hecho que lo que es bueno para el comercio y los negocios lo es para todo el mundo (ya hemos desvelado los verdaderos objetivos de los actores económicos transnacionales que mueven los hilos de los tratados), se deben estudiar de forma pormenorizada todos los impactos sobre la sociedad y el medio ambiente. Pero este nuevo enfoque, radicalmente distinto, supone también dejar de mirar bajo el enfoque neoliberal, es decir, supone abandonar el prisma de los intereses empresariales, suponer poner límites y regular (en vez de hacer lo contrario), poniendo otros intereses en juego, otro orden de prioridades, otros valores y otros principios. Y entonces, si adoptamos esta otra visión, nos daremos cuenta de que el único acuerdo comercial aceptable sería uno que permitiese construir un futuro mejor mediante el apoyo a las economías y los empleos locales (seguros, estables y de calidad), un medio ambiente más limpio, y una buena y amplia protección social. Un acuerdo que se centre en el interés de las personas y el planeta, por encima de los intereses de los inversores y los grandes negocios. Un acuerdo basado en una total transparencia y rendición de cuentas, tanto en el proceso de negociación como en su fase de funcionamiento. Es imprescindible que la ciudadanía y las organizaciones de la sociedad civil puedan realizar un seguimiento y participar en lo que se negocia y acuerda. Y por otra parte, que las empresas y los inversores sean responsables de sus impactos sobre las personas y el medio ambiente, aceptando que los procesos productivos han de estar sometidos a escrupulosas normas de sostenibilidad y respeto al medio ambiente y a los recursos naturales. Básicamente, como estamos comprobando, justo lo contrario de lo que los TLC actuales negocian y propugnan. 

 

Pero no seamos ingenuos ni nos engañemos: diseñar, proyectar y aprobar estas herramientas o tratados alternativos requiere previamente una nueva orientación del poder, así como de los agentes y actores negociadores de los mismos. Ello conlleva que dejen de ser la Comisión Europea, los lobbies empresariales, el FMI, el BM, la OCDE, el G8, el G20, el Club Davos, la Trilateral o el famoso Club Bildelberg (por citar sólo unos cuantos de estos actores) los que estén al frente de estos tratados, sino que comiencen a tener relevancia las organizaciones de la sociedad civil, los sindicatos, las asociaciones de consumidores, los parlamentarios, las asociaciones vecinales, los gremios profesionales, las asociaciones sectoriales, los Gobiernos y, sobre todo y en última instancia, los pueblos mediante su empoderamiento. También en este sentido, los organismos reguladores internacionales tienen que ser otros, destacando los organismos dependientes de la ONU (FAO, OIT, UNESCO, UNICEF...), así como las organizaciones no gubernamentales (ONG's) que destacan en sus trabajos, estudios e informes en sus respectivos campos de actuación. Al modificar los actores intervinientes, será posible ya comenzar a proponer cambios, alternativas y medidas que vayan enfocados hacia otros objetivos diametralmente opuestos a los de los actuales TLC. Y todo ello va a depender de la presión ciudadana, de que seamos capaces primero de estar convencidos, y de convencer a los demás, y de llevar a cabo todo tipo de actos masivos de protesta pacífica, así como de movilizaciones populares que sean capaces de revertir las normas de la política y de los actores que protagonizan y dictan las reglas del comercio internacional. Sólo así será posible que los enfoques y los objetivos vayan cambiando, se vayan reorientando, y vayan adoptando otras prioridades absolutamente distintas, a favor de la ciudadanía, y en detrimento de beneficios empresariales. Continuaremos en siguientes entregas.

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Published by Rafael Silva - en Política
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