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20 noviembre 2020 5 20 /11 /noviembre /2020 00:00
Contra la demonización de EH Bildu

Si esto tuviese que ver con la dignidad, PP y Vox llevarían en sus estatutos la condena a los crímenes del franquismo y los barones del PSOE se cuidarían mucho de aparecer junto al presidente bajo cuyo mandato se ejerció terrorismo de Estado

Gerardo Tecé

Hace casi diez años que ETA no existe. Sin embargo, para una buena parte de nuestros políticos, ETA sigue estando en el tablero, mejor dicho, sus herederos. Otra vez Bildu. Otra vez la izquierda abertzale (ahora Bildu, antes Sortu, antes Batasuna…). Les da igual el nombre, porque para la derecha política, social y mediática de este país, así como para el sector más conservador del PSOE, la izquierda abertzale siempre es y será “heredera” de ETA. Les da igual que la banda terrorista no atente desde hace 10 años, les da igual que los abertzales hayan entrado al terreno democrático, les da igual que precisamente el partido al que demonizan fuese pieza principal justamente para que ETA dejara de matar…Todo les da igual, porque la consigna es seguir demonizando a la izquierda abertzale. Si dentro de 20 años surge otro partido en su ámbito, con otro nombre, ellos seguirán argumentando cansinamente que “tienen que pedir perdón”, que tienen que condenar los atentados (aun cuando lo hayan hecho cientos de veces), y les seguirán excluyendo del juego democrático…Así es nuestra derecha, y el sector más conservador del PSOE. No ha habido entrevista, en cualquier medio informativo, a Arnaldo Otegi (un dirigente político al que vulneraron sus derechos, como reconoció el Tribunal Europeo de Derechos Humanos), donde no se le invite casi exclusivamente para preguntarle: “¿Usted condena los atentados de ETA?”, a lo que el dirigente abertzale ha contestado (harto de tener que entrar al trapo) que ellos han hecho algo mucho mejor, como es intervenir para que precisamente la banda terrorista dejara de matar. Pero todo es inútil. Si mañana vuelve a ser entrevistado, le volverán a hacer la misma pregunta. Jamás he escuchado a los periodistas preguntarle a Otegi por su programa electoral, por sus medidas para tal o cual aspecto, por su opinión sobre tal o cual problema, sólo les ha interesado invitarle para que condene públicamente los atentados de ETA.

 

Pero vayamos a los hechos recientes: en entrevista a un medio de comunicación, Arnaldo Otegi anuncia hace pocos días que su formación política está dispuesta, cuando llegue el momento, a proporcionar apoyo a los Presupuestos Generales del Estado presentados por el Gobierno de coalición, y este simple hecho, de plena normalidad democrática, levanta las más oscuras pasiones: una parte de los llamados “barones” regionales del PSOE, junto a algunos líderes históricos del partido, manifiestan su rechazo a dicho “acuerdo” (sin existir dicho acuerdo, que esa es otra); Emiliano García-Page afirma que “lo de Bildu no tiene un pase”, y en la misma línea se manifiestan Javier Lambán y Susana Díaz (“lo único que espero de este partido es que pida perdón a los españoles”), Alfonso Guerra (“ese acuerdo es despreciable”), Juan Carlos Rodríguez Ibarra, y demás dinosaurios que se dicen “socialistas” en un claro insulto a la inteligencia (de los que la poseen, claro está). Podríamos incluso entender las críticas de la derecha, pero no entendemos en absoluto las críticas de cierto sector del PSOE (un partido distópico que dice ser republicano pero adora la monarquía, y que dice ser socialista pero adora el capitalismo), concretamente las opiniones de estos dinosaurios del partido, que debieran haberse marchado ya al PP hace tiempo, donde cuadran mejor sus ideas, valores y mensajes. Lo cierto es que estos viejos dirigentes conservadores están haciendo mucho daño al partido, y están poniendo en serios aprietos a la dirección actual, que se limita a esquivar cada golpe (Adriana Lastra ha tenido que poner un poco de orden, diciendo que “siempre escucha con atención a los mayores, pero que ahora es una nueva generación la que dirige el país y el partido”. No se puede decir más claro. A ver si se dan por aludidos).

 

Por su parte, la derecha y la ultraderecha siguen implacables en la tarea de acoso y derribo, destacando lo que para ellos sigue siendo el trasfondo filoetarra de Bildu: “Todo el mundo sabe que Bildu es el brazo político de ETA” (Iván Espinosa de los Monteros dixit). ¿Qué ocurriría si por ejemplo alguien en Irlanda dijera que alguna formación “es el brazo político del IRA”? Seguramente las risas en el Parlamento serían sonoras. Y para Pablo Casado, “el PSOE ha cruzado una línea negra”, y habla de “acuerdo infame e inmoral”, ignorando cuando José María Aznar negoció y pactó con los partidos de la izquierda abertzale de su época, e igualmente acercó presos etarras a las cárceles del País Vasco. La hipocresía es tan gigantesca que es inconcebible que no se les caiga la cara de vergüenza. Habría que responderle a Pablo Casado que lo que todo el mundo sabe es que acercar presos a cárceles de su territorio es, simplemente, cumplir y respetar la ley. E igualmente habría que hacérselo saber a algunos miembros reaccionarios de la Asociación de Víctimas del Terrorismo (AVT), los cuales, con su política de la venganza, también ignoran la ley e instan a que se vulneren los derechos humanos, al criticar los traslados de presos etarras a cárceles cercanas a su residencia.

 

La ideología de Bildu, más de izquierdas que muchos de los que se dicen de izquierdas (su programa electoral para las elecciones vascas de 2020 puede descargarse desde este enlace), es todo un ejemplo de coherencia y un referente para la izquierda internacionalista del siglo XXI. Dejemos, pues, las cosas claras: ETA ya no existe, ni mata, ni secuestra, ni extorsiona, ni se está reestructurando, ni posee influencia en ninguna formación política, pero los partidos de la derecha necesitan a ETA para eternizar el conflicto armado vasco, para seguir trayendo a colación los muertos y los heridos, cuando son los mismos que nunca han condenado los muertos y los heridos (y exiliados, y perseguidos, y mutilados, y trabajadores forzosos,  y expoliados, y muertos por hambre, etc.) del franquismo. Argumentan que ETA ha asesinado a más de 800 personas, pero nunca dicen que el franquismo eliminó a cientos de miles. Por tanto, denunciemos esta perversa hipocresía y rompamos una lanza para terminar de una vez por todas con todo este absurdo proceso de demonización de EH Bildu, reconozcámosla como un actor muy interesante de la izquierda, y dejemos atrás injustas y trasnochadas valoraciones relacionadas con la existencia en el pasado de una organización terrorista. Bildu es el presente de la izquierda nacionalista vasca, y como tal debe ser valorada. Bildu exige a su militancia no solo el rechazo a todo tipo de violencia, sino además un compromiso ético por escrito, reflejando la oposición de todo dirigente/militante a cualquier vulneración de los derechos humanos. Bildu es un partido democrático. Bildu ha sido votado por una porción muy significativa del pueblo vasco, lo que ocurre es que a muchos no les gustaría que esas personas (y sus ideas) existieran. Pero la democracia es lo que tiene.

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