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8 febrero 2012 3 08 /02 /febrero /2012 00:00

Hace pocos días se produjo la primera comparecencia del nuevo Ministro de Justicia, Alberto Ruiz-Gallardón, ante la Comisión de Justicia del Congreso, y allí expuso sus planes a corto y medio plazo para su Ministerio. La impresión general es que el señor Gallardón rompió con su ya clásica imagen de moderación, para ofrecernos una muestra del más puro estilo reaccionario y conservador del ideario de su partido político.

 

gallardon.jpgBásicamente, abordó varias cuestiones de reforma que vamos a enumerar a continuación, donde sale a flote la visión rancia, conservadora, machista y populista de que hace gala el Partido Popular para ciertos asuntos. Veamos los temas uno por uno:

 

1.- Reforma de la Ley del Menor, en el sentido, según indicó el Ministro, de aquéllos procesos penales donde intervengan a la vez mayores y menores de edad, para enfocarlo todo como un proceso general, sin distinciones, aunque (según sus propias palabras) sin merma ni menoscabo de los derechos de los menores. Nos parece que obedece a posiciones populistas y a gobernar en caliente, a golpe de noticia, más que a argumentaciones de peso y fundamentadas.

 

2.- Prisión Permanente Revisable, otro gran paradigma de la derecha, ya expresado otras veces, que obecede a un completo absurdo, intentando dar la imagen de que tenemos graves problemas de delincuencia, cuando no es así, y de que una solución a ello es el endurecimiento de las penas, cuando nuestro Código Penal ya es lo suficientemente duro. Aunque se planteó por parte del Ministro como una pena excepcional ante casos que provoquen "gran alarma social", pensamos que se rompe la propia naturaleza constitucional de la privación de libertad, encaminada siempre a la reinserción social del reo.

 

gallardon2.jpg3.- Reforma de la Ley del Aborto, quizá lo más sangrante y de más calado, pues se trata de atender a una visión conservadora y machista de la mujer, diríamos incluso infantilizada, que la relega y la hace depender del consentimiento de sus padres, si son menores de edad, cuando tengan que decidir sobre su derecho a interrumpir libremente su embarazo. Se da la paradoja de que nuestro Código Civil contempla la madurez de una chica con esas edades (16-17 años) para contraer matrimonio, para decidir ante una grave intervención quirúrgica, y para otros casos, pero sin embargo, se le pretende anular en este caso su propia capacidad de decisión. Desde la izquierda nos parecen lamentables este tipo de planteamientos, que nos hacen retroceder en los derechos ya conquistados, y en los avances hacia el aborto libre y la plena capacidad de decisión de la mujer sobre su cuerpo.

 

Quiero añadir también a este respecto que desde la izquierda no compartimos la actual Ley de plazos de Interrupción del Embarazo del PSOE, porque sigue incluyendo el aborto como delito en el Código Penal, para algunos supuestos. Apostamos por una ley que garantice el aborto libre, realizado en la sanidad pública y por su despenalización total, por la puesta en vigor de aquellas disposiciones administrativas y sanitarias que garanticen su realización y por la regulación de la “objeción de conciencia”, en definitiva, apostamos por el reconocimiento del derecho efectivo a la salud sexual por ley en el marco de la salud pública.

 

gallardon3.jpg4.- Reforma en el sistema de elección de jueces en el CGPJ, eliminando completamente las coutas de partido, y haciéndolas depender de las decisiones de las propias asociaciones judiciales. Aunque desde la izquierda también estamos en la idea de despolitizar la justicia en la medida de lo posible, nos parece una grave vulneración del principio constitucional y democrático de que la justicia emana del pueblo, y éste tiene su representación soberana en el Congreso de los Diputados.

 

5.- Implantación de nuevas tasas en los trámites judiciales, que van en la línea de tener que abonar los ciudadanos una nueva tasa en la segunda vía, para algunos tipos de recursos administrativos y penales, encareciendo el precio de la justicia, alejándose de la visión y del cariz de servicio público que ha de tener, y creando una justicia a dos velocidades, una para los que dispongan de recursos económicos, y otra para los que no.

 

gallardon4.jpgComo vemos por tanto, todo un corolario de medidas que inciden en una Administración de Justicia más alejada del ciudadano, con medidas más populistas o que restan derechos ya adquiridos, junto a la ausencia de grandes reformas que sí se podrían (y se deberían) abordar en el Ministerio de su titularidad, tales como la reforma para la modernización de la Justicia (con más dotaciones tecnológicas, más medios, y mayor conexión entre las instancias administrativas), la desaparición de Tribunales obsoletos (como la Audiencia Nacional o los Tribunales Militares), la simplificación de algunos procesos administrativos y penales, para fomentar la imagen y el funcionamiento de la Administración de Justicia como un servicio público ágil y transparente, de calidad, y cercano a la ciudadanía, potenciando igualmente el Turno de Oficio.

 

Todo esto es a lo que podría orientar el Ministro Gallardón su gestión, en vez de a los puntos antes indicados. Visto lo cual, yo me pregunto a estas alturas...¿Y para esto tenía Ruiz-Gallardón tanto interés en formar parte del Gobierno de Mariano Rajoy? Pues para esto se podría haber quedado donde estaba, en la Alcaldía de Madrid, empeñado en sus políticas de grandes eventos, y aumentando la deuda de su Ayuntamiento. Creo que al final va a terminar su gestión con una peor imagen que la que tenía, pero se lo habrá ganado a pulso.

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7 febrero 2012 2 07 /02 /febrero /2012 00:00

Habíamos dejado adelantado desde el artículo anterior, que a partir de esta séptima entrega de la serie sobre Filosofía y Política del Trabajo comenzaríamos a abordar algunos otros conceptos que tienen que ver con todo lo que estamos exponiendo, tales como la competitividad y la productividad, aspectos que tantas veces son usados hoy en día como argumento y excusa para la implantación de las políticas neoliberales y conservadoras que se están aplicando.

 

competitividad.jpgTécnicamente hablando, la competitividad se define como la capacidad que tiene un determinado país para vender sus propios productos en los mercados internacionales, en oposición a la capacidad de otros países competidores. Así por ejemplo, si España consigue vender sus productos (de una gama, especialidad o categoría concretos) a un precio de 10 euros la unidad, mientras que el resto de países consiguen vender esos mismos productos (o similares) a 5 euros, concluimos que España es menos competitiva que el resto de países. Dicha circunstancia se traducirá en que exportará menos productos, ya que los ciudadanos preferirán comprar los productos que cuestan 5 euros, frente a los que cuestan 10 euros.

 

Ahora bien, esta situación puede verse en un contexto microeconómico o macroeconómico, con consecuencias diferentes. En un sentido microeconómico, esas empresas españolas que no pueden vender sus productos (porque los de la competencia lo hacen a menores precios) correrán el riesgo de disminución de su actividad e incluso de quiebra, y por tanto, siguiendo la lógica que ya hemos marcado en anteriores artículos, procederán al despido de trabajadores, con la consiguiente destrucción de empleo. Pero en un sentido macroeconómico, y debido a que las exportaciones forman parte del PIB (Producto Interior Bruto, o conjunto de la riqueza de un país), se argumenta también que menos exportaciones suponen un menor crecimiento económico, que también llevará consigo el decaimiento del empleo.

 

Explicado así, se puede observar que el elemento diferenciador está en el precio de venta de los productos. Diríamos que España es menos competitiva porque, como aparece en nuestro ejemplo, vende el producto el doble de caro que el resto de países, y eso hace que la gente prefiera comprar el producto de los competidores antes que el producto español. La solución planteada por los neoliberales no deja lugar a equívocos: es necesario que los productos se vendan más baratos, y para ello es imprescindible que los costes de producción se reduzcan, por lo cual el salario, que es uno de dichos costes, tiene que rebajarse. Y tiene que hacerlo al menos hasta el punto en que permita que los productos se puedan vender competitivamente, es decir, hasta que se puedan vender igual o más baratos que los del resto de países. De ahí que el salario de los trabajadores sea siempre para ellos un gran caballo de batalla.

 

Sin embargo, si lo pensamos mejor, hay muchos interrogantes en este planteamiento que hacen tambalearse las conclusiones neoliberales. Como acabamos de exponer, los neoliberales consideran que el salario es un coste, y además el más importante a la hora de determinar los precios. Parten de la interpretación individual de un empresario aislado X, para el cual (idealmente) cuanto más bajos estén los salarios menores costes soportará, y por tanto, mayor capacidad tendrá para disminuir los precios. Nota inciso: aplíquense estos mismos razonamientos para los servicios públicos que en general prestan las Administraciones, y se comprenderá mejor que para los neoliberales todo son mercancías que se compran y se venden, bajo una filosofía de coste, nunca de inversión, y por supuesto, mucho menos de protección social.

 

coste_salarial.jpgContinuando con su razonamiento, podría aceptarse que a los empresarios considerados individualmente les interese que los salarios de sus trabajadores sean lo más bajos posible (aunque eso quizá pueda suponer la renuncia al incremento de productividad que puede llevar consigo una plantilla de trabajadores más satisfecha por disfrutar de mejores retribuciones, pero ellos, torpe e insensiblemente, tampoco suelen considerar este factor). Pero si esos empresarios son mínimamente inteligentes, estarán interesados también en que los salarios de los trabajadores del resto de empresarios, sean lo más altos posible, situación a todas luces absurda e irreal.

 

La explicación de esta paradoja es bien sencilla, y vamos a explicarla, por si a algún lector se le escapa: si bien el salario puede ser considerado un coste a nivel microeconómico, a nivel macroeconómico es también un componente fundamental de la demanda, es decir, de la capacidad de consumo de una economía. Si los salarios bajan para todos los trabajadores, entonces la capacidad de consumo global también será mucho menor, y los empresarios tendrán menos posibilidades de vender todos los productos o servicios que fabrican.

 

Y esta paradoja sirve también para explicar un hecho bien conocido de la historia económica: cuando una economía entra en crisis, se producen despidos, y por tanto, también se reduce la capacidad de consumo global, porque muchos de los trabajadores que disponían de salarios, dejan de tenerlos. Con menor capacidad de consumo globlal, las empresas venderán menos, y entonces, tendrán a su vez que despedir trabajadores, o bien bajar sus salarios para mantenerse a flote. Como cualesquiera de esas dos opciones también produce un nuevo descenso de la capacidad de consumo, entramos en un círculo vicioso de despidos y caída del consumo que durará hasta que la economía pueda reactivarse mediante mecanismos externos, tales como la actuación del Estado, o la formación de conflictos o guerras, que provocan éxodos de población, y por tanto, una movilización masiva de los recursos.

 

Podemos tomar el ejemplo histórico ocurrido durante la Gran Depresión de la década de 1930, donde se pudo comprobar cómo ese círculo vicioso amenazó con destruir definitivamente la economía mundial, y los economistas aprendieron (parece que más inteligentemente que los actuales) muy bien la lección. Por esa razón, por ejemplo, promovieron planes de estímulo público que tenían como objetivo proporcionar de forma masiva empleo a los trabajadores, a fin de que sus sueldos sirvieran para comprar los productos de las empresas que estaban sin poder vender, rompiendo de esta forma la diabólica espiral. Además se establecieron medidas de la misma filosofía, tales como aumentar el salario mínimo o establecer prestaciones por desempleo, medidas que no sólo reducen los problemas sociales, sino que además mitigan los efectos perjudiciales de la caída del consumo, ya que aunque los trabajadores pierdan el salario, siguen recibiendo dinero del Estado que volverá a las arcas públicas de la economía por el lado del consumo.

 

Y hoy por hoy decididamente, y bajo las mismas premisas, un plan de estímulo público de la economía es lo que debería emprender un gobierno mínimamente inteligente y sensible con su ciudadanía, aunque tuviera que endeudarse hasta las cejas, pero en vez de eso, los ineptos que nos gobiernan están obsesionados con la rebaja del déficit y de la deuda pública, que parece haberse instalado como un tótem ideológico, un pilar irrenunciable, y no se preocupan ni parece que se quieran enterar de que mientras hacen eso, irremediablemente miles y miles de ciudadanos siguen diariamente engordando las listas del paro, y miles de empresas tienen que cerrar, porque ya no pueden mantenerse a flote. No hay más ciego que el que no quiere ver. Continuaremos en el próximo artículo.

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6 febrero 2012 1 06 /02 /febrero /2012 00:00

Hace pocos días nos enteramos por fin del veredicto que el jurado popular emitió en el caso del juicio por los trajes a Francisco Camps y Ricardo Costa, y la verdad es que el resultado fue de lo más sorprendente. Ya sabemos que es totalmente lícito en los casos en que existan dudas razonables exculpar a los acusados en un proceso, lo que me pregunto es cómo podrían caberles dudas razonables a este jurado, después de las pruebas aportadas durante el juicio, sobre todo despues de la escucha de las diversas conversaciones telefónicas entre los acusados y los implicados en la trama de corrupción.

 

camps.jpgMe causa una tremenda vergüenza ajena, el contemplar hasta qué punto de bajeza moral pueden llegar unos gobernantes al más alto nivel, implicados en supuestos negocios con gente tan indeseable, y la camadería con la que se trataban, y los tipos de comentarios que hacían, para que después de oir todo eso, el jurado emita una valoración donde diga que lo único que quedó probado fue la "relación comercial" entre ambas partes. Me causaba auténtico estupor el escuchar el grado de chulería y prepotencia de que hacían gala por ambas partes, lo cual demostraba qué grado de corrupción y de ilícitas influencias existía en dicha trama.

 

Pero lo más gracioso de todo, es cuando sale Dolores de Cospedal, el hada madrina del PP, y declara que "ahora quien rehabilita la imagen pública de dos ciudadanos españoles de bien", declaraciones que todavían me asquean más que el propio juicio. Pues tengo que contestarle, señora De Cospedal, que no los rehabilita nadie, simplemente porque no pueden rehabilitarse. Camps y Costa son (o deberían ser) dos auténticos cadáveres políticos, porque aunque puedan librarse de la vía penal por jurados que sólo ven "relaciones comerciales" entre ellos y la trama corrupta del Gürtel, la verdad es que la responsabilidad política está ahí, y no se pueden ni se podrán nunca librar de ella.

 

Tomando las palabras de Marga Sanz, Coordinadora General de EUPV, "no se puede confundir la responsabilidad penal con la política. Camps está inhabilitado políticamente desde hace mucho tiempo, no sólo por los casos de supuesta corrupción en los cuales se ha visto salpicado, sino también por la desastrosa gestión que ha conducido a la ruina al País Valencià, y por eso seguiremos pidiendo su dimisión como cargo público una y mil veces”. Suscribimos una y mil veces sus palabras, pero no ya sólo la gente de izquierdas, oposición al régimen populista de Camps, sino todo ciudadano de bien, señora De Cospedal, debería repudiar a este señor y a toda esta trama, e inhabilitarlo para cargo público en los próximos 170 años.

 

cospedal.jpgEfectivamente, una cosa es que su conducta pueda no ser castigable penalmente (opinión con la que difiero, pero que evidentemente hay que respetar), y otra cosa muy distinta es que no sea despreciable política y éticamente. Y este es el auténtico fondo de la cuestión, al margen de que la justicia absuelva a Camps de un delito de cohecho pasivo impropio. El juicio, para toda persona de bien, Señora De Cospedal, ha evidenciado la existencia de una red de favores corrupta en favor de una camarilla de impresentables que se lucraban y que presuntamente financiaban al PP valenciano. Y esto es lo importante.

 

Desde la izquierda nos preocupa la terrible deriva que estamos sufriendo en nuestra actual sociedad en la elevación del listón con respecto a la tolerancia a la corrupción, la valoración social que se hace de la misma, nos preocupa la distancia entre la ética, la justicia y la política, nos preocupa que se conviertan en algo "normal" conductas de este tipo, nos preocupa que dichos comportamientos se justifiquen, se comprendan, se amparen y hasta se alienten, y que el modelo implantado de la corrupción se vea considerado como lícito entre la ciudadanía. Nos preocupa mucho, aunque ya sé que a usted no, Señora De Cospedal.

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3 febrero 2012 5 03 /02 /febrero /2012 00:00

Bien, pues continuando con nuestra serie de artículos donde estamos proponiendo nuestros enfoques y visiones sobre el mundo laboral, para enfrentarlas a los modelos neoliberales, vamos en esta sexta entrega a proceder exactamente a eso: a ofrecer nuestras alternativas a dicho modelo, que creo ha quedado suficientemente claro en sus planteamientos, aunque volveremos sobre algunos aspectos en posteriores artículos.

 

Desde la izquierda, pensamos que hay que cambiar nuestra forma de producir y de competir en los mercados para recuperar la renta salarial, y por tanto, la demanda de la que dependen las empresas que crean empleo; hay que eliminar el privilegio que tienen la actividad especulativa y las rentas financieras, que impiden que esas empresas (las PYMES, cuyo tejido productivo crea del orden del 80% del empleo total) dispongan de la suficiente financiación, y hay que reequilibrar el poder de los diferentes grupos sociales.

 

En nuestra opinión, el horizonte al que debemos dirigirnos para poder crear empleo decente, estable y de calidad es aquél que permita crear un contexto (legal, normativo, regulatorio, pero también social) a las empresas que desincentive su gestión mercantilizada del trabajo (la única visión que ellas tienen del trabajo humano, como ya hemos comentado), cuyo ejemplo paradigmático es el de aquéllas empresas (cada día nos enteramos de noticias en este sentido) que justo cuando obtienen miles de millones de beneficios, es cuando se deshacen de más empleados.

 

Quiero hacer un inciso en este punto para abordar con más calma la opinión que me merecen tales empresas: es decir, aquéllas que tienen como dinámica de funcionamiento el contratar a mucha fuerza laboral para poder producir muchos bienes y/o servicios que le den bastantes beneficios, y una vez que los tienen, en vez de hacerlos repercutir en sus propias plantillas, lo cual a su vez redundaría en su propia capacidad de consumo, y en última instancia en la propia sociedad (además de en su propio grado de satisfacción laboral), lo que hacen es aprovecharse de lo que les permite la normativa laboral vigente (de ahí que pretendamos que se cambie para que se vuelva más rígida con estos "empresarios").

 

¿Qué hacen entonces estos gestores desalmados? Pues despedir a un grueso de su plantilla, enviándolos al paro o a períodos de inactividad, para que sea el herario público el que tenga que encargarse de mantenerlos, y así ellos adelgazar temporalmente sus costes laborales, o bien (lo que es más grave todavía), proceder a deslocalizarse (cambiar sus sedes o sucursales a otros países), para poder contratar mano de obra más barata. Pensamos que no sólamente el marco normativo debiera endurecerse para no permitir tales prácticas, sino que tales gestores deberían considerarse como delincuentes en nuestra sociedad, y poder aplicarles el Código Penal.

 

Bien, continuando con nuestras propuestas, pensamos a grandes rasgos que:

 

1.-  Se debe fomentar y facilitar una gestión del empleo en función de la demanda social de bienes y servicios que exista en un momento dado, y no de la exigencia de rentabilidad privada.

 

2.- Hay que incluir la urgente suspensión de todas las últimas reformas laborales que se han puesto en marcha.

 

3.- Acabar con todas las normas que han institucionalizado la precariedad laboral.

 

4.- Adoptar medidas para combatir el trabajo informal y el de tiempo parcial no deseado (o impuesto por razones de género por insuficiente impulso de las políticas de igualdad).

 

5.- Incentivar el empleo indefinido.

 

6.- Disminuir el tiempo de trabajo, facilitanto así el reparto del mismo dentro de las empresas.

 

7.- Establecer mecanismos de restitución social (para los empleados afectados) y penalización a las empresas innecesariamente destructoras de empleo.

 

8.- Aumentar el salario mínimo (como propusimos en un artículo anterior, al menos hasta llegar al 60% del salario medio).

 

9.- Garantizar rentas mínimas durante todo el período de desempleo.

 

10.- Reconocer y mejorar la ecología en el mundo del trabajo.

 

Pensamos, por fin, que el trabajo no puede ser únicamente un instrumento para conseguir los fondos con los cuales realizarse a uno mismo a través del consumo. El trabajo en sí es determinante de la calidad de vida de la ciudadanía, tal y como muestran los estudios realizados sobre las causas de la longevidad de la población, que confirman que la variable más importante para explicar los años de vida que alcanza una persona, es su grado de satisfacción con el trabajo realizado a lo largo de toda su vida.

 

De ahí la gran importancia de que se creen puestos de trabajo que permitan desarrollar la enorme creatividad y la capacidad de goce que las personas tienen en su vida cotidiana. El hecho de que todo este potencial se inhiba mediante la total mercantilización de la actividad laboral nos muestra la imperiosa necesidad de cambiar las relaciones de poder en nuestra sociedad, concediendo mayor protagonismo a la población trabajadora en el diseño de su vida laboral. En el próximo artículo de esta serie comenzaremos a discutir los conceptos de competitividad y productividad, tan usados actualmente, y los diversos enfoques que ofrecen.

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2 febrero 2012 4 02 /02 /febrero /2012 00:00

Recuperamos aquí, después de las prisas en la publicación de artículos políticos por las acuciantes citas electorales, la serie de artículos que estamos publicando sobre la llamada Inteligencia Emocional, de la cual ya habíamos publicado las seis primeras entregas, estudiando y comentando diversos aspectos sobre la misma. Vamos a ocuparnos en esta séptima entrega, siguiendo el estudio publicado por la Doctora Consuelo Vázquez, de la clasificación de las emociones, al menos en su introducción, para hablar más a fondo sobre las mismas en siguientes artículos.

 

emociones_basicas.jpgComo hemos venido explicando en anteriores artículos de esta serie, estudiar las emociones implica entrar en un campo en el que se ha comenzado a realizar estudios serios muy recientemente, y por tanto, se trata de una esfera del conocimiento donde prevalece la oscuridad sobre la luz. Si de antemano hemos visto cómo resulta difícil definir las emociones de forma más o menos aceptada por la mayoría de la comunidad científica, no resulta difícil imaginarse lo complicado que es encontrar una clasificación de las mismas que atienda a criterios de unanimidad y aceptación por parte de los académicos.

 

La Doctora Vázquez atiende a los mismos criterios taxonómicos que expresa el gurú Daniel Goleman en su consabido texto "Inteligencia Emocional", y a la explicación breve de otras teorías de clasificación de las emociones. Para Goleman, respaldado por buena parte de la comunidad científica, existen ciertas emociones que podrían establecerse como primarias (algo así como el azul, el rojo y el amarillo en los colores), a partir de las cuales y con una serie de combinaciones de mayor o menor intensidad de las mismas, se descuelgan el resto de las emociones del ser humano.

 

Esta categorización de nuestras emociones se sostiene en los estudios realizados por Paul Ekman en este campo, y es que este científico fue revelador de la existencia de cuatro expresiones faciales reconocibles por personas pertenecientes a diversas culturas del mundo. Fue por tanto a partir de este descubrimiento de la universalidad de ciertas expresiones faciales, cuando se consiguió afirmar que las emociones ligadas a ellas también debían pertenecer al conjunto de la emocionalidad básica de todo ser humano, y por tanto, debían representar emociones universales enclavadas en el sistema nervioso central, y por ello, consideradas primarias.

 

emociones_basicas2.jpgPero fue el mismo Charles Darwin como precursor de parte de estas ideas, el primero que consideró como una evidencia real el que hubiese ciertas emociones que debieran estar impresas en nuestro sistema nervioso central por lo que él denominó las "fuerzas de la evolución". Y a partir de todo esto, se destaca la conveniencia de pensar en las emociones en términos de familias (al igual que muchas otras clasificaciones taxonómicas empleadas en otros campos del saber), considerando a las principales familias (emociones básicas) como casos especialmente reveladores de los infinitos matices que posee y donde se manifiesta nuestra vida emocional.

 

Por todo ello, se hace necesario nombrar y explicar las reacciones fisiológicas y mentales adjuntas a estas emociones básicas o primarias, que según todos estos estudiosos, se conforman como fundamentales en nuestra vida emocional, y que son las siguientes (las trataremos con más detalle en el próximo artículo): Alegría, Amor, Desagrado, Ira, Miedo, Sorpresa, Tristeza y Vergüenza.

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1 febrero 2012 3 01 /02 /febrero /2012 00:00

Como nos quedamos comentando en el artículo anterior, no hay relación demostrable entre la existencia de un marco normativo laboral más o menos flexible o rígido, y el mayor o menor volumen de empleo o desempleo que se pueda producir. Ningún estudio serio ha avalado esta supuesta interrelación.

 

Y sí en cambio muchos estudios han demostrado (y hasta el sentido común lo ratifica) que lo que realmente determina el nivel de empleo o desempleo de una sociedad, de un país, no son las condiciones de los mercados de trabajo (aunque esto no quiera decir que lo que allí ocurra sea completamente indiferente de cara a la creación de empleo o a la destrucción del mismo), sino las condiciones macroeconómicas, tales como la política monetaria, los tipos de interés, el coste del capital, el poder que tengan las empresas en los mercados (tanto nacionales como internacionales), el nivel de inversión, las facilidades de financiación, y fundamentalmente (algo a lo que curiosamente no se le presta mucha atención), la capacidad efectiva de compra que haya en una economía.

 

precariedad.jpgY es lógico que así sea, tal y como ya hemos apuntado en anteriores artículos: por muy bajos que sean los salarios, por muy dóciles que sean los sindicatos, por muy barato que sea el despido, por muy pocos derechos que tengan los trabajadores, y por muy grande que sea el poder de los empleadores, ¿de qué servirá todo ese conjunto de condiciones, si los empresarios no tienen a quién vender lo que producen? ¿De qué nos servirá producir mucho y muy barato, a costa de explotar la capacidad de compra y de consumo de los ciudadanos, bajando su poder adquisitivo? ¿De qué le sirve a una empresa, en última instancia, poder contratar a muchos trabajadores, si luego no tiene trabajo para ellos? Todas estas preguntas, y muchas más, confluyen en la paradoja que estamos intentando demostrar, a ver si podemos acabar con algunas falacias extendidas sobre este tema.

 

Se puede comprobar perfectamente cómo España tuvo, desde 2007 hasta 2009, un crecimiento de 12 puntos en su desempleo, Irlanda de 9,7 puntos, y Estados Unidos de 4,7 puntos. Pero es que resulta que Estados Unidos e Irlanda son los países que tienen una mayor desregulación de su mercado de trabajo, justamente donde los empresarios pueden despedir con toda facilidad, y los sindicatos son muy débiles. En este sentido, por tanto, los datos son muy contundentes, y podemos concluir que en contra de lo que sostiene la sabiduría neoliberal dominante en nuestra cultura económica y política, la realidad muestra claramente que a menor protección del puesto de trabajo, es decir, cuanta mayor flexibilidad posea el mercado de trabajo, se produce mayor crecimiento del desempleo. O dicho de otro modo: la flexibilidad, en contra de lo que argumentan los neoliberales, ni crea empleos ni evita que se destruyan, sino que por el contrario, provoca que se pierdan con mayor facilidad.

 

trabajo_precario_2.jpgSi España, Irlanda y Estados Unidos, que tienen una gran desregulación y facilidad de despido, son los que han tenido un mayor crecimiento del desempleo durante la crisis, sólo se puede concluir que la famosa tesis neoliberal que sostiene que la seguridad del puesto de trabajo de los trabajadores con contratos fijos es la que crea la inseguridad y el desempleo entre los demás, es rotundamente falsa. En España, donde dicha idea está generalizada, al haber sido promovida por el mundo empresarial y por el propio Banco de España, de que es difícil despedir a los trabajadores (recuérdese la famosa expresión que han pronunciado varias veces, con respecto a que tienen "pánico a contratar"), resulta que la gran destrucción de empleo incluye también a los trabajadores fijos, sin que esto repercuta en una mayor creación de empleo.

 

Podemos concluir, por tanto, que facilitar el despido en momentos de recesión, y aumentar la flexibilidad del mercado, como han hecho las sucesivas reformas de los gobiernos de Zapatero, y pretenden seguir haciendo las reformas del gobierno de Rajoy, simplemente facilita el aumento del desempleo, puesto que incentiva que los empresarios se adapten a la disminución de la demanda de sus bienes o servicios reduciendo su fuerza laboral, es decir, despidiendo a sus trabajadores. Por el contrario, si ello no es factible o es más complicado, porque el marco normativo laboral no lo permite, o lo encarece, o porque los sindicatos lo impiden, se tenderá a mantener el número de trabajadores, disminuyendo el tiempo de trabajo de cada uno (tal como se hace, por ejemplo, en el modelo alemán).

 

Por tanto, para evitar que nuestra economía se siga caracterizando por su insuficiente capacidad para generar trabajo estable y decente, y por su tendencia a crear empleo precario, temporal, mal pagado e inseguro, lo que habría que cambiar son las lógicas que dominan ese entorno del que depende la actividad económica en donde se genera el empleo, como parece bastante evidente. Continuaremos en el próximo artículo de esta serie, proponiendo nuestras alternativas a todos estos enfoques. 

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31 enero 2012 2 31 /01 /enero /2012 00:00

juez_garzon.jpgAsistimos con absoluta perplejidad al proceso a cuatro bandas al que se está sometiendo al Juez de la Audiencia Nacional Baltasar Garzón, pero sobre todo nos llama la atención el proceso que tiene que ver con la investigación de los crímenes del franquismo. No obstante, éste y el resto de los procesos que tiene pendientes, hasta un total de cuatro, hacen pensar más en un linchamiento político que en un ataque fundamentado a un magistrado que se haya pasado de la raya.

 

Se ha constituido la Plataforma de Apoyo a Garzón, de la que forman parte Amnistía Internacional, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica, ex Fiscales como Carlos Jiménez Villarejo, y todo un amplio conjunto de representación del mundo profesional, cultural y artístico, y por supuesto Izquierda Unida, como representación y apoyo de la auténtica izquierda de este país, a las causas investigadas por el Juez, que al parecer hacen mucho daño a los sectores más conservadores y reaccionarios, como el sindicato Manos Limpias. Y tomando las palabras de Cayo Lara, "estamos asistiendo a todo un esperpento, esto es la escenificación del mundo al revés", pues no tiene sentido que en un Estado Democrático, se procese a un Juez por investigaciones sobre su pasado reciente.

 

juez_garzon2.jpgDesde Amnistía Internacional ha sido calificado el proceso al Juez como "escandaloso", ya que es completamente inadmisible y fuera de toda lógica que quien esté sentado en el banquillo de los acusados sea el Juez que ordena la investigación de nuestro oscuro pasado, y los crímenes de lesa humanidad que se cometieron durante la Guerra Civil y la posterior dictadura del General Franco. Toda la Justicia Internacional está pendiente de lo que aquí está ocurriendo, pues no se puede entender que cuando otros países han investigado sus crímenes en sus propias dictaduras, y los han resuelto desde el punto de vista democrático, en España estemos dando este lamentable espectáculo, acusando a la persona que ha demostrado tener la valentía de invesgarlos.

 

Hay que recordar que al mismo tiempo que esto ocurre, la Asociación para la Recuperación de la Memoria Histórica sigue sin ningún apoyo estatal para, al menos, poder desenterrar de las cunetas a las más de 130.000 víctimas de nuestro pasado reciente, algo fundamental para poder llegar a tener algún día una democracia de calidad, una democracia completamente reconciliada con su pasado más oscuro. Muchos más jueces como Baltasar Garzón harían falta en nuestro país. Otro gallo nos cantara.

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30 enero 2012 1 30 /01 /enero /2012 00:00

Nos habíamos quedado en el último artículo de esta serie comentando los diversos factores que, según los neoliberales, inciden en esa supuesta rigidez del mercado de trabajo, y habíamos tocado el tema de los Sindicatos. Pues bien, como habíamos dicho, son precisamente todas las normas que protegen los derechos de los trabajadores aquéllas que ellos ponen continuamente como excusas: si hay salario mínimo, se dirá que no se crea empleo porque no se permite que haya empresas que puedan crear puestos de trabajo más baratos. Les recuerdo a los lectores que ya comentamos lo relativo al SMI en el primer artículo de esta serie.

 

Si hay subsidios para los desempleados (cosa que también les molesta mucho), se dirá que entonces los parados preferirán vivir de las ayudas públicas, y que no aceptarán los empleos que se les ofrezcan. Si hay cotizaciones sociales elevadas, para poder financiar unas pensiones públicas dignas, se dirá que eso encarece el coste del trabajo. Y recordamos que hace poco tiempo hemos asistido a una reforma del sistema de pensiones público en nuestro país, que entre otros cambios, elevaba la edad de jubilación dos años, colocándola en los 67. Aduciendo falsas motivaciones de insostenibilidad del sistema, y de estudios de progresión demográfica, nos han impuesto esta reforma, cuando el sistema era perfectamente sostenible, desde todos los puntos de vista.

 

Pero no acaban aquí las excusas: si hay convenios colectivos que fijen condiciones de trabajo decentes para todos los trabajadores, se dirá que, además de encarecer el trabajo, se limita la libertad de contratación, y que eso provocará más desempleo (además de que los sindicatos se están quedando "antiguos" en sus planteamientos, como de un tiempo acá se oye decir a algunos dirigentes de la Patronal), etc., etc., etc. Cientos de excusas y planteamientos para revocar las condiciones dignas del trabajo, para que nos vayamos a su terreno, para que les concedamos a los empresarios mayores márgenes de maniobra, y mayores parcelas y terrenos donde actuar con sus empresas (de ahí el interés de que las empresas públicas sean cada vez más pequeñas, incluso que desaparezcan). No es porque sean objeto de una mala gestión (que puede ser verdad en algún caso aislado), sino para reconvertir al sector privado la actividad que dicha empresa pública abordara.

 

Y en consecuencia, los neoliberales defienden que, para poder crear puestos de trabajo suficientes, lo que hay que hacer es llevar a cabo continuas reformas en los mercados de trabajo para eliminar todos estos factores de rigidez, y para proporcionar, por el contrario, la flexibilidad suficiente a las relaciones laborales que permita alcanzar el pleno empleo. Estas ideas sobre el mercado de trabajo y la creación de empleo, que se presentan como el último hito, son realmente muy antiguas, de finales del siglo XIX. Cuando se han recuperado para darle cobertura ideológica a las políticas neoliberales, se han presentado bajo la forma de teorías económicas muy sofisticadas y con mucho aparato matemático, para dar a entender que se trata de proposiciones científicas muy modernas, pero no nos engañemos: su sustrato final es el antiguo que acabamos de señalar, por mucho que nos las quieran presentar disfrazadas de modernidad a la opinión pública.

 

Siguiendo estos principios, en  los últimos años se han llevado a cabo multitud de trabajos, estudios e informes orientados a demostrar que, por ejemplo en Europa o en España, existen factores de carácter institucional como los antes mencionados, que son los responsables de los altos niveles de desempleo existentes. Y a propugnar, por tanto, que se reformen los mercados de trabajo, para eliminar dichos factores y darles la suficiente flexibilidad. Pero dichos estudios no se han realizado sólo desde organismos privados, sino también desde nuestras propias Instituciones Públicas, estando a la cabeza de todas ellas nuestro propio Banco de España, cuyo Gobernador es el mayor aliado de todas estas tesis.

 

De dichos análisis es de donde beben las actuales políticas gubernamentales (y las practicadas por el PSOE), como lo hace, por ejemplo, el último Pacto del Euro, cuando afirma que lo que necesitan las economías europeas para crear empleo es ser más competitivas. Esto significa, como veremos más adelante (hablaremos en siguientes artículos sobre la competitividad con mayor detalle), exactamente lo mismo que acabamos de comentar: salarios más bajos, porque se supone que así las mercancías (productos y/o servicios) que fabrican las empresas se van a poder producir a menor coste, es decir, más baratas, y por tanto, que se van a poder vender con mayor facilidad, y entonces, esto se traducirá en que se van a poder emplear a más trabajadores. Pero lo que no explican, como también veremos más adelante, es a quién van a venderse dichas mercancías de más si la población que podría comprarlas tiene cada vez menos capacidad de compra, porque sus salarios han bajado, y tienen menor poder adquisitivo. 

 

Los datos muestran por el contrario, como vamos a ver enseguida en lo referente a los últimos años de crisis económica, que a pesar de que hayan bajado los salarios se ha destruído empleo; que con el mismo mercado tan rígido, según los neoliberales, España pudo ser efectivamente el país que más empleo creó antes de la crisis, y luego pasar a ser el que más empleo ha destruído, y sobre todo, que no hay relación indiscutible entre la existencia de normas laborales más o menos flexibles o rígidas, y el mayor o menor volumen de empleo. Continuaremos con el apoyo a estos razonamientos en el siguiente artículo de esta serie.

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27 enero 2012 5 27 /01 /enero /2012 00:00

Finalizamos con esta cuarta y última entrega la serie de artículos que hemos dedicado a comentar los factores que, desde nuestro punto de vista, habría que transformar para no sólo poder acabar con la crisis, sino para salir de ella sin posibilidades de recaída, o eliminando las posibilidades de que se produzcan crisis futuras, que sin duda ahondarían todavía más en las desigualdades del sistema, y podrían producir efectos todavía más catastróficos que los que la actual crisis está provocando. De todos modos, desde la izquierda todavía no vemos esa "luz al final del túnel" que algunos analistas cuentan, por lo que pensamos que la actual crisis aún podría recrudecerse más si continuamos funcionando sobre las mismas bases económicas, y el mismo modelo productivo y de crecimiento, a todas luces depredador e insostenible.

 

Bien, el cuarto y último factor que habíamos citado desde el primer artículo de esta serie se refería al cambio en la mentalidad, en los enfoques, en la escala de valores, en las actitudes personales, en la visión que tenemos que tener sobre el sistema, y sobre la economía dentro del sistema, aspectos que nosotros creemos que tienen igualmente un papel fundamental como desencadenantes de los problemas económicos que sufrimos en nuestra época. Lo podríamos resumir como el necesario cambio de nuestra posición en el mundo de la economía, de nuestra cultura, de nuestros valores y de nuestros comportamientos personales.

 

poder_dinero.jpgTodo ello, la mitificación del dinero, la universalización de lo mercantil que nos lleva a que todas las dimensiones de nuestra vida humana se hayan puesto en venta, la avaricia descontrolada, el afán desmedido de lucro, el cultivo del egoísmo y el fomento de la desinformación o la constante manipulación de las conciencias, nos indica que si todo lo que hemos comentado se ha podido llegar a producir, es porque alguien o algo con, digamos, "demasiado poder", ha logrado poner el mundo patas arriba, invertir nuestras escalas de valores y nuestras prioridades, y llevarnos a los seres humanos por un camino que no es el que nos permite alcanzar nuestra plenitud como tales, que sería sin duda aquél en el que predominaran la cooperación y no la competencia agresiva, la solidaridad y no el combate, la paz y no la violencia.

 

Decididamente, nuestras actitudes tienen que cambiar, nuestras escalas de valores tienen que cambiar, nuestros ideales en la vida, nuestros objetivos, nuestras razones para vivir, los poderes que gobiernan el mundo, tienen que cambiar, porque de lo contrario nos llevarán a un camino de autodestrucción, a un "sálvese quien pueda", donde como siempre, al final no se salvará nadie. Es fruto como decimos del cultivo a lo material, del tremendo peso de lo económico, de la prevalencia de una escala de valores distorsionada, que concede el mayor valor al poder del dinero sobre todas las demás cosas. Que conste que nuestro mensaje desde la izquierda no tiene nada que ver con mensajes de trasfondo religioso (pues además generalmente nos consideramos ateos o agnósticos), sino con mensajes humanos, de sentido común, de pragmatismo pacífico, basados en el único camino que pensamos que nos puede llevar a la felicidad, a la concordia, a la paz entre los pueblos. Cambiemos el chip, porque de lo contrario, el chip nos cambiará a nosotros. 

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26 enero 2012 4 26 /01 /enero /2012 00:00

Bien, nos habíamos quedado en el artículo anterior de esta serie con la idea ya esbozada de que los economistas, empresarios y políticos neoliberales consideran el Trabajo Humano como una mercancía más, igual que otra cualquiera, y las connotaciones de entrada que esta valoración supone. Vamos a seguir ahondando en dicha idea, para ver dónde nos conduce, y luego poder plantear los errores de sus teorías, así como las alternativas que proponemos desde la izquierda.

 

ecuacion_trabajo.jpgPartiendo de dicha premisa del Trabajo considerado como mercancía, sujeto a las clásicas leyes de la oferta y la demanda como en cualquier otro mercado, los adscritos a los planteamientos neoliberales creen (aplicando únicamente la matemática social) que se puede fijar un salario que iguala en un momento dado la cantidad ofertada por los trabajadores, y la demandada por los empresarios, y que, por tanto y en teoría, representaría una situación de pleno empleo. En dicha situación, que por supuesto es ficticia e irreal, todo el mundo trabajaría por el simple hecho del consenso en la política retributiva, cosa que sabemos que no es así, pues en la relación laboral inciden muchos más factores.

 

Pero siguiendo su razonamiento, si el salario fuera demasiado bajo, habría una gran demanda de trabajo por parte de los empresarios, pero una insuficiente oferta de trabajo, porque, siempre según los defensores de este punto de vista, siendo el salario demasiado bajo, los trabajadores preferirían el ocio al empleo (con ello nos siguen demostrando su "incultura laboral", y la infravaloración que hacen del trabajo humano, pues ya hemos discutido en anteriores artículos de esta serie que el trabajo no es sólo un medio de vida, sino también una forma de realización personal). Y por su parte, si el salario fuera demasiado alto, ocurriría lo contrario: habría muchos trabajadores deseosos de trabajar, pero muchas empresas no estarían dispuestas a contratarlos a esos salarios tan elevados.

 

Por tanto, dirían los neoliberales y conservadores, para que se pueda llegar a una situación de pleno empleo, lo importante es que se den dos circunstancias. La primera, que los salarios sean lo suficientemente moderados, porque si son muy altos, las empresas no van a contratar a todos los trabajadores que deseen hacerlo, lo que se traducirá en que aumentará el paro. Por eso esta corriente de pensamiento llega a concluir (aunque muchas veces no se atrevan a confesarlo en público) que el paro o desempleo es siempre voluntario, porque podría eliminarse simplemente si los trabajadores aceptaran trabajar por salarios más bajos.

 

La segunda circunstancia (siempre según ellos) para que pueda darse el pleno empleo es, por tanto, que los salarios puedan subir y bajar libre y fácilmente, que los trabajadores puedan ir sin dificultad allí donde haya un empresario demandando un empleo. Y que los empresarios puedan contratar allí  donde lo necesiten, y en las condiciones en que les resulte más apropiado. Cuando esto ocurre, se dice que el mercado de trabajo es flexible, y cuando no (o a medida en que no), se dice que es rígido. Y precisamente de esta segunda circunstancia los economistas y políticos conservadores deducen que para crear empleo lo que debe haber es la mayor flexibilidad posible en el mercado laboral. Mientras que el desempleo se explica porque hay factores que hacen que el mercado de trabajo se vuelva demasiado rígido.

 

flexibilidad_laboral.jpgPrecisamente, hace poco tiempo, en una rueda de prensa ofrecida por el Presidente de CEOE, Juan Rosell, éste decía a los periodistas que el mercado de trabajo tiene que hacerse totalmente flexible, y ponía un ejemplo diciendo "...a lo mejor me interesa contratar a alguien para hacer un turno el martes de 9 a 2, el jueves de 5 a 8, y el domingo todo el día, durante tres semanas...", y se quedaba tan pancho, queriendo trasladar la idea de que las contrataciones tienen que reflejar toda esta posible flexibilidad laboral, sin entrar a pensar en el pobre trabajador al que le toque hacer ese galimatías de turno. Reflejando este sinsentido, ya hemos visto algunas parodias cómicas que intentaban reflejar este hecho de la extrema flexibilidad laboral, llevándola hasta el absurdo.

 

Los factores que provocan esta rigidez en el mercado de trabajo son en realidad los mismos que hacen que los salarios sean demasiado altos y produzcan desempleo. La mayoría de las personas, por poco informadas que estén, saben también cuáles son estos factores a los que se culpa de la rigidez en el mercado de trabajo y del paro, porque se hace constante referencia a ellos en los medios de comunicación y en los discursos de los políticos y de los economistas ortodoxos. El más habitual y criticado es el de los Sindicatos. Se afirma que crean rigidez porque defienden los intereses de los trabajadores, y por tanto, porque no aceptan cualquier nivel de salario ni cualquier condición laboral, es decir, porque han logrado a lo largo de toda su historia que se reconozca y se respete un marco laboral normativo que protege a la parte más débil de la relación laboral, es decir, el trabajador/a.

 

sindicatos.jpgEl patrono es la parte fuerte de la relación laboral, e intentar hacer ver lo contrario es un típico engaño encubierto, una visión que se pretende hacer llegar sobre todo a los trabajadores jóvenes y novatos, en el sentido de fomentarle una especie de sentimiento de que la empresa también es algo suya, algo propia, algo de todos, que todos formamos parte del mismo barco, que todos tenemos que remar en la misma dirección, porque si no todo el barco se hunde. Desde aquí declaro solemnemente que se trata de una patraña más que nos intentan inculcar los empresarios para que nos sintamos responsables con la empresa, para ellos beneficiarse de ese "sentimiento" y abusar todavía más y mejor de los trabajadores.

 

Volviendo a los Sindicatos, es fácil imaginar cómo serían las condiciones de trabajo (simplemente recordando cómo eran en  el siglo XIX) si no hubieran existido los Sindicatos, y si no se hubiera conseguido que se reconocieran los derechos de los trabajadores. Vamos a dejarlo aquí de momento, para continuar en el próximo artículo de esta serie, pero recomiendo a los lectores jóvenes que no tengan idea de cómo eran dichas relaciones laborales hace dos siglos (y mucho peores si retrocedemos más todavía), que accedan a cualquier texto o documental que lo explique, e incluso a cualquier serie de televisión que toque colateralmente dichos temas, y se convencerán de cómo hemos evolucionado hasta llegar aquí, y todo lo que ahora intentan arrebatarnos a la clase trabajadora. No nos engañemos: detrás de la tan traída y llevada flexibilidad laboral, se esconde la forma de esclavitud moderna del siglo XXI, si no somos capaces de ponerle freno, puesto que las conquistas laborales y sociales no son barreras, sino derechos.

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