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10 enero 2019 4 10 /01 /enero /2019 00:00
¿Lo personal es también político?

Aunque nada cambie, si yo cambio, todo cambia

Honoré de Balzac

O dicho de otro modo: ¿Pueden las actitudes personales influir en el ámbito político? ¿Son ámbitos interdependientes? Parece ser que normalmente solemos distinguir entre las acciones y comportamientos que tenemos en nuestro ámbito privado, íntimo y personal, de las actividades y comportamientos, digamos, públicos. Extrapolándolo al terreno de la política, continuamos haciendo esta distinción, sin percatarnos de que muchas veces ambas facetas van unidas, o al menos, se interrelacionan. Vamos a explicarnos mejor: muchas decisiones políticas a gran escala necesitan de un cambio mental y cultural en el conjunto de la ciudadanía, para poder asumirlas. Y viceversa, para alcanzar decisiones políticas de gran calado, es la ciudadanía la que tiene que apostar por ellas desde la base. Es decir, hay aspectos que tienen que desarrollarse tanto de abajo hacia arriba (es decir, desde los movimientos sociales y la acción individual o grupal de la ciudadanía) como de arriba hacia abajo (desde los más altos representantes políticos, económicos y sociales de nuestras Administraciones e instituciones y organismos).

 

Es decir, que no basta sólo con una vía. Ambas vías deben ser implementadas, porque ambas vías se retroalimentan. La historia nos muestra infinidad de ejemplos donde podemos demostrarlo. Cuanta más presión ejerza la ciudadanía, dichos valores y comportamientos llegarán a transformar las estructuras políticas y económicas a gran escala, y por otra parte, cuanto más convicción muestren nuestros líderes políticos de que hay que alcanzar ciertas decisiones y medidas, más convencida y asumido lo tendrá la ciudadanía. Piénsese por ejemplo en las leyes antitabaco. La transformación cultural y las acciones a proyectar requieren ir en ambas direcciones: porque nada podrá hacerse desde arriba sin una ciudadanía convencida (crearíamos estallidos sociales y revoluciones), ni tampoco desde abajo sin unos responsables políticos y económicos convencidos (porque sólo desde arriba a nivel político se podrá actuar contra ciertos modelos). Pues bien, una vez explicado (o al menos intentado) lo que queremos decir, vamos a poner como ejemplo tres comportamientos, decisiones, o modos de actuar, a nivel personal, que empujan en las altas esferas, es decir, en el mundo político.

 

1.- El Veganismo. El veganismo es una opción personal que consiste en no ingerir ningún alimento que provenga de la explotación animal, ni de sus derivados. En el fondo, se practica porque estamos convencidos de que el ser humano no debería someter a los animales al sufrimiento, la crueldad y la explotación industrial masiva que supone elaborar productos de consumo humano a partir de la carne del animal, o de sus productos derivados. Pero conseguirlo a nivel político, además de disponer de líderes y representantes que lo asuman en sus postulados y programas electorales, requiere alterar profundamente las reglas y las estructuras de los mercados económicos mundiales, ya que es un proceso mundialmente extendido. Pero por otra parte, tenemos claro que cuantas más personas se hagan veganas, y renuncien a una alimentación basada en productos procedentes de animales, las industrias correspondientes se resentirán, comenzarán a decaer, perderán cuota de mercado, y tendrán que reciclarse, adaptarse o modificarse para abandonar sus modelos actuales, y por tanto, habremos conseguido nuestro objetivo: Lo personal es político.

 

2.- El Decrecimiento. El cambio climático y el agotamiento de nuestros combustibles fósiles causarán más temprano que tarde un colapso civilizatorio (entiéndase como un descenso brusco y radical de la complejidad de nuestros sistemas de producción y consumo). Es un hecho científico innegable, a pesar de que exista propaganda interesada (de las grandes empresas) en mantener lo contrario. Pues bien, ante ello, podemos y debemos extender líneas políticas de actuación que vayan acomodando poco a poco nuestros modos de producir y consumir hacia un volumen y ritmo mucho más pausado, es decir, hemos de hacer justo lo contrario a lo que ahora hacemos: si venimos apostando por el crecimiento económico, debemos apostar por el decrecimiento. Pero ello, por mucho que la política haga su trabajo, afecta a nuestros más íntimos modos de vivir, luego practicar y poner en marcha paulatina ese decrecimiento es algo que podríamos ya efectuar en nuestra vida cotidiana: abandonar los automóviles, comprar en comercios locales, contribuir al autoconsumo energético, regresar al campo…Lo personal es político.

 

3.- La Igualdad de Género. Efectivamente, será un gran logro político el día que podamos alcanzar y mantener la igualdad real entre los hombres y las mujeres de nuestra sociedad en todos los ámbitos. La política está haciendo su trabajo (aún debería hacer muchísimo más, y se lo reclamamos a nuestros representantes), pero al nivel personal, íntimo y familiar, social y laboral, también podemos y debemos contribuir: manifestarnos públicamente cuando haya convocatorias, ejercer la conciliación laboral cuando nos toque, repartirnos por igual los permisos de maternidad y paternidad, no consumir pornografía ni prostitución, protestar si nos enteramos de que existen compañeras que cobran menos que nosotros (hombres) en nuestra empresa, apoyar a mujeres para que asciendan en puestos laborales, renunciar a tener un hijo mediante vientres de alquiler (en nuestro país no está regulado, pero sí en otros muchos), eliminar nuestro lenguaje sexista, denunciar cuando conozcamos algún caso de violencia de género cercano…Lo personal es político.

 

En fin, existen muchos más ejemplos que podríamos poner. Lo dejamos aquí, para no cansar mucho a nuestros lectores y lectoras, pero estamos seguros de que ellos y ellas serán capaces de imaginar muchos otros. Al final, el mensaje se nos ofrece claro y cristalino: el ámbito privado y personal, en más casos de los que pensamos, empuja al político, y por tanto, cambiar el mundo hacia otro mundo más justo, también depende de nosotros, de lo que hacemos cada día, en cada momento, a cada paso de nuestra vida: Lo personal es político. ¡Feliz 2019, en lo personal y en lo político!

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9 enero 2019 3 09 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Tomas

Viñeta: Tomas

Más de 15.000 hondureños junto a 5.000 salvadoreños han decidido recorrer a pie 2.000 kilómetros para huir del terror cotidiano, procurar un trabajo digno, una educación para sus hijos y escapar del zumbido de las balas. El sistema político de Centroamérica ha sido moldeado por el intervencionismo de las embajadas norteamericanas, el Comando Sur y la agencias de inteligencia con sede en Langley, Virginia. El éxodo hacia el norte, organizado en Tegucigalpa mediante mensajes de WhatsApp, fue resuelto en forma mancomunada con el objetivo de lograr una protección colectiva ante los peligros que viven habitualmente quienes realizan el periplo migrante en soledad. Mujeres responsables de hogar, integrantes de colectivos LGTBI y niños sin adultos a cargo son parte de esa columna que expresa con exactitud el grado de deterioro de un sistema que se ha mostrado como incapaz para gestionar la supervivencia de millones de ciudadanos. Los desplazados son la muestra cabal de un fracaso político institucionalizado

Jorge Elbaum

Nos recuerda Patricia Simón en este magazine para el medio La Marea que vamos a tomar como referencia a continuación, que el 1 de noviembre de 2018 se cumplieron 30 años desde que apareciese el primer migrante muerto en las playas andaluzas, resultado del primer naufragio de una patera del que tenemos constancia, en el que murieron 18 personas. ¿Ha cambiado en algo el recibimiento de estas personas, cuando llegan a nuestras costas? Pues veamos: existe algo más de coordinación, de automatización en los procesos, pero la verdad es que seguimos siendo incapaces de recibir a estas personas como a seres humanos. Y creemos que esto es así en todas partes del mundo. En la frontera con Estados Unidos ya hemos descrito lo que ocurre, y lo tenemos también de plena actualidad. La desesperación de estas personas, que llegan exhaustos después de recorrer miles de kilómetros, es manifiesta. Pero ante ello, la indiferencia de la Administración norteamericana es pasmosa y desesperante. Algunos/as tardarán días en poder ser atendidos, otros quizá meses. Pero aún es más dramática la estampa de los que llegan a nuestras costas: después de horas y horas a la deriva en el mar, en una embarcación inestable, empapados, descalzos y ateridos de frío, sólo traen una manta (y eso en caso de que hayan sido previamente atendidos por algún buque de Salvamento Marítimo). Primero bajan los niños, las niñas y las mujeres. Después los hombres. Les colocan en fila. Bajo esta estampa uniforme, borrada su identidad individual, sólo la contemplación de sus gestos es harto elocuente del interior de su mundo. Un mundo sórdido, ávido de llegar a un puerto donde puedan ser recogidos, donde finalice su terrorífica travesía, mucho peor que cualquier pesadilla que podamos tener. 

 

Es muy frecuente que muchas de las mujeres que llegan en estas embarcaciones terminen prostituidas por redes de trata o explotadas, como también muchos de los hombres, mediante su trabajo en las tareas más precarias y desprestigiadas de nuestra economía, como la agricultura o el trabajo doméstico. Algunos repartirán panfletos por las calles, otros se sumarán a la venta ambulante, casi ninguno podrá realizar su sueño, pero al menos, llegan a una sociedad que podrá darles una salida que no tenían en sus países de origen. Patricia Simón relata: "Los guardias civiles les escoltan en una especie de marcha marcial hasta unas mesas de playa, donde miembros de la Cruz Roja les toman la temperatura, les preguntan sus nombres, edad, si tienen alguna enfermedad, sus tallas de calzado. De pie, a las espaldas de los trabajadores humanitarios, policías procedentes de varios países europeos que trabajan para el Frontex, la agencia europea de control de fronteras, toman nota de las respuestas que dan a la Cruz Roja, una clara violación del derecho internacional de los derechos humanos que obliga a las ONG a amparar la privacidad de estas personas, además de que podría suponer una coacción hacia su libertad de expresión, como explica el jurista David Bondía, profesor de Derecho Internacional Público de la Universidad de Barcelona y Presidente del Instituto de Derechos Humanos de Cataluña". En efecto, los protocolos implementados no son respetuosos con los derechos humanos. Les falta humanidad, cercanía, calidez, respeto, protección. Hay premura, diligencia, mecanización de la recepción, pero tratamiento deshumanizado. Hay que tener en cuenta que la mayoría de estas personas vienen de superar meses o años de agresiones, explotación, violaciones, ansias de poder alcanzar un proyecto de vida digno. No vendrían mal algunas palabras o frases de apoyo, de empatía, de comprensión. Y aquí, aún les quedarán por delante años de clandestinidad y para muchos, en el peor de los casos, la deportación. 

 

Prosigamos: les entregan una bolsa con un chándal y unas zapatillas. Les dicen que se sienten en el único sitio disponible: el sucio suelo del pantalán, cubierto de charcos. El edificio en el que, supuestamente, deberían poder quitarse sus ropas empapadas, ir al baño, ser registrados por la policía y pasar la noche, está lleno de los otros migrantes, que pueden haber llegado hace una hora, 7 horas o el día anterior. No saben dónde van a ser trasladados, ni nadie les explica dónde están, o qué va a pasar con ellos. Cuando no conocen nada de nuestro idioma llaman a algún traductor o traductora. Muchos niños/as pueden estar en un verdadero shock. Todos estos son signos del racismo y la aporofobia que nuestra sociedad desprende. Imaginemos que nos recibieran así al bajarnos de cualquier avión, en cualquier aeropuerto del mundo. ¿Cómo nos sentiríamos? Y al menos, nosotros no vendríamos de hacer una travesía terrible, como vienen ellos y ellas. No es culpa de los voluntarios/as. Ellos y ellas los reciben lo mejor que pueden, son los protocolos, las normas y las leyes de extranjería, así como la pésima voluntad de nuestros gobernantes en mejorarlos. Patricia Simón concluye: "Se trata de todo un sistema, en este caso el protocolo de recepción, que está diseñado para despojar a estas personas de su dimensión humana, y convertirlos en sacos de carne, en números que contabilizar, cribar, identificar, trasladar, encerrar". Es todo muy frío, muy distante, demasiado automático. Poniéndonos en su piel, seguro que agradecerían un trato más cercano y humano por nuestra parte. En este sentido, la Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía (APDHA), reconocida en toda España por la excelencia jurídica de sus informes anuales sobre esta frontera sur europea, lleva desde el año 2000 exigiendo que el Estado cumpla con su obligación y se haga cargo de la recepción de las personas rescatadas, y no una entidad no gubernamental como Cruz Roja, con lo que pareciera que se trata de una cuestión de caridad. Digámoslo alto y claro: ¡No es caridad, son derechos humanos! Es el cumplimiento de los tratados y normativas internacionales. Además, exigen que se diseñe de una vez por todas un verdadero sistema de acogida, en lugar del protocolo de detención, expulsión y derivación vigente en la actualidad.

 

Un 90% de los que llegan en estas embarcaciones sólo permanece un tiempo en nuestro país, luego continúan su periplo a Francia, o a otros países del norte de Europa. Casi nadie se queda, a no ser que tenga algún familiar o un conocido aquí. Muchas de las mujeres terminarán siendo pasto de las redes de trata, en prostíbulos. Las redes son muy potentes, y ejercen sobre estas personas una gran influencia y temor. Suelen amenazarles con represalias hacia sus familiares que han dejado en sus países de origen (hijos, hermanos, padres...). Pero Patricia Simón nos aclara: "Las redes tampoco son un fenómeno natural: son el resultado de esa Europa Fortaleza que no les permite viajar de manera normalizada a estas mujeres que no se resignan a repetir las vidas paupérrimas y sin horizonte de mejora de sus padres y madres". En efecto, la desidia y la injusticia de los gobiernos es la que fomenta la aparición de estas redes criminales, verdaderas mafias que se alimentan de la desesperación humana, y que los utilizan en su provecho en sucios y oscuros negocios. En fin, esto es todo lo que tiene que ofrecerles nuestro país (y otros países aún lo hacen peor que el nuestro) en sus primeras horas en tierra firme a hombres, mujeres y menores que no solo acaban de vivir una de las experiencias más aterradoras para cualquier ser humano, sino para los que esta situación traumática es sólo la última de una sucesión de ignominias. Preguntémonos ahora...¿Si fuesen ricos, sería ésta su llegada? ¿Los recibiríamos así? Si fuesen europeos, o si fuesen blancos...¿No se pondrían inmediatamente a su disposición psicólogos y estancias adecuadas? ¿No se levantaría un amplio dispositivo para ofrecerle todas las garantías a estas personas?  ¿Acaso ser víctimas de un éxodo causado por el expolio, la desigualdad, el cambio climático o las guerras les hace menos dignos que si lo fuesen de un tsunami u otra catástrofe natural? Y por último...¿Que este éxodo siga recibiendo casi la misma desatención desde hace más de 30 años no hace más grave e injustificable aún este maltrato institucional?

 

Dejamos estas reflexiones y sus respuestas a nuestros lectores y lectoras. Después de este "caluroso" recibimiento que hemos contado, muchos de ellos son conducidos a los Centros de primera asistencia y detención de extranjeros. El Defensor del Pueblo ya exigió la clausura de estas instalaciones en febrero de 2018 (el de Motril concretamente), vetadas para los periodistas. Existe un plazo de 72 horas después de haber sobrevivido al viaje en patera, durante el cual estas personas pueden ser encarcelados en celdas donde las camas son insuficientes, por lo que muchos hombres tienen que dormir en el suelo, sobre colchonetas y cartones. Durante todo ese tiempo no tienen derecho a ducharse, salvo que presenten heridas. Las mujeres y los niños/as sí pueden trasladarse al edificio de Cruz Roja para poder asearse. La iluminación es artificial. En invierno, la falta de calefacción agrava aún más las condiciones de estos edificios situados a pie de mar, y consecuentemente, con un alto grado de humedad. Tampoco se les informa sobre su derecho a solicitar asilo o protección internacional. Los magrebíes, además de todo esto, son objeto de un trato especial(mente malo). Debido a un acuerdo bilateral de nuestro país con Marruecos, los procedentes de este país son trasladados a la Comisaría más cercana, porque son rápidamente deportables. Los argelinos suelen tener reservado el mismo destino, pero tras pasar por algún Centro de Internamiento de Extranjeros (los famosos CIE, de los que hablaremos largo y tendido en su momento). En estos centros, estas personas conducidas allí, que no han cometido delito alguno, son recluidas en peores condiciones que si estuviesen en cárceles, según reconocidos jueces y diversas ONG's. Podrán pasar hasta 60 días en estos centros antes de ser enviados de nuevo a su país. El gesto de estas personas lo dice todo. El lenguaje gestual es universal, y por medio de él expresamos más y mejor que de ninguna otra manera el gozo, el odio, la alegría, el espanto o el miedo. La expresión de sus rostros es muy significativa. Sus miradas, clavadas en el suelo, como esforzándose por mostrar un total estado de sumisión, como una clara estrategia de defensa, de autoprotección. Llevan en sus cuerpos meses o años de violencia previa y agresiones a lo largo de su penoso éxodo por distintos países africanos. Pero la tenacidad para cumplir sus sueños es verdaderamente encomiable. Continuaremos en siguientes entregas.

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8 enero 2019 2 08 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Gerardo Tecé

Viñeta: Gerardo Tecé

Para el líder del PP los “constitucionalistas” son ellos, Ciudadanos y aquellos que abogan por marginar y/o perseguir a negros, moros, maricones, bolleras, rojos, catalanes, vascos, autonomistas y a esa subespecie humana llamada “mujeres”. Esos son los buenos, según Casado, mientras que el resto de partidos democráticos son… ETA

Carlos Hernández

Ahora se comprende que era una muleta, un significante hueco, vacío. Ese vocablo, usado y puesto en circulación por Albert Rivera, que luego se ha extendido rápidamente, encierra muchas trampas, mentiras y contradicciones. El líder de Ciudadanos se apropió de él queriendo darle un sentido de “partidos políticos que apoyan y respetan la Constitución”, frente a los independentistas, que según ellos, quieren “romper España”, que no respetan las reglas y desprecian las leyes. Pero como rápidamente se puede observar, sin demasiado esfuerzo, detrás de esa fachada “respetuosa de las leyes” se encuentran personajes de dudosa catadura democrática. Enseguida se lo apropió también el PP, que también se autodesigna “constitucionalista”, aunque haya destruido, durante su pasada legislatura, gran parte de los pilares de los derechos humanos que la Constitución garantiza. Esos “constitucionalistas” son los mismos que han recortado derechos y libertades, que han privatizado empresas y organismos públicos, y que han precarizado el mercado laboral hasta el límite más miserable, entre otras fechorías.

 

Son los mismos “constitucionalistas” que aseguraban “nunca pactaremos con los populismos”, o que “debe gobernar la lista más votada”, entre otros mantras absurdos e indecentes que vertían a la opinión pública a través de sus poderosos medios de comunicación. Ahora tenemos también una peligrosa escisión del PP llamada Vox, de extremísima derecha, que según ellos también es “constitucionalista”, aunque quiera cargarse el Estado de las Autonomías, entre otras barbaridades irrespetuosas con la Constitución. Quizá en lo único en que estamos de acuerdo con Vox es que la formación naranja es una veleta, porque nos faltarían dedos de las manos para contabilizar los cambios de opinión y los virajes ideológicos que ha experimentado desde que se dieron a conocer. La última incongruencia de Ciudadanos ha sido pactar en Andalucía (de forma encubierta, es decir, a través del PP) con Vox, después de haber criticado tanto a Salvini en Italia, a Le Pen en Francia, o a Trump en USA por “populistas”. Las mentiras de estos “constitucionalistas” ya no cuelan. La hemeroteca hizo coincidir en una entrevista en Intereconomía a Santiago Abascal y a Albert Rivera, y estuvieron “encantados de conocerse” programáticamente hablando.

 

En Andalucía está quedando claro cuáles son las implicaciones reales del término “constitucionalista”, tal como ellos lo entienden. Antes el PSOE formaba parte de ese grupo (sobre todo por haberse unido a PP y C’s en la aplicación del 155 a Cataluña), pero ahora, como lo que quieren es desalojar al PSOE del gobierno andaluz, lo han echado literalmente de ese selecto grupo. Es decir, que para ellos el PSOE ha dejado de ser un partido “constitucionalista”. No se puede ser más cínico, más hipócrita y más falso. Como resume Raúl Solís en este artículo para el medio La Voz del Sur:El hombre que empezó siendo socialdemócrata, luego liberal, más tarde neoliberal y que ahora ha terminado pactando con la extrema derecha en Andalucía, lleva varios días intentando situar a Podemos en el mismo lado que a Vox y dando carnets de constitucionalistas y europeístas”. Nuestros políticos “constitucionalistas” son maestros de la hipocresía y del cinismo más descarnado.

 

En realidad, lo que se esconde detrás del vocablo “constitucionalista” en el sentido en que lo usan Albert Rivera y Pablo Casado, no es más que la derecha recalcitrante, intolerante y antidemocrática, antisocial y tardofranquista, que llega hasta nuestros días disfrazada. Los de Vox, en cambio, no se disfrazan (por eso para ellos el PP es esa “derecha cobarde”), ellos van a la yugular directamente, te lo dicen en la cara, te lo sueltan sin más miramientos, adornos o florituras: están a favor de los toros, de la caza, del nacionalcatolicismo, del racismo, de las guerras, del capitalismo, del patriarcado, del centralismo y de la “ley y el orden”. Y están en contra de los migrantes, del feminismo, del ecologismo, de la sostenibilidad, de la igualdad, del pacifismo y de todo lo que huela a progreso y avance social. Cada día se entiende mejor en toda su dimensión la famosa frase de Rosa Luxemburgo: “¡Socialismo o barbarie!”. Estos “constitucionalistas” son barbarie.

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7 enero 2019 1 07 /01 /enero /2019 00:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

No hay un mundo desarrollado y un mundo subdesarrollado sino un sólo mundo mal desarrollado

Centro Europa-Tercer Mundo (CETIM)

En efecto, como nos dicen desde el CETIM, sólo un planeta desequilibrado y mal desarrollado puede llevarnos hasta el abismo que estamos intentando describir en esta serie de artículos, y la perentoria necesidad de adaptarse a él. A ver si, como algunos autores optimistas opinan, estas transformaciones decrecentistas, que se imponen durante los próximos años, lustros y décadas, son aprovechadas de forma satisfactoria para conseguir, entonces sí, un planeta bien desarrollado. Pues bien, continuando en esta línea de exponer a grosso modo los fundamentos del decrecimiento, vamos a traer a colación un artículo de Julio García Camarero publicado en el portal decrecimiento.info, que el autor tituló "Manifiesto de la transición hacia el decrecimiento feliz", toda una loa a las buenas intenciones por su parte. Hay que abandonar la idea asociada del "progreso" al modelo que nos ha traído hasta aquí, que podríamos resumir como crecentista-productivista-consumista, y entender el progreso humano y civilizatorio como la mejor adaptación posible a los cambios forzados que el modelo anterior nos ha obligado a llevar a cabo. García Camarero propone los siguientes 20 puntos como decálogo de transición hacia el decrecimiento feliz:

 

1.- Desde lo material y crematístico a lo humano

2.- Desde el consumismo al consumo responsable

3.- Desde la innovación para fines cortoplacistas (como la obsolescencia programada) a las cuatro erres (reducir, reutilizar, reciclar y restaurar ecosistemas en degradación)

4.- Desde el productivismo global a la producción local

5.- Desde el antropocentrismo exclusivo al ecocentrismo en el que se incluya lo humano como parte de la biosfera

6.- Desde la competitividad a la cooperación

7.- Desde el individualismo autista al apoyo mutuo

8.- Desde el egoísmo monetarista a los bienes relacionales

9.- Desde el estado de bien estar al Buen Vivir

10.- Desde la mega-ciudad parásita a la agroecología

11.- Desde el monopolio al polipolio

12.- Desde el monocultivo al policultivo

13.- Desde el pensamiento único a la diversidad cultural, lingüística, y a la biodiversidad

14.- Desde la nefasta revolución verde, la biopiratería y el dumping a la soberanía alimentaria

15.- Desde el extractivismo rapaz, usurpador y cleptómano al cuidado y respeto de la Pacha Mama (la Madre Tierra)

16.- Desde el despilfarro esquilmador a la sencillez voluntaria

17.- Desde la manía de la hegemonía a la convivencia biosférica

18.- Desde el machismo patriarcal a una sociedad donde la relación hombre/mujer sea totalmente horizontal

19.- Desde la meditación divina a la reflexión humana y naturista

20.- Desde las guerras militares y económicas a la paz entre todas las personas y animales

 

En efecto, pensamos que García Camarero recoge de forma resumida buena parte de las transiciones de todo tipo (políticas, económicas, sociales, culturales, etc.) que es preciso hacer para conseguir alcanzar un nuevo modelo de sociedad más en armonía con las personas, los animales y la naturaleza, para un mundo más habitable, para conseguir "vidas que merezcan la pena ser vividas" (en expresión de Amaia Pérez Orozco). El crecimiento económico y todo lo que conlleva, por tanto, debe ser abandonado. Lógicamente esto no puede hacerse de un día para otro, requiere su ciclo adaptativo, y su evolución hacia una nueva ética ambiental y de la propia naturaleza. El decrecimiento es una política, pero también una filosofía de vida. Mientras tendemos hacia él, está claro que otras transformaciones deben ir siendo efectuadas. Por ejemplo, lo relativo a los indicadores. Parece claro que los indicadores que miden la "salud crecentista" de una economía capitalista no pueden ser los mismos que los de una sociedad en decrecimiento. Típicamente los economistas se basan en el PIB como medida del crecimiento, pero este indicador está muy sesgado. Veamos algunas limitaciones: el PIB no toma en cuenta la distribución de ingresos de la sociedad (luego tampoco la desigualdad), el PIB no mide la redistribución de esa riqueza generada, y también ignora qué ocurre con la calidad de vida de la población. Por ejemplo, las condiciones de salud y educación. Existen otros indicadores más apropiados, como el Indice de Desarrollo Humano (IDH) del PNUD. El PIB tampoco nos dice nada sobre la esperanza de vida, los niveles educativos, la seguridad, la igualdad de género, la situación del medio ambiente, la justicia social, los niveles de descanso u ocio, o el grado de felicidad de las personas. El PIB omite el bienestar de las personas, la salud de nuestros ecosistemas, la paz social o el verdadero progreso. La conclusión está bien clara: este indicador debe ser ignorado, y sustituido por otros que contemplen todos estos factores.

 

Vamos a tomar las palabras de un experto, como es Florent Marcellesi, que en el prólogo al libro "El decrecimiento. La revolución del ser frente al tener", afirma lo siguiente: "Ante esta realidad, es hora de poner en marcha una "prosperidad sin crecimiento", entendida como nuestra capacidad de vivir bien y felices dentro de los límites ecológicos de la naturaleza. Esta tercera vía se basa en las siguientes premisas mínimas: redefinir de forma colectiva lo que llamamos riqueza y necesidades; reducir nuestra huella ecológica hasta que sea compatible con la capacidad del planeta; redistribuir el trabajo, las riquezas económicas, los cuidados, la tierra y los recursos naturales en base a la justicia social y ambiental; relocalizar la economía en circuitos cortos de consumo y producción; y desmercantilizar gran parte de nuestras actividades. Para alcanzar estos objetivos, tenemos que ejercer el poder que está en nuestras manos. Desde abajo y de forma cooperativa, existen numerosas iniciativas de soberanía alimentaria y agroecología, autosuficiencia energética, banca ética, monedas locales, ciudades en transición, etc., que desafían diariamente al coloso liberal-productivista con pies de barro y construyen ya la transición social, ecológica y ética de la sociedad. Este profundo cambio requiere además tejer redes entre todas estas "islas alternativas" para que se vayan conformando en archipiélagos, continentes, y ojalá un día, en sistema-mundo. Sólo tenemos un planeta pero para muchas generaciones, presentes y futuras, esta gran transformación no es una utopía, es una necesidad". Creo que sobran los comentarios. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 enero 2019 5 04 /01 /enero /2019 00:00
Fuente Viñeta: https://nulla.org/

Fuente Viñeta: https://nulla.org/

Hoy, el problema de la superación del trabajo asalariado es el problema principal en el mundo

Franco Berardi

Precisamente, en entregas anteriores nos hemos ocupado de la crisis del trabajo asalariado, acosado desde diversos frentes al mismo tiempo: la robotización y automatización de tareas humanas, la crisis de los modelos de negocio y su necesaria transformación en otros más sostenibles, la crisis energética y la transformación laboral que su adaptación provocará (lo estamos llamando colapso en nuestra serie de artículos "Filosofía y Política del Buen Vivir", actualmente en publicación), etc. Está claro que el trabajo asalariado será una pieza de museo dentro de no mucho tiempo, que esta crisis no acabará nunca, y que será necesaria la consagración de mecanismos que garanticen a todas las personas sus necesidades fundamentales, so pena de fomentar graves estallidos sociales. Pues bien, en este sentido, la RBU puede abrir amplias posibilidades, al poner en evidencia que el problema fundamental de las personas no es la falta de trabajo asalariado (que poco a poco tenemos que ir asumiendo), sino la imposibilidad de satisfacer sus necesidades básicas. El capitalismo poco a poco desposee a los más débiles para enriquecer a los más fuertes, y en ese sentido, hemos de desligar el instrumento "trabajo" del fin último de éste, que no es otro que garantizar una vida digna para las personas. La crisis terminal y civilizatoria cada vez ahondará en el abismo entre ambos conceptos. La alienación capitalista hacia el trabajo permite que todavía escuchemos el deseo de mucha gente de querer trabajar "aunque sea en una fábrica de armas, en una mina contaminante, o en un edificio pegando al mar". Va desapareciendo también la propia ética ligada al trabajo humano, tal como ya expusimos en concreto en nuestro artículo "Yemen, Arabia y Navantia". Hemos de tener claro, siendo coherente con nuestros razonamientos, que debemos abandonar la idea de que las personas "tengamos que trabajar para ganarnos la vida", asumiendo la dimensión capitalista de dicho trabajo, y anulando otras posibilidades. En ese sentido, como venimos comentando, la RBU es un instrumento liberador para la clase trabajadora. 

 

Nuestras necesidades materiales básicas son de alimento, de ropa, de un lugar digno donde vivir...pero no de poseer un trabajo remunerado en cualquier sitio, al que dedicarle varias horas de nuestra existencia diaria. Eso no es una necesidad esencial, sino una necesidad creada por la filosofía capitalista. El trabajo remunerado será únicamente una forma concreta de poder alcanzar otro objetivo, el dinero, que es el que realmente (bajo el modelo capitalista) nos permite conseguir los otros objetivos (la vivienda, el alimento, etc.). Manuel Casal en su fantástico ensayo "La izquierda ante el colapso de la civilización industrial", ya referido en entregas anteriores, y en el que nos basaremos en muchas ocasiones durante esta serie de artículos, nos ilustra con el ejemplo del lema de las Marchas de la Dignidad: "Pan, Techo y Trabajo", y resalta que mientras las dos primeras sí deben entenderse como necesidades materiales básicas, la tercera entra en otra dimensión conceptual distinta, y por tanto, no se debe poner al mismo nivel que las otras dos. El trabajo sería un "satisfactor de segundo nivel", ya que lo necesitamos para a su vez conseguir los otros objetivos. Casal Lodeiro afirma: "Tanto la izquierda como el conjunto de la sociedad parecen haber perdido de vista que el trabajo --tal como lo entendemos y reclaman muchos hoy-- es una categoría social muy reciente en la historia, un vehículo creado interesadamente por el capitalismo a lo largo de su desarrollo industrial, y en el que acabó creyendo ciegamente la izquierda (esto es, la mitología del trabajo), defendiéndolo al final como si fuera un fin en sí mismo". Es totalmente cierto, y en ese sentido, una parte de la izquierda debería releer a Marx para distinguir perfectamente todos los elementos que el capitalismo nos induce en nuestra vida, para que creamos en ellos como si fueran principios universales. Pero no lo son. El trabajo asalariado es simplemente un elemento de nuestra cultura capitalista, e históricamente no alcanza más de siglo y medio aproximadamente. Lo que hemos de hacer es procurar las necesidades materiales básicas de las personas de forma que queden garantizadas, independientemente de que tengamos o no un trabajo asalariado, nos dediquemos a filosofar, a escribir, a la música, a hacer cursillos, a cocinar, a educar a nuestros hijos, a viajar, o a cualquier otra actividad. 

 

Precisamente por eso la RBU es un instrumento liberador. Las reglas del capitalismo no pueden permitir que las personas queden con sus necesidades básicas cubiertas de forma independiente a que posean o no un trabajo, porque eso rompe sus esquemas de dependencia de forma absoluta, y empodera a las mayorías sociales, que de forma autónoma pueden elegir a qué dedican su tiempo, y cuánto tiempo dedican a cada tarea o actividad. Pero además, si las mayorías sociales alcanzan esta situación de liberación, también serán más conscientes de que necesitan menos (horas de trabajo) para vivir (bien), lo cual también es una afrenta peligrosa para el capitalismo. La reducción de la jornada laboral para un gran número de personas será una opción viable, después una opción elegida voluntariamente, a medida que nos demos cuenta de que realmente no necesitamos "tantas cosas" (es decir, consumir tanto) para poder vivir bien. El Buen Vivir basa su filosofía de vida en la verdadera austeridad, en la frugalidad de la vida, en el ser más feliz con menos, en renunciar al consumo masivo, para adecuar los parámetros de nuestra vida a una vida más local y más simple, sin lujos ni ostentaciones, pero con más tiempo libre, con más riqueza y con más contemplación, y por lo tanto, con más disfrute. No en vano es el modo de vida adoptado durante siglos por pueblos indígenas de todo el mundo (incluso actualmente podemos distinguir tribus en varios sitios del planeta que lo cultivan), cuyos modos de vida son fáciles, simples y locales, aprovechando lo que tienen alrededor. Desde la izquierda transformadora, por tanto, debemos empujar en el sentido de que la sociedad relativice el concepto del "derecho al trabajo", para que no lo santifique, para que deje de adorarlo, y se centre en los verdaderos derechos humanos fundamentales. Pero además de todo ello, la defensa de ese "crecimiento del empleo" que aún defienden las centrales sindicales mayoritarios y nuestros ineptos políticos, se basa a su vez en el propio crecimiento económico, y como venimos explicando, este concepto va expresamente en contra de la sostenibilidad del planeta y de nuestra vida dentro de sus límites (lo estamos explicando más profundamente en nuestra serie "Filosofía y Política del Buen Vivir"). 

 

Por tanto, desde la izquierda transformadora, defender medidas como la RBU implica también alejarse del discurso clásico y dogmático de "la lucha de la clase obrera contra el capital" entendida como la defensa a ultranza de todo tipo de empleos, porque ya estamos viendo que este discurso nos amarra a una realidad que no será posible. El productivismo laboral no puede colocarse sobre parámetros insostenibles, o bien que atenten contra los otros grandes pilares donde la izquierda del siglo XXI debe basarse (como son el ecologismo, el pacifismo, el feminismo, etc.). La bandera de lo laboral no puede colocarse por encima de todas las demás. Esa bandera debe pasar a ser la bandera de la emancipación de las mayorías sociales sobre el concepto de trabajo asalariado, su liberación de él, y su evolución hacia sistemas que se centren en cómo somos capaces, como sociedad, de garantizar a todo el mundo sus necesidades materiales básicas. El objetivo clásico del "pleno empleo" debe ser abandonado. En primer lugar porque una medida como la RBU liberará a todas las personas de su "impulso" a trabajar por un sueldo, pero en segundo lugar, la crisis civilizatoria que se nos avecina volverá imposible este objetivo. Hay que contarle a la gente que existen otras maneras de que las personas tengamos satisfechas nuestras necesidades básicas, sin tener que pasar obligatoriamente por la herramienta trabajo y por la "necesidad" dinero. El propio Casal Lodeiro critica en su referido ensayo la posibilidad de la RBU, ya que aporta el criterio energético (y el hecho del próximo agotamiento de los combustibles fósiles) en el mantenimiento de todas las estructuras de producción del Estado y de las empresas privadas, que actuarían impidiendo también que se pudiera mantener en el tiempo las asignaciones monetarias que la RBU intenta consagrar al conjunto de la ciudadanía. En posteriores entregas seguiremos analizando este enfoque ecosocialista sobre la posibilidad de la RBU, por su importancia y su peso específico en la consecución de esta medida. 

 

Otro crítico de la RBU desde la izquierda es el economista argentino y columnista del medio "La Izquierda Diario" Esteban Mercatante, que en este artículo se plantea ya desde el título: "Renta básica universal, ¿una solución capitalista a los males del capitalismo?". Para Mercatante, "aceptarla [a la RBU] por el lado "progresista" es cometer un error fatal: tomar por buena la premisa del fin del trabajo y proponer librar en otro terreno la pelea por el ingreso. De aceptar estas propuestas, la clase trabajadora tiene ya la mitad de la batalla perdida". Según este economista, no es una medida anticapitalista porque no se plantea expropiar los medios de producción. Nosotros pensamos que Mercatante emite estos juicios porque considera un análisis sesgado de la RBU. Retomo sus palabras: "...una renta básica que venga "desde arriba", como una política pública de seguridad social, difícilmente será universal, sino focalizada en los segmentos de bajos ingresos, y probablemente tampoco será básica, sino por debajo de la línea de pobreza. Sólo de esta forma podría compatibilizarse con la continuada explotación de la fuerza de trabajo en condiciones laborales cada vez más degradadas que necesita el capitalismo contemporáneo". Su análisis, por tanto, no corresponde con el enfoque que le estamos dando a nuestra propuesta de RBU. Esteban Mercatante desconfía de la posibilidad de que cualquier Gobierno pudiera llevar a cabo una propuesta decente de la RBU, debido a las fuertes presiones de las grandes corporaciones capitalistas, que no podrían tolerar el empoderamiento de los/as trabajadores/as que una medida de semejante calibre provocaría. Este economista plantea como mejor alternativa el reparto de las horas de trabajo, proponiendo incluso una reducción de la jornada laboral a 6 horas, y el reparto de todo el trabajo disponible "entre todas las manos posibles". Al igual que los que oponen los Planes de Trabajo Garantizado (PTG) a la Renta Básica Universal, nos parece que Mercatante, no convencido de las posibilidades reales de la RBU (o de que sea una medida realista ante la fuerza disciplinadora del gran capital), propone el reparto del trabajo y la reducción de la jornada como alternativa, cuando en realidad nosotros lo vemos como un complemento. Somos de la opinión de que lo necesitamos todo: el reparto del trabajo (para que todo el mundo que quiera trabajar y sea válido pueda hacerlo), los PTG (para que no se dependa únicamente de los puestos de trabajo procedentes de la corporación privada), y la RBU (para que nadie tenga que depender de modelos laborales agotados y en crisis para poder mantener sus necesidades materiales cubiertas). Continuaremos en siguientes entregas.

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2 enero 2019 3 02 /01 /enero /2019 00:00
Hacia otra Política de Fronteras (28)

Lo importante en esta larga marcha no es el lugar al que se dirigen, cerrado a cal y canto, sino por qué huyen. De qué escapan. Qué lleva a más de 10.000 personas disgregadas en cuatro caravanas a dejarlo todo, absolutamente todo, y lanzarse a una incierta caminata. Cada migrante que arrastra sus pies por la carretera, se cuelga en camiones o se hacina en palanganas de pick-up lleva en sus mochilas alguna historia terrible. Y cada narración ofrece unos datos estremecedores. Centroamérica es una de las zonas del mundo en las que más se asesina

Alberto Pradilla

De vuelta a las políticas de fronteras de la Unión Europea, hay que decir que cada vez encontramos más versiones de los Trump "a la europea", que con sus nacionales "primero", enrarecen el ambiente de la migración y afrontan las políticas más groseras, inhumanas y nauseabundas. El discurso xenófobo, incluso el abiertamente racista, campa a sus anchas, llena estadios de fútbol y platós de televisión, y lo más curioso es que gana adeptos día a día. Como afirma Marco Bascetta en este artículo para el medio El Salto Diario: "Estos discursos los han puesto en movimiento fuerzas políticas, marginales en la mayor parte de los casos, que han visto en la desorientación difusa generadas por las transformaciones productivas y en el ataque a los salarios y a las condiciones de vida que las acompañaba, la posibilidad de canalizar el descontento en una dirección nacionalista y autoritaria que les permita conquistar una posición central". Los bulos sobre que los migrantes vienen "a quitarnos el trabajo", "a vivir de nuestros servicios sociales", o "a no respetar nuestra cultura", entre otros muchos, se extienden como la pólvora. La ultraderecha nacionalista ha visto en este aberrante enfoque un nicho electoral, quizá la vía más sencilla para adquirir consenso y poder. Canalizar los descontentos hacia un chivo expiatorio, en este caso el extranjero, les está funcionando muy bien, ya que en prácticamente todos los países europeos tiene representación parlamentaria algún grupo de ultraderecha, o abiertamente neofascista. Y cada vez más asistimos a lamentables espectáculos, cuando por ejemplo (acaba de ocurrir esta pasada semana) no se les abren los puertos a los barcos humanitarios cargados de migrantes, y éstos son abandonados a su suerte. Los Gobiernos no tienen empacho en incumplir descaradamente normativas del derecho internacional, y en pasarse "por el arco del triunfo" (tomando la expresión de una pancarta de Greenpeace) los derechos humanos. Incluso barcos pesqueros típicos al uso están viéndose recientemente implicados en tareas humanitarias, porque los Gobiernos practican una clara dejación de sus funciones. 

 

El panorama, por tanto, es cada vez más insolidario, más cruel y más inhumano. Los países de la UE miran para otro lado, con la connivencia de las autoridades europeas (ya que éstas son las primeras desalmadas en esta historia), o abiertamente rechazan la posibilidad de acoger a refugiados en sus costas. El espectáculo es grotesco, impropio de países que se denominan "democráticos", cuando demuestran no tener ni repajolera idea de lo que esto significa, comenzando por el escrupuloso respeto a las leyes y tratados internacionales. Máxime cuando los millones de refugiados que huyen de sus países de origen (ya lo hemos mencionado en anteriores entregas) son producto de las políticas neocoloniales que los países "desarrollados" practican en sus territorios, de las invasiones, de las guerras inducidas, de la explotación y del control geoestratégico de sus recursos naturales. Europa, digámoslo claramente, ha renunciado a sus principios fundacionales, aunque muchos de sus gobiernos se tilden de "europeístas". Ese "europeísmo" se ha convertido ya en una palabra hueca, vacía de contenido. Los grandes medios de comunicación, por su parte, también aportan su perverso granito de arena, normalizando estas abyectas prácticas, y dando una versión suavizada de hechos que son absolutamente macabros. Como afirma uno de los comunicados de Médicos Sin Fronteras: "Salvar vidas no puede ser un debate: es un derecho humano y universal". Por cierto, que en la Unión Europea se ha llegado incluso a criminalizar e impedir su labor a estas ONG's que de forma altruista se dedican a las tareas que los Gobiernos no quieren llevar a cabo. Sin ir más lejos, el conocido barco Aquarius continúa paralizado en el puerto de Marsella tras serle retirada la bandera en varias ocasiones, como resultado de una presión política "que busca poner fin a las actividades de asistencia humanitaria en el Mediterráneo" (Comunicado MSF). 

 

En su asqueante discurso, los líderes europeos han llegado a afirmar que las ONG's promueven la inmigración ilegal, dando así la vuelta a la tortilla, con un cinismo como no se ha visto jamás en la historia. Los vergonzantes acuerdos con Libia y Turquía se están poniendo en entredicho, recibiendo todo tipo de acusaciones, con razón. Diversos reportajes e investigaciones comprobaron hasta qué punto se llevan a cabo prácticas inhumanas o degradantes en las costas de Libia, como la trata, la prostitución forzada o la venta de esclavos, con la complicidad de nuestros gobiernos europeos. La guardia costera libia ya ha recibido montones de denuncias por maltrato, violencia, abandono, o por negarse a prestar ayuda humanitaria en alta mar. Actualmente, Italia ha dado pasos adelante en esta infernal escalada, amenazando incluso con revertir los parámetros del Tratado de Schengen, que determina la libre circulación de las personas dentro de los países comunitarios, uno de los pilares fundamentales de la propia UE. Y así, vamos de disparate en disparate, de salida de tono a salida de tono, de incumplimiento a incumplimento, de dolor en dolor. Se baraja incluso la posibilidad (siempre con aras de proteger las fronteras) de crear un cuerpo especial, una especie de Guardia Costera Europea, conformada por profesionales de los 28 Estados miembros, con poderes de policía para poder perseguir y detener a los traficantes de migrantes, pero también a las ONG's acusadas demencialmente de ser sus cómplices. La tendencia general es la creciente militarización del Mediterráneo, y poner los criterios de seguridad por encima de los derechos humanos de las personas desplazadas. Al fin y al cabo, no hacemos más que incidir en la corriente de pensamiento que sostiene que las migraciones hay que entenderlas como un problema de seguridad, y por lo tanto, reafirmar ante ellas y la "amenaza" que suponen el imperio de la autoridad y de la ley, a rajatabla y sin escrúpulos, sin contemplaciones, ante el desamparo de quienes viven estas terribles situaciones. Pero ellos mismos se contradicen, ya que la primera ley es la Declaración Universal de los Derechos Humanos y los tratados surgidos de ella, que es absolutamente violada por estos gobiernos déspotas. 

 

En USA, sólo entre los meses de abril y mayo de 2018, casi 2.000 niños y niñas fueron separados de sus padres y madres. Allí, como ya hemos explicado en las entregas anteriores dedicadas a la Caravana centroamericana, los migrantes ilegales son detenidos en cárceles federales, donde los menores no pueden ingresar. Y así, de una forma cruel e inhumana, estos menores son separados de sus padres y madres sin saber cuándo volverán a verlos. El ex Fiscal General Jeff Sessions llegó a afirmar: "Si no quieren separaciones no vengan con niños. Si vienen con sus hijos serán separados de ellos y ustedes irán a la cárcel". Federico Larsen cuenta en este artículo para el medio argentino L'ombelico del Mondo que el periódico The New York Times llegó a contabilizar hasta 74 condenas a migrantes ¡por minuto! sólo en el Juzgado Federal de Texas. Todas ellas fueron expulsiones. Y en los casos en que se trataba de padres llegados a EE.UU. con hijos, no se les dejó entrar en contacto con los menores antes de la ejecución de la condena. La crueldad es máxima. Federico Larsen explica: "La justificación se encontraría bajo la vieja norma según la cual los inmigrantes serían una de las principales causas del aumento de la violencia y la criminalidad en los países. Sin embargo, son los mismos datos empíricos elaborados por las agencias de seguridad de esos Estados los que demuestran lo contrario. Según estadísticas publicadas por el FBI, el número de migrantes irregulares en los EE.UU. pasó de 3,5 millones en 1990 (el 7,9% de la población) a 11,2 millones en 2013 (el 13,1% del total). Durante ese mismo período, los delitos violentos decayeron un 48% y los delitos contra la propiedad un 41%. Es decir, cuantos más migrantes ilegales, menos delitos". Pero a pesar de estos datos, los dirigentes políticos mantienen sus indecentes discursos. Así mismo, el criterio de prohibir la inmigración desde determinados países de origen tampoco se mantiene con un mínimo de credibilidad, pero aún así, la Administración Trump veta sistemáticamente a las personas procedentes de Irán, Somalia, Libia, Yemen, Siria y Sudán. Igualmente, la Administración norteamericana intenta anular el Estatus de Protección Temporal (TPS), concedido a los extranjeros de determinados países afectados por alguna catástrofe natural para poder permanecer en los Estados Unidos (por ejemplo, los procedentes de El Salvador, Haití, Honduras y Nicaragua).

 

Las cifras oficiales de ACNUR dicen que USA sólo cobija a 640.000 de los 68,5 millones de refugiados que hay en el mundo. Paradójicamente, es el país del hemisferio norte con menos refugiados en su seno, pero con la mayor cantidad de solicitudes: existen alrededor de 650.000 solicitudes de asilo que esperan respuesta, y sólo fueron atendidas en torno a 65.000 de ellas. El panorama europeo también va en la misma línea: migrantes desatendidos en alta mar, incumplimiento de las cuotas de refugiados que se autoimpone la UE, rechazo en caliente, puertos cerrados, criminalización de las ONG's, presencia de muros y concertinas, criterios y argumentos absolutamente salvajes, acuerdos indecentes con terceros países para retener la entrada de migrantes, mafias a diestro y siniestro que van a la captura del "candidato a migrante" para sacarle el dinero y embarcarlo hacia una aventura sin destino cierto, y un largo etcétera de circunstancias aberrantes están a la orden del día en nuestro Viejo Continente. Otra Política de Fronteras es absolutamente necesaria: implicada, decidida, legal, respetuosa, decente, coherente, humanitaria y solidaria. Pero comenzando (ya lo venimos afirmando desde las primeras entregas de la serie) por no fomentar las sociedades fallidas en sus países de origen, que es precisamente lo que hacemos, tanto USA como la Unión Europea del capital. Unas sociedades fallidas a pesar de su riqueza, porque nosotros, los países del norte, nos dedicamos a expoliarlos por sistema, llevamos décadas (siglos incluso) esquilmando sus recursos naturales, utilizando a su población como mano de obra semiesclava, fomentando guerras tribales por el poder local, haciendo "buenas relaciones" con dictadores y genocidas, atacando sin piedad los gobiernos de aquéllos países que pretenden liberar a sus pueblos de las dependencias y tiranías impuestas por nosotros...Nuestra inmediata política de fronteras debería comenzar por abandonar todas estas prácticas salvajes y explotadoras. Y continuar por la acogida solidaria e integradora de las personas migrantes. Otro gallo nos cantara. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 enero 2019 2 01 /01 /enero /2019 00:00
Imagen: http://unidadcivicaporlarepublica.es/

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Un Jefe del Estado que no ha pasado por las urnas tiene que mantener una delicada distancia política y debe sentirse y mostrarse solidario con las víctimas de cualquier crimen y no dependiendo de quiénes sean y qué discurso mantengan los verdugos

Emilio Silva (Presidente de la ARMH)

En su discurso navideño del pasado día 24, el Rey Felipe VI usó más veces que ninguna otra, la palabra “convivencia”. Pues bien, vamos a prestarle a ella toda nuestra atención. Alusiones varias a que protegiéramos y cultiváramos dicha convivencia, porque parece ser que es “lo mejor” que tenemos los españoles, fueron insertadas varias veces en su discurso. Lo primero que habría que decirle al monarca es que ninguna convivencia es sana y democrática cuando hay algo impuesto, y en este caso, lo impuesto es él, es decir, la Corona. Una institución caduca y antidemocrática por naturaleza, que además en este caso se impuso por el propio dictador antes de su muerte. Franco impuso a su padre, y éste simplemente refrendó la Constitución cuando el Presidente Suárez ya se había encargado de que figuraran (en la Ley para la Reforma Política de 1976) las palabras “Rey” y “Monarquía”, ignorando un sufragio popular en torno a la Corona, porque “hacíamos encuestas y perdíamos”, en propia confesión de Suárez a Victoria Prego en 1995.

 

Sería incluso posible ignorar, pasar por alto aquéllos tiempos tan convulsos, pero en 2014 cuando su padre (ahora Rey Emérito) Juan Carlos de Borbón abdica…¿por qué no se consulta al pueblo sobre el modelo de Estado? Felipe hace caso omiso y acepta la Corona, es decir, nos la vuelve a imponer a todos los españoles, nos guste o no. Por eso el Rey tiene que hacer un discurso llamando a la “convivencia”, es decir, a la tranquilidad, a la paz social, porque sabe que se juega en caso contrario su propio Trono. En segundo lugar, habría que decirle al monarca, y tomo para ello las palabras de Juanma del Olmo (Podemos):El mensaje central de su discurso es la convivencia, pero no se puede hablar de convivencia sin hablar de los que la rompieron”. Rescatemos en este sentido una de las frases de su discurso: “Una convivencia que se basa en la consideración y en el respeto a las personas, a las ideas y a los derechos de los demás; que requiere que cuidemos y reforcemos los profundos vínculos que nos unen y que siempre nos deben unir a todos los españoles; que es incompatible con el rencor y el resentimiento, porque estas actitudes forman parte de nuestra peor historia y no debemos permitir que renazcan” (el subrayado es nuestro). Hay que decirle al monarca bien alto y claro que en nuestro país no hay rencor, ni resentimiento, ni deseo de venganza, sino de justicia, verdad y reparación. Incluso de garantías de no repetición, que tampoco se están observando, pues ninguno de los poderes fácticos del franquismo se ha desmontado (Fuerzas Armadas, Iglesia Católica, banca, grandes empresas…).

 

Es ya un clásico en el discurso navideño del Rey, que a lo mejor aprovechando el carácter festivo, amable y cariñoso de estas fiestas, lo suelta como quien no quiere la cosa. En el discurso de 2016 pronunció las siguientes palabras, tal como nos recuerda la ARMH en este artículo que recoge el medio Insurgente:Son tiempos para profundizar en una España de brazos abiertos y manos tendidas, donde nadie agite viejos rencores o abra heridas cerradas”. Más de lo mismo. Es un llamamiento a la concordia que no podemos aceptar los republicanos, porque como hemos explicado más arriba, no sólo los desaparecidos, los asesinados, los encarcelados, los arrojados a las fosas y a las cunetas, las mujeres violadas y maltratadas, los bebés robados, los exiliados, los que trabajaron a la fuerza, los que murieron de hambre, los que fueron despojados de sus bienes, o los que fueron expedientados y echados de sus puestos de trabajo, sino también la imposición a la fuerza de un régimen monárquico, van contra nuestros principios y pesan mucho en nuestras mochilas. Unas mochilas, insistimos, que no están cargadas de odio, pero sí necesitadas de mucha justicia, una justicia que esta restauración borbónica se niega a conceder a “todos los españoles”. Es un discurso por tanto autoprotector, con un rescoldo de miedo y de tranquilidad impostada, como si aquí no pasara nada. Es como si nos dijeran: “No preocuparos por los muertos de las cunetas, por los desempleados, por los precarios, por los pobres, por los desahuciados, por los pensionistas de míseras pensiones, por los jóvenes que se tienen que marchar al exilio laboral, por los estudiantes que no pueden pagar sus matrículas, por las mujeres que sufren la desigualdad y la violencia de género…¡Que reine la concordia!”. Es un discurso injusto, vacuo, inútil, insultante y repulsivo, digno precisamente de quien viene.

 

Son declaraciones indignas de un monarca, a sabiendas de que nuestro país ha sido amonestado por la ONU precisamente para exigir a nuestras instituciones la garantía de los derechos de las víctimas de la dictadura franquista. No puede existir en nuestro país esa “convivencia” ideal y pacífica que el Rey reclama desde la altura de su poltrona, no puede darse esa “concordia” (es también la palabra que utiliza Pablo Casado para nombrar su propuesta para derogar la Ley de Memoria Histórica) falsa, hipócrita y desigual, que trata mejor a los verdugos que a las víctimas, y que se desentiende y obstaculiza los pasos del derecho internacional sobre los derechos humanos cada vez que nos sacan los colores desde terceros países o instituciones. Cada vez estamos más convencidos de que este Régimen del 78 está podrido y no tardará en caer. Un Régimen sustentado en la desigualdad, en el desmontaje del bienestar, en la impunidad de los corruptos y de los asesinos franquistas, en el poderío de la Iglesia Católica y de las grandes empresas, ya ha durado demasiado. Tuvimos cuarenta años de dictadura y hemos tenido otros cuarenta de propina (o “de cloroformo”, en expresión de mi admirado Isidoro Moreno). Cuando hagamos caer este sucio y abyecto régimen, podremos algún día alcanzar la verdadera convivencia. Sin Reyes que nos tengan que llamar a ella, porque la convivencia no puede ser jamás algo impuesto o inducido, sino algo surgido de la propia armonía entre los pueblos y el conjunto de la ciudadanía.

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31 diciembre 2018 1 31 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Paolo Lombardi

Viñeta: Paolo Lombardi

Leemos los diarios cada mañana y nos indignamos con la ineptitud, la falta de conciencia y la incapacidad de los gobiernos de encontrarle soluciones al problema del cambio climático. Les exigimos a los representantes nacionales que estuvieron en Polonia que eviten la amenaza inminente y catastrófica del calentamiento global. Eso sí, que las soluciones que encuentren no reduzcan nuestro nivel de consumo, ni nuestros salarios, ni suban los precios, ni nos quiten el confort. Que no desacelere el crecimiento económico del país, ni le reste competitividad, ni reduzca su nivel de exportaciones. Bueno, tengo una mala noticia: no se puede

Gerardo Honty

En la entrega anterior ya pusimos un ejemplo rápido y elocuente para que se comprendiera, al menos en una idea inicial, el concepto del decrecimiento. Hicimos para ello un relato muy superficial, pero también un relato muy cotidiano, para que los lectores y lectoras pudieran asociarlo rápidamente con algún aspecto de su vida. Pero el relato no queda ahí. No es tan fácil, porque influyen muchos más factores que no contamos allí. Porque retomando nuestro ejemplo, el proceso del decrecimiento no implica sólo que los ciudadanos/as no compremos más coches, o que compremos menos, sino hasta qué punto estamos preparados para llevar una vida sin nuestro automóvil. Y hasta qué punto la fábrica de coches "se puede permitir" fabricar menos coches, lo cual también conllevaría, entre otros efectos, necesitar menos empleados/as. El asunto, como puede comprobarse, no es fácil. Seguiremos a Gerardo Honty en este didáctico artículo para el digital Rebelion. El epicentro del problema está en el consumo. Nuestra civilización industrial se basa en la inercia del consumo, todos los demás parámetros están en función del consumo. De entrada, el consumo abarata también los productos finales, para que estén asequibles a todo el mundo. Siguiendo con el ejemplo de los coches, todos disfrutamos de los bajos precios de los combustibles (y protestamos cuando nos suben los precios, como ahora mismo está ocurriendo en Francia con los llamados "chalecos amarillos"). Si de repente nos suben los precios, nos fastidian nuestra vida cotidiana, porque está en función de nuestros desplazamientos. Pero igual lo podemos extrapolar a otros productos. Por ejemplo, festejamos la oportunidad de comprar un producto barato que llega por barco desde el otro lado del mundo, pero no nos percatamos de que precisamente es barato porque se procesa en un parque industrial o tecnológico que se alimenta de gas o de petróleo, o que utiliza una electricidad barata generada por carbón, o que seguramente utiliza una mano de obra semiesclava. Gracias a estas circunstancias, o a la suma de todas ellas, lo podemos adquirir, porque en caso contrario, si su coste de producción fuese muy alto, no llegarían hasta nosotros a precios bajos.

 

El consumo es la base del crecimiento económico, y para que haya consumo las cosas no pueden ser caras. Porque cuando la economía neoliberal habla de "crecimiento económico" se refiere únicamente a un indicador, el PIB, que mide de forma aislada la cantidad de bienes, productos y servicios que nuestra comunidad ha sido capaz de crear en un año. Pero claro, todos esos productos se han fabricado porque esperan ser consumidos, y para ello, hay que ponerlos en los mercados bajo unas condiciones asequibles para la gran mayoría de la población. Y al final, el montaje de este sistema económico depende sobre todo de una fuente energética asequible y barata, como es el petróleo. Tenemos dos problemas con respecto a este hecho: el primero es que el petróleo (y el gas, y el carbón) son fuentes fósiles de energía, es decir, necesitan para su extracción y producción mecanismos energéticos muy costosos en emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), que llevan calentando el planeta desde hace demasiado tiempo. El cambio climático viene producido por los efectos de estas emisiones. Pero dijimos que teníamos un segundo problema...¿qué pasa si esa fuente energética asequible y barata llega a alcanzar sus límites naturales? De hecho, el cénit del petróleo fue ya alcanzado, es decir, ya no tenemos más reservas naturales donde obtenerlo, por lo cual estamos ya en la recta final que nos condena a quedarnos sin él cuando acaben los procesos extractivos actuales. En realidad, si nos damos cuenta, ambos problemas convergen en uno: el colapso civilizatorio. Porque tanto el cambio climático que venimos comentando como la escasez y agotamiento de los combustibles fósiles nos abocarán al fin de la civilización industrial tal y como la conocemos. Sin embargo, aquí seguimos, fingiendo que no lo sabemos, o que no nos importa, pasando el balón hacia adelante, en una desquiciada fuga sin destino. 

 

Por tanto...¿cuál es la salida, si es que existe? Como el modelo de civilización industrial basado en el consumo desaforado y las energías fósiles no podrá continuar, el decrecimiento se nos impone como la única salida. Y de nosotros depende que seamos capaces de decrecer hasta un punto más o menos traumático, en el cual converjan una utilización muy avanzada de las energías renovables (que no necesitan extractivismo sino únicamente transformación, y no son contaminantes) junto a un cambio en el conjunto de nuestros modos de vida, costumbres y metabolismos culturales (es decir, el decrecimiento). Si somos capaces de hacer converger estos dos factores de manera rápida e inteligente, el colapso no será tan traumático, pero si continuamos por la senda actual hasta "media hora antes de que se agote el petróleo del mundo", entonces nos veremos abocados a estallidos sociales sin precedentes, que junto con los efectos más radicales del cambio climático, harán este planeta insostenible para la especie humana. Bien, la pregunta es...¿es fácil? La respuesta es NO. No es nada fácil. Pongamos un ejemplo muy actual. La reciente Cumbre de Katowice (COP24, Polonia, que como siempre ha defraudado en sus expectativas) se ha celebrado en una ciudad cuyo modelo industrial y de desarrollo depende en muy alto grado de las minas de carbón. La pregunta es: ¿cómo se tomará el alcalde de dicha ciudad el tener que decirle a sus habitantes que van a cerrarse próximamente las minas, sabiendo que es su nicho laboral predominante? O imaginémonos que somos el Ministro de Industria de algún país exportador de petróleo, de un país cuyos ingresos propios dependan en más de un 50% de dicha actividad. ¿Cómo reaccionaríamos si nos dicen que la solución para el cambio climático es reducir la actividad extractiva y exportadora, con la consiguiente disminución de los ingresos? La papeleta sería dura. Y también podemos ponernos en el lugar de los líderes sindicales de los obreros de dichos ejemplos. Como podemos imaginar, a nadie puede gustarle tener que asumir la idea de tener que recortar drásticamente las fuentes de riqueza autóctonas de un país, y más en un reducido intervalo temporal. 

 

El asunto, por tanto, se nos presenta, cuando menos, peliagudo. El problema es que si no lo asumimos y actuamos pronto, el problema acabará estallando en nuestras propias narices, cuando ya sea demasiado tarde. Bien, vayamos ahora a desmentir otra hipótesis. Porque podríamos pensar: ¿sería posible sostener el crecimiento económico actual, pero reduciendo las emisiones de gases de efecto invernadero utilizando fuentes energéticas renovables (solar, eólica...)?. La respuesta es, al igual que antes, NO. Sentimos la decepción, pero hemos de ser realistas, y enfrentarnos a los hechos. De entrada, las fuentes renovables no pueden sostener el volumen económico global actual, ni incluso aunque se aprovecharan al 100%. Pero existen más razones que hacen este supuesto inviable: para empezar, los países exportadores de petróleo no pueden exportar otras energías, sólo las que tienen en su subsuelo. Para ellos, por tanto, la sustitución por energías renovables no es una solución. Pero tampoco es solución para los consumidores finales que utilicen un tractor o cualquier otro tipo de maquinaria agrícola, porque dichas máquinas tampoco funcionan con energías renovables. El mismo argumento puede extrapolarse para todo el sistema de transporte que nutre el comercio global (aviones, trenes, barcos...), y que hacen posible la vorágine de consumo y de crecimiento económico actuales. Al igual que no existe una tecnología renovable capaz de generar el calor que requieren determinadas industrias como la del acero, o la siderurgia. Pero existen además otros problemas añadidos: las fuentes de energía renovables utilizan otros elementos que no lo son: los paneles solares, los aerogeneradores, las baterías de almacenamiento y demás elementos requieren para su fabricación de una cantidad importante de metales, minerales no metálicos y tierras raras que ni son infinitos, ni baratos. Al igual que para mantener la fabricación de nuestros sofisticados teléfonos móviles, estos dispositivos necesitan poderosos procesos de extractivismo para preparar los componentes internos. Todo ello nos lleva a la conclusión de que llevar a cabo la transformación de la matriz energética global es algo que no se hace de la noche a la mañana, y de que por tanto, la única solución es fabricar menos, consumir menos, trabajar menos...Decrecer, en una palabra. Maravillosa o caótica palabra, según se mire. Pero en cualquier caso, la solución. 

 

La conclusión está clara, y nos hacemos un flaco favor si no queremos verla: aunque pudiéramos imaginarnos un mundo 100% renovable (situación que ya hemos visto que es harto complicada), esto no sucedería en el corto espacio de tiempo (varios lustros) como para suavizar el cambio climático. Y aún si existiera la capacidad tecnológica y de recursos naturales para hacerlo (que también hemos visto que no es posible de momento), todo ello no podría llevarse a cabo sin detener el crecimiento económico. Hemos llegado a un mundo donde la civilización industrial nos ha impuesto tantas dependencias e interdependencias que es muy difícil sustituir algunas piezas del puzzle sin afectar profundamente a otras. Por tanto, no existe una solución que satisfaga las necesidades del clima (frenar el calentamiento global, a costa de frenar las emisiones de GEI) y las necesidades de crecimiento económico. Si los requisitos no se adaptan a las necesidades, está claro que deberemos cambiar las necesidades. No existe otra vía. Necesitamos el cambio mental y cultural que el decrecimiento supone, y lo necesitamos tanto de abajo hacia arriba (es decir, desde los movimientos sociales y la acción individual o grupal de la ciudadanía) como de arriba hacia abajo (desde los más altos representantes políticos, económicos y sociales de nuestras Administraciones e instituciones y organismos). No bastará sólo con una vía. La transformación cultural y las acciones a proyectar requieren ir en ambas direcciones. Porque nada podrá hacerse desde arriba sin una ciudadanía convencida (crearemos estallidos sociales y revoluciones), ni tampoco desde abajo sin unos responsables políticos y económicos convencidos (porque sólo desde arriba a nivel político se puede actuar para transformar ciertos modelos). Por eso, las iniciativas políticas necesitan de grandes dosis de pedagogía social, para concienciar a las masas sobre la gravedad del problema que sufrimos. Y paralelamente, necesitan ser expuestas ofreciendo vías alternativas de solución, para al menos suavizar los efectos negativos de estas transformaciones. Pero el panorama actual es todavía incierto, pues ni abajo ni arriba tenemos la suficiente conciencia como para generar inercia para esta transformación. Es decir, ni gobernantes, ni empresarios, ni trabajadores, ni resto de ciudadanos tenemos el suficiente conocimiento ni la conciencia para generar la respuesta adecuada. Nadie parece aceptar la responsabilidad de una civilización edificada sobre combustibles baratos que ha alcanzado sus límites. Sólo el decrecimiento podrá salvarnos. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 diciembre 2018 5 28 /12 /diciembre /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://www.mediatics.com/

Fuente Viñeta: https://www.mediatics.com/

En la historia humana hasta el momento actual, el hombre ha visto limitada su libertad de actuar por obra de dos factores: el uso de la fuerza por los gobernantes (esencialmente su capacidad de matar a quienes se oponen), y lo más importante, la amenaza del hambre contra quienes no están dispuestos a aceptar las condiciones de trabajo y de existencial social que se les imponen

Erich Fromm

La cuantía concreta de la RBU es otro tema importante a concretar, no obstante no lo haremos aquí para no profundizar en asuntos que la implementación concreta realizaría. Recomiendo a mis lectores y lectoras acudir a los diversos estudios que en el sitio oficial de Red Renta Básica han publicado sus autores, principalmente los profesores de la Universidad catalana, con Daniel Raventós a la cabeza. Ellos han publicado varios trabajos donde no solo concretan la cantidad que la RBU debería alcanzar, sino que demuestran hasta qué punto la combinación eficaz de un nuevo sistema fiscal progresivo (junto con las otras medidas que ya hemos comentado en entregas anteriores) haría perfectamente financiable la medida. Aquí sólo recalcaremos algunas cuestiones sobre la cuantía de la RBU: en primer lugar, el criterio a contemplar debe ser el que marquen los indicadores de pobreza oficiales (españoles, Eurostat, UE...), pero insistiendo que no nos valen los indicadores de "pobreza familiar", sino de "pobreza individual", pues la RBU siempre es personal e intransferible. En segundo lugar, recalcar el hecho de que la cuantía puede variar según el segmento de edad al que se aplica, dependiendo de diversas propuestas de varios autores. Algunos plantean dos cantidades para la RBU: una para los menores de edad (que percibirían una RBU más pequeña), y otra para los adultos. Otras propuestas distinguen hasta tres escalas de edades (con tres cuantías de RBU distintas), y otros incluso distinguen una sola cuantía de RBU perceptible sólo para los adultos. Donde sí insistimos es en que la RBU haría confluir en ella todas las demás prestaciones monetarias que los ciudadanos/as puedan percibir por su situación (desempleo, invalidez, jubilación, viudedad, orfandad, incapacidad, prestaciones no contributivas, pensiones especiales...). Al confluir todo tipo de prestaciones en la universalidad de la cuantía de la RBU, dejarían de ser problema todas las prestaciones mínimas indignas que se conceden en la actualidad. 

 

Ni que decir tiene que las personas que ya estuvieran disfrutando de pensiones (o cualquier otro tipo de prestación económica) superiores a la cuantía que se estableciera para la RBU, no verían mermadas sus prestaciones. Es decir, en el momento de entrada en vigor de la RBU, todas las pensiones superiores a ella en cuantía se respetarían. Volvemos a insistir en que el problema de fondo para la implantación de la RBU no es financiero ni macroeconómico, sino político. Siendo la RBU un mecanismo simple de redistribución de la riqueza, mediante el cual se erradica la pobreza de nuestra sociedad y se empodera a la clase trabajadora y más vulnerable, este escenario asusta mucho a las élites económicas, sociales y políticas del país. A partir de ahí, se han diseñado todo un corolario de absurdos e insostenibles argumentos para intentar desbancarla. Ninguno está sólidamente fundamentado. Únicamente representan en el fondo el miedo que dichas élites tienen a que se implante una medida de tal calado. Existe toda una estructura de poder que simplemente no está dispuesta a admitir ninguna concesión sobre la pérdida (aunque sea pequeña) de sus privilegios por una parte, y por otra parte, existe toda una resistencia cultural (debido a tantos siglos de capitalismo) contra toda política de rentas que no pase por el control, los filtros y las decisiones del mercado de trabajo (ver entregas anteriores donde hemos expuesto a fondo este debate). La RBU presenta un derecho de ciudadanía consagrado y universal, desde el nacimiento a la muerte, y para la cual no hay que presentar documentos ni solicitudes. Es tu país quien te reconoce ese derecho, extendido también para los migrantes que se establezcan en el país. Comparemos esto con las prestaciones actuales, basadas en una montaña de requisitos excluyentes: si trabajas, dejas de cobrar; si alcanzas un nivel de ingresos que supere el estipulado, dejas de cobrar; si no eres mujer trabajadora, aunque tu hijo/a sea menor de tres años y estés muy necesitada, no cobras; si no eres mayor de 25 años o no puedes probar que eres pobre de solemnidad, no cobras; si cumples con todos los requisitos, pero no aportas una contraprestacion, no cobras; si no consigues trabajar un número mínimo de peonadas al año, no cobras...

 

Requisitos y más requisitos, cada cual más absurdo, porque no es digno para nadie tener que "demostrar" ante la Administración su nivel de pobreza. Dichos requisitos no están basados en los niveles de justicia social y equidad, sino en que los balances presupuestarios cuadren. Lo que se hace es decir: "Tenemos este dinero para repartir prestaciones. Vamos a diseñar un cuadro de requisitos para tener que pagar, según nuestras estadísticas, al número de personas que nos permite el presupuesto". Desde esta injusta mirada, son las personas las que se tienen que adaptar al presupuesto, y no al contrario. Así que si aún así nos salen más perceptores de la cuenta, volvemos a establecer condiciones, precondiciones y cruces de requisitos, para ver si así se reduce el número de perceptores totales. La óptica social, con la RBU, tiene prioridad absoluta. Los requisitos sobran. Con la RBU no habrá nadie pobre, pero no todo el mundo ganará, sino que los más ricos perderán. Este planteamiento, verdaderamente socialista de la redistribución de la riqueza, será enseguida maldecido por los poderosos, para los cuales apareceremos como "peligrosos comunistas", por aplicar dos criterios de clara justicia social: 

 

1.- "De cada cual, según sus capacidades". Este principio tiene que ver con la financiación de la RBU, porque en efecto, la implantación de un sistema fiscal realmente progresivo permitirá que los que más tienen y más cobran aporten más al sistema universalizado de la RBU que los que menos tienen. Es decir, la financiación para la RBU no es homogénea, sino que proviene precisamente de los que más aportan mediante los impuestos a las arcas públicas: IRPF, Impuesto de Sociedades, Impuesto al Patrimonio y las Grandes Fortunas, Impuesto a las Transacciones Financieras...

 

2.- "A cada cual, según sus necesidades". Este principio tiene que ver con el proceso de redistribución de la riqueza que la RBU consigue, y desde este sentido, se garantiza que no exista la pobreza en ninguna sociedad donde se implemente. Con la RBU, ya lo hemos dicho, seguirá habiendo ricos, pero los pobres dejarán de existir, y con ello, toda la rocambolesca acción de la caridad, implementada en acciones institucionales, Iglesia Católica, ONG's y demás organizaciones caritativas. La caridad se acaba en una sociedad que no lo necesita. Las personas no necesitamos limosnas, ni bancos de alimentos, sino que nuestra sociedad nos garantice la cobertura de nuestras necesidades básicas.

 

Esta filosofía política de la "redistribución progresiva" es tremendamente eficaz para conseguir una sociedad igualitaria. Los más ricos y poderosos no la apoyan, porque prefieren (incluso hemos señalado que existe una idea de la RBU que lo persigue) que los servicios sean pagados por quienes los usan, sin progresividad ninguna. Desde este enfoque insolidario, muchos pueden plantearse: ¿Por qué tengo que pagar yo mi parte proporcional para financiar una RBU que yo no necesito? Pues por la misma razón que todos pagamos las Universidades (aunque no las usemos), por la misma razón que todos pagamos las autovías (aunque muchos no posean coche), por la misma razón que todos pagamos la sanidad pública (aunque no estemos enfermos), etc. Es obvio que el uso y disfrute de los bienes públicos no es totalmente homogéneo ni igualitario, pero no por ello hemos de renunciar a los pilares de un modelo de sociedad altamente redistributiva, porque esta idea no es injusta ni regresiva, sino solidaria. Los que piensan así es que en el fondo están en contra de todo bien público, es decir, están a favor de que se elimine todo lo público. La RBU es en sí misma un bien público, al igual que los demás: todos recibimos la misma cantidad, pero no todos contribuimos lo mismo. Pero como esta idea crea auténticos sarpullidos en los más ricos y poderosos, es por ello que la idea de la RBU lleva aparcada en los cajones durante décadas, y seguro que aún costará muchos años poder llegar a una primera implementación práctica de la misma. Insistimos: la RBU no es el "bálsamo de fierabrás", no es la panacea que nos vaya a eliminar todos los problemas de nuestra sociedad, pero veámoslo desde este punto de vista: ¿Hemos calibrado alguna vez la importancia de la dimensión humana de una sociedad donde no existan pobres? ¿De verdad hemos calculado en términos de eficiencia y felicidad el modelo de sociedad que alcanzaríamos con la RBU? ¿Nos hemos parado a pensar cuánto sufrimiento eliminaríamos, cuanta desdicha, vergüenza e injusticia seríamos capaces de paliar? Pues pensémoslo: merece la pena, a lo mejor alguien es capaz de convencerse de la bondad de esta medida imaginándose una sociedad que alcance dichos objetivos. Continuaremos en siguientes entregas.

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26 diciembre 2018 3 26 /12 /diciembre /2018 00:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

La caravana migrante es el reflejo de una sociedad hundida en la corrupción, que intenta sobrevivir ante las prominentes amenazas. Sé que los demás países Centroamericanos y del Norte tienen sus propios problemas y no están dispuestos a soportar “invasiones” como dicen, pero en realidad es momento de levantarse, investigar, y luchar por los derechos en cada país y exigirle a EEUU –país que paradójicamente abandera las luchas contra la corrupción en Centroamérica y a la vez interviene de manera negativa apoyando élites corruptas, Golpes de Estado, lo que nos hacen convulsionar como sociedad– su dimisión definitiva de nuestros países centroamericanos

Libnny Espinoza

"Esto no es una caravana, es una invasión", "primero los nuestros" y otros cobardes eslóganes por el estilo es lo que está difundiendo el siniestro Presidente de USA, Donald Trump, desde que los migrantes comenzaron su andadura. Estos racistas salvapatrias son capaces de corear cualquier salvajada con tal de inocular el odio al extranjero. ¡Qué facil es levantar el dedo contra los más vulnerables, cuando no se tiene el suficiente coraje para levantarlo contra los poderosos! Frente a tales descalificaciones brutales y absurdas, toda una red de solidaridad itinerante se ha ido desplegando por varios países, a medida que la Caravana los atravesaba: mantas, bebidas, comida...todo lo que hiciera falta para hacerles la marcha un poco más agradable. ¡Hace falta tener muy mala sangre para llamar "criminales" a estas personas, que únicamente están huyendo de las mafias de su país, de la extrema pobreza, de la corrupción, de la violencia del Estado, del crimen organizado, del narcotráfico, y en general, de las tropelías de los gobiernos títere de Washington y sus poderosas corporaciones (aliadas, cómo no, con la oligarquía local). Y si miramos al resto de la comunidad internacional, ningún gobernante ha tenido las agallas y la integridad suficiente para encararse al gobierno estadounidense, denunciar sus fechorías y defender a esta pobre gente. Pero pese a todo, la organización de estos migrantes es espontánea, porque obedece a los instintos más primitivos, a su autodefensa frente a un sistema que los explota y los denigra. De hecho, es la primera vez que la migración deja de ser un episodio individual para levantar un movimiento colectivo contra la injusticia. A lo mejor es justamente a eso a lo que le temen los desalmados como Trump y todos sus secuaces. 

 

Si de verdad disfrutáramos de un contexto internacional respetuoso con los Derechos Humanos (rizando el rizo, quizá entonces estas masivas migraciones no tendrían lugar), se velaría por el respeto a la protección de estas personas y se respetaría el derecho al asilo de las mismas, prohibiéndose las devoluciones masivas e individuales, que contravienen claramente el derecho internacional. Pero en cambio, Trump ordena militarizar su frontera sur y la comunidad internacional no reacciona, ni la ONU tampoco. Es la clara señal de que vivimos en un mundo hostil e inaudito. Un mundo salvaje, caótico, brutal e insolidario. ¿De qué nos vamos a extrañar, cuando es justamente lo mismo que estamos haciendo aquí, en la Unión Europea? Y como afirman Miguel Urbán y Amelia Martínez en este artículo para el medio Publico: "La violencia estructural de los países de los que huyen los caminantes no es tampoco un fenómeno atmosférico. La responsabilidad de estos movimientos migratorios, al igual que los que llegan a Europa, son las exportaciones de armas, el expolio de los recursos naturales, la impunidad de las multinacionales operando en esos países, acaparando tierras y violando derechos fundamentales de sus pueblos bajo el paraguas de los tratados de libre comercio". Como la activista y profesora mexicana Amarela Varela ha dejado dicho: "No es una caravana de migrantes, sino un nuevo movimiento social que camina por una vida vivible". Porque en sus países de origen, las cifras hablan por sí solas: en Honduras (principal país donde se originó la caravana), se estima que el 64,5% de la población vive en situación de pobreza, y un 42,6% en pobreza extrema. Honduras es también el tercer país más desigual del planeta, sólo por detrás de Sudáfrica y Haití, según un informe del Banco Mundial de 2016. Concretamente, y en tan sólo dos años, el precio de la gasolina se ha incrementado en Honduras un 23%, lo que junto con el desempleo galopante, provoca un panorama desolador. El incremento del precio de los combustibles ha provocado protestas y aumento de los precios de los alimentos.

 

La inseguridad es palpable: en 2017 hubo un promedio de 11 homicidios diarios, y una tasa de 43,6 muertes violentas por cada 100.000 habitantes. Estas cifras, evidentemente, muestran un país en plena descomposición social, así que la opción de la caravana migrante es tomada por muchas personas como una salvación. Marco Dávila, en una carta publicada en el medio digital Rebelion, ha descrito perfectamente algunos de los horrores que los migrantes han de sufrir en Estados Unidos. A continuación recogemos un extracto de sus palabras: "Sabes que hay descomposición política y social: cuando al criminalizar el libre tránsito de humanos se fortalece el tráfico de humanos; cuando literalmente se arrebata a bebés del pecho de su madre; cuando niños llegan de la escuela a una casa vacía, una casa donde ya no está ni su padre ni su madre; cuando hay niños en los llamados "centros de detención", niños encerrados como si le debieran algo a alguien; cuando hay algo conocido como "family units", o sea, padre e hijos en detención; cuando encierran a gente inocente por meses (algunos casos hasta más de un año); cuando en el centro de detención el prisionero no tiene idea (porque nadie le dirá) de cuánto tiempo estará encerrado; cuando después de una redada de la migra el público se entera de que en tal fábrica persistía la explotación, el acoso sexual, el abuso físico y psicológico (véase caso Postville, Iowa, 2008); cuando en algunos centros de detención del país (como para burlarse, como para torturarlos) obligan a bañarse a los prisioneros con agua demasiado caliente; cuando al inmigrante no se le respeta su derecho a un juicio justo ni se le da derecho a audiencia; cuando se deporta a inmigrantes que tienen uno o más hijos que son ciudadanos estadounidenses; cuando deportan a madres solteras y dan en adopción a su hijo o hija; cuando no les importa si la mujer está embarazada y la ponen en el centro de detención...". Todos estos horrores y muchos más tienen que vivir las personas que intentan alcanzar tierras estadounidenses. Y nosotros nos volvemos a preguntar, por enésima vez...¿Hace falta otra Política de Fronteras?

 

Este frenético y desquiciado mundo no es capaz de reparar en que es inhumano que las personas puedan ser tratadas de esta forma en cualquier sitio del planeta. Esta sinrazón tiene que acabar. No es posible que nuestros ancestros representantes de muchos países firmaran en 1948 una Declaración Universal de los Derechos Humanos con la que Trump se limpia el trasero todos los días. Pero aún así, aún existiendo este absoluto desprecio a los derechos humanos más elementales, un grupo de personas pobres en chanclas y pantalones rotos inició su camino con 200 lémpiras (unos 8 dólares) en los bolsillos, y ha finalizado alcanzando tierras de Tijuana. La valla fronteriza se extiende y se adentra en el mar. Contemplarla ya de por sí es un espectáculo dantesco, que nos trae las impresiones más desagradables. El paso fronterizo en esta dirección es un lugar muy concurrido. Con suerte, se tardan varias horas en alcanzar la cabecera de la cola. Numerosos coches y autobuses repletos de personas se dan cita en esta frontera sur de los Estados Unidos. Se avanza muy lentamente y los vehículos suelen mantener sus motores en marcha. Decenas de millones de personas cruzan cada año esta frontera, desde Tijuana hasta San Diego. Las fuerzas militares desplegadas por la administración estadounidense ya son mayores en número que la cantidad de migrantes que hay esperando la evaluación de su petición de asilo. Trump ordenó a su militares y patrullas fronterizas que dispararan a matar si percibían algún tipo de ataque desde el otro lugar de la valla. El Servicio de Aduanas y Protección Fronteriza (CBP) de Estados Unidos arresta o detiene cada año a más de 500.000 personas por "entrar ilegalmente" en el país. En sus vomitivos alegatos en Twitter, Trump no ha dejado de arremeter contra los migrantes de la caravana, así como de amenazar a los países de tránsito con eliminar las ayudas que perciben. Actualmente, los miembros de la Caravana están subsistiendo con lo que las personas solidarias y decentes de Tijuana les proveen, durmiendo en la playa en tiendas de campaña donadas y en cobertizos de fabricación propia. Al menos hasta la fecha, han conseguido atraer la atención mediática internacional, y poner de relieve la insostenible situación que viven en sus países de origen, así como la perversa política de fronteras estadounidense. ¿Quién podía haber imaginado un triunfo semejante? Continuaremos en siguientes entregas.

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