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14 febrero 2018 3 14 /02 /febrero /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://democraciaenlared.wordpress.com/

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Así funciona la lex mercatoria, el ordenamiento jurídico global basado en las normas sobre comercio e inversiones que protege los intereses de las grandes empresas por todo el mundo. Un entramado de contratos privados, tratados comerciales, acuerdos de inversión, políticas de ajuste, préstamos condicionados, disposiciones internacionales y laudos arbitrales que blindan los negocios de las multinacionales y sitúan los beneficios empresariales por encima de cualquier otra consideración. Un Derecho duro —vinculante, sancionador, coercitivo— que se basa en una idea de la seguridad jurídica únicamente vinculada a los intereses comerciales

Juan Hernández Zubizarreta y Pedro Ramiro

Nos quedamos en la última entrega distinguiendo entre los diversos tipos de crímenes internacionales que las empresas transnacionales (ETN) llevan a cabo típicamente, y que el Tratado Internacional de los Pueblos (TIP) recoge en las tres variantes siguientes:

 

1.- Crímenes económicos contra la Humanidad. Se refieren a prácticas de las personas físicas o jurídicas que violen los derechos económicos, sociales o culturales regulados en la Carta de las Naciones Unidas, el Pacto Internacional de Derechos Económicos, Sociales y Culturales y demás convenios a aplicar, cuando además concurran circunstancias acordes con el genocidio o el etnocidio. 

 

2.- Crímenes corporativos internacionales. Se refieren a las prácticas de las ETN o de las personas que actúen en su nombre que puedan calificarse como corrupción, soborno, crimen organizado, tráfico de personas, malversación de fondos, blanqueo de dinero, fraude fiscal, tráfico de información privilegiada, manipulación de mercados, estafa organizada contra clientes, pequeños accionistas y accionariado público, falsedad de estados financieros, y otros que puedan calificarse como tales. 

 

3.- Crímenes ecológicos internacionales. Se refieren a la provocación de conflictos ecológicos distributivos, generados por las prácticas de estas ETN o sus representantes, que incluyan el acaparamiento de tierras y territorios, la privatización y contaminación de fuentes de agua y la destrucción del ciclo hidrológico integral, el arrasamiento de selvas y de la biodiversidad de cualquier región, la biopiratería, el cambio climático, la contaminación masiva de los mares o de la atmósfera, y el ecocidio, entre otros. La devastación natural se configura a partir de los impactos, la contaminación y el avasallamiento de los territorios. Todo esto tiene relación directa con los crímenes y atentados contra los derechos de la naturaleza y a su vez con los derechos humanos y la posibilidad de gozar de un ambiente sano, premisa ésta última fundamental para la garantía de los demás derechos consagrados en las normas nacionales e internacionales. 

 

Otro aspecto que el Tratado de los Pueblos refuerza es el relativo al papel de los Estados, ya que toma como misión restablecer o volver a dar fuerza y poder a los Estados (que representan a sus respectivas sociedades) frente al poder de las grandes empresas multinacionales. En este sentido, el TIP recoge que los Estados deben garantizar el cumplimiento del Derecho Internacional sobre los Derechos Humanos, en su ámbito jurisdiccional y la tutela judicial efectiva de las personas ante las ETN. Los Estados deben también aprobar normas internas que regulen la responsabilidad extraterritorial por las prácticas de las ETN, y que permitan a las comunidades afectadas por dichas prácticas efectuar demandas en los tribunales del Estado matriz. Se propone para todas estas tareas de control la creación de un Centro Público para el Control de las Empresas Transnacionales, encargado de analizar, investigar e inspeccionar sus prácticas.

 

Este Centro se gestionará conjuntamente mediante la participación de gobiernos, movimientos sociales, sindicatos y pueblos autóctonos. Su función primordial será investigar las denuncias interpuestas por todos estos agentes. Cualquier colectivo u organización afectada podrá presentar la denuncia correspondiente ante este Centro. El Tratado contempla además la creación de una Corte Mundial sobre Corporaciones Transnacionales y Derechos Humanos, que complemente los mecanismos universales, regionales y nacionales, y garantice que las personas y comunidades afectadas tengan acceso a una instancia judicial internacional independiente, para la obtención de justicia por violaciones de los derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y medioambientales.

 

La instancia de esta Corte Mundial será la encargada de aceptar, investigar y juzgar las denuncias interpuestas contra las empresas transnacionales, los Estados o las Instituciones Internacionales Económico-Financieras, por las violaciones de los derechos humanos y por la responsabilidad civil y penal de la supuesta comisión de crímenes económicos, corporativos y ecológicos internacionales. Los conflictos entre empresas transnacionales y Estados no podrán ser recurridos ante paneles arbitrales internacionales. Quedan por tanto excluidos los actuales Tribunales Inversor-Estado definidos en todos los Tratados de Libre Comercio de última generación (TPP, TTIP, TISA, CETA...). Los tribunales nacionales serán los competentes para resolver tales conflictos.

 

Por su parte, los conflictos comerciales entre diferentes Estados firmantes del Tratado de los Pueblos deberán solventarse por vías diplomáticas, o mediante la mediación de terceros Estados elegidos por las partes. El Tratado también fomenta como alternativas la remunicipalización de los servicios públicos privatizados, la implementación de la soberanía alimentaria, la reforma agraria y los derechos campesinos, la construcción de marcos alternativos para las inversiones, la supresión de los privilegios de los inversionistas extranjeros, o la exigencia de una economía solidaria, entre otras muchas. Recomendamos a nuestros seguidores y seguidoras la lectura completa del documento de referencia del Tratado de los Pueblos, ya que se incluyen en él muchas experiencias exitosas de implementación de todos estos conceptos y orientaciones. Con ello finalizamos la exposición del Tratado Internacional de los Pueblos, la que hemos considerado la alternativa más completa, íntegra y exigente a los Tratados de Libre Comercio que hoy día se llevan a cabo. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 febrero 2018 2 13 /02 /febrero /2018 00:00
Imagen: https://www.elrinconjuridico.com

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La cadena perpetua abandona toda esperanza en la capacidad de regeneración del individuo, se sustenta en una visión antropológica pesimista y desecha la reinserción social como fin primordial de las penas, el único que recoge la Constitución. Porque los condenados tienen derecho a regresar a la comunidad en condiciones de interactuar como ciudadanos. De lo contrario, la marea punitivista nos lleva a consolidar la cárcel como contenedor de basura humana, como depósito de personas desechables

Julián Ríos (autor de "La Prisión Perpetua en España: razones de su ilegitimidad ética y de su inconstitucionalidad")

La polémica ha vuelto a la palestra, sobre todo a raíz de los últimos descubrimientos en torno al terrible asesinato de Diana Quer, que ha devuelto también a la memoria los no menos terribles asesinatos de Mari Luz Cortés, Marta del Castillo (cuyo cadáver aún no ha sido hallado), Sandra Palo, Jeremy Vargas y otros tantos de nuestra historia reciente. Se ha avivado el debate sobre la denominada eufemísticamente "prisión permanente revisable" (en realidad cadena perpetua), y las posiciones parecen enconarse día a día. Se habilitó hace pocas semanas una petición en el sitio web Change.org para que firmaran los ciudadanos que estuvieran a favor de mantenerla, es decir, de no derogarla, que ha sobrepasado los dos millones de apoyos populares. El argumento principal para mantenerla es que exista una pena excepcional para criminales excepcionalmente peligrosos, como pueden ser los autores de estos horrendos crímenes. Pero a día de hoy, sólo el Partido Popular la defiende sin fisuras, mientras que Ciudadanos prefiere ponerse de perfil, y tanto el PSOE como Unidos Podemos se oponen a dicha pena, y defienden su derogación inmediata. El PP ha hecho de este asunto un nuevo pelotazo electoral, y ha celebrado recientemente mítines y convenciones a las que han asistido los familiares de estas víctimas. El asunto es peliagudo, y levanta las más fervientes pasiones encontradas. Porque de entrada, si cualquier persona se pone en el lugar de estos padres y madres, cuyos hijos e hijas murieron tan salvajemente en manos de estos criminales, es humano y lógico pensar que deseen para sus execrables autores el cumplimiento de las penas más extensas, incluso la indefinida reclusión.

 

Pero el problema es que el Estado (representado por los legisladores) no puede ponerse en el lugar concreto de ningún familiar de víctima, debe ponerse en el lugar de toda la sociedad, de la sociedad al completo, velando por lo que la sociedad de su tiempo entiende que es lo más justo, social, humano y avanzado. Legislar en caliente para estos asuntos, a golpe de noticia, de caso concreto, por vil y cruel que nos parezca (que nos parece), no responde a una ponderación serena y equilibrada que es la que el Estado debe ofrecer a su sociedad. Por otra parte, hay que desarmar algunos mitos y falacias que aún se comentan y se creen firmemente, como la falsa sensación de impunidad para los criminales, o como que las penas ejemplares consiguen mitigar los delitos. Esto no es así, y tenemos como ejemplo paradigmático a los Estados Unidos, donde a pesar de poseer la población reclusa más grande del mundo (sobre porcentaje de población real), y poseer la pena de muerte vigente en muchos Estados, los más crueles y detestables delitos no cesan de producirse en dicho país. No podemos perder el norte, ni dejarnos llevar por opiniones de café que no resisten el más elemental y riguroso análisis. Y como nos cuenta Daniel Amelang en este artículo para El Salto Diario, han sido consultados muchos expertos y expertas en Derecho Penal (incluido el Consejo General de la Abogacía Española), que concluyen que dicha pena en nuestro país es absolutamente innecesaria, pues España posee la mayor tasa de personas reclusas de Europa occidental, una media de 10 meses de cumplimiento en las cárceles (superior a la de la UE) y penas de hasta 40 años en prisión, mucho más elevadas en el tiempo efectivo de cumplimiento que las de los países de nuestro entorno que sí cuentan en sus códigos penales con la cadena perpetua. Pues aún con todo ello, el PP pretende ampliar en tres nuevos casos las posibilidades de aplicación de esta pena. 

 

Por su parte, la Unión Progresista de Fiscales (UPF) ha reprochado a través de las redes sociales que el Gobierno lleve a cabo este anuncio, en lugar de dedicarse desde el Ministerio a dotar a la Administración de Justicia de mayores medios materiales (sobre todo tecnológicos) y humanos, que contribuirían a poder ofrecer respuestas penales más ágiles y adecuadas. Y es que como decimos, la legislación sobre estos asuntos ha de hacerse en frío, pues de lo contrario, asistimos a una legislación "que sale de las entrañas, es más emotiva que reflexiva" (en palabras de Daniel Amelang). Es muy comprensible que los familiares de las víctimas de estos horrendos crímenes clamen justicia de la forma más aplastante y efectiva posible que el sistema pueda ofrecer, pero el sistema debe tener en cuenta muchos más factores a la hora de decantarse por una figura jurídica como la que estamos haciendo referencia. Se instala a raíz de estos casos un sentimiento de inseguridad ciudadana que no obedece a motivos reales, una consideración de cierta laxitud de nuestro sistema penal, y algunos partidos políticos manipulan de forma obscena el dolor de los familiares de las víctimas, y utilizan de forma oportunista y populista dichos sentimientos, legítimos pero equivocados, porque no tienen en cuenta otros datos de la realidad penal ni jurídica de nuestro país. Porque la realidad de los datos nos revela claramente que hay que poner de manifiesto el bajo índice de criminalidad existente en España en relación a otros países de nuestro entorno. Y en última instancia, no podemos perder el norte de la razón de ser, la auténtica naturaleza, de la pena de prisión, que no es otra que la reeducación y reinserción social de los penados. Es una de las bases de la justicia reflejadas en nuestro sistema constitucional. 

 

La pena de prisión permanente revisable (por muy reservada que se encuentre a ciertos delitos excepcionalmente graves) asegura ser revisable en la teoría, pero en la práctica ofrece pocas garantías efectivas de que no se vaya a provocar el encierro de por vida de estos condenados. Necesitamos por tanto un llamamiento a la reflexión serena y colectiva, con calma y sosiego, y al margen de los ritmos de las agendas políticas y de los titulares mediáticos, que más pretenden sacar tajada electoral y apoyos ciudadanos a sus causas desde un punto de vista visceral e irracional. Por más que podamos encontrarnos con casos aberrantes y con individuos execrables, que cometan abominables crímenes, no podemos caer en la tentación de trasladar su lógico duelo personal en leyes que regulen nuestro sistema garantista de justicia y nuestro derecho penal, que han de seguir sustentados en el profundo respeto hacia todos los derechos humanos fundamentales. Hacer populismo barato con estos asuntos suele salir muy caro, manipular las conciencias hacia la decantación de figuras penales anacrónicas basadas en la venganza, olvidándose de los propios principios constitucionales que inspiran el derecho, sólo contribuirá a involucionar hacia una sociedad más salvaje. Nuestros referentes deben seguir siendo el profundo respeto a la dignidad humana, así como al rechazo a penas inhumanas o a tratos crueles o degradantes. Definitivamente, hay que erradicar de nuestro imaginario las condenas eternas a prisión, y entender ésta siempre como un medio y nunca como un fin. Ello no obsta para refinar, mejorar y perfeccionar en todo lo posible los mecanismos empleados para comprobar el grado de reinserción de un reo determinado, que siempre serán la herramienta fundamental para proteger a la sociedad de que éste vuelva a cometer los delitos por los que fue condenado. 

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12 febrero 2018 1 12 /02 /febrero /2018 00:00
Fuente Viñeta: http://www.gentiuno.com

Fuente Viñeta: http://www.gentiuno.com

Aceptando que el capitalismo no puede existir sin guerra, cuyos perjuicios recaen sobre las masas trabajadoras del planeta y de cada país, sobre los pueblos, la alternativa a la guerra no puede ser otra que superar el capitalismo

Juan Rafael Lorenzo

Guerras y capitalismo. Capitalismo y guerras. Dos caras de una misma moneda. Dos dimensiones de una misma realidad. Dos manifestaciones de un mismo mundo. La influencia del capitalismo globalizado es tal que justifica las guerras hasta en los mayores foros internacionales, y en las más prestigiosas convenciones. Sin ir más lejos, los mayores exportadores de armas se sientan en el Consejo de Seguridad de la ONU, tal como nos cuenta Lyndal Rowlands en este artículo para el medio internacional IPS, traducido por Verónica Firme para el medio digital Rebelion.org. Y nosotros nos preguntamos: ¿podemos imaginar una desfachatez mayor? Seguimos a continuación datos e informaciones del artículo de referencia. En efecto, y hasta mediados del presente año 2018, 9 de los 10 mayores exportadores de armas a nivel mundial ocupan un asiento en el Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas (ONU). Entre los nueve, hay cuatro que son miembros rotativos europeos del máximo órgano de seguridad de la ONU, como son España, Holanda, Italia y Ucrania, además de los cinco países permanentes con derecho a veto, como son China, Estados Unidos, Francia, Gran Bretaña y Rusia. Y como decimos, basándonos en datos del SIPRI (Instituto Internacional de Estudios para la Paz de Estocolmo), dichos nueve países son los mayores exportadores de armas del mundo. Alemania, que figura en el lugar número 5 de la lista, es el único de los 10 que no ha integrado en el pasado reciente el Consejo de Seguridad de 15 miembros, ni está previsto que lo haga en el futuro inmediato. 

 

El panorama es, por tanto, absolutamente catastrófico. Hablar de pacifismo bajo esta surrealista situación, siquiera intentarlo, es algo absolutamente utópico, mientras no cambiemos esa nefasta realidad. Que sean las potencias militares más fuertes las que integren el mayor foro internacional sobre seguridad es como poner al zorro a cuidar de las gallinas. Sólo dos de ellos, Estados Unidos (con el 33%) y Rusia (con el 25%) fueron responsables del 58% de las exportaciones mundiales de armas en el año 2015, según el citado organismo sueco. China y Francia se ubican en tercero y cuarto lugar, pero con una participación bastante menor que las otras dos grandes potencias. Los actuales conflictos en Yemen y Siria son ejemplos vivos y evidentes de la influencia que poseen estos exportadores de armas que integran el Consejo de Seguridad. La situación es tan paradójica como absurda, ya que las crisis mundiales que aborda el Consejo están precisamente provocadas por las irresponsables actitudes de los países que se sientan a su mesa. Pero aún llega a más el contrasentido, ya que precisamente son los integrantes del Consejo de Seguridad los que tienen la responsabilidad especial de mantener la paz y la seguridad mundial. Si no fuera porque es un asunto tan grave, nos podríamos desternillar de la risa con tan magnífico chiste. ¿Queremos más absurdos aún? Pues tomemos como referencia este estupendo artículo de Enric Llopis, donde denuncia y recoge cómo la Unión Europea pide indecentemente "responsabilidad" a las Organizaciones No Gubernamentales (ONG's), mientras suministra y exporta armas a los mismos países en conflicto de donde luego vienen las avalanchas de refugiados. 

 

Son palpables las ventas de armamento europeo a estos países, los mismos de los cuales se denuncia su "presión migratoria", y frente a los cuales la UE practica un cierre de fronteras, desatendiendo al derecho internacional humanitario. Podríamos indicar muchos más absurdos, muchas más situaciones surrealistas que atentan contra el sentido común más elemental, y contra la más primigenia lógica. ¿Cómo es posible explicar estas situaciones? Pues insistiendo en la idea que venimos exponiendo en este bloque temático: es precisamente la globalización del capitalismo neoliberal impulsada por Occidente la que está llevando a provocar nuevas guerras en las periferias de este sistema, tal como afirma Darío Azzellini en su texto "El negocio de la guerra", algunos de cuyos pasajes seguiremos a continuación. Este texto puede descargarse libremente en formato PDF desde este enlace. Bajo esta perspectiva, formas de transformación de la conducción de guerras en una parte de la economía de mercado, pero también el creciente surgimiento de facciones paramilitares, ejércitos de mercenarios y de compañías militares privadas, representan hoy día una consecuencia directa de la gigantesca y peligrosa dimensión del capitalismo globalizado neoliberal. Los autores finalizan el prólogo del libro con los siguientes términos: "En realidad lo que hoy se expande por regiones cada vez más amplias del globo es un estado de guerra permanente de diferente intensidad que necesita respuestas mucho más complejas que la simple demanda de un cese a los bombardeos. Lo que requiere la situación actual es una crítica estructural a la "guerra", como un nuevo orden de expresión de las tendencias actuales de desarrollo del capitalismo". 

 

El objetivo principal de la guerra como negocio es promover la industria militar, una fuente de excelentes beneficios para unas pocas empresas, accionistas, bancos y fondos de inversión que participan en esta ingente actividad. Veamos el caso español. Según la organización antimilitarista Utopía Contagiosa, responsable de este artículo para el medio "El Salmón Contracorriente", España se sitúa entre los puestos 6º y 7º del ránking mundial de ventas de armas (según el año) y mantiene una febril labor exterior de nuestra diplomacia (del Rey hacia abajo) en la promoción de la industria militar española y en la plasmación de grandes contratos armamentistas en el exterior. En este sentido, la acción de guerra del Ejército es un escaparate necesario para la venta de armas españolas. Según nuestros políticos, la venta de armas es un desarrollo necesario para poder disponer de una industria fuerte que nos permita su sostenibilidad, y dotarnos de las armas que necesitamos de forma autónoma, sin depender de terceros. Por ello (siguiendo siempre el razonamiento dominante) debemos participar en operaciones y misiones exteriores de guerra, para tener un ejército bien entrenado por si se necesita, y para impulsar la industria militar como una opción estratégica para nuestra autonomía militar y por su impacto positivo en el desarrollo industrial del país. Pero la verdad es que la industria militar no contribuye al desarrollo ni al avance científico ni social, es una tecnología muy parasitaria de los avances científicos desarrollados fuera del campo militar, y a pesar de proporcionar grandes beneficios a sus propietarios, sólo ofrece 20.000 puestos de trabajo reales, muy por debajo del desarrollo potencial de otros sectores de mayor calidad de desarrollo humano, o que proporcionen un mayor valor añadido.

 

Estamos pensando por ejemplo en los campos de las energías renovables, la educación o la sanidad, todas ellas centradas en resolver problemas humanos esenciales, y por tanto, en contribuir a avances sociales importantes y valiosos. Frente a todo ello, el gasto militar nos endeuda de forma insostenible con las empresas fabricantes, nos obliga a dedicar un porcentaje cada vez mayor del PIB para defensa (por nuestra pertenencia a la OTAN), mientras que dejamos abandonados (con recortes y presupuestos cada vez menores) otros muchísimos aspectos que sí contribuyen a mejorar la vida de las personas, tales como la vivienda, el empleo, la salud, la educación, un medio ambiente sano, etc. Hemos entrado en una especie de círculo vicioso, ya que hemos diseñado un dispositivo militar aberrante, con un sobredimensionamiento incluso desde el punto de vista del Ejército, con un mando por cada 2 soldados y soportando un gasto del que dependen dos millones y medio de personas. Los Planes Especiales de Armamento (PEA) generan además una deuda insostenible, que nuestros gobernantes disfrazan en otras partidas presupuestarias ocultas o agregadas a otros Ministerios, por la compra de armas que no se necesitan, que han sido adquiridas de forma opaca por personajes implicados en el intrincado sistema de intereses de las empresas militares y de la política, donde también se da el fenómeno de las puertas giratorias (véase el caso del ex Ministro de Defensa Pedro Morenés, auténtico paradigma de lo que decimos). En última instancia se mantiene siempre para estos asuntos la opacidad, pues en materia de política de defensa, el conjunto de la ciudadanía no tenemos opinión, ya que todo se decide de forma casi secreta, y no existe un verdadero control sobre tales proyectos ni decisiones. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 febrero 2018 5 09 /02 /febrero /2018 00:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

Como si se tratara de una novela de John le Carré, las filtraciones acerca de los denominados “Paradise Papers” han confirmado al mundo la realidad de una evasión fiscal a escala industrial, sin límites, sin escrúpulos ni decencia, y que implica a multitud de conocidas corporaciones y personalidades. Su nombre ha estado bien elegido: “los papeles del Paraíso”. Y es que realmente se trata de un verdadero puente al Paraíso; el paraíso en la tierra para la avaricia, la insolidaridad y la acumulación de riqueza mediante el no pago de impuestos

Miguel Ángel Mayo

Y como siempre en este asunto de los paraísos fiscales, los grandes "dando ejemplo". Mal ejemplo, se entiende. Nuestro índice bursátil, el famoso IBEX-35, paradigma de las empresas transnacionales de peor gusto, es un buen exponente del uso de los territorios offshore, tal como nos contaba Lucía Villa en este artículo para el medio Publico en mayo de 2016. Su titular ya es bastante sustancioso: "El Ibex-35 triplicó su presencia en paraísos fiscales durante la crisis". Tal como suena. Me remito a sus datos e informaciones. En 2014, el número de filiales ubicadas en territorios con ventajas fiscales batió el récord, con un total de 891. El Banco Santander, con 235 filiales, se llevaba la palma como principal beneficiaria de la elusión fiscal, según un informe de Oxfam Intermon y el ORSC, que puede consultarse en este enlace. Concretamente, entre los años 2009 y 2014, es decir, durante los peores años de la crisis, repletos de medidas de austeridad para el conjunto de la mayoría social,  las empresas de dicho índice bursátil multiplicaron por 3,3 el número de filiales situadas en paraísos fiscales. Es decir, que mientras la crisis (en realidad, la estafa) estrangulaba a miles de pequeñas empresas, lanzaba a los jóvenes al exilio laboral, obligaba a muchas familias a dejar sus casas porque no podían hacer frente a sus hipotecas, reducían las pensiones y prestaciones por desempleo, y nos sentenciaban hasta la saciedad con el mensaje de que habíamos vivido "por encima de nuestras posibilidades", estas indecentes empresas, las compañías con mayores beneficios de nuestro país, incrementaron hasta un 228% su presencia en estos territorios de régimen tributario extremadamente favorable. Parece ser que su "responsabilidad social" sólo daba para eso. 

 

Enseguida saldrán los defensores de estos grandes agentes del más desalmado capitalismo a decirnos que estas prácticas son absolutamente legales, pero en la mayoría de casos la domiciliación de estas empresas en lugares como Delaware (417 filiales), Holanda (131), Irlanda (65), Luxemburgo (55) o Islas Caimán (29), no está relacionada con la producción de bienes y servicios en dichos territorios, sino que responde a operaciones financieras que les permiten eludir el pago de unos impuestos que, de otra manera, irían a parar a las arcas públicas del Estado, contribuyendo (como es su obligación) al conjunto de servicios públicos que todos (incluidos ellos) disfrutamos. El caso de Banco Santander es absolutamente paradigmático, pues como indica Lucía Villa los datos son escalofriantes, ya que la media fue de una apertura de 53 filiales en un solo año, es decir, una por semana. Le seguían en ese aberrante ránking ACS con 113 filiales, Iberdrola con 69, Abengoa con 67 y BBVA con 52. El informe citado más arriba afirma taxativamente: "La economía de los paraísos fiscales crece al doble de velocidad que el resto de la economía productiva mundial. En los últimos años, la inversión hacia paraísos fiscales se ha multiplicado por cuatro y más de la mitad del comercio mundial pasa por estos territorios". El resultado, como venimos indicando repetidas veces durante esta serie de artículos, es que esta arquitectura de la desigualdad (apoyada en este caso por los paraísos fiscales y una legislación fiscal regresiva) está diseñada para proteger los intereses de las grandes corporaciones y fortunas, frente a las necesidades de la mayoría. 

 

La situación es ciertamente desoladora: el IBEX-35 posee casi mil sociedades en paraísos fiscales, a datos de abril de 2017, como nos destacaba Marina Estévez en eldiario.es. De hecho, la única empresa del selectivo español que no posee ninguna filial en paraísos fiscales es AENA. Todo este escenario crea un halo de absoluta impunidad de las grandes empresas transnacionales, y sobre todo de la gran banca privada, es decir, de la gran delincuencia financiera. Apoyados en el "secreto comercial", se cometen todo un abanico de aberraciones fiscales absolutamente toleradas y consentidas por los Gobiernos, que además con sus medidas fiscales favorecen aún más a los poderosos. Lo explica muy bien Jérôme Duval en este artículo para el medio Diagonal, que rescatamos a continuación. Duval se pregunta: "¿Cómo explicar, por ejemplo, que las Bermudas (donde el banco Sóciéte Générale tiene una filial que ha obtenido 17 millones de euros de cifra de negocio en 2013 sin ningún asalariado) hayan sido retiradas de la lista francesa de paraísos fiscales en enero de 2014? ¿Cómo Bélgica ha podido esperar a 2015 para colocar oficialmente al gran ducado de Luxemburgo en la lista belga de los paraísos fiscales? ¿Cómo es posible que ciertos Estados europeos, la Unión Europea (UE), el Grupo de Acción Financiera Internacional (GAFI), organismo intergubernamental de lucha contra el blanqueamiento de dinero, la OCDE o el FMI tengan listas de paraísos fiscales distintas?". Y concluye: "Esta incoherencia de las falsas soluciones aportadas por actores que supuestamente luchan contra el fraude y la evasión fiscal favorece la impunidad de los grandes delincuentes financieros que disfrutan, por otro lado, de una justicia a medida, tolerante o continuamente esquivada". 

 

Y así, la actual directiva europea sobre la protección del "secreto comercial" protege a los delincuentes. Esta directiva fue aprobada en el Parlamento Europeo el 14 de abril de 2016 (dimos cuenta de ella en uno de los artículos de la serie "Contra los Tratados de Libre Comercio"), y a pesar de una petición popular contra esta iniciativa firmada por más de 500.000 personas, una gran mayoría de los eurodiputados aprobaron el texto por 503 votos a favor, 131 en contra y 18 abstenciones. Esta directiva supone un peligro extraordinario, y constituye otro armazón legal que protege la arquitectura de la desigualdad. El actual texto amenaza el trabajo de investigación de los periodistas, y por extensión, la información revelada del ciudadano, protege a las empresas y sus maniobras ilegales prohibiendo la divulgación de sus "secretos económicos" a la opinión pública interesada. Compromete seriamente y se sitúa en contra del trabajo de periodistas, filtradores, denunciantes, ONG's y demás actores que intenten sacar a la luz pública informaciones sensibles de interés general. En el fondo, como sostenemos, protege y da amparo a la criminalidad financiera y fiscal. Coloca los intereses de las multinacionales por encima del interés general. Estamos ante el mundo al revés: vía libre, legal y encubierta a las empresas que quieren eludir impuestos y evadir capitales, y denuncias y penas (incluso de prisión) para aquéllos denunciantes de dichas prácticas y actividades, justo los que deberían estar protegidos y recompensados en vez de perseguidos y castigados. 

 

También sería interesante preguntarnos...¿cuál es nuestro paraíso fiscal más cercano? Respuesta: Andorra. Tomo datos e informaciones de este artículo donde se publicó la misiva que las EuroMarchas remitieron al Papa Francisco, para denunciar (a propósito de que el Obismo de la Seu d'Urgell es copríncipe de dicho territorio) la tremenda situación de nuestro paraíso fiscal. Extraemos a continuación los párrafos más suculentos de dicho escrito: "El principado no muestra ningún respeto por los derechos de los trabajadores. La política de inmigración es sumamente restrictiva. El derecho de voto está restringido sólo a los andorranos, incluso en las votaciones locales. La independencia de la justicia está seriamente cuestionada, y la mendicidad prohibida. Y mientras las puertas de Andorra han permanecido cerradas a los inmigrantes, han estado abiertas de par en par para los evasores fiscales y los ricos residentes extranjeros. La vocación de la banca andorrana como paraíso fiscal se reafirma con su internacionalización hacia las localizaciones offshore más importantes del mundo, como son Panamá, Luxemburgo, Suiza, Mónaco, Bahamas, Islas Vírgenes y otros. Y por supuesto, las puertas de Andorra se abren para facilitar la elusión fiscal de particulares y empresas españolas hacia el principado. Andorra ha introducido impuestos por primera vez en su historia para captar capitales, atraídos por su baja fiscalidad, practicando una competencia desleal, en lo que se denomina "dumping fiscal". Estas políticas fiscales agresivas de Andorra se traducen en recortes en servicios públicos para los ciudadanos del Estado Español. La sanidad, la educación y otros servicios básicos se ven seriamente perjudicados en detrimento de las clases más débiles". Continuaremos en siguientes entregas.

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7 febrero 2018 3 07 /02 /febrero /2018 00:00
Fuente Viñeta: https://democraciaenlared.wordpress.com/

Fuente Viñeta: https://democraciaenlared.wordpress.com/

El capitalismo no es el sistema de algunos países. Es el sistema hegemónico del mundo. Se pueden mitigar sus problemas, se pueden desmantelar sus mitos, pero no se puede eliminarlo hasta que no entre en su crisis o declive como el feudalismo. Hasta que sea reemplazado por otro sistema. Eso en caso de que quede planeta o humanidad. Porque también el capitalismo es el único sistema que ha puesto a la especie humana al borde de la catástrofe global

Jorge Majfud

Retomamos esta serie de artículos que habíamos dejado aparcada hace algunos meses, y en la cual ya nos encontrábamos en su recta final, describiendo las líneas fundamentales del Tratado de los Pueblos, como alternativa clara a los Tratados de Libre Comercio (TLC) de última generación, que como ya hemos explicado hasta la saciedad en las entregas anteriores, son peligrosos instrumentos en manos de las multinacionales para extender su hegemonía por todo el planeta. En la última entrega nos quedamos exponiendo (basándonos en el documento de referencia) las características, obligaciones y limitaciones de las grandes empresas transnacionales (ETN) en el contexto del citado tratado. Las ETN deben respetar todas las normas internacionales que prohíben todo tipo de discriminaciones, ya sean éstas por razón de raza, sexo, color, religión, opinión política, nacionalidad, origen social, condición social, pertenencia a un pueblo indígena, discapacidad, edad o cualquier otra circunstancia que no guarde relación con los requisitos para poder desempeñar su trabajo. Lamentablemente, hoy día es más frecuente que nunca el hecho de que las empresas discriminan (incluso crean guetos laborales) por muchas de estas condiciones citadas. Asímismo, las ETN deben respetar las condiciones de vida y reproducción de las mujeres, y evitar todo tipo de explotación y violencia contra ellas.

 

El triste panorama actual nos lleva a evidenciar que las industrias exportadoras intensivas (textil, floricultura, agroindustria, maquilas, etc.) perpetúan hacia las mujeres la brecha salarial, la división sexual del trabajo, y la invisibilización y desvaloración de las tareas reproductivas y de cuidados que mayoritariamente llevan a cabo las mujeres. Todo tratado comercial que se precie no puede permitir en su contexto la ejecución de estos viles atentados contra la vida de las mujeres. Otro asunto importante es el relativo al uso de posibles fuerzas de seguridad al servicio de las ETN. A este respecto, estas ETN, ni sus filiales de hecho o de derecho, sus proveedores, subcontratistas o licenciatarios no deberán utilizar a su servicio a las Fuerzas Armadas o de Seguridad del Estado. Tampoco podrán contratar milicias privadas. Y en los casos de contratación de seguridad privada, éstos deberán sujetarse a una estricta regulación que garantice el correcto ejercicio de sus funciones, las condiciones del uso de la fuerza, la necesaria supervisión por parte de las autoridades, y además no podrán actuar nunca fuera del recinto de la empresa para la cual presten sus servicios. Entrando ya en materia de colaboración comercial, es muy importante que las ETN tengan que observar prácticas leales en materia de operaciones comerciales y de publicidad, y adoptar todas las disposiciones razonables para garantizar la seguridad y la calidad de los productos y servicios que proporcionan, incluso el respeto al principio de precaución y las demás normas internacionales y nacionales que tengan el mismo objetivo. 

 

No deben, además, producir, comercializar ni hacer publicidad de productos peligrosos o potencialmente peligrosos (como los cultivos y semillas transgénicas) para las personas, los animales y la naturaleza. En los países donde operen, las ETN y demás filiales o proveedores deberán llevar a cabo sus actividades de conformidad con las leyes, los reglamentos, las prácticas administrativas y las políticas nacionales en materia de preservación del medio ambiente y de conformidad con los acuerdos, principios, normas, compromisos y objetivos internacionales relativos, respectivamente, al medio ambiente y a los derechos humanos, a la salud pública y a la seguridad, a la bioética y al principio de precaución. En este sentido, las ETN y demás filiales o proveedores suyos son responsables de los pasivos ambientales (como la contaminación del agua, del aire y del suelo por la explotación de hidrocarburos y minería, eliminación de ecosistemas a partir de la construcción de grandes presas hidroeléctricas, emisión de gases por encima de lo permitido, etc.), y deberán indemnizar a todos los pueblos y comunidades afectadas por los daños causados a los mismos, y en su caso, repararlos restituyendo el medio ambiente a las condiciones previas a la intervención. La explotación laboral (tanto adulta como infantil) es otro gran caballo de batalla contra el que el Tratado Internacional de los Pueblos se enfrenta. En este sentido, deja claro que las ETN deben abstenerse de recurrir al trabajo forzoso y al trabajo infantil, a la vez que deben proporcionar un entorno laboral seguro y saludable, pagar una remuneración que garantice una vida digna a los trabajadores y trabajadoras y garantizar la libertad sindical, el reconocimiento efectivo a la negociación colectiva y al derecho de huelga. 

 

Asímismo, las ETN deben respetar los derechos de los trabajadores migrantes regulados en el Derecho Internacional de los Derechos Humanos, y demás normas, compromisos, convenios y acuerdos que lo regulen, o que desarrollen su normativa, principios y preceptos. Y en cuanto a las comunidades, las ETN deben respetar los derechos territoriales de los pueblos indígenas, y la propiedad sobre los recursos naturales y de su riqueza genética que se encuentren tanto en el subsuelo como en la superficie, ya sean éstos renovables o no renovables. En este sentido, deben respetar, entre otros, la Declaración de Derechos de los Pueblos Indígenas de la ONU. De este modo, los países adscritos a este Tratado Internacional de los Pueblos velarán por el cese inmediato de los ataques y hostilidades hacia estos pueblos indígenas y su entorno natural, así como al hostigamiento de los líderes ambientales que los defienden. Otro aspecto importante que el TIP aborda es el relativo a la fiscalidad. En este sentido, dispone que las ETN y demás filiales o proveedores deberán cumplir con todas las disposiciones legales y reglamentarias de carácter fiscal de todos los países donde ejercen su actividad, contribuyendo a las finanzas públicas de los países de acogida, y efectuando el pago puntual de sus deudas y obligaciones fiscales. Declara además, a efectos de la erradicación de los territorios offshore (paraísos fiscales), que las ETN deberán publicar la lista de los países en los que llevan a cabo sus prácticas comerciales y/o financieras de cualquier tipo, la identificación de sus filiales, proveedores, subcontratistas y licenciatarios, y la forma jurídica de participación en otras empresas o entidades con personalidad jurídica. 

 

El Tratado de los Pueblos dedica todo su quinto punto a lo que denomina como "Crímenes Internacionales", que vamos a desarrollar a continuación. Realiza en primer lugar una definición de los mismos en los siguientes términos: "Las prácticas de las empresas transnacionales (o de aquéllas empresas que actúen en su nombre), de los Estados y de las Instituciones Internacionales Económico-Financieras (al igual que de las personas físicas responsables de las mismas), que cometan actos o actúen como cómplices, colaboradores, instigadores, inductores o encubridores y que violen gravemente los derechos civiles, políticos, sociales, económicos, culturales y medioambientales podrán ser tipificados como crímenes internacionales de carácter económico, corporativo o ecológico; el elemento internacional se configura cuando la conducta delictiva afecta a los intereses de la seguridad colectiva de la comunidad mundial o viola bienes jurídicos reconocidos como fundamentales por la comunidad internacional". En este sentido, el TIP reconoce y designa a la Corte Mundial (regulada en el artículo 6.5 del Tratado) como la encargada de juzgar los mencionados crímenes internacionales. El rango de crimen internacional es por tanto muy severo, y el tratado distingue varias variantes que iremos exponiendo a partir de la siguiente entrega de esta serie, tales como crímenes económicos contra la humanidad, crímenes corporativos internacionales y crímenes ecológicos internacionales. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 febrero 2018 1 05 /02 /febrero /2018 00:00
Por la senda del Pacifismo (87)

Empresas fabricantes de ingenios militares como Lockheed Martin (especializada en aviones de guerra como el F-16 y los helicópteros Black Hawk, la mayor contratista del Pentágono), Boeing (productora de los bombarderos B-52 y los helicópteros Apache y Chinook), BAE Systems (vehículos aeroespaciales, buques de guerra, municiones, sistemas de guerra terrestre), Northrop Grumman (primer constructor de navíos de combate), Raytheon (fabricantes de los misiles Tomahawk), General Dynamics (quien aporta tanques de combate y sistemas de vigilancia), Honeywell (industria espacial), Dyncorp (monumental empresa que presta servicios de logística y mantenimiento de equipos militares) –compañías todas que para el año 2016 registraron ventas por casi un billón de dólares, teniendo incrementos desde el 2010 de un 60% en sus ganancias– se sienten exultantes: la “guerra infinita” que se iniciara algunos años atrás con la “batalla contra el terrorismo”, no parece detenerse. La necesidad perpetua de renovar equipos y toda la parafernalia militar asociada promete ingentes ganancias. Todo indica que esa rama industrial sigue marcando el paso de la política imperial

Marcelo Colussi

Hemos sostenido que las principales motivaciones de las guerras son de tipo económico, en realidad una intrincada maraña de intereses geopolíticos y del complejo militar-industrial-tecnológico se mueven para detectar nuevos focos de conflicto, y desembocar o no finalmente en un conflicto armado. Para comprenderlo mejor, tomemos una guerra actual, como es la guerra de Siria, para explicar hasta qué punto se dan cita intereses económicos de todo tipo en su despliegue y en su mantenimiento. Nos lo explica muy bien Lola Sánchez (Eurodiputada de Podemos) en este artículo para el medio Publico que vamos a seguir a continuación. El primero y más importante de estos negocios es el petróleo. Numerosos analistas sitúan como origen del conflicto sirio el acuerdo de 2011 entre Siria, Irán e Irak para construir un gaseoducto que uniría el Golfo Pérsico con el Mediterráneo, cruzando los tres territorios. Así, Siria se convertiría en un nodo esencial en el transporte de gas y petróleo hacia Europa. Sin embargo, esta estrategia habría perjudicado enormemente los planes de otros actores de la zona, como Turquía o Arabia Saudí, cuya mayoría religiosa es suní, en vez de chiíta. En 2009, Qatar propuso a Estados Unidos la construcción de otro gaseoducto que partiría de allí y cruzaría Arabia Saudí, Jordania, Siria y Turquía. De este modo, el control de Rusia sobre el petróleo que consume Europa sufriría un serio revés, pues el gobierno sirio es aliado ruso. Pero aunque sea ésta la razón del inicio de los movimientos que desembocaron en esta sangrienta contienda que dura ya más de 6 años, otros muchos factores han incidido en ella.

 

Los bandos implicados en esta guerra se acusan mutuamente de estar comprando petróleo al Estado Islámico, y es muy probable (como muy acertadamente señala Lola Sánchez) que todos los actores implicados lo estén haciendo. El Estado Islámico vende el barril de crudo a un precio menor al de mercado, por lo cual es posible que numerosas empresas energéticas occidentales estén haciendo un negocio redondo para mantener sus negocios en Siria. Pero evidentemente, el sector por antonomasia que se ve ampliamente reforzado con cada conflicto es el de las armas. Europa vende con absoluto descaro todo tipo de material bélico a los países del Golfo, a pesar de que es evidente que muchos de ellos arman a su vez al Daesh. Lamentablemente, nuestro país es uno de los que se llevan la palma. Según un informe de la Secretaría de Comercio, sólo durante la primera mitad de 2015 nuestro país vendió a Arabia Saudí artillería por valor de 450 millones de euros, batiendo récords históricos. Así que luego, estas granadas, misiles o minas acabarán en manos de los radicales islámicos o bombardeando civiles en Yemen. Lola Sánchez explicó la relación con el mundo laboral en los siguientes términos: "Estaba previsto que durante la visita que el Rey Felipe VI iba a realizar a Arabia Saudí hace unas semanas, la empresa pública Navantia firmase un contrato para la construcción de cinco corbetas por un valor de 3.000 millones de euros. El Gobierno justifica esta operación y la "vende" a la ciudadanía alegando que dará trabajo a unas dos mil personas durante cinco años, en los astilleros de Cádiz y Ferrol. En tiempos de crisis, esta pequeña bomba de oxígeno para tantos trabajadores hace que todos miremos para otro lado y obviemos, y no queramos ver, la relación directa entre este caramelo laboral y la crisis humanitaria de los refugiados, que huyen de una guerra que estamos alimentando. Enfrentar a pobres contra pobres ha sido siempre una táctica eficaz de las élites políticas y económicas". 

 

Pero aún existen más negocios implicados en esta guerra, frotándose las manos, y deseando que el conflicto sirio produzca la mayor destrucción posible en los territorios afectados. Se trata del negocio de la reconstrucción. Ya lo vimos en Irak y lo volveremos a ver en Siria. Seguramente ya existan borradores de contratos, acuerdos, compromisos, alianzas y estrategias de todo tipo para sacar tajada cuando se acabe formalmente la guerra, y haya que comenzar esa "reconstrucción". Son los auténticos buitres carroñeros de la guerra, empresas constructoras europeas y estadounidenses, que hacen que las bolsas suban, que se dedican al "fomento" de los países y las naciones, gracias a las que las primas de riesgo bajan, y el "desarrollo" del país se acrecienta. Y por último, no podemos dejar de citar al execrable negocio del tráfico de personas. Las mafias ilegales que se aprovechan de la terrible situación de miles y miles de víctimas inocentes, que comprueban cómo su mundo se desmorona, su aire se vuelve irrespirable, y todo su entorno social y familiar cae en pedazos. Son las que contemplan con estupor e impotencia cómo los edificios que frecuentaban ya no existen, cómo sus calles favoritas se han convertido en infinitos escombros, y cómo un simple paseo se puede convertir en una experiencia mortal. Sus anhelos se evaporan, sus posibilidades se anulan, su experiencia vital se vuelve tenebrosa y espantosa. Muchos deciden quedarse a pesar de todo, pero otros muchos deciden abandonar dicho infierno y migrar hacia otros puntos del planeta. Otros países y regiones donde también habrán de sufrir el odio, la discriminación y la intolerancia de este mundo bélico y salvaje. En este contexto, y sobre todo para las familias pobres, las mafias que controlan el tráfico ilegal de personas encuentran su vivero. 

 

La economista Loretta Napoleoni calcula que el Estado Islámico llega a obtener medio millón de dólares diario en concepto de tributos a las personas que cruzan los territorios que están bajo su control, durante la huida de las mismas. También afirma que cada refugiado que llega a las puertas de Europa (unas puertas cada vez más herméticas) ha pagado aproximadamente unos 5.000 euros al Estado Islámico y a los diferentes grupos armados durante las diversas etapas de su viaje. En Turquía vuelven a encontrarse con otras redes de traficantes, pero gracias al indecente acuerdo que Erdogan firmó con la Unión Europea, Turquía hace la vista gorda mientras recibe hasta 7.000 millones de euros de los 28 países miembros de la UE por controlar y redistribuir el flujo de refugiados. Así que entre algunos otros que no hemos mencionado, y que son normalmente negocios colaterales a los ya descritos, los sectores armamentístico, energético, y de la construcción, apoyados por los propios Estados, están muy interesados en que conflictos como el de Siria exploten, se mantengan en el tiempo y se rentabilicen lo mejor posible, porque esa es exactamente la forma de vivir que ellos han diseñado en este asqueroso mundo capitalista. Pero claro, cuando la pelota se nos devuelva a nuestro tejado, en forma por ejemplo de atentados terroristas que asesinen sin piedad a varios (incluso a cientos de) inocentes de cualquier país occidental, entonces aparecerán con rostros compungidos nuestros indecentes gobernantes, no para reconocer la barbarie y la sinrazón de la guerra que están apoyando con sus políticas, sino para argumentar falacias como que los terroristas quieren "anular nuestro sistema de libertades". Simplemente vergonzoso. 

 

La realidad sobre Siria (es sólo un ejemplo actual de conflicto bélico, podríamos recurrir a otros muchos presentes o pasados, el patrón es siempre el mismo) es otra bien distinta a la que nos cuentan los medios de comunicación dominantes, que lógicamente también se mueven por intereses económicos. Nos lo explica muy bien el sociológo e investigador vasco José Antonio Egido (autor del libro "Siria es el centro del mundo") en esta entrevista de Enric Llopis para el medio Rebelion.org, cuya lectura completa recomiendo a los seguidores de este Blog. Egido considera que los medios han puesto mucho interés en presentar a Bashar Al-Assad como un dictador, y que una de las razones de la agresión a Siria es evitar un renacimiento del "panarabismo" en la región. Egido asegura que si se consigue la derrota de los planes occidentales, Siria es el país donde puede nacer un mundo multipolar, en el que se ponga fin a la impunidad de Estados Unidos y de la OTAN. Los medios de comunicación nos ofrecen una visión perversa y tergiversada del humanismo, que implica obviar todo tipo de información seria y análisis político, objetivo y plural, que pueda armar ideológicamente a la opinión pública sobre las verdaderas razones y contradicciones de la guerra. Nuestros medios occidentales nos cuentan siempre la misma película, con los mismos buenos y malos, con los mismos mensajes, lo cual supone una falta de rigor y de imparcialidad tremenda. En el fondo, como decimos, el negocio de los medios (participado también por terceras empresas de los otros negocios) también está implicado en los conflictos, desempeñando el papel "informativo", que en realidad es una indecente divulgación de sus postulados. Los medios no fomentan el análisis, sino la adhesión ideológica a unos objetivos. Continuaremos en siguientes entregas.

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2 febrero 2018 5 02 /02 /febrero /2018 00:00
Viñeta: Artsenal

Viñeta: Artsenal

La conclusión principal de la fuga de documentos de Panamá es la confirmación de que independientemente del interés geopolítico, nacionalidad o afiliación política, nuestro mundo está plagado por la corrupción de nuestras élites políticas y económicas que regularmente piden a los ciudadanos comunes que se aprieten el cinturón mientras ellos utilizan compañías offshore para perpetuar su lujoso estilo de vida

Remi Piet

En efecto, quizá fuesen los llamados "Papeles de Panamá" (a los que seguirían los "Papeles de la Castellana" y más recientemente los "Papeles del Paraíso") los que de forma masiva e internacional mostraran al mundo las vergüenzas de todo tipo de dirigentes políticos, empresarios, grandes fortunas, artistas, deportistas de élite, etc., en lo referente a su incursión en el mundo de los paraísos fiscales, demostrando hasta qué puntos estamos ante una práctica masiva y aberrante. En abril de 2016, el ICIJ (Consorcio Internacional de Periodistas de Investigación) difundió a través de varios medios de comunicación internacionales un conjunto de filtraciones (en realidad, millones de apuntes y registros contables) relativo a la existencia de un entramado de sociedades pertenecientes a personalidades de todo el mundo situadas en paraísos fiscales. Saltaron entonces a la palestra por primera vez nombres muy conocidos del mundo del arte, de las finanzas, de la política, de las letras, de los escenarios, etc. Les unía la participación de una firma panameña, el famoso despacho de abogados Mossack-Fonseca, especialista en domiciliación de empresas offshore (entidades fantasma diseñadas para ocultar la identidad de sus titulares reales) entre los años 1977 y 2015. La BBC aseguró que entre los papeles figuraban al menos 72 jefes o exjefes de Estado. Fue quizá el ejemplo más palpable a nivel interno de esa cultura del egoísmo y de la desigualdad que marca nuestras economías y nuestras vidas. 

 

Por primera vez nos mostraban estos medios todo un sistema perfectamente diseñado y calculado para encubrir las riquezas de todos estos personajes, o al menos, para ocultar ante la opinión pública la existencia de tales entidades. Por supuesto, los grandes bancos privados ejercían como intermediarios entre el gabinete y sus clientes, y en algunas ocasiones, participaban en complicadas operaciones de creación de empresas pantallas y de ocultación de fondos a través de diversos paraísos fiscales situados en distintos continentes. El espectáculo fue realmente bochornoso, pero lejos de tomar conciencia sobre ello, el grueso de la población no ha parecido reaccionar como se debería, exigiendo enérgicamente a los poderes públicos toda clase de medidas para que estos vergonzosos escándalos no se produzcan. Los Papeles de Panamá y otros casos similares que han salido a la luz pública recientemente, constituyen una deprimente radiografía del nivel de corrupción, ocultación e impunidad que se establece en ese triángulo cuyos vértices forman las entidades bancarias, los paraísos fiscales y los despachos que asesoran a sus clientes en la opacidad y el lavado de dinero, destapando todo el cinismo existente en torno a estos asuntos. Ilustremos algún ejemplo concreto con datos reales: Zug es una pequeña localidad suiza con apenas 19.000 habitantes, y sin embargo alberga, en dos o tres calles, nada menos que 29.000 empresas, y entre ellas al menos 500 sedes globales de compañías multinacionales y cientos de otras sedes regionales. Podríamos poner cientos de ejemplos más en dicha línea. 

 

¿A qué se debe semejante fenómeno? ¿Cómo es posible que una pequeña localidad pueda albergar tal cantidad de sociedades? ¿Dónde radica exactamente el interés? ¿Coinciden en ese interés todas las empresas al situar allí sus sedes? Desvelemos el secreto: Zug ofrece los impuestos corporativos más bajos del mundo. Algo así como si de repente el impuesto de circulación de vehículos fuese especialmente bajo en determinada ciudad del globo, y todas las personas matricularan allí sus coches. Es algo similar, pero a mucha mayor escala. En el caso de Zug y adicionalmente, de esas 29.000 empresas registradas, en 17.000 de ellas no consta ningún empleado o empleada dados de alta. ¿Funcionan entonces solas sus oficinas, por alguna suerte de inteligencia artificial? No, simplemente son sedes no reales. Esto convierte a Zug en el "paraíso de los paraísos" fiscales. Estos territorios se han ido convirtiendo en un factor peligroso que distorsiona ampliamente el funcionamiento del sistema capitalista y contribuye de forma exagerada a la concentración de la riqueza en pocas manos, disparando de este modo la arquitectura de la desigualdad. Veamos alguna evolución histórica sobre los impuestos: el promedio del Impuesto de Sociedades en los países de la OCDE ha venido disminuyendo década tras década. En 1950 era del 50%, en el 2011 ya era del 25%, y esto se explica por la despiadada competencia tributaria entre los diferentes países y territorios, jugando los paraísos fiscales, evidentemente, un rol decisivo en esa tendencia. 

 

La distribución evolutiva de la renta cada vez es más favorable para los agentes empresariales, es decir, para las rentas del capital, y más penosa para las rentas del trabajo. Insistiendo en ello, en 1992 los 400 estadounidenses más ricos declararon el 26% de su renta como salarios, y el 36% como plusvalía. Hoy día, sólo un exiguo 6% se declara como renta asalariada, y el 66% como plusvalía, bajo la creciente filosofía de la reducción de impuestos a las empresas y grandes fortunas. Los paraísos fiscales son la guinda del pastel, de este pastel de la distribución y aportación de las rentas tan injusto, de esta planificada y disparada arquitectura de la desigualdad. Y todo ello sin mencionar, entre otros elementos, el papel que desempeñan los paraísos fiscales en el lavado de dinero (procedente de execrables negocios), variable fundamental en la consolidación de la delincuencia organizada, donde habría mucho que decir respecto a la evidente complicidad de varios gobiernos y Estados del mundo. Rodolfo Bueno nos expone más ejemplos en este artículo para el medio Rebelion.org, del cual rescato los siguientes párrafos: "El método más comúnmente empleado para pagar menos impuestos es la sociedad offshore, que puede hacer negocios en el mundo entero y garantiza el anonimato total de sus socios; una offshore fácilmente se puede convertir en corporación y viceversa. Nada de impuestos ni de IVA ni de contribuciones sociales. Para fundarla, se contratan los servicios de un experto, se selecciona el nombre de la empresa, se realiza el primer pago, menos de dos mil dólares, y la sociedad, sin requisitos de capital, se funda en dos días. Se exigen pocos documentos, no hay ni responsabilidades personales ni dirección de oficina ni inversión mínima ni pleitos sobre las acciones de la empresa, que pueden ser transferidas de inmediato sin aviso público". 

 

Y continúa: "Costo anual, setecientos dólares. Propietarios, a gusto y paladar del que guste: individuos de cualquier nacionalidad, independientemente de su relación con la empresa, corporaciones, sociedades, fideicomisos. ¡Bravo! BBB. Mejor imposible. Ni siquiera el diablo tienta tan bonito. Ésta es, en esencia, una estructura que permite maximizar ganancias. En Delaware, el Estado más pequeño después de Rhode Island --650.000 habitantes--, apodado tierra libre de impuestos y uno de los mayores centros bancarios de EE.UU., hay, según su portal oficial, más de un millón de empresas, el 60% de las cuales cotiza en la Bolsa de Nueva York. Delaware, además de garantizar un ilimitado secreto bancario, posee un sistema judicial que resuelve los conflictos legales a favor de las empresas de este Estado; lo que lo convierte en la meta ideal para la creación de sociedades, pues no hay límites al tipo de negocios legales o ilegales que se pueden realizar. No se exige ni ser residente ni ser ciudadano de EE.UU. ni viajar ni hacer negocios en Delaware, basta con desearlo para crear una compañía, tal como en la lámpara de Aladino". Fabulosa descripción la que nos realiza Rodolfo Bueno en los párrafos anteriores, que describe perfectamente la facilidad que los capitales poseen a la hora de instalarse en cualquier sitio del mundo. Son las mejores credenciales. Mientras, a las personas que intentan instalarse para desarrollar una vida mejor, se les impide sistemáticamente, y se les trata de forma denigrante. ¿Hay quien niegue a estas alturas la arquitectura de la desigualdad? Continuaremos en siguientes entregas.

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31 enero 2018 3 31 /01 /enero /2018 00:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

...A las aladas almas de las rosas del almendro de nata te requiero, que tenemos que hablar de muchas cosas, compañero del alma, compañero...

Miguel Hernández

Finalizamos ya en esta última entrega, la número 60, nuestra serie de artículos dedicada a la superación del franquismo. Y lo último que propone el texto legislativo que estamos exponiendo en esta recta final es la creación del Consejo Estatal de Pedagogía de la Memoria Histórica. Se trataría de un organismo paritario entre el Gobierno y la sociedad civil, que velaría por el absoluto respeto a la misma en todos sus órdenes y dimensiones. Dicho organismo, entre otras funciones, asesoría en la adaptación de los contenidos a los libros de texto escolares y a las series televisivas y documentales ya referidas en anteriores entregas, y velaría por el cumplimiento íntegro de la Ley de Memoria Democrática en todos sus aspectos. Porque como muy bien indica José María Pedreño (Federación Estatal de Foros por la Memoria) en este ya antiguo artículo de la Revista Pueblos, rescatado recientemente por el medio Eco Republicano, la recuperación de la Memoria Histórica es esencial para fortalecer la democracia, como elemento de lucha contra la impunidad, como arma para la defensa de los derechos humanos y como elemento ideológico de construcción y vertebración de la sociedad. Hay que acabar con el actual desconocimiento que nuestra sociedad posee sobre lo que supuso el franquismo, desconocimiento que provoca falta de comprensión sobre los procesos históricos que han dado como resultado nuestro presente, generando un profundo déficit democrático que se sustancia día a día en los mimbres de una sociedad despolitizada y poco participativa. Nuestra democracia de baja intensidad está edificada sobre el desconocimiento y el olvido. 

 

El miedo sigue siendo dueño del pensamiento y de las actitudes de muchas personas, un miedo asentado en la alienación mental y cultural procedente de décadas de franquismo (en primer lugar) y de otras décadas de neoliberalismo (en segundo lugar). Un miedo que ha proporcionado (y lo sigue haciendo) la victoria ideológica del franquismo, y la hegemonía del pensamiento neoliberal que defienden hoy día la mayoría de los partidos políticos que nos representan. Quizá quien mejor lo haya expresado recientemente ha sido Juan Rivera (miembro del Colectivo Prometeo y del Frente Cívico "Somos Mayoría"), quien ha escrito en este artículo: "El franquismo sociológico se apuntala en un estado mental en el que el predominio del pensamiento único oficial de hoy, bebe del exterminio violento de las ideas alternativas ejecutado ayer". Somos hijos de nuestra historia, de nuestro pasado, que nos explica el presente y nos proyecta al futuro. Por ello debemos pasar página del franquismo, pero pasarla bien, pasarla al completo, habiéndola leído con integridad. Sólo recuperando la Memoria Histórica y Democrática y restableciendo la verdad, la justicia y la reparación será posible pasar definitivamente esa página negra de nuestra historia, con plenas garantías de no repetición. Porque como afirmara Suso de Toro: "España no rompió con el franquismo, simplemente lo reformó". Reformó su apariencia, sus modos, sus formas de gobernar, pero no sus poderes fácticos, no las líneas básicas de su ordenamiento jurídico ni de sus bases legales, no los aparatos del Estado, ni el corpus ideológico que lo sustenta. 

 

El franquismo aún perdura en nuestro país, y en muchas ocasiones las huestes franquistas se envalentonan, pierden el miedo, se hacen fuertes, imponen su discurso. No podemos permitirlo. Esta serie de artículos ha intentado ser lo más pedagógica posible, mostrando todos los aspectos de ese franquismo político y sociológico que aún padecemos, y la enorme cantidad de medidas que podemos y debemos tomar para erradicarlos. Hemos puesto énfasis en luchar contra los postulados y el protagonismo tanto de la Iglesia Católica (que proporcionó el núcleo de la ideología legitimadora del golpe militar y de la dictadura) como de las Fuerzas Armadas (algunos de cuyos sectores aún nos recuerdan que son ellos los que mandan, los que ganaron la guerra, y los que defienden la "unidad indivisible de la patria" a golpe de sable). Superar el franquismo significa hoy día declararse abiertamente antifascista, y recuperar la legitimidad republicana. Superar el franquismo es entenderlo, como lo define Víctor Arrogante con su magistral sabiduría: "Políticamente antidemocrático; jurídicamente anticonstitucional; socialmente conservador y tradicionalista; espiritualmente clerical; ideológicamente totalitario; económicamente capitalista; militarmente absolutista, y moralmente inhumano". Así fue el franquismo, y por todo ello hay que superarlo. Superar el franquismo implica levantar el falso mito de la Transición, juzgar a los responsables aún vivos, respetar la memoria de todas las víctimas, luchar por la dignidad de todas las personas y colectivos, derogar la vergonzosa Ley de Amnistía, derribar el Valle de los Caídos, retirar toda la simbología franquista de nuestras calles y plazas, y dejar de disculpar, justificar o ensalzar la figura del execrable dictador. Todo ello está pendiente de llevarse a cabo en nuestro país. 

 

Porque el franquismo, aunque sea edulcorado, no puede tener cabida en una sociedad democrática, ni ningún otro tipo de fascismo. Por tanto, la impunidad de la que aún gozan los jerarcas y represores franquistas es una anomalía histórica, moral y democrática, que debe avergonzarnos a todos. Y esta vergüenza también se manifiesta en que continúe gobernando un partido político, hoy llamado "Partido Popular" (cuando es lo más antipopular que existe), heredero directo de la derecha franquista. Se les ve el plumero en multitud de ocasiones, cuando directa o indirectamente, legitiman el franquismo sociológico en el que estamos inmersos. Todo concuerda, porque son como los describe Juan Carlos Monedero: "...Aceptaron tarde la democracia, aceptaron tarde la Constitución, aceptaron tarde el municipalismo, aceptaron tarde la igualdad, el aborto, el divorcio, el matrimonio homosexual, aceptaron tarde Europa, aceptaron tarde la justicia internacional, aceptaron tarde la confesionalidad del Estado y van a aceptar tarde la plurinacionalidad (...). Ellos son España y España es lo que ellos dicen que es, el espacio que coincide con sus intereses. Aunque tengan el dinero en Suiza o Panamá". Magistralmente lo expresó Juan Goytisolo en el 80 aniversario de la II República, cuando sentenció: "No nos resignemos a una permanente injusticia. Bajar la guardia y rendirnos sería dar por buena la brutalidad de los alzados contra el conjunto de aspiraciones e ideales que encarnó la República. La herencia cívica y ética de ésta no ha muerto; sigue viva y muy viva en nuestros corazones y conciencias". 

 

Para finalizar la serie, hemos elegido el texto del Romance de Juan García, de Francisco Moreno Galván (cantado por tonás en un disco de José Menese), que retrata perfectamente uno cualquiera de todos los asesinatos viles y crueles que se cometieron durante la Guerra Civil y la dictadura:

 

"Fue sentenciado Juan García, a golpe de mosquetón,

primera noche de agosto, sin jueces ni defensor.

No era por miedo su llanto, porque llorando salió,

lloraba porque dejaba, lo que en su casa dejó.

Lo sacaron amarrao, y amarraíto quedó,

a dos pasos del camino, en el camino a Morón.

Así murió Juan García, testamento no escribió,

pero lo que Juan dejaba, el pueblo lo recogió"

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30 enero 2018 2 30 /01 /enero /2018 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

...Lo que se aplica es una política con cuatro constantes: austeridad, es decir, reducción de gastos sociales vitales, de salarios directos e indirectos, de pensiones y jubilaciones, de servicios colectivos, etc. Privatización, es decir, vender todo lo público, colectivo y común a la burguesía a precio de ganga, para que pueda aumentar la tasa media de beneficio aunque sea a costa del empobrecimiento popular. Flexibilidad, es decir, destrucción de derechos sociolaborales y democráticos, derechos políticos conquistados por el pueblo trabajador pero que dificultan los negocios burgueses. Y represión, es decir, amedrentar a las clases trabajadoras para que no se resistan y sobre todo no pasen a la ofensiva, para que malvivan en el miedo y en la obediencia acobardada

Iñaki Gil de San Vicente

A vueltas con el Sistema Público de Pensiones y sus últimos ataques orquestados, habría que aclarar en primer lugar que la defensa de las pensiones públicas en toda su extensión no es sólo cosa de las personas mayores jubiladas, puesto que el sistema incluye para las personas, además de la propia jubilación a su edad correspondiente, otros tipos de prestaciones asociadas, tales como las pensiones de viudedad, orfandad, protección ante las incapacidades derivadas de cualquier contingencia, las prestaciones familiares, la maternidad-paternidad, la asistencia sanitaria y el resto de servicios sociales vinculados a todas ellas. El Sistema Público de Pensiones (en adelante, SPP) debe ser defendido por el conjunto de la clase trabajadora, pues sus múltiples manifestaciones les afectan en mayor o menor medida a lo largo del tiempo. Todo el ataque que está sufriendo el SPP está derivado de la ofensiva neoliberal que está derribando poco a poco la práctica totalidad de las conquistas de la clase obrera durante las últimas décadas. En el fondo, la idea y el objetivo que subyacen es que sea la banca privada la que asuma el rol que ahora mismo posee la Seguridad Social, y se encargue de sufragar las pensiones de los mayores. Pero lógicamente, si tenemos en cuenta la trayectoria de estas entidades y los referentes ocurridos en otros países, el panorama es ciertamente desolador. 

 

Nosotros pensamos que ningún agente ni entidad privada puede encargarse de este objetivo, pues se trata de un derecho humano fundamental, alejado del afán de lucro y beneficio que cualquier empresa pueda lícitamente tener. Desde este punto de vista, han de ser las instituciones y organismos públicos los que se sigan encargando de ello, pero el saqueo que llevan sufriendo desde los últimos años acá nos sugiere que este asunto necesita un replanteamiento urgente. Pero metidos en harina, también nos damos cuenta de que el SPP no puede sufragarse con ocurrencias como nuevos impuestos (como el sugerido recientemente por el PSOE para gravar las transacciones financieras, que además es un carro al que se ha subido tarde y mal), ni ordinarios ni extraordinarios, pues todos ellos dependen del nivel de recaudación que el Estado pueda hacer sobre ellos. El SPP es demasiado importante como para depender de los vaivenes del mercado, ni de la recaudación de cierto tipo de impuestos que contribuyan a las arcas públicas. Pero es evidente que la precariedad del mundo laboral actual (temporalidad, bajos salarios, escasa protección social, etc.) y los altos niveles de paro generados no pueden aportar las cantidades suficientes como para que el SPP sea sostenible. ¿Cuál es, entonces, la solución? Evidentemente, y en primer lugar, volver a reconstruir un mundo de relaciones laborales que ha sido prácticamente destruido mediante las últimas Reformas Laborales (tanto de PP como de PSOE), anulando el poder sindical y la negociación colectiva, y vinculando todo el poder y la hegemonía a las organizaciones empresariales. 

 

Pero aún nos quedaría alguna inseguridad en la financiación del SPP si lo derivamos todo y siempre al mundo laboral. Un mundo laboral fuerte, estable y con derechos, con bajas tasas de paro, permitiría por sí mismo, de entrada, anular las peligrosas incertidumbres que se ciernen sobre el SPP, pero todavía deberíamos dar alguna vuelta de tuerca más para asegurar definitivamente el sistema. Durante los últimos años, la pérdida de poder adquisitivo de los pensionistas ha sido alarmante, pues mientras el IPC ha seguido su curso, la revalorización de las pensiones públicas no se ha desviado del 0,25% contemplado en el Decreto que las regula. Por tanto, se necesita en primer lugar revalorizar las pensiones a niveles dignos, y la sola vuelta del mundo laboral a sus condiciones anteriores (cosa que aún está por ver) no sería quizá garantía para poder alcanzar dicho objetivo. Necesitamos unificar (en el horizonte tenemos la Renta Básica Universal que aglutinaría todas las prestaciones públicas con dicho rasero) el importe de las pensiones mínimas al Salario Mínimo Interprofesional (SMI), subiendo dichos valores hasta niveles dignos. Y como decimos, hemos de colocar un nuevo factor de sostenibilidad al sistema, que despeje cualquier tipo de duda al respecto. Dichas políticas han de descansar sobre la base del pleno y escrupuloso respeto a los Derechos Humanos fundamentales, luego está claro que si el sistema actual de cotizaciones a la Seguridad Social es insuficiente (o como medida hasta que vuelva a ser suficiente), hemos de implementar una fuente de recursos proveniente de otra vía, y esa vía no puede ser otra que los Presupuestos Generales del Estado. 

 

Porque en efecto, los PGE contemplan la financiación de múltiples partidas públicas de recursos (sueldos de todo tipo de funcionarios, por ejemplo), incluidas la financiación espuria a ciertos elementos que nosotros entendemos sobrantes, como la financiación a la Casa Real o a la Iglesia Católica, por no citar la cantidad de ingresos que se van a pagar los intereses de la demencial deuda pública que soportamos, o los presupuestos (muchos de ellos disfrazados u ocultos) destinados a las políticas de armamentos, de defensa (o mejor dicho, de ataque). La pregunta es muy fácil de enunciar: ¿cómo es posible que existan fondos para todas estas partidas, y no podamos garantizar fondos para sufragar el SPP? Pues es otro de los indecentes flecos que tenemos que soportar, sobre todo si comparamos las dificultades de toda persona asalariada o autónoma para cobrar una pensión digna, comparada con los privilegios de nuestros políticos, banqueros y grandes empresarios, que pueden compatibilizar en algunos casos hasta 3 pensiones, o cobrar la pensión máxima habiendo cotizado sólo 10 años, o autoconcederse indemnizaciones millonarias antes de liquidar la entidad, mientras a los demás trabajadores/as se les manda el mensaje de que hay que jubilarse cuanto más tarde mejor, e incluso, si se puede, jubilarse compatibilizando la pensión con un trabajo. Las vergüenzas de este injusto sistema aparecen por doquier. Se necesita imperiosamente romper con este panorama. Más que una solución mágica, lo que necesitamos es poner en marcha un conjunto de nuevas políticas que partan de la idea de asumir la sostenibilidad del sistema como absolutamente garantizada en todo momento.

 

No valen los cálculos demográficos baratos que nos hablan de la evolución de la esperanza de vida, porque los que nos argumentan esta falacia son los mismos que nos proponen planes de pensiones privados, o que llevan años degradando y precarizando el mercado laboral. Hay que romper con las limitaciones referidas a la financiación exclusiva a través de las cotizaciones sociales, abriendo el campo a la financiación pública a través de los PGE, y hay que crear puestos de trabajo estables y con derechos, en vez de continuar basando el discurso en mantras como los "20 millones de ocupados", que en realidad estarán ocupados en ser números de una estadística temporal. Las prioridades económicas serían restablecer el poder adquisitivo de los pensionistas (caído en picado desde 2011), devolver la vinculación de la subida de las pensiones al IPC, y sincronizar la pensión mínima con el SMI y demás prestaciones básicas, alcanzando hasta los 1.000 euros mensuales. A nivel social, necesitamos homologar nuestras cifras a los valores europeos de nuestro entorno, reducir (hasta anular) la brecha de género en las pensiones, eliminar todo tipo de co-pago (más bien re-pago) que se imponga a los pensionistas, y garantizar los servicios de suministros básicos (energía, agua, transporte...). Todo ello debe apoyarse en un conjunto de medidas legales que descansen sobre la aceptación del SPP como un derecho constitucional contemplado en los PGE, el restablecimiento de la jubilación ordinaria a los 65 años, que contemple la jubilación anticipada sin penalización alguna (es decir, con el 100% de la base reguladora a partir de 40 años cotizados), la integración y armonización de las cotizaciones de todos los regímenes de la Seguridad Social, y la recuperación del subsidio indefinido para las personas mayores de 52 años. Para todo ello, sólo necesitamos la voluntad política necesaria. 

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29 enero 2018 1 29 /01 /enero /2018 00:00
Por la senda del Pacifismo (86)

Ahora que reflexiono, la guerra no es triste porque los que la fomentan tienen cuentas en Panamá, la guerra no es triste porque la noche posterior a cada atentado hay personalidades descorchando botellas de champán al saber que al día siguiente subirán las acciones de la industria de las armas, la guerra no es triste porque los vencedores expolian, torturan y asesinan a su antojo… Para los que la sufren, la guerra es mucho más que jodidamente triste y ya no les respetan ni en Twitter. La guerra es jodidamente triste porque inunda las calles de cadáveres… porque nos enseña que fuera del dinero y del poder, nada, ni aún la vida, importa

Luis Gonzalo Segura (exteniente del Ejército de Tierra, miembro del Colectivo Anemoi)

Si entendemos la guerra como un negocio en los términos que estamos exponiendo, es evidente que no podremos acabar con las guerras hasta no acabar con el negocio de las guerras, con sus ganancias, con sus industrias, con sus políticas, con sus ambiciones, con sus necesidades, con sus objetivos. El estado de guerra permanente en que vivimos no obedece a ninguna realidad política ni a ninguna amenaza real, sino a las ansias de crecimiento y desarrollo del sector armamentístico y del complejo militar-industrial-tecnológico. Una industria y unos beneficios tan ciegos que ignoran los tremendos y definitivos daños que causamos no sólo a las personas, sino al medio ambiente y al planeta en general. La huella ecológica del permanente estado de guerra en que nos encontramos nos pasa una factura igualmente permanente y peligrosa, que de no reconfigurar el rumbo, será definitivamente perniciosa. Desaparecen ecosistemas locales, fauna y flora, los suelos se desertifican, la floresta se ve seriamente mermada, van desapareciendo las aves migratorias. Los equilibrios naturales se ven seriamente dañados. La guerra permanente es una guerra contra el planeta, contra todos los recursos, contra todas las personas, aunque podamos estar situados o viviendo a miles de kilómetros de los conflictos armados. Las guerras generan daños ecológicos y accidentes que se mantienen durante años después de la finalización de los conflictos, y que suponen una terrible huella difícil de superar. Dramas humanos, dramas colectivos, dramas ambientales, dramas planetarios que nos pasarán una factura demasiado elevada. 

 

Por su parte, y siguiendo a Nora Fernández en su artículo de referencia, hemos de prestar mucha atención a la contaminación ambiental que el propio militarismo obsesivo genera. El Departamento de Defensa de Estados Unidos por sí solo produce más basura que las 5 mayores corporaciones químicas de USA, incluyendo uranio empobrecido, petróleo, pesticidas, herbicidas, plomo y radiación producida durante la manufactura, el testeo y el propio uso de las armas. Miles de kilos de micro partículas radiactivas altamente tóxicas contaminan, por ejemplo, Oriente Medio, Asia Central o los Balcanes. Las minas antipersonas y las bombas de racimo (expresamente prohibidas por los actuales Convenios de la ONU vigentes ) están diseminadas por extensas áreas durante años siguientes a la finalización de los conflictos armados. Y continúan generando terribles accidentes, que hieren, mutilan y matan a víctimas inocentes. En 2009, esto es, 34 años después de la finalización de la guerra de Vietnam, la contaminación por dioxina en este país era entre 300 y 400 veces superior a la considerada como normal, provocando severas deformaciones en los nacimientos y numerosos casos de cáncer, en la tercera generación de habitantes desde el fin de la guerra. La huella ecológica es ciertamente la más destructiva, y la más perdurable. Y en cuanto a los pueblos, es evidente que los conflictos armados generan desestructuración de los mismos, lo que unido a las guerras tribales, los saqueos y las provocaciones de catástrofes (incendios, atentados, explosiones, tumultos, etc.) continúan asesinando a miles de personas. 

 

En todas estas dimensiones de la devastación, de la tragedia y del horror están firmemente interesadas todas las industrias implicadas, incluso en las posteriores tareas de carácter "humanitario" y de "reconstrucción". Cientos de empresas cruzan sus intereses en las actividades y contratos posteriores a una guerra, por lo cual les interesa la destrucción previa a la construcción. La guerra como negocio es quizá la vertiente más detestable de la naturaleza humana. Hemos de acabar con ella, que implica por tanto acabar con los propios intereses que las mueven. Los perjuicios humanos no se contabilizan además sólo en los más graves (heridos, mutilados o asesinados en guerra), sino que también inciden en los soldados que vuelven a sus países de origen después de cualquier conflicto armado. Entonces, muchos de ellos y ellas tienen que recibir asistencia debido a daños físicos, emocionales o psicológicos, que pueden suponer elevados gastos a las arcas públicas, además de la propia incidencia personal sobre sus familiares y amigos. Por su parte, el mito de que las guerras son positivas para la economía también es falso. Para las economías, también es mejor la senda del pacifismo. De entrada, los gastos militares desvían recursos que deberían haber sido destinados a usos productivos, y ello ralentiza la expansión económica y el empleo. Las guerras extinguen la riqueza, deprimen la economía, socavan la democracia, afectan negativamente a los mercados, anulan la prosperidad. Sólo los más pérfidos intereses pueden excusar las guerras y ver algún enfoque positivo en ellas. La guerra es el negocio de la muerte y de la destrucción, pero es un negocio. 

 

Un terrible negocio de tal volumen que en el año 2016 todos los gastos militares del mundo supusieron un 2% del PIB mundial. Y cada año no cesan de aumentar. Los presupuestos públicos de países de todo el mundo, salvo honrosas excepciones, dedican cada año más cantidad proporcional a los presupuestos de la guerra. Sin ir más lejos, en nuestro país la Ministra de Defensa ha anunciado que se duplicará el gasto militar durante los próximos siete años, y se ha quedado tan pancha. Es un absoluto suicidio aceptar la guerra como estrategia y situación permanente, es un horror aceptar el proyecto globalizador (basado en la falsa premisa de la "lucha global contra el terror") que valida y normaliza el uso de armas nucleares, sino que hay que entenderlo como un acto criminal contra la vida del planeta. Nora Fernández lo expresa en los siguientes términos: "Justamente porque la guerra es un evento funesto para la humanidad, se hace crucial cuestionarla abiertamente como estrategia fallida. La guerra se presenta como última solución, estrategia de último recurso, pero no es solución ni es aceptable. Facilitar la paz es la única solución (...). Promover la paz como única solución a los problemas de la humanidad es crucial. Hoy, a los daños de guerra a humanos y a otras especies, se suman los daños al medio ambiente y el despilfarro de recursos naturales esenciales para la supervivencia de la humanidad. Es prioritario decir no a la guerra y al militarismo y terminar con la glorificación de la muerte para beneficio del poder". Es totalmente prioritario luchar y desmantelar los intereses de cuantos sectores puedan beneficiarse de la barbarie de la guerra, porque de la devastación ningún sistema racional puede obtener ventajas ni beneficios. 

 

Ese negocio nos deja un irrespirable ambiente plagado de muerte, destrucción, dolor, hambre, miedo, inestabilidad, sufrimiento, heridos, desplazados y traumatizados de por vida. Sin embargo, los poderes interesados nos presentan siempre las razones de la guerra como de defensa, nos dicen que nos atacan los salvajes, los herejes, los desalmados, los malos, los otros despojados del planeta. Se nos dice que sufrimos amenazas, que quieren destruirnos, que quieren romper nuestro modo de vida. Se nos dice que nosotros representamos el bien, y ellos el mal. Nada de eso es verdad. Las verdaderas razones de la guerra son interesadas, son prosaicas, son económicas, son ambiciosas. Simplemente, tenemos armas que probar y vender, ingresos que obtener, beneficios que multiplicar, territorios y recursos que explotar, intereses que proteger, privilegios y estatus que defender. Por eso la guerra es un negocio. De ahí que los gastos para las guerras (llamados eufemísticamente gastos "de defensa") se hayan convertido en pieza esencial de los presupuestos públicos de cualquier país, cuyos Gobiernos son presionados por los lobbies del sector. En algunos casos, los gastos de guerra se convierten en proyectos de ley de emergencia. La ley se alía con la guerra, desvirtuando de este modo su sublime carácter. De ahí que los presupuestos para la guerra hayan de ser disfrazados, tengan que ser manipulados y ocultados bajo otras partidas, escondidos de las cifras visibles, para que no lleguen a la población de forma cruda y directa. Las guerras son un negocio muy caro. Continuaremos en siguientes entregas.

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