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23 diciembre 2020 3 23 /12 /diciembre /2020 00:00

Pero, más importante que los argumentos de autoridad, me parece el análisis comparativo del trabajo con la práctica de la prostitución, en que se revela una diferencia esencial entre ambas realidades. En una actividad laboral se vende «la fuerza de trabajo», como decía Marx. Pero no el cuerpo y la realidad personal. Aquello que se vende es algo exterior, una actividad que es retribuida. Y que puede ser tanto una actividad física, en el trabajador manual, como intelectual en las profesiones llamadas liberales. En la prostitución aquello que está en venta -o alquiler- es el propio cuerpo, que se entrega al prostituidor. Y el cuerpo no es separable de la personalidad, del ego y la individualidad

Carlos París

Bien, hemos alcanzado ya esta décima entrega de nuestra serie sobre la prostitución y la necesidad de su abolición, y hemos analizado algunos puntos de vista, pero aún nos quedan muchos asuntos donde insistir, y más enfoques que exponer. El fenómeno es extenso y complejo, y por ello necesita una visión profunda y multidisciplinar. A continuación, tomando como referencia este estupendo artículo de Irene Hernando Velasco, publicado originalmente en el diario El Mundo, vamos a profundizar más en el tema de los clientes de la prostitución en nuestro país, es decir, de los prostituidores, figura a la que ya nos hemos referido en anteriores entregas como imprescindible para que la prostitución exista, y que evitamos llamar "puteros", porque estamos de acuerdo con Mabel Lozano en que este calificativo estigmatiza a las mujeres. De entrada, Irene Hernando ofrece los siguientes datos (el artículo corresponde al año 2018, por lo cual éstos pueden haber sufrido oscilaciones): el 15% de los varones españoles (unos 2,5 millones) admitió sin reparos el año pasado (2017) en pagar por mantener sexo, y el 34% no cree que la prostitución sea una forma de violencia. Realmente asombroso. De entrada, estos datos pueden llevarnos a la conclusión de que, en realidad, la dimensión del fenómeno de la prostitución se conoce bien poco. El estudio referido en el citado artículo establece por primera vez cinco tipos de "clientes" o prostituidores, de los que hablaremos luego: ociosos, cosificadores, buscadores de pareja, arriesgados y personalizadores. Dicho estudio está basado en una amplia encuesta a clientes de prostitución en el contexto español. Y según dicho estudio, el grupo más numeroso está constituido por aquéllos varones que recurren al sexo de pago por motivos de ocio, de pura y simple diversión, para disfrutar de su tiempo libre, para pasárselo bien. Esto es exactamente lo que declaran, "como si acudir a uno de los 1.693 burdeles que en 2013 contabilizó  la Policía Nacional a lo largo y ancho del país fuera un hobby como ir al cine, visitar un parque de atracciones o practicar piragüismo", nos dice la autora. Se sospecha también que un alto porcentaje de hombres oculta, por diferentes causas, su visita a locales de prostitución. 

 

Pero volvamos al dato quizá más preocupante que indicábamos anteriormente: dos de cada tres hombres que pagan en España por tener sexo con una mujer (exactamente el 34,8%) NO consideran que la prostitución sea una forma de violencia. Y el 86,4% se muestra de hecho a favor de regularla, como si fuera una actividad económica más. Son datos extremadamente preocupantes. Se deben seguramente no solo a la expansión del fenómeno de las redes de tráfico de mujeres por todo el mundo y su normalización sociológica, sino también a las lagunas de un sistema educativo que no ha formado a estas personas, cuando eran niños, de una manera correcta sobre los temas de la educación sexual, la prostitución y la pornografía. Su visión de estos asuntos por tanto es la visión dominante, que no es otra que la visión instrumental que del cuerpo de las mujeres posee y difunde el sistema patriarcal capitalista. Pero la autora del artículo recalca a continuación: "Sin embargo, si se escarba un poco, lo que se encuentra es una espesa capa de cinismo. Porque, por otro lado, nada menos que el 72,8% [de los encuestados] opina que si una mujer se prostituye es porque de algún modo la obligan a ello a través del uso de la fuerza o a base de amenazas. Por no hablar de ese abultado 93,9% que considera que la primera causa que empuja a una mujer a la prostitución es la pura necesidad económica". Es evidente. Pero Carmen Meneses, antropóloga de la Universidad de Comillas y directora de este exhaustivo estudio que recoge lo que opinan sobre la prostitución los hombres españoles, especialmente los que recurren a ella, recoge también un dato muy significativo: "A los hombres que pagan por sexo les cuesta asumir las consecuencias reales de sus acciones, les cuesta verse reflejados tal y como son en realidad. Consideran que las mujeres obligadas a prostituirse, las mujeres víctimas de trata, son siempre las otras, no aquellas que ellos ven. Se autoconvencen de que las prostitutas que ellos frecuentan no tienen para nada ese perfil. Son muy, muy pocos los que tienen conciencia al respecto". Fenómeno curioso donde los haya, mediante el cual nuestra mente esquiva contemplar los auténticos motivos de un fenómeno cruel, como un modo de autoprotección para no reconocer que nosotros mismos estamos participando de él, y por tanto, contribuyendo a su expansión. 

 

La investigación, basada en un total de 1.048 encuestas telefónicas, de carácter aleatorio y anónimo, a otros tantos hombres de entre 18 y 70 años que accedieron a responder a un cuestionario de 37 preguntas (un 67,5% de los que fueron contactados se negó a hacerlo), es una de las pocas que se han centrado en el papel del "cliente" de la prostitución. De hecho, y como ya resaltamos en alguna entrega anterior, brillan por su ausencia los estudios que tratan de ofrecer una respuesta científica a los motivos que llevan a un hombre a pagar por mantener sexo. Y así, la inmensa mayoría de los estudios suelen centrarse en la problemática de las mujeres prostituidas, obviando el carácter fundamental del hombre. En nuestro país solo se había hecho anteriormente una única encuesta a nivel nacional centrada en los usuarios de prostitución, publicada en el año 2003 por el Ministerio de Sanidad y el Instituto Nacional de Estadística. Este estudio al que nos referimos, dirigido por la antropóloga Carmen Meneses, con la colaboración de Antonio Rua y Jorge Uroz, fue publicado en la Revista Internacional de Sociología, y viene a cubrir ese vacío, al tiempo que aporta numerosa información sobre los españoles usuarios de prostitución y los motivos que ellos declaran que les inducen a ello. La encuesta lleva el elocuente título de "Explorando los motivos para pagar servicios sexuales desde las opiniones sobre la prostitución", y para empezar, saca a la luz que el 20,3% de los hombres encuestados (lo que equivale a uno de cada cinco españoles) ha pagado alguna vez en su vida por mantener sexo con una prostituta, y que el 15% (unos 2,5 millones) confiesa haberlo hecho en el último año al de la realización del estudio. Bien, habíamos anunciado más arriba que este estudio aportaba, sobre todo, una radiografía precisa y detallada de estos clientes de la prostitución, hasta tal punto que los tres autores del trabajo trazan una tipología completa de estos hombres, distinguiendo hasta 6 tipos en función de los motivos que les llevan a pagar a cambio de sexo. Siguiendo a estos autores, serían los siguientes:

 

1.- LOS OCIOSOS: Este grupo, el más numeroso, está integrado por el 24,1% de los hombres que recurren al sexo de pago. Quienes forman parte de esta categoría buscan en la prostitución una forma de diversión, de ocio, de disfrute, de pasar el tiempo libre. Según Carmen Meneses: "Se trata en muchos casos de jóvenes que salen en grupo de juerga. Si la noche concluye y no han ligado, acuden a clubes y pagan por mantener relaciones sexuales. Para ellos el burdel es una continuación de la discoteca, de la diversión". Celebraciones, salidas de fin de semana, fiestas particulares, despedidas de soltero, cumpleaños, aniversarios, cenas en grupo...pueden finalizar en muchos casos en los clubes de alterne. 

 

2.- LOS COSIFICADORES: Este segundo grupo constituye el 21,7% y son aquellos hombres que pagan porque desean sexo puro y duro, sin implicaciones sentimentales, sin compromisos, sin derivaciones ni consecuencias afectivas. Para este tipo de hombres, las mujeres son fundamentalmente cosas, como cualquier otro tipo de bien, producto o servicio que se pueda consumir. Básicamente, son instrumentos para obtener el placer sexual. Ven a las prostitutas como objetos que les proporcionan servicios sexuales, como meros bienes de consumo que les proporcionan la satisfacción que buscan. En opinión de Carmen Meneses, "son los que más mercantilizan el cuerpo de las mujeres".

 

3.- LOS BUSCADORES DE PAREJA: Este tercer grupo representa también algo más del 20% de los hombres españoles que recurren a los servicios de la prostitución. Se trata por lo general de varones solos, sin pareja (pueden ser solteros, divorciados, separados...), que acuden a los clubes de alterne en busca tanto de sexo como de compañía y que, de manera no deliberada, acaban estableciendo una relación afectiva profunda con una prostituta. "En algunos casos incluso terminan emparejándose con ella. Estas parejas suelen desembocar en violencia de género", advierte Meneses.

 

4.- LOS ARRIESGADOS: Este cuarto grupo lo constituyen dos de cada diez españoles que pagan por sexo (exactamente el 19,8%). La mayoría son hombres emparejados, que han normalizado completamente sus visitas a los clubes de alterne. Pero se trata de hombres que, además de sexo, se ven atraídos por el riesgo, por el peligro. "Demandan sexo sin protección, sin preservativos, y acompañado muchas veces de cocaína", subraya Carmen Meneses, quien añade que "son muy peligrosos, ya que pueden transmitir enfermedades de transmisión sexual a sus parejas". 

 

5.- LOS PERSONALIZADORES: Este quinto grupo lo integran los hombres que además de sexo buscan compañía, alguien que les escuche. Normalmente no poseen en su entorno personas de confianza con las que puedan hablar de ciertos asuntos, y acuden a la figura de la prostituta con tal fin. En opinión de Meneses, buscan "una psicóloga, además de una prostituta". Entran en esta categoría, según el estudio de referencia, el 12,6% del total de los varones españoles que pagan por mantener relaciones sexuales. 

 

6.- LOS AGRESORES: Se trata del grupo más peligroso. Esta categoría no se recoge en el estudio citado, pero es evidente que existe. En opinión de Irene Hernando: "Se trata de aquellos que recurren al sexo de pago para ejercer violencia sobre las prostitutas. Pero este perfil no emerge en las encuestas, ya que los hombres que son agresores no te dicen que lo son cuando les preguntas al respecto". Responden por tanto a un perfil de hombre violento e imprevisible, que busca descargar sobre la prostituta todas sus frustraciones y complejos. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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21 diciembre 2020 1 21 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Antonio Rodríguez (A 5 años del Acuerdo de París sobre el Clima)

Viñeta: Antonio Rodríguez (A 5 años del Acuerdo de París sobre el Clima)

Si a los viajeros que ocupaban las plazas más económicas del Titanic les hubieran preguntado por sus reivindicaciones unas horas antes del naufragio, seguramente hubieran planteado cuestiones relacionadas con la precariedad de sus camarotes, la comida o el trato discriminatorio recibido, pero ninguno habría podido exigir un cambio de rumbo para evitar la catástrofe. Sencillamente, no podrían haberlo hecho porque la información de la que disponían no les permitía conocer que el rumbo del barco había sido temerariamente determinado por la naviera y conducía a un naufragio que se cobraría muchas vidas

Fragmento de “La Gran Encrucijada”

CONCLUSIONES FINALES

 

Bien, llegados a este punto, donde hemos expuesto de forma profunda los fundamentos de los principales paradigmas donde se asientan tanto la filosofía como la política sobre el Buen Vivir (visión indigenista, decrecimiento, ecosocialismo, ecofeminismo, teoría del desarrollo a escala humana, animalismo...), es hora ya de encaminarnos hacia la recta final de esta ya extensa serie de artículos. Vamos a ir, entonces, recogiendo los mensajes fundamentales que hemos intentado difundir, para ir cerrando la serie a modo de corolario. Lo primero que hicimos, durante nuestros primeros artículos, fue presentar la magnitud y envergadura planetaria de la crisis eco-social que estamos sufriendo, presentándola como una crisis civilizatoria, es decir, no como una crisis unidimensional, sino como un verdadero fenómeno multidimensional que afecta a muchas facetas de nuestra civilización capitalista, hoy día absolutamente globalizada. Para ello, en primer lugar fuimos mostrando los graves efectos del cambio climático que ya se están manifestando, así como las demostraciones de que dichos cambios se deben a la actividad humana sobre la tierra. Hemos entrado ya en un "capitalismo de catástrofe", es decir, en una fase necropolítica, donde el Capitaloceno muestra su cara más terrorífica. La distopía que las bases del capitalismo están provocando se extienden a múltiples facetas no solo de la vida humana, sino que también son causantes de la depredación que se está llevando a cabo sobre el resto del entorno natural, y del conjunto de seres vivos. Después de analizar todas las manifestaciones del cambio climático en nuestros días, así como las previsiones para el futuro próximo, comenzamos a analizar también la crisis de materiales y de fuentes energéticas a la que también estamos sometidos, comenzando por el pico del petróleo como fuente de energía no renovable fundamental en nuestros tiempos, y continuando con el resto de energías fósiles y renovables, planteando las posibles alternativas, así como la imperiosa necesidad de reducir el consumo de las mismas, y de establecer transiciones energéticas justas para otro mundo posible. 

 

Como ya expusimos, en varias décadas el petróleo comenzará a escasear, y poco después el gas natural, del que aún quedan más reservas, y el carbón. Dicha carestía provocará una escalada en los precios de los combustibles que provocará graves desajustes y crisis paralelas, especialmente en aquellos países que no cuentan con recursos propios, o bien que basan su modelo económico en gran parte en la explotación de estos combustibles fósiles. Lo peor de todo, como ya hemos destacado, es que no existe ningún Plan B, ya que las energías alternativas, cuyo auge debe fomentarse mucho más por parte de los distintos gobiernos y organismos internacionales, no pueden compensar actualmente la capacidad energética de los recursos fósiles. Esta vez, por tanto, la crisis energética no será coyuntural sino estructural, debido a su propio agotamiento. En su momento, expusimos también hasta qué punto todo ello puede causar en el futuro enormes estallidos sociales, con el riesgo incluido de aumento de los ecofascismos, que provocarán enfrentamientos sociales a gran escala por la apropiación de los recursos. Esteban Mira nos dibuja un panorama desolador en este artículo, pero perfectamente previsible, del cual recojo un extracto a continuación: "A partir del año 2025 nos podemos encontrar con un mundo superpoblado, con más de 8.000 millones de habitantes, un ecosistema profundamente alterado, un cambio climático en plena vorágine y un capitalismo industrial en quiebra por falta de fuentes de energía baratas. Ello provocará a su vez un crecimiento generalizado del precio de los alimentos, que por otro lado ya ha comenzado, así como la escasez cada vez mayor de agua dulce de calidad. Crisis energética, cambio climático, colapso ecológico, derrumbe del sistema capitalista, hambrunas y migraciones a gran escala serán, si nada ni nadie lo remedia, inevitables. Los grandes ecosistemas del mundo serán cada vez más secos y estarán más expuestos a los incendios, al tiempo que grandes oleadas víricas harán estragos en la población. En medio de la crisis del capitalismo es posible que surjan regímenes totalitarios y que la democracia vaya perdiendo terreno progresivamente". Como decimos, se trata de un panorama perfectamente previsible, por lo tanto, lo que hemos de hacer es aceptar que sufriremos el colapso civilizatorio (algo ya inevitable a estas alturas), e intentar minimizarlo, migrando lo más rápido y pronto posible hacia otras coordenadas políticas, sociales, económicas y culturales. 

 

Para conseguir el traslado a estas nuevas coordenadas, nosotros hemos propuesto desde esta serie de artículos los postulados filosóficos y políticos del Buen Vivir, originalmente parte del paradigma de convivencia de los indígenas de América Latina, pero ya extrapolado al resto del mundo y completado con la aportación de otros paradigmas occidentales, por todo lo cual entendemos que es la multiplicidad de sus propuestas, y no una sola de ellas, la que puede minimizar los efectos del colapso y hacernos cambiar hacia otras coordenadas civilizatorias más justas y sostenibles. El plano cultural es en este punto fundamental, pues es imprescindible dejar de creer en determinados dogmas culturales que la llamada Modernidad y sobre todo la civilización capitalista globalizada nos han impuesto, tales como la fe ciega en la tecno-ciencia, es decir, la creencia fanática de que los avances tecnológicos solucionarán todos los problemas del presente y los que se puedan presentar en el futuro. Hemos de abandonar la visión hedonista e insolidaria del mundo actual, dejar de adorar los supremos valores del individualismo y la competitividad, para comenzar a abrazar los valores de la ayuda mutua, de la solidaridad, de la justicia social y ambiental, de la igualdad, de la cooperación y de la frugalidad, para que nuestros esquemas mentales sean coherentes con nuestras prácticas políticas. De la concienciación de todos depende que el cambio sea más o menos traumático. Si pretendemos sobrevivir al abismo civilizatorio, el capitalismo debe ser desterrado, activamente o de forma subrepticia, es decir, migrando colectivamente a otros modos de pensar, de producir y de consumir. En esencia, a otros modos de vivir. Y ello porque el capitalismo, lejos de implosionar debido a sus contradicciones internas, se está reconfigurando y continúa su búsqueda implacable de nuevos mecanismos para seguir incrementando su tasa de ganancia hasta exprimir la última gota de sangre a la humanidad, a los animales y al planeta. Todo puede ser mercantilizado. Todo se convierte en una "oportunidad" para nuevos negocios. Los desastres naturales, la especulación financiera, el militarismo, la trata de mujeres y niños, los mal llamados "servicios ambientales" de los bosques, el agua...No existen límites para el capitalismo, un sistema sin piedad, sin honor y sin ética. 

 

La sobreexplotación, el sobreconsumo y el derroche son los principales motores de este sistema que requiere de la falacia del "crecimiento sin límites" en un planeta finito, ignorando los límites biogeofísicos del mismo. El aumento de las desigualdades y la destrucción de los ciclos vitales de la Naturaleza son su legado. Y con ellos, la aniquilación de todas las formas de vida. Pero el capitalismo no es el único gran puntal que hay que superar, porque en realidad estamos amenazados por el tipo de civilización capitalista-patriarcal-colonialista-desarrollista-extractivista-antropocéntica que hemos creado durante los últimos siglos. El Buen Vivir, como hemos venido exponiendo profundamente, nos invita a superar todos los cimientos de esta perversa civilización, que nos conduce ya al precipicio. El Buen Vivir nos insta a descolonizarnos de todos estos valores, desmantelando dichos sistemas políticos, económicos, sociales, culturales y mentales que imperan de forma hegemónica, gozando del sustento de la mayoría de las comunidades del planeta. Pero como tantas veces hemos repetido durante esta ya extensa serie de artículos, el Buen Vivir no es un tratado definido, sino un concepto en continua construcción y debate. El Buen Vivir no es un conjunto de recetas culturales, sociales, ambientales y económicas, sino una mezcla compleja y dinámica que abarca desde una concepción filosófica del tiempo y el espacio hasta una cosmovisión sobre la relación entre los seres humanos y la Naturaleza. Como puntales fundamentales para el cambio hacia otro modelo alternativo de sociedad bajo los parámetros más generales posibles del Buen Vivir, que bien pudieran adaptarse a cualquier país, nación, Estado o comunidad, podríamos establecer los siguientes (propuestas tomadas del Seminario de Economía Crítica Taifa):

 

1.- UN RÉGIMEN DE PRODUCCIÓN COMUNITARIO: Que no explote a las personas ni a los animales, ni derroche recursos del sistema. Un sistema que potencie el valor de uso en la producción y la desmercantilización de la Naturaleza. Se ha de comprender que la justicia es más importante que el crecimiento, la eficacia y la eficiencia. 

 

2.- UN RÉGIMEN DE PROPIEDAD COLECTIVO: Que deje de alabar el sacrosanto concepto de la "propiedad privada", y comience a pensar de forma comunal, y en función de los valores de uso, y no de los valores de cambio. 

 

3.- UN SISTEMA DE DISTRIBUCIÓN EQUITATIVO: Que el acceso a los bienes que satisfacen las necesidades básicas esté asegurado, aunque no se trabaje. No se puede tolerar la pobreza. Todos tenemos derecho a vivir dignamente, independientemente de nuestras circunstancias personales, laborales, familiares, etc. 

 

4.- QUE LOS PROCESOS DE TRANSFORMACIÓN SE INICIEN DESDE LA BASE: Es decir, de abajo hacia arriba. Ello implica que la gestión del poder sea horizontal, igualitaria, participativa, abierta, democrática, plural y no jerárquica. 

 

5.- UN SISTEMA DE VALORES BASADO EN EL BIEN COMÚN: Que el sistema de afectos y valores proponga, potencie y gire en torno al bien común. El bienestar social y colectivo debe ser prioritario sobre el bienestar individual, aunque éste también sea importante. 

 

Continuaremos en siguientes entregas.

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18 diciembre 2020 5 18 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Hassan Karimzadeh

Viñeta: Hassan Karimzadeh

Europa está en el origen del conflicto saharaui-marroquí, toda vez que España aún no asume sus obligaciones de potencia colonizadora y administradora del Sahara Occidental en la descolonización del territorio. Europa, es responsable de la persistencia de este conflicto, habida cuenta que dos países, como Francia y España, han apoyado y apoyan por medios económicos, diplomáticos y con armamento, un proyecto expansionista y de agresión. Europa es responsable del sufrimiento del pueblo saharaui, mientras Francia y España, promueven acuerdos, incluidos los de empresas, que violan lo establecido por el propio Tribunal de Justicia Europeo y alientan al régimen marroquí, a persistir en su desafiante política a la legalidad internacional; ...

Brahim Gali (Presidente de la República Saharaui y Secretario General del Frente Polisario)

...a violar los derechos humanos, a expoliar y a excluir a los saharauis de sus recursos naturales, así como, por su contribución a la permanencia en una situación de división: entre población refugiada y población sometida a la represión y al bloque, bajo la ocupación

Brahim Gali (Presidente de la República Saharaui y Secretario General del Frente Polisario)

En la primera entrega de la serie hicimos un somero repaso histórico al conflicto político del Sáhara Occidental, que vuelve a estar en primer plano del candelero informativo, debido a los últimos acontecimientos de las pasadas semanas (en particular, el reconocimiento por parte de Donald Trump de la soberanía marroquí sobre el Sáhara, haciendo gala de nuevo de su absoluto desprecio hacia el derecho internacional y los derechos humanos). Diego Hidalgo Morgado escribió un artículo para el medio digital Rebelion donde explica algunos asuntos, y a él nos referiremos a continuación. Explica Hidalgo Morgado: "Las declaraciones y actos del régimen marroquí muestran cómo funciona la lucha de poder en la comunidad internacional y sus resquicios antidemocráticos, para evitar que contra ese poder pueda oponerse la verdad de los oprimidos por su injusticia. Y resulta increíble que, con todas las resoluciones que existen en la ONU, ahora del TJUE, de los informes y denuncias que demuestran torturas, desapariciones, una invasión ilegítima, la responsabilidad de España, el incumplimiento de Tratados Internacionales de todo tipo y sobre todo de Derechos Humanos, la falta de garantías judiciales para los saharauis en el sistema judicial no independiente de Marruecos, la mitad del pueblo saharaui viviendo décadas en campos de refugiados, el vergonzoso muro lleno de minas antipersonas...Es increíble que a pesar de todas estas verdades probadas, la "comunidad internacional" siga siendo un espacio donde el poder despótico (no solo del régimen de Marruecos, sino de las élites cómplices que gobiernan países que le cubren como España, Francia o USA) pueda seguir impidiendo que esa verdad se le imponga y se logre la justicia". Como podemos comprobar, y ya adelantamos desde nuestra primera entrega, es un conflicto que tiene bastantes puntos de contacto (salvando el resto de diferencias) con el conflicto palestino-israelí (precisamente, la contrapartida exigida por Trump para reconocer la soberanía de Marruecos sobre el Sáhara ha sido que el régimen marroquí restablezca relaciones diplomáticas con Israel, como ya vienen haciendo otros países árabes últimamente).

 

¿Qué puntos tienen en común el conflicto saharaui y el conflicto palestino? Básicamente, el despotismo de los pueblos fuertes y desalmados contra los pueblos débiles y oprimidos, con la complicidad de esa "comunidad internacional" que lo tolera y lo ampara. En efecto, el Reino de Marruecos lleva décadas ejerciendo su ocupación ilegal y violenta contra el pueblo saharaui, con métodos de represión violentos e ilegales, con un aumento de las expulsiones de observadores internacionales sobre el terreno, y con un despliegue falaz de presión internacional para que la voz del pueblo saharaui no sea escuchada, no sea tenida en cuenta, y para que se desoiga antidemocráticamente las resoluciones de tribunales y organismos internacionales competentes, que en infinidad de ocasiones se han pronunciado denunciando que el Sáhara Occidental es un territorio por descolonizar, y que es España (y no Marruecos) como potencia administradora, la que debe organizar allí un referéndum de autodeterminación. Pero a España le ha convenido más desde todos los frentes estar "a buenas" con el vecino marroquí, que enfrentarse a él por defender a un pueblo indefenso que solo lucha por su futuro. Así llevamos cuatro décadas. Cuatro décadas con la injusticia triunfando, cuatro décadas con un pueblo oprimido, y cuatro décadas de "amistad" con un régimen opresor y déspota como Marruecos, sobre una ex colonia que la España del agonizante régimen franquista dejó abandonada a su suerte ante el peligroso escenario que se avecinaba. Durante estas cuatro décadas hemos podido comprobar la dura realidad de la lucha del pueblo saharaui y la solidaridad de los observadores internacionales contra las violaciones de Derechos Humanos del régimen marroquí, ayudado por la complicidad de varios grandes actores de la escena internacional culpables de tolerar esta situación. Una injusticia más de nuestro mundo de hoy. Una violación más del respeto que se le debe a los pueblos. Una complicidad más con los regímenes violentos y opresores. Un desprecio más al Derecho Internacional. Una burla más a la justicia y a la verdad, porque esa "comunidad internacional" y las instituciones que las representan aún funcionan bajo la lógica que solo permite la victoria del poder sin verdad, es decir, la victoria para el poder y por el poder. Solo en pequeños espacios de esas instituciones internacionales se puede lograr la victoria por la verdad. El Sáhara Occidental aún está pendiente de ello. 

 

Es precisamente esa lucha por la verdad y contra la dominación, la que debe inspirarnos en todos estos conflictos, de los cuales el Sáhara Occidental es un claro ejemplo. Es a través de la lucha por la verdad de muchos pueblos y colectivos, contra los grandes poderes despóticos, como se logra asentar la legitimidad y construir los mecanismos que den prioridad a la verdad antes que al poder en la resolución de conflictos políticos. Y la verdad, aquí, es bien simple: se trata de reconocer la identidad y la lucha por la emancipación del pueblo saharaui, en contra de los poderosos intereses de todo tipo (políticos, económicos, diplomáticos...) que el régimen déspota de Marruecos instala en la región. En este caso, los mecanismos de ese poder sin verdad que despliega Marruecos son muy amplios: en primer lugar, tenemos la compra de cómplices, mediante negociaciones, contrapartidas, chantajes y amenazas. El pueblo saharaui nunca ha tenido voz en dichos mecanismos. El régimen de Marruecos explota en su beneficio la existencia de mecanismos antidemocráticos de los que aún se compone la comunidad internacional. A través de ellos consigue vergonzosas prerrogativas, como el Tratado de explotación de los recursos del Sáhara que aceptaron firmar las instituciones de la Unión Europea en 2016. Todas estas "ventajas" no hacen sino incrementar la fuerza moral de la potencia ocupante, en este caso Marruecos, en que lo que está haciendo está siendo "respaldado" por otros actores, que le conceden legitimidad, lo cual ayuda a reforzar su postura. Y como explica Diego Hidalgo en el artículo de referencia: "Por otro lado, actúa con fuerza para bloquear los mecanismos que permiten que a ese poder sin verdad pueda oponérsele la verdad de aquellos a los que oprime. Quizá el ejemplo clave sea cómo impide la monitorización sobre derechos humanos de la MINURSO en los territorios ocupados" (la MINURSO es la Misión de las Naciones Unidas para el Referéndum en el Sáhara Occidental establecida en 1991, y tiene su sede central en El Aiún). Es decir, por un lado conseguir pequeñas "victorias" que legitimen sus perversas actividades, y por otro lado impedir que la parte oprimida pueda igualmente plantear sus intereses. 

 

De hecho, hemos llamado a esta serie de artículos "El Régimen del Terror y del Silencio", lo que apostilla Diego Hidalgo en los siguientes términos: "Además, como todo poder sin verdad necesita imponer el silencio: con auténticas campañas de detenciones de periodistas y activistas saharauis, y desapariciones y torturas, campañas de expulsión de observadores internacionales de derechos humanos y periodistas, amenazas, castigos a cualquier disidencia...La monarquía marroquí ha llegado incluso a impedir el acceso a los territorios ocupados de Misiones Especiales de organismos internacionales, y ha logrado bloquear la publicación de un informe de una Misión de la ONU del año 2006. Silencio. El objetivo del régimen de Marruecos es puro silencio: impedir el pronunciamiento del pueblo saharaui en un referéndum ordenado por la ONU que Marruecos bloquea desde hace décadas". Régimen del terror y régimen del silencio, ambos actuando de forma coordinada, para conseguir su perverso fin. También busca y logra el silencio en otros países, y en la opinión pública mundial. La causa saharaui queda, de esta forma, enterrada, sepultada y hundida. No se ve, no se oye, y aquello que no se ve ni se oye, simplemente, no existe. Nuestro país, España, es un actor fundamental en el conflicto, como venimos sosteniendo, pero sin embargo, háganse los lectores y lectoras las siguientes preguntas: ¿es noticia de los informativos el pueblo saharaui y sus condiciones de vida? ¿Se habla de la responsabilidad española? ¿Se culpa a las autoridades españolas del destino de dicho pueblo y de su actual ocupación? Más bien no, aunque sí se habla mucho de nuestra "amistad" con el Reino de Marruecos. En concreto, nuestras élites políticas (salvo alguna honrosa excepción) jamás han hablado de nuestras obligaciones para con el Sáhara Occidental, y mantienen en secreto el texto de los Acuerdos de Madrid. Silencio así mismo en los grandes medios de comunicación dominantes, aquellos medios amigos de las élites económicas y políticas españolas. De hecho, muchas personas que conocen por primera vez los verdaderos entresijos del conflicto y la auténtica responsabilidad de España, se quedan más bien asombrados, pues nunca lo han llegado a conocer correctamente. 

 

Terror y silencio. Silencio y terror. Indignidad de la comunidad internacional, como en tantos otros asuntos, y un pueblo abandonado desde hace décadas al albur de los designios de una potencia ocupante de facto, a la que no le tiembla el pulso en reprimir cualquier conato de protesta o rebelión. La lucha del pueblo saharaui es la lucha por la verdad, es la lucha contra el silencio, y por tanto requiere testimonio en vez de silencio, requiere eco internacional en vez de ocultación, requiere denuncia en vez de aquiescencia, requiere activismo en vez de equidistancia, requiere protesta en vez de aceptación. Requiere, sobre todo, solidaridad con un pueblo oprimido que lleva mucho tiempo luchando por sus derechos y por su autodeterminación, por dignificar su identidad y por caminar libremente hacia su futuro. Solo la valentía, la justicia y la democracia podrán ganar esta batalla. Es una batalla que requiere la presión internacional y no solo de ONG, sino de organismos, países y Estados verdaderamente comprometidos con la justicia y el Derecho Internacional. Basta ya de complicidad explotadora de las élites de las grandes potencias mundiales, que juegan con los intereses de los pueblos a su conveniencia, ignorando los tratados, convenios y marcos del derecho internacional. Basta ya de bailarles el agua a los despóticos gobiernos que masacran a su antojo a los pueblos que liberan sus grandes luchas por la justicia, la verdad y la emancipación. Hace falta el reconocimiento de la impresionante lucha del pueblo saharaui, llena de valor, compromiso y dignidad, para oponerse a la opresión, alzarse ante ella, rebelarse públicamente, soportar todo tipo de fechorías, y continuar reclamando sus derechos como pueblo sojuzgado, ignorado y silenciado. Hace falta deconstruir los silencios, derribar los muros, hacer eco de las protestas, denunciar el trato injusto al pueblo saharaui en todos los foros mundiales, y enfrentarse con todas las consecuencias a los regímenes opresores que imponen su crueldad y su vasallaje al resto de pueblos hermanos de la tierra. Pongamos un fuerte altavoz al pueblo saharaui, denunciemos los abusos y las injusticias que se cometen contra él, pero hagámoslo hasta el final, con todas las implicaciones, con todas las consecuencias. Basta de cobardías y de aberrantes complicidades con los opresores. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 diciembre 2020 3 16 /12 /diciembre /2020 00:00

Como una superviviente de la prostitución respondió a la afirmación de que la prostitución no es ni mejor, ni peor que darles vueltas a las hamburguesas en un McDonald’s: “En el McDonald’s tú no eres la carne; en la prostitución tú eres la carne”. El término “trabajadora sexual” es un arma retórica en la normalización de la prostitución

Rachel Moran

Tomaremos como referencia para esta entrega, por su estupenda exposición, este artículo de Ignacio Aiestaran para el medio digital Rebelion (que ya referenciamos en nuestra entrega anterior), del cual hemos recogido incluso su misma cita de entradilla. Bien, en primer lugar, Aiestaran expone hasta diez razones por las cuales la prostitución no puede ser normalizada ni regularizada. Algunas de ellas ya las hemos comentado en anteriores entregas, pero siempre se aportan visiones, argumentos y perspectivas nuevas. Vamos a ellas: 

 

1.- En todo trabajo asalariado hay explotación, pero la explotación sexual no es un trabajo más, en contra de la propaganda que pretende normalizarla y regularizarla. La explotación sexual se asemeja más a las condiciones de esclavitud que a un trabajo. En un trabajo asalariado hay un centro de trabajo, pero en la explotación sexual el propio cuerpo de la víctima es el centro de trabajo, lo cual marca una diferencia absoluta. Por eso, hablar de "trabajo sexual" es incorrecto y resulta más apropiado hablar de explotación sexual, sin idealizaciones, ni eufemismos para denominar su carácter invasivo y abusivo. 

 

2.- La explotación sexual se asemeja a otras explotaciones que son inadmisibles, por mucho que haya consentimiento de la víctima o un contrato voluntario. Por ejemplo, hay actividades invasivas, como la explotación reproductiva (vientres de alquiler o gestación subrogada) y la explotación quirúrgica (extracción y venta de órganos), que no resultan admisibles, por mucho que la víctima firme su consentimiento y reciba compensación económica por ello. En la explotación sexual ocurre otro tanto. En la explotación sexual, la reproductiva y la quirúrgica es el propio cuerpo la medida de la explotación y por eso estas explotaciones invasivas resultan ser prácticas perjudiciales y totalmente abusivas, si no ilícitas.

 

3.- Otro factor que impide que la explotación sexual sea un trabajo normalizado es que, como a veces han expresado los tribunales, si se acepta como un empleo más, se admite entonces que puedan existir contratos de trabajo donde no haya libertad sexual. Este es un derecho laboral básico que no se puede suprimir. Ningún empresario tiene derecho a decidir sobre la libertad sexual de sus empleados o empleadas, ni tiene tampoco derecho a incluir ninguna cláusula contractual en la que la persona explotada tenga que renunciar a su libertad sexual. Hacerlo así sería retroceder de forma brutal en derechos. La libertad sexual nunca se puede ver limitada, ni afectada por un contrato de trabajo. 

 

4.- No se puede romantizar la explotación sexual como una actividad laboral más. Ignacio Aiestaran lo expresa en los siguientes términos: "Una actividad de felaciones y penetraciones impuestas no tiene encaje siquiera en los servicios públicos de empleo de las economías capitalistas. En el 2013 una agencia de empleo de Augsburgo le ofreció a una joven que solo tenía 19 años un puesto de trabajo en un burdel de la ciudad. Cuando la oferta salió a la luz pública, el servicio de empleo tuvo que disculparse. ¿De verdad deseamos un mercado laboral inundado de ofertas y anuncios de explotación sexual? ¿Ese es todo el futuro que se les ofrece a las adolescentes y mujeres jóvenes sin empleo? Si un día se consiguiese acabar con el capitalismo y se alcanzase un sistema económico justo, algunos de los actuales oficios podrían pasar perfectamente a ese nuevo tipo de organización de la sociedad, pero, desde luego, la explotación sexual no tendría cabida en él".

 

5.- El derecho a la sindicación es básico en la actividad laboral. En la explotación sexual, sin embargo, no puede haber sindicatos. Para que haya sindicatos es necesario reconocer una patronal empresarial, pero no puede haber un empresario o un jefe en este tipo de explotación, porque eso sería tanto como dar reconocimiento y cobertura al proxenetismo, lo cual además constituye un delito. Este fue el motivo principal por el que la Audiencia Nacional de España impidió en 2018 que la organización OTRAS se constituyera en sindicato, porque, de haberse aprobado sus estatutos, se hubiera amparado el proxenetismo directamente. Y añade Aistaran: "Que una parte del activismo feminista más mediático, desde Silvia Federici y Rita Laura Segato hasta Nancy Fraser, hiciese campaña por la legalización de esos estatutos que dejaban espacio para el proxenetismo es representativo de la romantización de la explotación sexual realmente existente". 

 

6.- Nunca deberíamos olvidar que la explotación sexual rompe todo principio de igualdad, sobre todo entre hombres y mujeres, teniendo en cuenta que sus víctimas mayoritariamente son mujeres vulnerables, empobrecidas y necesitadas económicamente. Este tipo de explotación rompe cualquier principio de solidaridad y justicia en igualdad, aunque se quiera disfrazar como un trabajo y un consumo más. Lo resumió perfectamente Alexandra Kollontay en su informe sobre las mujeres y cómo combatir la prostitución de 1921: "La prostitución destruye la igualdad, la solidaridad y el compañerismo de las dos mitades de la clase obrera. Un hombre que compra los favores de una mujer no la ve como una camarada o como una persona con iguales derechos". La explotación sexual y su consumo contribuyen al desclasamiento y a la división de la clase explotada y desposeída. 

 

7.- Un argumento típico que emplean quienes quieren normalizar la explotación sexual es que la prostitución siempre ha existido, que es "el oficio más viejo del mundo" (y otras expresiones por el estilo), y que nunca se va a erradicar, como si fuese un hecho natural del mundo. Tiene mucho que ver con la gente que "describe" las maldades del mundo para intentar convencer de que "es lo que hay", cuando en realidad están encubriendo que simpatizan con ellas. Es el mismo argumento que empleaban los esclavistas algodoneros para poseer esclavos y esclavas en sus plantaciones, con el fin de naturalizar y normalizar la peor opresión y explotación. Pero no hay que dejarse engañar: que una práctica abusiva tenga muchos siglos de historia no quiere decir que sea natural, o que no pueda ser cambiada, o que tengamos que seguir aceptándola porque haya existido durante mucho tiempo. Cada derecho nuevo siempre ha sido conquistado contra prácticas abusivas que en el pasado se consideraron naturales e inalterables. 

 

8.- Unido al punto anterior, hay personas, especialmente hombres, que quieren justificar la explotación sexual como una necesidad masculina. Es cierto que los seres humanos tenemos necesidades sexuales (tanto hombres como mujeres), pero afirmar que la satisfacción de esas necesidades pasa por legitimar la explotación de otras personas, especialmente mujeres, es una forma abusiva y opresora a todas luces, que rompe con cualquier principio de igualdad y que además se adentra peligrosamente en el terreno de la cultura de la violación, porque presenta a la persona que utiliza sexualmente a otra como alguien que no tiene más remedio que hacer lo que hace, como si no pudiera controlar o suprimir el deseo de posesión y dominio. Una perspectiva ciertamente muy peligrosa. 

 

9.- El lobby de la prostitución y de su entramado empresarial quiere vender la idea de que existe una explotación sexual buena (la prostitución) y otra mala (la trata de personas con fines sexuales). Pero en realidad, esto es otra falacia. No existe una explotación buena y otra mala. Todo tipo de explotación sexual es violenta por sí misma y vulnera derechos fundamentales, como la libertad sexual. De todos modos, sí que es cierto que la trata de personas (con todo su entramado criminal y mafioso) resulta más cruel, porque en ella concurren delitos tan graves como el secuestro y la "venta" de personas. Por otro lado, es cada vez más frecuente que la prostitución realmente existente (no la romantizada en películas como por ejemplo Pretty Woman) se vea unida a la trata de personas, porque el proxenetismo desplegado por estas mafias se expande mucho más violentamente, sobre todo allí donde los Estados y las autoridades poseen políticas más permisivas, hacen la vista gorda, no poseen medios para luchar contra ellas, o simplemente lo toleran cada día con hipocresía y cinismo. 

 

10.- Por último, como décimo punto, tenemos que señalar un aspecto fundamental: la hipocresía y el cinismo de nuestras Administraciones, tanto locales, como nacionales, supranacionales e internacionales. Como venimos afirmando, la abolición de la prostitución implica luchar contra estas poderosas organizaciones mafiosas que secuestran y trafican con las mujeres, las esclavizan, las prostituyen y las amenazan continuamente. Para ello hacen falta medios, evidentemente, pero también hace falta otra cosa: valentía y ausencia de cinismo, que se traduce en estos casos en complicidad. Porque en cuanto se trata de alterar las estructuras del capital que permiten la explotación y abolirlas, normalmente los gobiernos y las instituciones ya se echan atrás de forma cobarde, y comienzan a argüir absurdas razones, exponiéndolo todo como algo "muy complicado". Nunca hemos dicho que abolir la prostitución sea una tarea fácil, ni lo afirmaremos jamás, pero si nos quedamos en esa postura pasiva, es seguro que jamás se abolirá. Ignacio Aiestaran lo ejemplifica en los siguientes términos: "Un buen ejemplo de esta hipocresía progresista la tenemos también en la Unión Europea, que cada año celebra el 8 de marzo para reivindicar la igualdad entre hombres y mujeres, pero al mismo tiempo desde el 2013 impone el Sistema Europeo de Cuentas Nacionales, que obliga a sus Estados a incluir en el cálculo del Producto Interior Bruto actividades fuera de la ley como la explotación sexual, el tráfico de armas y el tráfico de drogas. En el capitalismo todo cuenta como productividad y riqueza, incluidas las actividades más destructivas, legales o ilegales". 

 

En efecto, la lucha por la abolición de la prostitución es una tarea titánica, pero precisamente por la gravedad de los derechos contra los que atenta, es absolutamente imprescindible que los Gobiernos, los Estados y los organismos internacionales aúnen esfuerzos, aumenten medios y dedicación, y contribuyan a su erradicación, en vez de practicar estas políticas contradictorias, tibias y cobardes, que al final únicamente consiguen reforzar al sector de las "empresas" que se enriquecen con la explotación sexual, así como empoderar cada día más a estas extensas y peligrosas redes mafiosas que despliegan su deleznable actividad por todo el mundo. Por eso la postura abolicionista es vista como "muy complicada", porque necesita grandes dosis de valentía para enfrentarla. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 diciembre 2020 1 14 /12 /diciembre /2020 00:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (118)

Todos los seres vivos tienen derechos. Incluso los seres vivos más sencillos, radicalmente desprovistos de subjetividad y conciencia, pueden vivir bien o mal: vivir bien, para uno de estos seres, será poder realizar óptimamente sus funciones vitales en un medio ambiente adecuado (…) Todos los seres vivos son pacientes morales que poseen un bien propio, un conjunto específico de capacidades, vulnerabilidades y condiciones de florecimiento que definen lo que para ellos es una buena vida

Jorge Riechmann

Estamos viendo hasta qué punto el Animalismo, entendido básicamente como una filosofía (y una política, pues ambas van también unidas) de comprensión y acercamiento al mundo animal, de armonía, respeto y compasión hacia el mundo animal, es absolutamente imprescindible bajo los marcos del Buen Vivir. Hemos de superar el "tradicionalismo" a que constantemente se refieren quienes pretenden perpetuar sus bárbaras prácticas, pero también hemos de incorporar el Animalismo como una más de las disciplinas que se unen al corpus teórico y práctico de la izquierda, al igual que el Pacifismo, el Ecofeminismo, el Ecosocialismo, el Decrecimiento, etc. En el fondo, como tantas veces hemos insistido en esta serie de artículos, se trata de una lucha encarnizada contra el feroz antropocentrismo que todo lo domina, y que se proyecta igualmente en esta sociedad capitalista, patriarcal, desarrollista y explotadora de todas las formas de vida. Y es que "para la izquierda clásica, los animales han sido considerados como meras unidades de producción, mientras que la derecha mantiene un distanciamiento antropocéntrico con raíces teocráticas, donde los animales han sido meros recursos con los que satisfacer y vanagloriarse de su posición como centro de la Creación; de ese modo, abusando de los animales, recalcan y refuerzan su idea de superioridad de origen divino", como nos explica Luis Víctor Moreno Barbieri, Vicepresidente de PACMA, en este artículo para el medio digital Contrainformacion. Y continúa: "Manteniéndonos al margen de esas caducas corrientes ideológicas, avanza imparable una nueva manera de comprender la realidad, en la que incluimos a los animales en nuestro círculo de consideración moral, en una forma evolucionada de relacionarnos con la naturaleza y con el resto de habitantes con los que convivimos en este planeta. Incluimos el respeto a sus derechos y consideramos los intereses de los animales en una nueva corriente política que no está adscrita a ninguna ideología anterior y que marca una diferencia y una Re-Evolución del pensamiento". Hoy día, la cosificación y explotación animal no tiene límites. Es por ahí por donde debemos comenzar, justamente por abolirla. 

 

Como nos explica Nuria Menéndez, Abogada y Directora del Observatorio Justicia y Defensa Animal en este artículo: "El sistema de explotación animal es el infierno en la tierra. No hay humanidad ni contemplaciones, solo kilos, litros y cifras económicas. Para estos seres esclavizados que se cuentan por billones nada de lo que les espera en su corta vida va a ser dulce o amable. Ni la muerte que pondrá fin a su mísera existencia". La Revolución Animalista persigue en primer lugar esta Liberación Animal, esta descosificación de los animales por parte del hombre, y en segundo lugar, una contemplación, un estatus y un tratamiento armónico y justo con el resto de animales no humanos que habitan la Tierra. Nuria Menéndez califica el trato que damos a los animales como "pandemia ética global", calificación con la que estamos muy de acuerdo. Tenemos que desandar parte de la historia de la humanidad, ya que la cosificación animal comenzó cuando nuestra relación con los animales dejó de ser simbiótica y se volvió parasitaria. Pero es que además, existe una clara y estrecha relación entre el bienestar animal y el cuidado medioambiental, o si se prefiere, el propio bienestar de la Naturaleza y del planeta. Veamos: muchos animales salvajes son explotados con objetivos de comercialización (pieles, colmillos, etc.). Pues bien, además del propio perjuicio animal, mediante estas prácticas también se daña al medio natural, pues éste es parte de un ecosistema y en el mismo, cada especie ejerce un rol determinado. Entonces, como resultado de estas prácticas humanas agresivas, se genera una pérdida de biodiversidad, hecho que impide el mantenimiento de un planeta saludable, rico y equilibrado. El bienestar animal se asocia de esta forma a un concepto holístico dado que comprende lo social y lo natural. Cuando atentamos contra el bienestar de los animales, en verdad estamos atentando contra el bienestar de todo y de todos. El mantenimiento de la biodiversidad es un aspecto sumamente importante para conservar los equilibrios naturales, y el hecho es que la acción humana la está alterando gravemente. En este artículo de Damian Carrington (editor de la sección de Medio Ambiente del diario The Guardian) para el medio digital Sin Permiso, que vamos a tomar como referencia, se da cuenta de que la humanidad ha eliminado a más del 60% de los animales (mamíferos, aves, peces y reptiles) desde el año 1970. 

 

Dicho artículo se basa en un Informe elaborado por 59 científicos para la organización WWF, donde los autores recalcan que dicha pérdida no es solamente una tragedia en sí misma, sino que también amenaza la propia supervivencia de nuestra civilización humana. El informe señala que el vasto y creciente consumo de comida y recursos por parte de la población global está destruyendo las redes de vida y destruyendo miles de millones de años de actividad, de la que la propia sociedad humana depende en última instancia para el aire limpio, el agua y los nutrientes. Según Mike Barret, Director Ejecutivo de Ciencia y Conservación de WWF: "Somos sonámbulos hacia el borde del abismo (...) Si fuera un 60% de la población humana, sería equivalente a destruir la totalidad de Norteamérica, Sudamérica, África, Europa, China y Oceanía. Esta es la escala de lo que hemos hecho". Algunos científicos predicen que incluso si esta destrucción masiva se detuviese hoy mismo, tomaría de 5 a 7 millones de años al mundo natural para recuperarse de tanta aniquilación, y volver a restaurar los equilibrios perdidos, así como la riqueza natural existente antes del comienzo de esta Sexta Extinción. El Índice Planeta Vivo, realizado por WWF para la Sociedad Zoológica de Londres, maneja datos de 16.704 poblaciones de mamíferos, aves, peces, reptiles y anfibios, representando en total más de 4.000 especies, para registrar el declive progresivo de la vida salvaje provocada por la acción humana. Entre 1970 y 2014, los últimos datos disponibles, dichas poblaciones cayeron en un promedio del 60%. Cuatro años antes, el declive fue del 52%. El Profesor Bob Watson, uno de los científicos del medio ambiente más eminentes del mundo, y actualmente Presidente de un Panel Intergubernamental sobre Biodiversidad, ha afirmado lo siguiente: "La naturaleza contribuye al bienestar cultural y espiritual humano, así como a través de la producción de comida, agua limpia y energía, y a través de la regulación del clima terrestre, contaminación, polinización e inundaciones (...) El Planeta Vivo reporta claramente manifestaciones de que las actividades humanas están destruyendo la naturaleza a un ritmo inaceptable, amenazando el bienestar de las generaciones presentes y futuras". 

 

La principal causa de pérdidas de vida silvestre es la destrucción de los hábitats naturales, muchos de ellos para crear plantaciones. Esto provoca el éxodo de animales desde su hábitat original en busca de otros, muchas veces provocando numerosos peligros para ellos en dicha búsqueda. Tres cuartas partes de toda la tierra del planeta están ahora significativamente afectadas por las actividades humanas, en mayor o menor grado. Matar para comida es la siguiente gran causa (300 especies de mamíferos están siendo comidas por el ser humano hasta la extinción), mientras que los océanos son masivamente sobrepescados, con más de la mitad en la actualidad siendo pescados industrialmente. La destrucción forestal, la caza indiscriminada, los vertidos contaminantes de las grandes empresas, la destrucción de ríos y lagos, etc., son las causas principales de extinción de muchas especies: elefantes africanos, orangutanes, tiburones ballena, albatros errante, jaguar, gaviales (un tipo de cocodrilo), salamandra china gigante, erizos, etc., son algunas de las especies que están siendo diezmadas brutalmente por todas estas causas mencionadas. Por su parte, la contaminación química y el comercio globalizado introducen nuevas enfermedades y especies invasivas en los ecosistemas, que alteran también los equilibrios naturales, provocan nuevos éxodos y disminuyen las poblaciones. Tanya Steele, Jefa Ejecutiva de WWF, ha sentenciado: "Somos la primera generación en conocer que estamos destruyendo nuestro planeta, y la última que puede hacer algo al respecto". Según este artículo de EcoPortal, la actividad humana pondrá en riesgo de extinción a 1.700 especies animales en el año 2070. No podemos permitirlo. Sería una destrucción de una magnitud absolutamente irreversible. Dicho riesgo de extinción será debido al expansivo uso de la tierra por parte de los humanos, que privan a los animales de cada vez más lugares donde vivir. Dentro de 50 años, según los científicos, el hábitat natural de algunas especies del planeta se verá reducido hasta en un 50%. Las zonas más afectadas para los animales serán el centro y el este de África, Mesoamérica, América del Sur y el sureste de Asia, debido sobre todo al desarrollo económico, al crecimiento demográfico esperado, y a los cambios en el uso de la tierra. La situación es, pues, ciertamente dramática. Otros modos de vida son y deben ser posibles. Han de ser posibles forzosamente si pretendemos no caer en el abismo civilizatorio, y el Animalismo es uno de los puntales que debemos preservar para ello. 

 

Y el Animalismo incluye también, como ya hemos citado en anteriores entregas, la actitud humana que debe desplegarse, en el sentido de intervenir en la naturaleza con objeto de ayudar a los animales no humanos. Por ejemplo (como ya se hace en algunos países, como India, Estados Unidos o Canadá), podemos distribuir comida a animales salvajes que se encuentren hambrientos debido a la escasez de recursos provocada por un clima extremo. El problema consiste en que estas actitudes no son generalizadas, sino que la ayuda normalmente se restringe a los animales que pertenecen a una especie amenazada, o solo se lleva a cabo si existe riesgo de que su aflicción se extienda a los humanos. Aquéllos que no satisfacen estas condiciones no reciben el mismo tratamiento y consideración, a pesar de experimentar los mismos niveles de sufrimiento. Pero como nos explican en este artículo para eldiario.es: "...la intensidad del sufrimiento de un individuo no depende del tamaño poblacional de su especie ni de los riesgos que suponga para otros seres sintientes. Así que no parece que existan razones que no sean arbitrarias para excluir a la mayoría de los animales de ser ayudados de esta forma y hacerlo cada vez que esté en nuestro poder prevenir o aliviar los daños que padecen". Como ya explicamos en alguna entrega anterior, es equivocada la visión idílica que muchas personas tienen sobre la vida de los animales salvajes, placentera y feliz. Y además, tampoco debemos pensar en ayudarles únicamente cuando su sufrimiento sea provocado por el ser humano, sino en ayudarles sin más, en sentido general, cuando lo necesiten. El mismo altruismo, consideración y empatía que desarrollamos con los humanos, hemos de desarrollarlo también hacia los animales. Todos ellos son seres sintientes, y nuestra consideración moral debe ser la misma, aunque establezcamos una especie de graduación en la valoración de unas vidas sobre otras cuando se presenten conflictos. En definitiva, el rechazo al Especismo, junto a la extensión de nuestro universo moral (para superar el Antropocentrismo), que ya hemos debatido en anteriores entregas, nos obliga a extender nuestra ayuda hasta incluir a todos los animales en situación de necesidad, tanto humanos como no humanos, tanto domésticos como salvajes. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 diciembre 2020 5 11 /12 /diciembre /2020 00:00
Sáhara Occidental: el Régimen del Terror y del Silencio (I)

Si eres neutral en situaciones de injusticia, has elegido el lado del opresor

Desmond Tutu

Iniciamos aquí una nueva serie de artículos en la que, como su nombre indica, vamos a tratar de exponer la problemática del Sáhara Occidental, el origen del conflicto, su historia y situación actual. De entrada es un conflicto en el cual, como nos recuerda la cita de entradilla del gran líder sudafricano, la comunidad internacional viene siendo sorda y muda desde hace unas cuantas décadas, y por lo tanto, viene poniéndose del lado del opresor. Bien, hagamos siquiera un pequeño retrato histórico para poder ponernos en situación, y analizar en posteriores artículos los hechos con más calma. ¿Qué es el Sáhara Occidental? Situado en el noroeste del África, estamos hablando de uno de los lugares más hostiles e inhóspitos del planeta. Es por tanto un lugar sin interés geoestratégico para el resto del planeta, pero es objeto, como vamos a ver, de uno de los conflictos más largos y olvidados de la política internacional. Situado al sureste de Marruecos, estamos hablando de un territorio de una extensión comparable a la del Reino Unido, que cuenta con poco más de medio millón de habitantes. Se trata del pueblo saharaui, un pueblo nómada al que la dureza de su hábitat le obliga a moverse casi continuamente. Podríamos considerarlo como uno de los últimos grandes pueblos sin Estado que existen en el mundo. Como nos explica este interesante y didáctico vídeo de VisualPolitik que tomamos como referencia, el Sáhara fue durante siglos un simple lugar de tránsito entre Marruecos y Mali, por donde pasaban las caravanas dedicadas al comercio de la región. Cuando las rutas comerciales entre ambos países entraron en crisis, el Sáhara comenzó a ser una especie de tierra de nadie. A principios del siglo XVIII, el Imperio Español (todavía en auge en dicha época) comenzó a poner interés en este territorio por dos motivos principales: los caladeros de pesca de su costa, y la posibilidad de establecer puertos atlánticos más próximos al continente americano. En el año 1884 nuestro país reclamó como propio una parte mayor de dicho territorio, y años más tarde acordó con Francia el reparto del Sáhara, así como una nueva extensión de su área de influencia. Durante los años 30 del siglo XX, el Sáhara Occidental se convirtió de hecho en la última colonia española, y lo fue de facto hasta 1975, año de la muerte del dictador, y de la proclamación de Juan Carlos I como Rey de España. 

 

El régimen franquista estuvo interesado en mantener el Sáhara como colonia porque estaba convencido de que más tarde o más temprano iban a descubrir allí enormes riquezas ocultas. De hecho, tras el descubrimiento de algunos yacimientos de petróleo y fosfatos durante la década de los años 40, el régimen estableció una cooperación con algunas empresas de cara a su previsible explotación. Pero se trataba de recursos de muy difícil extracción, y la empresa quedó olvidada. Las minas de fosfato sí que supusieron un buen proyecto, y fueron explotadas durante las décadas de los 60 y los 70. Por aquél entonces, el Frente Polisario (movimiento de emancipación del pueblo saharaui) ya luchaba contra España por su autodeterminación. Las minas de fosfato fueron atacadas por este movimiento de liberación, por lo cual el proyecto también quedó torpedeado. En noviembre de 1975, el gobierno de Marruecos aprovechó la coyuntura: un convoy civil marroquí conocido como "La Marcha Verde", formado por unas 350.000 personas avanzó y ocupó el Sáhara Occidental. En nuestro país, con Franco muy grave y el proceso de la Transición en marcha, el Sáhara no era precisamente la mayor preocupación. El resultado fue que España abandonó a toda marcha todas nuestras posiciones en el Sáhara, que pasó a tener un nuevo ocupante. Marruecos no solo ocupó el Sáhara sino que se hizo con el control de la mina, que actualmente produce unas 30 millones de toneladas de fosfatos. Cada año, esta mina le proporciona a las arcas públicas marroquíes más de mil millones de dólares. A ello se suman los enormes caladeros de pesca saharauis. Desde entonces, el pueblo saharaui ha reclamado su independencia. La ocupación marroquí es una ocupación ilegal: a ojos de todos los tratados y convenios internacionales, incluso a ojos de las Naciones Unidas, el Sáhara no pertenece a Marruecos, pero al ser un territorio oficialmente no descolonizado, España sigue siendo a todos los efectos la potencia ocupante, y se la tilda de "potencia administradora". Bajo estos moldes, la independencia saharaui ni está ni se la espera. 

 

El Sáhara está realmente en un limbo legal, puesto que no es independiente, ni es marroquí, ni es español. He aquí la terrible paradoja, y el motivo por el que lleva luchando durante décadas el pueblo saharaui. La zona oeste del Sáhara está prácticamente controlada por Marruecos, pero una pequeña franja al este, más pobre en recursos, está controlada por el Frente Polisario. En 1976, el Frente Polisario estableció en Argelia una especie de gobierno en el exilio, el Gobierno de la (autoproclamada) República Árabe Saharaui Democrática. Hoy día, más de 50 países a nivel internacional reconocen a este Gobierno en el exilio, pero Marruecos, la potencia ocupante de facto, en vez de replegarse, ha ido desde los años 80 controlando cada vez más territorio saharaui. A medida que ha ido extendiendo su control, Rabat ha ido construyendo hasta un total de seis muros para intentar contener el avance del Frente Polisario. En 1975 nuestro país firmó los llamados Acuerdos de Madrid con Marruecos y Mauritania. Según estos acuerdos, España transfería la labor administrativa del territorio saharaui a Marruecos y Mauritania, pero estos actores se desentendieron de dicha tarea. La ONU no reconoce como válidos estos acuerdos, porque no está permitido transferir el control de una metrópoli a otra de un territorio considerado colonizado, sin contar además con la voz y la opinión de su población. La ONU tiene encargado a España el proceso de descolonización del Sáhara, que ha de llevarse a cabo a través de un referéndum. Y aunque Marruecos es quien posee todo el control de facto, la ONU no puede reconocer la ocupación marroquí como legal porque eso sería sentar un peligroso precedente internacional. Por otra parte, Marruecos tiene como objetivo la plena anexión del territorio saharaui, algo a lo que evidentemente el Frente Polisario se opone. La situación lleva décadas empantanada, pues ningún actor del conflicto da ningún paso decisivo que pueda desbloquearla, y el pueblo saharaui no cesa en su empeño de reclamar el referéndum de autodeterminación. 

 

La ocupación marroquí ha propiciado el establecimiento de colonos, que ya suponen prácticamente la mitad de la población del Sáhara. Y con mano de hierro, la monarquía marroquí siempre ha reprimido violentamente cualquier intento o conato de rebelión por parte del pueblo saharaui, así como impedir la más mínima libertad de expresión. La ONG Amnistía Internacional viene denunciando sistemáticamente la continua violación de los Derechos Humanos que se produce en esta pequeña franja del mundo. Y España, como venimos contando, que es quien de verdad debería haber tomado cartas en el asunto de una forma valiente y decidida, ni está ni se le espera. En aras a mantener su amistad con el vecino marroquí, nuestro país siempre ha mostrado una cobardía y una tibieza indignas en este asunto. En resumidas cuentas, el pueblo saharaui lleva 40 años de lucha y exilio. Bien, hasta aquí el relato rápido, para poder hacernos una composición de lugar. Pero comenzaremos a contar la historia con detalle. Tomamos a continuación como referencia este artículo de Pablo A. de la Vega, publicado en el medio digital Rebelion. El Sáhara Occidental está situado en el noroeste del continente africano, con una superficie de 284.000 km2. Limita al norte con Marruecos, al oeste con el Océano Atlántico, al sur y sureste con Mauritania, y al noroeste con Argelia. Su población, cuyos idiomas son el árabe y el castellano, bordea el millón de personas. De acuerdo a las múltiples Resoluciones de las Naciones Unidas y el dictamen de la Corte Internacional de Justicia de La Haya, España, como potencia colonizadora, tenía la responsabilidad internacional de conducir el territorio saharaui a la descolonización, pero en vez de ello, lo abandonó en 1975 y lo entregó a Marruecos y a Mauritania, mediante los ilegales Acuerdos Tripartitos de Madrid. Entonces, una parte de la población saharaui se desplazó, bajo los bombardeos de la aviación marroquí, a la frontera con Argelia, estableciendo allí los Campamentos de Refugiados Saharauis, bajo la dirección del Frente Polisario, donde sobreviven hasta la fecha gracias a la ayuda humanitaria internacional. La otra parte del pueblo saharaui permanece bajo la violenta, injusta e ilegal ocupación marroquí, sufriendo sistemáticas violaciones a sus derechos humanos, por parte de las autoridades marroquíes y sus fuerzas represivas. 

 

La República Árabe Saharaui Democrática (RASD) fue proclamada el 27 de febrero de 1976, coincidiendo con el anuncio oficial del Reino de España de su retirada del territorio, sin atender a sus tareas de descolonización. Y ahí comenzó el calvario para el pueblo saharaui. Dos años más tarde, en 1978, Mauritania se retiró del conflicto armado; sin embargo, el Frente Polisario continuó su lucha armada durante los siguientes 16 años contra el Reino de Marruecos, que había extendido su ocupación sobre la parte del territorio que estaba anteriormente bajo dominio mauritano. A partir de ese momento, y como siempre ocurre en estos casos, comenzó una lucha diplomática para que terceros países reconocieran a la República Saharaui. La RASD, que goza del reconocimiento de alrededor de 85 países, es un Estado democrático que ejerce su plena soberanía sobre los territorios liberados. Es miembro constituyente de la Unión Africana (UA) y mantiene relaciones diplomáticas al más alto nivel con la mayoría de los países de África y América Latina. Por su parte, la potencia ocupante de facto, el Reino de Marruecos, se encuentra fuera de la Unión Africana desde 1984, debido precisamente a su ocupación del territorio saharaui. Marruecos y España no hacen nada por acabar con el conflicto, por lo visto su opción es eternizarlo, abandonando a su suerte al pueblo saharaui, y mientras todo ello ocurre, el resto de la comunidad internacional (como en tantos otros asuntos, véase sin ir más lejos el conflicto palestino-israelí, que ya desarrollamos en otra serie de artículos de nuestro Blog) ni se moja en el asunto, ni insta a que se mojen otros de forma tajante. El Derecho Internacional y los Derechos Humanos, una vez más, vilmente pisoteados por los intereses unilaterales de unos cuantos países. En el año 1991 se firmó y declaró el Alto el Fuego entre Marruecos y el Frente Polisario, y la ONU arrancó el compromiso mayoritario de celebrar un referéndum de autodeterminación para el pueblo saharaui. Pero desde entonces, la monarquía marroquí ha obstaculizado este proceso por intereses exclusivamente particulares, con la complicidad de España (que es quien hemos dicho que tiene de verdad la responsabilidad legítima originaria), en contra de toda legitimidad y legalidad internacionales. El Sáhara Occidental representa el último vestigio del colonialismo en África, así que solo una acción decidida y valiente de las Naciones Unidas podrá alcanzar una solución justa y definitiva para el conflicto de esta región del planeta, tantas veces ignorada, relegada y postergada, y siempre negada de facto. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 diciembre 2020 3 09 /12 /diciembre /2020 00:00

La sexualidad es el placer más accesible, universal y gratuito. Es el bien más democráticamente repartido y forma parte de la vida y de la persona. Someterlo a relaciones de poder, de humillación o de apropiamiento quita dignidad a las personas

Enrique Javier Díez Gutiérrez

También se podría argumentar (y de hecho es un buen argumento) que lo más urgente sería sacar de la precariedad vital a las mujeres que o bien están siendo objeto de trata por parte de las mafias (tras su liberación), o bien no poseen otra mejor alternativa que dedicarse a la prostitución. Bien, he aquí una propuesta para un gobierno mínimamente decente: en vez de beneficiarse de los impuestos recaudados a través de la industria del sexo ("empresas" y locales correspondientes), los gobiernos podrían (deberían) embargar los bienes en posesión de dicha industria, e invertirlos en el futuro de las mujeres que están en el mundo de la prostitución, proporcionando recursos económicos y alternativas reales para que puedan vivir de forma autónoma. En el fondo se trataría de apostar por una intervención preventiva de las causas frente a la represora de las consecuencias, exigiendo al gobierno y a las administraciones erradicar la precariedad del mercado laboral y las condiciones de explotación que en él se viven, que provocan el que la prostitución sea a veces la única alternativa para poder pagar las deudas o mantener a la familia. Es evidente que si erradicáramos (o minimizáramos) el impacto de la precariedad sobre los mercados laborales, las alternativas que ahora mismo no sirven para aliviar la precariedad vital de muchas mujeres se volverían útiles para dicho objetivo, y la prostitución dejaría de ser una opción válida. Pero sobre todo, la mejor política consiste en centrar la acción en la demanda, a través de la denuncia, persecución y penalización del prostituidor (cliente) y del proxeneta. Se trata de una política que en ningún caso se dirige contra las mujeres prostituidas, a quiénes el abolicionismo ni juzga ni persigue, ni pretende su penalización o sanción. La ley del Gobierno Sueco 1997/98:55 sobre la Violencia Contra las Mujeres, prohíbe y penaliza la compra de “servicios sexuales”. Es un enfoque innovador que se centra en la demanda de la prostitución. Suecia cree que “prohibiendo la compra de los servicios sexuales, la prostitución y sus efectos perjudiciales pueden contrarrestarse de una manera más efectiva que la que ha existido hasta ahora”. Y lo que es más importante, esta ley claramente afirma que “la prostitución es un fenómeno social no deseable” y que es “un obstáculo para el actual desarrollo hacia una igualdad entre hombres y mujeres".

 

La compra de servicios sexuales queda identificada en la ley sueca como una práctica de violencia, en este caso de "violencia remunerada" que confirma y consolida las definiciones patriarcales de las mujeres, cuya función primera sería estar al servicio sexual de los hombres. Ésta es la base para comprender la auténtica dimensión del fenómeno prostitucional, si pretendemos realmente acabar con él. No caben por tanto las medias tintas, las soluciones tibias, el mirar para otro lado. Creemos que el abolicionismo básicamente consiste en impedir que se den las circunstancias para que el hecho de la prostitución pueda darse, y en ese sentido, impedir que la demanda se materialice es fundamental para la consecución de dicho objetivo. En el fondo, se trata de deslegitimar social y públicamente a los prostituidores (clientes), como principales actores responsables de esta forma de violencia. Se debe evitar toda forma de regulación o de institucionalización de una práctica que entendemos incompatible con la definición misma de persona, que va contra su dignidad, y que refuerza los lazos y los engranajes patriarcales de las sociedades. Pero no nos engañemos: en el fondo se trata de superar el capitalismo como sistema económico y social, que es el que genera estructuralmente explotación internacional, normaliza las actividades más aberrantes, institucionaliza la precariedad laboral, difunde y extiende el hambre y la pobreza, afianza las relaciones patriarcales, y todas ellas son las causas y el origen último de la mayor parte de la prostitución actual. Por su parte, Carlos París, filósofo, escritor y Presidente del Ateneo de Madrid, en este artículo para el medio publico, lo explica en los siguientes términos: "¿Regular el ejercicio de la prostitución? ¿O eradicarla? Si queremos orientar el debate por un camino humana y éticamente correcto --más allá de los importantes intereses que en este terreno se mueven y de las fáciles soluciones conformistas, que no contrarían a tales intereses--, habría que partir de dos principios básicos. En primer lugar, los seres humanos no pueden ser considerados y tratados como mercancías. En segundo lugar, la utilización del propio cuerpo, para la prestación de servicios sexuales, económicamente retribuidos, no es un trabajo. A estos dos principios negadores podríamos añadir un tercero de carácter afirmativo: las relaciones sexuales entre seres humanos, en una sociedad emancipada, deben ser libres, mutuamente consentidas y desarrolladas en condiciones de igualdad". 

 

Incluso en el reducido ámbito de la llamada "prostitución de lujo" tenemos dudas de que la actividad de la prostitución se lleve a cabo de una forma completamente "libre". Veamos: se trata de mujeres que, sin padecer los efectos terribles de la pobreza y de la miseria (motivo por el que hemos explicado que muchas de ellas se ven obligadas a ejercerla como única vía de emancipación económica), se entregan a esta práctica con un selecto personal de gran poder adquisitivo, a fin de poder disfrutar de bienes, productos y servicios a los que no podrían acceder por otra vía. La prostitución les permite la entrada a un mundo de riquezas y caprichos a cambio de servir de "compañía" y para relaciones sexuales de varones poderosos. Sin embargo, como decíamos, bajo la falsa pretensión de libertad, no deja de actuar (en un contexto capitalista y consumista, agente "creador" de las necesidades) la sutil e invasora propaganda que ilusiona con el escaparate de tentadoras formas de vida y de fácil éxito. De esta forma, las prostitutas de lujo también son hijas de una sociedad alienante y desquiciada, que contempla cómo una relación mercantil con su propio cuerpo puede servir de intercambio para alcanzar bienes materiales de alta gama. Rodeadas de placeres, lujo y caprichos, y conociendo personajes de vida adinerada, en el fondo, no dejan también de ser y estar presas de un mundo perverso que coloniza el cuerpo de las mujeres como un bien mercantilizable, y por tanto, sujeto a la violencia patriarcal. Carlos París lo explica de una forma muy sugestiva: "Un elemento clave en el debate sobre la prostitución es el reconocimiento de la degradación deshumanizadora que implica la relación sexual mercantilizada. Y que hace inaceptable su práctica en una sociedad de personas libres. El cuerpo de la prostituta, en cuanto objeto de pago, se convierte objetivamente --quiérase reconocerlo o no-- en una mercancía. Y el prostituidor se despoja de su personalidad para convertirse en puro dinero. En caricatura, podríamos sustituir su cabeza por una bolsa de monedas". La relación, aún en los casos de prostitución de "alto standing", es de clara asimetría, frente a la igualdad que debe regir las relaciones sexuales entre humanos. Y de claro dominio. El prostituidor tiene el poder económico y satisface su voluntad de poseer sexualmente el cuerpo de la mujer. La prostituida solo posee su cuerpo desnudo y ofrendado al poderoso. Nos encontramos, como asegura París, en la culminación del patriarcado. 

 

Entendemos, por tanto, que va quedando poco debate en torno a las supuestas ventajas de la posible regularización de la prostitución. El único debate posible sería cómo conseguir la abolición de la explotación sexual en la práctica, para una sociedad concreta, y por supuesto, a nivel mundial. De entrada, tres medidas serían urgentes y necesarias a tal fin: 1) Clausurar todos los centros de explotación (burdeles, clubes de alterne, lugares de carretera, puticlubs locales...), incluidos los que se camuflan bajo las actividades de hostelería, amparando así el proxenetismo; 2) Persecución del proxenetismo y del clientelismo de la explotación sexual, así como de su tan extendida publicidad (el ataque a la demanda de prostitución es trascendental para acabar con el fenómeno, como ya hemos analizado); y 3) Concesión inmediata de ayudas económicas y sociales para todas las mujeres víctimas de explotación sexual, con el mismo rango y la misma preocupación que las víctimas de la violencia de género (dicho sea de paso, otra de las crueles manifestaciones del patriarcado). En definitiva, creemos que criminalizando la demanda, desmantelando los clubes donde se ejerce, liberando a las mujeres de la influencia de dichas redes y proporcionándoles buenos sistemas de protección social, se daría un auténtico golpe masivo al fenómeno de la prostitución. Pero no solo: luego tenemos multitud de problemas añadidos. Veamos unos cuantos que no deberíamos dejar de considerar: el hecho de mujeres amenazadas en sus lugares de origen (a sus familias, lo cual dificulta su posible denuncia y liberación, tanto de ellas como de sus compañeras), la inmensa red de negocios cruzados que influyen en la prostitución (lo que implicaría desmantelar todas las relaciones entre ellos), el hecho de promulgar todo un entorno normativo (leyes, decretos..) que rechace de plano toda forma de prostitución, o el factor educativo, imprescindible para comprender el hecho prostitucional como la expresión más violenta del patriarcado, formando las mentalidades que en el futuro puedan rechazar dicho fenómeno de una forma radical. Téngase en cuenta también que la liberación de estas mujeres nos hará enfrentarnos también de lleno con los sectores más vulnerables, tales como las mujeres inmigrantes (irregulares) de la clase desposeída, con frecuencia marginadas por su situación no reglada, lo que implicaría igualmente darle una vuelta a nuestras arcaicas e injustas leyes de extranjería. 

 

A nivel planetario, acabar con el terrible fenómeno de la explotación sexual requeriría no solo extrapolar a todos los países las medidas indicadas anteriormente, sino perseguir de forma implacable todas las redes mafiosas de organización criminal que se dedican al tráfico de mujeres, lo cual ya es mucho más complicado, tanto por el poder de estas redes como por la voluntad política con que pueda emprenderse esta tarea. Quizá el mayor reto sea atender, mediante programas sociales de gran envergadura y amplios objetivos, las carencias de las mujeres prostituidas como uno de los sectores más vulnerables de las sociedades, para lo cual los enfoques y la voluntad política de los diferentes países deben remar en el mismo sentido. Pero volvamos a una idea matriz que sería el mejor antídoto contra la propia existencia de la prostitución: es necesario adoptar políticas preventivas, antes de que puedan existir mujeres que se vean obligadas a aceptar explotaciones abusivas. Pero ello requiere, y quizá sea el objetivo hoy día más inalcanzable, diseñar políticas para abolir la pobreza y la miseria, que son los principales desencadenantes de la esclavitud. Y ello pasa por diseñar medidas que extiendan los medios materiales de vida (como una Renta Básica Universal, por ejemplo) al conjunto de la población, en vez de los clásicos subsidios y medidas para los pobres, preñadas de requisitos absurdos, y que descolocan a los sectores más desfavorecidos, actuando con enormes filtros hacia ellos. Como nos indica Ignacio Aistaran en este artículo para el medio digital Rebelion: "Esto supone tanto como tener en cuenta la estructura de clases de la sociedad actual, la vulnerabilidad de los grupos sociales en la explotación, y pensar en cómo abolir los mecanismos de explotación, lo cual supone tanto como socavar y abolir las dinámicas del capitalismo. No hay otro camino. Todo lo demás son falsas promesas e hipocresía. El avance del neoliberalismo en estas décadas ha sido tan brutal que cosas que estaban claras en la izquierda hace décadas, como el fin de la explotación sexual, han sido olvidadas en las sociedades capitalistas. Ahora a las víctimas se les ofrecen como alternativa progresista la liberalización, la normalización y la regularización de las peores opresiones". Es evidente que los gobiernos, la sociedad de naciones a nivel mundial, ha optado por la globalización capitalista con todas sus consecuencias, en vez de apostar por la globalización de los derechos humanos y de su rigurosa protección. Otro gallo nos cantara entonces, y dejaría de verse la prostitución y la industria del sexo como un trabajo, para verse como lo que realmente es: la más cruel y despiadada versión de la explotación capitalista y patriarcal. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 diciembre 2020 1 07 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Olivier Ploux

Viñeta: Olivier Ploux

Llegará el día en que el resto de la creación animal adquiera aquellos derechos que les fueron negados por la tiranía. (...) La pregunta no es ¿si (los animales) pueden razonar? tampoco ¿si pueden hablar? sino ¿si pueden sufrir?

Jeremy Bentham (1789)

En la última entrega nos quedamos aportando algunos argumentos más, de los muchísimos que existen, en contra del especismo. Aún podemos aportar más: en la Wikipedia se explica: "Desde la teoría antiespecista se trata de evidenciar que los argumentos que se dan a favor del uso de animales no humanos tienen un trasfondo especista y que, por lo tanto, son arbitrarios. Algunos de estos argumentos resaltan aspectos como la racionalidad, la capacidad para usar un lenguaje u otras cualidades de tipo cognitivo que, en teoría, son características de los seres humanos y no de otros animales. Sobre estas diferencias se construye la discriminación que relega a los animales no humanos al plano de la mera propiedad, eximiéndoles de una verdadera consideración moral. El hecho que imposibilita que los intereses de los animales no humanos sean tomados en consideración es su estatus de propiedad. Al no ser considerados más que como objetos, bienes muebles, los intereses de éstos no pueden entrar en competición con los de su "dueño", ya que todo él está supeditado a la voluntad del propietario, el cual podrá darle el valor a su pertenencia que él estime". Desde una postura antiespecista, que evidentemente aboga por no considerar a los animales como cosas ni como propiedades de nadie, estamos en contra igualmente de las denominaciones de "mascotas" y otras similares que les asignan a los animales sus supuestos "dueños" (que no son tales, como estamos viendo). También estamos en contra de negar a los animales las características de racionalidad o lenguaje, ya que ellos/as son también poseedores de éstas en distintos grados. Poseen una inteligencia simplemente distinta a la nuestra, unas capacidades distintas a las nuestras, y un lenguaje distinto al nuestro. Es precisamente nuestra visión estrechamente especista la que les niega a los animales dichas capacidades, y da valor únicamente a las humanas. Solo hay que preguntar a cualquier persona que conviva o haya convivido con cualquier animal (monos, perros, gatos, pájaros, etc.) por las capacidades, el lenguaje y la inteligencia de dichos compañeros/as. No dudarán en responder y en explicarlo. 

 

Y por otro lado, hay que recordar y resaltar también el hecho de que no todos los humanos, y sobre todo si miramos cada persona a lo largo de toda su vida, poseen las capacidades ya mencionadas, y las poseen al cien por cien. De hecho, una gran cantidad de personas, entre las que se encontrarían personas con edades muy avanzadas, diversidad funcional intelectual o niños y niñas de corta edad, no poseen estos atributos, y no por ello se les niega un estatus moral particular. Es importante entender que no se trata de pequeñas minorías o colectivos marginales, ya que todos, más tarde o más temprano, pasamos por períodos de nuestra vida durante los cuales carecemos de estas capacidades, o bien las poseemos de forma mermada, y por tanto, según esta línea argumentativa, se nos debería privar de toda consideración moral, o de nuestros derechos. Esto evidentemente no sucede, siendo así evidente el trasfondo especista que subyace en estos razonamientos. Exponemos toda esta casuística para rebatir y demostrar precisamente cuán profundo es nuestro enfoque especista, hasta qué punto estamos imbuidos en él como civilización, y qué difícil es erradicar todas estas concepciones, opiniones, actitudes y comportamientos. Pero en aras de una justicia y liberación animal, hay que hacerlo. Tenemos que conseguirlo como humanidad. No nos queda más remedio si pretendemos alcanzar como civilización un estadío de plena armonía con la Naturaleza y todos los seres vivos que ella alberga. No obstante, al hilo de este debate podemos enlazar con otro, porque recuérdese que estamos haciendo énfasis en aplicar nuestros criterios antiespecistas a todos los animales sintientes, pero es conveniente recalcar que no todos los animales lo son, y dado que gran parte del hilo argumentativo parte de esta afirmación, hoy día resulta ciertamente difícil establecer una línea clara que separe a los que son capaces de experimentar conscientemente dolor de los que no. Y ello porque es evidente que no es posible comparar la complejidad del sistema nervioso de un toro, de un caballo o de un chimpancé (muy similar al de nosotros los humanos) con la total inexistencia de éste en especies como la oruga o la hormiga. Para poder diferenciar animales sintientes (conscientes) de animales únicamente vivos, se pueden emplear una serie de criterios: 

 

1.- El primero es el criterio fisiológico. A tal respecto, podemos afirmar con seguridad que un determinado animal posee sensibilidad cuando está dotado de un sistema nervioso centralizado que le permite al sujeto no solo recibir los estímulos, sino tener la experiencia (placentera o dolorosa) que le ocasiona tal estímulo. Todos los animales vertebrados, los primates y todos los grandes mamíferos poseen esta característica (en ello se basa el sensocentrismo, en oposición al antropocentrismo).

 

2.- El segundo es el criterio de la lógica evolutiva. Bajo este criterio, podemos concluir que la posibilidad de sufrir y disfrutar posibilita a los seres con la capacidad de moverse, pudiendo así huir de aquello que les daña, y acercarse a lo que les puede beneficiar. Sería en cierto modo absurdo que el animal desarrollara tal sensibilidad, pero luego no pudiese efectuar desplazamientos. 

 

3.- El tercer y último criterio es la conducta. En este sentido, todo el lenguaje no verbal, es decir, todo el conjunto de gesticulaciones, posturas, sonidos, actitudes y comportamientos son manifestaciones que aportan motivos para creer que el sujeto puede estar sintiendo placer o dolor, y actuar en consecuencia. 

 

La Teoría de la Evolución de las Especies de Charles Darwin dejó todos estos aspectos bien sentados científicamente, y en ella nos basamos para asegurar la veracidad de dichos patrones y criterios con total rotundidad. En última instancia, existe una sola diferencia entre el Especismo y las demás formas de discriminación (racismo, sexismo...), que consiste en que a diferencia de otras víctimas de injusticias, los animales no humanos no pueden liberarse por sí mismos de la discriminación y la crueldad a que son sometidos. Por eso somos nosotros, los humanos antiespecistas, los que debemos luchar por ellos, por su liberación. El Antiespecismo es, desde este punto de vista, un movimiento político y social, con un objetivo global para la humanidad, que es tratar a todos los seres vivos sintientes bajo los mismos criterios, desarrollando la empatía y la compasión para con todas las criaturas que compartimos nuestro planeta. Como objetivo final, el movimiento antiespecista persigue la consecución de un escenario político no discriminatorio, en el que los intereses de todos los sintientes no humanos sean protegidos mediante mecanismos robustos de derechos y garantías, alcanzando no solo la instauración de corpus legales y normativos al efecto, sino también de la extensión generalizada de una mentalidad antiespecista que respete y abogue por un trato digno para todos los animales. Hay que insistir en que el rechazo al Especismo no es expresión de una simple preferencia personal, sino que es una posición ética: si el Especismo es una discriminación arbitraria, entonces está moralmente injustificada. Dicha posición ética se manifestará en el rechazo a todas las formas de maltrato, explotación y sufrimiento animal (que ya han sido básicamente comentadas), así como en luchar para conseguir mejorar las vidas de todos las especies animales, cada una en su contexto. En este sentido, el movimiento antiespecista debe remover conciencias colectivas, pero no solo de personas individuales o de grupos concretos, sino también, y sobre todo, de Estados, instituciones, gobiernos y corporaciones empresariales. Así mismo, es fundamental actuar sobre los mercados, tanto locales como globales, para alterar las relaciones de poder en favor de un saldo más positivo en el trato hacia los animales. 

 

Y por supuesto, el ámbito educativo es fundamental, porque como es lógico pensar, individuos educados en una sociedad menos dispuesta a tolerar los daños hacia los animales no humanos, y con menos dificultades para vivir sin explotarles, serán más receptivos a respetarlos plenamente. Pero viceversa, solo conseguiremos sociedades plenamente antiespecistas en el futuro, si previamente hemos educado a las generaciones futuras en dichos valores, para que los comprendan, los asimilen, los asuman y los practiquen. Hay que marchar hacia la liberación animal completa, absolutamente compatible con el Buen Vivir y toda su filosofía. El objetivo es alcanzar un futuro radicalmente diferente para todos los individuos sintientes, sin importar su especie u origen, un futuro de cooperación, de respeto, de integración, de armonía, de complementariedad, de dignidad, de colaboración, de empatía y de compasión para todos los seres vivos que integramos el gran ecosistema de la PachaMama, de la Madre Tierra. Como explica Manuel López Arrabal en este artículo para el medio digital Nueva Revolución: "Está claro que los avances que vayamos consiguiendo en este sentido irán aparejados, inexorablemente, de otros similares en el ámbito de la propia especie humana. En ambos casos, los logros de un lado repercutirán en el otro, puesto que todos los seres vivos estamos interrelacionados e íntimamente conectados. Formamos parte los unos de los otros, y por tanto, no podemos ignorar ni alejarnos del dolor que infligimos consciente o inconscientemente a los demás, sean humanos o no". Un grupo internacional de eminentes científicos firmó hace pocos años la Declaración de Cambridge sobre la Consciencia, en la que proclaman su apoyo a la idea de que los animales son conscientes en la misma medida en que lo son los seres humanos. En último término, la erradicación de la violencia especista, como cualquier otra clase de violencia, pasa por denunciarla, sacarla a la luz y darla a conocer. Esto permitirá que se vaya regulando cada vez más y mejor, en relación a las condiciones de vida de los animales. Y esta regulación normalizará las bases morales para nuevas sociedades antiespecistas, que no discriminarán entre humanos y resto de seres vivos. Aún nos queda mucho camino por recorrer en este sentido, pero es un camino que merecerá la pena ser recorrido. Continuaremos en siguientes entregas.

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4 diciembre 2020 5 04 /12 /diciembre /2020 00:00
Viñeta: Malagón

Viñeta: Malagón

Cada cierto tiempo las Fuerzas Armadas tienen que recordarnos quiénes son y de dónde vienen. Nos recuerdan que ganaron la guerra, nos recuerdan que los Reyes se criaron en las rodillas del dictador, nos recuerdan que sostuvieron al Rey y conspiraron con él, y nos recuerdan que casi nada ha cambiado

Luis Gonzalo Segura (ex Teniente del Ejército)

El hecho se ha vuelto a repetir una vez más. Y ya van muchas. Quizá demasiadas. Parece que nuestro estamento militar no ha avanzado mucho, ideológicamente hablando, desde 1936, cuando los golpistas se sublevaron ante el legítimo gobierno de la Segunda República (con la inestimable ayuda de los grandes empresarios y de la Iglesia Católica, que no se nos olvide). Siempre he pensado que, si la izquierda (me refiero a la izquierda verdadera, no a ese esperpento de jaula de grillos en que se ha convertido el PSOE) alcanzase alguna vez el poder político con una amplia mayoría (bastarían los 202 escaños que consiguió Felipe González en 1982), y comenzara a emprender las grandes transformaciones que este país necesita para evolucionar hacia una democracia real (me refiero sobre todo a un Estado Laico y Republicano, con democracia económica y protección a los más vulnerables de la sociedad), los militares (al menos un sector de ellos/as) se volverían a levantar en armas, y ello porque desde la muerte del dictador, los sucesivos gobiernos nunca han emprendido una verdadera tarea de democratización de las Fuerzas Armadas. Bien, pues en estos días ha sucedido lo siguiente: ha bastado que las fuerzas políticas de la izquierda republicana catalana (ERC) y vasca (EH Bildu) proclamen su intención de votar a favor de los Presupuestos Generales del Estado, para que un total de 73 altos mandos militares retirados envíen una carta al Rey criminalizando al actual Gobierno de coalición, acusándolo, entre otras lindezas, de “socialcomunista apoyado por filoetarras e independentistas”.

 

Básicamente, los ex militares firmantes de la misiva han hecho suyo el discurso que Vox presentó recientemente en la Moción de Censura contra el Gobierno de coalición, y alertan de los supuestos riesgos que corre “la cohesión nacional tanto en su vertiente política como económica y social”. Según el diario El País, los militares han mostrado su apoyo y lealtad al monarca “en estos momentos difíciles para la Patria”. Sin embargo, bien poco les preocupaba la patria cuando el anterior Gobierno del PP recortaba derechos y libertades a mansalva, destrozaba la vida de cientos de miles de personas, adulaba al sector financiero causante de la crisis, y ahogaba al pueblo llano incrementando la desigualdad y la desprotección social, además de estar podrido de corrupción. Claro, es que para los militares, los pobres no deben pesar mucho para la patria, para ese mugriento y excluyente concepto de patria que poseen. Tampoco parece afectar para su concepto de patria la fuga del Rey Emérito, tras destaparse por la prensa extranjera y nacional parte de sus tropelías, acogido en las “modélicas democracias” de Emiratos Árabes Unidos, sus grandes amigos de siempre. Pero aún hay más, como recoge Luna Izquierdo en el artículo de referencia, porque hace algo más de una semana, otros 39 altos mandos retirados del Ejército del Aire también remitieron una carta al Parlamento Europeo y al Rey Felipe VI en la que denunciaban nada menos que la “aniquilación de la democracia española”. De hecho, los mandos firmantes explicaron que se ponen a disposición de la Casa Real para “combatir” a quienes atacan a la Monarquía, al Poder Judicial, a la lengua castellana y a la independencia de la Fiscalía General del Estado. Ahí es nada. Y añadían: “Preocupados por la situación de deterioro en la que se encuentra nuestra Nación, a la que un día juramos defender, nos dirigimos a S.M. con el mayor respeto para exponerle nuestras inquietudes y reafirmar una vez más la total lealtad a nuestro Jefe Supremo de las Fuerzas Armadas”.

 

Por su parte, el diario The Times también se hizo eco de la misiva, tras el vergonzoso silencio que los medios de comunicación dominantes en nuestro país le han dedicado al asunto. Y finalmente, la guinda de este macabro pastel la pone un grotesco grupo de WhatsApp que destapa la afinidad de algunos de sus integrantes con la ultraderecha más violenta y radical, y el franquismo. Se trata del chat “La XIX del Aire”, que instan nada menos que a fusilamientos indiscriminados y Golpes de Estado, por las bravas, y sin despeinarse. Destapaba inicialmente la noticia hace varios días el diario digital InfoLibre. Se trata de militares retirados pertenecientes a la XIX Promoción de la Academia General del Aire, entre los que se encuentra precisamente quien encabezó la carta anteriormente referida. Se cierra el círculo, por lo visto. En el chat se habla abiertamente de que “…no queda más remedio que empezar a fusilar a 26 millones de hijos de puta”, y otras lindezas por el estilo. En los mensajes hay “pronunciamientos y ataques furibundos a los partidos independentistas. Uno de los participantes envía un saludo de parte del líder de Vox, Santiago Abascal. En el audio se escucha a Abascal decir: “Buenas tardes, soy Santi Abascal y me dicen que es obligatorio saludar a este grupo. Un abrazo a todos y ¡Viva España!”. Recomiendo la lectura completa de los mensajes aparecidos en los referidos artículos, pues no tienen desperdicio, y nos proporcionan una perfecta idea de la calaña moral de sus autores, aunque algunos de ellos, entrevistados posteriormente por el referido diario, hayan negado haberse expresado en esos términos.

 

Los hechos que comentamos son de suma gravedad dentro del engranaje de una sociedad democrática, pues se trata evidentemente no de cualquier sector (no son los trabajadores/as de Correos, o los de Hacienda, o los panaderos o los futbolistas, o los profesores/as los que han enviado semejante misiva), sino de una parte de los militares retirados, por mucho que el Gobierno (a través del Ministerio de Defensa) pretenda quitarle hierro al asunto argumentando que la referida carta no ha tenido ninguna repercusión sobre los militares en activo del Ejército Español. También resulta muy significativo que el Rey no se haya pronunciado al respecto, máxime cuando la susodicha carta iba remitida a su persona. Sin embargo, el 3 de octubre de 2017 no dudó en dirigirse a la nación para apoyar la brutal represión que se ejerció sobre el pueblo catalán, cuando éste solo pretendía votar sobre su independencia. Pero volviendo a los militares, y como decíamos al comienzo, no es la primera vez que esto ocurre: ya en diciembre de 2019, en la revista publicada por la Asociación de Militares Españoles (AME), determinados militares retirados exaltaron la figura del dictador Franco en dicha publicación. Con la exhumación de Franco del Valle de los Caídos volvimos a vivir episodios esperpénticos. Y ahora, con el acuerdo con Bildu y ERC para los PGE de 2021, se vuelve a repetir el escenario. Una sociedad democrática no puede ni debe consentir estos hechos, que socavan la democracia, alteran la convivencia y constituyen un peligroso caldo de cultivo para los exaltados fascistas que aún pululan por ahí. Por el contrario, tenemos a valientes militares republicanos (la asociación ANEMOI les representa a nivel estatal) que han sido perseguidos, acosados y hasta expulsados del Ejército, simplemente por atreverse a denunciar o a replicar a estos militares antidemócratas. Hacen falta, por tanto, amplias reformas y profundas transformaciones en nuestras Fuerzas Armadas (y también por extensión en los Cuerpos y Fuerzas de Seguridad del Estado) para limpiar todas las cloacas y acabar con todos los vestigios antidemocráticos que aún persisten, y desterrar de una vez por todas estas actitudes. Es hora de dejar de tener miedo a las Fuerzas Armadas.

 

¿Por qué ocurre esto? Pues básicamente, porque las Fuerzas Armadas no están al lado del pueblo, no respetan la soberanía popular (que es otra cosa bien distinta a la “soberanía nacional” a la que alude la Constitución). Precisamente en alcanzar ese objetivo consiste la tan necesaria y ansiada democratización de las Fuerzas Armadas que nuestro país necesita. El franquismo latente, de carácter sociológico pero también político y mediático, resulta, aún a más de cuatro décadas de la muerte del dictador, un lastre para soltar amarras democráticas en nuestro país. De hecho, tenemos a la ultraderecha de Vox en el Parlamento con 52 escaños, y a buena parte del Ejército (tanto en activo como en militares en la reserva) defendiendo sus mismos ideales, que no son otros que la defensa a ultranza de una cierta visión de España, una visión sectaria, caduca, anacrónica, excluyente y autoritaria que ya creíamos superada, que nos evoca y acerca a la imagen oscura, terrible, sangrienta y uniformizada de la dictadura franquista. La plena y definitiva superación del franquismo, ante este aterrador panorama, se vuelve una asignatura pendiente en nuestro país que es imperativo aprobar cuanto antes, si no queremos seguir corriendo un grave peligro de involución antidemocrática.

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2 diciembre 2020 3 02 /12 /diciembre /2020 00:00

Reduciendo a las mujeres a una mercancía susceptible de ser comprada, vendida, apropiada, intercambiada o adquirida, la prostitución ha afectado a las mujeres en tanto que grupo. Ha reforzado la ecuación establecida por la sociedad entre mujer y sexo, que reduce a las mujeres a una menor humanidad y contribuye a mantenerlas en un estatuto de segunda categoría en todo el mundo

Extracto de Informe de la ONU sobre la Prostitución en el Mundo (1992)

En nuestra última entrega incidíamos (basándonos de nuevo en el magnífico documento elaborado por Enrique Javier Díez Gutiérrez) en que uno de los argumentos de los que abogan por entender la prostitución como un trabajo estaba basado en que dicha actividad representaba una aportación socialmente útil, pero esta afirmación presupone que la necesidad sexual masculina es una necesidad biológica imperiosa, que no puede ser puesta en cuestión. Pero esto contradice el hecho evidente de que muchas personas, por circunstancias diversas, pasan determinadas etapas de su vida, de duraciones variadas, sin tener relaciones sexuales, sin que por ello se vean afectadas sus funciones vitales. De nuevo, estamos ante un argumento falaz que el capitalismo patriarcal ha alimentado durante siglos, y que entiende una cultura del consumo sexual masculinizada y mercantilizada. Y por otra parte, admitir el hecho de que ciertas mujeres, para cubrir sus perentorias necesidades, dada su precariedad vital, no poseen mejor opción "profesional" que la prostitución, es renunciar a la batalla política para incrementar el poder de las mujeres y tolerar las actividades extremadamente lucrativas y déspotas de la industria del sexo, para la cual el cuerpo de las mujeres es su materia prima fundamental. No negamos que cualquier mujer, durante su vida, y ante situaciones de extrema necesidad, haya optado por la prostitución como último recurso de salida a dicha situación, pero no por ello hemos de legitimar el hecho prostitucional como válido, o como una opción laboral disponible, al igual que cualquier otra. En definitiva, creemos que estos hechos no legitiman la opción de la prostitución como un trabajo, ni quitan valor a la postura abolicionista. Pensamos que en todos los casos y circunstancias, la prostitución constituye una enérgica modalidad de explotación sexual de las personas prostituidas, especialmente de mujeres y menores, y una de las formas más arraigadas en las que se manifiesta, ejerce y perpetúa la violencia de género. 

 

Está demostrado que la regulación de la prostitución no supone un control sobre la poderosa industria del sexo. Supone, eso sí, un control social, policial y sanitario sobre las mujeres prostituidas, especialmente de las mujeres que la ejercen en espacios abiertos, las más vulnerables de todas. Pero esta no es la solución. Entendemos que reglamentar la prostitución como un trabajo o una profesión supone quitar dicho fenómeno del ámbito de la clandestinidad (ciertamente tolerada), pero supone actuar en connivencia con el prostituidor, garantizándole las mejores condiciones para su deseo, y facilitándole el acceso, con concentración de mujeres para su elección, control sobre los locales, regulación de los mismos con buenas condiciones higiénico-sanitarias, y con productos controlados y sanos. En definitiva, supone mejorar las condiciones sobre las que la prostitución se ejerce, pero legitimando peligrosamente el fenómeno en sí mismo, validándolo como una opción laboral legítima, y por tanto consintiendo como sociedad la violencia que supone sobre el cuerpo de las mujeres, la trata de personas, y la existencia y el poder de las mafias que las controlan y mercantilizan. Todo ello no es tolerable en una sociedad que se precie de ser democrática, y que crea profundamente en los derechos humanos. En última instancia, la regulación no beneficia a las mujeres prostituidas, sino a los proxenetas, que pasan a denominarse "empresarios del sexo", concediéndoles un halo de respetabilidad (al igual que un empresario cafetero o juguetero, por ejemplo) y proporcionando a dicho sector una mayor "seguridad jurídica" (una peligrosa expresión que se utiliza mucho hoy día sin ser conscientes de lo que verdaderamente implica) y estabilidad legal, mediante marcos normativos que legalizan el hecho prostitucional, y que por tanto lo normalizan para el conjunto de la sociedad. Las mafias pasan a convertirse en corporaciones empresariales que cotizan en bolsa (como de hecho ocurre en Australia), y también beneficia a los propios clientes (prostituidores), pues también los aceptan y normalizan socialmente. En los países donde se ha intentado, la regulación ha expandido y aumentado la demanda de prostitución, incentivando a los hombres a comprar a las mujeres por sexo bajo un entorno social más permisible y de mayor aceptabilidad. Todo ello es lo que la postura abolicionista combate. 

 

Regular la prostitución como un trabajo equivale a aceptar implícita y explícitamente un modelo de relaciones asimétricas entre hombres y mujeres, un modelo de dominación injusto y desigual, que implica aceptar que los hombres poseen necesidades (sexuales) ineludibles que deben poder ser satisfechas mediante el uso (mercantilizado) del cuerpo de las mujeres. Entendemos que este enfoque supone una aberración en sí mismo, y por eso apostamos por la abolición. Porque si reglamentamos la prostitución, integrándola en la economía de mercado (una actividad que incrementa el PIB), estamos enviando el mensaje de que la prostitución es una alternativa viable y aceptable para las mujeres, estamos diciendo que no estamos en contra de ella, que no nos oponemos, y por tanto, no es necesario actuar ni remover las causas profundas que motivan el hecho, ni alterar las condiciones sociales que posibilitan y determinan a las mujeres a prostituirse (o a que las prostituyan). Tampoco se puede desvincular el tráfico de mujeres de la legalización de la prostitución, porque el tráfico es una consecuencia de la oferta y la demanda que rige el negocio de la prostitución a escala mundial. La legalización, por tanto, estimula y promueve el tráfico y empodera a las mafias. Legalizar la prostitución implica, por tanto, legalizar la violencia que se ejerce contra las mujeres, asumirla y normalizarla socialmente. Según un estudio de la Universidad de Londres (2003), la legalización o regulación de la prostitución condujo (en los países estudiados, Australia, Irlanda y los Países Bajos) a un drástico aumento en todas las facetas de la industria del sexo, un marcado incremento del crimen organizado en dicha industria, un dramático aumento en la prostitución infantil, una explosión en la cantidad de mujeres y niñas extranjeras traficadas hacia la región, así como diversos indicadores que mostraron un incremento en la violencia contra las mujeres. Sin embargo, entre todos los casos estudiados, Suecia es un caso especial que demuestra nuestra tesis, pues sus resultados han sido distintos. De hecho, Suecia ha disminuido drásticamente la cifra de mujeres dedicadas a la prostitución. La "solución sueca" se inició en el año 1999, cuando tras años de investigación y estudios, se aprobó una ley que penaliza la compra de servicios sexuales y despenaliza la venta de los mismos.

 

¿Cuál es el secreto? Pues veamos: la novedosa lógica que hay detrás de esta inteligente legislación se advierte claramente en la literatura del gobierno sueco aportada sobre la ley en su exposición de motivos: "En Suecia la prostitución es considerada como un aspecto de la violencia masculina contra mujeres, niñas y niños. Es reconocida oficialmente como una forma de explotación de mujeres, niñas y niños, y constituye un problema social significativo...la igualdad de género continuará siendo inalcanzable mientras los hombres compren, vendan y exploten a mujeres, niñas y niños prostituyéndoles". Queda por tanto absolutamente claro. Nos parece que éste es el único enfoque realmente digno para acabar con el problema. La conclusión se nos ofrece nítida: la erradicación de la demanda es la única fórmula para abolir la prostitución. Como explica Díez Gutiérrez: "Además de la estrategia legal de dos vías, un tercer y esencial elemento de la ley sueca sobre la prostitución provee que amplios fondos para servicios sociales integrales sean dirigidos a cualquier prostituta que desee dejar esa ocupación; también provee fondos adicionales para educar al público. Siendo así, la estrategia única de Suecia trata la prostitución como una forma de violencia contra las mujeres, en la cual se penaliza a los hombres que las explotan comprando servicios sexuales, se trata a las prostitutas, en su mayoría, como víctimas que requieren ayuda y se educa al público para contrarrestar el histórico sesgo masculino que por tanto tiempo ha embrutecido el pensamiento acerca de la prostitución. A fin de anclar sólidamente su visión en terreno legal firme, la ley sueca referida a la prostitución fue aprobada como parte de la legislación general de 1999 sobre la violencia contra las mujeres". Es decir, es un texto integral contra toda forma de violencia hacia las mujeres el que de hecho ataca la prostitución como un fenómeno más encajado en dicha órbita, y dictamina que la forma de abolir el mismo es criminalizar la propia demanda. Pero obsérvese que para que un gobierno actúe de esta forma primero tiene que dejar de entender el fenómeno prostitucional desde la óptica de los hombres que se benefician de él.

 

Es decir, considerar a las prostitutas como víctimas de coerción y violencia por parte de hombres requiere que un determinado gobierno que se lo plantee, en primer lugar pase de entender y mirar la prostitución desde la óptica masculina, a contemplarla desde los ojos de las mujeres. Este cambio de enfoque es primordial, sin el cual es imposible diagnosticar adecuadamente el fenómeno. Y los países, en su inmensa mayoría (si no es que prácticamente todos), continúan viendo la prostitución y cualquier otro asunto desde una óptica predominantemente masculina. Por eso, Suecia, en contraste, ha sido líder en promover la igualdad de las mujeres y los hombres durante mucho tiempo, y también destacó en esos momentos (comienzos del presente siglo) por tener la más elevada proporción de mujeres en todos los niveles de responsabilidad, tanto en el ámbito privado como en el público. En 1999, cuando se aprobó la ley a la que hemos hecho referencia, una trascendental ley sobre la prostitución, no solo pionera sino que estableció un enfoque diferente, el Parlamento sueco ya estaba conformado casi en un 50% por mujeres, es decir, era prácticamente paritario. ¿Qué hay que hacer, entonces? Aspirar a una ley como la sueca, exigir que el planteamiento para la prostitución sea abolicionista, y de momento, se puede ir combatiendo lo que ya existe y está más o menos normalizado: que se persiga a los proxenetas que campan a sus anchas en los diferentes clubs de alterne, los burdeles de carretera, que todo el mundo conoce y tolera. Un siguiente paso debe ser enfocar la prostitución criminalizando quien la promueve y favorece la existencia de la misma, que no son otros que los prostituidores, los mal llamados "clientes" (el neoliberalismo también extiende este término hacia todos los sectores, y así también son llamados "clientes" los enfermos de un hospital privado, o los alumnos y sus padres en los colegios privados). Hay que situar el foco sobre un hecho fundamental: no existe prostitución ni mujer prostituida sin el hombre prostituidor. Y en esta misma línea, el siguiente paso sería dejar de actuar en connivencia con el prostituidor abonando la tesis regulacionista, sino apostar por una visión abolicionista centrada precisamente sobre la existencia de la demanda, y poniéndole la vida difícil a los hombres que desean seguir comprando sexo. Continuaremos en siguientes entregas.

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