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26 abril 2020 7 26 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Terry Anderson

Viñeta: Terry Anderson

Ojalá que la pandemia del coronavirus, como la peste en la Antigua Grecia, resulte un acontecimiento histórico que alcance a instaurar en la conciencia humana la inteligencia de la vida; que logre recodificar el silogismo aristotélico ´todos los hombres son mortales´, para recomponer la vida de Gaia, de la Pachamama. Para instaurar en el pensamiento a un nuevo silogismo: la vida es naturaleza/Soy un ser vivo/soy naturaleza

Enrique Leff

¿Y si la deudora es la Tierra? ¿Y si el préstamo lo hubiera estado haciendo la naturaleza? ¿No es esa una pelea donde, sea cual fuere el éxito de la lucha, estaríamos condenados a perder? «La Tierra es la herencia que dejan los hijos a los padres», dice la sabiduría aymara. Lo que implica que hay alguien que tiene derechos sin tener deberes. La deuda que tenemos con la Tierra nos la va a cobrar. Sin preguntarnos antes. No somos tan importantes para ella

Juan Carlos Monedero

Como habíamos adelantado en anteriores entregas, haremos a continuación una exposición más profunda sobre la consideración de otorgar derechos a la Madre Naturaleza, es decir, convertirla en sujeto de derechos, al más alto nivel, de forma consecuente a las teorías que venimos exponiendo. Tomaremos para ello como referencia el texto "Ecología, Economía y Ética del Desarrollo Sostenible", todo un clásico del gran experto Eduardo Gudynas, un referente mundial en el asunto que nos ocupa. La consideración de valores propios (intrínsecos) en la Naturaleza consiste en aceptar y asumir moralmente que las formas de vida que en ella se albergan revisten valores en sí mismas, valores independientes de las consideraciones que los humanos podamos hacer sobre ellas, derivando de dicho reconocimiento el hecho de aceptar que deben poseer derecho a desarrollar sus propios procesos vitales. Obviamente ha de darse una mediación humana en este hecho, en tanto somos las personas, los seres humanos, los que reconoceremos estos valores. Pero se reconoce que esa valoración está más allá de nuestra propia interpretación, y reside en los propios seres vivos. Por esa razón se denomina a estos valores como intrínsecos, ya que la esencia del valor es una propiedad inherente a los seres vivos. Todo ello, como veíamos en entregas anteriores, es el epicentro de la mirada biocéntrica que pretendemos aplicar, en contraposición a la mirada antropocéntrica que hemos practicado hasta ahora. Asumir por tanto que la Naturaleza es sujeto de valor implica por tanto abandonar la ética anclada en el antropocentrismo para migrar a esta nueva perspectiva, a este nuevo enfoque, a un prisma diferente que otorga valores a los seres vivos en su ambiente, de donde quedan incorporados los objetos inanimados en tanto son esenciales para mantener los procesos ecológicos. Esta valoración ha de alcanzar a todas las especies, incluidas las que nos parezcan feas o inútiles. Existen ejemplos de ese abordaje, como fue el caso de la detención por algún tiempo de la construcción de una represa de 120 millones de dólares en Tennessee (Estados Unidos) para salvaguardar a un pequeño pez endémico de esa zona. 

 

La perspectiva biocéntrica, y el reconocimiento de valores propios, tienen profundas implicaciones para las estrategias en desarrollo sostenible. Difícilmente es aplicable a las posturas débil o fuerte (en su sentido economicista), pero es congruente con la versión superfuerte que defiende el Patrimonio Natural por una diversidad de valores. La defensa de la Naturaleza puede incorporar las justificaciones de la utilidad para el ser humano, pero además debe atender los valores propios de las especies vivas y sus respectivos ambientes (ecosistemas), generando derechos y responsabilidades. Las posturas éticas tradicionales afirmaban que los seres vivos son apenas depositarios de derechos otorgados por el ser humano, de donde en realidad son una extensión de una propiedad personal; en esta visión el centro de la discusión seguía en el ser humano. En cambio, los defensores de los derechos propios (el Buen Vivir se sitúa en esta perspectiva) sostienen que los seres vivos poseen valores intrínsecos que son independientes de toda valoración humana. Se admite que es el ser humano quien reconoce esos derechos, pero el centro de la discusión es otro: está en el propio valor intrínseco de las plantas y de los animales. Un segundo paso transita por ampliar estos derechos a un conjunto mayor de especies, y en lugar de enfocarlos en animales como individuos, sostener que es toda una especie la que los posee (identificándonos con las tesis de Aldo Leopold y sus seguidores, ya mencionados en el artículo anterior). En uno de los marcos legales más conocidos, el Acta de Especies Amenazadas de los EE.UU. de 1973, los intereses ecológicos prevalecen sobre los individuales. Allí se sentencia que las acciones que se lleven a cabo y las decisiones que se tomen no deben poner en riesgo "la continua existencia de una especie amenazada" ni deben "resultar en la destrucción o modificación del hábitat". Retomaremos a continuación un fragmento del documento "La ética del respeto a la Naturaleza", publicado originalmente en 1981 por Paul W. Taylor, cuya corriente de pensamiento también fue comentada e introducida en el artículo anterior de esta serie: "Al llamar biocéntrica a la teoría que voy a exponer, pretendo contrastarla con todas las visiones antropocéntricas. De acuerdo con éstas últimas, las acciones humanas que afectan al entorno natural y a sus habitantes no humanos son correctas (o incorrectas) según alguno de dos criterios: tienen consecuencias favorables (o desfavorables) para el bienestar humano, o son consistentes (o inconsistentes) con el sistema de normas que protege y da cuerpo a los derechos humanos".

 

Y continúa: "Desde este punto de vista homocéntrico, todos los deberes en última instancia tienen como objeto a los humanos y sólo a los humanos. Podríamos tener responsabilidades en relación con los ecosistemas naturales y las comunidades bióticas de nuestro planeta, pero en cada caso estas responsabilidades se basan en el hecho contingente de que el trato que damos a esos ecosistemas y biocomunidades puede promover la realización de valores y/o derechos humanos. No tenemos ninguna obligación de fomentar o proteger el bien de las cosas vivientes no humanas, independientemente de este hecho contingente. Un sistema biocéntrico de ética ambiental se opone a los homocéntricos precisamente en ese punto. Desde la perspectiva de una teoría biocéntrica, tenemos prima facie obligaciones morales con las plantas y los animales silvestres como miembros de la comunidad biótica de la Tierra. Estamos moralmente obligados (si lo demás se mantiene igual) a proteger o fomentar su bien por ellos mismos. Nuestro deber de respetar la integridad de los ecosistemas naturales, de conservar las especies en peligro y de evitar la polución ambiental procede del hecho de que es el modo en que podemos contribuir a dar a las poblaciones de las especies silvestres la posibilidad de lograr y mantener una existencia sana en estado natural. Existen estas obligaciones con las cosas vivientes debido al reconocimiento de su valor inherente. Y son obligaciones completamente adicionales y ajenas a las que tenemos con nuestros congéneres. Aunque muchas de las acciones que cumplen con un conjunto de obligaciones también cumplirán con el otro, hay aquí involucrados dos fundamentos diferentes de tales obligaciones. Su bienestar, así como el bienestar humano, es algo que debe lograrse como un fin en sí mismo". Como sabemos, esta propuesta ha sido defendida sobre todo por el filósofo noruego Arne Naess, quien abandonó su Cátedra de Filosofía en la Universidad de Oslo para, a la manera de Henry David Thoureau (filósofo norteamericano, considerado el padre de la desobediencia civil), vivir en una cabaña en los bosques nórdicos. Esta concepción apunta a una extensión de la identidad personal al entorno, donde se incorporan aspectos cognitivos, morales y relacionales del sí-mismo que se extienden a los demás seres vivos y el ambiente. 

 

También es importante advertir que el concepto en cierta medida no es un invento reciente de los ambientalistas. Existen ejemplos similares en varias culturas indígenas (base originaria del Buen Vivir, que también hemos presentado en anteriores entregas), donde se construyen sus identidades bajo una estrecha relación con la Naturaleza. Para ellas, el "lugar", en su sentido etnológico, es a la vez parte de la identidad personal. Un ejemplo perteneciente a tierras latinoamericanas es el caso de los guaraníes, quienes al definirse a sí mismos (teko) lo hacen en referencia a un ambiente (teko-ha). El sí-mismo guaraní es un sí-mismo en la Naturaleza, integrado en ella, siendo uno con ella, aunque lamentablemente esa conceptualización fue destruida por la colonización cultural europea. En este caso, la construcción de la identidad personal se hace sabiéndose en relación con la Naturaleza. Ese vínculo se basa en reconocer que las personas no finalizan en el límite que les impone la piel, sino que ellas, nosotros, somos en realidad puentes o partes del entorno que nos rodea. Este pensamiento ecológico requiere, tal como sostuvo Paul Shepard unos 50 años atrás, de una nueva visión a través de los límites: "La epidermis de la piel es, ecológicamente, como la superficie de un lago o el suelo del bosque, no como un caparazón, pero sí como una delicada interpenetración. Ella revela el sí mismo ennoblecido y extendido, en vez de amenazado, como parte del paisaje y del ecosistema, porque la belleza y complejidad de la naturaleza son continuas con nosotros mismos" (Shepard, 1969). La idea del sí-mismo ecológico ha tenido una amplia acogida en algunos sectores del ambientalismo, mientras en otros ha contribuido a conformar una tendencia particular (la llamada Ecología Profunda, a la que ya hemos hecho referencia), y finalmente, ha despertado una viva polémica en el campo de la filosofía y de la ética ambiental. Bajo la perspectiva del sí-mismo ecológico, cada persona es parte de la Naturaleza, y ella es parte nuestra. Aún más, la propia realización como personas pasa a depender de la integridad y vitalidad del ambiente. Además de concebir a la Naturaleza como parte de nosotros mismos, el vínculo también actúa a la inversa, envuelve al entorno de parte de algunas de nuestras vivencias. Se siente a la Naturaleza enferma, se sufre por su dolor, se escucha su llamada, y se lloran sus muertes. 

 

Por supuesto, este concepto no debe confundirse con una nueva forma de misticismo, al menos por tres razones. La primera de ellas, porque no alude a una disolución de la identidad de la persona en un todo. La individualidad se mantiene, pero en una diversidad, donde se da una relación de colectividad. La segunda razón es que el concepto de misticismo ha sido usado en contextos vagos y confusos; y la tercera, es que se refiere a estados de normalidad en la persona, y en su vida cotidiana, y no se busca alcanzar este nuevo self (yo-mismo) por medio de sus alteraciones. Tampoco debe alentarse otra confusión: el sí-mismo ecológico no reniega del sí-mismo individual, ni de la dimensión social que existe en su construcción. Es más, se rechazan aquellas visiones que intentan un estrecho vínculo con plantas o animales, ignorando la solidaridad con otras personas. Ese no es un sí-mismo ecológico en tanto su dimensión social está ausente, sino que más bien expresa una patología contemporánea de retraerse de la sociedad por incapacidad de vincularse colectivamente. La construcción de un sí-mismo ecológico requiere de un fuerte proceso de identificación con la Naturaleza, entendido como un proceso espontáneo, no racional (pero no necesariamente irracional) por el cual el interés de otro ser desencadena una reacción como si nuestros propios intereses y vivencias estuviesen afectados. Esto tampoco implica una identificación total de la persona en un objeto; no se excluyen los conflictos. Por ello, no se quiere decir que no se deban aprovechar aquellos animales o plantas indispensables para nuestra supervivencia, sino que debe hacerse desde la compasión con ellos, y en la solidaridad y equidad con las demás personas. En palabras más simples, esta identificación con el entorno es contraria a las estrategias de desarrollo cuya meta es la acumulación y el crecimiento; allí se desarticula el uso de los recursos naturales de fines básicos como la calidad de vida de las personas, y se los incorpora a estrategias de acumulación y ganancia. Bajo esta visión, en cambio, se les respeta hasta tal punto que encontramos en ellos valores por sí mismos, y les otorgamos un estatus de sujeto de derecho, para que precisamente los contextos legales obliguen a las personas a respetarlos. Continuaremos en siguientes entregas. 

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23 abril 2020 4 23 /04 /abril /2020 23:00

Me pregunto cuándo llegará el día en que nuestros dirigentes educativos reparen de una vez por todas en que las áreas que se imparten en el sistema educativo son ya de por sí un vehículo extraordinario en la formación ética y cívica de cualquier persona. Aprender lengua, matemáticas, historia, física, química y plástica no consiste solo en apropiarse de unos datos y de unos conocimientos específicos de esas áreas, sino, de forma simultánea, cultivar un conjunto de actitudes y de valores humanistas que dicho aprendizaje conlleva

Víctor Moreno

En la entrega anterior nos quedamos exponiendo algunas reflexiones sobre cómo abordan los libros de texto que llegan a nuestros escolares los asuntos relativos a la pobreza y a las migraciones humanas, y a su vez en relación con aspectos ecológicos y de sostenibilidad de nuestras sociedades. En buena parte de los libros, el fenómeno de las migraciones y las personas inmigrantes que forman parte de nuestra realidad más próxima, no existen. Resulta curioso cómo los libros de idiomas, que bien podrían hacer referencia a los movimientos migratorios, se centran normalmente en el viaje turístico y en el ocio. Sí encontramos casos de análisis críticos del fenómeno de las migraciones que las asocian a las guerras o a la precariedad en los países de origen. Estas situaciones políticas o económicas no se relacionan sin embargo con el reparto de poder internacional o con las imposiciones comerciales que llegan de las economías centrales. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Edelvives, refiriéndose a determinados países africanos tras su independencia, los retrata de esta forma: “conflictos y guerras, algunos de ellos permanentes y de difícil solución…sus consecuencias han sido miles de muertos y millones de desplazados”, sin entrar a debatir las profundas causas que determinan estas penosas situaciones, y hasta qué punto nuestro mundo occidental "desarrollado" interviene activamente en dicho escenario. Por su parte, en las mega-ciudades la pérdida de la redes sociales y del control sobre el territorio, junto con la monetarización de todos los recursos básicos, generan formas a veces nuevas y normalmente más graves, generalizadas y profundas de exclusión social (alcoholismo, drogadicción, parados de larga duración, personas sin hogar...) Los conocimientos que eran adaptativos y útiles para el mantenimiento de la vida en las comunidades de origen, se convierten en inútiles en la nueva situación de desarraigo urbano. Con esta exclusión urbana se pierde la capacidad de organización y de comunidad, y se gana en vulnerabilidad, dependencia y sumisión, asuntos estos útiles al mercado. Sin embargo los libros de texto ocultan este fenómeno y muestran la vida urbana como si fuera el modo natural y deseable de habitar, omitiendo estas “externalidades”. 

 

Las connotaciones negativas del término exclusión presuponen la bondad de la inclusión. La inclusión en los países del norte significa, entre otras cosas, el acceso a los modos de vida y estándares de consumo medios, es decir, al actual consumo insostenible que bien podría ser llamado despilfarro. Estos modos de vida y estos niveles de consumo ya han demostrado ser insostenibles para el planeta y a menudo insanos para los seres humanos que los “gozan”. Desde otra óptica podríamos mirar la exclusión como la pérdida de las condiciones y de los conocimientos que permiten la supervivencia, aunque así entendida quizá sería mejor llamarla “destrucción social”. Sería conveniente plantear al alumnado, en los libros de texto, el debate y la puesta en cuestión de los clásicos términos y conceptos de "riqueza" y "pobreza", "desarrollo", "bienestar", "progreso", etc., que han sido apropiados por la civilización industrial capitalista, para volver a darles un sentido más acorde con la sostenibilidad. La sostenibilidad exige resolver nuestras necesidades para la vida, sin comprometer la resolución de las necesidades del resto de las comunidades vivas de la tierra ni de las generaciones futuras. Por tanto sostenibilidad significa justicia ecológica planetaria. Conceptos como deuda ecológica (hurto de recursos naturales a los países del sur) o sostenibilidad social (equidad entre comunidades) deberían ser ideas fuertes en los libros de texto. La equidad, atravesada por el concepto de sostenibilidad, podría considerarse como la democracia de todos los seres vivientes. La consideración del valor de la vida animal y vegetal junto con la humana ensancharía el concepto de equidad y nos acercaría a una mejor comprensión de nuestro lugar en el ecosistema tierra. Así mismo, la eliminación del despilfarro y los consumos superfluos, la austeridad elegida o la autolimitación, serían vías de trabajo contra la pobreza que permitirían la sostenibilidad ecológica y social en un planeta con recursos ya drásticamente limitados. La sobriedad en los consumos del norte, la simplicidad en nuestros modos de vida y la equidad en el acceso a los recursos básicos, son condiciones imprescindibles para la sostenibilidad. 

 

23.- LA NATURALIZACIÓN DE LA PROPIEDAD PRIVADA. Este es igualmente un tema muy interesante para debatir con el alumnado. De entrada, nuestra sociedad liberal, industrial y capitalista nos inculca desde muy pequeños el concepto de la exclusiva propiedad. Desde muy pequeños, los niños aprenden a decir (y a asumir) la idea de que "esto es mío". Con el tiempo, los mimbres de esa misma sociedad nos llevan a asumir que hemos de "hacernos con la propiedad" sobre ciertas cosas, básicamente el mundo de los adultos es el mundo de sus propiedades, en el sentido de todo aquello que se ha logrado conseguir: una profesión (o un empleo, en su versión precarizada), una vivienda, un automóvil, un estatus social, unas condiciones de vida determinadas, una serie de posesiones materiales...Nos instan a entender la vida como el conjunto de dichas posesiones materiales, y a desechar los conceptos de reparto, o simplemente, del valor de uso, o de la función social de dicha propiedad. Sería bueno poner en debate todos estos asuntos con los alumnos, y que los libros de texto alentaran las críticas a este modelo. El modo en que se distribuye la propiedad de los bienes de la tierra es un asunto central para resolver o poner en peligro la sostenibilidad y la equidad. Los bienes privatizados se tratan como mercancías y por lo tanto son considerados valiosos o no en función de su precio en el mercado. Pero la rentabilidad monetaria es con frecuencia muy poco coincidente con la "rentabilidad" ecológica. El oxígeno para respirar, por ejemplo, no tiene aún valor en el mercado pero es de indiscutible valor ecológico. Una vez considerados mercancías, los bienes naturales tienden a ser peor tratados desde el punto de vista de la sostenibilidad. Así mismo el hecho de que la propiedad sea individual o colectiva afecta a la profundidad de las desigualdades sociales y también a la mayor o menor responsabilidad social y al aprovechamiento de los recursos. 

 

A pesar de su importancia, los libros de texto eluden el tema de la propiedad privada, reflejando así uno de los mecanismos de la ideología dominante: lo que no se discute se da por hecho. De hecho, las escasas veces que se menciona la propiedad privada se presenta como un hecho incuestionable, como algo consustancial al ser humano. En todo el recorrido por los libros de texto analizados, no hemos encontrado una predicación positiva de la propiedad colectiva, comunitaria, pública o estatal. Es un ejemplo más de lo que venimos contando, en el sentido de que los libros de texto se limitan a difundir los parámetros del mundo actual, sin cuestionarlo ni criticarlo. No existen apenas menciones al fuerte proceso de privatización de las propiedades comunales (últimos dos siglos) o estatales (desde los años 80 con la imposición de políticas neoliberales), a pesar de haber transformado con ello el mapa del reparto de poder en cada uno de los Estados y territorios. Sin embargo, no es extraño encontrar referencias a la propiedad colectiva (y a otros conceptos claves para la sostenibilidad como la autosuficiencia) en contextos negativos, y con connotaciones peyorativas. Como siempre, remito a mis lectores y lectoras al informe de referencia completo, donde los autores incluyen infinidad de ejemplos para ilustrar lo que decimos. 

 

24.- LA PROBLEMATIZACIÓN DEL TURISMO. El fenómeno mundial del turismo de masas es otro asunto que los libros de texto, pensamos, no presentan correctamente al alumnado. El turismo se muestra en los libros de texto como una actividad "natural" exenta de problemas de carácter ecológico, socioecónomico o cultural. Con especial énfasis en los libros de idiomas, el turismo se presenta como si las vacaciones y los viajes de placer fueran una práctica generalizada a toda la población, igualitaria y sin consecuencias ambientales. Para los libros de texto donde aprenden nuestros escolares, el turismo no está asociado a la insostenibilidad: no se habla de su relación con la contaminación, ni con la construcción de grandes infraestructuras, ni con los consumos desmedidos de agua o energía, ni con la destrucción del litoral o la degradación de los ecosistemas o con la desaparación de modos de vida tradicionales de bajo impacto ecológico. En Inglés 6º de Primaria Ed. Oxford, el mundo es un gran destino turístico. Los países que aparecen lo hacen a través de sus monumentos (muralla china, estatua de la libertad, pirámides de Egipto, museos británicos...) o incluso de los indígenas de sus parques naturales p.13 y p.37 En total aparecen más de 20 fotos y dibujos de monumentos y otras tantas de playas y piscinas, además de frecuentes ilustraciones de espacios abiertos donde se toman refrescos bajo una sombrilla. La cámara de fotos es otra imagen recurrente en el libro. El libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest asume el peligro de forma acrítica: “El turismo es una industria muy importante para la economía española” "Este enorme desarrollo turístico ha influído en la transformación del medio alterando el paisaje natural". Se refuerza la imagen del turismo como viaje a espacios de bienestar, de descanso, distracción y espectáculo. Si la realidad visitada es incómoda (mosquitos, calor…) o dura (explotación y pobreza) se reproduce un espacio de confort en el que se representa una simulación del lugar a modo de parque temático (hoteles cerrados con palmeras y espectáculos étnicos, cruceros con piscinas de agua dulce, baile, bingo y comidas autóctonas...). Los parques temáticos aparecen como lugares de aventura controlada y diversión, omitiendo cualquier referencia a los consumos energéticos, de agua, de territorio y omitiendo también cómo se arrasaron las realidades que representan. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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21 abril 2020 2 21 /04 /abril /2020 23:00
El Genocidio Palestino (31)

El conflicto [entre Israel y Palestina] se ha presentado como una historia multifacética y compleja, difícil de entender y más aún de resolver, cuando en realidad se trata de una simple historia de colonialismo y usurpación

Ilan Pappé

La radiografía de Gaza en la actualidad es realmente desoladora. Como se plantea en este artículo (autoría de David Hearst con traducción de María Landi) del Blog "Palestina en el corazón": "Imaginen cómo reaccionaría la comunidad internacional si en Hong Kong o en Nueva York, otros dos territorios igualmente superpoblados, el desempleo fuera del 47%, la tasa de pobreza del 53%, el tamaño medio de las clases fuera de 39 estudiantes y la tasa de mortalidad infantil fuera de 10,5 por cada 1.000 nacidos vivos". Pues ésta es la lamentable situación de los habitantes de la Franja de Gaza. Y es que la comunidad internacional, como venimos denunciando, se ha acostumbrado a absolver a Israel de toda responsabilidad por los castigos colectivos y los graves abusos a los derechos humanos practicados en esta zona del mundo. Gaza viene siendo una mancha humana en la conciencia del mundo. Por negligencia y por oscuros intereses, todos nuestros indecentes gobiernos occidentales han contribuido activamente a su miseria y a su profunda injusticia. Todos ellos son profundamente cómplices de la perversa situación que allí se vive, que podríamos catalogar como un experimento inhumano, consistente en mantener a más de dos millones de personas en un nivel de subsistencia considerado absolutamente intolerable e inhabitable por la propia ONU, sin arrojarlas a una muerte masiva. ¿Qué más tiene que ocurrir para que esto cambie? ¿Qué situación ha de alcanzarse para que las conciencias de nuestros dirigentes occidentales se remueva? ¿Durante cuánto tiempo más continuaremos borrando a Gaza, a sus refugiados/as, a su sufrimiento cotidiano, de la conciencia colectiva del mundo? Israel ha creado un régimen institucionalizado y estructural de dominación y opresión racial sistemáticas del pueblo palestino en su conjunto, lo que equivale a un crimen de apartheid. Hoy día, todo un conjunto de leyes, políticas y prácticas discriminatorias constituyen la base de este régimen. Nada detiene a Israel en su obsesión por fragmentar política, legal y geográficamente al pueblo palestino. Son continuos los discursos de odio racista y la incitación al odio racial hacia Palestina y el resto de comunidades árabes vecinas, por parte de Israel. 

 

Todos esos discursos de odio son vertidos en las intervenciones públicas, sobre todo por parte de funcionarios públicos, pero también por parte de dirigentes políticos y religiosos israelíes, en determinados medios de comunicación, y en currículos y libros de texto escolares (en entregas anteriores ya han sido comentados las prácticas israelíes en este sentido). La proliferación de actos racistas y xenófobos va en aumento, destacando la violencia practicada por las poblaciones de colonos israelíes contra la población palestina. Como se recoge en este informe de varias organizaciones de derechos humanos, Israel ha impuesto unas restricciones draconianas a la libertad de circulación y de residencia dentro del territorio palestino ocupado y por toda la Línea Verde que afectan gravemente a los derechos del pueblo palestino a la vida familiar, a la elección de residencia y de cónyuge, y a poder disponer de una vivienda adecuada. Estas políticas y prácticas han desempeñado un papel fundamental en la enorme fragmentación que sufre el pueblo palestino y su territorio, y garantizan que las personas palestinas de diferentes zonas geográficas no se puedan reunir, agrupar, vivir juntas, compartir la práctica de su cultura ni ejercer ningún derecho colectivo, incluido su derecho a la autodeterminación y a una soberanía permanente sobre sus recursos naturales, de modo que todo ello consolida el régimen de apartheid de Israel. Se violan continuamente los derechos de los palestinos a la tierra, a la propiedad y a la soberanía sobre los recursos naturales de la región. Se practican a diario demoliciones de viviendas que desplazan a las poblaciones palestinas de sus lugares. Por su parte, el largo cierre y bloqueo de la Franja de Gaza desde hace 12 años por parte de Israel sigue violando el derecho a la libertad de circulación, el acceso a los servicios básicos, especialmente a la atención sanitaria, e impide acceder al agua potable. En lugar de esa democracia de la que presume ser, Israel se ha convertido en un Estado criminal, un limpiador étnico institucional que utiliza las bárbaras tácticas que encierran a millones de personas en las prisiones al aire libre más grandes conocidas jamás por el ser humano. 

 

En el fondo de todo, el sionismo y su conducta cínica y criminal, y los poderosos lobbies israelíes que están acostumbrados a salirse con la suya. Israel es un país acostumbrado a mentir de forma descarada, a comportarse de forma hipócrita, y a actuar de forma chulesca y desafiante ante los organismos internacionales. Como siempre de forma tan acertada, Pablo Jofré Leal lo explica en este artículo en los siguientes términos: "Un comportamiento consciente, defendido a ultranza por la casta política y militar, y una sociedad mayoritariamente dotada de una visión del mundo mesiánica, racista y donde la segregación y el concepto de superioridad son partes componentes y que salvaguarda y practica una política que representa la impudicia de llevar a cabo un proceso de exterminio del pueblo palestino, sometido a la violación de sus derechos humanos integrales, por 71 a cuestas del más cruel de los procesos de ocupación y colonización que haya sufrido pueblo alguno". Y añade: "Una entidad así se considera libre de hacer y deshacer lo que le venga en gana, en función de no rendir cuentas, que para eso el mesianismo le da el aval para violar derechos humanos de otros pueblos, pasar por encima del derecho internacional, agredir, desestabilizar gobiernos considerados enemigos, formar una alianza criminal junto al imperialismo y el wahabismo. No someterse a dictado alguno y menos reconocer la jurisdicción de instituciones como la Corte Penal Internacional. Y es aquí en esta última organización donde el cinismo sionista se expresa en toda su magnitud". El 19 de diciembre de 2019 la Corte Penal Internacional anunció públicamente que dispone de todas las pruebas necesarias, ajustadas a derecho, para lanzar una investigación contra Israel por crímenes de guerra en los territorios palestinos. La potencia sionista no es miembro de este organismo internacional, con sede en La Haya, pero ésta es una cuestión que no debería ofrecer problemas, pues la propia ONU y sus resoluciones respecto a Palestina señalan que éstos son territorios ocupados, donde se ha exigido, entre otros puntos, el retiro de las tropas ocupantes, el desmantelamiento de los asentamientos ilegales, la demolición del muro y el retorno de los refugiados. 

 

Resulta por tanto evidente que la CPI posee jurisdicción sobre los territorios palestinos ocupados y bloqueados, y además (lo cual aterra al sionismo), Israel puede ser investigado por la construcción de asentamientos ilegales de colonos, que en número de 650.000 violan flagrantemente la IV Convención de Ginebra en el marco de la prohibición de trasladar población ocupante (colonos) a territorio ocupado. ¿Cuál ha sido la reacción de Israel? Pues la de siempre: exabruptos, amenazas veladas, acusaciones sin fundamento, y ultimátum a las autoridades palestinas para que retiren la demanda ante la CPI. Israel alega igualmente que la jurisdicción de la CPI no puede existir porque Palestina no es un Estado (y ellos se han ocupado de que no lo sea durante las últimas siete décadas). Pero se les escapa que Palestina es Estado observador no miembro de la ONU desde finales del año 2012. Lo cierto es que no hay excusas que valgan: la CPI puede investigar todo crimen de guerra y de lesa humanidad, en este caso contra Israel, y para ello no existen límites a su jurisdicción. Por supuesto y como siempre hace, la Administración estadounidense se opuso ferozmente a que investigaran a su amigo israelí. Jofré Leal añade: "El cinismo sionista no se queda solo en sostener que las acusaciones son infundadas, aunque las pruebas se multipliquen por miles. No le basta con seguir presentándose ante los ojos del mundo como el victimario devenido en víctima. En el agresor que se considera agredido, la entidad dotada de síndromes peligrosos, como el de disparar y llorar, con que justifica los crímenes más atroces que se puedan cometer contra el pueblo palestino. El paroxismo del descaro llega de los propios labios del primer ministro Benjamín Netanyahu, dirigente sionista, acusado además de corrupción, quien señaló ante el Informe de Bensouda [Fatou Bensouda es la Fiscal en Jefe de la CPI]: "Este es un día oscuro para la verdad y la justicia. Esta es una decisión escandalosa e infundada". Lo escandaloso es que el sionismo siga cometiendo crímenes sin recibir el castigo que merece. Lo abusivo es que Netanyahu y todos aquellos que masacran día a día a la población palestina, gocen de libertad. Eso es inconcebible además de vergonzoso". Los crímenes del sionismo no pueden seguir en la impunidad. 

 

¿Están solos los palestinos? Absolutamente, únicamente disponen del apoyo de las organizaciones de derechos humanos y de la sociedad civil internacionales, que movidas por la causa de la justicia intentan que Israel cese en su política de ocupación y masacre, y pague por sus crímenes de lesa humanidad. ¿Está solo Israel? No, está muy bien acompañado. Día tras día, semana tras semana, mes tras mes y año tras año, y así van siete escandalosas décadas, Israel está apoyado por la potencia imperialista estadounidense, pero también por el silencio vergonzoso de países aliados occidentales (ya hemos expuesto las veladas razones para este apoyo en entregas anteriores) como Francia y el Reino Unido, así como la traición de monarquías y gobiernos árabes como Arabia Saudí y Egipto, por ejemplo, que permiten que el sionismo cometa los más execrables crímenes contra el pueblo palestino, bajo la más absoluta impunidad. Y la verdad es que cuando alguien lleva siete décadas haciendo lo que le da la gana, practicando las más crueles humillaciones, sin que se vea castigado, pues ese alguien se cree el Rey del Mambo. Es exactamente lo que le ocurre a Israel. Su ego y sus falsos argumentos están tan hinchados, se encuentran tan bien arropados y protegidos, que se burlan continuamente de todo tipo de resoluciones y de decisiones de los organismos internacionales. Israel es un producto de la propia desvergüenza que gobierna el mundo. Israel es una inmundicia del orden internacional proyectado. Israel es el sumum de la arbitrariedad, el colmo de la desfachatez, la cima del cinismo y de la arrogancia, la expresión de la más brutal crueldad. Israel es la más alta expresión del desprecio hacia la gobernanza mundial. Israel es un Estado medieval apartado de la legalidad internacional, una isla de corrupción y de impunidad, un Estado criminal elevado a su máxima potencia. No hay sanciones contra Israel, no hay embargos comerciales, no hay declaración de zonas de exclusión aérea, para impedir que pueda seguir bombardeando a la Franja de Gaza, a Siria, El Líbano o cualquier otro país que sea considerado enemigo del régimen sionista. Por su parte, la manipulación y la desinformación van de la mano de todo este aberrante fenómeno, que están manejadas evidentemente por los grandes poderes económicos y políticos, cuyas élites son las primeras interesadas en que continúe la excepcionalidad mundial que supone la existencia de Israel y sus prácticas perversas. Continuaremos en siguientes entregas.

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19 abril 2020 7 19 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

La idea del decrecimiento nace de pensadores críticos con el desarrollo y con la sociedad de consumo, entre ellos Ivan Illich, André Gorz, Cornelius Castoriadus o François Partant, incluyendo en esta crítica la del fracaso del desarrollo en el Tercer Mundo, con autores como Vandana Shiva, Arturo Escobar, etc. Del mismo modo, dentro del campo de la economía, tras el informe del Club de Roma, aparecen voces críticas al modelo de crecimiento. Herman Daly, economista norteamericano que recibió el Nobel alternativo en 1996, propone la idea de que es posible una economía estable, con unas condiciones estacionarias de población y capital, el crecimiento 0

Pepa Gisbert (2007)

¿Escasez de energía y materiales? Sí -relativamente. Sólo si la escasez en cooperación, solidaridad e igualdad nos impiden ajustar nuestras expectativas y deseos a lo biofísicamente posible. Esas son las escaseces últimas que amenazan con acabar con nuestra civilización y precipitarnos al colapso

Jorge Riechman

En la última entrega de la serie (siguiendo este breve documento de Alfonso Henríquez) destacábamos la necesidad de virar desde una ética centrada en el hombre (antropocéntrica) hacia una ética centrada en la vida, es decir, que pusiese todas las formas de vida (humanas y no humanas) en el centro. Hemos de destacar que este nuevo enfoque no implica un desprecio por el ser humano, sino una nueva visión más igualitarista, que concede valor intrínseco a todo lo vivo. La Ecología Profunda parte del principio de que todos los seres tienen el mismo valor, y están en el mismo grado de atribución moral. Este nuevo enfoque nos conduce a una actitud de respeto y no explotación de lo vivo. La diversidad realza y fortalece las capacidades de supervivencia de los individuos, y de sus grupos o especies, lo cual nos conduce a su vez a entender el proceso de la vida no como la habilidad de consumir y matar, de competir contra los otros, sino como la capacidad para coexistir y cooperar. Alfonso Henríquez concluye: "Este punto cobra mayor sentido a la luz de los presupuestos anteriores, pues permite abrir paso a un campo en que dejando atrás los dualismos hombre-ambiente, cultura-naturaleza, mente-cuerpo, consciente-autoconsciente, etc., nos abra hacia una profunda tolerancia de la diversidad de las formas de vida (...), en las cuales la humana, no diluyéndose, baja del pedestal en el que el pensamiento antropocentrista la tenía ubicada".  A la pregunta sobre ¿Hay valor fuera del ámbito de los seres capaces de sentir?, como vemos, la Ecología Profunda responde afirmativamente. Ello implica, entonces, que además de los seres sintientes (cualquier individuo de las especies humana, o de los reinos vegetal o animal), también aquellos que no lo son pueden ser titulares de atributos morales, sean éstos por ejemplo ecosistemas completos (la Amazonía brasileña) o individuos concretos del mismo, tales como una montaña o un arroyo. Y esto nos permite caracterizar a dichos sistemas de pensamiento como biocéntricos (centrados en la vida) o ecocéntricos (centrados en el ecosistema) por oposición a las que podemos llamar filosofías antropocéntricas, como todas aquellas expresadas por el pensamiento racionalista occidental. 

 

La Ecología Profunda nos ofrece un criterio radicalmente más inclusivo y universal, lo que permite ampliar racionalmente el marco de los sujetos capaces de ser tenidos en cuenta como entes morales. Es la base filosófica, por tanto, para pasar luego a la base jurídico-política donde se asienta la concepción de conceder derechos a la propia Naturaleza, posibilidad que trataremos luego más profundamente. Bien, a partir de los cimientos conceptuales aportados por la Ecología Profunda (a través de Arne Naess y otros autores), con el tiempo van naciendo otras corrientes de pensamiento afines o derivadas de ella, que podemos resumir como sigue, siguiendo de nuevo a Alfonso Henríquez:

 

1.- Hipótesis Gaia (Lovelock-Margulis). Esta teoría data de 1985, cuando los científicos e investigadores James Lovelock y Lyn Margulis publican un texto provocador llamado "Gaia, una nueva visión de la vida sobre la Tierra". Para estos autores, la Tierra formaría un todo orgánico, autorreproducible, autorregulatorio y teleológico, compuesto de una serie de subsistemas jerárquicamente organizados. La meta del sistema es el mantenimiento de las condiciones óptimas para la vida, y obsérvese que nos referimos a la vida en sentido general, y no a la vida del ser humano en particular, pues éste no es más que un elemento del mismo, sin ninguna importancia particular dentro del sistema. 

 

2.- Ética de la Tierra (Aldo Leopold). En este sentido parece ir una obra anterior cronológicamente, del ambientalista estadounidense Aldo Leopold, quien escribiera en 1940 el clásico ecologista "A Sand County Almanac", en el cual popularizara la designada como Ética de la Tierra. El aporte fundamental es que para Leopold y para uno de sus principales seguidores, John Callicot, en contra de lo que la tradición y la intuición podrían sostener, el sujeto moral por excelencia es la especie y no el individuo (humanos o no), pues la Naturaleza forma una comunidad biótica en la cual los individuos no son los que tienen el derecho de vivir propiamente dicho, sino que solo su especie lo tiene, representando el fin último el logro de un equilibrio entre las mismas. De hecho, ciertas culturas, pueblos y comunidades humanas contemplan el grado de valía, inserción y éxito de los individuos en función del grado de su pertenencia a la comunidad, dando preferencia a familias o clanes más que a las personas en sí mismas. 

 

3.- Teleologismo Biocéntrico (Paul Taylor). Paul Taylor por otro lado, alejándose un poco de estas dos posturas anteriores (que por un lado reducen al ser humano a una especie disponible en beneficio del equilibrio ecológico, y por el otro hacen sacrificable la vida en bien de la especie), y acercándose más a la filosofía de Arne Naess, en su obra plantea la teoría de que un organismo y todas las formas de vida en general son un bien en sí mismas. Para Taylor todos los seres vivientes tendrían un mismo valor intrínseco, y no porque sean conscientes, de hecho argumenta que si así fuese, muchos quedarían imposibilitados para ser considerados sujetos morales, ya que la conciencia no es una propiedad universal. En cambio, lo que sí es una propiedad de esta clase es la actividad organizada que marca la tendencia a preservar su existencia, protegiéndose y promoviendo su bienestar. Todas las criaturas de la Tierra son, por tanto, un fin en sí mismas. 

 

Todas estas manifestaciones, variantes o corrientes de pensamiento giran en torno al Biocentrismo, aportando cada una de ellas sus propias características, pero manteniendo como vemos unos aspectos fundamentales compartidas por todas. El giro biocéntrico implica reconceptualizar los significados de diversos términos que han sido falazmente apropiados por el actual paradigma, tales como "progreso", "desarrollo", "bienestar" o "riqueza". Para alcanzar estas metas, bajo el paradigma antropocéntrico la Naturaleza es continua y violentamente saqueada y expoliada, sometida a brutales procesos de extractivismo (estamos agotando materiales y fuentes de energía que la Naturaleza ha tardado millones de años en crear), y las demás formas de vida no humanas son infravaloradas. El Buen Vivir, basado en el paradigma biocéntrico, renuncia a estas prácticas porque valora todos los seres que la Madre Tierra alberga, incluida ella misma. Pero esta serie de artículos se titula "Filosofía y Política del Buen Vivir", lo que implica que no pretendemos quedarnos únicamente en los aspectos teóricos o filosóficos de este paradigma civilizatorio alternativo, sino además vincularlo a sus aspectos prácticos, es decir, a su dimensión jurídico-política. Y en ese sentido, comentar también las decisiones y medidas que podemos aplicar para acercar nuestras sociedades a dicho paradigma. En lo que nos ocupa, y tal como hemos expuesto en algunos artículos anteriores, el Biocentrismo se plasmaría, entre otras medidas, en el reconocimiento de la Naturaleza como sujeto de derechos, llevando este reconocimiento a los más altos niveles, como pueden ser todo tipo de leyes y normativas, y por encima de ellas, el propio texto constitucional. De hecho, en las Constituciones de Ecuador (2008) y Bolivia (2009), cada una a su manera y en su propio contexto, aparecen recogidos expresamente los derechos de la Naturaleza. Es por tanto un hito perfectamente alcanzable y deseable, que sentaría un precedente básico y fundamental para no solo cambiar la mentalidad de las personas, sino también para adaptar todo el corpus jurídico de la comunidad hacia este reconocimiento. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 abril 2020 4 16 /04 /abril /2020 23:00

La educación ambiental plantea la necesidad de movilizar en quienes aprenden no sólo los aspectos racionales, sino también todo el ámbito de los afectos, de los valores y de la mirada estética sobre el mundo, abandonando los viejos paradigmas de dominación, de racionalismo a ultranza, de alejamiento del mundo de los sentidos y del arte, para impulsar nuevas miradas y formas de estar en la sociedad complejas e integradoras, que contribuyan a la sostenibilidad en todos los niveles, desde el personal y el local hasta el global

María Novo

21.- LAS GUERRAS Y LOS CONFLICTOS ARMADOS. El estudio y la exposición, el enfoque en general, que nuestros libros de texto realizan sobre las guerras y los conflictos en el mundo también es un aspecto a destacar sobre los cambios en los contenidos educativos que proponemos. De entrada, nuestros estudiantes no reciben una formación en cultura de paz, que es fundamental para formar a futuros adultos que desechen por completo la vía de los conflictos armados como solución a los problemas. Así mismo, el tratamiento que los libros de texto hacen de las guerras excluye los impactos de las mismas con relación a la sostenibilidad. Así, en raras ocasiones se muestra cuáles son sus impactos ecológicos y cómo inciden en los territorios y en la naturaleza. La inmensa mayoría de los libros de la asignatura de Historia Contemporánea hacen referencia a las guerras y los conflictos pasados y presentes en términos de su impacto en vidas humanas, y en las modificaciones de las fronteras de los Imperios o de los Estados-nación, pero no existen menciones a las transformaciones del territorio que ocasionaron. Las verdaderas motivaciones de los conflictos tampoco se cuentan adecuadamente. A pesar de que en muchas ocasiones las guerras se producen debido a conflictos ecológico-distributivos, no es posible detectar estos orígenes en el tratamiento que se da en los textos, es decir, no se habla de los motivos profundos de la guerra. Por ejemplo, en prácticamente ninguno de los textos se muestra el papel que juega el control del agua en la guerra entre Israel y Palestina, o la extracción del coltán y los diamantes en el genocidio de la región de los Grandes Lagos centroafricanos. Existe una valoración negativa del conflicto, equiparándolo a la violencia o a la guerra. Sin embargo, no son lo mismo. La guerra es el peor modo de abordar el conflicto, en tanto que los conflictos son naturales e inevitables en las colectividades humanas. Desde el punto de vista de la educación para la paz, los conflictos son algo que va íntimamente ligado a la especie humana. No se trata de evitar los conflictos, porque estos van a surgir siempre, sino de enseñar las distintas vías de solución. 

 

Frente a la insistencia en mostrar las resoluciones violentas de conflictos, las guerras, permanecen invisibles las resoluciones no violentas. Así, por ejemplo, el pacifismo o la negociación tienen muy poca presencia en los libros de texto, sin que puedan ser percibidos como opciones viables y reales para la resolución de los conflictos. La gran mayoría de los textos condenan y lamentan las guerras, pero no critican la industria militar, los intereses económicos que hay detrás de las mismas, ni el modelo tecnocientífico que investiga en armamento. Tampoco se critica la propia existencia de los Ejércitos. Se muestra a nuestro continente europeo como "una cultura milenaria y un modelo de desarrollo y paz" (libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Santillana), obviando no solo las diferencias y conflictos existentes en la actualidad, sino el hecho de que Europa es el lugar donde más muertos hubo en conflictos bélicos durante todo el siglo XX. Los libros de texto mencionan varias veces el terrorismo relacionado con el fundamentalismo islámico, sin embargo desconocen el terrorismo de Estado, el de los ejércitos regulares, la violencia estructural o la represión institucional, como otras ”guerras” empleadas para resolver conflictos sociales o políticos. Existe un fuerte desequilibrio moral entre el uso de la violencia directa y el uso de la violencia estructural que permite asentar de forma sutil la idea de que la violencia que procede del poder es menos mala o más justa que la que procede de grupos o minorías que no tienen poder. 

 

22.- POBREZA, MIGRACIONES Y ECOLOGÍA. La deriva involucionista de los grandes desafíos mundiales (el hambre, la pobreza, los movimientos migratorios, la desigualdad...) también ofrece un tratamiento en los libros de texto que deja mucho que desear. El desigual reparto de cargas y recursos entre los seres humanos, unido a la apropiación del medio natural por encima de su capacidad de carga y a un desarrollo tecnológico devorador del medio ambiente, ha desembocado en situaciones vitales humanamente insostenibles. Gentes expulsadas de sus territorios por la sequía, el envenenamiento de tierras o la industrialización, empobrecidos sin derecho a plantar sus propias semillas, grupos humanos en las grandes ciudades sin ningún control sobre los recursos básicos, dependiendo del alcance de los sistemas de protección social, sociedades que consumen muy por encima de sus necesidades y aspiran aún a aumentar su nivel de despilfarro, ciegas a los límites del territorio al que pertenecen e incluso a su propia insatisfacción... Este panorama, tristemente generalizado, ocupa un espacio mínimo en los libros de texto analizados en el informe de referencia. La visión del mundo presentada por los libros de texto dista mucho de ser real. El mundo se presenta en los libros de texto como un lugar donde son comunes el bienestar y la riqueza. Podríamos hablar de una especie de “ricocentrismo” en el que predominan las personas de clase media-alta, sin discapacidad, ni vejez, ni pobreza. Los personajes de las ilustraciones, los ejemplos de los ejercicios, las referencias a personas y a sus modos de vida, ofrecen la imagen de un mundo en esencia feliz y sin problemas de equidad. La pobreza se aparece como un hecho fortuito, natural y en cierto modo inevitable, como muestra -se dice- su permanencia a lo largo de la historia. La organización social y sus consecuencias se presentan a veces como inamovibles. El reparto desigual de la riqueza, la justicia o la equidad no son preocupaciones comunes en los libros de texto que estudian nuestro alumnado. 

 

En las escasas apariciones de la pobreza o la exclusión, éstas se minimizan como problemas localizados, en vías de solución o lejanos en el tiempo o el espacio. Las escasas referencias encontradas que presentan la injusticia o la pobreza como hechos estructurales y no fortuitos se refieren también a otros momentos históricos y a lugares lejanos. La exclusión en sus formas mas próximas a nosotros, inherente a nuestro modelo de desarrollo y presente en nuestras calles, no suele tener presencia en los textos: personas sin hogar, inmigración sin derechos, drogadicción o violencia. Tampoco existen –salvo excepciones- referencias a la especificidad de la pobreza femenina. En los libros de texto, riqueza y pobreza no se relacionan entre sí ni se relacionan con un modelo determinado de propiedad, de apropiación de recursos, de reparto de la renta, de sistema político y económico o de relaciones de poder. Se ignoran las causas estructurales de la pobreza y se oculta la interdependencia entre riqueza y pobreza. En algún caso encontramos aparentes intentos de explicar el por qué de la pobreza, sin llegar a la raíz de su origen. Como consecuencia de esta interpretación fragmentaria y descontextualizada de la pobreza, las soluciones propuestas son triviales, ingenuas o parciales, pero no estructurales. Tienen que ver con el modelo de donación o de caridad (0,7, ONGs) o bien con el acceso a la tecnología y a los modos de producción -y de consumo- capitalistas, o con la simple buena voluntad individual. La riqueza –nunca puesta en entredicho como valor- se entiende fundamentalmente como nivel alto de renta monetaria y acceso a consumos superfluos. No existe un cuestionamiento del modelo de vida occidental ni de los que este considera indicadores del “vivir bien” (automóvil privado, electrodomésticos, teléfono...) En consecuencia la pobreza es la dificultad para acceder a los niveles y hábitos de consumo del mundo desarrollado. La salud ambiental, el acceso a aire o alimentos no contaminados o el control sobre las propias condiciones de vida no son parámetros relacionados con la riqueza. También están ausentes otros indicadores de “buena vida” más difícilmente cuantificables (accesibilidad a la gente querida o al lugar de trabajo, posibilidad de jugar en la calle...).

 

Solo algún libro de texto aislado, como el de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal, plantea alguna preocupación puntual sobre la dificultad de acceso a los recursos básicos, por ejemplo como en el fragmento siguiente: “Si el 6% de la población mundial (EEUU) consume el 40% de la madera, la carne, el uranio, el cromo, el petróleo del mundo ¿a qué puede aspirar el resto del mundo?”. En la línea del pensamiento único, las exigencias del beneficio económico son prioritarias, por encima de las exigencias de la ética. Los beneficios económicos y no el destino de estos son la medida de la adecuación de una actividad económica, incluso en algún caso de las actividades “caritativas”. El asunto de los movimientos migratorios tampoco es tratado adecuadamente en los libros de texto. El deterioro de los recursos próximos (agua, leña...) y los modos de producción industrial obligan a emigrar a las ciudades, disgregan a las comunidades y las llevan a perder su capacidad de autosuficiencia. Perdidas las condiciones de supervivencia y los conocimientos tradicionales para mantenerlas, es fácil caer en la pobreza. Sin embargo las migraciones no se relacionan apenas con el deterioro ambiental. Desecación de acuíferos y pozos, cambio climático, patentes sobre semillas o deforestación, raramente se presentan como causas centrales de las migraciones y la pobreza. Las migraciones aparecen relacionadas a menudo con la libertad de movimientos o con la búsqueda de mejores condiciones de vida, pero no con la expulsión o el empeoramiento de las condiciones en el territorio de origen. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. SM asegura que "Los inmigrantes vienen atraídos por el bienestar", sin plantear el oportuno debate a los alumnos y alumnas sobre por qué no poseen dicho bienestar en sus propias sociedades, y cómo podemos nosotros contribuir a ello, precisamente para que no tengan que migrar. En realidad el debate profundo es mostrar al alumnado hasta qué punto el "mundo desarrollado" ha contribuido a desestabilizar al resto del mundo, creando condiciones de vida insostenibles para los habitantes de dichos países. Cuando se trata el tema de los movimientos migratorios, se menciona como principal causa la búsqueda de condiciones mejores, sin entrar en las profundas motivaciones que generan dichos movimientos migratorios. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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14 abril 2020 2 14 /04 /abril /2020 23:00
Ilustración: http://www.segundopaso.es/

Ilustración: http://www.segundopaso.es/

La propaganda del mundo financiero neocolonial difunde discursos que ignoran los derechos de Palestina como nación y como pueblo, y frases planas que ignoran la verdad refiriéndose al Pueblo Palestino como “están mal dirigidos”, “tienen mala suerte”, o, “son terroristas”, eliminan las causas y ponen la pantalla de la gran mentira. Con ese lenguaje buscan el simplismo que sustente la normalización de la inhumanidad, que oculte la ocupación y justifique la guerra

Ramón Pedregal Casanova

Otro aberrante hito alcanzado por la sociedad israelí ha sido, en el año 2017, aprobar el proyecto de ley que define a Israel como "hogar nacional del pueblo judío", es decir, el establecimiento de un Estado-nación judío. La idea es completamente irracional: consiste en llevar el fundamentalismo religioso hasta su máxima expresión, definiendo a Israel como el Estado que pertenece exclusivamente a todos los judíos del mundo, sin tener en cuenta la población real que allí existe. Es como si en España nuestro Gobierno declarara el "Estado cristiano", definiendo a nuestro país como la nación de todos los cristianos del mundo. Hagamos por un momento dicho ejercicio mental de imaginación...¿vemos el alcance del mismo? ¿Observamos su patetismo y su irracionalidad? Esta ley revoca el árabe como lengua oficial en Israel, a pesar de que es la lengua materna de 1 de cada 5 ciudadanos israelíes. La población de Israel incluye actualmente a 1,7 millones de palestinos. Dicha legislación, siguiendo este artículo de Jonathan Cook, afirma que los judíos del mundo tienen un derecho "único" a la autodeterminación nacional en Israel, y pide al Gobierno fortalecer aún más los lazos con las comunidades judías fuera de Israel. También aumenta los poderes de los llamados "Comités de Admisión" que en la práctica impiden a los ciudadanos palestinos vivir en cientos de comunidades, controlando la mayor parte del territorio israelí. Según esta ley, únicamente el hebreo es lengua oficial en Israel, y a la lengua árabe se le concede solo un "estatus especial". Antes de la publicación de esta ley, los ciudadanos palestinos residentes en Israel ya se quejaban de que la mayoría de los servicios públicos y los documentos oficiales no se extienden en árabe. El objetivo de la ley, por tanto, no es otro que retratar y consolidar el profundo racismo institucional que existe en Israel, normalizarlo aún más, y darle un soporte legal que aún no poseía. Con ello contribuyen igualmente a que la realidad del apartheid se vuelve legal e irreversible. 

 

De hecho, la mayoría parlamentaria israelí siempre ha negado que exista un pueblo indígena (el palestino) viviendo en su tierra natal, pero esta ley consagra definitivamente los "derechos de superioridad" de la población judía sobre la población palestina. No obstante, como decimos, la ley actúa sobre un soporte social que ya practicaba esta situación, ya que desde su fundación en 1948 Israel se ha definido como el Estado del pueblo judío, en lugar del Estado para todos los ciudadanos del país, incluyendo a su minoría palestina. Desde entonces, se han publicado decenas de leyes que discriminan de facto a los ciudadanos palestinos. Por ejemplo, la Ley de Retorno de 1950 solo permite la acogida de judíos de otras naciones en Israel, y el derecho de éstos a recibir los plenos derechos de ciudadanía. La ley consagra y hace explícita como ley fundamental el hecho de que todos los judíos, incluso aquellos que no son ciudadanos israelíes, tienen en Israel derechos superiores a los de los ciudadanos palestinos. Por otra parte, las autoridades israelíes admitieron el pasado año (2019) el objetivo real del asedio inhumano de 13 años sobre Gaza. Todo forma parte, como venimos explicando, del interés supremo de expulsar a los palestinos de su tierra. De hecho, llegaron a reconocer que Israel está dispuesto a ayudar a los palestinos a abandonar Gaza, siempre y cuando no vuelvan jamás. Todo obedece a la campaña "más tierra, menos árabes" llevado a cabo por las hordas sionistas para expulsar y desplazar a los pueblos indígenas de Palestina que aún habitan en su tierra. Sin embargo, la realidad palestina es obstinada: alrededor de 2/3 de los palestinos de Gaza son refugiados, cuyos abuelos y abuelas fueron expulsados por Israel de sus aldeas primitivas en 1948, por lo cual resisten y resistirán. De hecho, como cuenta Ahmed Abu Artema en este artículo, en 1948, cuando Israel estableció su Estado, las bandas sionistas perpetraron más de 70 masacres contra los palestinos que entonces habitaban dichas tierras, destruyeron más de 530 pueblos y ciudades, y mataron al menos a 15.000 palestinos. Más de 750.000 palestinos se vieron obligados a huir, lo que permitió que Israel controlara el 78% de las tierras palestinas. 

 

Según los datos de la ONG B'Tselem, entre 1967 y 2017, Israel ha establecido más de 200 asentamientos ilegales en la Cisjordania ocupada, incluida Jerusalén Oriental, ubicando allí a unos 620.000 colonos. Otro asunto a destacar es la indecente y sistemática tortura que la población palestina reclusa sufre en las cárceles israelíes. Yara Hawari lo documenta ampliamente en este artículo, al que nos remitimos. Hawari explica: "Nada de todo esto es nuevo. Desde el establecimiento del Estado de Israel en 1948 la Agencia de Seguridad de Israel (ISA, por sus siglas en inglés) ha torturado sistemáticamente a las personas palestinas por medio de diferentes técnicas. Y aunque muchos países han incorporado a su legislación nacional la prohibición de la tortura (a pesar de lo cual sigue siendo una práctica extendida con el pretexto de la seguridad nacional), Israel ha tomado un rumbo diferente: no ha aprobado una legislación nacional que prohíba el uso de la tortura, y sus tribunales han permitido el uso de la tortura en casos de "necesidad", lo que ha dado carta blanca a la ISA para utilizar la tortura de forma generalizada contra las personas presas políticas palestinas". De esta forma, la práctica de la tortura está arraigada en el sistema penitenciario israelí, es sistemática y está legalizada por medio de varias leyes nacionales. Y aunque las organizaciones palestinas de derechos humanos presentan regularmente reclamaciones a las autoridades israelíes por estos asuntos, raramente reciben respuesta, y cuando la reciben a menudo es para informar que se ha archivado el caso en cuestión por falta de pruebas. De hecho, desde el año 2001 se han presentado 1.200 reclamaciones contra los servicios de seguridad israelíes por torturas, pero nunca se han procesado sus responsables. Y así, cada año el sistema penitenciario militar israelí detiene y encarcela a miles de presos y presas políticas palestinas. Desde el inicio de la ocupación de Cisjordania y Gaza, y el establecimiento de la ley marcial en estas zonas, Israel ha detenido a más de 800.000 palestinos/as, el equivalente al 40% de la población masculina o a una quinta parte del conjunto de su población. La legislación israelí también permite al ejército mantener presa a una persona hasta 6 meses sin cargos, según un procedimiento conocido como detención administrativa.

 

Además, este período se puede prolongar indefinidamente y mantener "secretos" los cargos. Por consiguiente, se puede alcanzar una situación absolutamente surrealista, donde ni las personas presas ni sus respectivos abogados saben de qué se les acusa o qué pruebas se poseen contra ellas. El último día del período de dichos 6 meses se informa a la persona presa si va a ser liberada o si por el contrario su detención se va a prolongar. Todo este procedimiento ha sido calificado por la Asociación de Apoyo a las Personas Presas y de Derechos Humanos Addameer como de tortura psicológica. Por su parte, los niños y niñas palestinos no se libran de la terrible experiencia del encarcelamiento y la tortura en el sistema penitenciario israelí, y casi siempre se les niega la presencia de la tutela paterna durante los interrogatorios. Los adolescentes palestinos mayores de 16 años son juzgados como adultos, lo que contraviene lo estipulado en la Convención de los Derechos del Niño. De hecho, Israel detiene, encarcela y procesa a entre 500 y 700 niños y niñas palestinas cada año. A fecha de diciembre de 2019 había 5.000 personas presas políticas palestinas, entre las que se incluían 190 niños y niñas, 43 mujeres y 425 personas encarceladas en detención administrativa. La mayoría de estas personas han sido sometidas a alguna forma de tortura. Para la población palestina la tortura no es sino otra faceta más de la violencia estructural a que se ve sometida por parte del régimen israelí, que la tiene atrapada en una prisión a cielo abierto y le priva de sus derechos fundamentales. Es, además, una faceta que recibe poca atención por parte de la comunidad internacional, por lo general debido a que las autoridades israelíes utilizan los argumentos de la seguridad del Estado, reforzados también por el relato de la "guerra contra el terrorismo". En 2009 Israel estableció la figura de un tribunal militar juvenil para procesar a niños y niñas palestinas menores de 16 años. Es el único país que lo hace. Según UNICEF, utiliza las mismas instalaciones y el mismo personal que en los tribunales militares para personas adultas. 

 

Israel argumenta para todo ello razones espurias. Según la ONG B'tselem: "Israel argumenta que no está sujeto al derecho internacional de los derechos humanos en los Territorios Ocupados ya que oficialmente no es territorio israelí soberano. Y aunque es cierto que Israel no es soberano en los Territorios Ocupados, esto no merma su deber de respetar las disposiciones internacionales relativas a los derechos humanos. Los juristas internacionales discrepan con la postura de Israel, que también ha sido rechazada repetidamente por la Corte Internacional de Justicia (CIJ) y todos los Comités de la ONU que supervisan la aplicación de las diversas convenciones de derechos humanos. Estos organismos internacionales han afirmado una y otra vez que los Estados deben respetar las disposiciones de derechos humanos ahí donde ejercen un control efectivo". Otro asunto más, y ya hemos perdido la cuenta, donde Israel despliega toda su violencia estructural e institucional, donde la potencia sionista hace gala del desprecio que le merecen todas las vidas de los palestinos, y donde se vuelve a burlar de la legalidad internacional. La impunidad de la entidad sionista es, nos atreveríamos a decir, casi absoluta. Es necesario que la sociedad civil y la comunidad internacional apoyen activamente a quienes trabajan para ayudar a las víctimas de la tortura. Todos los Estados signatarios de los Convenios de Ginebra deben presionar en este sentido para cambiar esta terrible realidad, y conseguir que Israel erradique la tortura hacia la población palestina. Y por supuesto, al más alto nivel, la Corte Penal Internacional tiene la responsabilidad última de hacer rendir cuentas a Israel. Dado que la tortura es un crimen de guerra "jus cogens", está sujeta a la jurisdicción universal, lo que significa que terceras partes ubicadas en cualquier lugar del mundo pueden presentar denuncias penales contra individuos e instituciones por este motivo. Y qué decir tiene que hay que continuar apoyando activamente a todas aquellas organizaciones que trabajan por los derechos del pueblo palestino en los ámbitos nacional e internacional, con el fin de acabar con la naturaleza y la práctica sistemática de la tortura israelí. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 abril 2020 7 12 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Osval

Viñeta: Osval

La primera ética se ocupó de la relación entre los individuos [...] Ampliaciones posteriores trataron de la relación entre el individuo y la sociedad [...] Hasta ahora no hay una ética que se ocupe de la relación del hombre con la tierra y con los animales y plantas que crecen sobre ella [...] La extensión de la ética a este tercer elemento en el ambiente humano es […] una posibilidad evolutiva y una necesidad ecológica

Aldo Leopold

No habrá forma de dar respuesta a los problemas medioambientales que amenazan la vida en nuestro planeta si no se parte de un convencimiento común y efectivo: ni la naturaleza en su conjunto ni los recursos que nos provee son mercancías. No han sido creados como tales y eso significa que no pueden utilizarse con el único propósito de hacerlos rentables en los mercados. No hay solución sostenible ni verdadera para el planeta que no pase por asumir un principio básico: lo que por su intrínseca naturaleza es común y perteneciente no sólo a la generación presente sino también a las futuras no puede ser apropiado privadamente por nadie, ni destruirse

Juan Torres López

En la entrega anterior finalizamos la exposición de los puntos fundamentales que constituyen las bases filosóficas del pensamiento andino, lo que hemos denominado (siguiendo a Josef Estermann) la Pachasofía andina. En el cuadro siguiente, tomado de la misma fuente, hacemos un resumen comparativo entre el modelo de desarrollo occidental y el enfoque de dicho modelo de pensamiento andino:

 

 

Las bases sobre las que se asienta este pensamiento sobre el Buen Vivir descansan, como estamos viendo, en un absoluto respeto a la Naturaleza. Por ejemplo, Nina Pacari (otra líder indígena) explica: "Todos los seres de la Naturaleza están investidos de energía que es el Samai, y en consecuencia, son seres que tienen vida: una piedra, un río (agua), la montaña, el sol, las plantas, en fin, todos los seres tienen vida y ellos también disfrutan de una familia, de alegrías y tristezas al igual que el ser humano. Así es como cada uno de estos seres se relacionan entre sí (...) Todo somos parte de un todo; (...) [y a pesar de] ser distintos, somos complementarios, nos necesitamos mutuamente". Y por su parte, Mónica Chuji añade: "El Sumak Kawsay tiene una dimensión filosófico-espiritual y ética porque nace de las más profundas convicciones de vida colectiva basada en una relación inseparable, respetuosa y armónica con la naturaleza; porque en la naturaleza está la fuerza y el sustento de toda creación humana; porque en ella vivimos y de ella dependemos". Por su parte, Eduardo Gudynas, en su artículo "El largo recorrido de los derechos de la naturaleza" (Revista "América Latina en Movimiento", Nº 479, Oct. 2012), nos dice: "¿Cómo entender un bosque? Algunos dirán que es un conjunto de árboles. Otros agregarán que no son solamente árboles, porque también se encuentran helechos, orquídeas, arbustos y muchas otras especies vegetales. Algunos dirán que los animales, sean pequeños como escarabajos o sapos, o grandes, como tapires o jaguares, también son parte de ese ambiente, y que sin ellos no estamos frente a un verdadero bosque. De esta manera un bosque se entiende, e incluso se siente, a partir de la vida que éste cobija. El bosque es ese conjunto de elementos, pero también es más que un simple agregado, e incluso habrá quienes afirmarán que puede expresar sus humores, enojándose o aquietándose. Bajo esta mirada, el bosque tiene atributos propios, que son independientemente de la utilidad o de las opiniones que nosotros, humanos, pudiéramos tener. Es en esta sensibilidad donde se encuentran las raíces de los derechos de la Naturaleza". 

 

Por ello, frente al paradigma de la civilización occidental (industrial, capitalista) que tiene como destino manifiesto dominar a la Naturaleza, para el indígena su destino es cuidar a la Naturaleza como un ente del que forma parte; por eso no debe tomarse de ella más que lo necesario para la subsistencia. El paradigma biocéntrico nos insta igualmente a actuar de la misma forma. Por otra parte, en la tradición indígena el concepto de propiedad sobre la tierra no existe tal como se entiende en las sociedades occidentales. Ellos entienden más bien un derecho de usufructo de la vida que proveen los bosques, los ríos, las montañas o las lagunas. Y este derecho de usufructo (disfrute, albergue) lo gana una comunidad frente a otra, o un pueblo frente a otro, no mediante enfrentamientos, guerras o batallas, sino por el grado de conocimiento y familiaridad que éste tiene sobre los secretos de su territorio. En "El Libro de la Vida de Sarayaku" (ver una referencia a este pueblo indígena en  https://rebelion.org/sarayacu-libertad-tierra-cultura/) podemos leer: "Para nosotros el territorio no es solo el suelo, y menos las riquezas que los occidentales llaman recursos naturales. Desde nuestra visión, fundamentalmente, es un espacio de vida, que lo disfrutamos cuanto más entero se encuentre y menos transformado esté. Por eso no terminamos de comprender la lógica occidental que se expresa en las leyes creadas y que separa como cosas distintas el suelo, el bosque, la fauna, el agua y el subsuelo. Para nosotros el Kaypacha, el Jawapacha y el Ukapacha son una sola unidad, y separarlos es como separar un corazón del cuerpo en que se aloja. La naturaleza y la selva son parte de nosotros mismos, y de alguna forma, son una prolongación de nuestros cuerpos y de nuestros espíritus. La naturaleza, en ese sentido, nos habla y en ese juego de relaciones hemos aprendido mutuamente a convivir con ella y entre nosotros". Básicamente, el gran salto conceptual consiste en pasar desde una ética basada o que gira en torno al hombre (antropocentrismo) a una ética anclada en la vida (biocentrismo).

 

Este salto conceptual no es un ejercicio fácil, pero hemos de poner todo nuestro empeño en él. Nos llevará tiempo, pero hemos de preparar a nuestra mente para asumirlo. Cuanto más profundamente lo asumamos, más fácilmente comprenderemos los fundamentos del nuevo paradigma donde se asienta el Buen Vivir indígena, así como el resto de corrientes de pensamiento occidentales afines a él (decrecimiento, ecología profunda, desarrollo a escala humana, ecofeminismo, ecosocialismo...). Tomaremos como referencia este breve documento de Alfonso Henríquez para la siguiente exposición. Puede considerarse al filósofo noruego Arnold (Arne) Naess como el padre de la disciplina que llamamos Ecología Profunda (por oposición a una ecología superficial que pondría el foco únicamente en la tarea conservacionista de la naturaleza), movimiento filosófico, social y cultural que comenzó a difundirse durante las décadas de los años 60 y 70 del siglo pasado al amparo de la creciente preocupación por la degradación del medio ambiente vinculada cada vez con mayor fuerza a la acción directa del ser humano. En esta época, un profesor de la Universidad de Oslo publica en 1973 un breve pero importante artículo para el movimiento ecologista, titulado "The shallow and the deep, long range ecology movements" (Naess, 1973) en el cual expondrá los principios básicos en torno a los cuales la gran parte de la reflexión posterior sobre la problemática eco-filosófica se construirá. Retomo la explicación de Alfonso Henríquez: "Tradicionalmente la ética se ha centrado en la conducta humana, asignándole al hombre una serie de atributos morales que lo harían el único ser digno de valor por sí. Ahora bien, para esta corriente, la ética tradicional se encuentra atravesada por un profundo antropocentrismo animado por un dualismo fundacional, a saber, la distinción entre el hombre y un entorno que lo rodea, la naturaleza. Esta distinción ha tendido no al equilibrio sino que a la ubicación del hombre en un plano de superioridad en relación al mundo natural, sea éste animado o inanimado, autorizándolo por ello, para su explotación y aprovechamiento. La naturaleza aparece no solo como un conjunto de bienes disponibles, sino que, como un mundo en el que la ética no tiene nada que decir, pues ésta se aplica solo a las conductas humanas". 

 

Y así, reemplazar una ética fundada en lo humano por una ética centrada en la vida (animal o no) implica un replanteamiento de quiénes (qué seres) deberían ser considerados moralmente. En el pensamiento de Arne Naess se percibe la concepción de que el hombre (el ser humano, en general) no se "encuentra" en el entorno, pues la sola palabra "entorno" ya denota una posición de centralidad del ser humano sobre todo aquéllo que lo rodea. Lo que en realidad existe entonces no es una oposición entre estas dos esferas, sino toda una extensa red de relaciones, dependencias e interconexiones, entre las cuales (y gracias a las cuales) se va constituyendo todo individuo, sea de la especie que sea. Este individuo, por tanto, presentará una serie de características propias que solo adquirirán sentido en sus relaciones e interdependencias con los demás individuos (de su especie y de otras) y con lo demás. Para comprender esto en toda su dimensión hemos de despojarnos de toda nuestra herencia cultural occidental, incluyendo, entre otras, la herencia judeocristiana, el cartesianismo, el racionalismo, el newtonismo, y sobre todo, el capitalismo. Partiendo de esta base, para Arne Naess (y otros autores, aunque en grados diversos) existe una especie de "derecho" (palabra que siempre hemos de tomar con cautela) de toda forma de vida sin excepción a prosperar y desarrollar todas sus potencialidades, desde la montaña al hombre, pasando por los bosques, los ríos, los mares, los arbustos, las lagunas, los peces, los tigres...Todos los seres vivientes entrarían a formar parte, en pleno equilibrio y armonía, de esta red de nodos biocéntrica. Justamente en este "derecho a hacerse" de cada entidad, a ser en toda su extensión, a realizar sus potencialidades, es donde Arne Naess reconoce un valor intrínseco. Y así, el verdadero desarrollo de las potencialidades que lleva a la autorrealización implica una apertura hacia la interconexión e identificación que existe entre todo lo vivo, lo cual permite superar el individualismo, y reemplazarlo por el ideal de igualdad de la biosfera, pues el potencial individual no se puede dar aisladamente, sino mediante una conexión con los demás seres. Continuaremos en siguientes entregas.

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9 abril 2020 4 09 /04 /abril /2020 23:00

Necesitamos una escuela laica que eduque sin dogmas, en valores humanistas y universales, en la pluralidad y en el respeto a los derechos humanos, en la asunción de la diferencia y de la diversidad y en los valores éticos, no sexistas y democráticos

Enrique Díez

Nos quedamos exponiendo, en la última entrega, hasta qué punto los libros de texto de nuestros escolares cuentan las bondades del transporte ilimitado y la velocidad como signos de progreso y desarrollo, sin emitir visiones críticas de estos fenómenos de cara a la sostenibilidad de nuestro mundo. Este asunto tiene que ver también con la construcción de las infraestructuras que se hacen hoy día. Y así, las grandes infraestructuras, tan costosas para la salud del planeta, son presentadas como signo inequívoco de progreso, riqueza y modernidad. Se oculta que las grandes infraestructuras arrasan territorios y ecosistemas y expulsan o separan a sus poblaciones. Sus costes van más allá del enorme endeudamiento económico y sus consiguientes exigencias políticas. Alcanzan la extracción de materiales, el consumo de energía, el deterioro del medio natural y las contaminaciones diversas derivadas de su construcción y uso. Se llega a presentar como compatible la defensa del medio ambiente y la construcción de grandes infraestructuras. La asociación entre transporte y comercio se presenta como algo incuestionablemente positivo, aún cuando esta asociación haya significado la destrucción o deterioro de economías pequeñas y formas de producción y distribución menos dañinas para el medio ambiente. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Anaya alaba el sistema actual en los siguientes términos: "Europa dispone de una red de transportes muy densa, imprescindible para realizar el intenso intercambio de mercancías y personas entre los países. (...) El comercio exterior de Europa es el más importante del mundo”. Y de la mano de los medios de transporte y las tecnologías de la información nos llega la veneración incondicional a la velocidad. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest cuenta: "Se construyen aviones cada vez más rápidos y confortables. En nuestros días, estos aparatos, nos trasladan en solo unas horas a lugares situados a miles de kilómetros". Lo peligroso, por tanto, no es contar la realidad del mundo en que vivimos, sino hacerlo de una manera acrítica, que lo único que fomenta es asumir las coordenadas del mundo actual, sin poder ni siquiera imaginar los grandes inconvenientes que poseen. 

 

Por otra parte, la obsolescencia programada, los frenéticos ritmos laborales, la aceleración de productividad agrícola o la comida rápida son formas de velocidad que rompen el ritmo -lento- de la naturaleza y llevan asociadas nuevas enfermedades. Sin embargo, el aumento del riesgo asociado a la velocidad no es visible en los textos. Se cultiva la adoración por la velocidad, la exigencia del ir cada vez más rápido, de alcanzar mayores cotas de distancia en menos tiempo, o de acelerar el ritmo de los procesos y de los ciclos de bienes, productos y servicios. Por ejemplo, el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Oxford afirma: "Ahora las mercancías, las personas, las ideas y las noticias podían ser transportadas con mucha mayor velocidad, rapidez y seguridad" (Obsérvese cómo la velocidad y la seguridad se presentan juntas, cosa que también ocurre en la publicidad de los automóviles). O por ejemplo, el libro de Lengua y Literatura de 1º de Bachillerato Ed. Vicens Vives, como pie de foto de un telégrafo, reseña que "Mientras un satélite de comunicación moderno es capaz de transmitir el contenido de 100 volúmenes de una enciclopedia en un segundo, un operador de Morse sólo puede enviar alrededor de 50 palabras por minuto”. Lo que deberíamos enseñar a los alumnos y alumnas es que los procesos naturales, la evolución de las especies, la formación de bosques, del suelo, de los combustibles fósiles… son el resultado de decenas, cientos o miles de años. La escala de tiempo humana prima la velocidad frente a la escala de tiempo de los ecosistemas. La velocidad no permite la reflexión y dificulta el cuidado y la responsabilidad. La sostenibilidad habrá de ser muy prudente con la velocidad. En última instancia, hemos de enseñar hasta qué punto el ser humano ha violado la escala de tiempos naturales, imponiendo unos ritmos artificiales que impiden la sostenibilidad.

 

Además, la benévola y prometedora imagen de los medios de transporte oculta una larga cadena de externalidades no computadas, que tienen que ver con el proceso de obtención de materias primas, el costoso proceso de fabricación, la envergadura de las infraestructuras que exigen, los costes de su circulación (incluidas las vidas humanas) o los residuos que ocasionan. Sin embargo, no es fácil encontrar en los libros de texto una relación entre el modelo de movilidad y las guerras por la apropiación de los yacimientos de combustible fósil. Así mismo, se omite que el transporte motorizado es el que ha permitido crear las distancias que aparentemente permite salvar. Sin el automóvil sería imposible el actual modelo de urbanismo, de producción y de consumo basado en la distancia y la dispersión, tan costosa desde el punto de vista ecológico. En la ciudad la prioridad al paso veloz del transporte motorizado tiene como consecuencia la expulsión de la población no motorizada (mayores, niños y niñas...) de muchos espacios públicos de encuentro. Sin embargo los textos no visibilizan esta pérdida que tanto afecta al espacio de juego y a la autonomía de quienes los leen (es decir, los propios estudiantes). Para acceder a aquello que necesitamos para vivir podemos aumentar nuestras posibilidades de movilidad o aumentar la cercanía a los recursos. Obviamente la opción sostenible es la creación de cercanía. Sin embargo los libros de texto se inclinan una vez más por proponer salidas individuales y parciales, y ocultar propuestas estructurales. 

 

20.- LAS RELACIONES CENTRO-PERIFERIA DE LA ECONOMÍA MONETARIZADA. Este tema tiene que ver con los conceptos de desarrollo que los libros de texto asumen (también acríticamente), con las asimetrías entre los países del Norte global con respecto a los del Sur global, y en general con todos los desequilibrios existentes entre regiones y zonas del mundo. La mayor parte de las veces este binomio es denominado como países desarrollados y países subdesarrollados (a pesar de la incorrección que supone desde el punto de vista de la sostenibilidad, como ya hemos comentado). El uso de la expresión “relaciones Norte Sur”, (aunque es menos frecuente) esconde la asimetría de los dos polos y tiende a naturalizar un desequilibrio de poder, escondiéndolo detrás de un aparente problema de ubicación geográfica. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives lo resume de la siguiente forma: “Países desarrollados. Son aquellos en los que la población trabajadora se distribuye de la siguiente manera: hasta un 10% en el sector primario, entre un 20 y un 30% en el sector secundario y más de un 50% en el sector terciario. Estos países han alcanzado un gran desarrollo tecnológico, lo que les sirve para obtener una alta productividad y disfrutar de un elevado nivel de bienestar social. Países subdesarrollados. Son aquellos en los que la mayoría de la población trabajadora se dedica al sector primario, un tercio aproximadamente al sector terciario y una mínima parte al secundario”. Sería interesante que los libros explicaran (o los docentes discutieran con sus alumnos/as) qué significa la expresión "han alcanzado" en la exposición anterior (básicamente, a costa de qué han alcanzado dichas posiciones "desarrolladas"). La explotación de recursos lejanos, (esencia de las relaciones Norte Sur) es un acelerador de la insostenibilidad. Los libros de texto ocultan la relación que existe entre mercado, lejanía e impactos ambientales y sociales. Los territorios colonizados por las economías centrales aparecen como los emisores de materias primas, en lugar de mostrarse como territorios a los que se usurpa la riqueza.

 

Y así, se denomina "integración" en el mercado mundial al proceso que posibilita el hurto e impone el intercambio desigual a las economías periféricas. Al hablar de integrar a los países periféricos en la economía capitalista, se oculta la destrucción de sus sistemas económicos. Se habla de división del trabajo a escala mundial en países "productores" de materias primas, y en países productores de productos elaborados y la "necesidad" del "intercambio" entre ellos, sin hacer análisis del proceso por el que se impuso y por el que se mantiene. Los libros de texto utilizan la problematizada terminología “países en vías de desarrollo” que corresponde a una visión homogeneizadora, lineal y etnocéntrica de la historia. Desgraciadamente, no son solo los libros de texto, sino los medios de comunicación los que también utilizan esta incorrecta terminología para referirse a este fenómeno. Los conceptos explotación, deuda ecológica o deuda externa son prácticamente ignorados en los libros de texto y, en caso de ser mencionados, son una mínima explicación políticamente correcta que no permite profundizar en sus causas y en sus protagonistas. En el libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Ed. Akal aparece un gráfico de la deuda de la mayor parte de países del mundo dejando ver que son los países en vías de desarrollo los que más deben. El gráfico ignora (y lleva a engaño) que la mayor deuda del mundo es la de EEUU, que curiosamente no aparece reflejada en el gráfico. Tampoco explican el sentido real de la deuda pública de los países como mecanismo de dominación, ni los casos históricos donde las deudas han sido condonadas en diversos países. No obstante, la Editorial Akal (una de las más críticas de todas las analizadas en el estudio), en su libro de Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato, posee algunos ejemplos críticos, donde aparecen los conceptos de "intercambio desigual", de "expolio de los recursos", y de que "El colonialismo había provocado la desestructuración de las economías autóctonas, lo que provocó fuertes desequilibrios sociales y regionales". Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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7 abril 2020 2 07 /04 /abril /2020 23:00
Fotografía: Paisaje de Gaza después de un bombardeo israelí

Fotografía: Paisaje de Gaza después de un bombardeo israelí

Creo que es importante reconocer que probablemente las tres cosas que caracterizan a Israel y al gobierno israelí son la arrogancia, la brutalidad y la estupidez. Y esos son los tres elementos que guían sus acciones. Arrogancia es pensar que las vidas palestinas no son importantes. Creen que los palestinos no son nada, que es precisamente lo que los regímenes racistas piensan del “otro”. Sobre su brutalidad ya me he manifestado desde el principio y han demostrado una terrible crueldad hacia los palestinos. Y, ¿qué decir de su estupidez? Cuando se les conoce de cerca y entre bastidores, cuando se observan los detalles y su falta de previsión se puede apreciar lo estúpidos que son

Miko Peled (disidente israelí y activista por la paz)

Ya hemos hablado en entregas anteriores, y continuaremos haciéndolo por su importancia, sobre la política de "amistad inquebrantable" entre Estados Unidos e Israel, que posibilita en gran medida el escenario que estamos describiendo en esta serie de artículos. Concretamente, y siguiendo a Jeff Halper en este artículo, las bases de esta política (bajo la actual Administración Trump) se podrían resumir en los siguientes puntos: la estrecha cooperación y coordinación militar entre ambas potencias; la permanente acción de veto estadounidense frente a cualquier resolución de la ONU que perjudique a Israel; la consideración por parte de Estados Unidos de que el movimiento mundial de BDS (Boicot, Desinversión y Sanciones) es inherentemente antisemita y debe ser obstaculizado por todos los medios; el rechazo a la idea de que Israel es una potencia ocupante; la difusión de la idea de que los dirigentes palestinos han liquidado cualquier posibilidad de paz con Israel al educar a generaciones de niños y niñas palestinos/as mediante un programa de odio hacia Israel y los judíos en general, así como a través de la televisión y prensa palestinas, y comunicados religiosos y políticos; la extensión de la idea de que el reconocimiento de los dos Estados es imposible; la cínica extensión de la idea de que Estados Unidos tratará de ser neutral en el conflicto, que apoyará una negociación "libre" entre ambas partes, pero que no ayudará a la instauración de ningún Estado "terrorista"; la ayuda a Israel para defender sus fronteras, y el reconocimiento de Jerusalén como la capital eterna e indivisible del Estado judío, entre otros conceptos. Todo ello, como puede apreciarse, se traduce de facto en un apoyo explícito al apartheid israelí. Bajo el paraguas falso de la "no injerencia", se apoyan los asentamientos israelíes sobre los territorios ocupados, y se hace la vista gorda ante todos los ataques y atropellos que Israel realiza continuamente al pueblo palestino. Bajo estos mimbres, podemos verter elocuentes discursos, pero la realidad quedará inalterable si no los reforzamos a la vez con una política de sanciones contra Israel (de la que Estados Unidos es maestro internacional). 

 

Y de esta manera, Estados Unidos lleva 50 largos años practicando esta política de nula credibilidad hacia el fin del conflicto, de mala fe y de apoyo incondicional, tanto subliminal como de facto, a la potencia ocupante. Ante este panorama tan desolador, es la propia comunidad internacional la que, a través de los oportunos canales, debe actuar de forma decidida a favor de la resolución del conflicto. Porque si no se puede confiar en los gobiernos, se necesita que los ciudadanos del mundo, con su tejido civil, asociativo, organizativo, se opongan a estos crímenes perpetrados contra el pueblo palestino. Solo la sociedad civil puede movilizarse para exigir el respeto al derecho internacional y poner fin a la impunidad continuada de Israel. Palestina no solo sufre bombardeos, expulsiones, torturas, humillaciones, saqueos, crímenes, sino que también sufre complicidad y cinismo, los que practican la comunidad internacional. Europa, como un buen vasallo, continúa de manera sibilina apuntalando al régimen israelí, haciendo un seguidismo pasivo sobre la estrategia agresiva de los Estados Unidos. De manera recurrente, cada cierto tiempo, hemos de asistir por enésima vez a los atroces ataques de Israel sobre Palestina: bombardeos, francotiradores, bloqueo, expulsiones, expolios de tierras, encarcelamientos masivos, desapariciones forzadas, privación de agua, cortes de electricidad, y un largo etcétera de agresiones que el mundo ignora de forma perversa. La siempre genial Cecilia Zamudio explica en este artículo, que tomamos como referencia a continuación: "El Estado de Israel sigue alienando a los niños israelíes desde muy pequeños, les martillea la teoría racista del sionismo desde las escuelas, para convertirlos en futuros soldados de odio y exterminio, legitimadores de la barbarie con enajenantes diatribas supremacistas y religiosas. A los niños israelíes, el Estado sionista les organiza constantes "visitas militares". Incluso los invitan a firmar y dibujar sobre los misiles, a escribir "dedicatorias" sobre las bombas que luego harán volar por los aires a los niños palestinos, a los niños libaneses, descuartizando sus cuerpitos y sus sueños. Esos son los niveles de alienación para sustentar la barbarie".

 

Y continúa: "Al pueblo palestino lo privan de sus tierras, del mar, del acceso al agua potable y al agua para la agricultura, de escuelas y de sanidad; lo encarcelan, lo torturan, lo bombardean, lo desaparecen; le hacen padecer humillaciones cotidianas y explotación aberrante (los capitalistas sacan múltiples provechos de la ocupación colonial, como el acaparamiento de tierras y los seres humanos despojados y desesperados, abocados a padecer esclavitud)". No es tarde para detener esta barbarie, nunca lo es. Pero Europa (sobre todo Europa) debe abandonar su papel intrascendente. ¿Por qué lo mantiene? Porque Israel ha sido una pieza fundamental para la ejecución de las políticas de Occidente en todo Oriente Próximo, para el saqueo de su petróleo y de sus enormes riquezas naturales. El Estado colonial y genocida de Israel es funcional a los intereses de Europa en la región, y está siendo mantenido y apoyado por el gran capital transnacional para posibilitar el saqueo capitalista de toda esta región del planeta. Entonces, si Europa rompe este papel, se irían al garete una infinidad de intereses creados. Durante décadas, la tortura del pueblo palestino alcanza cotas que deberían remover las conciencias de toda la humanidad, si estuviéramos hablando de una humanidad decente. Los dramas humanos palestinos se cuentan por miles, por cientos de miles, por millones. Israel ha desplegado contra la población palestina las más humillantes decisiones, y ejercitado los más terribles tormentos. Está visto y demostrado que las Naciones Unidas han sido absolutamente incapaces de hacer implementar sus decisiones, ante la prepotencia de Estados Unidos. Habría de existir una gigantesca movilización internacional, que denuncie sobre todo las raíces estructurales del genocidio y la manera en que forma parte de la gran trama capitalista, de la barbarie por excelencia, y del saqueo transnacional, habría que denunciar las burguesías que se enriquecen masacrando a los pueblos, los intereses engordados de las grandes corporaciones, y habría que respetar y abandonar la cínica criminalización que se ejerce contra los pueblos que desean ejercer su soberanía y su autodeterminación, liberándose del colonialismo, del imperialismo y de todas las formas de dominación capitalista. 

 

Cecilia Zamudio lo explica de forma brillante. Retomamos sus palabras: "El sionismo es una herramienta fascista del capitalismo transnacional para reprimir, agredir y saquear, no solamente al golpeado pueblo palestino, sino a todos los pueblos de la región. Se cuestiona al sionismo y al gran capital transnacional que lo implementa y lo sostiene como arma (no es cuestión aquí de "los judíos", sino del sionismo: hay incluso algunos judíos que se han opuesto al sionismo y han sido también brutalmente reprimidos por el Estado de Israel). Toda infamia que se tapa con el barniz de "creencias religiosas" tiene raíces económicas, raíces en los intereses de la clase explotadora: la Inquisición, su barbarie y la acumulación de riquezas; el genocidio contra el Abya Yala (América) y el pretexto de "llevar la fe" mientras el colonialismo europeo perpetraba la gigantesca acumulación capitalista originaria, son dos ejemplos de muchos. Aquí se trata también de eso, de masacres y ocupación que inflan los bolsillos de unos cuantos. Se trata del genocidio contra el pueblo palestino que perpetra el capataz del gran capital en la región, es por eso que la complicidad de las potencias imperialistas es constante". Esta es la explicación de la tibieza y el comportamiento turbio de Europa en este ya decano conflicto. De hecho, hoy día el sionismo cuenta con el apoyo de las organizaciones más poderosas del planeta: cuenta con el apoyo de la Banca Mundial sionista, es decir, la Reserva Federal de Washington, así como con el apoyo del Club Bildelberg, el que decide qué países entran a la OTAN, y también por el apoyo de las familias Illuminati, las que también deciden quién permanece en un gobierno o quién se va del poder, o a quién hay que eliminar para que no continúe en el poder. Como vemos, el sionismo está muy bien relacionado. Todos estos siniestros lazos son los que lo aúpan, lo sostienen y lo apoyan. En el colonialismo que el sionismo representa, el más perverso de todos, los ocupados están destinados a ser eliminados, ya sea físicamente o bien mediante expulsiones de sus territorios originales, o a ser desplazados y marginados. Pero todo ello no importa, como decimos, si Israel continúa al servicio de las grandes élites mundiales. 

 

Palestina debe ser descolonizada. Ello no solamente implica el retiro de la potencia ocupante, sino también la resolución de cuestiones afines como son la soberanía, las fronteras, los refugiados, los recursos, y similares. Ello requiere el fin de los derechos de los colonos israelíes y su hegemonía sobre la tierra y los recursos de los palestinos, sobre las fuentes de poder político y económico, sobre la cultura y la narrativa nacionales, y el surgimiento de un sistema de gobierno nuevo, inclusivo y compartido. También exige la restauración de la soberanía de la potencia ocupada, es decir, Palestina. Esto se traduce en la capacidad para definir su propio gobierno, su propio sistema económico y social, y sus propias normas de convivencia. Pero todo ello requiere de un programa detallado de reconstrucción del país de una forma inclusiva. Hay que implementar plenamente el derecho de los refugiados palestinos y sus descendientes a regresar a su tierra natal en condiciones que faciliten su plena reintegración en la sociedad. Hay que restaurar de sus derechos a los expulsados, excluidos y oprimidos, restaurar el derecho sobre sus propiedades, identidades y posición social, seguido de la reconciliación. Hay que establecer una economía inclusiva que ofrezca seguridad financiera, sostenibilidad, recursos energéticos suficientes y estables, empleo significativo para la población y una compensación justa por sus pérdidas y sufrimientos (Verdad, Justicia y Reparación, los tres mandamientos a ejecutar después de todo crimen de lesa humanidad). Hay que romper las relaciones estructurales de dominación, que han sido levantadas durante décadas por Israel con la complicidad de todo Occidente. Israel debe renunciar a sus ambiciones expansionistas, y comprender que el apartheid es política y moralmente inaceptable. Y como esto no va a ocurrir de forma espontánea, es la comunidad internacional la que tiene que forzar esta situación, presionando a la potencia sionista hasta obligarla a comenzar a dar pasos en esta dirección. Vale la pena luchar por ello. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 abril 2020 1 06 /04 /abril /2020 23:00
Viñeta: Luc Descheemaeker

Viñeta: Luc Descheemaeker

Frente al panorama desolador a nivel mundial que ofrece la pandemia del Covid-19, en el caso específico de Estados Unidos, éste sufrirá consecuencias aún más catastróficas. Una realidad que se da a pesar de su enorme riqueza, con sufrimiento de los sectores más pobres de su sociedad, caídas bursátiles como no se veían desde la crisis del subprime y una recesión ad portas como ha declarado la reserva federal. A pesar de esa realidad el gobierno de Trump no cesa en su conducta miserable y sigue presionando y atacando a los países que no ceden ante sus exigencias imperiales. Como el viejo cuento de la rana y el escorpión, el gobierno estadounidense y su naturaleza hostil y abominable, prefiere inocular el veneno que posee y ahogarse en lugar de optar por la colaboración

Pablo Jofré Leal

Al momento de escribir este artículo, Estados Unidos presenta el peor dato, con casi 1.200 personas fallecidas durante las últimas 24 horas debido al coronavirus, una cifra que ningún otro país había alcanzado hasta la fecha. La tensión crece, desde el gobierno federal se deja al libre albedrío de los gobernadores de los respectivos Estados la decisión de confinar a su población, aunque la mayoría de ellos lo está ordenando. Pero además de los casi 250.000 afectados, y subiendo, Washington ha de enfrentarse a otro terrible desafío generado por la pandemia, como es el desempleo masivo de la población. Durante las últimas dos semanas casi 10 millones de estadounidenses solicitaron el subsidio de desempleo, subiendo la tasa oficial desde el 3,5% al 4,4%, de febrero a marzo. El mercado sanitario mundial está también al borde del colapso, ya que reciben solicitudes de compra de todos los países a la vez, pero además de sus respectivos gobiernos, también las reciben de sus regiones, de sus empresas, asociaciones, etc. El mercado capitalista se vuelve loco. El Covid-19 mantiene a medio planeta en estado de confinamiento, y los contagios ya superaron el millón de casos a nivel mundial.

 

Mientras tanto, la Administración Trump ha pasado por varios estadíos hasta reconocer oficialmente la gravedad de la extensión de la pandemia. Al principio el mandatario despreciaba el alcance de la misma, asegurando que todo estaba bajo control, que el virus abandonaría el país “como un milagro”, y que su país no sería afectado por lo que calificaba de forma despectiva como el “virus chino” (a pesar de las advertencias de la OMS en contra de asignar nacionalidad al coronavirus). A los pocos días, ya reconocía que las cosas podrían ponerse peor, que vendrían varias semanas muy duras, y que el virus podría causar la muerte a entre 100.000 y 200.000 estadounidenses. Trump no solo ha tenido que ceder ante los temas de lucha contra la enfermedad, sino también sumarse a la idea de establecer la cuarentena total, que obligue a la población a observar ciertas y estrictas reglas sanitarias. La situación se ha ido desbordando día tras día, hasta llegar a ser el país más afectado a nivel mundial.

 

Pero si la pandemia pone de manifiesto la perversión del capitalismo en su actual fase neoliberal y globalizada, aún resulta más grotesca la reacción que gran parte de la población estadounidense está teniendo frente a la extensión del patógeno por su país. ¿Se mata a un virus con una pistola? ¿Se le destruye con un fusil? ¿Con una bomba de mano? ¿Con un proyectil? No, no se trata de eso, evidentemente. Se trata de la reacción que tienen normalmente los estadounidenses ante cualquier amenaza, ante cualquier peligro, ante cualquier problema. Hemos de partir del análisis de su propia sociedad: como líderes del capitalismo mundial, los Estados Unidos son adalides en implementar todos los valores del neoliberalismo, y como consecuencia, la ausencia de un Sistema Nacional de Salud público, gratuito y universal es una característica de este país. Antes de la aparición de la pandemia, lo más que ha llegado a establecerse que se acerque a dicho modelo fue el Obamacare del ex Presidente Barack Obama, hoy día destruido bajo la Administración de Donald Trump, el magnate devenido en Presidente, uno de los personajes más ignorantes, violentos y despreciables que existen en el mundo.

 

Y así, millones de norteamericanos no poseen ningún sistema de salud público al que acogerse, y han de pagarse sus tratamientos médicos y sus medicinas frente a cualquier adversidad sanitaria que les afecte. Miles de compañías privadas del sector de la salud ofrecen un gran mercado al estadounidense medio, para que mediante sus sistemas de seguros médicos estén mínimamente protegidos ante cualquier contingencia. ¿Pero qué ocurre con las personas que no los poseen, porque no tienen ingresos para poder pagarlos? Pues simplemente, que se quedan fuera del sistema, y ante cualquier enfermedad, tienen que responder a la misma con el pago de las facturas correspondientes, y si no pueden hacerlo, cayendo en la más estrepitosa ruina física y psíquica. Estamos hablando de un prototipo de país absolutamente imbuido en los valores capitalistas, y por tanto, sumamente insolidario, egoísta, despiadado, individualista y que además de ello, se cree líder mundial por gracia divina. Estados Unidos es también el país que alberga un mayor número de milmillonarios, por lo cual la desigualdad es manifiesta, cruel, patética, inmoral y vergonzante. Además de ser paladines de la globalización capitalista, también lo son de la globalización de la angustia y del pánico.

 

Y como este capitalismo cruel y depredador se manifiesta en todo el interior del país con toda su crudeza, tenemos un explosivo puzle social que se configura, entre otras características, por una escasa protección social y una democracia sumamente debilitada (los procesos electorales son tutelados por el establishment del bipartidismo estadounidense y financiados por las grandes fortunas del país), donde existen fuertes intereses contrapuestos de diferencias sociales y un extendido grado de pobreza social y cultural. Este cóctel explosivo es caldo de cultivo para la existencia de individuos/as con ciertas peculiaridades, tales como el sector de los llamados “preparacionistas”, que se dedican a acumular víveres, dinero y armas en su propia casa, para estar “prevenidos” ante un supuesto caos económico y social en el país. La crisis sanitaria sobrevenida por la pandemia del Covid-19 puede desatar ambos tipos de crisis, y de ahí la paradoja de que cierto grupo de población, realmente muy numeroso, se haya armado hasta los dientes, de que la venta de armas se haya disparado en el país, y de que este sector comercial haya sido declarado como “esencial” dentro de la escala de sectores que pueden o no parar su producción y su actividad laboral ante el confinamiento de la población.

 

Bajo este clima de caos y alarma social se fomenta la visión de los “odiadores” del mundo, como un grado superlativo de su sentido de egoísmo e individualización. Muchos analistas explican este fenómeno de la sociedad estadounidense en el sentido de ser una sociedad que se ha creado a sí misma (tras el expolio y el saqueo de los pueblos primitivos), una sociedad que conoce su poder en el mundo, y por tanto, una sociedad que posee mucho miedo (está extendida la opinión de que “a mucha gente le gustaría ver a este país destruido”). En este contexto, la posesión de armas de fuego es algo normal en las casas de los norteamericanos, cuyos Estados prohíben por ejemplo fumar de una forma más exigente que nosotros, pero en cambio permiten la venta y posesión de armas de fuego, sin apenas realizar un control psicológico sobre las personas que las poseen. Con una Asociación Nacional del Rifle como una de las instituciones más prestigiosas del país, muchos usuarios de armas se molestan incluso porque dicen que “los meten en el mismo saco” que aquellos ciudadanos que provocan las matanzas. Pero una cosa está clara: los que no posean armas no podrán provocar matanzas indiscriminadas con la envergadura de las que allí se cometen. En resumidas cuentas, comprar y poseer armas de fuego es allí algo natural, estando completamente bien visto, justificado y normalizado.

 

La psicosis estadounidense está servida, y llega a extremos tan patéticos como el hecho de llevar chalecos antibalas, de forma constante, durante la vida cotidiana de la gente. Todo un despropósito, fiel testigo de un modelo de sociedad completamente decadente. Bajo sus mimbres rancios y profundamente conservadores, su visión del mundo, de las desigualdades y de la justicia social es muy estrecha, y justifican una política (véase la del actual mandatario, Donald Trump) que desprecia a los ciudadanos desde las instancias públicas, una política que los hace responsables de su destino, que les echa la culpa de su éxito o de su fracaso, que les provoca una conciencia de ser ellos/as mismos/as los responsables de todo lo que alcanzan en la vida. Una cultura 100% materialista, 100% consumista, 100% capitalista. Como adalid fundamental de esta filosofía tenemos al Partido Republicano (y sus extremas derechas asociadas, como la alt-right), que siempre desean endurecer todavía más estas condiciones de vida, argumentando cínicamente que eso está en su ADN, en su tradición, en las propias entrañas del pueblo norteamericano. Y volvemos al inicio del artículo: más de 50 millones de estadounidenses carecen de cualquier tipo de atención médica, y los que están asegurados, a menudo disfrutan de un acceso muy limitado a los servicios de salud. Todo ello favorece un clima social con una clase trabajadora desnuda, caótica y con casi nula conciencia de clase, una clase obrera que incluso asume y justifica la necesidad de su propia desprotección social.

 

Es entonces muy evidente que para que los estadounidenses dejen de comprar armas ante cualquier conato de alarma o estallido social a la vista, procedente de cualquier tipo de crisis, los valores de la sociedad norteamericana deben cambiar. En ese sentido, una política más social, más integradora, más justa y protectora, una política pensada para las personas y no para el dinero y las grandes corporaciones transnacionales, podría ir a la raíz de la causa misma del problema. Anular esa ideología insensible y excluyente, que legitima las desigualdades, que desprecia lo comunitario, que responsabiliza en primer lugar al propio ciudadano/a de su protección social, de su éxito laboral y familiar, donde se les insta a salir adelante únicamente por sus propios medios, donde se les educa para creer que no tienen que culpar a nadie (y menos al Estado) de sus miedos, problemas y fracasos, más que a ellos mismos, sería proporcionar un auténtico cambio en la mentalidad estadounidense, en sus modos y estilos de vida, prepotentes y obsoletos.

 

¿Qué lleva entonces a comprar armas a los ciudadanos estadounidenses? Tantos millones de personas acorraladas, sumidas en un estado de desesperación por la crisis sanitaria, en el fondo lo que estamos observando es una reacción de lucha o huida hacia adelante en el plano social, como un último resquicio de supervivencia, o quizá más bien de autodefensa frente a este sistema aniquilador, frente a este capitalismo que es más peligroso que mil virus. Dicho estado de desesperación tiene su expresión más cruda en este acto de adquirir un arma, una pistola, como defensa frente al caos social que pueda avecinarse, como preparándose para un escenario de actos de violencia masiva, como un ataque frontal hacia el propio sistema, antes de llegar a la autodestrucción. En el fondo, por tanto, el retrato atroz de estos actos, su motivación última, es un reflejo de la propia decadencia del sistema social norteamericano, un retrato de su propia involución social, y un espejo de su caótica moral.

 

Mientras los estadounidenses no entiendan esto, seguirán siendo víctimas de sus propios actos, de su propia barbarie. Incluso un progreso significativo sobre la política de control de armas no será suficiente para acabar con esta deriva destructora. Los cimientos del capitalismo y del propio imperialismo norteamericano son los que deben ser destruidos. ¿Qué vamos a esperar de un país cuyo mandatario, en plena pandemia mundial, y con todos los organismos internacionales pidiendo un alto el fuego internacional y el levantamiento de las sanciones, continúa bloqueando a países como Cuba, Irán o Venezuela? Sólo una administración delictiva puede ordenar y mantener comportamientos tan criminales, bajo los efectos de una pandemia que además está generando una grave recesión económica mundial. En estas condiciones, mantener las sanciones a estos países implica impedirles combatir los efectos de la pandemia, ya que el bloqueo afecta al flujo de medicamentos, al equipamiento sanitario e incluso a la posible financiación a través de organismos internacionales como el FMI.

 

¿Qué se puede esperar de un país que no negocia ni dialoga, que solo quiere imponer su política y sus decisiones al resto, que abandona unilateralmente tratados y acuerdos, y cuya práctica constante es la de sancionar, embargar, bloquear, amenazar, chantajear, a los países que se enfrenten a sus designios? Es lógico pensar que un país que no atiende siquiera a las mínimas razones humanitarias en el resto del mundo, también sufre el infierno en su interior. Es lógico que un país cuyo gobierno no valora la vida de millones de personas de otros países, ni le importa nada la salud pública mundial, también sufra en su interior la desvaloración de las vidas de sus ciudadanos. También es lógico pensar que si un país, como es Estados Unidos, viola continua y flagrantemente los derechos humanos de países extranjeros, también le importarán bien poco sus propios ciudadanos. Todo ello es caldo de cultivo para las armas, el terror, la violencia y la barbarie de la que Estados Unidos es líder mundial.

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