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12 octubre 2015 1 12 /10 /octubre /2015 23:00

Si el Caballo de Troya fue la estratagema con la que los aqueos pudieron penetrar en Troya para destruirla, el TTIP es el ardid con el que las grandes corporaciones transnacionales quieren demoler los derechos ambientales, laborales y sociales de los ciudadanos de la UE y de los mismos EE.UU.

Francisco Morote

Detengámonos un poco más en el perverso mecanismo del ISDS, ya mencionado en anteriores entregas, basándonos en este magnífico artículo de Gladys Martínez. En esencia, se trata de un mecanismo que permite a las multinacionales denunciar a los Estados cuando supuestamente sus leyes les perjudican. No es un invento nuevo, ya que se encuentra ya reflejado actualmente en más de 3.000 acuerdos comerciales y tratados similares. El ISDS (solución de controversias inversor-Estado, por sus siglas en inglés) es un perverso mecanismo de arbitraje presente en los tratados bilaterales de inversión (TBI) y en muchos tratados de libre comercio (TLC) que permite a los inversores extranjeros denunciar a cualquier Estado ante un tribunal privado de arbitraje cuando entienda que algunos de sus "derechos" ha sido vulnerado, típicamente por el cambio de legislación que afecte a sus beneficios presentes o futuros. Este mecanismo también está previsto en el CETA (Tratado de Libre Comercio entre UE y Canadá), igualmente pendiente de aprobación por el Parlamento Europeo. 

 

Como nos cuenta Gladys Martínez en el referido artículo, "desde que en 1959 Alemania firmara el primer TBI con Pakistán, éstos se han ido multiplicando, principalmente a partir de los años 90, al calor de la expansión de las políticas neoliberales, hasta alcanzar los 2.811 actuales. Todos ellos incluyen el ISDS, que empezó a incorporarse también en muchos TLC a partir del NAFTA, firmado entre EE.UU., Canadá y México en 1994. Y fue precisamente a partir de la aplicación del NAFTA cuando se disparó el uso de los ISDS por parte de los inversores. Si en 1997 había 19 casos conocidos de denuncias, hoy se acercan a los 600". Evidentemente, el ISDS implementa un sistema de arbitraje absolutamente opaco, y exento del control ciudadano. Y como ya hemos comentado, siempre es un mecanismo unidireccional, pensado para que únicamente sea la empresa la que pueda denunciar al Estado, pero no al contrario. Es decir, que aunque estas corporaciones hayan ignorado la legislación local de un país, o hayan violado las normas fundamentales sobre legislación laboral, ambiental o sobre derechos humanos, no pueden ser denunciadas por esta vía. Se cita el ejemplo de Eslovaquia, un pequeño país que se vio obligado a pagar a la empresa aseguradora holandesa Achmea 29,5 millones de euros, el equivalente a todo su presupuesto para sanidad pública, cuando el nuevo gobierno electo decidió revertir el proceso de privatización de su sistema sanitario. 

 

Actualmente, Egipto espera la sentencia arbitral después de que la empresa Veolia denunciara a dicho país en 2013 por sentirse perjudicada por el aumento del salario mínimo. Todo un absoluto despropósito, que deja a la democracia en absoluto desamparo frente a la tiranía de las transnacionales. En esencia, este mecanismo invade los principios del Derecho Internacional Público y Privado, superponiendo un derecho corporativo que funciona en interés exclusivo del gran capital transnacional. Llegaremos así a la patética situación donde los Estados habrán perdido totalmente su poder de decisión sobre las políticas nacionales, y no podrán adoptar medidas legislativas sobre ciertos asuntos de vital importancia, porque entonces los inversores podrán reclamar indemnizaciones. El ISDS se convierte así en una herramienta de chantaje muy potente contra toda posible regulación, que ata de pies y manos la posible implementación de medidas que cualquier gobierno democrático, en el legítimo ejercicio de sus funciones, pudiese tomar. Ni que decir tiene que los ISDS tienen un sesgo total a favor de las empresas, al ser privados, no estar sujetos a ningún control democrático, y no existir la posibilidad de apelación a sus decisiones. Según Luis Rico, el tribunal más importante de este tipo, al que recurren actualmente la mayoría de las multinacionales, es el llamado CIADI, y depende del Banco Mundial, uno de los organismos internacionales, junto al FMI, vigilantes del más estricto cumplimiento del orden mundial neoliberal.

 

Luis Rico, Coordinador del Proyecto de Tratados e Inversiones de Ecologistas en Acción, explica la dinámica de los ISDS en los siguientes términos: "Los árbitros pertenecen a una camarilla de diez bufetes, y pueden actuar a veces como consejeros de multinacionales, otras como fiscales, otras como árbitros..., pueden ser jueces y parte. Además, no tienen ingresos fijos como jueces, sino que ganan por el número de casos, unos mil euros la hora, así es que están interesados en que haya muchos casos, y para que haya muchos casos los inversores tienen que tener muchas expectativas de ganar". Si reflexionamos profundamente sobre todo ello, obtendremos la semblanza del más patético y corrupto capitalismo de nuestros días. El montaje de estos juicios resulta muy costoso, del orden de unos 8 millones de euros, y el dinero gastado por el Estado en su propia defensa ante estos buitres empresariales no puede ser recuperado. Algunos países latinoamericanos se han negado a pagar las tremendas cantidades a los que el CIADI les condenaba, incluso lo han abandonado, negándose a renovar sus tratados bilaterales de inversiones. Argentina, Sudáfrica o Indonesia se encuentran en esta situación. 

 

En resumidas cuentas, y si el mecanismo del ISDS se incluye finalmente en el TTIP, y éste se ratifica por el Parlamento Europeo (la Comisaria de Comercio de la UE, Cecilia Malmström, no quiere que la aprobación del mismo tenga que pasar por los parlamentos nacionales de cada país miembro), cualquier medida o política que intente poner recursos al servicio de las mayorías sociales se expondrá a posibles denuncias de las multinacionales implicadas. Lo que se persigue básicamente es el siguiente escalón al que tenemos actualmente: no sólo que los servicios públicos que se prestan pasen a ser gestionados por manos privadas, sino que la situación no pueda ser revertida por futuros gobiernos. Es un secuestro total de la democracia. Un cheque en blanco para el poder corporativo. En definitiva, el TTIP supone el escalón definitivo, la mayor envergadura, la expresión suprema bajo la que puede mostrarse la lucha de clases. No podemos permitirlo. Si este tratado y todos los demás similares que se están negociando (TPP, TISA, etc.) son finalmente aprobados, será muy difícil conseguir la reversión de sus diabólicas cláusulas. Los gobiernos no podrán recuperar los servicios externalizados o privatizados, aunque sean un desastre, y sus gastos exhorbitantes, además de que representen una absoluta mercantilización de los derechos humanos. 

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11 octubre 2015 7 11 /10 /octubre /2015 23:00

El problema de la deuda es una especie de espiral infinita, pues para impedir la quiebra de la economía se acude a nuevos rescates financieros, cuyos intereses se suman a la deuda ya existente, deuda que tiene que pagar el Estado, es decir, la gente. Sin duda, la deuda funciona como un eficaz instrumento de chantaje político: tu economía se está hundiendo y estás en peligro de dejar de ser solvente. Te puedo prestar dinero para salvar tu sistema financiero, pero a cambio tienes que hacer lo que yo te ordene, con independencia de lo que quieran tus electores

Clara Serrrano

Continuando con la magnífica exposición de Francisco Vidal, a la cual remito a los lectores, el autor hace una perfecta explicación del motivo histórico para la acuñación de las monedas, la asimilación de éstas como deuda pública, los motivos para la caída del patrón oro, y la explicación sobre la "confianza" de los mercados entre diferentes países. Desde los pagos en especie de la época feudal, los impuestos y diezmos que se cobraban a la población, los impuestos especiales en épocas de guerras, el expolio que realizaron los grandes Imperios de la Historia en base a este sistema, la creación de los primeros Bancos Centrales, y el origen de las primeras deudas de la era capitalista. Y por supuesto, en la punta de lanza del sistema actual, cómo no, los Estados Unidos de América. Ellos han mantenido un elevado nivel de prosperidad basado en la fuerza de su moneda, y ésta a su vez basada en un inmenso aparato de apropiación, violencia y saqueo. De ahí que el hecho de que USA tenga una deuda pública del 105% del PIB parece irrelevante, mientras que otros países tengan un 80% parece desastroso. 

 

Bien, vamos a continuación a deshacer el falso mito de que "las deudas hay que pagarlas", y de que cualqueir otra actitud es irresponsable y suicida. El pensamiento dominante lo repite como un dogma universal, pero se trata, como siempre, de otra falacia que hay que desmontar. De hecho, y siguiendo de nuevo a Francisco Vidal, el primer país que se negó a pagar sus deudas fue Estados Unidos. Corría el año de 1852 cuando los ciudadanos del Estado de Louisiana decidieron en referéndum suspender definitivamente el pago de su deuda estatal constituida principalmente por bonos a 50 años de titularidad británica. Cuarenta años después los acreedores reclamaron el pago de dicha deuda, pero el Gobierno Federal confirmó que no podía contravenir una decisión tomada democráticamente por el pueblo norteamericano. El segundo país que se negó a pagar sus deudas fue Rusia tras la Revolución Bolchevique de 1917, anunciando que no pagaría las deudas contraídas por el Zar Nicolás II. El tercero fue Alemania, tras haber pagado sólo una pequeña parte de las inmensas reparaciones a las que estaba obligada tras la Primera Guerra Mundial. Y también, en 1919, el Tratado de Versalles anuló la deuda reclamada por Alemania a Polonia. 

 

Pero tenemos más antecedentes ocurridos durante el siglo pasado. En 1922, Costa Rica denunció los contratos aprobados por el General (golpista) Federico Tinoco y la deuda contraída como consecuencia de los mismos. La Corte Suprema de Estados Unidos, que ejercía de árbitro en tal conflicto, invalidó dichos contratos. En 1991, tras la llegada de Lech Walesa al Gobierno (en 1990), los acreedores de Polonia acordaron realizar una reducción del 50% de su deuda. Más recientemente, en 2008, Ecuador suspendió el pago de parte de su deuda. Y ese mismo año, Islandia rechazó pagar a Gran Bretaña y a Holanda por la deuda contraída por el banco privado Landshanki. Y aún podríamos señalar más precedentes, pero lo dejaremos aquí. En nuestro continente, en 1998 fue establecido el Banco Central Europeo, institución de carácter "independiente" (eufemismo utilizado para señalar que no se somete a ningún poder democrático) que actúa desde entonces como un lobby de la banca privada, y en el que quedaba centralizada la política monetaria de 19 (por aquél entonces) países de la UE. En 2002 se puso en circulación una nueva moneda, el euro, pero se hizo de forma desequilibrada e irracional. Porque en general, no es conveniente que dos o más países compartan moneda si sus ciclos económicos no están perfectamente sincronizados, ya que en un determinado momento, uno podría necesitar una política contractiva de tipos altos de interés para frenar la inflación, y otros podrían necesitar una política opuesta. 

 

Y esto es justamente lo que ocurrió en la Unión Europea. Se diseñó una moneda única, pero no una moneda común. Los cimientos de la Unión capitalista y neoliberal de Europa se forjaron desoyendo todos los mínimos consejos de una integración económica (y mucho menos política), y cuando el euro entró en vigor, el BCE estableció un tipo de interés bajo para sacar a Alemania de un momento de apuros económicos. No obstante, en España este dinero barato alimentó aún más el despegue de un sobrecalentado mercado inmobiliario. Y por si esto fuera poco, la moneda única permitió que Alemania explotara su elevada productividad a expensas de los demás, inundando los países periféricos de la zona euro con productos de alto valor añadido, pero baratos en comparación con los de la producción local. De esta forma, países como Grecia, Portugal, España, etc., periféricos y del sur europeo, los llamados PIGS (por sus iniciales en inglés), no podían competir con la producción alemana de este tipo de artículos, tan intensa en capital, ni con la producción asiática, tan intensa en mano de obra. Incapaces también de protegerse devaluando su propia moneda por la presencia del euro, procedieron a una devaluación de la fuerza de trabajo, esto es, entraron en una peligrosa espiral de salarios bajos, desempleo, migración, crisis económica y deuda insostenible. 

 

Parece que vamos teniendo muchas pistas para desmontar la tremenda falacia que asegura que "las deudas hay que pagarlas" (aunque todavía lo veremos más claro en siguientes artículos). Detras de esta aparentemente "lógica y responsable" afirmación, "sensata y razonable" (que diría Rajoy), se esconde una mezquina mentira vertida para soslayar el hecho de que existe una relación de fuerza o confianza entre deudores y acreedores que inclina la balanza en favor de unos u otros. Los mismos defensores a ultranza de este gran dogma neoliberal suelen poner en juego una perversa contabilidad en la que las deudas que las recientes democracias heredan de sus anteriores dictadores deben pagarse, y también deben pagarse, por ejemplo, las deudas procedentes del rescate a las entidades financieras que habían quebrado por las prácticas especulativas de sus directivos. Pero en cambio, los inmensos daños medioambientales perpetrados por las actividades del capital extranjero en países del Tercer Mundo, no constituyen ninguna deuda. Ni son deuda las promesas electorales que los políticos hacen a los ciudadanos que los eligen, los obedecen y los financian con sus impuestos. ¿Deben pagarse todas las deudas? Como indica Francisco Vidal, más bien debiéramos comenzar por preguntarnos: ¿quién debe a quién? Continuaremos en siguientes entregas.

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8 octubre 2015 4 08 /10 /octubre /2015 23:00

Y aún en nuestra vida cotidiana, además de todo lo ya referido en anteriores artículos de la serie, observamos gestos y hechos que asumimos como normales, pero que no deberían serlo bajo un Estado laico. Por ejemplo, a cada presentación anual de su Memoria de Actividades, la Conferencia Episcopal no sólo convoca a los medios de comunicación de su propiedad, más o menos locales, sino a todos los medios de comunicación públicos y privados de ámbito estatal y mayoritario, aprovechando para difundir su semblanza de la situación social y política del momento, lo cual es complementado por las típicas preguntas de los periodistas presentes en el acto. Dicha Memoria, por supuesto, y a la luz de lo que hemos venido contando, no puede entenderse en ningún caso como una completa auditoría contable de la jerarquía católica y de los bienes y recursos de la Iglesia, sino simplemente como el resultado de la información que la propia Iglesia quiere publicar. Ni incluso bajo la posibilidad de que dicha Memoria haya sido encargada a empresas consultoras externas, como ocurre actualmente. 

 

Y las cuentas no cuadran con una Institución que, si obedece al Papa Francisco, debería estar pensada y entregada a los pobres. Porque, según la Memoria Anual de 2013, cuyos datos tomamos para estos comentarios, los recursos económicos obtenidos por la Iglesia se dedican a pagar los sueldos de los sacerdotes, la seguridad social del clero (16,3 Mill.€), los emolumentos de los obispos y el funcionamiento de la Conferencia Episcopal (4,7 Mill.), el IVA de la rehabilitación de templos (4,8 Mill.), el mantenimiento de centros de formación o Facultades eclesiásticas (5,7 Mill.), o las campañas de agitación y propaganda (4 Mill.). A la "función social" de la Iglesia sólo se dedica la aportación a Cáritas (6 Mill.), lo que supone sólo el 2,4% de todos los recursos obtenidos por la vía del IRPF. No obstante y afortunadamente (en contra de lo que la propia Iglesia afirma en sus Memorias), el número de declaraciones "a favor" de la "X" a la Iglesia Católica va disminuyendo paulatinamente de un año a otro. Durante la última década, en torno al 66% de los declarantes omite la famosa "X" a la aportación de la Iglesia. Y un dato curioso: 5,9 Mill€ son para aportación de capital para la cadena 13TV, dedicada a proclamar soflamas y todo tipo de campañas de desprestigio para las formaciones políticas con ideario de izquierdas. No podía ser de otra manera, con lo cual, si nos quedaba alguna duda, el círculo se cierra. 

 

Y es que, ahora como ayer, la función de la Iglesia no es sólo mantener una extensa y profunda red de sacerdotes y religiosos cuya estructura pueda garantizar la difusión de su particular moral e ideología ("la doctrina de la fe", según ellos la llaman), sino además, como principales actores vehiculares del pensamiento dominante, garantizar la presión y el control político y moral sobre el mayor porcentaje posible del conjunto de la ciudadanía. Ya no tenemos, como en el pasado, Obispos, Cardenales y Papas que se codeen de tú a tú con Reyes y Príncipes (entre otras cosas, porque van quedando cada vez menos Reyes y Príncipes), pero tenemos Obispos, Cardenales y Papas que se alinean con las directrices de la derecha más abyecta y retrógrada, y cuyo reaccionario pensamiento se encargan muy bien de difundir. Y para eso, claro está, también necesitan sus propios recursos, obtenidos del Estado. Hoy día, con el panorama actual de los medios de comunicación, la Iglesia influye en la conciencia ciudadana desde sus púlpitos, desde sus Universidades, desde sus periódicos, desde sus cadenas de radio y televisión, desde sus aulas, desde sus editoriales, desde la caverna mediática cómplice con las doctrinas católicas, desde sus confesionarios, y mediante sus campañas de proselitismo, agitación y propaganda. Y todo ello, socialmente aceptado, legitimado y apoyado desde las más altas instancias políticas e institucionales.

 

Sin ir más lejos, ante la celebración de las recientes Elecciones catalanas, y ante el "desafío" soberanista (que era, únicamente, el reclamo del derecho de autodeterminación y de una plena democracia) planteado por algunas fuerzas políticas, el Cardenal Cañizares, Arzobispo de Valencia, convocó "una vigilia por la unidad de España", con motivo de la apertura del curso en la Universidad CEU-Cardenal Herrera. El Cardenal hizo pública una Carta Pastoral en la que llamaba a "orar por este motivo". Sin más comentarios. Otro dato que la Memoria de la Conferencia Episcopal revela, y que viene siendo bastante polémico, es la cifra relativa a la cantidad de personas que en nuestro país asisten a misa de forma regular. La Memoria de 2013 habla de 10 millones de personas, pero no se indica nada acerca de los métodos de obtención o estimación de este dato, y la consultora autora del informe (PWC) no proporciona ninguna referencia, con lo cual hemos de concluir que dicha cifra se obtiene por arte de magia, o por acto de fe. Ignoramos qué procedimientos de comprobación u obtención de evidencias suficientes soporta esta información. También se detallan la cantidad de bautizos celebrados, que desciende en un 5,5%, y desde 2010 acumula una bajada del 27%. Estos datos también pueden ser extrapolados a la celebración de matrimonios eclesiásticos, y algunas otras celebraciones (comuniones, etc.) que vienen registrando datos decrecientes desde hace algunos años. 

 

Pero el caso de los bautizos es bastante particular, porque como argumenta Enrique Ruiz del Rosal, miembro de la Junta Directiva de Europa Laica y autor de la crónica a esta Memoria Anual de 2013 de la Conferencia Episcopal que estamos recogiendo para la presente entrega: "¿Pueden imaginarse a un recién nacido al que sus padres, por afinidad ideológica, afiliaran al PSOE, le hicieran el carné del PC, lo apuntaran al PP o lo hicieran socio de una organización atea? Sin duda sería un acto brutal, pero sobre todo, estúpido. Pues estos actos son de la misma naturaleza (atentados a la libertad de conciencia individual, y por tanto, anticonstitucionales) que el "bautizo en la fe católica". Y esta situación se produce ante la aquiescencia de los tres poderes básicos del Estado: el Parlamento, el Gobierno y la Judicatura". Perfectamente de acuerdo, aunque también hay que señalar que el bautizo no es el único acto de esta naturaleza que se practica por los padres a sus retoños, ya que también son frecuentes, en esta alienada y alienante sociedad en que vivimos, los actos de registrar a los bebés como socios en determinadas Cofradías de Semana Santa, o bien, darlos de alta en la afición a determinados Clubes de Fútbol. Y además, los padres que practican estos aberrantes actos suelen estar bastante orgullosos de ello. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 octubre 2015 3 07 /10 /octubre /2015 23:00

La legalidad española puede y debe ser desobedecida

Antonio Baños, Candidato de la CUP

He de confesar que siento cierto grado de envidia sana hacia los catalanes. Pero no porque ellos tengan, entre otras muchas cosas, la Sagrada Familia, El Paralelo, la Sala Bagdad, El Molino, el Puerto Deportivo de Barcelona, las Ramblas, la Sardana, el Pan Tumaca o la butifarra. Es porque tienen a la CUP. Qué suerte tienen los catalanes, por el simple hecho de disponer de una fuerza política como la CUP, ausente del escenario nacional, con la falta que haría en dicho escenario...No han gobernado nunca a nivel autonómico (aunque sí a nivel local), pero por lo que proclaman (y lo hacen, además, abiertamente, sin ningún tipo de complejo), resultan ser, ahora mismo, y en todo el arco parlamentario de nuestro país a todos los niveles (Gobierno central, autonómicos y locales), la única (insisto, única) fuerza política que puede adscribirse de forma inequívoca a la auténtica izquierda transformadora. Quizás por ello, en la misma noche electoral, cuando el candidato Antonio Baños se expresaba tal y como hemos destacado en la cita, Hermann Tertsch, una de las caras habituales de TeleMadrid, típico símbolo de la caverna mediática antediluviana, pedía el ingreso en prisión de Antonio Baños. 

 

¿Pero quiénes son las CUP? Pues la Candidatura de Unidad Popular (en referencia a la alianza de izquierdas chilena encabezada por Salvador Allende) es una formación política catalana de izquierdas (esta vez sí), independentista (nadie es perfecto), que apuesta por la democracia participativa, la igualdad social, las políticas de desarrollo sostenible, así como la promoción del tejido asociativo y de la sociedad civil. Se fundan en 1986, y hoy día tienen representación en Cataluña, la Comunidad Valenciana y las Islas Baleares. Defienden el socialismo, el anticapitalismo, el feminismo, la democracia directa y participativa, el ecologismo y el euroescepticismo, con más razón que un santo (aunque no sean religiosos). Por supuesto, apuestan por el derecho a la autodeterminación de todos los pueblos, la defensa de los derechos de las clases populares, la redistribución justa de la riqueza, la lucha contra el paro y la precariedad, la defensa de los servicios públicos, el establecimiento de mecanismos de control popular de la economía, así como el despliegue de políticas efectivas que garanticen la igualdad de género. Se manifiestan contra las agresiones ecológicas y urbanísticas, y defienden un desarrollo realmente sostenible, y el refuerzo del tejido cultural de raíz popular. En la CUP también participan otras organizaciones de izquierda no independentistas, tales como En Lucha, Corriente Roja o Lucha Internacionalista

 

Y es que la CUP es mucha CUP. No sólo es que sus postulados políticos y sus programas electorales lo recojan claramente, sino que sus dirigentes lo corroboran en cada oportunidad que tienen, en sus mítines y en sus entrevistas. Son los únicos que se atreven a levantar la voz para clamarlos bien alto para todos los que quieran escucharlos, que es lo mismo que decir para todos los que quieran un verdadero cambio político en nuestro país. Ni Izquierda Unida, ni EQUO, ni Compromís, ni Podemos. Hoy día, sólo la CUP encarna el auténtico espíritu de la izquierda transformadora, que entiende que la vía reformista es absolutamente inútil, y sólo conduce al fracaso y a la desintegración de la propia izquierda. Qué lástima que no tengamos una CUP nacional, además de una CUP andaluza, otra gallega, otra aragonesa, otra murciana, otra madrileña, etc. Y así, apuestan claramente por la salida del euro y de la propia Unión Europea, pues entienden, como es palpable y notorio, que el corsé al que nos somete la moneda única y los Tratados de la Unión consagran el modelo neoliberal, e impiden de facto siquiera la implementación de políticas que vayan relajando la mal llamada "austeridad". 

 

Porque en efecto, en medio de tanto partido, coalición o similar de corte neoliberal, de "centro-izquierda", de pseudoizquierda, de izquieda "reformista", socialdemócrata y mil variantes más, pro austeridad o cómplices con ella, o cómplices con los que quieren gestionarla "desde la izquierda", o pro OTAN, o pro Unión Europea, o pro Troika, etc., la CUP emerge como un soplo de aire fresco y auténtico, de aire renovador, marcando distancia entre tanta formación política "sensata" y "razonable". Parece ser que no se enteran de que lo que las clases populares necesitamos no son políticas sensatas ni razonables, sino políticas de clase, radicales, que defiendan de una vez por todas nuestros intereses ante el gran capital, y que se enfrenten sin paños calientes a los grandes agentes de los poderes fácticos que nos gobiernan. Ante todo ello, la CUP no suele andarse por las ramas, y no cultiva la indefinición ideológica, ni las ambigüedades calculadas ante los temas importantes, como hacen otras fuerzas políticas. Llama al pan, pan, y al vino, vino. Y tal y como está el patio político últimamente, esto es de bastante agradecer. Sus propuestas antiimperialistas, por la República (en este caso, República catalana, pero República al fin y al cabo), por la salida de la OTAN, del euro y de la Unión Europea, nos suenan a muchos a auténtica música celestial ante el infernal ruido y confusión ideológica que nos rodea. 

 

Y lo que es más importante de todo, la CUP es la única fuerza política que declara sin ambages y sin complejos que debemos iniciar progresivamente políticas encaminadas a superar el capitalismo, llamando a las cosas por su nombre, detectando y atacando la auténtica raíz de todos los problemas y males que nos aquejan en nuestro mundo, y confirmando sin ambigüedades su clara intención de desarrollar políticas y medidas anticapitalistas. ¡Ahí es nada! Frente a ello, tenemos por ejemplo las vergonzantes declaraciones de Pedro Sánchez, líder de un partido que se autodenomina "socialista", llamando al orden para que las fuerzas de Junts Pel Sí, la coalición ganadora de las recién celebradas elecciones catalanas, no entreguen el poder y la gobernabilidad de Cataluña a "un partido antisistema", en clara referencia a la CUP. La conclusión está clara: ninguna otra fuerza política actual se atreve a hablar con la claridad y valentía con la que lo hace la CUP, así que, para las próximas Elecciones Generales de diciembre próximo, nos vendría muy bien que existiera una CUP a nivel de todo el Estado...¿la tendremos alguna vez? Mientras tanto...¡VIVAN LAS CUP!

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6 octubre 2015 2 06 /10 /octubre /2015 23:00

El pueblo español tiene que tomar conciencia de los riesgos a los que conduce esta escalada de intervenciones militares, que no responden a amenaza alguna a su seguridad. Únicamente la expresión contundente y decidida de sus ciudadanos contra la presencia en España de unidades de los Estados Unidos y contra la participación de España en la OTAN podrá detener esta alocada carrera

Manuel Pardo de Donlebún, Capitán de Navío de la Armada en la Reserva

La guerra global se ha desatado, aunque su existencia pase desapercibida entre los medios de comunicación de masas, que muestran sus diferentes episodios como sucesos inconexos cuya culpabilidad corresponde siempre a otros. La disponibilidad de ejércitos profesionales, a los que se paga para mantener el ruido alejado de nuestros hogares, permite a las sociedades de las potencias centrales seguir ignorando una realidad que es ya insoportable para buena parte del planeta

Editorial de Rebelion, 30/5/2015

Están previstas para estos meses de octubre y noviembre las mayores maniobras de la OTAN desde el período que se dio en llamar de la Guerra Fría, y que transcurrió durante varias décadas después de la Segunda Guerra Mundial. Y hoy, en un escenario bélico en algunas zonas del planeta, y prebélico en muchas otras, nos parece una auténtica provocación la organización de estos actos. Participarán más de 30.000 efectivos de 30 países, de los que 8.000 son españoles, que utilizarán todo tipo de armamento de última generación, ensayando todo tipo de tácticas de guerra global. La anfitriona será nuestra Península Ibérica, lo que pone de manifiesto su tremenda importancia en la geoestrategia militar de la región. De hecho, el Embajador de EE.UU. en España recalcaba hace unos meses el papel esencial de las bases militares de Rota y de Morón (ésta última se acaba de transformar en base permanente, con el consiguiente incremento de efectivos militares), como soporte de las fuerzas de intervención rápida. 

 

Como sabemos, la OTAN se ha convertido en el campo de operaciones militares para todo el planeta, y ya ha dejado de tener como objetivo la defensa militar de sus países miembros. Se trata pura y simplemente de una alianza para la guerra, tal como se ha demostrado en muchas otras "intervenciones" a lo largo de su más reciente historia. Se ha declarado que estos ejercicios serán de "alta intensidad y alta visibilidad", ya que además del propio entrenamiento bélico, constituirán una demostración de su fuerza y capacidad de intervención. Y es que la OTAN es hoy día una gigantesca maquinaria de guerra, una alianza militar formada por 25 países y 7 socios, que acumula el 70% de las fuerzas militares de todo el mundo. Y en nuestro país, la Base de Rota se ha incorporado al Escudo Antimisiles, y la Base de Morón es la sede de la Nueva Fuerza de Intervención Rápida, definida como punta de lanza por la propia OTAN. Las maniobras han sido bautizadas como "Trident Juncture 2015" (TRJE15), y pretenden comprobar la capacidad de reacción frente a cualquier situación que consideren que requiere una intervención militar, y probar sus auténticas capacidades de cara a una posible intervención. 

 

Y evidentemente, esta situación coloca a España como un claro país "cómplice" de las posibles campañas de agresión imperialista que puedan llevarse a cabo desde las instalaciones situadas aquí, todo lo cual eleva el riesgo de represalias que podamos sufrir en el futuro. Porque lo cierto es que el protagonismo de nuestro país en la Alianza Atlántica ha sido siempre creciente, desde nuestra entrada a mediados de los años 80 hasta la última legislatura de Zapatero, y la actual de Rajoy. Y con el conflicto en Ucrania bastante activo, estas maniobras pueden ser entendidas como una forma de enseñar músculo, de demostración de fuerza, ante una Rusia dispuesta a intervenir para defender sus intereses en el Este de Ucrania. Según nuestro servil Ministro de la Guerra (más bien podríamos decir "de las Armas"), Pedro Morenés, "el hecho de que España albergue el ejercicio más importante y potente de la OTAN pone de manifiesto el compromiso adquirido con la Alianza y la importancia que se le concede al adiestramiento como mejor garantía de la contribución de las Fuerzas Armadas a la seguridad internacional". Y nosotros nos preguntamos qué concepto de la "seguridad internacional" tendrán no sólo el señor Morenés, sino también los dirigentes de los numerosos países invitados a los ejercicios, como Australia, Túnez, Marruecos, Afganistán, Japón o Brasil. 

 

Para introducir un poco de cordura, retomo las palabras de Manuel Pardo, cuando afirma: "Todo ello supone una cesión de soberanía absolutamente incompatible con los auténticos intereses y necesidades del pueblo español, que resultan de esta manera despreciados olímpicamente por sus gobernantes y todo el establishment político del régimen del 78, más preocupados por asegurar los beneficios de los poderosos que por construir un mundo más justo y más seguro". Es absolutamente necesario que extendamos una conciencia colectiva en torno a los riesgos a los que nos conduce esta escalada y ofensiva militar, que no responde a amenaza alguna para nuestra seguridad. Y mientras, la ofensiva estadounidense no desaprovecha ninguna oportunidad. En mayo pasado visitó Madrid John Kerry, el Secretario de Estado norteamericano, para firmar la conversión de la Base de Morón como base permanente, a las órdenes directas del USAFRICOM (Mando de los Estados Unidos para África), donde residirá un retén permanente de 850 marines, ampliables a 3.500 en caso de crisis, con capacidad para desplegarse en cuestión de horas en el corazón del continente africano. Para poder convertir a Morón en base permanente, el Gobierno del PP ha tenido que modificar el Convenio de Defensa acordado con USA, ya que éste no permitía la presencia permanente de tropas americanas en suelo español. 

 

Pero como estamos acostumbrados a comprobar, a nuestros serviles políticos les falta tiempo para modificar cualesquiera leyes y convenios con tal de satisfacer al gran capital, y en este caso, a la gran alianza bélica por excelencia. Mientras se llenan la boca proclamando la "soberanía del pueblo español" para las cuestiones que les interesan (por ejemplo impidiendo una consulta legal en Cataluña sobre la independencia), para estos asuntos parecer ser que la soberanía se vende rápidamente en una llamada telefónica. Se trata de otro de los coletazos del fallido régimen surgido de la Transición y de la Constitución de 1978, como otros asuntos que también vienen coleando desde entonces (estoy pensando, por ejemplo, en los Acuerdos con la Santa Sede). Y como expresa en su artículo Manuel Pardo: "Las fuerzas armadas están para defender al pueblo de las amenazas militares; nunca para colaborar con las agresiones de las potencias imperialistas. La alianza con los Estados Unidos es solo para la burguesía. Las clases populares precisan buscar su camino con otras alianzas, en el sur de Europa y en otros continentes, en pueblos cuyos gobiernos resisten heroicamente la agresión del imperio. Esta es la única esperanza para la paz".

 

El debate sobre los ejércitos estatales y el pacifismo continúa siendo un debate abierto e intenso, que pasa por diferentes flancos, tales como nuestra salida de la OTAN, el desmantelamiento de todas las bases militares estadounidenses en suelo español, la renuncia a la guerra como solución a cualquier conflicto internacional, y la democratización completa de la ONU, ese gran organismo internacional que muchas veces queda como invitado de cortesía en los grandes conflictos mundiales, pero que no posee auténtica capacidad ejecutiva para que sus resoluciones se cumplan a rajatabla por los países implicados. Es imprescindible potenciar la ONU para que se convierta en el árbitro efectivo en todos los problemas internacionales, para garantizar la paz, potenciando además el Tribunal Internacional de Justicia, y contribuyendo a una globalización democrática y de los derechos humanos. Es necesario además que no existan países con derecho de veto en las decisiones internacionales, porque eso no hace sino perpetuar el gran dominio que muchas potencias representan, y la preponderancia de sus decisiones sobre el resto de los países. Hacemos un llamamiento al conjunto de la ciudadanía para reclamar todos estos objetivos, así como también a las fuerzas políticas, para que contemplen y apuesten decididamente por ellos en sus programas electorales.

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5 octubre 2015 1 05 /10 /octubre /2015 23:00

Pero de todos los asuntos donde hemos visto diluirse la respuesta de PODEMOS, quizá el más representativo y el que ha podido hacer más daño de todos ha sido el relativo a su defensa incondicional de la formación griega Syriza, y de su líder Alexis Tsipras. Antes de las Elecciones de enero de 2015 en Grecia, quizá era lógica su defensa, pues Syriza representaba la nueva bocanada de aire fresco que necesitaba el país, y sus líderes prometían dar la batalla en el contexto europeo, y liberar a Grecia de las terribles consecuencias de la fanática austeridad a la que había sido sometida. Veíamos a Grecia como el germen del cambio para todo el Sur de Europa, pero desgraciadamente no fue así, y ya denunciamos en varios artículos al respecto, que las negociaciones que se llevaban a cabo con la Troika durante los cuatro o cinco primeros meses de gobierno no conducirían a buen puerto, ya que las terceras vías, en estos casos, nunca son posibles. Dimos incluso nuestro apoyo, y lo continuamos haciendo, a la formación del Comité para la Verdad de la Deuda Griega, cuyas conclusiones finales están previstas para diciembre de este año, pero que ya fueron adelantadas parcialmente por su Presidente, Eric Toussaint, quién además ha propuesto planes B alternativos para la salida del euro, desestimados sistemáticamente por los dirigentes de Syriza, salvo quizá por el ex Ministro de Finanzas, Yanis Varuofakis. Bien, durante todo este período, no sólo vimos a Pablo Iglesias defender a ultranza a Syriza y a su líder, sino participar conjuntamente en mítines y actos de campaña.

 

Pero el caso es que, llegado el momento cumbre de las negociaciones, durante el mes de julio pasado, y después de que el pueblo griego hubiera mostrado en referéndum su claro rechazo a continuar con los rescates y los planes de austeridad, Syriza (mejor dicho, su líder Tsipras) capituló y se rindió, traicionando no sólo las promesas a su pueblo, sino las ilusiones de terceras organizaciones de izquierda de otros países europeos, que pudieran haber seguido a Syriza en su confrontación a la arquitectura neoliberal de la Unión Europea. Tamaña traición y decepción para la izquierda política transformadora no podía ser ya justificada desde ningún punto de vista si se pretendía seguir manteniendo un planteamiento coherente, pero sin embargo, Pablo Iglesias y el resto de dirigentes de PODEMOS continuaron justificando las decisiones de Alexis Tsipras. Y a pesar de que la situación de auténtico surrealimo político había llegado en Grecia a límites increíbles, PODEMOS no se atrevió a retirar su confianza pública en una formación política que había defraudado profundamente a su pueblo y a sus ideales. 

 

Pero aún no habíamos llegado al último asalto de Tsipras, que ha consistido en dimitir y convocar nuevas Elecciones Generales, después de haber aprobado (sin el apoyo del ala izquierda de Syriza, que ha abandonado la formación y ha constituido una nueva formación política) el más cruel y fanático memorándum de rescate para el país. Muchos analistas coinciden en afirmar que esta maniobra ha respondido al objetivo de Tsipras de asegurarse el poder cuando todavía no se han hecho sentir las más dolorosas consecuencias del tercer rescate firmado con la Troika. Al momento de escribir el presente artículo no conocemos aún los resultados de dicha nueva convocatoria electoral, pero lo cierto es que, después de todo lo relatado, Pablo Iglesias ha tenido la desfachatez de continuar siendo compañero de campaña electoral de Tsipras, participando conjuntamente en mítines de Syriza, y presentando al indecente líder griego como un "león" que intentaba defender los intereses de su país. Decididamente, ha sido la gota que ha colmado el vaso. Porque tanta querencia con el líder de una formación política tan decepcionante no hace sino contribuir a mostrarnos su auténtica cara, sus auténticas limitaciones. Nos encontramos con un PODEMOS que, llegado el momento, si alcanzara alguna vez a gobernar, cuando las Instituciones europeas le planten cara a sus propuestas, y comiencen sus medidas de chantaje, se limitará a meter el rabo entre las piernas, siguiendo la escuela Zapatero-Tsipras, y a renunciar a todas las medidas que están proponiendo ahora, tan valientemente. 

 

Y  precisamente es de esto de lo que carecen, de valentía, cualidad esencial y fundamental en la política, pues en caso de carecer de ella, los políticos se convierten en simples charlatanes de feria, sin interés alguno por alcanzar las metas y objetivos marcados, por difícil que sea el camino. Ya lo dejaba entrever la lideresa andaluza, Teresa Rodríguez, cuando se refería al "temblor de piernas" de Alexis Tsipras, y a la posibilidad de que a PODEMOS, llegado el caso, también le ocurriera lo mismo. Y tal y como está el patio, cuando la ofensiva neoliberal es auténticamente arrolladora, no necesitamos políticos cobardes y traidores, que es justamente lo que están demostrando que son, mediante su connivencia con otros políticos cobardes y traidores. Necesitamos políticos valientes y comprometidos, que sean capaces no sólo de poner en marcha sus propuestas, sino de que cuando se vean sometidos al chantaje institucional y al poderío de la ofensiva del gran capital internacional, sean capaces de enfrentarse a él con todas sus consecuencias.

 

Porque la política no es sólo cuestión de ideas, es también cuestión de actitudes. Necesitamos ser más radicales, llamar a las cosas por su nombre, dar un golpe encima de la mesa, levantar la voz con plena autoridad, no ser ingenuos, explicar al pueblo con claridad las ventajas y riesgos de las decisiones, no dejarnos amedrentar ante las amenazas, y hacer valer nuestros principios y nuestros derechos. Porque ahí ya no estarán delante de unas cámaras, en un plató de televisión, donde están acostumbrados a ponerse estupendos, sino que estarán negociando con auténticos buitres, que desprecian la voluntad de los pueblos y la democracia, y a los que les importa un bledo los intereses de las clases populares. Ellos no negocian, ellos imponen, avasallan, y te pasan por encima como una apisonadora. Y para enfrentarnos con ellos, no valen las medias tintas, no valen las terceras vías, no valen los paños calientes. Para eso ya tenemos en España a las fuerzas del bipartidismo, e incluso a formaciones políticas de nuevo cuño, como C's, que están dispuestos a apoyarles. En resumidas cuentas, PODEMOS está defraudando ya antes de comenzar a gobernar, presentándose como una fuerza socialdemócrata y reformista más del arco parlamentario, y sinceramente, para ese viaje no necesitábamos tantas alforjas.

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4 octubre 2015 7 04 /10 /octubre /2015 23:00

Desde el punto de vista económico-financiero, si se hiciera un estudio actuarial descontando las deudas ficticias, los intereses usurarios, los intereses de los intereses, los gastos y comisiones desproporcionados y la fuga de capitales, se llegaría a la conclusión de que la deuda ha sido totalmente pagada y probablemente se vería que los presuntos deudores son en realidad acreedores

Alejandro Teitelbaum ("La deuda externa", 2001)

La situación actual, por tanto, y sin ninguna duda, nos lleva a concluir que los Estados son rehenes absolutos de esta hidra bancaria internacional. Es una diabólica espiral que se retroalimenta, ya que los Estados no osan poner en cuestión el funcionamiento ni el poderío de estas instituciones, a la vez que éstas desarrollan lógicas financieras muy peligrosas, siendo responsables de la inestabilidad monetaria internacional, y con capacidad para desarmar todo intento de desmontar legalmente su influencia y sus reglas de juego. Este oligopolio internacional no sólo constituye una amenaza para las democracias, sino que posee el poder para modelarlas a su antojo, lo que evidentemente se traduce en que su tendencia deriva hacia democracias de baja intensidad, donde la participación ciudadana se encuentra bajo mínimos, los Estados tienen poca capacidad de intervención en la economía, y la financiarización de la misma domina absolutamente las reglas de juego. Como puede comprobarse, todo un círculo vicioso del cual es muy difícil escapar.

 

Las diferentes etapas por las que este proceso discurre, desde la década de los años 70 del siglo pasado, están bien clara: en primer lugar, pérdida de la soberanía monetaria, gran pilar que proporciona cierto nivel de independencia. En segundo lugar, riguroso sometimiento a una disciplina presupuestaria, bajo los falsos eslóganes de tener que reducir el déficit público, y sanear las cuentas públicas, todo lo cual converge en un debilitamiento progresivo de la democracia, sacrificando los pilares de la protección social de la ciudadanía, y sacrificando de facto los servicios públicos por mor de un pago de una deuda y de unos intereses. El Estado queda desprotegido, sin capacidad ni autonomía para enfrentarse a dichos poderes económicos, que acaban por someterlos a sus dictados, de forma más o menos expresa. Al final, en los casos más graves, este mundo bancario superpoderoso impone sus propias reglas, desmontando a su placer gobiernos enteros, y situando en la dirigencia a sus propios candidatos, de corte tecnocrático. Dichos candidatos tienen entonces un mandato muy claro, que básicamente consiste en "explicar" al pueblo que no existen otras alternativas, y sacrificar toda la política económica para satisfacer los intereses de esta hidra bancaria internacional. Es así como funciona este cotarro, y pretender ignorarlo o reformarlo desde dentro, incluso pretender enfrentarse a él sin un plan rigurosamente establecido, y sin la mayoría social de un pueblo apoyándolo, es absolutamente imposible, además de un ejercio de supina ingenuidad.

 

La crisis actual no ha sentado las bases para que este tinglado deje de funcionar, ni siquiera para que sea menos poderoso, así que la inestabilidad financiera persistirá, y como las deudas públicas no hacen más que aumentar en prácticamente todos los países desarrollados, resulta que  nos encontramos con la acuciante y creciente amenaza de una explosión de la burbuja de las obligaciones, igual que ocurrió con la burbuja inmobiliaria, o con la burbuja de las hipotecas basura. Las deudas están constituidas por obligaciones financieras, y como la deuda aumenta, llega un momento en el cual la burbuja explotará y asistiremos, de nuevo impotentes, a un cataclismo financiero tan grave o más que los vividos hasta ahora, ya que los Estados, debido precisamente a sus políticas de disciplina presupuestaria, no podrán intervenir. No se ha cambiado ni un ápice de la lógica profunda de la globalización de los mercados, y tampoco se ha querido romper el oligopolio. Por todo ello, el conflicto está servido. Sólo es cuestión de tiempo que volvamos a vernos inmensos en una inmensa crisis que agrave nuevamente nuestras condiciones de vida. 

 

Y cuando el cataclismo estalla, ya sabemos la forma de actuación del manual del gobernante neoliberal de turno, que consiste básicamente en recapitalizar las entidades bancarias objeto del desastre (bajo la falacia de que a los bancos no podemos dejarlos caer), o bien en "nacionalizarlos" (engañoso eufemismo, bajo el que se esconde en realidad una práctica limitada en el tiempo para socializar las pérdidas, y posteriormente privatizar de nuevo los beneficios). Al final, todo ello nos lleva a que la deuda privada engrose el montante de la deuda pública, pagando todos los contribuyentes, y abultando de nuevo los intereses de dicha deuda. Hoy día el sistema globalizado permite que los capitales se muevan en el escenario internacional a la velocidad de un clic, gracias al enorme poderío de estos agentes del capitalismo transnacional. Bien, la pregunta, por tanto, está muy clara: ¿cómo podemos y debemos actuar? ¿Qué solución podemos darle a esta barbarie capitalista de los grandes bancos y de la deuda pública que nos obligan a pagar, hipotecando nuestra soberanía y convirtiendo la moneda en un bien privado en vez de un bien público? Pues desde la izquierda transformadora, pensamos que en la propia pregunta está contenida la respuesta. Entonces, la nueva pregunta podría ser: ¿Porqué los Estados han de pagar sus deudas? ¿Deben estar siempre obligados a ello? Cada vez que se han planteado esta pregunta últimamente, nuestros mediocres e ineptos gobernantes se han llevado las manos a la cabeza, como si estuvieran ante un nuevo diluvio universal...¡¡NO PAGAR LA DEUDA!! ¡¡QUÉ BARBARIDAD!!

 

Pues como vamos a comenzar a demostrar, no es ninguna barbaridad. Me baso a partir de aquí en un estupendo artículo de Francisco Vidal Guardado, que precisamente se hace dicha pregunta en el título, e intenta responderla desde varios puntos de vista. Permítaseme aclarar otra frecuente falacia que se vierte, en el sentido de equiparar el funcionamiento económico del Estado al de una familia, para desmontar lo cual recomiendo a los lectores nuestro artículo "La familia como mal ejemplo económico", publicado en este mismo Blog. Pero asimilar esta diferencia es sólo el principio. Hay que partir de la base de que un Estado es la plasmación política de una sociedad, esto es, de una comunidad política. Es evidente que los Estados necesitan obtener recursos para financiarse. El principal medio del que disponen para ello es la propia confiscación de bienes a los habitantes del territorio que controlan, esto es, el mecanismo de los impuestos. La burguesía, los señores feudales, la aristocracia, las monarquías, el clero o los terratenientes, son ejemplos de estamentos sociales que históricamente se han autofinanciado de esta forma, explotando al pueblo llano para mantener sus privilegios. Una política socialista debe, en primer lugar, expropiar a dichos estamentos, redistribuyendo la riqueza y convirtiendo el mecanismo de los impuestos en un auténtico sistema de cohesión y de justicia social. Continuaremos en siguientes entregas.

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1 octubre 2015 4 01 /10 /octubre /2015 23:00

Continuando con el relato del patrimonio en poder de la Iglesia, hemos de hacer capítulo aparte con las ayudas directas a la misma, para el sostenimiento, reforma y conservación del patrimonio artístico e inmobiliario que figura en su poder, acumulado en gran medida de forma ilícita e irregular, como ya hemos destacado en algún artículo anterior de esta serie. Entre ellos, por dar algunas cifras, 280 museos, 103 catedrales o colegiatas con cabildo y casi mil monasterios, situados muchos de ellos en sitios privilegiados, y en el centro mismo de grandes urbes, además de terrenos rústicos y urbanos, viviendas y otros bienes patrimoniales, como el oro, piedras preciosas, joyas, cuadros artísticos de enorme valor, arte sacro, etc. El volumen total de todo ello, como venimos insistiendo, es muy difícil de conocer con exactitud, pero desde diversas fuentes manejadas por Europa Laica, se deduce que pueden superar los 600 millones de euros anuales, lo que le cuesta al Estado la conservación y reparación de todo ese patrimonio (como siempre, vía central, autonómica y local)...¿conocemos alguna otra empresa o institución que se pueda equiparar en este terreno a la Iglesia Católica? Dejo la reflexión a los lectores. 

 

También hemos de hablar del capítulo de donaciones de suelo público, beneficios patrimoniales, inmatriculaciones y otras subvenciones y gastos menores de carácter local. Destacan aquí la cesión de suelo público y donaciones directas e indirectas, por parte de los Ayuntamientos a los Obispados para lugares de culto o para la denominada "obra social" (también tratada en anteriores entregas) o la enseñanza. Pagos diversos de los gastos varios de algunas casas parroquiales e Iglesias (energía, limpieza, mantenimiento, agua...). Gastos de Ayuntamientos en cartelería, anuncios en prensa y radio y programas de mano o panfletos para eventos religiosos, y donaciones a las cofradías de Semana Santa (hablaremos de ella en la recta final de estos artículos) y otros desfiles procesionales para los Cristos y Vírgenes patronos y patronas de muchas localidades (cada uno tiene su día en el año, donde suele celebrarse su tradicional procesión), ofrendas florales, romerías, fiestas religiosas, etc (hablaremos del aspecto de la religiosidad popular más adelante en esta serie de artículos). También figurarían aquí los costes extras de fuerzas de orden público, bandas de música y servicios de limpieza para todo tipo de eventos religiosos, etc. En fin, los gastos en este gran apartado son, como puede imaginarse, incalculables. 

 

Por su parte, las subvenciones de Comunidades Autónomas y entidades locales a organizaciones y asociaciones ligadas a la Iglesia Católica, en algunos casos muy radicales e integristas (también existe el integrismo católico, sólo hay que contemplar el pensamiento de algunos dirigentes del PP) puede superar un montante de varias decenas de millones de euros anuales en el conjunto del Estado. Desde la izquierda transformadora, pensamos que el culto y el clero de cualquier organización religiosa y de las demás organizaciones a su servicio, deberían estar financiadas exclusivamente y de forma voluntaria por las personas que sean fieles o se sientan atraídas por esa doctrina religiosa, siendo un ámbito absolutamente privado de cada cual, donde el Estado no sólo no debe entrar, sino que además, debe permanecer absolutamente neutral. Pero neutral no debe ser entendido como financiar a todas las confesiones religiosas por igual, sino como no financiar a ninguna. Toda la situación relatada va claramente en contra de los fundamentos de un Estado Laico, lo cual nos da pie para exigir al Estado que los Acuerdos Concordatorios con la Santa Sede de 1979 (y las modificaciones parciales acordadas en 2007, bajo un Gobierno del PSOE), al margen de otras consideraciones de presunta inconstitucionalidad, sean denunciados y anulados. 

 

Porque, tal y como afirman desde Europa Laica, a cuyo Informe de abril de 2015 nos estamos remitiendo durante todos estos artículos: "El poder económico real de la Iglesia Católica en España es prácticamente imposible calcularlo, dada su peculiar organización, la opacidad con la que funciona y su dependencia del Vaticano, y ello, aunque se tratara de evaluar la prestación de servicios voluntarios de fieles seglares, monjas y clérigos, más el dinero recaudado por diversas vías, para servicios educativos, sociales, sanitarios y de caridad, ya que se nutre de complicados mecanismos de ingresos privados y de financiaciones públicas, más la propiedad de bienes y patrimonio de muy variada índole, incluido su patrimonio financiero, como acciones, fondos de inversión, participación en Consejos de Administración de diversas empresas y entidades financieras varias, etc". Como conclusión, aunque todavía nos quedan por tratar algunos asuntos en esta recta final, podemos afirmar que después de más de 35 años de democracia formal y con una Constitución que, aún en su calculada ambigüedad en esta materia, establece que "ninguna confesión religiosa tendrá carácter estatal", las relaciones del Estado con la Iglesia Católica en materia económica, no sólo siguen con la misma orientación que en la dictadura franquista, sino que, en términos cuantitativos, se han acrecentado considerablemente. A las pruebas nos remitimos. Continuaremos en siguientes entregas.

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30 septiembre 2015 3 30 /09 /septiembre /2015 23:00

Uno de los valores que tenemos asumidos en el capitalismo consiste en imponer lo que pudiéramos denominar como una sanción contra los agentes que hayan causado cualquier daño a otros agentes, o bien no hayan respetado sus derechos. Es decir, se supone que existe un agente (un particular, una organización o una empresa, una Institución, o directamente el Estado) que ha vulnerado los derechos de otro agente, y que, como reparación de ello, el sistema le impone al primero una sanción, multa o canon, consistente típicamente en una cantidad monetaria que el sistema entiende (desde su punto de vista capitalista) que está destinado a resarcir los posibles daños causados. Normalmente, quien impone la sanción o multa suele ser un tribunal de justicia, al cual se ha apelado debidamente para denunciar, y en su caso reclamar, la indemnización correspondiente. Bajo un sistema que legitima el dinero como elemento fundamental para la consecución de la riqueza, la sanción capitalista es, en la inmensa mayoría de los casos, el elemento reparador por excelencia. Pero el extendido mantra de "Quien la hace, la paga" está mucho más extendido de lo que sería deseable, no representando en la inmensa mayoría de los casos, como vamos a ver, la solución al problema.

 

Podemos poner multitud de ejemplos de esta asidua práctica, porque además se aplica a muchos y muy diversos contextos: pueden ponerle una multa a los bancos por algunas de sus miles de prácticas fraudulentas, mafiosas e ilegales (la última, por ejemplo, intentar cobrar doble comisión si un usuario reintegra alguna cantidad desde un cajero externo a su red), o bien pueden imponerle una sanción económica a un grupo de empresas que hayan violado las normas de la libre competencia (como la reciente multa a las compañías petroleras por haber acordado las variaciones de precios del combustible), o pueden imponerse sanciones a determinadas empresas por prácticas fraudulentas (por ejemplo, tenemos el caso actual de la Wolkswagen, que ha trucado su software de control de emisiones en sus vehículos, para que detecten cuándo están siendo sometidos a una prueba), o bien pueden imponerse sanciones en el ámbito internacional, cuando determinados países incumplan acuerdos, normas o tratados de obligado cumplimiento (como le está ocurriendo a nuestro país, que ya ha sido denunciado ante la ONU por diversos asuntos relacionados con la memoria histórica, con la garantía de algunos derechos sobre acceso a servicios públicos, o bien ante su indecente política contra los inmigrantes africanos). 

 

Pero aún podemos ejemplificar más casos, donde el sistema de multas, indemnizaciones o sanciones se aplica, constituyendo claros casos de impotencia del sistema ante el intento de reparación del daño causado. Tenemos casos muy ilustrativos al respecto, como el de los Ayuntamientos que sistemáticamente pagan la multa correspondiente, por continuar ejerciendo prácticas consideradas ilegales, como en algunos casos de maltrato animal...y entonces podríamos preguntarnos: ¿realmente la multa o sanción capitalista cumple su función reparadora del daño? El importe de la cuantía suele ser perfectamente asumible por la Institución, que prefiere, aún a costa de ser multada, continuar practicando su ritual popular, tirando al ave desde el campanario de la Iglesia del pueblo, a sabiendas de que la sanción no afectará en nada. Y si tenemos por ejemplo muy claro que el sistema ha de indemnizar a terceros afectados ante casos de accidente grave o muerte (en este caso la indemnización se concedería a los familiares más directos), no lo tenemos tan claro cuando el sistema ha de compensar con dinero determinados hechos que causaron un efecto demoledor en la población, los animales o la propia naturaleza. Tenemos en la palestra el caso de los afectados por la talidomida, un medicamento de la farmacéutica alemana Grünenthal que muchos médicos recetaron a muchas mujeres embarazadas para controlar sus vómitos, durante las décadas de los años 50 y 60 del siglo pasado, y que provocó el nacimiento de miles de niños y niñas con enormes deformidades. En este caso, además, el caso ha sido aún más injusto, pues se han denegado las indemnizaciones a los afectados de nuestro país, bajo el argumento de la prescripción. Y como dijo uno de los afectados a la puerta del Tribunal Supremo: "Yo no prescribiré hasta que me muera". 

 

En cualquier caso, el principio de justicia social que pudiéramos denominar como "Te perjudico, pero te indemnizo" no parece estar siempre a la altura, sobre todo cuando se practica al contrario, esto es, siendo el propio ciudadano el que "indemniza", paga una multa en cuestión, al sistema o a su sociedad, para no verse "perjudicado". Quizá el caso más paradigmático de esta práctica, asumida y legitimada socialmente, pero aún injusta, sea el de las denominadas "fianzas judiciales". En efecto, se da cuando un juez entiende que existen indicios de comisión de delitos por parte de un sospechoso, y dictamina para dicha persona un período de prisión preventiva, hasta la celebración del juicio correspondiente, pero dicha entrada en prisión puede evitarse mediante el pago de una determinada cantidad en concepto de "fianza". Nos puede parecer justa en el sentido de que la cantidad a pagar por el supuesto imputado suele ser proporcional a la gravedad de sus delitos, pero en cualquier caso, es evidente de que sólo los que puedan conseguir el dinero para pagar la fianza (directamente o a través de terceros) se verán libres de la cárcel. Los que no puedan pagarla, no podrán evitar la prisión, representando una medida a todas luces injusta y discriminatoria.

 

Pero indiscutiblemente, donde el sistema de la sanción capitalista se muestra más injusto e impotente es aquél que pudiera responder al principio de que "Quien contamina, paga". Como sabemos, aún nos queda mucho camino por recorrer hasta desarrollar completamente un grado de concienciación social amplio con los problemas de sostenibilidad medioambiental, así como con el desarrollo de políticas de producción, uso, consumo y desecho de nuestros recursos naturales. Y en este medio camino entre la minoritaria conciencia sobre el problema, y la necesidad de desarrollar mecanismos para ir paliando las terribles consecuencias medioambientales de las políticas que se desarrollan, los Gobiernos insisten en recurrir a las compensaciones económicas como medio para enfrentarse a estas malas prácticas. Estas políticas de sanción, multa o canon van penetrando poco a poco en el seno de las comunidades, incluso dentro de los hábitos y costumbres particulares. Muchos las aceptan como moneda de cambio normal, pero estas políticas compensatorias tienen un alto coste, ya que con ellas se aceptan socialmente y se legitiman los daños a los territorios, a la salud, al medio ambiente, a los recursos naturales, e incluso a la vida tradicional de muchas comunidades, entendiendo que estas práticas y estos daños causados se pueden compensar con dinero. 

 

Y así, se abren las puertas a formas de entender la política y las medidas sociales enmarcadas en el dinero como elemento paliador de todos los efectos perniciosos que podamos causar por otras vías, cuando, y más en el caso al que estamos haciendo referencia, ni todo el dinero del mundo podría reparar los terribles e irreversibles daños que le estamos provocando al planeta. Tenemos por tanto que cambiar nuestra filosofía, y tenemos que hacerlo imperiosamente. Hemos de abandonar los puntos de vista centrados en la racionalidad mercantil, tan arraigada en nuestro imaginario colectivo, para entender que los intercambios o compensaciones económicas no van a paliar en ningún caso los graves deterioros causados. En el caso de un accidente o asesinato causado a terceras personas, aunque lógicamente la indemnización no nos devuelva a la vida a nuestros seres queridos, el pago está pensado para paliar determinadas situaciones de carencia derivadas de la ausencia de las personas afectadas. Pero en los casos de daños medioambientales, está claro que el dinero no devolverá la vida a los animales muertos, ni los árboles a los bosques talados, ni limpiará el agua contaminada, ni restablecerá las temperaturas desequilibradas, ni volverá a formar hielo en el mar de que se trate...los efectos ya serán irreversibles, y el pago por haber contaminado no restaurará las condiciones anteriores al daño. Lo que hemos de hacer es diseñar políticas de prevención, e implementar medidas que imposibiliten que dichas situaciones puedan continuar dándose. Si no lo hacemos, más temprano que tarde, el dinero no impedirá la autodestrucción.

 

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29 septiembre 2015 2 29 /09 /septiembre /2015 23:00

Los medios de comunicación dominantes son el elemento central de desestabilización, son armas de desinformación masiva

Juan Carlos Monedero

Hablábamos en estas últimas entregas sobre la tremenda fuerza que el pensamiento dominante ejerce en la ciudadanía a través de sus medios de comunicación de masas, auténticos medios de intoxicación y manipulación mediática, situados al servicio de los intereses del gran capital. Pero lo cierto es que la clase dominante dispone de muchos otros recursos para controlar la información (mejor la llamaríamos desinformación) que se vierten a través de los medios. Tenemos en primer lugar la propia relación laboral del periodista con el medio en cuestión. En una reciente entrevista, Javier Mestre lo explica en los siguientes términos: "Por ejemplo, mediante la utilización del periodista "a la pieza", que es creciente, y actúa como una de las formas más sangrantes de precariedad laboral. Consiste en que el periodista se declara como trabajador "por cuenta propia" (falso autónomo) y establece una relación laboral con la empresa, con la salvedad de que el medio no está obligado a aceptar el producto elaborado por el periodista. El medio de comunicación compra la "pieza" informativa. Así, el profesional sabe que tiene que escribir las "piezas" de una determinada manera si quiere que el medio se las compre. De ese modo, el control ideológico es total. No hace falta reñir ni censurar, basta con no comprar. El periodista ya sabe que si quiere comer tiene que seguir los dictados de la línea editorial...". Y efectivamente, es un tipo de relación del periodista con el medio que va en aumento, extendiendo no sólo un modelo de precariedad laboral, sino un sometimiento y control de la propia información a la vertiente ideológica del medio de comunicación de que se trate. La propia profesión periodística se degrada, se prostituye, e involuciona la dignidad moral del auténtico profesional de la información. 

 

Y a todo ello habría que sumar la descontextualización de las noticias, la mezcla indiscriminada de información y opinión, la precariedad laboral de los periodistas de plantilla, la existencia de enormes oligopolios mediáticos (en nuestro país más de un 60% de los canales privados de televisión y sus periódicos y revistas asociadas están controlados sólo por dos gigantes empresariales, como Mediaset y Atresmedia), la saturación y el ruido informativos, la inmediatez y el bombardeo de la propia información, la mezcla de asuntos importantes con temas banales, la mercantilización de la propia información y del espacio comunicativo, la atención exagerada a los asuntos de cotilleo, del morbo y del sensacionalismo, etc. Todo este panorama, existente en prácticamente todos los medios, nos retrata un modelo informativo aberrante y alienante en sí mismo, que contribuye cada vez más al embrutecimiento e inmadurez cultural e intelectural de la ciudadanía. Y así, hechos sesgados, opiniones interesadas, bombardeo mediático y mezcla de información y opinión forman el cóctel informativo de cada día. Por su parte, las redes sociales están contribuyendo también muy negativamente al retrato informativo, y en ellas nuestra atención suele ir de chiste en chiste, de vídeo gracioso e intrascendente a otro más por el estilo, de titular llamativo a titular más llamativo, de noticia explosiva en otra, pero siempre sin profundizar en el mesurado análisis del contexto donde todo ello se produce. 

 

Somos incapaces, porque al pensamiento dominante así le interesa, de analizar con serenidad y profundidad los hechos que nos acontecen como sociedad, las opiniones políticas de nuestra vida cotidiana, las consecuencias y el origen de lo que nos ocurre, del porqué y del cómo. Jorge Cappa lo expresa en los siguientes términos: "Hoy en día, se le dedica mucho más tiempo a ver y compartir vídeos "virales" de un niño pequeño bailando en una cocina o de un perro bajando unas escaleras que, por ejemplo, a informarse y reflexionar sobre los efectos que produce el hecho de que el Fondo Monetario Internacional someta a los Gobiernos elegidos en las urnas a los intereses privados de los bancos y las multinacionales. Algo va mal en una sociedad si una persona está mucho más pendiente de publicar en las redes sociales una foto para mostrar lo bien que le queda el pantalón que se acaba de comprar, que de conocer y debatir acerca de las consecuencias sociales que producen los recortes gubernamentales en servicios sociales y en cultura". Creo que queda perfectamente claro, y es parte del retrato alienante de la sociedad donde el capitalismo imperante nos conduce, una sociedad encerrada en sí misma, idiotizada, ignorante y sumisa, carente de cualquier capacidad de auténtica reflexión y cuestionamiento del sistema. 

 

También retrata este autor otra de las características fundamentales de nuestra sociedad, como es la dispersión, realizar varias cosas a la vez sin estar centrado en ninguna de ellas profundamente, y sin poder disfrutar plenamente de lo que se está haciendo. Cuando la gente sale por sistema a la calle con un par de auriculares en las orejas, para escuchar música, o cualquier otra cosa, la situación es realmente preocupante. Pero además de ello, ¿cuánta gente pone un disco en el coche y cambia de canción cada 15 segundos? ¿Cuánta gente revisa el teléfono móvil 3 ó 4 veces mientras está viendo una película en el cine o mientras charla con un amigo en el bar? El pensamiento dominante ha llegado a tal grado de control que modela también nuestras actitudes, nuestros comportamientos, nuestras pautas de vida, nuestras costumbres y  nuestras consideraciones sobre todo lo que nos rodea. Y nos hace partícipes de este aberrante sistema cultural, y de todo este imaginario colectivo. El pensamiento único ha modelado un sistema social que no nos deja ningún resquicio para otra cosa. La mayoría de la gente vive absorbida por horarios ingentes de trabajo, desplazamientos largos, realización de las tareas domésticas, atención a los hijos, etc. Hay mucho cansancio y estrés, y el poco tiempo libre disponible se utiliza para desconectar de la rutina, descansar y consumir, por lo que quedan pocas ganas y poco tiempo para informarse bien sobre lo que ocurre a nuestro alrededor, y reflexionar profundamente sobre ello. 

 

Cada vez disponemos de más información, pero estamos cada vez más desinformados. Vivimos en la era del flash mode, del modo rápido, donde quizá Twitter sea el medio de comunicación paradigmático, en el cual la estupidez social se eleva a límites insospechados. Hoy día, si ocurre algo importante, en primer lugar estamos pendientes a los mensajes de twitter que puedan lanzar las personas de cierta relevancia social. Se genera así una búsqueda permanente de novedades, de nuevos estímulos que puedan sacarnos de la rutina, y el consumismo es la respuesta a este modelo de vida insatisfecha de la gente, una forma de evasión que sirve como un calmante, como un placebo que proporciona el modelo capitalista hegemónico, pero que no soluciona de verdad los auténticos problemas de fondo de nuestro modo de vida. Vivimos en la sociedad de la enajenación y de la alienación a la que el pensamiento dominante nos ha conducido, pero además, lo vivimos de una forma legitimada y consentida, asumiendo que no existen otras alternativas. La verdad es que los dirigentes de nuestro modelo de sociedad lo han sabido hacer muy bien. Han conseguido llevarnos al terreno donde querían, de forma que no nos demos cuenta, y encima entendamos que la sociedad no puede ser de otra manera. Victoria total. Hegemonía completa. Continuaremos en siguientes entregas.

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