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17 abril 2017 1 17 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: ENEKO

Viñeta: ENEKO

Estamos ante un nuevo instrumento demoledor del neoliberalismo desregulador, que va más allá de los acuerdos bilaterales vistos hasta ahora

Laia Ortiz y Ernest Urtasun

Después de algún tiempo de interrupción debido a los temas de interés de la actualidad social y política que se han ido suscitando, retomamos las entregas de esta serie de artículos, donde estamos exponiendo los peligros de los mal llamados "Tratados de Libre Comercio" (TLC), y al final de la misma, expondremos lo que para nosotros debe ser un auténtico "Tratado para los Pueblos", enfrentado en sus lógicas y objetivos a los nefastos TLC. Bien, lo primero que tenemos que contar es que, como era previsible, el Parlamento Europeo dio recientemente luz verde al CETA (Tratado de Libre Comercio entre la UE y Canadá) con los votos a favor de PP, PSOE y Ciudadanos en la Eurocámara, tal como ya nos contara, entre otros, el medio eldiario.es en este artículo. En efecto, el CETA fue respaldado el pasado mes de febrero por el Partido Popular Europeo (PPE), Liberales (ALDE), Conservadores y Reformistas (ECR), mientras que los grupos parlamentarios de Los Verdes y la Izquierda Unitaria (GUE/NGL), así como las fuerzas políticas euroescépticas, votaron mayoritariamente en contra. El CETA, por tanto, a la espera de las respectivas ratificaciones de los Parlamentos nacionales, podrá entrar en vigor esta primavera. 

 

Como decimos, los/as eurodiputados/as españoles del PSOE votaron, como era previsible, a favor del CETA, mostrando una vez más su hipocresía y su traición constante a los ideales socialistas. Como siempre desde que estos TLC comenzaron a negociarse hace ya varios años, la retórica de los grupos políticos que los apoyan es la misma, difundiendo las falacias relativas a que estos instrumentos son sinónimo de prosperidad, modernidad y creación de empleo. Pero como ya hemos expuesto hasta la saciedad en anteriores entregas de esta serie (y continuaremos haciéndolo), todas estas razones no hacen sino esconder los peligrosos efectos que estas herramientas consagran, pues están dedicadas a incrementar el poder de las ya muy poderosas empresas transnacionales a ambos lados del Atlántico. Los TLC como el CETA y similares sólo persiguen,como aseguró la eurodiputada de Podemos Lola Sánchez, vender la democracia y los derechos humanos a las multinacionales, además de los nocivos efectos colaterales hacia la sostenibilidad de los recursos de nuestro planeta. Tenemos por delante mucho trabajo de divulgación y de pedagogía, pues sólo con que un Estado miembro de la UE vote en contra del CETA, el Tratado en cuestión quedará automáticamente rechazado (aunque mucho nos tememos que sus paladines no desfallecerán en sus intentos por materializarlo). Y es que como ya hemos explicado, estos nuevos Tratados constituyen un entramado regulatorio que resta poder a los Gobiernos, Comunidades y Ayuntamientos, cuando quieran legislar a favor de las personas y del medio ambiente. 

 

Hay que contar lo que es el CETA, lo que realmente supone para la soberanía popular y para la democracia, la grave involución que representa para los derechos humanos y para la sostenibilidad medioambiental, hay que darlo a conocer, hay que difundirlo y explicarlo, sin complejos, exponiendo el daño que supondrá para la gente. Hay que conseguir que el PSOE se avergüence de su voto en el Parlamento Europeo, hay que sacarle los colores, hay que dejarle sin argumentos, para conseguir que cambie su voto, haga campaña en contra en su momento, y el CETA sea finalmente rechazado. La tarea es ardua, pero hay que conseguirlo. Nos va mucho en ello. Pero para tener más datos e información al respecto del CETA y de su socio canadiense, sigamos a continuación parte de la exposición que realizó Adoración Guamán en este artículo para el medio Contexto y Acción. Existe una suerte de imagen "buenista" respecto de Canadá que en realidad no se corresponde ni con su grado de integración económica con su vecino estadounidense, ni con el amplio contenido del acuerdo al que ha llegado con la UE. Es cierto que Canadá es un mercado pequeño, pero no puede olvidarse que el Tratado de Libre Comercio de América del Norte (NAFTA) implica que el grado de integración económica entre los Estados Unidos y Canadá es altísimo. De hecho, el 81% de las empresas canadienses están vinculadas como filiales a empresas matrices de USA, y en su mercado operan 42.000 empresas estadounidenses. 

 

Por otra parte, y también como consecuencia de su integración económica, que entró en vigor en 1994, las normas y las prácticas de Canadá y USA tienen numerosas similitudes. En resumen, se trata de un país grande pero relativamente poco poblado y muy colonizado comercialmente por las marcas y las normas americanas, con lo que las europeas tendrían una muy dura competencia aunque sólo fuera por temas de logística. Pero además hay que tener en cuenta que el contenido del CETA ya aprobado por el Parlamento Europeo es muy cercano al del fallido TTIP. Su estructura y contenido "regulador" así como los mecanismos de protección de los inversores extranjeros (los famosos Tribunales de Arbitraje) son muy parecidos (si bien es verdad que el CETA los ha relajado un poco), por lo que a través de la puerta del CETA se abriría una vía para la utilización de los mecanismos de desregulación y de protección de los que disfrutarían igualmente un amplio número de empresas norteamericanas. Los riesgos, las oscuras intenciones y los peligros, por tanto, están ahí. Agustín Moreno lo ha expresado muy bien en este artículo, cuando resume: "Si no queremos que las personas, el medio ambiente, la democracia y la soberanía de los pueblos sean relegadas a los intereses económicos de las grandes corporaciones, hay que salir a la calle para frenar esta agresión que, de aprobarse, sólo traerá más pobreza, más desigualdad y más autoritarismo". 

 

No nos engañemos, por tanto, con respecto al CETA: En primer lugar, conlleva el mismo espíritu que el TTIP (aunque no haya sido tan criticado ni tan secretamente negociado como éste), es un caballo de troya para el TTIP (pues aunque Canadá sea menos potente que USA, el CETA no es menos agresivo, e intentará colar la mayor parte de la filosofía comercial impregnada en el TTIP), puede representar un duro golpe para la agricultura local (el CETA beneficiará sobre todo a los grandes productores y distribuidores, que pueden terminar por asfixiar la producción local), amenaza seriamente la soberanía de los países (mediante los tribunales internacionales de arbitraje, sistema que coarta y limita la democracia mientras potencia la hegemonía y el control de las grandes corporaciones), supone el fin del llamado "Principio de Precaución" (ya explicado en entregas anteriores de esta serie, este principio asegura la no comercialización de determinado producto o servicio si antes no se ha demostrado que no posee efectos adversos para la población, los animales o el planeta), representa la pérdida de control sobre el consumo de productos cárnicos (permitiendo los tratamientos clorados de la carne destinada al consumo humano), abre el camino a la entrada de productos transgénicos en el mercado europeo (que sí están permitidos en Canadá y Estados Unidos), y finalmente, deja la puerta abierta a las compañías mineras canadienses (uno de los sectores más agresivos del mundo, que provoca problemas medioambientales debido a los elementos químicos usados en la extracción, como el cianuro). Por todo ello, y mucho más, el CETA debe ser abortado. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 abril 2017 7 16 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (46)

El terrorismo es esencialmente lo que los imperios occidentales y ahora el Imperio estadounidense han estado utilizando contra el resto del mundo

André Vitchek

Pero el pensamiento dominante posee tanta fuerza, que incluso los países aparentemente más "civilizados", desarrollados y avanzados, como es el caso de los países nórdicos, cuando se ven en delicadas circunstancias, se unen también a la misma y falaz retórica general de todos los países occidentales. ¿No existe por tanto ningún país que podamos tomar como referencia sobre las "buenas prácticas" en cuanto a actitud ante el terrorismo se refiere? Pues veamos el caso de Cuba, esa pequeña isla caribeña que le ha plantado cara al gigante imperialista (y aún lo hace) durante más de cincuenta años. Como recogen Katrien Demuyinck y Marc Vandepitte en este artículo, traducido para Rebelion por Beatriz Morales, en Cuba el terrorismo nunca está demasiado lejos. El conjunto de los atentados terroristas practicados contra la isla por la arrogante potencia norteamericana ha matado a 3.478 personas, es decir, 25 veces la cantidad de las víctimas de los atentados de París. Y por su parte, 2099 personas han resultado heridas, mutiladas o inválidas. Bajo estas circunstancias, y si Cuba se hubiera unido al discurso dominante, cabría esperar una sociedad fuertemente militarizada con una ingente presencia de agentes por las calles. También cabría esperar que las autoridades proclamaran regularmente el Estado de Excepción (o de Emergencia) durante semanas o meses, durante los cuales se paralizarían temporalmente los transportes públicos, se prohibieran las competiciones deportivas, se cerraran temporalmente las escuelas, o se suspendieran de forma permanente las libertades públicas. 

 

Sin embargo...¿Ha ocurrido todo esto en Cuba? Rotundamente NO. A lo largo de todo el territorio de la isla, no hay tanques ni vehículos militares por las calles, ni tiradores de élite ni paramilitares cerca de los edificios públicos, ni siquiera durante las manifestaciones masivas, como la que se celebra anualmente el primero de Mayo o durante las visitas papales. Y en estas ocasiones, cientos de miles de personas se reúnen masivamente en un mismo lugar. Y no es que Cuba se tome a la ligera la amenaza terrorista o que albergue o dé rienda suelta a los terroristas potenciales, más bien todo lo contrario. Desde 1959, la lucha antiterrorista es la prioridad absoluta del Gobierno cubano, a la que dedica las mejores fuerzas de todo el país. De hecho, el país vive en el nivel 4 de alerta desde hace 55 años. Pero el enfoque es totalmente diferente al de la "Guerra Global contra el Terrorismo" encarnada por USA y sus aliados, o como por ejemplo se lleva actualmente en Francia, Reino Unido o Bélgica. Y nos podríamos preguntar: ¿pero qué sabe Cuba sobre terrorismo? La respuesta a esta pregunta es bien sencilla recurriendo a la historia: desde finales de 1959, el Presidente Eisenhower lanzó todo un calculado programa (que se fue enriqueciendo con los sucesivos mandatarios estadounidenses) para acabar con la revolución cubana. Fue el principio de una serie de atentados terroristas contra la isla: guarderías, grandes almacenes, hoteles y otros edificios públicos fueron objetivo de ataques con bombas. El 4 de marzo de 1960 un barco cargado de armas belgas vuela en pedazos en el Puerto de La Habana. 

 

Contrarrevolucionarios armados sembraron el terror en el campo, apoyados por una cobertura aérea de Estados Unidos. Luego vendrían las acciones de sabotaje, las explosiones por decenas, los innumerables intentos de asesinar a Fidel Castro usando los más ingeniosos métodos. Todos fallaron. Comandos armados que matan a la población cubana sin discriminación realizaron todo tipo de invasiones a lo largo de la costa. Estados Unidos no dudó incluso en utilizar armas bacteriológicas para destruir las cosechas de los campos cubanos, difundiendo muchas enfermedades, como el dengue, lo que provocó cientos de muertos. ¿No es todo ello terrorismo con mayúsculas? Quizá la operación más famosa ocurrió en abril de 1961, cuando unos bombarderos estadounidenses atacaron los aeropuertos cubanos para preparar una invasión militar de 1.200 mercenarios en la Bahía de Cochinos. La operación también fue un rotundo fracaso. Entonces, los estrategas norteamericanos llegaron a la conclusión de que sólo podrían vencer a la Revolución Cubana por medio del envío masivo de tropas por tierra. En 1976 el terrorismo de USA contra la isla llega a su máxima expresión, cuando es derribado un avión de las líneas aéreas cubanas, falleciendo los 73 pasajeros que transportaba. Pero la década de 1990 conoció nuevos tipos de agresiones, donde los hoteles, centros turísticos, aeropuertos, complejos, estaciones y otras instalaciones se convirtieron en el blanco de una serie de atentados con bomba. ¿Sabrá Cuba algo de terrorismo? Pues parece que alguna experiencia tiene. 

 

Los grupos terroristas que atacan la pequeña isla caribeña operan a partir de Miami, donde aún continúa viviendo tranquilamente el mayor terrorista de todos ellos, como es Luis Posada Carriles. Son grupos que a menudo están formados y adiestrados por la CIA. Su origen fue el 1% de los cubanos que se habían marchado a Miami, que fueron quiénes instigaron su creación, con la colaboración inestimable de los servicios de seguridad estadounidenses y la financiación de los poderes públicos. Aún hoy día continúan existiendo. Cuba sabe más de terrorismo que todos nuestros países ricos y "civilizados" juntos, pues lo lleva sufriendo en sus propias carnes desde hace más de medio siglo. Pero sin embargo, como decimos, su actitud y su enfoque hacia el fenómeno del terrorismo es absolutamente distinto al nuestro. ¿Cuál es básicamente este enfoque cubano? Pues veamos: la lucha contra el terrorismo se lleva a cabo de dos maneras en Cuba: apoyándose en la población, e infiltrándose en las redes terroristas. ¿Se hacen discursos nacionalistas, se abrazan a la bandera, se hacen grandes homenajes públicos, se decretan recortes de libertades, y a continuación se bombardean terceros países? NO. Ese no es el enfoque cubano. Desde hace décadas, en cada ciudad y en cada barrio funciona un Comité de Defensa de la Revolución (CDR), que vela por la seguridad del barrio. De esta forma, se creó un gran sistema colectivo de vigilancia. Con el paso del tiempo, estos Comités de Barrio también se ocuparon de los problemas sociales y económicos de los habitantes del mismo, de la salud pública, de las campañas populares por la reivindicación de alguna necesidad, de la organización de las elecciones, del reciclaje, etc. 

 

Cuba también se basa en su propia población para defender al país de una posible invasión militar. Y así, actualmente, junto al ejército regular de la isla, el sistema defensivo puede contar con dos millones adicionales de cubanos voluntarios que pueden estar en pie de guerra en 48 horas. Estos voluntarios reciben un entrenamiento anual, y llegado el caso, saben a dónde acudir a armarse. La otra gran estrategia de lucha contra el terrorismo en Cuba es la infiltración. Por ejemplo, eso es precisamente lo que los famosos Cinco de Cuba (recientemente liberados bajo el mandato de Obama), llevaron a cabo durante la década de 1990. Se infiltraron en los grupos terroristas más violentos de Florida para recoger el máximo de informaciones, y poder así desbaratar los planes de atentar contra la isla. Y pudieron de hecho impedir un buen número de ellos. Es una operación muy peligrosa, ya que lógicamente si los infiltrados son descubiertos también se arriesgan a ser condenados a largas penas de cárcel en Estados Unidos. Pero en fin, en esta entrega hemos querido demostrar cómo es posible practicar otro enfoque distinto hacia el terrorismo, más allá de la torpe y nociva estrategia occidental, que sólo consiste en el repliegue nacionalista, y en la vengativa respuesta de los Gobiernos. No estamos queriendo decir que el enfoque cubano sea cien por cien extrapolable a otros países, ni siquiera que sea el mejor, pero sí que es diferente, y al menos, no contribuye a echar más gasolina al fuego. Continuaremos en siguientes entregas.

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13 abril 2017 4 13 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: Iñaki y Frenchy

Viñeta: Iñaki y Frenchy

El teléfono nos enseñó una valiosa lección. En su pico más alto, en 2008, había 1.300 millones de teléfonos fijos para una población mundial de 7.000 millones. En la actualidad, más de 6.000 millones de personas tienen un teléfono móvil. Según un estudio de la ONU, son más personas que las que tienen acceso a un inodoro

Dominic Frisby

La medición precisa y periódica de la desigualdad es difícil a nivel político y suele relegarse, sobre todo en los países en desarrollo. En los países ricos, los niveles de desigualdad simplemente son ocultados o difuminados bajo una retórica eufemística absolutamente falsa, que trastoca y resalta datos en interés de la difusión de su mensaje. La dependencia de encuestas de hogares y de declaraciones fiscales hace que se subestimen sistemáticamente los ingresos y la riqueza de las personas más poderosas de la sociedad, ya que éstas suelen contar con mecanismos de ingeniería para evadir o eludir los impuestos, y rara vez están incluidas en las encuestas. Esta dependencia hace también que las desigualdades de género no se midan adecuadamente. ¿Qué herramientas de medición poseemos? Históricamente, y siguiendo el documento "Acabemos con la desigualdad extrema" de Oxfam, ya referido en artículos anteriores, la desigualdad en términos de renta, riqueza y otros bienes (como la tierra), se ha medido con el Coeficiente de Gini, llamado así en honor al estadístico italiano Corrado Gini. Este coeficiente es un método de medición de la desigualdad en el que una puntuación de 0 reflejaría una igualdad total (insistimos en que eso no quiere decir una sociedad homogénea y uniforme, sino la inexistencia de niveles de desigualdad), donde a cada persona le corresponde la misma porción, y una puntuación de 1 (o a veces 100) significaría que una sola persona es dueña de todo, es decir, lo que podría ser entendido como el nivel de desigualdad máximo. 

 

Sin embargo, una de las críticas a Gini es que está demasiado influido por el 50% medio de la población. El Ratio de Palma, que recibe su nombre del economista chileno Gabriel Palma, trata de superar este defecto midiendo el ratio entre el porcentaje de renta del 10% más rico de la población, y el del 40% más pobre. Esta forma de medir la desigualdad está ganando adeptos, como es el caso de Joseph Stiglitz, que ha propuesto que sea la base de una meta dentro de un objetivo global de reducción de la desigualdad de los ingresos en el marco del proceso post-2015. El Ratio de Palma es fundamental para medir el aumento de la concentración de los ingresos y la riqueza en manos de los más ricos, lo cual lo convierte en una herramienta útil para futuras investigaciones. De hecho, es hoy día el mejor testigo que nos muestra el aberrante crecimiento de la desigualdad. Recientemente, las declaraciones fiscales también se han utilizado con mucho éxito para registrar de forma más precisa las rentas más altas. La base de datos de las mayores rentas del mundo (World Top Incomes Database), cofundada por Thomas Piketty (el autor de la famosa obra "El Capital en el Siglo XXI"), incluye datos de 26 países, con información sobre el porcentaje de los ingresos antes de impuestos que va a parar a manos del 1% más rico desde la década de 1980. Y por su parte, las declaraciones fiscales también se utilizan en estudios económicos que intentan demostrar la viabilidad de ciertas medidas, como es el caso de la Renta Básica Universal. 

 

Es evidente que este ritmo de crecimiento de las desigualdades extremas no se puede mantener. Ninguna sociedad sana puede soportarlo. Ya lo expresó muy claramente Nick Hanauer, cuando afirmó: "Ninguna sociedad puede mantener un incremento semejante de la desigualdad. De hecho, no existen ejemplos en la historia de la humanidad en los que la riqueza estuviese tan acumulada sin que en algún momento las personas se alzasen en armas. Dame una sociedad enormemente desigual, y te mostraré un Estado policial. O una sublevación. No hay excepciones". Cuánta razón tenía Hanauer, no hay más que ver la evolución de nuestro país, incrementando la represión y atacando a los derechos fundamentales y libertades públicas. Y como ya hemos contado en anteriores entregas, un testigo fundamental y una consecuencia de la aplicación de estas políticas generadoras de desigualdad es el incremento en el número de millonarios. La riqueza conjunta de los milmillonarios se ha incrementado en un 124% en los últimos cuatro años, y actualmente asciende aproximadamente a 5,4 billones de dólares. Por someterla a una comparación significativa, esta cifra duplica el PIB de Francia de 2012. Aunque siendo justos, hay que reconocer también que algunos ricos (un porcentaje muy pequeño) está dispuesto a contribuir a la sociedad de la cual emana su riqueza. En Estados Unidos, un grupo llamado "Millonarios patriotas" trabaja activamente para influir en el Congreso a fin de que elimine las desgravaciones fiscales a los ricos, afirmando en su escrito de petición que "por la salud física de nuestra nación y el bienestar de nuestros conciudadanos, les pedimos que incrementen los impuestos a las rentas que superen un millón de dólares". El Congreso, hasta ahora, ha hecho caso omiso a dicha petición.

 

Quizá la forma más antigua de materializar la desigualdad social en la riqueza viene dada por las limitaciones en el acceso a la tierra. Históricamente, en las naciones ricas, inicialmente la riqueza la daba la tierra, el acceso a ella, el trabajo en ella, la obtención de sus frutos, la siembra de semillas, etc. Los terrenos agrícolas son especialmente importantes para la subsistencia de las personas pobres en los países en desarrollo, y en los países ricos, la posesión y el acceso a la tierra fue derivando en un privilegio reservado para aristócratas y grandes terratenientes y latifundistas. Hoy día, demasiadas personas en zonas rurales tienen dificultades para ganarse la vida con pequeñas parcelas de tierra. Otras muchas, especialmente mujeres, carecen de derechos seguros sobre la tenencia de la tierra, lo cual implica que pueden ser expulsadas de sus tierras y quedarse sin fuentes de ingresos. Un estudio de Oxfam realizado con organizaciones de mujeres de tres continentes, identificó la falta de acceso de las mujeres a la tierra como una de las principales amenazas para la resiliencia (capacidad de resistencia y de adaptación) de la comunidad. En nuestro país, esta situación se da mucho especialmente en Andalucía, la Comunidad más rica y fértil en tierras de secano y regadío, pero donde la concentración de la propiedad sobre la tierra es absolutamente escandalosa. En este sentido, el Sindicato Andaluz de Trabajadores (SAT) viene llevando a cabo durante años ocupaciones de tierras propiedad de la Junta (que se subastan al mejor postor en vez de entregarlas a los jornaleros en paro) y otras acciones simbólicas de reivindicación y lucha contra este problema. 

 

Pero como decimos, no es un problema sólo español, ni andaluz. Se trata de un problema universal, que además tiene que ver con la propia reconversión industrial, y sus terribles efectos sobre el desempleo de agricultores, ganaderos y todas las personas que trabajan en y para las tierras. En la mayoría de los países de América Latina, el Coeficiente de Gini en relación a la desigualdad en la distribución de la tierra supera el 0,8; muchos de los países asiáticos se sitúan por encima del 0,5. En Angola y Zambia, las pequeñas explotaciones agrarias constituyen el 80% del total de las mismas, pero sólo suponen alrededor del 2% del terreno agrícola. La redistribución de tierra a gran escala en países de Asia Oriental como Corea, Japón y China ha desempeñado un papel clave en la reducción de la desigualdad, logrando que el crecimiento sea más favorable para las personas pobres. Y en algunos países como Brunei, Arabia Saudí o Kuwait, los Jefes de Estado son los mayores propietarios de tierras. En Rusia, la empresa azucarera Prodimex posee el 20% del total de los terrenos de propiedad privada. Y según una reciente investigación de la Unión Europea, las grandes explotaciones agrícolas constituyen sólo el 3% del número total de explotaciones, pero suponen el 50% del total del terreno agrícola. Una buena planificación y redistribución sobre la propiedad y la tenencia de la tierra, o simplemente el reconocimiento del derecho a poder trabajarla, sacaría del paro, de la exclusión, de la miseria y de la pobreza a millones de personas, contribuyendo a una mayor justicia social, y a la sensible reducción de las desigualdades. Continuaremos en siguientes entregas.

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12 abril 2017 3 12 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

Fuente Viñeta: https://laicismo.org/

El meollo del asunto estriba en liberarse del miedo, una emoción muy arraigada en el corazón humano. El miedo ha estado en el origen de la mayoría de las religiones, el miedo ha sido la fuente de la mayoría de los códigos morales, el miedo conforma nuestros instintos, en nuestra juventud nos inculcan el miedo y, en definitiva, el miedo está en el fondo de todo lo que es malo en el mundo. Una vez nos hemos liberado del miedo, tenemos toda la libertad del universo

Bertrand Russell

El dogma religioso, opuesto a los principios y valores democráticos, lleva a desarrollar una oposición radical a determinadas leyes cuya finalidad es reconocer derechos a personas, a animales, incluso a la propia naturaleza, como han sido históricamente las leyes del divorcio, el aborto, la liberación de la mujer, el matrimonio entre homosexuales, etc., que han encontrado siempre la activa y feroz oposición de la Iglesia Católica y de sus más encarnizados fieles. Por supuesto, estas leyes no obligan a nadie a divorciarse, a abortar, ni a casarse con una persona del mismo sexo, simplemente reconocen el derecho a poder hacerlo a las personas que lo deseen y cumplan los pertinentes requisitos legales. Por tanto, estas leyes no afectan a los fieles católicos que no deseen ejercer este tipo de derechos, y en todo caso, si desean ejercerlos, lo harán bajo el pleno uso de su libertad. Se trata por tanto de leyes que respetan el cumplimiento de las normas morales católicas para sus fieles. Sin embargo, la jerarquía católica pretende siempre que todos los ciudadanos, quieran o no, se sometan a sus normas morales, y que las leyes civiles, independientemente de lo que opine la mayoría del pueblo, se ajusten a sus creencias, que para ellos representan la verdad absoluta. Podemos encontrar un fantástico ejemplo de ello en la reciente polémica creada por el ya famoso autobús transfóbico de la organización ultracatólica Hazte Oir, que presenta sus intolerantes y aberrantes mensajes como una defensa "frente al totalitarismo de la ideología de género". 

 

Es decir, para ellos, las leyes aprobadas democráticamente representan la imposición de una ideología, y en cambio no dicen nada de la auténtica imposición a sangre y fuego del adoctrinamiento católico durante siglos en los cuerpos y las mentes de las personas. Absolutamente ridículo e indignante. Con esta idea fundamentalista, la jerarquía eclesiástica se opone férreamente a dichas leyes, convocando y participando, conjuntamente con la derecha católica, a la difusión de este aberrante pensamiento dominante, apoyándose precisamente en la falacia de que la mayoría de la población se declara católica en nuestro país. Y así, en sus manifestaciones no defienden únicamente una opinión contraria a la mayoritaria, sino que defienden la verdad única y absoluta, lo que conduce a la crispación cívica y política, cuyas consecuencias son difíciles de prever. En el ejemplo del autobús de Hazte Oír, se han levantado auténticos revuelos populares cada vez que el dichoso mensaje entraba en alguna ciudad, pues la inmensa mayoría no entendía cómo es posible que en pleno siglo XXI puedan defenderse dichos mensajes de odio e intolerancia hacia el reconocimiento de los derechos humanos fundamentales. Pero el fanatismo de la Iglesia Católica no entiende de derechos humanos, sino de su dogma de fe. Para ellos, el ser humano es creación de Dios, y evitan todo cuestionamiento social o científico sobre su naturaleza que se separe del dogma religioso. Por ejemplo, en el caso del aborto tenemos un ejemplo muy ilustrativo: para ellos, en el mismo momento de la fecundación Dios pone un alma humana en dichas células, y por ello se convierte en algo absolutamente sagrado. Por eso entienden que el aborto es un asesinato. 

 

Incluso su oposición fanática, radical y enfermiza a muchas leyes les lleva a veces a promover abiertamente la desobediencia civil (algo que está lógicamente justificado en los casos de opresión de los pueblos o de las ideas, lo cual no es el caso), exigiendo, por ejemplo, a los abogados y jueces católicos que no tomen parte en las prácticas y decisiones derivadas de dichas leyes. La Iglesia Católica ha sido y es institucionalmente una asociación antidemocrática y fundamentalista, fuente de guerras y de violencia, y su fuerte expansión ha sido una de las causas principales que ha impedido el progreso social de los pueblos, oponiéndose en muchos casos al desarrollo de la ciencia y del conocimiento, y defendiendo sus privilegios por encima de las leyes. Esta postura sigue manteniéndose en la actualidad, por lo cual podemos concluir que la separación entre la Iglesia y el Estado es un objetivo fundamental para el desarrollo de una sociedad verdaderamente democrática. No obstante, un sistema democrático debe respetar escrupulosamente la ideología de los creyentes y la existencia de la institución católica, entendiendo que, aunque su estructura no es democrática, es aceptada libre y voluntariamente por sus fieles y adeptos. Pero no se puede tolerar bajo ningún concepto, que cualquier creencia religiosa dispute preceptos a la ciencia o al progreso social de los pueblos, que es tanto como decir a la democracia. Y en este sentido, el Concordato de 1979 y muchos Convenios con la Santa Sede son contrarios a las normas de la democracia, que implican la existencia de un Estado aconfesional. Tampoco es admisible que el Estado y su administración pública, que nos representan a todos, admitan la injerencia de la Iglesia Católica en su seno y sus actos civiles. 

 

Y abundando en ello, el Estado tampoco debe financiar centros privados o concertados de enseñanza, ni homologar automáticamente sus sistemas docentes. Ello no va en contra de la "libertad de enseñanza" (una libertad falaz que no existe), sólo propugna que la enseñanza privada se financie con recursos privados y que cumpla los cánones exigidos por el poder civil para que pueda ser homologada como enseñanza oficial. Por otro lado, el aparato del Estado, y en particular el Gobierno, tienen el deber ético de informar al conjunto de la ciudadanía de las características de cualquier religión en lo que se refiere a sus vulneraciones de derechos humanos y de las normas democráticas, con el fin de que el ciudadano o ciudadana que decida libremente formar parte de la institución católica (u otra cualquiera), lo haga con pleno conocimiento de causa. La falta tradicional de respeto y acatamiento de la Iglesia Católica al poder civil y su negativa real a una separación de los poderes eclesiástico y civil, constituyen un peligro real para el desarrollo democrático de nuestro país, y una pieza fundamental en la difusión del pensamiento dominante. Y ello porque la religión (todas ellas) nos impone un dogal, un límite para nuestro pensamiento racional, prohibiendo todo aquéllo que se sale del dogma religioso, es decir, de su verdad única y absoluta. Cualquier cuestionamiento del dogma provoca el rechazo del sujeto por parte de la orden religiosa. Se impide por tanto el pensamiento reflexivo y crítico, el pensamiento alternativo. Se cultiva el pensamiento obediente y receptor, único, que deriva en el colonialismo de las mentes, del cual es muy difícil salir. Por todo lo cual, la Iglesia Católica (todas en general) deben ser excluidas del ámbito democrático, es decir, del ámbito público. 

 

Y el pensamiento dominante (que no es precisamente el que propugna un Estado Laico) defiende, legitima y justifica que la religión ocupe tan preponderante lugar en la vida pública e institucional del país. Y todo ello, a lo largo del tiempo, se va traduciendo en que no sólo el propio modelo educativo, sino la moral, la escala de valores, los símbolos religiosos, las costumbres, el folklore en una palabra (concepto que resume todo el patrimonio cultural de un pueblo) se va impregnando de la cultura religiosa, y va asumiendo su comportamiento y su representatividad bajo los parámetros de influencia y presencia de la religión. Llega un momento en que la religión, que debería ocupar un lugar sólo en nuestros rincones y espacios más íntimos, ocupa casi todas las manifestaciones del Estado: la Pascua (incluso militar), la Semana Santa, las fiestas oficiales, las tomas de posesión, los homenajes a las víctimas de accidentes o catástrofes, los colegios públicos, los actos de nombramientos y celebraciones oficiales, unidos a la presencia de los representantes de la vida religiosa: monjas, curas, diáconos, capellanes, obispos, catequistas, curas castrenses, cardenales, y un largo etcétera, que se mezclan con los representantes oficiales del pueblo: alcaldes, concejales, diputados, senadores, presidentes de comunidades, ministros, mandos militares, el Rey...formando una mezcla finisecular entre el aparato del Estado y la jerarquía eclesiástica. Un peligroso tándem que hay que romper firme y decididamente. Mientras ese tándem no se rompa, continuará en las mentes de las personas la idea de la plena asociación de la "verdad" religiosa con la "verdad" pública, civil y democrática. Y como estamos demostrando, dichas "verdades" van por caminos antagónicos. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 abril 2017 2 11 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

Fuente Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

El conflicto siempre determina caminos, construye posibilidades, arma el presente y dispara incondicionalmente hacia el futuro. La política es conflicto. Y dado que todo lo que determina las condiciones de vida de una sociedad pasa por la política, toda construcción social pasa por el conflicto. Todo proceso histórico es conflicto. Quien pretenda evitar el conflicto, necesariamente está desentendiéndose de la política, y necesariamente se sitúa del lado de los vencedores, aun sin saberlo

Voces en Lucha

¿Quiénes fueron por tanto los principales actores que desencadenaron las revueltas que después fructificaron en el Golpe de Estado del General Franco? Pues básicamente la burguesía agraria, bancaria y empresarial afín a los postulados franquistas, y a su modelo de sociedad, y por otro lado, los altos mandos del Ejército (no todos, muchos continuaron siendo fieles a la República, incluso dieron su vida por ella), la Iglesia Católica y el partido fascista Falange Española (fundado por José Antonio Primo de Rivera), fueron los impulsores, y a la vez máximos beneficiados del franquismo. Mención especial nos merece cierta élite empresarial de la época, con Juan March a la cabeza, que financió directamente toda la logística, los medios y la organización del Golpe de Estado. Desde ahí, se construye el edificio de un nacionalcatolicismo inspirado en el modelo de Estado de las potencias fascistas. Podemos hablar de un fascismo nacionalcatólico español: toda una doctrina ideológica al servicio de las élites del país, que se hicieron definitivamente con el poder, aplastando y exterminando a sus enemigos. Un poder que convirtieron en despótico, autoritario, dogmático, represor, vengativo, asesino y genocida. Un poder basado en una ideología de carácter fascista y nacionalcatólica que finalmente sirvió de base para implantar un tipo de capitalismo, que llega hasta nuestros días, aliado y servil a los intereses del propio Estado, generando un monstruo corrupto y represor con diferentes flancos. 

 

Y por supuesto, un fascismo aliado y servil a los intereses de la potencia mundial cuya principal preocupación ideológica consistió en combatir el comunismo, como es Estados Unidos. Como vemos, unos planteamientos que continúan en nuestro tiempo. El mismo Estados Unidos que siguió la política de no intervención impulsada por Gran Bretaña y Francia durante la Guerra Civil Española, y que luego se apresuró en reconocer al dictador. El mismo Estados Unidos que como potencia bélica mundial tiene como obsesión impedir que cualquier país intente por vías pacíficas y democráticas implantar algún tipo o modelo socialista, o aún siquiera distinto al neoliberalismo imperante, y ante lo cual no duda en sabotear, chantajear, someter a bloqueos económicos y sanciones, fomentar el terrorismo callejero, financiar golpes parlamentarios, financiar a dictadores genocidas, e incluso invadir dichos países. En esta serie de artículos (USA: Estado de Guerra Permanente), a la que remito a mis lectores y lectoras que no la hayan seguido, hacemos un profundo recorrido por el carácter belicista de la potencia norteamericana a lo largo de su historia. En este sentido, muy esclarecedoras fueron las palabras del dictador en un discurso de 1942: "Nuestra Cruzada es la única lucha en la que los ricos que fueron a la guerra salieron más ricos". Según cuenta el historiador Ángel Viñas, Franco comenzó la guerra sin fondos y con el sueldo congelado y la acabó con 32 millones de pesetas de la época (unos 388 millones de euros actuales). 

 

Como hemos explicado en entregas anteriores, grandes obras de la época como los famosos pantanos, canales de riego o el Valle de los Caídos se hicieron con concesiones a empresas adictas al régimen que usaban mano de obra esclava de presos políticos republicanos. Muchas de estas empresas cotizan hoy en el IBEX-35, como sus herederas naturales, al igual que muchos políticos del PP son hijos o nietos de altos cargos franquistas de la época, o de alcaldes o concejales del régimen. Y es que la alargada sombra del franquismo llega hasta nuestros días. Otro hecho muy significativo tiene que ver con las ayudas internacionales recibidas por unos y otros. Unos utilizaron mercenarios a sueldo traídos desde Marruecos bajo las órdenes de Franco. También fue fundamental el apoyo material traducido en armas, tropas y aviones del fascismo italiano de Mussolini, el nazismo alemán de Hitler, y el salazarismo portugués. Acuerdos que gestionó el citado banquero Juan March, que negoció los apoyos del fascismo europeo al "Glorioso Movimiento Nacional". Italianos y alemanes eran los aviones que bombardearon pueblos enteros como Guernika, que inspirara a nuestro genio malagueño universal, Picasso, para su magna obra pictórica, quizá la que mejor refleja los horrores de la guerra. Por su parte, los defensores de la República recibieron oleadas de voluntarios (las Brigadas Internacionales) de todo el mundo, que llegaron a territorio español para luchar por ideales humanistas de justicia social plasmados en la República. Un capítulo épico y heroico de la historia de la humanidad, donde muchos de estos hermanos perdieron la vida. 

 

Los primeros países a los cuales el Gobierno legítimo de la República pide ayuda son Francia, Gran Bretaña y Estados Unidos. Ante la negativa de éstos, recurrieron desesperados a Moscú. Pero la Unión Soviética, interesada fundamentalmente en su alianza con Gran Bretaña y Francia, no ayudó a la República desde el principio, sino que fue el apoyo de las potencias fascistas (que apoyaron desde el principio la sublevación) lo que hizo, casi tres meses después de comenzado el conflicto, decidirse a prestar ayuda con asesores militares, material de guerra, alimentos o materias primas. Este apoyo fue clave para aumentar la resistencia de los defensores de la República hasta 1939, pero demasiado tibio como para ganar la guerra, habiendo constancia de recortes en el envío de armamento desde noviembre de 1937. Toda la ayuda fue pagada por el Gobierno de la República con buena parte de las reservas de oro del Banco de España, el famoso "Oro de Moscú". Y tras la Guerra Civil, llegó la terrible dictadura. Exilio, muertes, fusilamientos judiciales y extrajudiciales, soberbia y arrogancia de los vencedores, desapariciones forzadas, torturas, depuraciones administrativas, persecución a maestras y maestros, represión lingüística y cultural, censura y prohibición de manifestaciones populares, falsas amnistías que se convertían en trampas donde los supuestos amnistiados eran fusilados, robo de bebés (ya nos hemos ocupado profundamente de este tema en entregas anteriores) en cárceles femeninas a las presas políticas republicanas mediante una macabra trama que involucra al propio aparato del Estado, y un largo etcétera de aberrantes prácticas determinaron un terrorismo genocida y represor que se manifestó durante más de cuarenta años, pues continuó incluso después de la muerte del dictador. 

 

Todo ello hoy sin resolver. Todo ello aún hoy día escondido, protegido y amparado por la mafia corrupta que nos gobierna, casi con la misma impunidad y arrogancia de entonces. Todo ello pendiente de facturar en las únicas monedas posibles: verdad, justicia, reparación y garantías de no repetición. Pues bien, una vez dejado claro la naturaleza, los medios y los objetivos de ambos frentes en disputa (mejor dicho, el frente que ataca y el que se defiende), y qué representaban cada uno de ellos, podemos entender que las posturas oficialistas que afirman que ambos "bandos" fueron iguales, que no podemos "reabrir heridas", que tenemos que reconciliarnos, que no podemos alimentar odios del pasado, y otras estupideces por el estilo, no hacen sino alimentar aún más no ya el odio, sino la impotencia de los perdedores de aquélla guerra, y por lo tanto, de los ideales que defendían. Muy al contrario, se enaltecen la vanidad y los ideales de los ganadores, es decir, de aquéllos que justifican y promueven la opresión, la exclusión y el clasismo. Aquéllos que defienden a los poderosos, mientras atacan a los débiles. Un error histórico e interesado consiste en habernos creído el cuento de que desde la Transición, la historia comienza de cero, sin vencedores ni vencidos, sin rojos ni azules. Esta falaz visión no tiene en cuenta que los vencedores, el régimen franquista y todo su andamiaje, estaban en condiciones prioritarias de poder para negociar las bases constitucionales y estructurales del régimen actual. Tal y como anunció Franco antes de morir, todo quedaba "atado y bien atado". ¿Cuál era pues esa atadura a la que se refería el dictador? Es fácil intuirla: un régimen surgido desde la figura de un Rey promovida por el dictador, que continuaría beneficiando a las élites económicas del país, que a su vez mantendrían la hegemonía del resto de poderes fácticos del Estado: las Fuerzas Armadas, la Iglesia Católica y la casta corrupta de empresarios, aristócratas y latifundistas. Continuaremos en siguientes entregas.

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10 abril 2017 1 10 /04 /abril /2017 23:00
Viñeta: http://www.ecorepublicano.es/

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A la izquierda de los republicanos no hay ni puede haber nada. Ninguna aspiración revolucionaria o progresista pasará de ser una utopía infecunda, si no se apoya en las cuatro columnas fundamentales del estado republicano: el ser humano libre, la nación independiente, la sociedad justa y solidaria y el pueblo soberano

Fernando Valera Aparicio (Ex Presidente del Consejo de Ministros de la República Española en el Exilio) (1978)

Desde que el Golpe de Estado del General Franco en 1936 interrumpiera abruptamente la Segunda República, nuestra historia entró, pudiéramos decir, en un declive democrático. En una primera etapa, surgida de la dictadura franquista, volvieron a visitarnos los fantasmas del fascismo, de la intolerancia, del exterminio, del genocidio, del exilio, del hambre, de los trabajos forzados, de la represión y de la muerte. La dictadura de Franco fue uno de los períodos más negros de nuestra historia. Pero acabada la misma con la muerte física del dictador, también se vieron truncadas las esperanzas de muchos republicanos que confiábamos en la vuelta de un período de recuperación no sólo del aspecto formal de nuestros derechos y libertades, sino también de un saneamiento democrático de nuestra sociedad, y de la recuperación y protagonismo de las clases trabajadoras de aquél tiempo. Desgraciadamente, no fue así, y lo que se nos vendió bajo el período denominado de Transición no fue más que un lavado de cara de la época anterior, despojándolo de su crueldad y de su autoritarismo, pero en ningún caso retornando a los valores sociales de la breve etapa republicana. 

 

Y así, a más de 40 años de la desaparición del dictador, nuestra sociedad continúa bajo el aparente disfraz democrático, pero sufriendo en realidad las limitaciones de una democracia recortada y aplastada por las élites dominantes, esa poderosa trama de poder económico-mediático (con la complicidad de la Monarquía, la Iglesia y las Fuerzas Armadas) que nos gobierna, aunque no se presente a las elecciones. La necesidad de la República se vuelve, pues, imperiosa. Actualmente, el Grupo Parlamentario de Unidos Podemos se ha instalado en la postura de relegar el tema de la República a un segundo plano, pero muchos pensamos que se equivocan estrepitosamente. Bajo la falacia de que hay que solucionar otros problemas mucho más urgentes para la ciudadanía, el asunto de la República queda postergado ad infinitum, cuando en realidad, es la base de todo nuestro saneamiento democrático, sin el cual, nunca podremos recuperar los valores sociales a los que aspiramos. Sin superar realmente el franquismo (pues los actuales gobernantes son los naturales herederos del mismo, y prueba evidente de ello son las continuas trabas y negativas que ponen para condenarlo y respetar la memoria histórica), la Monarquía nos viene impuesta desde la figura del dictador, sin respetar la voluntad popular ni organizar siquiera un referéndum sobre el modelo que se prefiere por parte de la población española. 

 

Y sin República, nuestra sociedad continuará bajo los mismos moldes antidemocráticos que la configuran, y bajo la anacrónica arquitectura que la determina. Porque la República es, básicamente, el cimiento de la democracia. Se podrá argumentar que la forma o modelo de Estado es un detalle menor, pero nosotros discrepamos absolutamente de ese planteamiento. La Monarquía es la base de una estructura de poder que consagra y perpetúa la dominación de la trama político-económica sobre las clases populares y trabajadoras, y por tanto, desde esa perspectiva, sin abolirla nunca se podrá construir una sociedad con completa justicia social. Necesitamos imperiosamente la República, pero tampoco cualquier República nos vale (como no nos vale cualquier modelo de Renta Básica, por ejemplo). Necesitamos una República Socialista, Federal, Laica, Democrática y Participativa. Es decir, necesitamos una República pensada para las clases populares y trabajadoras. Una República que vuelva a recuperar los valores que se extirparon salvajemente con el golpe fascista y  la posterior dictadura, precisamente porque atacaban a los intereses de los grupos fácticos de poder. Una República que sea crisol donde se fundan las más legítimas aspiraciones de justicia, igualdad, fraternidad, cooperación, verdad, reparación, equidad y redistribución. Una República del pueblo y para el pueblo. 

 

Salva Artacho lo ha expresado magníficamente en un reciente artículo: "Debemos afrontar y dejar claro que la grave situación económica que padece la sociedad en general, la corrupción y el trapicheo político, los desahucios, la precariedad laboral, el abuso patronal, los problemas de la educación pública, la sanidad que nos roban para privatizarla y convertirla en el gran negocio, el incumplimiento sistemático de sus leyes, la criminalidad machista sin fin, la fuga de cerebros por falta de cauces para la investigación, la bula fiscal e impositiva de la que goza la Iglesia, la parcialidad de la justicia, la nula atención a la memoria histórica republicana, la burla de la clase dirigente al gobernar sólo para los intereses de las minorías pudientes...deben ser abordados desde un planteamiento radical democrático, o lo que es lo mismo, yendo a la raíz de los problemas y esto sólo se puede hacer desde la República, dejando claro que todo lo que nos proponen los ex-socialistas, la derecha y los nuevos partidos son "agiornamientos" o ligeras capas de pintura para disimular la situación de deterioro en la que está el régimen y de la que ellos son cooperadores necesarios en su sostén". Hay cosas que no se arreglan si antes no se desarreglan del todo, y exactamente eso es lo que necesitamos, que la República sea el instrumento para derribar tanta lacra social de tanto gobierno indecente y de tanta casta corrupta, para levantar sobre ella un nuevo proyecto de país. 

 

Una República, en definitiva, que se base escrupulosamente en la total y absoluta garantía del cumplimiento de los Derechos Humanos, reflejados entre otras fuentes en la solemne Declaración Universal, cuyo artículo 25, sin ir más lejos (para que veamos hasta qué punto estamos lejos de él) dice lo siguiente: "1.- Toda persona tiene derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda, la asistencia médica y los servicios sociales necesarios; tiene asímismo derecho a los seguros en caso de desempleo, enfermedad, invalidez, viudez, vejez u otros casos de pérdida de sus medios de subsistencia por circunstancias independientes de su voluntad. 2.- La maternidad y la infancia tienen derecho a cuidados y asistencia especiales. Todos los niños, nacidos de matrimonio o fuera de matrimonio, tienen derecho a igual protección social". Esto lleva enunciado desde 1948, pero nuestros gobernantes lo siguen ignorando, condenando a la pobreza, a la exclusión social, a la precariedad o a la miseria a millones de personas en nuestro país. Necesitamos una República no sólo para cambiar al Jefe del Estado (que también), sino para que no haya nadie sin ingresos, sin vivienda, sin luz, sin sanidad, sin servicios sociales, sin pensiones o sin alimentación. No se trata de sustituir a un Rey por un Presidente, se trata de construir un nuevo modelo avanzado y solidario de país, basado en la más estricta configuración democrática. 

 

Necesitamos la República para desmontar la trama de poder, para bajar de sus pedestales a la casta corrupta que nos gobierna, que dirige los designios del país, que nos expolia y que nos destroza la vida. Necesitamos la República para construir desde los cimientos un país digno y decente, en el que no haya nadie sin derechos. Porque no se trata, como ha explicado Lola Sanisidro en este artículo, únicamente de un debate entre monarquía y república, sino de un debate en profundidad sobre los valores republicanos que determinan la convivencia: la igualdad (ya quebrada desde el instante en que existe una Institución y un monarca por encima de la ley), la libertad (entendida también como la libertad material de poder vivir sin el permiso de otros, es decir, la libertad entendida como la garantía de la satisfacción de las necesidades materiales), la laicidad (como garantía de que ninguna creencia formará parte de las Instituciones del Estado, ni se impondrán liturgias como si fueran actos de Estado), la fraternidad (entendida como todo lo contrario a la competitividad, al egoísmo y al individualismo, es decir, entendida como la solidaridad, la cooperación y la puesta en común de bienes y servicios, redistribuyendo la riqueza), y la defensa de lo público (exactamente lo que significa Res pública) como algo propio y común que garantiza espacios de realización de los derechos sociales, y del resto de derechos y libertades. Por todo ello, y para todo ello, necesitamos la República.

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9 abril 2017 7 09 /04 /abril /2017 23:00
Por la senda del Pacifismo (45)

El terrorismo no se combate con armamento ni se combate fomentando y reforzando el miedo. Se combate con educación, sanidad y progreso, se combate no invadiendo países por intereses económicos o geopolíticos y se combate con la integración de los inmigrantes. Pero eso no da dinero ni comisiones como la venta de armas

Luis Gonzalo Segura

Como explicábamos en el artículo anterior, la creciente islamofobia envuelta en trazos de neofascismo con que se presenta la ultraderecha (bajo falaces eslóganes para capturar el voto de una población alienada) puede provocar problemas añadidos. Muchos musulmanes han nacido en países occidentales, pero no se sienten integrados como deberían. Como es lógico, para lograr afirmarse y reivindicar su lugar en nuestra sociedad muchos recurren a la cultura y a la fe, pero esto no contribuye más que a reafirmar y polarizar las diferencias, sobre todo en sociedades que no son plenamente laicas, es decir, en cuyo ámbito público no se manifiesta ninguna religión. Desde 2008, Estados Unidos y sus aliados han invadido ocho países: Afganistán, Pakistán, Yemen, Somalia, Libia, Mali, Irak y Siria. Casualmente, todos musulmanes. Y no olvidemos Gaza, que desde 2008 ya ha sido devastada hasta tres veces por bombardeos a gran escala. Y a todo ello debemos unir el hecho, también comentado, de que el Islam en Europa es financiado por la poderosa corriente integrista (wahabita) patrocinada por Arabia Saudí, socio especial de nuestros "civilizados" países europeos. Toda una amplia infraestructura de difusión está puesta al alcance de dicho objetivo, mediante canales de televisión vía satélite, páginas web, libros, organizaciones, y muchas mezquitas. 

 

Y cuanto todo este polvorín estalla, a nuestros líderes occidentales no se les ocurre otro razonamiento que proclamar a los cuatro vientos que "Estamos en guerra" (François Hollande dixit), que estos atentados pretenden acabar con "nuestros valores", y nuestro "modo de vida". En el caso de Francia, por ejemplo, no se dice nada de que este país durante los últimos cinco años ha hecho la guerra en Costa de Marfil, en Libia, en la República Centroafricana, en Irak y en Siria. Nunca se dijo a la población "Estamos en guerra" en esos casos. Si además las autoridades de estos países ordenan nuevos bombardeos, cerrar las mezquitas y crear un clima de rechazo hacia los musulmanes, se echa más gasolina al fuego. Se entra en una espiral de violencia verbal y física hacia los musulmanes, que a su vez es aprovechada por las fuerzas políticas de corte neofascista para difundir su mensaje de odio, y a su vez la corriente integrista utilizará hábilmente este contexto para reforzar su influencia e impacto, lo que favorecerá la fanatización y aumentará la islamofobia. Como pueden apreciar los lectores y lectoras, se trata de un círculo perfecto que se retroalimenta, y que puede provocar efectos terribles. Pero hay incluso un segundo círculo vicioso. Los atentados terroristas son un regalo del cielo para la extrema derecha. La derecha prospera mejor en un clima de angustia y terror. Un reforzamiento de la derecha significa deshacer el Estado del bienestar que corre parejo del establecimiento del Estado policial (el segundo punto es una condición del primero). 

 

Los recientes atentados y el aumento de las medidas de seguridad también benefician a la extrema derecha, ya que alimentan sus tesis de reforzamiento de las fronteras y de poner en marcha políticas de inmigración más duras. Pero existe otra faceta del problema a tener en cuenta, y es que un debilitamiento aún mayor del ya precario Estado del Bienestar afectará sobre todo a los más débiles, y por lo tanto, también a los musulmanes. Eso quiere decir que ejercerá aún más presión a sus depauperadas condiciones de vida, profundizando su actual situación material y existencial. Se reducirá aún más la perspectiva de una vida decente para los jóvenes musulmanes, que volverá a abonar el terreno del fanatismo, del integrismo y del fundamentalismo como únicos sostenes que puedan ofrecer refugio frente a tanta indiferencia social. También aquí cerramos este nuevo y peligroso círculo vicioso. Pero todavía se pueden analizar más perspectivas: los atentados terroristas también fomentan el racismo, el cual desvía la atención de la lucha socioeconómica. El enemigo principal ya no será la desigualdad, sino las personas que tienen otro color de piel, o que visten de otra forma, o que hablan otro idioma, o que le rezan a otro Dios. El racismo levanta pasiones y enfrenta a unos sectores de la población contra otros, golpea y divide a la población en grupos, todo lo cual resulta muy cómodo para la élite social capitalista y poderosa, que permanece al margen contemplando cómo los de abajo se enfrentan entre ellos. 

 

Porque la famosa estrategia del "divide y vencerás", aplicable en muchos campos del saber, de la ciencia, de la técnica y del pensamiento, siempre ha dado muestras de funcionar. Marc Vandepitte, en el artículo de referencia que estamos siguiendo, nos dice textualmente: "En Alemania en la década de 1930 se embriagó a la población trabajadora con fuertes dosis de antisemitismo y una vez que estuvo suficientemente aturdida, se eliminó a los sindicatos. La trampa para el movimiento obrero actual es dejarse arrastrar por la saña antimusulmana, y para los musulmanes la trampa es replegarse sobre sí mismos y aislarse. La unidad es más que nunca necesaria". En efecto, sólo la verdadera conciencia de clase internacionalista, de tener muy claro quiénes son los opresores y quiénes son los oprimidos, nos permitirá salir a flote de esta continua manipulación. Y ante tanta falacia argumental, ante tan burdos planteamientos, se hace necesario un enfoque antiterrorista en profundidad y radicalmente pacifista. Ya lo hemos descrito en entregas anteriores con respecto al ISIS y a la guerra de Siria, pero es extensible a cualquier enfoque sobre conflictos internacionales. Y como las causas son múltiples, este enfoque también tiene que ser múltiple. Insistiremos en ello de forma resumida: por una parte, se debe cortar totalmente la financiación al califato y a cualesquiera otros grupos yihadistas, incluyendo los países desde donde afluyen los fondos destinados a los grupos terroristas: Arabia Saudí, Qatar, Kuwait...Las sanciones y los embargos han demostrado funcionar en este sentido. Deben cesar también las entregas de armas a estos países. 

 

Siempre hay que apostar al máximo por una solución negociada, que se debe hacer bajo los auspicios de la ONU (organización muy imperfecta sobre la que hablaremos en su momento en su bloque temático correspondiente). Las fuerzas de mantenimiento de la paz deberán supervisar que los acuerdos se aplican y se respetan. Debe cesar toda intervención militar occidental. Pero para llegar a ello, hay que ir recortando paulatinamente el tamaño del complejo militar-industrial, pues mientras continúe engordando, su razón de ser le empuja continuamente a las guerras y los conflictos armados. Y de cara al ámbito interno de cada país, se debe renunciar al enfoque que predomina la seguridad frente a los derechos y libertades públicas. Se deben mejorar los medios de los servicios de inteligencia, así como su integración entre los servicios de los diferentes países, al mismo tiempo que se garantiza plenamente la vida privada de las personas, y todos los derechos humanos fundamentales. Hay que crear programas especiales de integración de todas las personas afectadas por cualquier tipo de fanatismo terrorista o de integrismo fundamentalista. Se debe impedir por ley la financiación del wahabismo y de otras corrientes religiosas extremistas. Pero de forma complementaria, hemos de crear una sociedad que no abandone a nadie a su suerte, sino que proyecte toda una amplia y extensa red de protección social para todas las personas, incluyendo desde una renta básica universal hasta programas de trabajo garantizado, pasando por la gratuidad y universalidad de los servicios públicos sanitarios, educativos, etc. De entrada, hay que establecer planes urgentes que eliminen la exclusión social y la pobreza. Esto implica sobre todo la creación de empleo estable, digno y con derechos, inversiones serias en vivienda social, reducción del coste de la enseñanza pública, etc. Continuaremos en siguientes entregas.

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6 abril 2017 4 06 /04 /abril /2017 23:00
Fuente Gráfico: Oxfam Intermón

Fuente Gráfico: Oxfam Intermón

Desde 2015, el 1% más rico de la población mundial posee más riqueza que el resto del planeta. Actualmente, ocho personas (ocho hombres en realidad) poseen la misma riqueza que 3.600 millones de personas (la mitad de la humanidad). Durante los próximos 20 años, 500 personas legarán 2,1 billones de dólares a sus herederos, una suma que supera el PIB de la India, un país con una población de 1.300 millones de personas. Los ingresos del 10% más pobre de la población mundial han aumentado menos de 3 dólares al año entre 1988 y 2011, mientras que los del 1% más rico se han incrementado 182 veces más. El director general de cualquier empresa incluida en el índice bursátil FTSE 100 gana en un año lo mismo que 10.000 trabajadores de las fábricas textiles de Bangladesh. Un nuevo estudio del economista Thomas Piketty revela que en Estados Unidos los ingresos del 50% más pobre de la población se han congelado en los últimos 30 años, mientras que los del 1% más rico han aumentado un 300% en el mismo periodo. En Vietnam, el hombre más rico del país gana en un día más que la persona más pobre en diez años

Datos del último Informe sobre Desigualdad de Oxfam-Intermón, “Una economía para el 99%”

Las mujeres son las principales afectadas por estas salvajes políticas que hemos denominado de "fundamentalismo de mercado". Son quiénes más pierden cuando se debilita la legislación laboral (por ejemplo, con la eliminación de la baja por maternidad remunerada, o el derecho a vacaciones) o con el deterioro de los servicios públicos, que incrementa aún más su carga de trabajo no remunerado. Y como las mujeres y los niños son los principales beneficiarios de servicios públicos como la atención sanitaria o la educación gratuita, son quiénes más sufren el recorte en dichos servicios. A pesar de que este fundamentalismo de mercado ha desempeñado un papel causal determinante en la reciente crisis económica mundial, continúa siendo la visión ideológica dominante en el mundo (debido a la tremenda difusión que sus principales agentes llevan a cabo, tales como los medios de comunicación y los organismos internacionales), y continúa impulsando la desigualdad. Este enfoque ha sido un pilar fundamental de las condiciones impuestas a los países europeos endeudados, obligándolos a desregularizar, privatizar y recortar las prestaciones sociales para los más pobres, a la vez que se reduce la carga impositiva de los ricos. No habrá cura para la desigualdad mientras los países se vean obligados a tomar esta cruel medicina. 

 

Por tanto, la solución si se quiere evitar y corregir esta arquitectura de la desigualdad en primer término es revertir estas políticas. Pero al formar parte del credo sagrado, del dogma neoliberal, son políticas absolutamente incuestionables desde las élites que las promueven, las difunden y obligan a su implementación. Pero si quisieran, los Gobiernos podrían empezar a reducir la desigualdad rechazando este fundamentalismo de mercado imperante, oponiéndose a los intereses particulares de las élites poderosas, cambiando las leyes y sistemas que han provocado la actual explosión de desigualdad, y adoptando medidas para equilibrar la situación a través de la introducción de medidas que redistribuyan la riqueza, el trabajo, el dinero y el poder. Está estudiado y demostrado que desde 1990, los ingresos derivados del trabajo constituyen un porcentaje cada vez menor del PIB, tanto en países de renta alta como en los de renta media y baja. En todo el mundo, las clases trabajadoras cada vez se llevan una parte más pequeña del pastel, mientras que los más ricos acaparan cada vez más. Durante 2014, los directivos de las 100 principales empresas del Reino Unido ganaron 131 veces más que un empleado medio, y sin embargo sólo 15 de estas empresas se han comprometido a pagar a sus empleados un salario digno. O por ejemplo en Sudáfrica, un trabajador de una mina de platino tendría que trabajar durante 93 años para ganar sólo las primas anuales que cobra un director ejecutivo medio. 

 

Y mientras, la Confederación Sindical Internacional ha calculado que el 40% de los/as trabajadores/as están atrapados en el sector informal, en el que no existe el salario mínimo y se ignoran los derechos de los trabajadores. No obstante, algunos países están tomando el camino acertado en lo concerniente a los salarios, el trabajo digno y los derechos laborales. Por ejemplo en Brasil durante la etapa de Lula y Dilma Rousseff (ahora revertida con el golpe parlamentario que puso en el poder a Michel Temer), el salario mínimo se incrementó en casi un 50% en términos reales entre 1995 y 2011, contribuyendo así a la reducción de la pobreza y la desigualdad de forma paralela. O bien países como Ecuador o China, donde también se han incrementado los salarios deliberadamente. Y por el otro extremo a controlar, también hay que decir que algunas empresas innovadoras y algunas cooperativas también están tomando medidas para limitar los sueldos de sus directivos. Esto suele llevarse a cabo implementando lo que se denomina un ratio salarial, esto es, poner topes a las diferencias entre los sueldos máximo y los mínimos, por ejemplo, de 10 a 1. Desde la izquierda consideramos que en el sector público los ratios salariales deben estar en el orden de 3 a 1, y en la empresa privada del orden de 5 a 1, lo cual redundaría en un acercamiento de sueldos y salarios, reduciendo las abismales diferencias, y contribuyendo a una drástica reducción de las desigualdades. 

 

Por su parte, el sistema fiscal es una de las herramientas más importantes con que cuentan los Gobiernos para hacer frente a la desigualdad. Hablaremos también de ello en el bloque temático dedicado a los paraísos fiscales, pero es imprescindible tenerlo en cuenta si queremos migrar hacia modelos más justos de sociedad. Datos de hasta 40 países demuestran la capacidad del gasto público y los sistemas fiscales redistributivos para reducir la desigualdad de ingresos impulsada por las condiciones del mercado. Lamentablemente, los sistemas fiscales de los países en desarrollo, en los que el gasto público y la redistribución son realmente importantes, suelen ser los más regresivos y los que más lejos están de alcanzar su potencial de generación de ingresos. Y así, debido a la enorme influencia de las grandes corporaciones y de los ciudadanos ricos, y a la intencionada falta de coordinación y transparencia en el ámbito fiscal a nivel mundial, los sistemas fiscales no hacen frente a la pobreza y a la desigualdad, y en cambio, se valora la acción asistencial y caritativa de muchas organizaciones (la mayoría de carácter religioso) o se mejora la imagen de muchas personas ricas simplemente por hacer donaciones sociales de carácter asistencial. El sistema es tan perverso que ha logrado inculcar en las mentes que lo que el Estado no puede (cuando en realidad sí puede) lo pueden hacer otros grandes agentes del capitalismo, o bien de la caridad asistencial. En nuestro país, el magnate y fundador de Inditex Amancio Ortega acaba de donar más de 300 millones de euros (de una fortuna estimada en más de 60.000 millones) para adquisición de equipamientos sanitarios. 

 

Y a ello hay que añadir la tremenda complicidad que el gran capital transnacional lleva a cabo para la protección de sus intereses. Debido a ello, Gobiernos con buena voluntad en todas partes del mundo a menudo se ven frustrados por los intereses creados en la arquitectura fiscal internacional, y por la falta de coordinación. Hoy día, ningún Gobierno puede por sí solo evitar que los gigantes empresariales se aprovechen de la falta de cooperación fiscal a nivel mundial. Estas grandes empresas suelen contratar a ejércitos de expertos fiscales, a fin de minimizar su contribución fiscal, colocándolos en posición de ventaja frente a las pequeñas empresas. Y por su parte, los ciudadanos más ricos también pueden aprovecharse del secreto bancario y de los vacíos legales en materia de fiscalidad, bajo esta arquitectura social consagrada a la desigualdad. En 2013, Oxfam calculó que en el mundo se estaban perdiendo 156.000 millones de dólares de ingresos fiscales a causa de ciudadanos ricos que escondían sus activos en paraísos fiscales fuera de sus fronteras. Son famosos los comentarios de Warren Buffet (uno de los ricos más sinceros) acerca de lo injusto de un sistema que le ha permitido pagar menos impuestos que su secretaria. Y también son famosas las palabras de Charles Adams en este sentido: "La manera en que las personas tributan, quién tributa y qué tributa son las cuestiones más reveladoras sobre una sociedad". Cuánta razón tenía. Continuaremos en siguientes entregas.

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5 abril 2017 3 05 /04 /abril /2017 23:00
Imagen: http://www.eluniverso.com/

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En apenas quince meses, Macri impulsó miles de despidos tanto en la esfera pública como privada, devaluó la moneda, quitó derechos laborales con la nueva ley de ART, avanzó sobre los jubilados y sus medicamentos gratuitos, y trató de poner tope a los reclamos salariales ante una inflación que no cede. La profunda caída de la actividad económica, particularmente la industria, se evidencia en una creciente pauperización social: hay en Argentina un millón y medio de pobres nuevos desde el inicio de mandato de Macri, lo que demuestra en cifras la gravedad de la situación

Fragmento del Manifiesto

En nuestro afán por actuar como difusores del pensamiento internacionalista de izquierdas, nos hacemos eco en esta ocasión de un Manifiesto publicado por numerosos intelectuales, activistas, defensores de derechos humanos, pensadores, comunicadores, escritores y artistas de todo el mundo, que manifiestan su preocupación por la peligrosa deriva de las políticas y los abusos de Mauricio Macri en Argentina. Los firmantes representan a una veintena de países, tales como Estados Unidos, Canadá, Italia, Francia, Inglaterra, Portugal, Chile, México, Colombia, Perú, Venezuela, Cuba, Bolivia, Puerto Rico, Paraguay, Nicaragua, República Dominicana, Uruguay y Brasil. 

 

Pero ya sabemos: en vez de lo que vamos a relatar aquí a continuación, nuestros medios de comunicación dominantes nos remitirán a Venezuela, distorsionando la realidad de lo que allí ocurre, y ocultando lo que realmente ocurre en otros países, como en la Argentina de Macri que vamos a relatar ahora. El Manifiesto ha sido ya firmado por personas de la talla de Noam Chomsky, Piedad Córdoba, István Mészáros, Domenico Losurdo, Atilio Borón, Emir Sader, Fernando Buen Abad, Gilberto López y Rivas, Luis Britto, Alfredo Serrano Mancilla, Katu Arkonada, Juan Manuel Karg, o Carlos Aznárez, entre otros muchos, cuya lista completa puede consultarse en el artículo de referencia. El texto del Manifiesto al completo, que suscribimos y del que alentamos a su máxima difusión, dice lo siguiente:

 

 

CONTRA LOS ABUSOS DE MACRI

EL MUNDO CON ARGENTINA

 

Los y las abajo firmantes, intelectuales, artistas, defensores de DDHH, comunicadores y referentes políticos y gremiales del mundo entero, manifestamos nuestra más plena solidaridad con el pueblo argentino, que enfrenta las políticas neoliberales del gobierno de Mauricio Macri.

 

En apenas quince meses, Macri impulsó miles de despidos tanto en la esfera pública como privada, devaluó la moneda, quitó derechos laborales con la nueva ley de ART, avanzó sobre los jubilados y sus medicamentos gratuitos, y trató de poner tope a los reclamos salariales ante una inflación que no cede. La profunda caída de la actividad económica, particularmente la industria, se evidencia en una creciente pauperización social: hay en Argentina un millón y medio de pobres nuevos desde el inicio de mandato de Macri, lo que demuestra en cifras la gravedad de la situación.

 

Durante estos meses, además, Argentina tuvo relevancia internacional por diversos casos de corrupción por los que están siendo investigados el presidente y su entorno: Panamá Papers, Odebrecht, Avianca, Correo Argentino, entre otros. A esto se le suma el injusto encarcelamiento de la dirigente social Milagro Sala en la provincia de Jujuy, hecho que ameritó que diversas organizaciones internacionales (ONU, Parlasur, OEA, Amnesty, entre otras) calificaran como “arbitraria” la detención, pidiendo la inmediata liberación de la parlamentaria del Mercosur.

 

Manifestamos, asimismo, nuestra más plena solidaridad con la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, que sufre un embate judicial-comunicacional cada vez más pronunciado, lo que termina de conformar un cuadro de grave agresión a la democracia.

 

Contra los abusos del gobierno de Macri, decimos: el mundo está con Argentina

 

Adhesiones a: argentinaredh@gmail.com

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4 abril 2017 2 04 /04 /abril /2017 23:00
Hacia la superación del franquismo (XVII)

La historia está escrita por los ganadores y por los que dominan

Edward Said

Y por ese mismo motivo que nos señala sabiamente Edward Said en la cita de entradilla, el genocidio franquista es hoy día un genocidio olvidado. Porque olvidada e ignorada está (por parte de las instituciones y del pensamiento dominante) la profunda herida emocional que dejó la represión en los hijos y las familias de los desaparecidos, perseguidos o asesinados durante la dictadura. Aquéllos niños, que hoy son ya ancianos, cuentan su vida, cuando pueden, bajo lágrimas, bajo el terror de recordar cómo vivieron, cómo crecieron sin derechos, siempre con miedo, sin poder manifestar el dolor y la pena que les ahogaban. Recomendamos a los lectores y lectoras la web "¡Dejadme llorar! El genocidio olvidado", que recoge un estupendo documental dirigido por Jordi Gordon que aborda la huella oculta que dejó el régimen franquista. La web está patrocinada por la Junta de Andalucía, la Diputación y el Ayuntamiento de Córdoba, y la Plataforma por la Comisión de la Verdad. Recoge un sumario de noticias en relación con el asunto que relata el documental, permite el acceso y visualización del mismo, unos enlaces hacia los protagonistas, y una galería tanto de personajes como del propio documental. El relato cuenta cómo el régimen franquista decidió borrar todas las huellas de sus crímenes, y obligó a las familias a ocultar su tragedia. Una dictadura que quiso hacer desaparecer totalmente a las víctimas, los documentos y la memoria, para que no quedara ni rastro de ellos. 

 

Y efectivamente, lo consiguió, pues todo ello sólo habita ya en lo más recóndito del alma de estas personas, de estos descendientes de los represaliados, muertos o exiliados por el franquismo. Nuestra sociedad ha borrado aquéllos horrendos crímenes de su memoria colectiva. Es la evidencia, como señala el eminente historiador cordobés Francisco Moreno Gómez (pionero en el estudio de los crímenes franquistas, y quizá el mayor referente para estos asuntos) de que Franco había triunfado con sus mentiras y sus manipulaciones, logrando borrar de la memoria el recuerdo de sus crímenes. Ese es uno de los motivos fundamentales para la presencia de tanto franquismo "sociológico", para la permanencia de tanta simbología del régimen, y para la disculpa y comprensión que muchas personas aún proyectan hacia el régimen fascista del dictador. El franquismo ocultó la auténtica historia de lo que ocurrió, y construyó una historia falsificada que es la que hoy día muchas personas por ignorancia continúan difundiendo, así como la derecha política, social y mediática, que la continúa difundiendo y manipulando en favor de sus intereses. Como una pequeña muestra de su brutalidad, valgan estas palabras del General Queipo de Llano en una de sus alocuciones radiofónicas: "Nuestros valientes Legionarios y Regulares han demostrado a los rojos cobardes lo que significa ser hombre de verdad. Y a la vez, a sus mujeres. Esto es totalmente justificado porque estas comunistas y anarquistas predican el amor libre. Ahora por lo menos sabrán lo que son hombres de verdad y no milicianos maricones. No se van a librar por mucho que berreen y pataleen. Mañana vamos a tomar Peñaflor. Vayan las mujeres de los rojos preparando sus mantones de luto. Estamos decididos a aplicar la ley con firmeza inexorable: ¡Morón, Utrera, Puente Genil, Castro del Río, id preparando sepulturas! Yo os autorizo a matar como a un perro a cualquiera que se atreva a ejercer coacción ante vosotros; que, si lo hiciéreis así, quedaréis exentos de toda responsabilidad". Sin comentarios.

 

Alocuciones de este tipo eran frecuentes durante toda la Guerra Civil, y dan idea del trato que continuaron sufriendo los "rojos" supervivientes y sus familias durante la dictadura. Seguiremos a continuación el reciente y fantástico artículo de Voces en Lucha titulado "El regreso a España ¿Acaso tenemos patria?", que capta muy bien el sentimiento de tanta víctima, de tanto exiliado, de tanta injusticia. El artículo comienza con una pregunta fundamental: ¿Nos podemos identificar realmente con la construcción de patria que han fabricado la clase y el pensamiento dominantes? En un país donde las clases dirigentes han manejado el carro por los rieles que mejor se acomodaban a sus intereses, no podemos dejar de preguntarnos si no serán dichas clases dirigentes las que han creado los símbolos, las referencias y los significados de aquéllo a lo que hoy llamamos patria. Y nos preguntamos por tanto si identificarse con esa idea de patria no supone también validar esa patria construida por y para aquéllos que manejan los hilos del poder. Un poder déspota y opresor que aún cuando nos habíamos librado físicamente del dictador, continuó llevando a cabo perversos cambios en detrimento de los intereses de las clases populares y trabajadoras. Son muchos los conflictos que en este país se han dado entre las clases oprimidas y las opresoras. Desde la guerra de los comuneros de Castilla hasta la guerra de guerrillas que libró el pueblo contra la Francia invasora de Napoleón en la conocida como Guerra de la Independencia. Y son muchos los pueblos a los cuales este país, bajo el signo ideológico de todo un Imperio, sometió en el pasado y sigue sometiendo en el presente con diferentes métodos pero el mismo objetivo: la ganancia económica de unos pocos. 

 

Comenzando por la vergüenza histórica del sometimiento de los pueblos y las gentes en la invasión a América (cuya celebración el 12 de Octubre era llamada durante el franquismo "Día de la Raza", y que hoy se limitan a llamar "Día de la Fiesta Nacional"), y finalizando por el expolio sistemático que de aquéllas y otras tierras, las empresas multinacionales españolas siguen realizando. Todo esto tiene muchísimo que ver con la construcción de esa idea de patria que nos han impuesto, así como con aquéllos que han construido y siguen alimentando una idea de patria basada en la exclusión, y en un sistema que privilegia al capital financiero por encima de las condiciones de vida de la inmensa mayoría social. Una construcción de patria que hace que nos solidaricemos y nos sintamos muy "españoles" cuando alguna de nuestras grandes empresas es nacionalizada en el extranjero, o cuando nuestra selección nacional de fútbol cosecha sus éxitos y victorias, pero en cambio, no mueva los mismos corazones cuando se desahucia a la gente, o se eliminan prestaciones o servicios básicos, o se recortan derechos y libertades. En definitiva, una idea de patria al servicio de los poderosos, de esos mismos que no tienen patria, sólo intereses, y que al servicio de éstos, mueven sus fortunas de paraíso en paraíso fiscal. Toda esta infraestructura social quedó fuertemente fijada desde el franquismo (de hecho los grandes empresarios de la época financiaron el golpe militar), y continúa viva hoy día. 

 

El franquismo ha marcado a fuego la vida de varias generaciones, y su proyección a nuestros tiempos continúa determinando multitud de aspectos de nuestra vida social, política y económica. Porque no lo olvidemos: no hubo dos bandos en liza. Fue el fascismo encarnado por los militares golpistas, la burguesía terrateniente e industrial y la Iglesia Católica, los que atacaron el régimen democrático y republicano legítimo y legalmente vigente. Y todo porque la Segunda República se encaminaba a construir una sociedad más justa, sin opresores ni oprimidos. Pero las élites dominantes, al igual que ahora, no podían permitir eso, y se levantaron en armas para aniquilar todo el andamiaje republicano, y exterminar física e ideológicamente a todos los que no pensaran como ellos. El objetivo franquista fue claro: el fascismo, cuyo ideal se basa en la perpetuación y profundización de la opresión. Una perversa doctrina que ensalza y privilegia razas, condiciones y estirpes por encima de las de otros hombres o pueblos. El régimen franquista fue fascismo en estado puro, sin edulcorantes. La Segunda República se defendió con uñas y dientes, pero los sublevados fueron más poderosos y tuvieron más ayudas del exterior. Los fieles a la República (presentes también en el Ejército, como ya hemos señalado) luchaban por los ideales de justicia social, humanidad, igualdad, fraternidad. Los del "glorioso movimiento nacional" luchaban por ideales que justifican la exclusión, el racismo, la segregación, el despojo, la opresión, justo los mismos valores que siguen defendiendo hoy día, aunque hayan cesado los tanques y los fusiles. Sus ideales se imponen hoy día por otros medios más sofisticados, inspirados en el más cruel neoliberalismo. De esta forma, el círculo se cierra, y comprendemos hasta qué punto los que hoy nos gobiernan son herederos de aquéllos que se levantaron contra la República. Continuaremos en siguientes entregas.

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