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28 junio 2020 7 28 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Falcó

Viñeta: Falcó

Soñamos en un país en donde los seres humanos convivamos armónicamente con la Naturaleza, con sus plantas, con sus animales, con sus ríos y sus lagunas, con su mar, con su aire, con sus suelos, y todos aquellos elementos y espíritus que hacen la vida posible y bella. Un país en donde no sea posible la mercantilización depredadora de la Naturaleza, en la que el ser humano es una parte más de ella y no su centro destructor. Soñamos en una sociedad que celebre día a día la riqueza de la vida, su gran diversidad biológica y cultural, su Naturaleza compartida armónicamente como base de comunidades democráticas y libres. Con un país que potencie, para sus habitantes y para sus visitantes, sus maravillosas regiones costeras, serranas, amazónicas e insulares

Extracto del Plan de Gobierno del Movimiento Alianza País (Ecuador, 2006)

Hemos de redefinir las nociones de desarrollo, progreso, calidad de vida y “vida buena”. El desarrollo o progreso humano, en lugar de identificarse con el crecimiento de los índices de la Contabilidad Nacional como el PNB, ha de concebirse como un aumento de las opciones vitales de la gente, en un marco de sustentabilidad ecológica, y situando en primer lugar las opciones de satisfacción de las necesidades básicas de salud y autonomía personal. Pero también hay que tener el valor de reconocer límites cuantitativos: estaríamos mejor con menos automóviles, menos plaguicidas, menos plásticos, menos terrenos urbanizados, menos vuelos, menos combustibles fósiles, menos carne, menos publicidad. En todos estos casos, menos es mejor

Jorge Riechman (“Un mundo vulnerable”, 2000)

En el último artículo comenzamos a exponer otro asunto de vital importancia donde se asienta el Buen Vivir, como es la soberanía alimentaria. Aspecto fundamental aquí, como en otros temas de soberanía, es acabar con el poderío de las grandes empresas transnacionales, en este caso de la alimentación. En nuestro país, empresas como Mercadona, Carrefour, AlCampo o El Corte Inglés son responsables de este depredador e injusto modelo agroalimentario. Y son responsables porque pagan unos precios de miseria a los productores, precarizan los derechos laborales y nos venden unos alimentos de muy baja calidad con efectos negativos para nuestra salud. Concretamente en el Estado Español, el 75% de la distribución de alimentos está en manos de 5 grandes supermercados y 2 centrales de compra (consorcios de supermercados), que tienen un control casi absoluto sobre todo lo que comemos. La tendencia mundial es cada vez más hacia alimentos de más baja calidad, elaborados con altas dosis de pesticidas, aditivos y potenciadores del sabor, lo que provoca terribles consecuencias, a la larga, sobre nuestra salud. En los ultimos años, como señala Esther Vivas en esta entrevista que tomamos como referencia, enfermedades como la hiperactividad infantil, las alergias o la obesidad han aumentado, donde claramente nuestros hábitos alimentarios tienen mucho que ver. Las alternativas a todo este modelo aberrante están bien claras: debemos apostar por el mercado local, por los productos de proximidad y de temporada, incluso comprar directamente a campesinos o pequeños productores, formar parte o apoyar a grupos de cooperativas de consumo ecológico, participar en proyectos de huertos urbanos, y sobre todo, plantear amplios cambios políticos. Esther Vivas explica: "Si queremos comer bien es necesario que el Estado Español prohíba los transgénicos, una reforma agraria según el principio de "la tierra para quien la trabaja", comedores ecológicos en centros públicos, etc. Y tener en cuenta que, detrás de empresas multinacionales, como Coca-Cola, MacDonald's, Campofrío, Nestlé, entre otras, se esconden prácticas de explotación laboral, contaminación ambiental y un modelo de consumo de mala calidad e insostenible". 

 

Hemos de empujar, por tanto, para cambiar el sistema alimentario mundial, pero podemos empezar por nuestro país. En esta otra entrevista, Martín Drago (de la ONG Amigos de la Tierra) se refiere al sistema alimentario mundial dominante en los siguientes términos: "El sistema agroalimentario global imperante, dominado por la agricultura industrial a gran escala, es altamente concentrado, integrado o encadenado y transnacionalizado. Se caracteriza por la utilización de mucho capital en insumos como semillas, fertilizantes, agrotóxicos y maquinaria. Es un sistema que responde a los intereses del comercio internacional, que tiene el apoyo de fondos públicos, también de instituciones financieras internacionales, y con un creciente involucramiento del sector financiero, que tiene un interés netamente especulativo". Con estas trazas, es lógico pensar que a lo último que responde es a las verdaderas necesidades alimentarias de la población. Según GRAIN (organización internacional que apoya a campesinos y agricultores en pequeña escala, y movimientos sociales), del 44% al 57% de todas las emisiones de gases de efecto invernadero provienen del sistema agroalimentario global. Es un sistema que cada vez requiere más insumos, maquinaria, más combustibles fósiles para mover dicha maquinaria, fertilizantes y agrotóxicos. Un sistema, en una palabra, insostenible. La agricultura a gran escala es un peligro en sí misma: expande la frontera agrícola, deforesta para seguir plantando, como ha pasado en Brasil con la soja, el maíz o la caña de azúcar. La agricultura se movió a zonas donde antes había ganadería, y la ganadería a su vez se fue moviendo a zonas donde había bosques como la Amazonía, a través de la deforestación, con el rol que juegan los bosques en la captura de carbono. La alternativa a todos estos inconvenientes es la producción agroecológica, ya que tiene un efecto completamente distinto, porque emite menos gases, pero además, al trabajar en armonía con la naturaleza, recupera el suelo, y el suelo así refuerza su capacidad de retener carbono, de forma natural. Además, cuando se reducen distancias entre quienes producen los alimentos y quienes los consumen, las emisiones del sector transporte también descienden (véase el artículo anterior donde expusimos ejemplos de los alimentos kilométricos).

 

Los agricultores y productores de pequeña escala representan un papel fundamental en la transformación del sector hacia un modelo sostenible. Básicamente, se trata de generar condiciones sociales para que estas personas puedan vivir de manera digna en el campo. Para eso también se requieren servicios cerca de los territorios, rutas, centros de salud, red de transporte público, caminos razonables para poder sacar adelante la producción. O sea, que hay que cambiar los patrones de producción y de consumo, pero también cambiar para mejor las condiciones de vida en el campo para que la juventud pueda quedarse allí, con unas expectativas razonables. Para todo esto, el papel del Estado es fundamental. El Estado posee las principales competencias para facilitar los servicios públicos necesarios, pero también en la generación de infraestructuras para que los productores puedan trasladar su producción, espacios donde puedan conservar sus alimentos, canales de venta, etc. Es elemental entender que la producción de alimentos no es un asunto que necesariamente tenga que estar en manos del agronegocio. Hay que cambiar el imaginario popular en este sentido, porque de hecho, la producción de alimentos está en su gran mayoría en manos de los productores a pequeña escala. Es imprescindible dotarlos de mayor fuerza, en detrimento del inmenso poder que poseen muchas compañías transnacionales, que son las que dirigen la política alimentaria a nivel mundial. Martín Drago explica: "También hay que cambiar esa creencia de que todos los métodos de producción conocidos como "tradicionales" son un atraso. Muy por el contrario, concentran la evolución de la producción de alimentos desde el fondo de la historia hasta hoy. El agricultor también es un científico en cierta manera, porque es una persona que a través de prueba y error ha ido cambiando y desarrollando sus métodos productivos, adaptándolos. Hay que revalorizar el rol de esos actores". De hecho, la labor de agricultores y pequeños productores formaría parte de ese concepto que hemos denominado "memoria biocultural", esto es, el conjunto de prácticas y conocimientos ancestrales que los pueblos van acumulando. 

 

Por nuestra parte, los consumidores también necesitamos entender y asumir que hemos de cambiar nuestros propios patrones de consumo. No habrá revolución global sin revolución individual, que es además la que más trabajo cuesta llevar a cabo. Y otro desafío bien grande es cambiar la correlación de fuerzas que tenemos hoy día, donde las instituciones y la academia agronómica y veterinaria vinculada a la gran industria alimentaria impone la idea de que no existe posibilidad de alimentar al mundo sin el agronegocio. Como tantos otros, se trata de un bulo sin fundamento, para favorecer los intereses de dicha gran industria. Martín Drago concluye: "En definitiva, la traba central es que el Estado tiene que dejar de estar al servicio de las élites nacionales y corporaciones transnacionales dueñas del agronegocio para ponerse al servicio de una producción de alimentos que genere soberanía nacional, menos impacto ambiental y mejores condiciones de vida para aquellos que producen los alimentos. El desafío de las organizaciones y movimientos sociales es cambiar la correlación de fuerzas, masificar la lucha para generar condiciones de cambio". El objetivo final, ya lo venimos contando, es alcanzar la soberanía alimentaria. Pero...¿Qué es la soberanía alimentaria? Recurrimos de nuevo a la gran experta Esther Vivas, que lo explica en este artículo que tomamos como referencia: "Comer: masticar y desmenuzar el alimento en la boca y pasarlo al estómago, según la definición de la Real Academia Española. Comer, sin embargo, es mucho más que tragar alimentos. Comer de manera sana y consciente implica preguntarse de dónde viene lo que consumimos, cómo se ha elaborado, en qué condiciones, por qué pagamos un determinado precio. Significa tomar el control sobre nuestros hábitos alimentarios y no delegar. O en otras palabras, significa ser soberanos, poder decidir, en cuanto a nuestra alimentación. Esta es la esencia de la soberanía alimentaria". En este sentido, posee total paralelismo con el resto de "soberanías" que han de ser reclamadas, luchadas y alcanzadas por los pueblos: soberanía tecnológica, soberanía política, soberanía económica (incluida la monetaria), soberanía energética...

 

Pero la historia de este concepto es reciente. Fue en 1996, cuando el movimiento internacional de agricultores "La Vía Campesina" puso por primera vez este concepto sobre la mesa, coincidiendo con una cumbre de la Organización de las Naciones Unidas para la Agricultura y la Alimentación (FAO) en Roma. Uno de los objetivos principales era promover la agricultura local, campesina, a pequeña escala, y acabar con las ayudas que recibe la agroindustria para la exportación y con los excedentes agrícolas, que hacen la competencia desleal a los pequeños productores. Hoy, esta demanda ya no se circunscribe tan solo al mundo campesino, sino que amplios sectores sociales la reclaman: alimentarse, y poder decidir cómo hacerlo, es cosa de todos. La Vía Campesina definió el concepto de soberanía alimentaria de la siguiente forma: "derecho de cada nación a mantener y desarrollar sus alimentos, teniendo en cuenta su diversidad cultural y productiva". En definitiva, consiste en poseer soberanía plena para poder decidir qué se cultiva y qué se come en un territorio determinado. Las políticas agrícolas y alimentarias actuales, sin embargo, no lo permiten (como tampoco permiten el resto de soberanías, simplemente porque las "soberanías", sean del tipo que sean, son una amenaza para los poderosos). En cuanto a la producción, muchos países se han visto obligados a abandonar su diversidad agrícola en favor de los monocultivos, que solo benefician a un puñado de empresas. A nivel comercial, por otro lado, la soberanía de muchos países está supeditada a los dictados de la OMC (Organización Mundial del Comercio). La esencia de la soberanía alimentaria reside en el "poder decidir": que los agricultores puedan decidir qué cultivan, que tengan acceso a la tierra, al agua, a las semillas, y que los consumidores tengamos toda la información sobre lo que consumimos, que podamos saber si un determinado alimento es transgénico o no. Todo esto, hoy día resulta imposible. Se impide a los agricultores labrar la tierra (ya que está en manos de los terratenientes), se especula con la tierra, se privatizan las semillas (las grandes empresas hacen uso de las ventajas de registrar las semillas expropiadas mediante propiedad intelectual), el agua es cada día más cara e inaccesible, el etiquetado incorrecto e insuficiente de los productos impide saber de dónde viene y los ingredientes y aditivos de lo que comemos, y un interminable etcétera de inconvenientes que impiden de facto la soberanía alimentaria de los pueblos. Continuaremos en siguientes entregas.

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25 junio 2020 4 25 /06 /junio /2020 23:00

Como venimos comentando durante las últimas entregas de esta serie, en lo referente a los contenidos de los libros de texto que llegan a nuestros escolares, toda una serie de mentiras, errores y ocultaciones se dan en los mismos. De forma generalizada, y remito a mis lectores y lectoras a las entregas anteriores para verlo con más detalle, los libros de texto ocultan la existencia de la crisis ambiental y, en general, cualquier tipo de problema o efecto negativo del actual modelo económico, social y productivo en los territorios y en las personas. En los textos no se mencionan los riesgos que el actual ritmo de destrucción y deterioro suponen para la supervivencia de la especie humana. En el tratamiento de la ciencia y las diferentes tecnologías se explican “los indudables beneficios” que producen, pero se ocultan los efectos adversos. Los libros de texto no ayudan a descubrir que otras sociedades son más sostenibles y viven de forma más armónica con la naturaleza. Plantean la sociedad occidental como la mejor posible, ocultando bajo una imagen de atraso la existencia de culturas que no se basan en la economía de mercado, en la extracción y destrucción, en el consumo y en la generación de beneficios inmensos a corto plazo. Todo ello contribuye a legitimar, como venimos concluyendo, el modelo capitalista, excluyendo cualquier crítica al mismo. En su mayor parte, los libros de texto ocultan cualquier contestación al modelo económico, político y social. Así, por ejemplo, se silencia el movimiento antiglobalización o los conflictos ecológicos-distributivos de los pueblos de la Periferia (Bolivia, Venezuela, Palestina, Colombia, Nigeria o la India) que se resisten a ser esquilmados por un Centro depredador...Se invisibilizan los problemas propios de las sociedades ricas: las bolsas de pobreza, la insatisfacción e infelicidad propia de los ritmos de vida, el deterioro de la vida comunitaria y el aislamiento, la falta de participación, el secuestro de muchas horas delante de la televisión...Los contenidos actuales, por tanto, dejan mucho que desear, y entendemos que son un aspecto fundamental que una Reforma Educativa debería abordar en profundidad. 

 

Observamos que en muchos libros de texto se hace el intento de mostrar problemas sociales y ambientales que están presentes en la opinión pública. Sin embargo, más allá de estos lugares comunes de consenso social, se elude nombrar los temas más duros. Esa mirada sensibilizadora no se dirige al machismo, al etnocentrismo o al androcentrismo, no nombra la devastación del medio natural, los efectos del capitalismo ni el intercambio desigual, la propiedad privada o el paro estructural, la precariedad laboral, la inseguridad alimentaria provocada por las multinacionales, la biopiratería o la privatización de los servicios públicos y los recursos naturales, por poner algunos ejemplos clave para entender el presente y el futuro. Todas las asignaturas son susceptibles de corregir sus contenidos, aunque unas más que otras. La asignatura de Historia, por ejemplo, entendemos que debe ser revisada. La historia que presentan los manuales analizados es en general una historia del poder. Y dentro de este es una historia de la formación de los Estados y de las relaciones de poder entre éstos. Por ello los libros de texto están llenos de mapas de fronteras entre Estados o Imperios, de fechas y actores del poder. Poco debate suscitan los libros de texto en cuanto a las razones de nuestro devenir histórico. Más bien es una asignatura de memorizar. Como la historia se puede escribir desde muchas perspectivas, podemos afirmar que no es una historia de los territorios, ni de las sociedades, ni de los ecosistemas, ni de las culturas, ni de las relaciones entre géneros. No hemos encontrado ni una foto, ni un esquema de la evolución de los territorios, dato absolutamente clave para entender lo que está pasando desde la perspectiva de la sostenibilidad. De forma latente y en ocasiones manifiesta el sujeto de la historia no es el ser humano, ni sus diferentes formas de colectividad, ni las culturas en relación a sus territorios, sino los Estados, sus líderes y luego ya los mercados. Puede decirse que no existe un concepto de la historia ecológica, ni una perspectiva ecológica de la historia. Simplemente, esta mirada está ausente en los libros de texto de la asignatura de Historia. La historia se cuenta como algo que va de menos a más, de atraso a progreso, de salvajismo a civilización, de ignorancia a conocimiento, de simplicidad a complejidad. Es una historia en la que las convulsiones son excepciones en una linea en la que las cosas van necesariamente a mejor. No se contempla en ningún momento que podría ser una historia de la destrucción (ecológica o cultural), una transición de la eficiencia al derroche energético. O de la aceleración de costes asociados a las transformaciones tecnológicas. Al no contemplarse el territorio físico/biológico en la historia, nada de esto aparece. Ni en las guerras, ni en las revoluciones industriales se menciona la desorganización y destrucción del territorio. 

 

Las asignaturas de Ciencias (Matemáticas, Física y Química, Conocimiento del Medio, Ciencias Sociales, Economía...) presentan también muchas lagunas en su exposición, enfoques erróneos y conceptualizaciones que deberían ser revisadas. En general, la ciencia es presentada como aquello que permite controlar y dominar el mundo. En general, todos los libros de texto revisados presentan la ciencia como el conocimiento objetivo y exacto. La práctica científica se considera como neutral y al margen de cualquier asomo de duda. Los textos ocultan la ciencia como una interpretación cultural de la realidad y, por tanto influida por múltiples intereses. Los libros de texto no mencionan en ningún momento el papel de las multinacionales ni las empresas privadas en la financiación de la investigación y la experimentación. La Física y la Química se presentan normalmente asociadas a la tecnología, de la cual se ofrece únicamente su parte amable, o la más fantástica. De todos los analizados en el informe de referencia de Ecologistas en Acción, ningún texto (salvo Física y Química 1º de Bachillerato Santillana) relaciona los principios de la termodinámica con los problemas ambientales. Igualmente, en ninguno de ellos la presentación de las diferentes fuentes de energía (a excepción de este mismo texto ya citado) es aprovechada para evidenciar la insostenibilidad del modelo de consumo y la imposibilidad de hacerlo extensivo a todos los habitantes del planeta. La asignatura de Economía muestra claramente la función de los libros de texto, que es más legitimar el sistema dominante que conocer la realidad. El principal problema es que ignora que el sistema tecno-industrial destruye necesariamente los recursos de la vida para manterner sus tasas de crecimiento. Que la superficie cementada crece a costa de desorganizar y destruir los ecosistemas. Que los principales recursos -que son los de la vida- son los que se están destruyendo de manera irreversible sin que la economía lo contemple como un asunto principal. 

 

El mecanismo para hablar de riqueza y crecimiento allí donde sólo se produce saqueo y empobrecimiento del planeta consiste en visibilizar sólo los bienes monetarizados e invisibilizar los procesos no monetarizados (externalidades). Como los bienes monetarizados aumentan, aunque los bienes en general disminuyen -pero no se visibilizan-, se puede mantener la ficción de crecimiento de la riqueza. El desorden no sólo no contabiliza negativamente sino que se saca fuera del sistema económico. Se enseña a nuestros escolares, por tanto, una economía absolutamente dogmática, nada crítica. Hay muchas formas de concebir y estudiar la Economía, pero en los libros de texto que hemos analizado solamente hay una perspectiva: la de la escuela neoliberal. Numerosas cuestiones clave para entender el problema de la insostenibilidad quedan silenciadas: la concentración de poder, las relaciones entre el sistema financiero y la transformación del territorio, la destrucción de los sistemas de propiedad colectiva, la satisfacción de necesidades fuera del sistema monetarizado, la producción creciente de desigualdades en el acceso a los recursos para sobrevivir, la deuda ecológica...Pero sin embargo, los postulados que aparecen no lo hacen bajo la propuesta de una determinada escuela sino como una parte incuestionable del saber económico. La economía es tratada como ciencia exacta, no como ciencia social. Reconocen que existen problemas, pero se interpretan exclusivamente como imperfecciones, sin plantear que acaso el primar la obtención de beneficios monetarios por encima de cualquier otro criterio, puede estar en la raíz del problema. Se consideran fallos los monopolios, la manipulación de la publicidad ¡y hasta el deterioro de los recursos naturales! Es una economía centrada en el valor de cambio, y no en el valor de uso, ni en la función social de la propiedad, y que hace caso omiso de las iniciativas de propiedad colectiva. En la teoría de la oferta y la demanda se oculta el hecho de que las empresas pueden configurar la demanda. No se suele mencionar el uso que la publicidad, y el sistema económico en su conjunto, hace de la parte irracional del ser humano, al servicio de que unos pocos acumulen beneficios, para satisfacer a su vez su propia irracionalidad. 

 

Las propias necesidades humanas tampoco entran en debate o discusión. En efecto, los libros de texto evitan entrar en la discusión sobre qué son las necesidades, pero asumen un supuesto no cuestionado en el que si algo es producido es porque se necesita. Cuando se mencionan temas delicados como FMI, Unión Europea, y Política Ambiental se habla de los objetivos teóricos de estas instituciones, confundiendo al alumnado al tratarlos casi como si fueran hechos. Los alumnos y alumnas no solo han de entender la finalidad teórica con que se creó tal o cual institución concreta, sino sus postulados reales y las políticas que apoya o con las que discrepa. Se oculta la crítica bien conocida de la función del sector público como detractor de recursos a favor del gran capital, o su función militar para que la economía de mercado funcione. Así mismo se oculta el papel del sector privado en el establecimiento de las normas (el poderoso papel de los lobbies). Más que ninguna otra ciencia social, la Economía pretende revestirse del prestigio de que gozan las ciencias experimentales o exactas, mediante un lenguaje pretendidamente técnico. Su terminología es la propia de los economistas neoliberales. Veamos algunos ejemplos tomados de Economía 1º de Bachillerato Edebé. Se llama integración económica al crecimiento del comercio internacional p.236, ignorando que si bien unas partes se integran (las menos) otras partes se desintegran (las más). También en la p.37 se equipara (para el caso de Cuba) abrirse al mundo con integrarse en una economía de mercado. Se denomina "ingresos extraordinarios" a la venta del patrimonio público p.193. Al beneficio, el texto le llama "estímulos económicos": "la carencia de estímulos económicos hace que las empresas socialistas sean inficientes". El uso de la estadística pretende darle a la economía un estatus científico. Pero es bien sabido que la estadística económica puede ocultar tanto como muestra, y que los números pueden ser "torturados" hasta que "confiesen" la situación que pretendemos, equivocadamente, mostrar. No existe en estos manuales referencia a la Economía Ecológica, ni tampoco una preocupación por la sostenibilidad. En ningún momento se plantea cómo la gestión de recursos medida en dinero y orientada al "beneficio" puede ser un cáncer para la gestión del territorio y de la vida. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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23 junio 2020 2 23 /06 /junio /2020 23:00
El falso relato del Descubrimiento de América (VII)

La leyenda negra no es leyenda, es una historia real, son hechos irrefutables, no son cuentos ni fabulaciones. Estamos hablando de la banalidad del mal, el negacionismo de ese espantoso genocidio. Según los sabios doctores todo es un invento, una falsificación para desprestigiar la grandeza del noble imperio español. Los perversos descendientes de los conquistadores quieren convertir las matanzas en una oda épica, quieren convertir las torturas inquisitoriales en un cantar de gesta, quieren convertir los abusos y violaciones en una proeza, quieren convertir una de las páginas más sangrientas de la historia de la humanidad en una inolvidable epopeya

Carlos de Urabá

Parece ser que hoy se rasgan las vestiduras los gobernantes europeos, al contemplar cómo una parte de la población se rebela ante el falso relato imperial del pasado, y revisa los acontecimientos a la luz del pensamiento alternativo. Algunos gobernantes ignorantes y cínicos advierten de que "la historia no será revisada", desconociendo que no son ellos precisamente los que deciden sobre estas cosas, sino el propio pueblo. Insisten en su relato injusto y manipulado, ignorando la verdad histórica, que no es otra que una verdad de muerte, destrucción, saqueo y expolio. El colonialismo español, el europeo en general, perpetró el genocidio más brutal de la historia de la humanidad en el continente americano, blandiendo la espada y la cruz, y desgarrando los cuerpos de los rebeldes con las espadas y la pólvora, amputando culturas y lacerando identidad con la imposición por la fuerza de la religión católica, tal como explica Cecilia Zamudio en este artículo que tomamos como referencia a continuación. En apenas siglo y medio de invasión se exterminó casi al 90% de la población, y estamos hablando de unos 90 millones de personas. La religión católica, con la fuerza de las armas, sirvió como instrumento de colonización mental y de dominación de largo alcance, alcance que llega hasta nuestros días. Los europeos se apropiaron de las tierras de Abya Yala, violaron y saquearon, con el pretexto de que "Dios así lo dispuso" (salvando las distancias, es algo parecido a lo que hoy cree el Imperio estadounidense, es decir, elegido por Dios como guardián de las esencias del mundo). Los niños indígenas que sobrevivieron a las masacres fueron educados en la religión católica, así como el resto de las generaciones venideras. Todo el que la cuestionó, como aquí con la Inquisición, fue descuartizado. Cientos de culturas ancestrales fueron arrasadas por los europeos, miles de parajes naturales destruidos, millones de obras de arte transformadas en lingotes, como pequeños ataúdes que todavía gritan de espanto y dolor. Los invasores establecieron un impuesto a ser pagado por los indígenas en kilos de oro y riquezas, por habitar el continente que siempre habían habitado. 

 

Cuenta Cecilia Zamudio: "Tan solo en el saqueo de Coricancha, o en el rescate al Inca Atahualpa pagado a los secuestradores europeos, se evidencian los niveles de rapiña de los conquistadores. Pero ni el pago por el rescate más caro que registra la historia humana, 41 toneladas de oro y 82 toneladas de plata, sirvió para evitar el asesinato de Atahualpa a manos de Pizarro. Masacres y felonía, codicia y tortura, es lo que celebran los que festejan el 12 de octubre". El genial Eduardo Galeano, en su obra cumbre "Las venas abiertas de América Latina", cuenta infinidad de detalles y episodios de la conquista. Un buen ejemplo es el saqueo de la mina de Potosí, que reportó a Europa unas ganancias descomunales, cuyo volumen en plata hubiera alcanzado para construir un puente de plata entre América y Europa. Otro puente se podría haber construido uniendo los cadáveres de los indígenas esclavizados en la mina: 8 millones de indígenas (se dice pronto, pero es una cantidad similar al número de habitantes de Israel, Austria o Suiza) fueron reventados de explotación por los españoles, solo durante la primera etapa de saqueo de Potosí. Un indígena esclavizado en Potosí tenía una esperanza de vida de 2 meses en promedio (luego de ese período de esclavización fallecía, y los invasores lo reemplazaban por otro). Otro ejemplo fue la mina de Ouro Preto de Brasil, que se tragó la vida de millones de africanos y les reportó a los invasores capitales que serían decisivos para el despunte del capitalismo europeo de la época. Al estar la Península Ibérica endeudada por causas de sus "guerras santas", los banqueros europeos cosechaban toda esa riqueza empapada en sangre humana, desesperación, tragedia y dolor. Miles de ejemplos más se podrían poner. La historia de la colonización americana es fiel ejemplo del culmen de la barbarie. Pero el 12 de octubre significa también, ya lo hemos dicho, el inicio de la deportación masiva de seres humanos perpetrada por los europeos desde África hacia América: se sabe que al menos 33 millones de africanos fueron deportados, de los cuales murieron dos tercios en los duros trayectos, y el tercio restante fue esclavizado en el continente americano, así como todas sus generaciones de descendientes, durante siglos. 

 

Y así, durante siglos, se proyecta la desigualdad hasta nuestros días. La aristocracia y la burguesía europeas lograron la mayor acumulación de riquezas jamás vista, en base al saqueo del continente americano, en base a la deportación y esclavitud de millones de seres humanos, en base al genocidio y la tortura. El exterminio y aniquilación de culturas sirvió al enriquecimiento de las élites europeas. Esa acumulación de riquezas sin precedentes, fabricada y amasada mediante un genocidio sin par en la historia, fue la que le permitió al imperialismo europeo cimentar durante varios siglos su supremacía a nivel planetario, extendiendo sus colonias por todo el mundo, hasta bien entrado el siglo XX. Gracias a todo ello también se impulsó la revolución industrial, y se erigieron las metrópolis europeas del capitalismo transnacional. Por su parte, los Estados Unidos, antigua colonia inglesa, después de su independencia (también forjada sobre el genocidio de los pueblos indígenas), se erigieron igualmente como potencia capitalista en base al trabajo esclavo. Y así, entre las mayores fortunas de Europa y de Estados Unidos, siguen actualmente figurando los descendientes de esclavistas y banqueros que amasaron riquezas cimentadas en el genocidio y la esclavitud. Todo ello ya lo señaló Karl Marx en su magna obra El Capital: "El descubrimiento de los yacimientos de oro y plata de América, el exterminio, la esclavización y el sepultamiento en las minas de la población aborigen, el comienzo de la conquista y el saqueo de las Indias Orientales, la conversión del continente africano en cazadero de esclavos negros: tales son los hechos que señalan los albores de la era de producción capitalista. Estos procesos representan factores fundamentales en el movimiento de la acumulación originaria". Y dicho saqueo, también lo hemos señalado en anteriores entregas, llega hasta nuestros días. Hoy día nuestras "empresas españolas" (que no lo son, pues son entidades transnacionales) siguen explotando montañas y envenenando ríos, continúan talando bosques, aniquilando territorios indígenas, y fomentando mercenarios paramilitares para perpetrar masacres contra el pequeño campesinado local, con la finalidad de desplazarlo forzosamente de las tierras codiciadas. Incluso los líderes y lideresas sociales que se enfrentan a ellas son vil e impunemente asesinados. 

 

Un saqueo, el de los siglos XIX y XX, incluso el actual, que necesita gobiernos cómplices de dichos actos criminales, para lo cual los "invasores" actuales se cuidan de cortar de raíz todo atisbo de revolución y todo acto que reivindique la soberanía de dichos países. Por ello, hasta hoy continúan el imperialismo europeo y estadounidense favoreciendo Golpes de Estado (antes duros, mediante tropas y armas, ahora blandos, mediante chantajes y corrupciones varias), urdiendo planes de exterminio contra los revolucionarios locales que se enfrentan a dichas situaciones y reclaman la soberanía de sus pueblos, hasta hoy sigue la injerencia imperialista apuntalando y favoreciendo a regímenes genocidas y tiranos, que reprimen a sus pueblos para seguir favoreciendo los procesos de colonización y saqueo imperialistas, manteniendo a punta de masacres y con ayuda de la burquesía local (siempre funcional a las burguesías externas), el exterminio de toda reivindicación social y política de la clase explotada, y del expolio de los recursos naturales de dichas tierras. Han cambiado las formas, pero no el fondo. Han cambiado los medios, pero no el fin. Han cambiado las personas, pero no los objetivos. El colonialismo cruel y salvaje de antaño se sigue manteniendo por otras vías, más sutiles y delicadas, pero tan abominables como las de hace cinco siglos. El actual saqueo capitalista es, por tanto, la continuación de una larga historia de sangría, de muerte, de tortura, de destrucción y de genocidio, de arrasamiento cultural y social, de expolio de recursos y de racismo. Llega hasta hoy día, y así hay que contarlo. No podemos estar orgullosos, pero el pensamiento dominante lleva siglos haciéndonos creer otras cosas, haciéndonos pensar en otros relatos, llevándonos a sacar otras conclusiones. Quizá no lograremos nuestra independencia cultural hasta que no seamos capaces de superar todos estos relatos, y comprender la verdad de lo que ocurrió. Los pueblos del mundo debemos conocer la Historia, para poder comprender el presente, lo que somos y de dónde venimos, y por qué el mundo es como es. También necesitamos conocer los relatos verdaderos para poder transformar este injusto mundo por otro más humano, justo y racional. 

 

Todo este relato, el de verdad, debería enseñarse en colegios e institutos, para no continuar reproduciendo los esquemas mentales actuales, basados en la colonización mental de un relato aberrante. Debemos desarrollar el sentido crítico hacia la historia, y aprender a valorar los hechos del pasado desde los valores del presente. Pero por desgracia, los rancios valores imperialistas llevan siglos inculcándose en las mentes de los niños y niñas, para que las nuevas generaciones continúen adorando las "heroicas gestas" de sus héroes nacionales. Nadie les ha enseñado todavía que aquéllas gestas fueron simplemente una barbaridad. Así que lo mejor que podemos hacer, mientras continúe celebrándose este bárbaro 12 de octubre que en la actualidad celebramos (con toda la panoplia de desfiles militares y banderas nacionales), es guardar silencio. Silencio para recordar, silencio para homenajear, silencio para avergonzarnos y pedir perdón a los pueblos oprimidos, que se proyectan hasta hoy. Ya lo sugiere Javier Cortines en este breve artículo: "O quizás lo mejor que podemos hacer el 12 de octubre es permanecer 24 horas en silencio para recordar, con todo el respeto que se merecen, a los 70 millones de hombres, mujeres y niños que fueron borrados del planeta cuando los centauros sedientos de oro, los dioses montados a caballo, clavaron hasta el fondo, una y mil veces, la cruz-espada en el grandioso y mágico corazón de América". Atawallpa Oviedo lo explica en los siguientes términos: "El mundo cambió con la invasión a América y como consecuencia del virus de la viruela. Fue este virus el que venció al comunitarismo de Amerindia, produciéndose una "revolución viral" de la cual sacaron provecho las monarquías europeas para dar un vuelco de 180 grados y hacer emerger la modernidad que diera origen al capitalismo. El cual, a lo largo de estos 500 años ha destruido casi completamente a las culturas indígenas y a su sistema milenario de tipo comunal, que creó tanta riqueza. Como sabemos, mientras en Europa arrasaba la hambruna, las enfermedades y la delincuencia, Amerindia era muy rica, casi sin enfermedades y sin delitos". En efecto, el vuelco que los españoles en particular y los europeos en general provocaron en aquellas sociedades fue brutal. Sus consecuencias aún perduran. Continuaremos en siguientes entregas. 

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21 junio 2020 7 21 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Olivier Ploux

Viñeta: Olivier Ploux

Nuestros combustibles fósiles nos han llevado a un nivel de abundancia y prosperidad inimaginable un siglo atrás. Hoy nos conducen a un siglo de desintegración

Ross Gelbspan

La idea de “progreso” que define nuestra época a menudo se parece más a la progresión de una enfermedad que a su curación. Para Walter Benjamin el progreso, cuando es contemplado desde la mirada del oprimido, se asemeja mucho a un vendaval que deja a su paso un reguero de víctimas y escombros. Desde esa perspectiva, el progreso es sinónimo de catástrofe y la utopía tiene que ver, sobre todo, con la esperanza de detener ese progreso. Cuando se avanza en la dirección equivocada, el progreso es lo último que se necesita. No tiene ningún sentido progresar en dirección al abismo, y hacia allí es adonde nos conduce este modelo de civilización

Santiago Álvarez Cantalapiedra

Otro asunto importantísimo al que debemos dedicarle un espacio dentro de la serie de cambios que presenta el Buen Vivir es el de la soberanía alimentaria. La alimentación para el conjunto de la población del planeta se ha convertido actualmente en un serio problema, pero no porque no existan recursos alimentarios, sino por los graves inconvenientes que el sistema económico capitalista viene imponiendo a los alimentos. Tomaremos como referencia en primer lugar este artículo de Violeta Aguado para eldiario.es, donde explica algunos conceptos relativos al transporte de los alimentos a nivel global. En general, los viajes kilométricos que los alimentos han de llevar a cabo para llegar a nuestros hogares son impresionantes. Garbanzos de México, embutidos de Francia, manzanas de Uruguay o café de Vietnam son algunos ejemplos. Normalmente, los alimentos que llegan a nuestra mesa, después de haberlos adquirido en una gran superficie, recorren enormes distancias desde su punto de origen al destino final de su consumo. España importó en 2011 (año al que se refieren los datos aportados por el artículo referido) más de 25,4 millones de toneladas de alimentos que recorrieron de media 3.827 kilómetros, según calculó la organización Amigos de la Tierra. El resultado de toda esta importación es la emisión de 4,2 millones de toneladas de CO2 a la atmósfera, una contribución muy considerable de gases de efecto invernadero (GEI), responsables del calentamiento global (justo ése que queremos mitigar), y provocadoras, como sabemos, del cambio climático que tanto daño está ya provocando. Hay casos especialmente sangrantes y absurdos, como el de los garbanzos, cuya distancia media entre el agricultor que los produjo y el consumidor que los adquirió en un supermercado es de 7.500 km, todo un trayecto transoceánico para un producto que lleva casi 30 siglos cultivándose de manera local. ¿Tiene algún sentido todo esto? Es el resultado de la actual organización de nuestro sistema agroalimentario: "Han globalizado la comida de manera que quienes gobiernan la cadena alimentaria son las grandes corporaciones multinacionales", en palabras de Manuel Delgado Cabeza, Catedrático de Economía de la Universidad de Sevilla. 

 

No se sirve por tanto a los intereses de los consumidores de esta ciudad o de esta otra, de ésta o de aquélla comarca o región, de este o de aquel país, sino a los intereses de estas grandes empresas transnacionales de la alimentación y las semillas, que hoy día llegan a tener un poder inmenso. Este nuevo orden alimentario que hoy sufrimos tuvo su comienzo y gestación durante los años 60 del siglo XX, y fue parejo a un incremento de la producción agrícola a través de la creación de grandes extensiones de monocultivo. Dicha producción trajo consigo un elevado nivel de especialización, de tal forma que la superespecialización de los territorios productivos para generar eficiencia ha provocado una desconexión brutal entre producción y consumo alimentario, lo cual significa que ya no existe relación entre los cultivos que se practican en una determinada zona agraria con el consumo de sus habitantes próximos. Pero...¿por qué un alimento que viaja miles de kilómetros cuesta menos que un alimento cultivado localmente? Esther Vivas, activista social y una de las mayores expertas en consumo y alimentación, explica este fenómeno por la deslocalización de la producción agraria que busca "aprovecharse de unas condiciones laborales precarias, una legislación medioambiental muy flexible y unos precios de producción muy bajos, para luego vender los productos aquí a un precio competitivo". El resultado final, con el tiempo, de todo este perverso proceso es la destrucción paulatina del tejido agrario local de muchos países (México es un buen ejemplo), donde el salario medio de un campesino, que produce los alimentos que llegan a nuestra mesa, no alcanza el euro por hora trabajada, con lo cual simplemente no pueden vivir de esta actividad, y comienzan los éxodos de población. Un buen ejemplo es la soja, que producida mayoritariamente en los países del Mercosur (Argentina por ejemplo), viaja miles de kilómetros para servir de alimento al ganado en los países del norte. Pero este periplo viene provocando desde hace décadas que comunidades enteras de labradores, agricultores y campesinos se vean obligadas a salir de sus territorios de origen en los países del sur. Pero ésta no es la única implicación, ya que las consecuencias de este modelo también alcanzan a los ganaderos del norte, cuya renta y calidad de vida dependen de un producto que viene del extranjero y cuyo precio se decide en la bolsa. 

 

La cuestión es, ciertamente, muy espinosa. El grado de especulación y perversión que ha alcanzado hoy día el mercado agroalimentario es brutal. Más ejemplos: los productores de cacao de países como Costa de Marfil o Ghana (donde se cultiva el 59% del total mundial de este producto) también son víctimas de los procesos de exportación e importación de este modelo, que trasladan este producto hasta países como España, que ocupa el octavo lugar en la lista de importadores de este alimento. Según este informe monográfico de la Coordinadora Estatal de Comercio Justo, los cultivadores apenas perciben entre el 3% y el 6% del precio final de las chocolatinas que se fabrican a base de su cacao. La Coordinadora además advierte de la precaria situación de los pequeños productores "que rara vez prueban el chocolate que se elabora con el cacao que cosechan con sus manos en condiciones especialmente duras, y cuya venta les genera unos ínfimos ingresos que les sitúan muy por debajo del umbral de la pobreza". Esther Vivas advierte de que también existe otra realidad peligrosa, la de los alimentos kilométricos que viajan del norte al sur a consecuencia de las políticas agrarias de los países del norte. Esto ocurre en la Unión Europa debido a la PAC, y en Estados Unidos debido a su homóloga, la Farm Bill. Dichas políticas subvencionan determinados productos independientemente de la demanda que exista de los mismos. Esto conduce a una superproducción alimentaria de estos productos, cuyo excedente se acaba vendiendo en los países del sur a precio de coste. Ocurre por ejemplo con la leche o los cereales, muy subvencionados en los países del norte, que acaban vendiéndose a los países de la periferia conduciendo a la desaparición del pequeño campesino local. Como vemos, se trata de un despropósito intolerable. No existe más que una conclusión: el hambre en el mundo es una opción política, como muy bien afirma Esther Vivas en esta entrevista que seguiremos a continuación. Desde el punto de vista del Buen Vivir, es absolutamente imprescindible alcanzar al menos cierto nivel de soberanía alimentaria (al igual que de soberanía energética), no solo para erradicar todos estos problemas derivados de la ganadería intensiva, de los monocultivos y de la tecnología agroindustrial (auspiciados todos ellos por las grandes empresas del sector alimentario), sino para responder a las condiciones de bienestar y seguridad alimentaria que necesita toda población. 

 

Y en cuanto al propio mercado de la alimentación, la cosa es igualmente dramática. Existen unas cuantas empresas de la agroindustria que monopolizan el mercado de la producción, tales como Monsanto (hoy unida a Bayer), Cargill, Dupont, Kraft, Nestlé, Mercadona, Eroski o El Corte Inglés. Hemos de tener claro, de entrada, que en tanto en cuanto nuestra alimentación esté en sus manos, nuestra soberanía alimentaria no estará garantizada. Los intereses de los pueblos se contraponen a los de estas grandes empresas. El objetivo de todas ellas es hacer negocio y ganar dinero con los alimentos. Todo lo demás les da igual. Según la FAO, durante los últimos 100 años hemos asistido a la desaparición del 75% de la diversidad agrícola y alimentaria en nuestro planeta. ¿A qué se debe esto? Pues a que unas pocas empresas han priorizado una serie de variedades agrícolas y alimentarias sobre otras, por el hecho de que se adaptan mejor a sus intereses particulares. Son variedades de alimentos que recorren grandes distancias, como ya hemos explicado, con buen aspecto para que puedan comercializarse en un supermercado, y en los que se priorizan elementos como el sabor. Si los alimentos se corresponden con variedades autóctonas, es muy posible que no cuenten para el mercado, es decir para sus intereses, por no satisfacer dichas condiciones. En definitiva, son estas grandes empresas las que promueven aquello que les proporciona rentabilidad económica, y nuestra alimentación está en sus manos. Hoy día solo entre el 4% y el 5% de la población se dedica a trabajar el campo. Y esto se debe a que la práctica campesina tiene muchas dificultades para poder sobrevivir en un mundo que se diseña en torno a la agroindustria y la globalización (los mal llamados Tratados de Libre Comercio, y organismos como la Organización Mundial del Comercio, OMC, así lo establecen). Por ejemplo, en la Unión Europea la PAC (Política Agraria Común) no apoya al campesinado, sino a los grandes empresarios de la agroindustria y las grandes superficies. Existe toda una élite hipersubvencionada con la PAC, ya que tan solo el 16% de los receptores de las ayudas reciben el 75% de las mismas, mientras que el 84% de los receptores percibe el 25% restante. Entre las principales empresas beneficiarias, según Veterinarios Sin Fronteras, destacan CampoFrío, Pastas Gallo, Nutrexpa, Leche Pascual, Mercadona o Lidl. 

 

A escala global, se está produciendo toda una ofensiva alimentaria contra el pequeño campesinado y las poblaciones indígenas, que en muchos casos practican la agricultura de subsistencia, precisamente la que propugnamos dentro del marco del Buen Vivir. La agricultura transgénica es otro de los graves problemas que impiden la soberanía alimentaria de los pueblos. La agricultura transgénica implica la privatización de las semillas, que las grandes compañías arrebatan a sus cultivadores primigenios, y a continuación registran como suyas, para a continuación comercializarlas por todo el mundo, y experimentar con ellas. Se acaba por tanto con la capacidad de los campesinos para producir e intercambiar semillas. Pero esto también implica un grave impacto medioambiental, así como la desaparición de determinadas variedades locales. Así mismo, existe un grave impacto para nuestra salud, como han demostrado diversos informes críticos. Actualmente se producen más alimentos que en cualquier otro período de la historia (se calcula que se podrían alimentar hasta unos 12.000 millones de personas), pero sin embargo, el hambre es una triste realidad. En el planeta existen alimentos suficientes como para alimentar a todo el mundo, y para garantizar la soberanía alimentaria, si esto no se hubiese convertido en un peligroso negocio transnacional, es decir, globalizado. Se estima que una de cada siete personas en el mundo pasa hambre, o sufre una alimentación deficiente. Es esta la gran aberración en un mundo de abundancia, porque la realidad no es que falte comida, sino que sobra. Pero el hambre, como estamos viendo, tampoco es ninguna plaga bíblica, sino que obedece, como todo lo demás, a razones políticas. Se nos pretende hacer creer que el hambre se debe a factores como guerras o sequías, que evidentemente influyen, pero no tanto como el factor que se refiere a quiénes controlan las políticas agrícolas y alimentarias y quién controla los recursos naturales (tierra, agua y semillas). El hambre en el Sur global es fruto del expolio de los recursos naturales que durante décadas se ha llevado a cabo en estos países por parte de empresas multinacionales extranjeras, apoyadas por los grandes organismos internacionales. Se ha fomentado el hambre mediante el comercio desigual (aunque lo tilden de "libre") y facilitando la entrada de productos del Norte global subvencionados, controlados por grandes multinacionales, en los países del Sur. Estos productos se venden por debajo de su precio de coste, y así acaban con la producción local autóctona (Haití con el arroz representa un claro caso de libro en este aspecto). Continuaremos en siguientes entregas.

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18 junio 2020 4 18 /06 /junio /2020 23:00

La obligación de la comunidad debe ser garantizar el derecho a la mejor educación pública de calidad que tienen todos los niños y niñas. Y eso solo es posible con una red pública única, que no derive recursos públicos de nuestros impuestos a financiar opciones privadas, que garantice una oferta de plazas públicas suficientes en todos los niveles y modalidades educativas, que respete criterios pedagógicos y equitativos que beneficien a los menores y que ofrezca igualdad de oportunidades

Enrique Javier Díez y Agustín Moreno

39.- EL ARRINCONAMIENTO DE LOS BOSQUES. ¿Hasta qué punto enseña la escuela a los estudiantes la importancia de los bosques para nuestra vida? Los bosques son centrales para la supervivencia de la humanidad en el planeta: fijan el terreno, luchan contra la desertización, frenan los corrimientos de tierras de laderas enteras, fertilizan los suelos, dan sombra, eliminan CO2, producen oxígeno, etc. Sin embargo, los libros de texto de forma mayoritaria les prestan poca atención y por tanto, no permiten que alumnos y alumnas perciban de forma nítida la dependencia que la vida humana tiene de ellos. Los bosques son decisivos para que nuestra atmósfera siga teniendo sus características, sintetizan materia vegetal a partir de la materia inorgánica (a partir del polvo, el agua y el aire crean alimento), son productores primarios (de verdad), están en la base de la pirámide ecológica que sostiene a nuestra especie. Ayudan al clima y a mantener elevadas tasas de humedad, ayudan a nacer a las nubes con su evapotranspiración, previenen las riadas y las inundaciones y protegen de las que se producen. Suavizan los contrastes térmicos disminuyendo los rigores extremos del clima, cobijan a numerosas formas de vida, son decisivos para el mantenimiento de la biodiversidad, proveen de recursos naturales vitales para la vida en sociedad (de enorme importancia), experimentan procesos de renovación y de sucesión ecológica y, por tanto, son renovables. Pero sin embargo, todo este conjunto de servicios básicos que presta la naturaleza a través de los bosques es ignorado en los libros de textos. La mención de los bosques y la deforestación es reduccionista, centrando su importancia en la posibilidad de explotación económica. Por ejemplo, los bosques son presentados como recursos madereros para la explotación por parte del ser humano. Por ejemplo, en el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé se afirma: "En la naturaleza hay abundantes elementos que el ser humano puede utilizar en los procesos de producción de bienes económicos: petróleo, minerales, bosques, agua y la propia tierra". Es, como vemos, la única vertiente que interesa. El bosque no sólo es un conjunto de árboles, es la organización más compleja del mundo vegetal. Es una organización viva y dinámica sensible a cualquier modificación de las fuerzas que actúan en un territorio.

 

Al presentar la repoblación como opción viable para paliar el problema de la deforestación, los textos no distinguen los cultivos uniformes de madera de los bosques vivos. Se trata de un error grave que conduce a confundir alineaciones de especies maderables ajenas al territorio y a las condiciones climáticas del mismo con la comunidad viva, refugio de la biodiversidad, de la que depende la vida del planeta. Y al igual que dijimos para los derechos de los animales, si los estudiantes no son concienciados en la escuela sobre la importancia ecológica de los bosques, difícilmente van a estar concienciados de adultos. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest cuenta: "Las necesidades cada vez mayores de papel y madera están ocasionando la desaparición progresiva de grandes masas forestales. Para paliar esta carencia se está realizando un gran esfuerzo repoblando las superficies deforestadas". Como podemos apreciar, no se plantea la posibilidad de dejar de talar como el mejor modo de frenar la deforestación. Los textos no muestran la correlación que existe entre los procesos de urbanización masiva, de consumo creciente o de crecimiento económico y la deforestación, y en muchos casos no llevan a percibir la gravedad del problema. Aunque en ocasiones se manifiesta el problema de la desaparición de los bosques, las soluciones propuestas son individuales y poco relevantes para la magnitud del problema. Por ejemplo, en p.11 Lengua 6º de Primaria SM podemos encontrar la siguiente cita: “Todos podemos conservar los bosques a través de hábitos ecológicos como utilizar la mínima cantidad de papel, no hacer fuego en el campo, no arrojar basuras". Las soluciones propuestas se quedan cortas si consideramos problemas que afectan a los bosques como la urbanización y cementación progresiva del territorio, la implantación de monocultivos, las explotaciones multinacionales madereras, la tala masiva para la agricultura y ganadería intensiva, etc. No suelen aparecer mencionadas las relaciones que existen entre la deforestación y las multinacionales. No existen gráficas o ilustraciones que muestren la evolución de los bosques en el planeta. Los libros de texto no muestran el papel del bosque como origen de numerosas manifestaciones culturales de las sociedades humanas: literatura, leyendas, religión, arte, ocio, entretenimiento, etc. La mayor parte de las culturas, conscientes tal vez de su importancia, han dedicado un espacio importante al bosque, incluso la cultura occidental hasta hace no mucho tiempo. Para los libros de texto sin embargo ya no es importante hablar de ellos. 

 

40.- LA SOBREURBANIZACIÓN. El estudio de las grandes urbes en el planeta, y lo que este hecho supone como grave ataque a la sostenibilidad tampoco es estudiado convenientemente en la escuela. Nuestro caso, además, es digno de estudio. El Estado Español es el lugar del planeta en el que se construye a un ritmo más acelerado, siendo Madrid, Valencia, Murcia y Almería los puntos calientes de esta vorágine urbanizadora. Este proceso está provocando una acelerada transformación del territorio, de la propiedad del mismo, de los tipos de uso, en definitiva, del entorno y de los modos en el que las personas viven en él. Los libros de textos revisados, en su gran mayoría, no mencionan este fenómeno, ni las consecuencias que tiene desde el punto de vista ecológico, social o económico. No aparece la relación que existe entre sobreurbanización y especulación, entre el hacinamiento de la población mundial en ciudades y el deterioro de las relaciones sociales o entre el modelo de ciudad y el de transporte. En general, se encuentran sobrevalorados los modos de vida urbanos en cuanto a la cultura, oportunidades de promoción personal o de realización de actividades interesantes, comodidad, ocio, etc. No solo esto, sino que los libros de texto ensalzan peligrosamente la opción de vida en las grandes urbes. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. SM afirma: "La sociedad española del siglo XX disfruta de un mayor progreso. La mayor parte de la población vive en las ciudades". ¿En qué basan libros como éste dichas afirmaciones? Como venimos afirmando desde muchos artículos atrás, los libros de texto que hoy día llegan a nuestros escolares en las escuelas no hacen sino validar y apoyar el sistema económico dominante y sus intereses. Por eso, simplemente, hay asuntos que ni aparecen, mientras que otros son apoyados sin reservas. Igualmente, el mismo libro de la Editorial Santillana presenta las ciudades como una de las más elaboradas creaciones del ser humano, donde se reúnen, por ejemplo, las mejores obras artísticas, etc. Sin embargo no se menciona la imposibilidad de la autogestión, y por tanto la dependencia y vulnerabilidad en la que se encuentran las personas que viven en ciudades al no poder tener ningún tipo de control sobre sus condiciones materiales de subsistencia. No se analiza el insostenible metabolismo de la ciudad, su balance energético irracional ni su dependencia de los sistemas rurales. Tampoco queda recogida la irreversibilidad de la cementación del territorio en cuanto a pérdida de suelo. De existir críticas al modelo de urbanización se centran en las “atrasadas” ciudades de la periferia, mientras que la sobreurbanización de los países ricos no despierta sospechas. 

 

Bien, además de todos los temas y asuntos tratados aquí, que en el próximo artículo completaremos con otros asuntos que los libros de texto omiten (como asignaturas o como temas incluidos en otras) y que no debieran omitir, es obvio que los libros de texto cometen errores de bulto, omisiones, errores, y sobre todo, expresan una carga ideológica de gran envergadura, en vez de limitarse a ser objetivos en sus exposiciones. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Santillana afirma: "Hoy, todos los gobiernos, cualquiera que sea su ideología, intentan elaborar programas diseñados para promover el crecimiento y mejora del nivel de vida y una mejor distribución de la riqueza, tanto nacional como globalmente". Es simplemente vergonzoso que se hagan estas afirmaciones, cuando lo que debería enseñar la escuela a los alumnos y alumnas es que la desigualdad avanza a pasos agigantados por todo el mundo. El mismo libro, pero de la Editorial SM, se permite hacer afirmaciones políticas como la siguiente: “La UE es una asociación de países europeos que intenta mejorar la vida de sus ciudadanos, organizando la economía y ayudando a las regiones más desfavorecidas”. Es, sencillamente, intolerable, a la vista de la historia reciente de la Unión Europea, y de sus chantajes y decisiones arbitrarias hacia los Estados miembro. Los libros de texto debieran entrar, por tanto, únicamente en los aspectos formales de nuestra realidad política y social, sin entrar en valoraciones políticas que evidentemente sesgan los criterios que definen la mentalidad de los estudiantes. El ejemplo más grosero quizá sea el que aparece en el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Santillana, que sin despeinarse afirma: “En la actualidad las fronteras son más permeables, mercancías, trabajadores, turistas, dinero...circulan cada vez con más libertad por los Estados.”, cuando a la vez que se afirma esto, sin ir más lejos, las vallas de Ceuta y Melilla se alzan hasta los 6 metros y se pueblan de camisetas ensangrentadas, y los inmigrantes detenidos y deportados son abandonados a su suerte. Es absolutamente vergonzoso que un libro de texto afirme semejantes barbaridades. El factor común de esta serie de mentiras es, claramente, ocultar las tensiones entre los intereses de las empresas y las élites económicas, y los intereses de la mayor parte de la población. Pero hay más mentiras: el libro referido también afirma que “La política de los gobiernos se ha preocupado sobre todo por la conservación de la atmósfera y las aguas, el estudio del impacto de las actividades humanas, la educación ambiental, los vertidos y las leyes que regulan el disfrute del medio ambiente” (¿Cuándo se han ocupado de esos asuntos los gobiernos?)

 

En Historia Contemporánea de 1º de Bachillerato Santillana (p.4 y p.326) se viene a decir que los problemas ecológicos se deben a la explosión demográfica en los países del sur. Nada se comenta sin embargo sobre la explosión demográfica en los países del norte hace algunas décadas, ni sobre las diferencias en cuanto a consumo y huella ecológica per cápita entre los países enriquecidos y los empobrecidos. Y suma y sigue: "Aunque una sociedad más rica podría estar en principio más preocupada por el medio ambiente…" p.269 Economía 1º de Bachillerato Santillana (en este punto se obvia que son las sociedades ricas las principales destructoras del medio ambiente y se da a entender lo contrario). "El hombre, en su evolución sociocultural, ha tomado conciencia de la importancia de preservar el medio ambiente. Así, han sido los países más desarrollados económica y tecnológicamente los primeros en advertir el peligro que supone seguir degradando el medio y en adoptar medidas técnicas y legales para la búsqueda del desarrollo sostenible." p.250 Economía 1º de Bachillerato Santillana (de nuevo, mentira estrepitosa). En el terreno económico las mentiras son tomadas como puntos de partida para elaborar la autodenominada "ciencia" económica, validando el dogma neoliberal y todos sus desmanes. Por ejemplo, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Santillana afirma que "…en resumidas cuentas, los que gobiernan el mecanismo de mercado serán los consumidores, quienes mediante su demanda, indicarán hacia dónde se tienen que canalizar los recursos" (se ignora que son las empresas las que dirigen de forma subliminal las demandas de los consumidores). El mismo libro de la Editorial Algaida riza el rizo afirmando: "La economía adquiere el rango de ciencia en la medida en que se han ido elaborando leyes generales con un método científico" (lo que valida los postulados de la economía neoliberal como si fueran leyes científicas). O el mismo libro ya referido de la Editorial Santillana, que afirma que "El mercado es el lugar donde libremente se ponen en contacto los agentes económicos que han producido un bien y lo ofrecen con los agentes que desean ese bien" (¿seguro que es así de libre?). En fin, los ejemplos son, como podemos apreciar, innumerables. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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16 junio 2020 2 16 /06 /junio /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (VI)

La presencia de España fue el resultado de una conquista violenta y muy dura. Se llevó a cabo un ejercicio de dominio cultural demoníaco. La riqueza de las indias eran los indios y se desarrollaron mecanismos de obtención de mano de obra indígena que supusieron la desaparición de culturas y lenguas. Se rompió la estructura social y la riqueza del control de la naturaleza

Antonio Acosta (Catedrático de Historia de América de la Universidad de Sevilla)

Los nostálgicos del Imperio Español intentan blanquear la leyenda negra de nuestra historia en las Américas, al igual que hacen las mafias. Y por supuesto, el sistema educativo está en función del pensamiento dominante, y reproduce sus mismos esquemas y valores. Y así, desde principios del siglo XX, toda una pléyade de artistas, escritores e intelectuales cierran filas en torno a la Hispanidad, entre ellos Miguel de Unamuno, José María Pemán, Vallejo Nájera, Camilo José Cela o actualmente, Arturo Pérez Reverte. ¿Pero qué es (o ha sido) la Hispanidad? Pues básicamente un ejercicio de manifestación y reconocimiento del orgullo patrio, que rememora aquéllas calendas de la Conquista para ensalzar nuestros épicos valores, y recordar lo "grandes" que hemos sido. La dictadura franquista, igualmente, pretendió ensalzar a los supuestos héroes de la conquista de América para insuflar en sus súbditos las más altas dosis de orgullo y vanidad. Pero la Hispanidad es un movimiento político y cultural que también reclutó a muchos intelectuales reaccionarios de derechas en América Latina, comprometidos con enaltecer el buen nombre de la madre patria. El más genuino representante en la actualidad quizá sea el peruano Vargas Llosa. Pero también ha ido surgiendo una corriente contraria, de tendencia izquierdista, que pretende situar el relato en sus justos términos, donde podemos destacar a José Carlos Mariátegui, José María Arguedas, Pablo Neruda, Nicolás Guillén, Gabriel García Márquez, Eduardo Galeano, etc. Afortunadamente, durante las últimas décadas, una nueva generación de intelectuales y escritores, profesores, historiadores, documentalistas o cineastas se han lanzado a la tarea de poner en cuestión el relato oficial, injusto y manipulado. 

 

Pero los medios de comunicación dominantes, la prensa, la radio y la TV, las editoriales más potentes y los sitios web de los países latinoamericanos (que están dominadas por las multinacionales españolas de la información), constantemente emiten la propaganda imperial en un intento por convencer a la opinión pública de los más preciados parabienes. El franquismo fue quizá el período donde más se ensalzó esta ideología de la Hispanidad, que además utilizó como el eje principal de sus relaciones exteriores. El nacionalcatolicismo proclamó la consigna del "Imperio hacia Dios" como parte de aquél evangelio fascista que transmitía las virtudes de la unidad de destino en lo universal. Todavía hoy, sus cachorros de Vox continúan defendiendo todo aquél ideario, y en los lugares donde han obtenido algo de poder han promovido iniciativas políticas para recuperar ese legado. La Hispanidad es, para ellos, sinónimo de fortaleza, furia, valentía y arrojo. Los españoles demostraron ser los más fuertes, los más arriesgados guerreros que lograron emular al Imperio Romano en su magnificencia. En cambio, existen pocas obras que reivindiquen la memoria histórica de los pueblos nativos, y su increíble espíritu de resistencia ante la bárbara invasión europea. A las víctimas de este atroz genocidio se les silencia pues sus palabras están cargadas de ira y resentimiento. Les robaron sus tierras, les robaron su identidad, les robaron sus lenguas y sus culturas, y la única esperanza para ellos es que el Dios blanco (en el que ahora creen) se compadezca de su cruel destino y los premie con el paraíso celestial. A partir de la violenta llegada de los europeos y durante estos cinco siglos, se fue gestando el colapso de los ecosistemas naturales y la destrucción de su hábitat y su medio ambiente, aspectos cuya onda expansiva continúa en nuestros días.

 

Ese continente ha sufrido una gran mutación en todos los órdenes, comenzando por el genocidio de los pueblos nómadas, que para un mejor control fueron obligados a sedentarizarse por los invasores. A estas alturas del siglo XXI la colonización europea ha producido un devastador impacto en la diversidad genética de las poblaciones indígenas, que progresivamente han ido desapareciendo (hasta el punto de que hoy día tan solo sobrevive un 20%). Y por supuesto, la conquista aún no ha finalizado. Lo que ocurre es que en los tiempos actuales ya no se necesita la fuerza bruta de hace 500 años, y por tanto los métodos cambian, se vuelven más sutiles. El neoimperialismo español continúa tomando las posiciones de vanguardia (gracias a la ayuda de la lengua), y los nuevos conquistadores de traje y corbata desembarcan nuevamente allende los mares con sus bancos y multinacionales, con sus empresarios y ejecutivos, prestos a finiquitar el expolio que iniciaron hace más de cinco siglos. Vamos a destacar a continuación algunos breves pasajes de la fantástica obra "Las venas abiertas de América Latina", de Eduardo Galeano, uno de los escritores críticos latinoamericanos más lúcidos y valientes. Lo haremos siguiendo este artículo de Javier Cortines publicado en el medio Contrainformacion. Un primer pasaje nos informa de que "Los indios de las Américas sumaban no menos de setenta millones, y quizá más, cuando los conquistadores españoles aparecieron en el horizonte. Un siglo y medio después la población se había reducido, en total, a solo tres millones y medio". Otro pasaje destaca: "Entre 1503 y 1660, llegaron al puerto de Sevilla 185.000 kilos de oro y 16 millones de kilos de plata. La plata transportada a España en poco más de siglo y medio, excedía tres veces el total de las reservas europeas". 

 

En otro lugar se lee: "Carlos V (...) aquél monarca de mentón prominente y mirada de idiota, que había ascendido al trono sin conocer una sola palabra del idioma castellano, concedió la primera licencia para conducir esclavos negros a las colonias americanas. Así mismo, se lanzó a la persecución del demonio por toda Europa extenuando el tesoro de América en sus guerras religiosas". Continúa en otro lugar: "Los grandes propietarios de tierras se repartían el usufructo de la mano de obra indígena y negra bajo la mirada celosa y omnipotente de la Corona y su principal asociada, la Iglesia". Incluso conocemos que la actual vestimenta indígena fue impuesta por Carlos III a finales del siglo XVIII. En otro momento se indica: "Los efectos de la conquista y el largo tiempo de humillaciones posteriores rompieron en pedazos la identidad cultural y social que los indígenas habían alcanzado". Todo un proceso de aniquilación cultural completo. Y como decíamos anteriormente, los efectos de la conquista llegan hasta hoy día: "El intercambio desigual funciona como siempre: Los salarios de hambre de América Latina contribuyen a financiar los altos salarios de Estados Unidos y Europa". Basten, por tanto, estas simples y rápidas referencias para poder hacernos una rápida idea de los efectos del brutal y salvaje colonialismo que el Imperio Español lleva ejecutando en América Latina desde el "descubrimiento". El siempre magnífico Víctor Arrogante, en este artículo para el medio Contrainformacion, nos recuerda que en la Ley de 1987, que declara la "Fiesta Nacional" para el 12 de octubre, se argumenta en su exposición de motivos lo siguiente: "La fecha elegida simboliza la efemérides histórica en la que España, a punto de concluir un proceso de construcción del Estado a partir de nuestra pluralidad cultural y política, y la integración de los Reinos de España en una misma Monarquía, inicia un período de proyección lingüística y cultural más allá de los límites europeos". Pero lo cierto, apostilla Arrogante, es que el 12 de octubre (antes día de la Raza y día de la Hispanidad) representa el franquismo fratricida, un expolio y un genocidio de los pueblos indígenas, así como la imposición por la fuerza de la religión católica allende los mares. Nada, por tanto, que celebrar, y mucho que lamentar. 

 

El 12 de octubre, siguiendo de nuevo a Víctor Arrogante, constituye simbólicamente el inicio de una ocupación político-militar que tuvo como resultado el exterminio de más de 80 millones de personas y la esclavitud de los que quedaron vivos. La colonización supuso para los pueblos ocupados la destrucción de su sistema político, la represión de su espiritualidad y todo su imaginario cultural, que devino en lógica pérdida de diversidad para el conjunto de la humanidad. La colonización significó un sometimiento, aún mayor de las mujeres indígenas, que sufrieron violaciones masivas como parte de la estrategia de dominación. La colonización instauró estructuras político-sociales profundamente racistas y discriminatorias, que se mantienen hasta hoy y que son la base de las principales desigualdades, conflictos armados, violaciones de derechos humanos, saqueo de los recursos naturales y expropiación de los territorios indígenas. Nada se descubrió, todo en cambio se destruyó. El 12 de octubre, como fiesta que conmemora dicha efeméride, debe desaparecer para siempre, o bien ser reconvertida como una fiesta para el reconocimiento de la resistencia indígena durante todos estos siglos. Mientras dicha "festividad" continúe en nuestro calendario con dicho significado, seguiremos contribuyendo a recordar y a enorgullecernos de un genocidio, de una aniquilación humana y cultural sin precedentes, algo de lo que un país mínimamente avanzado y democrático no puede presumir. Ya es hora de una revisión de la historia. Muchos movimientos sociales están manifestándose por todo el mundo para reivindicar el cese de las celebraciones coloniales, racistas e imperialistas, precisamente porque a medida que vamos analizando los hechos del pasado desde la mirada del presente, desde los valores de la actualidad, nos vamos dando cuenta de que no es posible continuar manteniendo honores a determinados acontecimientos vergonzosos que nuestros países protagonizaron en la historia. Ya es hora, por tanto, de desmontar el relato dominante, y de ofrecer el relato justo que la historia espera de nosotros. Continuaremos en siguientes entregas.

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14 junio 2020 7 14 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Glen Le Lievre

Viñeta: Glen Le Lievre

Si queremos combatir el cambio climático tenemos que desarrollar toda la esfera pública. Para reducir las emisiones es necesario que la gente recupere el control del sistema energético y regular a las multinacionales. Por eso cuando analizas los conflictos entre la lucha antiausteridad y los movimientos de justicia climática te das cuenta de que tienen que unirse. No tiene sentido que sigan caminos separados, porque cuando entramos en esa división asumimos la lógica de las élites de que el clima es un lujo

Naomi Klein

Uno de los aspectos que debe subrayarse es que el desarrollo es un concepto distinto al crecimiento. Para el primero se debe enfatizar su significado como realización de las potencialidades, en el sentido de ser más completo, mejor, etc. Por el contrario, crecer indica el aumento en tamaño por la adición de nueva materia. El ser humano durante la primera parte de su existencia crece, pero cuando deja de hacerlo igualmente puede continuar desarrollándose. El crecimiento es siempre cuantitativo, el desarrollo es sobre todo cualitativo y apunta a poder realizar nuestras potencialidades. Lo importante es que puede haber desarrollo sin crecimiento, o en otras palabras, que el desarrollo sustentable no es un sinónimo de crecimiento

Eduardo Gudynas

El crecimiento económico es, por tanto, el problema, y no la solución. Podemos "desarrollarnos" como sociedad por otras vías, cultivando otras prácticas políticas y económicas, asumiendo otros valores y otros objetivos, pero olvidándonos del ya dogmático crecimiento económico como circunstancia sine qua non para obtener un mayor "bienestar" o "progreso". El Buen Vivir nos orienta a considerar estas alternativas. El mantra neoliberal afirma que solo el crecimiento podrá garantizarnos las pensiones, los servicios públicos, el trabajo, la protección del medio ambiente, y en fin, nuestra felicidad. Pero esto no es cierto. Y las miradas al PIB tampoco son la solución. Una sociedad puede perfectamente subsistir de forma sostenible sin hacer crecer continuamente su PIB. De hecho, es un indicador del que deberíamos olvidarnos. Pero se repite machaconamente lo necesario que es volver a alcanzar "subidas sostenibles" de este perverso indicador. No se dice que al PIB le trae sin cuidado la sostenibilidad del planeta, ni el agotamiento de los recursos naturales, ni el aumento del trabajo precario, entre otras consecuencias. Hay que poder vivir bien dentro de los límites ecológicos de los ecosistemas. Florent Marcellessi, uno de nuestros mejores expertos en ecología política, afirma en esta entrevista: "Decir que se puede prosperar sin crecer supone una redistribución radical de las riquezas, porque la forma de tener una buena vida para la mayoría implica el reparto de la riqueza. Esto supone subir los salarios más bajos y bajar los más altos. Por tanto, ¿quiénes son los primeros perjudicados? Claramente los multimillonarios, ese 1% que acapara la mayor parte de la riqueza. Pero hay que tener en cuenta que esos "perjudicados" constituyen un pequeño porcentaje de la sociedad. Y nosotros, ¿qué queremos? ¿Bienestar para la gran mayoría de la población o solo para esa minoría que está viviendo muy por encima de sus posibilidades?". He aquí la razón de que el Buen Vivir represente una amenaza para los más ricos y poderosos, y para ese aproximadamente 20% del resto de la población que vive a sus expensas. El Buen Vivir implica una redefinición de nuestras necesidades y aspiraciones como sociedad, ya que tenemos que establecer qué es la riqueza, cómo obtenerla, para qué estamos trabajando, o por qué estamos produciendo o consumiendo. Implica, como vemos, una refundación de los parámetros políticos y económicos que definen una sociedad.

 

Y abundando en ello, el Buen Vivir nos insta a ser conscientes de los límites de una sociedad. Es fundamental establecer tanto límites por abajo como límites por arriba. Los límites por abajo son fundamentales ya que con toda la riqueza creada y por crear, es absolutamente indecente que existan personas en la pobreza. Pero los límites por abajo no son suficientes, ya que si no imponemos también límites por arriba, el sistema se nos vuelve insostenible. Es imprescindible, por tanto, limitar la riqueza material de las personas más pudientes de la sociedad (sobre todo, mediante el establecimiento de rentas máximas, y de sistemas fiscales progresivos). Hay que plantear, por tanto, el límite inferior para que todos podamos vivir con nuestras necesidades básicas cubiertas, y el superior, porque son precisamente quienes más tienen y más ganan los que más contaminan y los que más consumen, contribuyendo a la insostenibilidad del sistema, y ello hay que extrapolarlo también a los países del Norte global con respecto a los del Sur global, como ya hemos tratado en artículos anteriores. Pero renunciar al crecimiento económico es la semilla fundamental que tenemos que sembrar, porque hoy día, como decimos, tras más de 7 décadas de fundamentalismo de mercado, el dogma del crecimiento, sin que pueda ser cuestionado, estructura la sociedad, domina nuestros marcos mentales, determina la producción y el consumo, influye en el trabajo humano, en el Estado del Bienestar y en nuestros imaginarios colectivos. Por tanto, es urgente salir de esta "sociedad del crecimiento" que hoy amenaza gravemente al bienestar colectivo y al planeta, y apostar por una sociedad del Buen Vivir regida por otros valores y conceptos compatibles con la justicia social, ecológica y ambiental. Necesitamos para ello un modelo económico que garantice la equidad y que funcione en paz con la Naturaleza. Hay que redefinir, de forma colectiva y democrática, lo que entendemos por "riqueza" y "necesidades", para establecer nuevos marcos de producción, consumo y trabajo. Tenemos también que reducir nuestra huella ecológica per cápita y en términos absolutos hasta que sea compatible con la capacidad del planeta. Así mismo, tenemos que redistribuir el trabajo y reducir la jornada laboral, reequilibrar el reparto entre rentas del capital y del trabajo en favor de las segundas, instaurar una renta básica y una renta máxima, valorar los trabajos de cuidados y reproductivos, y enfocar nuestras acciones hacia un cuidado del planeta y los recursos naturales en base a la justicia social y ambiental.

 

También tenemos que reconvertir el modelo productivo hacia uno sostenible a través de la creación y valoración de empleos verdes y decentes, así como de la relocalización de la economía en circuitos cortos de consumo y producción. Igualmente, hemos de desmercantilizar gran parte de nuestras actividades y descolonizar nuestras mentes fuera de la lógica del crecimiento. El respeto a los derechos humanos, pero también a los derechos de los animales y a los de la propia Naturaleza y sus ecosistemas son puntales básicos hacia donde tenemos que hacer girar nuestros sistemas de trabajo, producción y consumo. Ello implica evaluar la riqueza de una sociedad a través de una nueva batería de indicadores sociales, culturales, económicos, ambientales, etc., elaborados democráticamente por la ciudadanía, y que integren los límites y umbrales ecológicos críticos. El PIB debe ser progresivamente sustituido por este nuevo conjunto de indicadores. Necesitamos también producir otras cosas, o producir las mismas cosas de otra manera, y desechar cierto tipo de trabajos y de nichos de negocio. Por ejemplo, deberíamos abandonar los trabajos humanos y tecnológicos orientados hacia el mantenimiento del complejo militar-industrial. O por ejemplo, en vez de producir una tonelada de trigo en la agricultura intensiva, podríamos producir una tonelada de trigo ecológico con más trabajo (empleando a más personas), en mejores condiciones, con menos energía, con menos impacto ambiental e igual o mejor nivel de calidad. Empleos y actividades relacionados con tareas de cuidados y reproductivas deben mejorar sus condiciones y su valoración. Las tecnologías empleadas deben ser abiertas y convivenciales, lo que significa que debemos aspirar a una soberanía tecnológica, creando herramientas al servicio de la comunidad y bajo su control democrático. Tecnologías que asuman el principio de precaución, y que nos permitan decidir colectivamente cuáles de ellas son apropiadas según las necesidades y capacidad de carga del planeta. Han de prevalecer las actividades que generen riqueza y rentabilidad social y ecológica. Hemos de reequilibrar la distribución entre trabajos remunerados y no remunerados, entre hombres y mujeres, y se ha de valorar por sí misma la esfera de la reproducción y el mantenimiento de la vida (del cuidado de las personas y de la Naturaleza). 

 

Finalmente, para conseguir todo ello, el marco democrático tiene que cambiar. Mientras estemos tutorizados por las élites económicas y sociales no podremos pensar y decidir por nosotros mismos. En este sentido, hemos de definir y alcanzar nuevas cotas democráticas donde el conjunto de la ciudadanía fije y determine de forma plural y participativa las necesidades sociales deseables y posibles, dentro del marco de un mundo solidario y finito, decidiendo en consecuencia qué tipo de trabajos se requieren para cubrirlas, y debatiendo y eligiendo las tecnologías adaptadas a este proyecto de sociedad. Por tanto, digámoslo alto y claro: la época del crecimiento, la del consumo de masas, la del saqueo masivo a la Naturaleza, con energía barata, ampliamente disponible y abundante, basada en el tener más para vivir mejor, simplemente ha acabado. Ya no da ni debe dar más de sí. Pero al no ser reconocida esta situación (ni por parte de los poderes públicos, ni por parte de organizaciones de la sociedad civil), el crecimiento se ha convertido en una especie de obsesión psicológica patólogica de nuestra sociedad, es decir, en un factor de crisis que multiplica el resto de manifestaciones de ésta, genera falsas expectativas, y obstaculiza la búsqueda de bienestar, amenazando al planeta. Nos toca entonces imaginarnos una nueva economía próspera, sostenible, respetuosa de los ecosistemas, y dentro de los límites biofísicos de nuestro planeta. Los pilares de esta nueva economía deben basarse, entre otros aspectos, en cuidar de las personas, de la Naturaleza y también de las cosas, pues necesitamos que duren más y terminar con prácticas perversas como la obsolescencia programada. Pero esta nueva economía del Buen Vivir, como venimos afirmando, también debe apoyarse en otros esquemas mentales y en otros valores, tales como resaltar y reforzar la ecología, la solidaridad, la participación y la autonomía. El Buen Vivir nos conmina a tener en cuenta las bases materiales que sustentan la vida humana, que son las mismas que sustentan a los propios ecosistemas y al resto de seres vivos. De ahí que sea tan importante su mantenimiento, y su dedicación y cultivo. Durante las últimas décadas, el capitalismo ha ido introduciendo en nuestras mentes toda esta mitología de que la economía y el dinero se mueven totalmente al margen de lo que sucede en la tierra, en los territorios, en la Naturaleza, pero esto es un error suicida. 

 

Culturalmente, el capitalismo ha desterrado de nuestras mentes una verdad esencial: que somos ecodependidentes. Y el colapso civilizatorio va a arañar todavía más esa herida, pues vamos a tener que aprender a vivir con muchos menos materiales y energía. El decrecimiento se va a convertir (de hecho, ya está ocurriendo) en una imposición, más que en una opción. Para que el Buen Vivir pueda ir adentrándose en nuestras vidas, es imprescindible cambiar todo nuestro marco cultural. Una cosa lleva a la otra: no podemos consumir como hasta ahora porque no dispondremos de recursos, lo cual nos lleva a cultivar otras formas de vida. Y viceversa, la asunción de marcos mentales distintos, que hagan valorar otros aspectos de la vida humana, nos conducirá a una nueva forma más sostenible de consumir. Hay que replantearse el estilo de vida mismo. En realidad a una sociedad no deben interesarle cuántas cosas pueda producir, sino cómo las cosas a las que sus ciudadanos tienen acceso hacen que su vida merezca la pena ser vivida. Aquí descansa la filosofía más profunda del Buen Vivir, porque ello implica un cambio filosófico fundamental, que debe traducirse en cambios radicales de nuestras prácticas vitales. Desde este punto de vista, el Buen Vivir no es más que la búsqueda de la vida en armonía del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con la propia Naturaleza que nos hace posibles, entendiendo que todos somos Naturaleza y que somos interdependientes, es decir, que existimos a partir del otro. Por lo tanto, a diferencia del mundo de consumismo exacerbado y de la competencia extrema, lo que se pretende desde el Buen Vivir es construir sociedades donde lo individual y lo colectivo coexistan en complementariedad entre sí y en armonía con la Naturaleza, y donde la racionalidad económica se reconcilie con la ética y con el sentido común. La economía tiene que reencontrarse con la Naturaleza, para mantenerla y no para destruirla, para retornar a su valor de uso y no al valor de cambio. Lo que se propone con el Buen Vivir es organizar la vida de otra manera, a partir de otros principios, como son por ejemplo la complementariedad, la correspondencia, el consenso, la participación, la cooperación, el apoyo mutuo, la solidaridad, el respeto, la reciprocidad, la equidad, la simbiosis, la homeostasis...En definitiva, el Buen Vivir nos insta a percibir y organizar la vida en el continuum de la Naturaleza y no en el capricho del ego humano. Es éste el gran reto que tenemos por delante, y que paulatinamente, bajo la amenaza del colapso, se transforma en el reto del mundo entero. Continuaremos en siguientes entregas.

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11 junio 2020 4 11 /06 /junio /2020 23:00

La libertad de educación es hoy la barricada tras la que se protegen todos los enemigos de la igualdad. Esa idea de que la educación debe basarse en las convicciones ideológicas y religiosas de los padres es una barbaridad. Es justamente lo contrario: la instrucción pública debe emancipar a las personas de sus vinculaciones ideológicas o religiosas para aprehender una visión universalista de la realidad. Los maestros, según uno de los padres de la instrucción moderna, Condorcet, deben ser “los funcionarios de lo universal”. Igual de aberrante es una escuela católica, que una escuela comunista o una escuela mormona

Antonio Gómez Movellán

36.- ANIMALES SIN DERECHOS. Preguntémonos lo siguiente: en las asignaturas de Conocimiento del Medio (antes Ciencias Naturales) o sus homólogas...¿enseñan de verdad a los escolares a valorar la vida animal? En mi caso, no recuerdo que lo hicieran (a pesar de disfrutar de un profesor y una profesora fantásticos). Sí, nos enseñan la biodiversidad del reino animal y del vegetal, todos sus ecosistemas, todos sus procesos vitales, muchas clasificaciones, pero ¿nos enseñan a valorar y a respetar la vida no humana? ¿De verdad nos infunden el respeto que merece toda vida? ¿Nos enseñan la capacidad de sentir que poseen los animales? Creemos que no. Y eso es lo principal que ha de cambiar en nuestro sistema educativo, si pretendemos que después tengamos una sociedad con personas sensibilizadas con los animales y sus derechos. No se trata de que todo el mundo tenga un perro o un gato, ni de que la gente se haga voluntaria de las asociaciones protectoras. Se trata de que las vidas de los perros y los gatos sean felices, y de que hayan de existir menos, muchas menos protectoras de animales. El sistema educativo es un puntal fundamental para sembrar esa semilla. No el único, por supuesto, pero sí fundamental. Pues bien, en este sentido, los libros de texto no presentan el debate sobre los derechos de los animales. Desde una perspectiva antropocéntrica, los animales se valoran por su rentabilidad económica y, en algunas ocasiones como especie exótica. En ningún caso se muestra el evidente sufrimiento animal en los procesos productivos industriales. Así, la “fabricación“ intensiva de huevos, carne o paté no se relaciona con el hacinamiento, la alimentación a base de productos químicos, o el maltrato que sufre el ganado en las granjas industriales. Por ejemplo, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Everest se limita a contar: "La ganadería moderna se basa en un alto grado de mecanización, la mejora de las razas, así como la mejora de la alimentación y de la salud del ganado". Se justifica la experimentación con animales mostrando los avances en medicina, sin embargo no se expone cómo en muchos casos se provocan lesiones, cegueras o mutilaciones en animales para obtener nuevos productos cosméticos o armas químicas. 

 

A través de los libros de texto es difícil comprender cómo la destrucción asociada al progreso económico destruye los territorios en los que viven los animales, forzando migraciones masivas y extinciones de especies a un ritmo que no se había conocido anteriormente. De hecho, es curioso ver hoy día en los reportajes de medios de comunicación la presencia indiscriminada de ciertos animales (ciervos, osos, jabalíes...) en los medios urbanos, al haberles arrebatado sus medios de subsistencia y su hábitat natural. Los libros de texto tampoco interrogan sobre manifestaciones culturales que se basan en el maltrato a los animales, de las cuales en el Estado Español tenemos un amplio muestrario: ferias y fiestas patronales, repartidas por todos los pueblos de la geografía nacional, despliegan durante sus actos los más bárbaros y crueles tratamientos hacia los animales. Por tanto, sería bueno que los libros de texto explicaran a los estudiantes los límites entre el culto y el mantenimiento a las tradiciones populares (contra las que no tenemos nada) y la brutalidad y el salvajismo sin más. Porque al igual que para el caso del Descubrimiento de América (que ya expusimos en su día y al que estamos dedicándole actualmente una serie de artículos), no podemos ver los hechos del pasado con las mentes y criterios del pasado, sino con las actuales. Por último, los libros de texto no muestran ni una sola vez el vegetarianismo o el veganismo como una opción de alimentación posible ni muestran los problemas sociales y ecológicos que provoca una alimentación basada en el consumo de carne. Por ejemplo, hablando sobre las proteínas, el libro de Conocimiento del Medio de 6º de Primaria Ed. Edelvives afirma: “Las encontramos en la leche y sus derivados, la carne, el pescado y los huevos” (no se menciona la posibilidad de obtener las proteínas necesarias de la combinación de productos vegetales, tal y como hacen las personas vegetarianas). 

 

37.- SIN NOTICIAS DEL TERRITORIO. Los libros de Conocimiento del Medio y de Biología y Geología hablan de los suelos y su composición, pero raramente de su proceso de deterioro. El deterioro o pérdida del suelo tiene múltiples causas, la mayoría de ellas provocadas por la acción humana directa. A menudo se obvian las causas de más peso. Por ejemplo que la mayor pérdida de suelo se produce bajo el asfalto, el cemento y el hormigón, que provocan un proceso irreversible para su recuperación. La velocidad de la desertificación y la pérdida de suelo por efecto de las actividades humanas es alarmante. Las causas hay que buscarlas en la mala gestión de los recursos hídricos, inadecuadas prácticas agrarias, la pérdida de cubierta vegetal, los incendios forestales, el cambio climático, la construcción de grandes infraestructuras y el descontrolado desarrollo urbanístico. Sin embargo los libros de texto prefieren acudir en sus explicaciones a causas naturales o fenómenos puntuales y no estructurales. De hecho se ignora el suelo como componente esencial de los ecosistemas, en donde se desarrollan complejos y lentos procesos naturales, que necesitan del tiempo necesario para la formación de un suelo maduro. La pérdida de suelo por erosión, el deterioro del mismo por contaminación o compactación, supone a su vez la eliminación de la historia ecológica del suelo. Por su parte, el subsuelo se estudia como almacén de recursos para la minería o la extracción de petróleo, ocultándose los efectos ambientales y sociales de estos procesos, tales como la contaminación, el deterioro paisajístico, las expropiaciones o las difíciles condiciones laborales. Las culturas tradicionales, muy implicadas en el mantenimiento del suelo y los usos sostenibles del territorio, son consideradas atrasadas. Se presenta como rico el suelo urbanizado y ocupado por infraestructuras frente al agrícola, que se ve pobre. No se aportan muchos datos sobre la propiedad del suelo y su relación con los usos del mismo (agrícolas, turísticos, urbanísticos, etc.). Tampoco se habla de las leyes de gestión del suelo, cada vez menos restrictivas y propiciatorias de procesos de especulación urbanística. Hay que enseñar a nuestros alumnos y alumnas que la gestión sostenible del suelo requiere una planificación del territorio adecuada a los recursos naturales, paisajísticos, sociales y culturales, de forma que se propicie la conservación de la naturaleza y el mantenimiento de los sistemas de supervivencia locales. 

 

38.- QUITANDO GRAVEDAD A LOS RESIDUOS. Dentro de la absoluta falta de educación ecológica que nuestro sistema educativo practica hacia nuestros escolares, el asunto de la gestión de los residuos es sumamente importante. De entrada, deben introducirse nociones de economía circular (apoyadas quizá en los procesos de la propia Naturaleza), para que se comprendan los defectos de nuestra política sobre residuos. En la información que recogen los libros de texto sobre los residuos se observa una clara desconexión entre los distintos procesos que los generan, no se habla de los ciclos de los materiales, ni de cómo los residuos son el resultado de la imperfección de los sistemas productivos humanos, que abren los ciclos, rompiendo el equilibrio de los sistemas naturales, de manera que la información sobre éstos aparece inconexa y fragmentada. De hecho, se conciben los residuos como una consecuencia inevitable del desarrollo y de la sociedad de consumo. Sólo se propone su tratamiento, confiando en la tecnología, nunca la posibilidad de no producirlos o integrarlos en los procesos naturales. Por ejemplo, hemos encontrado un texto sobre el envase "Tetra Brik" con connotaciones exclusivamente positivas "la humanidad ha buscado siempre...", "pionero", "líder", incluyendo que en 1998 se produjeron más de 85.000 millones de envases, pues "permiten almacenar los productos durante largo tiempo sin que pierdan sus propiedades". p. 158 Lengua y Literatura 1º de Bachillerato SM. Otro ejemplo: Ilustración de unas endibias envasadas con el siguiente pie: “El polietileno es muy utilizado en alimentación como envoltorio o bolsas” p.484. Física y Química 1º de Bachillerato Editex. “La contaminación urbana”, “La producción de basuras es proporcional al grado de desarrollo de una sociedad, pero los remedios ensayados para la eliminación de los residuos sólidos urbanos aún no han resuelto el problema”, “residuos radiactivos que tardarán miles de años en eliminarse”. p.304 Historia Contemporánea 1º de Bachillerato Edelvives. O bien, el libro de Economía de 1º de Bachillerato Ed. Edebé que afirma sencillamente que "Entre los fallos del mercado está la aparición de externalidades". 

 

Otro párrafo que no tiene desperdicio es el siguiente, tomado del mismo libro: "Las externalidades o efectos externos son los costes o los beneficios asociados a la producción o al consumo de un bien que van a parar a terceras personas distintas de los sujetos actuantes"… "Como externalidad negativa podemos destacar la contaminación. Las empresas contaminantes toman decisiones sobre qué cantidad de bienes producir basándose en sus costes y beneficios. Pero no consideran los costes sociales que puede producir un volumen excesivo de contaminación. En este sentido se justifica la intervención del Estado para corregir y minimizar estos costes externos que soporta la sociedad" (Obsérvese cómo la empresa permanece intocable, como los daños ecológicos no existen y cómo se considera externo lo que es inherente al proceso de producción). Para los libros de texto, la responsabilidad de la generación de residuos recae en las personas y no se habla de los procesos que los generan. No se exponen de manera clara las terribles consecuencias a la larga derivadas de la enorme producción de residuos de nuestro sistema productivo. Prácticamente la única solución que se plantea para el tema de los residuos (y que aparece con cierta frecuencia en los textos) es el reciclaje. Este aspecto es clave pues se enseña a los y las menores que el grave problema ambiental de la generación de residuos se ataja sólo con el reciclaje. No se menciona la necesidad de la reducción en la generación de residuos, ni las posibilidades de reutilizar. Tampoco se menciona el porcentaje real de lo que se recicla, ni los problemas de las sustancias no biodegradables. Se concibe el reciclaje como postura estética. Se recicla lo marginal, por ejemplo juguetes con los que no se juega. No se cuestionan los hábitos de consumo, ni el papel fundamental que desempeñan en cuanto a paliar la creación de residuos. Se asocian erróneamente los productos con muchos embalajes con la higiene. Se oculta que una de las razones principales del desarrollo del embalaje fue poder llevar los productos cada vez más lejos y con ello engrosar las grandes compañías en detrimento de las pequeñas. Se destruyeron de esta manera los sistemas de distribución y producción local. La leche por ejemplo era distribuída desde la vaquería al recipiente doméstico sin necesidad de embalaje. Con la llegada del mismo se pudo vender en una gran superficie a miles de kilómetros de donde se produjo, aumentando con ello la insostenibilidad. Continuaremos en siguientes entregas. 

 

 

Fuente Principal de Referencia: Informe "El currículum oculto antiecológico de los libros de texto", de Ecologistas en Acción

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9 junio 2020 2 09 /06 /junio /2020 23:00
El falso relato sobre el Descubrimiento de América (V)

Cristóbal Colón, con su histórico viaje en 1492, sentó las bases de la dominación colonial, con consecuencias indudablemente presentes hasta nuestros días. Colón buscaba recursos naturales, especialmente especerías, sedas, piedras preciosas y sobre todo oro. Su viaje, en consecuencia, abrió necesariamente la puerta a la conquista y la colonización. Con ellas, en nombre del poder imperial y de la fe, empezó una explotación inmisericorde de recursos naturales, con el consiguiente genocidio de muchas poblaciones indígenas

Alberto Acosta

Continuando con el asunto del mestizaje (siguiendo de nuevo el fantástico artículo de Carlos de Urabá), hemos de afirmar que el fruto de estas uniones violentas y bajo estado de shock no es otro que la existencia de niños y niñas bastardas, infantes huérfanos de padre y no reconocidos, cuya crianza tenían que asumir las madres indígenas sin ninguna posibilidad de reclamar sus derechos. Los historiadores monárquicos han pretendido hacernos creer que dichas uniones eran legales, y que ambos contrayentes (como si estuvieran en un plano de igualdad) habían dado un consentimiento mutuo. No es fácil imaginarse esa situación. ¿Se conocieron en qué lengua? Tendríamos que presuponer que los españoles dominaban las lenguas de los nativos (el quechua, el tzeltal, el chichimeca, el tolteca, el chibcha, el harauaco, el guaraní...). Más bien no. El mestizaje representó un verdadero trauma, un fenómeno biológico que generó gran inestabilidad emocional y un terrible complejo de inferioridad. Ramiro de Maeztu ha dejado dicho: "El hombre inferior admira y sigue al superior, para que lo dirija y proteja". En el virreinato los mestizos no tenían derecho a herencia, o a ejercer cargos públicos pues su sangre era considerada impura. La tendencia de ese fruto híbrido era la de identificarse más con el español o el europeo en general, despreciando por completo su "origen salvaje". Por paradójico que parezca, el racismo del mestizo hacia el indígena es mucho mayor que el del blanco hacia el negro. Los conversos se volvieron más fundamentalistas que los propios conquistadores y los frailes doctrineros. Pero existía un problema añadido: el virreinato tenía que mantener impoluto el rancio abolengo de los nobles castellanos, para lo cual la Corona española tuvo que comenzar a permitir, incluso estimular, los viajes de mujeres solas a las Américas. ¿Cuántas mujeres españolas viajaron solas a las Indias en ese período de 300 años de conquista y colonización? La emigración de mujeres peninsulares tenía por objeto evitar que los colonizadores se mezclaran con las nativas con el propósito de preservar la pureza racial (eugenesia) y mantener la hegemonía de la cultura española. 

 

De entre las cifras conocidas, sabemos que entre 1493 y 1518 tan solo viajaron 308 mujeres españolas a América, pero ya en 1600 se contabilizaron un total de 10.000. Es difícil dar una cifra fidedigna, pero creemos seguro que durante el virreinato no superaron las 30.000. La población española en el siglo XVI no superaba los 6 millones de habitantes. Pero evidentemente, no cualquier mujer podía viajar en aquella época. A las mujeres se les prohibía viajar solas pues necesitaban una carta de autorización del esposo o del padre reclamándolas o un tutor masculino que las acompañara. La mayoría de las colonas pertenecían a la nobleza, eran esposas de virreyes, de militares, de oidores, de altos funcionarios reales, o bien eran mujeres soldado, gobernadoras, hijas de..., etc. No obstante, otras viajaban como doncellas, criadas, institutrices, y por supuesto, también viajaban las monjas adscritas a las órdenes religiosas invasoras. No existían por tanto permisos para solteras o mujeres solas, ya que podrían ser confundidas con prostitutas o vagabundas. ¿Acaso alguna española se casó con un indígena o con un negro? Creemos que no, ya que en aquella época los prejuicios religiosos y racistas impedían cualquier unión entendida como "anti natura" que sería vista como una provocación inaceptable. En aquellos tiempos, toda mujer decente estaba obligada legal y moralmente a imitar las vidas ejemplares de sor Juana Inés de la Cruz o de Santa Rosa de Lima. Por supuesto, no toda la población permaneció impasible ante el abuso y el genocidio que se estaba cometiendo. Una pequeña parte de la población española, la más culta y sensible, reaccionó ante toda aquella barbarie. Por ejemplo, los doctores de la Universidad de Salamanca, embebidos en la piedad y la caridad cristianas, se escandalizaron por el maltrato que recibían los nativos, y protestaron ante la Corona española. Como consecuencia de sus reclamos, se promulgaron en 1542 las llamadas "Leyes Nuevas de Indias", que prohibían expresa y tajantemente su explotación y toda forma de esclavitud de los gentiles. Pero esas leyes, que siguieron funcionando hasta 1748 (ya en tiempos del reinado de Carlos III), no eran más que papel mojado. En efecto, las Leyes de Indias ordenaban a los funcionarios coloniales, a las audiencias reales, los capitanes generales, gobernadores, corregidores, alcaldes y cabildos, que se ofreciera un buen trato a los nativos. Pero existe un dicho castellano muy conocido que reza: "Las leyes se acatan, pero no se cumplen". 

 

La situación real era muy diferente: los esclavos indígenas o negros eran explotados en duras jornadas de sol a sol en las plantaciones, las haciendas, las minas, las canteras, las obras públicas, o en la construcción de templos, palacios o catedrales. Mientras, las mujeres indígenas cumplían las funciones de siervas o mucamas dedicadas a tiempo completo a la atención de sus amos y de las órdenes religiosas. Cualquier acto de rebelión se castigaba con la pena de muerte ejecutada públicamente para que sirviera de escarmiento a sus congéneres. Paralelamente a todo ello, el sistema feudal español de la época también fue instalándose poco a poco allende los mares. Y así, en América, al igual que en la península, cobró un gran protagonismo la figura del terrateniente, del gamonal, del hacendado. Ese señor feudal se reservaba las mejores tierras y la mayor cantidad de esclavos indígenas a su servicio (derecho de pernada incluido). En esos barracones de las mitas, obrajes, encomiendas, reducciones y resguardos se obligaba a la indiada a ejercer las penosas labores como si se tratara de bestias humanas que trabajaran a destajo sin importar si estaban enfermos o mal alimentados. Un insoportable sufrimiento que conmovió a Fray Bartolomé de las Casas, que compadecido reclamo al Rey católico para que los indígenas fueran sustituidos por esclavos negros. La institución de la encomienda era un calco de la Reconquista cristiana en los territorios de Al-Ándalus: un señor feudal protegía a sus súbditos a los que explotaba y además cobraba un tributo. La fundación de las nuevas ciudades americanas requería imperiosamente de mano de obra para levantar palacios solariegos, iglesias, catedrales, y grandes obras públicas como puentes, acueductos, caminos, murallas, castillos o puertos. La segregación racial obligaba a los indígenas a usar determinada vestimenta muy distinta a la de sus amos españoles, así como a confinarlos en guetos o reservas indias, lejos de las zonas habitadas por los hidalgos y señores, en una clara reminiscencia del apartheid. La mayoría de los cronistas de la época eran clérigos o misioneros (los pocos que en aquel entonces sabían leer y escribir), que imbuidos por los prejuicios religiosos mezclaban la fábula y la fantasía en sus epopeyas y narraciones de la vida cotidiana. Es por sus escritos como hemos conocido gran parte de los relatos de la época, que se conservan en la actualidad. 

 

Y así, en España existen innumerables organismos e instituciones donde reposan los legajos y la documentación de los cinco siglos de historia de los territorios de ultramar. Entre los principales se encuentran el Archivo de Indias de Sevilla (mandado construir por Carlos III), el Archivo General de Simancas, el Archivo Histórico Nacional (Madrid), el Archivo de la Corona de Aragón (Barcelona), el Archivo de la Real Chancillería de Valladolid, el Archivo Histórico de la Nobleza de Toledo, el Archivo Central de Cultura en Madrid y en multitud de archivos particulares guardados por los descendientes de sus protagonistas, tales como el Duque de Veragua, el General Polavieja o el Virrey del Perú José Abascal. Se trata de documentos generados por instituciones coloniales, cartas de correspondencia privada u oficial, y relatos de los clérigos y misioneros. También se encuentra una importante documentación en los archivos ingleses, franceses, de los Países Bajos, alemanes, e incluso italianos (del Vaticano). También existen documentos redactados por cronistas, prelados, geógrafos, botánicos aventureros, cartógrafos, cosmógrafos, navegantes, militares o bachilleres que se reconocían como testigos directos de los sucesos acaecidos en las Indias durante el período colonial del Virreinato. Pero nosotros nos preguntamos...¿es esa toda la verdad? Lo cierto es que los nativos jamás pudieron escribir su propia historia, dar su propia versión de la invasión y del despojo de sus tierras. Relatar todo el sufrimiento causado a generaciones enteras de nativos. En esta historia, los indígenas son sujetos pasivos tratados como menores de edad, carentes de uso de razón, que tenían que resignarse a aceptar los designios divinos. No, nunca llegaremos a conocer toda la verdad. Pero al menos, lo más prudente y justo es intentar ofrecer un relato lo más cercano a la verdad, contando no solo la visión de los invasores, sino también la de los sometidos. Dichos relatos son ya más escasos, y hemos de buscarlos por otras vías, bebiendo de otras fuentes. Recientemente se han escrito algunas obras de referencia que nos pueden ayudar a alcanzar otros puntos de vista, y otros relatos de los hechos. A ellos también nos remitimos. Pero los historiadores españoles revisionistas tratan de demostrar desesperadamente que la obra del descubrimiento, la conquista y la colonización de las Indias, Asia o África fue la más grande epopeya jamás realizada por el ser humano. Su versión constituye el relato dominante, aquél que ha ilustrado páginas y páginas de los libros de texto de los estudiantes de muchas generaciones. 

 

Por tanto, es lógico pensar que cueste bastante trabajo echar abajo ese relato, que además es abanderado por la derecha política, social y mediática más salvaje, pues ensalza el orgullo patrio, recuperando parte de la filosofía del franquismo, que aludía a un pasado histórico brillante, como "civilización más antigua de Occidente". Este relato dominante define aquella gesta histórica como "una sagrada misión llevada a cabo por virtuosos varones impregnados de altruismo y filantropía". Pero nada más lejos de la verdad. A los que pensamos diferente, a los que creemos en otro relato, se nos acusa de enemigos de la patria, y de desacreditar la epopeya del descubrimiento para no reconocer los hechos históricos. Son nostálgicos de ese Imperio hundido y decadente, "donde nunca se ponía el sol", pero que aún mantiene con mano firme la sagrada "unidad de España" (básicamente la obra de los Reyes Católicos, construida igualmente mediante persecuciones y expulsiones), contra la que luchamos los que defendemos una España Federal. Desde entonces, los historiadores e investigadores, los filólogos y antropólogos, los escritores adheridos a dicho relato pro monárquico a sueldo del CSIC, del Ministerio de Cultura y patrocinados por la Casa Real, la Casa de Alba y los Grandes de España se han comprometido en cuerpo y alma a blanquear la leyenda negra, y a que solo se difunda su relato. Y para ello cuentan con millonarios presupuestos y el apoyo incondicional de instituciones oficiales, editoriales y entidades privadas (fundaciones, asociaciones...). Pero es un relato injusto y manipulado, un relato increíble. Al fin y al cabo, la Corona española siempre ha pretendido endiosarse manipulando la historia imperial en función de sus intereses. Aducen que todo está documentado, que todo está archivado y compulsado con sellos de autenticidad, por lo que nadie puede refutarlos pues ellos son los notarios de la verdad. No es cierto. Los exaltados españolistas, adheridos a la derecha más cruel y decadente, se enorgullecen de la supuesta conquista "solidaria y compasiva". Incluso alegan que hombres como Hernán Cortés o Francisco Pizarro deben ser considerados libertadores de los pueblos indígenas oprimidos por el yugo dictatorial tanto de los Aztecas como de los Incas. Sin más comentarios. Continuaremos en siguientes entregas.

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7 junio 2020 7 07 /06 /junio /2020 23:00
Viñeta: Gatis Sluka

Viñeta: Gatis Sluka

Si has tomado veneno, debes deshacerte de las sustancias que te enferman. Permitámonos entonces aplicar un lavado de estómago a las doctrinas del crecimiento económico que nos han sido introducidas en alimentación forzada durante décadas

Herman Daly

Hace 50 años el hombre puso los pies en la Luna. A ver si también pone los pies en la Tierra, y se da cuenta de que la está destruyendo

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Como venimos repitiendo insistentemente, son los preceptos económicos, políticos y sociales ligados al "desarrollo" aquéllos que han de ser sustituidos por otros más racionales y acordes con la armonía y el equilibrio necesarios entre el ser humano y el entorno natural que le rodea. Los conceptos del Buen Vivir se presentan desde un vínculo directo con los saberes tradicionales que estaban subordinados, cuestionan las hegemonías culturales y se alejan de la idea de una "necesidad" de desarrollo, centrando los objetivos en otras cuestiones. Hay que escapar de la dicotomía occidental que separa civilización de naturaleza. En otras palabras, el Buen Vivir cuestiona la misma idea de progreso, su misma concepción es puesta en debate. Como hemos demostrado ya sobradamente en anteriores artículos, el estilo de vida de los países occidentales más "desarrollados" es absolutamente insostenible para nuestro planeta. La Tierra no posee la capacidad de absorción y resiliencia para poder continuar en esta misma senda durante mucho más tiempo. El Buen Vivir recomienda, entonces, dejar de ver a los recursos naturales como una condición para el crecimiento económico, o como simples objetos de las políticas de desarrollo. Necesitamos un espíritu afín y colectivo orientado a descolonizar el pensamiento dominante y romper con las cadenas que nos atan a él. Hay que apartar de nuestros planes de acción las ideas convencionales del "progreso", y apuntar hacia otra dirección para un Buen Vivir, incluyendo, como no puede ser de otra manera, una especial mirada hacia la Madre Naturaleza. Ha de ser puesto en debate todo el conjunto de conceptualizaciones que hasta ahora se han aliado con dicho "progreso", tales como las posturas éticas alternativas, donde se reconocen los derechos de la Naturaleza, los aportes del feminismo como reacción a la dominación de base patriarcal (el Ecofeminismo en nuestro caso), y las nuevas conceptualizaciones en áreas como la justicia (justicia ambiental) y el bienestar humano (Desarrollo a Escala Humana). La conjunción de todo ello nos lleva a confluir en unos nuevos parámetros que se enfrentan a las nociones dominantes de "riqueza", "bienestar" o "progreso". La visión biocéntrica (o ecocéntrica) recoge todas estas líneas de pensamiento. 

 

Las bases conceptuales del Buen Vivir se nos ofrecen, pues, muy alejadas de los parámetros de la economía convencional. Para el Buen Vivir, el mercado por sí solo no es la solución, pero tampoco lo es el Estado. Ya hemos comprobado que la subordinación del Estado al mercado conduce a subordinar la sociedad a las relaciones mercantiles y al egolatrismo individualista. Por su parte, las soluciones de propiedad únicamente estatal, aún siendo públicas por definición, tampoco se escapan a los posibles procesos de corrupción y burocracia, con todo lo que ello conlleva. Las soluciones estatistas tampoco garantizan en sí mismas una visión hacia los bienes comunes de la sociedad. Lejos de una economía sobredeterminada por las relaciones mercantiles o estatistas, el Buen Vivir apunta a la creación de relaciones dinámicas y constructivas entre los mercados, la sociedad y el Estado. Se busca construir una sociedad con diversidad de distintos tipos de mercados, para escapar de una sociedad de mercado, esto es, excesivamente mercantilizada. No se pretende una economía controlada por monopolistas ni especuladores, ni se promueve una visión meramente estatista a ultranza de la economía. Y por su parte, el reconocimiento de los Derechos de la Naturaleza permite convertirla en sujeto de derechos, donde ésta es valorada por sí misma, independientemente de la posible utilidad, valoración, uso o interés humano. Se trata de una postura biocéntrica, como ya hemos argumentado, donde se debe asegurar la sobrevida de todo tipo de especies animales y vegetales, así como del conjunto de todos los ecosistemas. Por lo tanto, el Buen Vivir no propugna la visión de una Naturaleza intocable e intocada, sino que es posible seguir aprovechando los recursos naturales para nuestras necesidades vitales, pero siempre manteniendo los sistemas de vida. En síntesis, el Buen Vivir implica una ruptura sustancial con la apropiación de la Naturaleza para alimentar un "desarrollo" entendido como crecimiento económico, y un "progreso" concebido como evolución lineal. Es así como las ideas clásicas de bienestar, riqueza o progreso se disuelven. Y en tanto el Buen Vivir propone una nueva arquitectura conceptual aplicable a los terrenos político, cultural y económico, es lógico pensar que también requerirá de indicadores y herramientas propias de medición y evaluación. 

 

Sobre todo, nos interesa cuantificar cuán lejos o cuán cerca estamos de la construcción democrática de sociedades justas y sostenibles. Debemos comenzar a prestar atención no solo a la recuperación de la biodiversidad, a la justicia ambiental, al decrecimiento del extractivismo, a la equidad o a la redistribución justa de la riqueza generada, sino que indicadores que midan la felicidad de nuestras sociedades, o la mochila ecológica y la huella ecológica se vuelven fundamentales. Simplemente, hemos de cambiar la economía para cambiar la vida, hemos de cambiar la cultura para cambiar la vida, y hemos de cambiar la política para cambiar la vida. ¿Dónde confluyen estas tres afirmaciones? Exactamente: en la vida. En eso consiste exactamente la postura biocéntrica: la vida tiene que estar en el epicentro de cualquier planteamiento rupturista con el convencionalismo económico dominante, que se ha apropiado de nuestros marcos mentales y culturales resignificando determinados conceptos en su beneficio. El Buen Vivir es urgente. Si no cambiamos nuestro modelo económico, más bien pronto que tarde, la humanidad está abocada a un colapso. Se impone una etapa de decrecimiento voluntario, aunque ello signifique la caída del capitalismo en ciertos aspectos. Y para ello, hemos de asumir de forma social mayoritariamente en primer lugar la delicada situación que vivimos, para que así podamos empujar desde la base de los movimientos sociales y ciudadanos las acciones, medidas y decisiones políticas que pongan en marcha el decrecimiento. Una base social lo suficientemente amplia que apoye estos conceptos y asuma la necesidad imperiosa de cambiar los parámetros económicos podrá ser más fuerte que los intereses del capital, es decir, podrá representar un contrapoder. Mientras no seamos capaces de implementar dicho cambio de rumbo, nuestro Titanic planetario continuará hundiéndose, aunque nosotros continuemos queriendo escuchar música de violines. Pero mientras (ya lo hemos advertido en anteriores entregas), es muy probable que el decrecimiento material y energético (forzado por la propia Naturaleza) conduzca (si no lo evitamos con buenas dosis de voluntad política y social), a una disminución muy vertiginosa y desagradable de nuestra calidad de vida, de la actividad económica, del bienestar social e incluso de la población humana (debemos evitar la implantación de toda suerte de ecofascismos). 

 

Para evitar esta disminución general y catastrófica (como muy bien sugiere Margarita Mediavilla en este artículo, ya en 2011), sólo nos queda una opción: desacoplar de forma muy importante nuestra actividad económica del consumo de recursos naturales y energía. Este enorme desacople debe ser un movimiento varios órdenes de magnitud mayor que el tímido aumento de la eficiencia o la intensidad energética que hemos visto en décadas pasadas. No es suficiente con consumir un poco menos por unidad de PIB, sino que en estos momentos necesitamos un cambio varias veces mayor que todos los que hemos sabido realizar en los últimos siglos. Margarita Mediavilla afirma: "Este desacople economía-recursos naturales es un cambio radical en nuestra forma de concebir la producción y el consumo, es decir, un cambio radical del proceso económico. Además, sería deseable que fuera acompañado de modos de vida, valores y relaciones sociales como los que describen los partidarios del decrecimiento. Pero estos cambios personales no son sino una parte de ese cambio que debe ser, sobre todo, económico, si no queremos que el decrecimiento material nos lleve, simplemente, a la catástrofe humana". La realidad es tozuda, y se pone delante de nuestras narices. Podemos verla o seguir negándola, hasta que la propia realidad sea tan brutal para nosotros que acabemos por entenderla a la fuerza. Quizá se deba poner mucho más énfasis en repartir (riqueza, rentas, trabajo...) puesto que estamos en un mundo limitado, quizá tengamos que comenzar a pensar en relocalizar (traer al territorio) dado que nos estamos quedando sin el combustible principal para el transporte, quizá tengamos que pensar en una economía centrada en el territorio, puesto que las energías renovables dependen y se generan en él, y quizá tengamos que pensar en una economía del estado estacionario (crecimiento 0) y en cómo conseguir realmente el "menos es más". ¿Pero por qué estos cambios aún se resisten en nuestras mentes y en nuestras políticas? Porque nuestras mentes y nuestras políticas aún están colonizadas con los esquemas mentales de la economía convencional, aquélla que se ha apropiado de los conceptos de "riqueza", "bienestar", "desarrollo" y "progreso". Por ello, antes hemos de ser capaces de hacer el ejercicio mental de asumir los nuevos significados (en realidad los verdaderos significados) de estos conceptos, y entonces el decrecimiento no representará una estrategia catastrófica para las sociedades. 

 

Mientras nos mentalizamos socialmente para este ejercicio, la realidad seguirá siendo tozuda: los pozos de petróleo y los yacimientos minerales, simplemente, se agotan. La biodiversidad se pierde a pasos agigantados. Las emisiones de GEI continúan su escalada, lo cual contribuye al calentamiento global. El caos climático y las pandemias derivadas de los procesos de zoonosis se nos presentan cada vez más frecuentes y poderosos. Las migraciones forzadas por estos fenómenos, así como por la propia deuda del crecimiento no cesan de aumentar en todo el planeta. ¿Seguimos escondiendo estas realidades, o nos enfrentamos a ellas? Esto nos sitúa en una tesitura muy complicada, porque nos enfrentamos a una verdad muy incómoda, de la cual ningún actor político o social quiere ser portavoz. Pero si se explica con sencillez, las personas pueden comprenderlo. Pongamos nuestro trágico ejemplo actual con el confinamiento obligado a causa de la expansión de la pandemia de la Covid-19: a las personas se les ha explicado por qué necesitábamos estar confinados, se les ha explicado que íbamos a tener que renunciar a muchos de nuestros hábitos y costumbres por un tiempo, pero se les ha explicado la causa de forma incuestionable, y entonces la gente lo ha entendido, y de forma mayoritaria ha asumido que era eso exactamente lo que había que hacer. A nadie le gusta ser portavoz de dichas noticias, pero en aras a una sostenibilidad de nuestra vida humana, hay que hacerlo. Con el decrecimiento pasa igual: hay que explicar a la gente que son absolutamente incompatibles nuestros parámetros económicos con los límites biofísicos del planeta. Y que llegados a este momento, hay que ir, sin prisa pero sin pausa, evolucionando hacia otras formas de pensar, de valorar, de vivir, de producir, de distribuir, de consumir y de desechar. Así pues, es preciso ponerse manos a la obra en el desarrollo e implementación de nuevas relaciones económicas que nos permitan salir adelante, entendiendo "salir adelante" como un mejor encaje del colapso. No podemos dejarnos llevar por la tentación de ignorar una realidad amarga, ni por la creencia en salvaciones tecnológicas milagrosas, ni por el desánimo que conduzca a la inacción. El Buen Vivir nos está esperando, pero hemos de construirlo nosotros, nadie nos lo va a dar hecho. Continuaremos en siguientes entregas.

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