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30 abril 2019 2 30 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Gatis Sluka

Viñeta: Gatis Sluka

Mentes simples con ideas simples que actúan sobre sectores de la población de bajo nivel cultural o mal informados. Por eso, si no se contrarrestan, pueden tener eficacia los mensajes del tipo “Los españoles los primeros” o los italianos, los húngaros, los franceses…, que dicen los Salvini, Orbán, Le Pen… y los neonazis de Europa. Olvidan los derechos humanos, el derecho internacional, las normas de la Unión Europea y la más mínima empatía y humanidad con las personas migrantes

Agustín Moreno

Continuando con la exposición de la vergonzante realidad que suponen los CIE, anómalos y terribles establecimientos consagrados a la política del encierro, al tratamiento de personas consideradas "ilegales" como si estuvieran en un campo de concentración, y que son la punta de lanza de todo el entramado vergonzoso que rodea a nuestra Política de Fronteras. Como afirma Arturo Borra en el artículo de referencia: "No hay ningún azar tras estas realidades: son producto de una política del encierro que produce maltratos físicos y psíquicos por parte de quienes detentan el monopolio de la ley y la violencia". Podemos afirmar, sin temor a equivocarnos, que el maltrato institucional, el clasismo, la xenofobia y el racismo se han convertido en política de Estado. Y cuando por fin estas personas, después de su terrible estancia en el CIE, son "liberadas", la mayoría de las veces lo son para ser expulsadas, lo que equivale a vetarles toda posibilidad de integración, al impedirles acceder a una posterior regularización, o a la obtención de un permiso de trabajo. Los CIE representan la forma más visible y palpable del desprecio que le profesamos como sociedad a las vidas de las personas que no nos interesan. Su estructura jurídica de excepción da pie a que lo excepcional sea en este caso la regla: vejaciones, insultos, abusos de autoridad, maltrato institucional, indiferencia y desprecio social. Estas personas son reducidas a cuerpos regulados a través de una violencia crónica, normalizada y proyectada, y ejercida discrecionalmente por un poder policial soberano. ¿Cómo es posible que una persona que no ha cometido ningún delito pueda ser encerrada en nombre de un supuesto "Estado de Derecho"? ¿Qué clase de abyecto racismo y xenofobia institucional pueden permitir que algunos seres humanos puedan ser tratados de esa forma por una falta administrativa? ¿Qué estado de degradación moral puede llegar a poseer una sociedad que admite estos centros? 

 

Los CIE, de esta forma, son la expresión más corrupta y brutal del desprecio al pobre, al diferente, al vulnerable, al desposeído. Paradójicamente, como señala Arturo Borra, nuestro ordenamiento  jurídico permite que unos imputados por delitos graves estén en libertad si tienen poder para pagar su fianza, mientras que otros que sólo han cometido faltas administrativas estén encerrados y sufriendo penurias por no tener recursos económicos suficientes para su defensa. ¿No es ésta la mejor radiografía de nuestra clasista política de fronteras? Es la perversión de un sistema que es blando con los poderosos, y fuerte con los débiles. Parece que hemos legitimado (ignorando el conjunto del derecho internacional) un perverso sistema en el que los derechos humanos son terriblemente violados en cuanto el ser humano no es ciudadano, sobre todo cuando la obtención de esa condición de "ciudadanía" depende del poder económico que se tenga. Un círculo vicioso tenebroso se nos vislumbra, cuando al reconocimiento de los derechos de ciudadanía se le superpone una denegación de tales derechos a los no-ciudadanos. Fabricamos de esta forma con estos extranjeros pobres seres humanos de tercera categoría, que no llegan ni siquiera al grado de ciudadanía, al grado del derecho a existir. Le negamos su propia existencia, los maltratamos por no ser nadie, por intentar existir en un mundo cruel donde sólo el que demuestra cierto poder puede obtener los derechos mínimos de existencia. Son únicamente seres "irregulares", "ilegales", objetos de persecución, carne de encierro. Los CIE señalan, sin ninguna duda, el grado de patologización de las estructuras sociales e institucionales que padecemos. Creemos que tras este sombrío diagnóstico, queda perfectamente que con los CIE sólo cabe una medida digna: cerrarlos. Es la única decisión decente que podría tomar cualquier Gobierno. En ese sentido, la presión social ciudadana debe mantenerse e incrementarse, hasta que consigamos esta realidad, que los CIE dejen de existir, que la política del encierro finalice. 

 

Los CIE se sitúan más allá de la frontera de lo humano, representan lugares que son la expresión prototípica de todo un engranaje político y social racista que es la antesala de las expulsiones y las devoluciones de migrantes, toda una maquinaria cruel y despótica, salvaje y brutal, que impone la violencia en la vida de miles de personas al año, y su existencia busca legitimar un sistema excluyente, xenófobo y desgarrador. Sólo cabe cerrarlos. La estancia en los CIE se alarga en la mayoría de las ocasiones, y se aplica igualmente para personas que poseen ya un elevado nivel de arraigo en su residencia. Los CIE también contribuyen al desarraigo, ya que son parte de la misma maquinaria que permite que una persona sea detenida en un territorio para ser encerrada en un CIE de otro territorio, alejándola de su familia, de sus amistades y de sus posibles redes de apoyo. Se ha demostrado que esto tiene un impacto psicosocial muy elevado en las personas que se encuentran encerradas, ya que aumentan aún más el aislamiento que el CIE les genera. ¿De verdad hay que llegar a tanta crueldad? ¿Es necesaria tanta insensibilidad? Es una política de fronteras únicamente centrada en la protección de las mismas, y en la detención y expulsión de cuerpos migrantes, que mientras son encerrados en estos tenebrosos lugares son víctimas de los más humillantes maltratos. Precisamente, las personas con más arraigo son tanto las más encerradas como las más expulsadas. El encierro en los CIE supone arrancar a estas personas de su cotidianidad, desalojarlas de sus vivencias y de sus posibilidades de integración, devolverlas a las más terribles experiencias. Si el internamiento es prolongado, puede suponer también la pérdida de sus trabajos u ocupaciones, en definitiva, una exclusión total. Pero no piensen los lectores y lectoras que esta situación se da en inmigrantes recién llegados o que llevan poco tiempo entre nosotros. Este artículo de Youssef Ouled para el medio EsRacismo.com, del cual tomamos gran parte de los datos que en esta entrega relatamos, nos cuenta la historia de Badara, un senegalés de 42 años, que llegó a España en 1992, contando tan solo 16 años. Lo hizo mediante Visado Schengen, pero después experimentó la estancia en un CIE. 

 

Pues bien, Badara llevaba en España 23 años, y se había dedicado a la mecánica y a la construcción, carecía todavía de una situación administrativa regular, una situación que le impedía acceder a sus derechos más básicos, a pesar del tiempo que llevaba en territorio español. ¿Cómo son posibles estos casos? SOS Racismo contabilizó hasta un total de 15 huelgas de hambre en señal de protesta por el internamiento y sus penosas condiciones, además de la posible deportación. Durante la época en que las ONG tenían vetado su acceso a los CIE (hasta 2010), hubo al menos dos huelgas de hambre. A todo ello se suma un sistema de absoluta indefensión judicial, donde muchos abogados ni aparecen por las instalaciones, o un encierro que supera el máximo de días estipulados. Desde SOS Racismo Madrid señalan, además, los intentos desesperados de los internos por ser escuchados, y decisiones arriesgadas ante el sufrimiento extremo, tales como los 7 intentos de suicidio y los 11 intentos de fuga. También sabemos que algunas personas han informado haber sufrido malos tratos, pero temiendo represalias, no han querido formalizar la denuncia. El panorama, como vemos, es incierto, macabro y desolador. Toda esta violencia no solo genera sufrimiento, sino también muerte. Recordamos los casos de Osamuyi Aikpitanyi de Nigeria (2007), Jonathan Sizalima de Ecuador (2009), Mohamed Abagui de Marruecos (2010), Samba Martine de Congo (2011, quizá el más mediático de todos), Idrissa Diallo de Guinea-Conakry (2012), Aramis Malukyan de Armenia (2013), y Mohammed Bouderbala de Argelia (2017). Osamuyi, de 23 años, moría asfixiado en pleno vuelo en un avión de la compañía Iberia, esposado y amordazado mientras se ejecutaba su deportación. Su muerte sacó a la luz las expulsiones con uso de medios de contención mecánica y protocolos de sedación con fármacos psiquiátricos en el traslado desde el CIE al aeropuerto.

 

De haber recibido la asistencia médica recogida por la normativa de los CIE, Samba Martine, procedente de República Democrática del Congo y registrada con el número 3106 en el CIE de Aluche, no habría fallecido aquél 19 de diciembre de 2011. La joven congoleña no fue atendida ni diagnosticada a tiempo, hasta que finalmente murió en el hospital. Y en el caso de Badara, sufría depresión y ansiedad, pero tampoco fue atendido correctamente. Les pidió que le llevaran al hospital para hacerle pruebas médicas, pero se limitaban a proporcionarle fármacos. Y en lo que se refiere a las deportaciones, hemos de señalar varios aspectos: en primer lugar, el trauma que supone una expulsión a una persona con arraigo en nuestro país. En segundo lugar, el indudable negocio que supone para determinadas compañías. Y en tercer lugar, y el más grave de todos, el hecho manifiesto (recogido en diversos informes de las ONG) de que no todas las personas son expulsables. Una persona puede ser expulsada en el momento en que exista un acuerdo de readmisión entre España y su país de origen. Los acuerdos en materia migratoria a menudo aparecen camuflados bajo la lógica de cooperación entre Estados y están dotados de gran opacidad y controversia, produciéndose éstos con terceros Estados, pero también entre Estados miembro de la propia Unión Europea. Existe también la práctica de la deportación exprés, una modalidad que permite ejecutar expulsiones en menos de 72 horas, sin apenas tiempo de formalizar recursos jurídicos, dado que en el plazo de 3 días deben aportar la documentación. Como puede deducirse, la opacidad en cuanto a esta modalidad de expulsión dificulta el acceso a los propios datos sobre las mismas. Al propio trauma que supone la deportación, se le unen todos estos inconvenientes, delimitando un proceso tercermundista, insolidario, indigno, indecente y alejado del mínimo respeto a los derechos humanos que se merecen estas personas. Continuaremos en siguientes entregas.

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28 abril 2019 7 28 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Deb Milbrath

Viñeta: Deb Milbrath

Los acontecimientos humanos sólo en los últimos 120 años ponen en entredicho su pretenciosa auto-designación como homo sapiens: hombre sabio. Dos guerras mundiales provocaron la muerte de más de 100 millones de personas y la demolición de países enteros. El modelo de desarrollo que se impuso tras estas catástrofes planetarias sobre la mayor parte de la humanidad ha provocado el hundimiento en la pobreza del 80% de la población mundial, la muerte rutinaria e ignorada de 14 millones de niños menores de 5 años cada año por enfermedades de fácil curación, más de 800 millones de personas sin acceso ni a la electricidad ni al agua potable, la propagación de plagas y enfermedades que amenazan la vida de países enteros, docenas de violentas intervenciones militares para subyugar pueblos oprimidos en rebeldía y el aberrante sometimiento al hambre diaria de mil millones de personas

Julio César Centeno

En el artículo anterior ya comenzamos a concretar los aspectos más generales del Buen Vivir (basándonos en este artículo de Fernando de la Cuadra para el digital Rebelion), y citamos (en posteriores entregas haremos una exposición más profunda) los estudios sobre Desarrollo a Escala Humana, y sus principales autores. En síntesis, dicha concepción sostiene la idea de que el desarrollo se debe concentrar en constituir un conjunto de satisfactores adecuados para atender las necesidades humanas fundamentales que permitan la generación de niveles crecientes de interdependencia entre los seres humanos, entre ellos mismos y en su articulación con la naturaleza, en la interacción de los procesos globales y los comportamientos a escala local, y en la imbricación del ámbito personal con su entorno social. Los defensores de esta teoría sostienen que la humanidad puede efectivamente alcanzar a satisfacer sus necesidades dentro de un umbral sostenible, y por medio de mecanismos que no pasan obligatoriamente por los mercados capitalistas. Existe otra perspectiva, que pretende dar cuenta de un tipo de relación que se establece entre las personas, en la cual la reciprocidad desempeña un papel fundamental, contrariamente a los intercambios que se producen en la economía de mercado capitalista. El espíritu que guía este tipo de relaciones posee una fuerza indiscutible entre las personas, que permite establecer y consolidar los lazos existentes en la comunidad y en las sociedades contemporáneas. Tenemos muchos ejemplos donde podemos acudir: los sistemas de voluntariado, el cuidado de enfermos, donación de sangre y de órganos, trabajos comunitarios por el bien de la vecindad, etc. Todos ellos se basan en comportamientos de generosidad con los extraños, acciones derivadas de gestos de buena voluntad, desprendimiento y libertad del donante. 

 

Esta dimensión de la actividad humana, para algunos autores, representa una forma de reconstruir y consolidar el tejido o lazo social existente entre las personas. Estas nuevas formas de reciprocidad constituyen, por lo tanto, una especie o tipo de contrato de civilidad, que no es el contrato político con el Estado, sino un contrato social de cada persona con todas aquéllas otras que forman parte de la colectividad. Mediante ellos, a diferencia de los intercambios de mercado, se crea una relación, un vínculo entre los actores de dicho intercambio, el cual no tiene un límite de tiempo preestablecido. Aquí, los bienes que participan en la permuta poseen principalmente un valor simbólico, valor de uso marcado por las relaciones que surgen y se establecen en función de ese bien. Otra perspectiva que también privilegia una relación ponderada entre las necesidades humanas, los bienes de consumo y una producción delimitada para satisfacer estas necesidades fundamentales es el Decrecimiento, que ya hemos introducido también en anteriores entregas. Fernando de la Cuadra nos habla sobre el decrecimiento en los siguientes términos: "El decrecimiento es una opción de desarrollo diferente de los presupuestos del modelo productivista, es una perspectiva que nació para enfrentarse a aquellas visiones del desarrollo sostenible que eran y continúan siendo enarboladas por las empresas, y que quieren convertir el llamado desarrollo verde o ecológico en una nueva oportunidad de negocios. Es un proyecto global y a la vez revolucionario, pues implica un cambio a largo plazo en que las empresas y los consumidores estén dispuestos a mudar el patrón predatorio y de consumo existente hasta ahora, su objetivo es lograr que la sociedad se autolimite para conseguir el bienestar de todos. Supone poner en marcha una reorganización de nuestras vidas, la producción, el transporte y el consumo a través de formas más conscientes de consumo y por medio de una vida más simple, sin grandes parafernalias que nos rodeen, utilizando estrictamente lo que necesitamos para llevar una vida digna y plena". 

 

Como era previsible, la propuesta del decrecimiento ha sido considerada ilusa, y atacada desde diversos frentes. Al poner en solfa la propia base del crecimiento económico, todo el furor capitalista ha descargado sobre ella. En primer lugar, se ha dicho que el mundo necesita seguir creciendo para alimentar a sus habitantes. Falacia donde las haya, porque está demostrado que no es así. Pero por otra parte, es que el decrecimiento no significa dejar de producir, sino producir a una escala moderada. Y de hecho, las recientes evidencias sobre el calentamiento global y el cambio climático (al que le dedicamos las primeras entregas de esta serie, y volveremos a él más adelante) que aquejan al planeta apuntan en otra dirección, de tal modo que la alternativa del decrecimiento y la discusión sobre el poder y la desigual distribución del uso de los recursos naturales es ciertamente parte imprescindible de cualquier agenda política que pretenda discutir el futuro de la humanidad. En ese sentido, el debate sobre el decrecimiento puede ser considerado un elemento fundamental para pensar en la construcción de un proyecto ecologista y socialista (ecosocialista), puesto que incluye en su seno la concepción de que es preciso avanzar hacia una modalidad diferente de funcionamiento de la sociedad, más democrática, más igualitaria y más incluyente que redefina drásticamente el actual modelo de producción y consumo, intentando alcanzar el bienestar de todos en el marco de una nueva relación de la humanidad consigo misma y con la naturaleza que la alberga. El Buen Vivir se suma a los parámetros del decrecimiento, los hace suyos, se identifica con ellos, como pieza fundamental para alcanzar una sociedad sostenible. El Buen Vivir desafía el culto a la vorágine de la sociedad contemporánea, pone en cuestión los valores sobre los que asentamos la sociedad, los renueva y los refunda bajo otros parámetros de funcionamiento, bajo otros criterios y objetivos. 

 

El Buen Vivir apuesta por una opción o modelo de vida simple, lenta y leve, más liviana, con un ritmo más despacioso, con un latido más relajado. Y así, en esta búsqueda de un estilo de vida más relajada, más consciente, más armonioso, sin tanto ruido y agitación, sin tanta prisa, sin tanto agobio. El Buen Vivir ha de romper con muchas características de nuestro peligroso modo de vida, por ejemplo la inmediatez informativa, la baja capacidad de análisis y reflexión, la falta de descanso, la ausencia de reserva para una vida contemplativa. Aplicado a la industria, las modas nos hacen fabricar y consumir de forma continua y alocada. Aplicado a la tecnología, la obsolescencia programada nos conmina a adquirir determinados productos tecnológicos y dispositivos que funcionan con una vida muy limitada. El Buen Vivir nos propone nuevas búsquedas donde vistamos prendas que duren mucho más de una temporada, o que usemos dispositivos que alcancen mucho más que su tiempo pasajero y fugaz. El Buen Vivir nos propone la filosofía del reparto, volver a trabajar no como un imperativo social para sostener nuestra vida, sino como una forma de realización personal, proyectando nuestras pasiones, nuestros conocimientos, nuestra formación. Y de la filosofía del reparto surge la filosofía del tiempo libre, del disfrute de uno mismo integrado en la sociedad, en la comunidad, recuperando la faceta del ser humano que piensa, que siente, que reflexiona, que decide, que participa. El Buen Vivir se aleja de la sociedad frenética y voraz en la que estamos sumergidos, que adora la inmediatez y la velocidad, para apostar por una sociedad con un biorritmo más pausado, más introspectivo, más disfrutado. Pero llegar hasta ahí requiere toda una revolución cultural y de imaginarios, toda una revolución en nuestros hábitos y costumbres, en nuestros valores y objetivos, en la esencia misma de nuestra vida. Para ello debemos alejarnos e ir abandonando todo el corpus cultural, ideológico y societario que el capitalismo nos ha impuesto. 

 

Como vemos, el Buen Vivir nos propone una profunda reorganización de nuestra vida en muchos ámbitos, unos intimistas y culturales, pero otros muy políticos y concretos, como la sustitución de las fuentes fósiles de energía por otras fuentes limpias y renovables, la reducción de la huella ecológica a través de actividades a escala local, y de relaciones más equitativas entre los miembros de la comunidad. Hemos de recalcar que todas estas disciplinas de pensamiento que estamos exponiendo en torno al Buen Vivir, incluida ella misma, tienen un objetivo común, que no es otro que la urgente e impostergable exigencia de preservar y cuidar el medio ambiente y las personas. Por ello el Buen Vivir eleva a la propia naturaleza y a todos los seres vivos que ella alberga como sujetos de derechos, reconociendo y obligando al ser humano y a las comunidades en las que se organice a preservar y cuidar los recursos naturales, las fuentes de energía y los animales que conviven con nosotros. El Buen Vivir supone un camino factible para construir una vida más armónica e integradora del ser humano consigo mismo, con sus congéneres y con el mundo natural que nos rodea. Representa una nueva forma de vida más digna y sostenible para el conjunto de los habitantes del planeta, poniendo fin al disparatado crecimiento depredador capitalista, que está condenando al planeta y a la humanidad a su autodestrucción. Sin embargo, llegados a este extremo, donde nos acecha un abismo civilizatorio, el desafío que representa el Buen Vivir nos requiere una enorme voluntad de cambio y la profunda convicción de que no existe otro camino mejor para conseguir hacer de la tierra un lugar habitable. En la presente entrega (y en la anterior) hemos expuesto una primera visión de los fundamentos donde se asienta el Buen Vivir (que como vemos, toma mucho del resto de corrientes de pensamiento de la izquierda evolucionista y transformadora actual), pero la iremos completando en sucesivos artículos de la serie. Ampliaremos, de momento, los conceptos relativos al Desarrollo a Escala Humana (y su matriz de necesidades y satisfactores), a partir de la próxima entrega.

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25 abril 2019 4 25 /04 /abril /2019 23:00
Arquitectura de la Desigualdad (139)

Una nación no debe juzgarse por cómo trata a sus ciudadanos y ciudadanas con mejor posición, sino por cómo trata a quienes tienen poco o nada

Nelson Mandela

Y entre esos que tienen poco o nada, el mundo infantil es especialmente preocupante. En casi todas las regiones del mundo, la pobreza afecta a los niños de manera desproporcionada, ya que ellos/as tienen el doble de probabilidades que los adultos de vivir en pobreza extrema. Dada su extrema vulnerabilidad y dependencia, los niños no pueden hacer nada para salir de su situación de pobreza, de ahí que deban ser especialmente protegidos por cualquier gobierno que se precie de ser justo y sensible, democrático y avanzado. El interés superior de la infancia, como ocurre en tantos otros aspectos (niños migrantes, separación de sus progenitores, derecho penal...) debe primar, y obligar a considerar la pobreza infantil como una prioridad absoluta en la lucha general contra la pobreza a nivel mundial, en todas sus dimensiones. La Convención Internacional sobre los Derechos del Niño de 1989 nos insta a ello, pero pocos son los países que en el planeta llevan a cabo políticas de protección completas para el mundo infantil. La pobreza en la infancia, como ya señalábamos en el artículo anterior, tiene también repercusiones en otros ámbitos, ya que ralentiza el crecimiento y dificulta el aprendizaje. Como recoge el medio Contrainformación en este artículo de Xan Pereira, los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) alertan de que si no lo impedimos, para el año 2030 contaremos con 167 millones de niños y niñas viviendo en situación de pobreza extrema en el mundo, y 60 millones de menores que no podrán acceder a la educación, suponiendo todo ello la quiebra futura de sus vidas, su imposibilidad de inserción y su descuelgue de las necesidades vitales y expectativas. 

 

Se estima, además, que si no se toman las medidas adecuadas, unos 69 millones de niños y niñas menores de 5 años morirán a causa de la pobreza, en un lapso de unos 15 años vista. Nuestro país tan solo invierte el 1,3% de su PIB en protección social a la familia y la infancia, lo cual está lejos de la media europea del 2,4%, y muy lejos de la inversión de países como Francia, que dedica un 2,5% de su PIB o Dinamarca, que reserva un 3,5%. En este sentido, el Comité de los Derechos del Niño denunció que los recursos para combatir la pobreza infantil en nuestro país han sido inadecuados. Estos niños y niñas de la fría estadística de la pobreza son candidatos a muchas cosas, todas ellas negativas: son candidatos a no disfrutar de oportunidades, candidatos a la brecha digital, candidatos a la pobreza energética, candidatos al abandono escolar, candidatos a la malnutrición, candidatos a sufrir bullying (acoso escolar), candidatos a la soledad, candidatos a reproducir patrones negativos, candidatos, en definitiva, a no tener futuro. Nuestra sociedad les arrebata el futuro en todas sus posibles dimensiones y facetas a estos niños y niñas de ahora, condenándolos a entrar y a no poder salir de un trágico círculo vicioso. La ONG Ayuda en Acción, a través de esta página, concreta las tres peticiones que debemos formular a nuestros gobernantes, para impedir que robemos el futuro a estos niños y niñas del presente:

 

1.- Impulsar un Pacto de Estado por la Infancia, donde se acuerden políticas y acciones que eliminen los riesgos de pobreza y exclusión a través de esta herramienta, para que de este modo, y a través del consenso generado en todas las fuerzas políticas, se eleve a la categoría de asunto de Estado el hecho de prevenir la pobreza infantil, combatirla y erradicarla. La mayoría de ONG y demás asociaciones que trabajan por la infancia están de acuerdo en dicha solicitud. 

 

2.- Evitar una desigual inversión en la infancia, promoviendo que se elaboren políticas para acabar con la desigual inversión que existe en España, a lo largo y ancho de sus Comunidades, y que provoca que la infancia tenga acceso a una menor o mayor protección, dependiendo del lugar donde residan. 

 

3.- Garantizar el acceso a las mismas oportunidades, garantizando que se asegure el acceso a una educación de calidad, equitativa e inclusiva, que permita que todos los niños y niñas en nuestro país tengan acceso a las mismas oportunidades. Ello no sólo tendrá como consecuencia una inclusión social de la infancia en su conjunto, sino que cuando lleguen a la edad adulta puedan llevar a cabo cualquier proyecto de vida digno que deseen, en igualdad de condiciones con cualquier otra persona. 

 

 

Fuente: El Captor

Salvador López Arnal recoge algunos datos y comparativas adicionales en este reciente artículo, que tomamos como referencia: la nutrición deficiente causa la muerte del 45% de los niños menores de 5 años en el mundo: 3,1 millones de niños mueren anualmente por esta causa (8.500 al día); 66 millones de niños asisten a clase con hambre en los países subdesarrollados. Según Unicef, se necesitan 3,2 mil millones de dólares para solucionar el problema (un poco menos de lo que cuesta un destructor de los 64 que posee la Armada de los Estados Unidos). Según Unicef y la OMS, 264 millones de niños no asisten a la escuela. Todo lo cual nos lleva a proporcionar un dato escalofriante y estremecedor: en el mundo hay alrededor de 350 millones de personas que literalmente "no existen", es decir, que no tienen ningún tipo de registro de su vida, que no son sujeto de estadísticas, que no figuran en ningún estudio, que no son objeto de preocupación, que no son dignos de atención por el resto del mundo. Hemos llegado a este grado de perversión moral. No nos lo podemos permitir. Menos aún con la infancia. Según este artículo del medio digital El Captor, España lidera el ránking de pobreza infantil de toda la Zona Euro, y ostenta el tercer puesto en el ránking mundial de pobreza infantil de los países de la OCDE. Lo hemos expresado en el gráfico adjunto, tomado de su propia elaboración. Los datos de este ránking, surgidos de un informe de finales de 2016, ubican a Turquía, Israel y España como los tres países de la OCDE cuya tasa de pobreza infantil es más alta, concretamente del 25,3%, 24,3% y 23,4%, respectivamente. Por encima del 20% solo se encuentran dos países más, Chile y Estados Unidos, con tasas respectivas del 22,5% y 20,2%, siendo un total de siete los países que sin llegar al 20% superan el ratio del 15%: México, Grecia, Portugal, Italia, Canadá, Japón y Letonia. 

 

Por debajo del 15% y sin descender de un ratio del 10% se sitúan doce países: Estonia, Eslovaquia, Polonia, Australia, Nueva Zelanda, Bélgica, Luxemburgo, Hungría, Francia, Holanda, República Checa y Austria, quedando los restantes 11 países (de los incluidos en la OCDE) con una tasa de pobreza infantil inferior al 10%. No podemos estar orgullosos de estos datos, sino que al contrario, hemos de promover todos los esfuerzos por dejar de ocupar tan indignante e indecente estadística. Finlandia y Dinamarca son los dos países con una menor tasa de pobreza infantil del mundo, con un 3,6% y un 2,7% respectivamente. Como en muchos otros asuntos, los países nórdicos son un referente a seguir. Lógicamente, no podemos entender estas tasas de pobreza infantil en modo aislado, pues son consecuencia lógica del resultado de la aplicación de perversas políticas neoliberales, que son las mismas que han ido desmantelando los servicios públicos del Estado del Bienestar, privatizando las empresas públicas, precarizando el trabajo, disminuyendo los ratios y mecanismos de protección social, creando trabajadores y trabajadoras pobres, desprotegiendo a las mujeres, e infrafinanciando los servicios básicos que toda sociedad necesita. Nuestro país es puntero en todo ello. De ahí que la situación de pobreza infantil sea solo una consecuencia directa del conjunto de políticas económicas, laborales, fiscales, sociales y culturales que se promueven. De una sociedad a todas luces injusta no podemos esperar situaciones justas, sino que los datos que la retratan han de ser, como es lógico suponer, equiparables y deducibles de las políticas que se practican. Si se fortalece la arquitectura de la desigualdad, es lógico que ésta se extienda y ocupe cada vez más facetas, más ámbitos y más sectores. Lo raro sería lo contrario. Continuaremos en siguientes entregas.

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23 abril 2019 2 23 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Vasco Gargalo

Viñeta: Vasco Gargalo

Resulta paradójico que en el marco de la globalización, que suponía ampliaría las relaciones entre los países, abrir las fronteras, permitir el libre flujo de seres humanos, lo único que tiene esa libertad en este tercer lustro del siglo XXI sean los capitales financieros. Ellos se mueven sin restricciones. Viajan de país en país sin pedir permiso, sin mostrar pasaportes y sin que se considere qué color de piel, qué raza, qué ideología o qué religión posee

Pablo Jofré Leal

Los problemas y deficiencias de los CIE que ya hemos expuesto en artículos anteriores no fueron subsanados en el Reglamento que se publicó en el año 2014, sino que además, dicha norma incidió o dejó sin resolver aspectos muy preocupantes de los mismos. En este artículo del sociólogo Christian Orgaz para el medio Diagonal se recogen los siguientes cuatro aspectos fundamentales, que no sólo consolidaron la perversa naturaleza de estas instituciones, sino que además abrieron peligrosamente nuevas posibilidades:

 

1.- El Reglamento confirmó el modelo policial de los CIE, desoyendo las recomendaciones de diversas organizaciones de derechos humanos. Legaliza la entrada de armas en estos centros, y en definitiva, no altera su naturaleza: insuficiente desarrollo legal de una medida tan grave como la privación de libertad, gestión policial que concentra todo el poder en la figura de su Director (éste puede decidir sobre aspectos no reglamentados, como el derecho a la comunicación telefónica de los internos), instalaciones estructuralmente deficientes, dotaciones económicas pobres, mecanismos de quejas que no garantizan el secreto de las comunicaciones, etc.

 

2.- El Reglamento abre la vía a la privatización de estos establecimientos o de sus servicios, al establecer que las labores asistenciales (sanitarias, culturales, sociales...) podrán externalizarse mediante contratos y convenios con empresas y ONG. De esta forma, se supeditan las necesidades de las personas internas al obligado ajuste presupuestario, y al silencio cómplice y culpable de las empresas adjudicatarias. 

 

3.- El Reglamento no sólo regula insuficientemente el régimen interior de los CIE, sino que además no regula los criterios específicos de ingreso de los extranjeros en ellos. Según la ley, el internamiento debería ser una medida excepcional y el último recurso tras valorar exhaustivamente la situación de la persona. Por otra parte, el Reglamento tampoco regula los protocolos sanitarios a aplicar en los traslados de internos desde los Centros de Estancia Temporal de Inmigrantes (CETI de Ceuta y Melilla) a los CIE.

 

4.- El Reglamento establece la posibilidad de internar a personas consideradas vulnerables, tales como menores, discapacitados, ancianos, mujeres embarazadas, madres con hijos, etc., cuando muchas de estas personas no son "expulsables", y por tanto, no cabría su encierro en los CIE. Por otro lado, no establece la forma de identificar a potenciales solicitantes de asilo o víctimas de trata, ni la forma en que estas figuras de protección según el derecho internacional han de proporcionarse, quedando bajo custodia del mismo cuerpo policial que las detiene y encierra. Finalmente, no reconoce otras identidades no normativas ni las necesidades específicas que podrían representar, continuando en limbos legales.

 

En vista de todo lo cual, el Reglamento de los CIE pretende en última instancia legitimar el encierro y la expulsión administrativa de personas, así como frenar la deslegitimación que venía sufriendo la Policía Nacional, y por consiguiente, el propio Ministerio del Interior. Pero más allá de todo ello, no se debería regular lo que, simplemente, no debería existir. Todos los CIE deberían ser cerrados, porque intentan servir a una causa absolutamente cruel e injustificada, como es el encierro temporal de personas que deberían estar disfrutando de su libertad, porque no son delincuentes. La publicación de su Reglamento sólo intentó legalizar vulneraciones de derechos, absolutamente inasumibles bajo una sociedad democrática. Vulneraciones sistemáticas que vienen ejecutándose desde la propia creación de estos centros, que nunca debió haber ocurrido. Aspectos de la vida cotidiana de los internos e internas, como los horarios o las prácticas religiosas, quedan en manos de la dirección de cada centro, y supeditados a "criterios de seguridad". Los CIE son la máxima expresión de la política del encierro y del miedo, de la inseguridad y de la incertidumbre, y representan físicamente lugares inexplicables en nuestra sociedad. Son expresión palpable de una Política de Fronteras injusta, que criminaliza a los migrantes, que militariza las fronteras, y que consolida un Estado policial y represor que vulnera los derechos humanos con total impunidad. Pero lógicamente, son instituciones reflejo de la propia sociedad donde se crean, una sociedad racista, xenófoba y temerosa, a la que le han inculcado el rechazo a los extranjeros como una pulsión instintiva de autodefensa. Una sociedad que se moviliza ante mensajes burdos y primarios, ante proclamas que intentan llegar a las vísceras más que a la razón, al corazón más que al argumento, al instinto más que al intelecto, al rumor más que a la información. 

 

Porque como afirma Arturo Borra en este artículo para el digital Rebelion: "La demagogia política que capta millones de votos y el negocio del miedo que mueve millones de euros son dos factores centrales que sólo pueden crecer en condiciones en las que la mayoría de la población autóctona vive al otro como sujeto antagónico, no integrable, que usurpa un espacio que no le pertecenería por derecho (servicios sociales, sanidad, educación, empleo, vivienda)". Los CIE, al penalizar con el encierro a estos inmigrantes "irregulares" no hacen más que alimentar la tendencia a asimilar socialmente la inmigración con la delincuencia. Pero los CIE no existen sólo en España, sino en otros países europeos, desde el año 1985, precisamente donde determinadas fuerzas políticas de tinte ultraderechista no han hecho más que aumentar su electorado, y su presencia institucional. El discurso que llama a los primitivos instintos cala en poblaciones cada vez más alienadas, donde es fácil identificar a un supuesto "enemigo", y recetar una simple "solución" para el "problema", tal como cerrar cada vez más las fronteras, levantar muros, y vulnerar los derechos de los que se encuentran ya en nuestro territorio. Entre las diversas denuncias que muchas ONG han presentando durante estos años (APDHA, CEAR, SOS Racismo, Médicos del Mundo...) se encuentran palizas y torturas a internos, castigos colectivos arbitrarios, registros nocturnos, insultos racistas, traslados y deportaciones repentinas e injustificadas, atención sanitaria deficiente, falta de identificación de los funcionarios policiales, falta de recursos e infraestructuras suficiente, y un largo etcétera. Aún continúan, tanto los CIE como las denuncias. ¿Hasta cuándo? Continuaremos en siguientes entregas.

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22 abril 2019 1 22 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Omar

Viñeta: Omar

…saben que no es necesario presentar elaborados argumentos. Solo tienen que gritar ¡Viva España!, acusar de alta traición, de ceder y de rendirse ante los secesionistas, reivindicar a la España de los balcones, hablar de enemigos de España, de orden, de peligro, de claudicar, de debilidad y de fuerza, de mentiras, de violencia, de filoterroristas y de kale borroka, de los separatistas y sus privilegios, del okupa de la Moncloa, de riesgo y de caos, de comunistas y socialistas. Esto va de emociones y las razones estorban

Juan Gabalaui

Ya no estallan revoluciones por la subida del pan. La última que recuerde fue en la primavera árabe de Túnez, la que movió al resto. Rara vez salta la gente por hambre o frío. Menos aún por perder o ver mermados empleo, vivienda, atención sanitaria, aunque parezca mentira. Y en cambio son capaces de prescindir de lo esencial por una bandera y un trazado de fronteras. Muchas personas se mueven solo por sentimientos primarios. Los más invasores de la razón son la ira y el miedo. El miedo a moverse, a perder más. La ira, que a menudo nubla y borra el origen del daño. Ambos son instrumentos de la derecha en esta campaña

Rosa María Artal

Se ha de repetir cuantas ocasiones sean necesarias para que los medios de comunicación y las personas dejen de tratarlos como “nostálgicos”, “patriotas” o “nacionalistas”. Son fascistas, simples y llanos dinamiteros de la democracia. Blanquear su comportamiento y declaraciones es una forma tácita de colaboración, pues cuando se trata de lucha antifascista el silencio es siempre cómplice

Javi Ranvich

Si logra formar gobierno tras las elecciones generales de abril, la triderecha emergente intentará aplicar una suerte de common law punitivo-represiva, españolista, heteronormativa, patriarcal, clasista y racista. Lo hará con la complicidad de los sectores conservadores de la judicatura y la Iglesia católica, así como con la de los medios de comunicación afines

Antoni Aguiló

La Tríada derechista, los tres de la Plaza de Colón, los trillizos de Aznar, y otros muchos pseudónimos que les han adjudicado, representan la derecha pura y dura que se presentará a las Elecciones Generales del próximo 28 de abril. Ellos se autodenominan “constitucionalistas”, pero en verdad son preconstitucionalistas, es decir, neofranquistas. Si obtienen el poder necesario, continuarán dando alas y fuerza a este capitalismo voraz que está destruyendo a la sociedad y a la naturaleza. Votarles representa un gran peligro para las conquistas sociales que aún nos quedan, así como una involución democrática de gran calibre. Intentaremos ir desgranando dicho panorama. Pablo Casado, del PP, partido definido por los propios jueces como “organización criminal” y que fue desalojado del Gobierno mediante Moción de Censura (desde entonces no perdonan a Pedro Sánchez), no es capaz de dar un discurso o un mitin sin mentir. Es más, no es capaz de pronunciar una sola frase sin mentir (sus mentiras económicas son desmontadas en este artículo por Juan Torres López). (Sus mentiras sobre ETA, Bildu y el terrorismo son desmontadas en este otro artículo por Ignacio Escolar). Si se sube a un estrado y está hablando durante 30 minutos, pronunciando un discurso de 380 frases, habrá dicho exactamente 380 mentiras. ¿Podrá este joven dormir por las noches mintiendo tanto? Y por lo que toca a sus candidatos, no desmerecen a los de Vox: por ejemplo, la número 1 por Barcelona afirmó en entrevista en TVE1 que el independentismo catalán es una afrenta mayor que la que supuso el 23F de 1981. ¿Alguien da más? Por lo visto, para Cayetana Álvarez de Toledo, es mucho peor la democracia y las urnas que el hecho de que un golpista se líe a tiros en el Congreso, y que salgan los tanques a la calle. Despreciable.

 

Albert Rivera (Ciudadanos), por su parte, es un auténtico producto de marketing político. Su agresividad es proporcional a su demagogia, su ignorancia lo es a sus intereses. Sus virajes ideológicos han sido antológicos desde el nacimiento de su formación política (lo único que no ha variado es su aversión a Unidas Podemos), que se comporta catapultando cada causa que creen que les dará réditos electorales, lo que ocurre es que Ciudadanos la pervierte tan sólo con incorporarla a su ideario. Ahora proclaman un “feminismo liberal”, lo cual demuestra que no han entendido absolutamente nada. Algo parecido les ha ocurrido con el asunto de la eutanasia, en el cual han pasado desde bloquearla en el Congreso a pedir que se sumen para regularla. Y es que sus dirigentes políticos no tienen ninguna credibilidad. Y cuando le abordan con alguna idea o propuesta para la que no tiene respuesta, Albert Rivera, que es el niño de los Pactos de Estado, se inventa su “Pacto de Estado para…”, lo cual le viene siempre muy bien como estupenda muletilla para quitarse la responsabilidad de encima, y despachar a los periodistas quedando como un magnífico estadista. Nada más lejos de la realidad.

 

Viñeta: Moro

Y por su parte, el tercero en discordia, mejor dicho en concordia y en plena sintonía (por mucho que pueda criticar en los mítines a sus compañeros de viaje) es Vox, esa formación que ha surgido como escisión heavy del PP, es decir, son fachas sin complejos, fachas que se jactan de serlo, que incluso presumen de serlo (representantes de “la incultura, la derrota de la razón y el rebuzno”, en expresión de Javier Cortines). No hay que ser extremadamente inteligente para darse cuenta de que Vox existe gracias al bipartidismo (es decir, a los Gobiernos precedentes de PP y PSOE), que no han conseguido que se pase de verdad la página franquista de nuestro país. Ellos son la máxima representación del franquismo sociológico que nos afecta. El Profesor Vicenç Navarro lo enmarca clara y directamente en el fascismo:Cada una de las características del fascismo se presenta en esta nueva derecha: su nacionalismo radial extremo, con bases supremacistas de carácter racial, su canto a la fuerza y a la represión, su machismo, su defensa del status quo y su dependencia del apoyo del sector reaccionario del mundo empresarial, de la jerarquía eclesiástica y de gran parte del generalato”.

 

La lista de propuestas e ideas de Vox es realmente obscena y surrealista. Santiago Abascal ha propuesto que los “españoles de bien” (¿?, debe ser algo así como las “personas normales” de Rajoy) puedan portar armas para su defensa personal. Su número 2, Ortega Smith, se atrevió a afirmar en una conferencia en el Parlamento Europeo que “sin la Batalla de Lepanto y sin la Reconquista, quizá todas las mujeres de esta sala vestirían el burka”. Y el número 3 de Vox, Iván Espinosa de los Monteros, en una entrevista a un medio de Miami a mediados de marzo, se despachaba a gusto escupiendo su desprecio a la izquierda, que según él, es “sucia, mal vestida, con coleta…”, y otras lindezas varias. Pero el resto de sus últimos fichajes no se quedan atrás: ex militares franquistas, historiadores que justifican el holocausto nazi, que aborrecen la homosexualidad, que detestan el feminismo, que afirman sin despeinarse que “el franquismo no era un régimen totalitario ni de lejos”…En el Parlamento Andaluz llamaron despectivamente “buscahuesos” a los defensores de la Memoria Histórica.

 

La sarta de barbaridades va en aumento, en una especie de espiral desatada a ver quién la dice más gorda. Los de Vox no sólo representan a la España ignorante, negacionista, franquista e involucionista, sino también a la España rancia de los toros, las peinetas, las mantillas y la caza. Desprecian absolutamente los derechos humanos, y de ahí su incapacidad para integrarse en un verdadero sistema democrático. Javi Ranvich los ha definido muy bien en su artículo para el medio Nueva Revolución:La ideología de Vox es comparable con la peste negra: se extiende por toda Europa, sus efectos negativos son sufridos principalmente por personas con pocos recursos, y ambas encuentran su contexto ideal en el siglo XIV”. Sus últimos fichajes para sus listas electorales han sido militares retirados, de aquéllos que firmaron el Manifiesto a favor de la figura “militar” de Francisco Franco. Ahí es nada. También han situado a una supuesta “invasión islamista” como el enemigo de todo: de la libertad, de los valores, del progreso, de la familia…Sólo les ha faltado culparles de las siete plagas de Egipto. Por ello, una asociación musulmana les ha denunciado por presunto delito de odio. Sus referentes son Don Pelayo e Isabel La Católica. Al estilo de Trump, Abascal quiere “volver a hacer grande a España otra vez”. Para Vox, ello implica también ilegalizar a Unidas Podemos y a las formaciones independentistas.

 

Viñeta: Iñaky y Frenchy

Y como decíamos más arriba, los últimos fichajes de la peligrosa formación verde provienen de las filas del Ejército, concretamente de ex militares en la reserva, muy apegados nostálgicamente a la figura del general Franco. José Antequera, en este artículo para el medio Diario 16, ha explicado esta estrecha relación de Vox con los militares, y sus posibles consecuencias: “Sin duda, con los últimos fichajes de generales retirados, Abascal ha encontrado un nicho de votos en cuarteles y comisarías, ya que policías, guardias civiles y militares suman 270.000 efectivos, un más que jugoso granero. No hace falta decir que se trata de colectivos conservadores que se sienten tradicionalmente maltratados por los respectivos gobiernos a causa de los bajos salarios y precarias condiciones laborales. Reductos de profesionales sumidos en un profundo malestar desde hace años donde el discurso ultra tiene un fuerte tirón. El fichaje de los ex generales hará sin duda que muchos de ellos se decidan a votar por el partido de extrema derecha. Al mismo tiempo, en esos mismos sectores reaccionarios de los cuerpos y fuerzas de seguridad del Estado culpan a Zapatero y a Rajoy de la mano blanda que el Estado ha empleado con Cataluña, de tal forma que ven en Vox la solución al mal”. De hecho, las diversas manifestaciones de las asociaciones de estos cuerpos han sido apoyadas por el trifachito, y sus líderes han acompañado a las mismas en varias ocasiones.

 

En el terreno económico, las salvajadas que esta Tríada derechista pretende llevar a cabo inciden (como siempre cuando gobierna la derecha) en aumentar las brechas sociales y las desigualdades, rebajar impuestos a los más ricos (grandes fortunas y corporaciones), revertir las medidas tomadas en pro del Estado del Bienestar, continuar desmantelando empresas públicas, y como propone Daniel Lacalle (el nuevo gurú económico del PP), ir privatizando paulatinamente el Sistema Público de Pensiones, eliminar el salario mínimo, y otras lindezas por el estilo, a tenor de las brutales declaraciones de este economista, negacionista del cambio climático y que tilda al Estado de “fondo buitre”, tal como nos informa Laura Olías en este artículo para eldiario.es. Este convencido economista del ala ultraneoliberal ha criticado la tibieza de las medidas de austeridad tomadas en España durante la crisis, ha defendido el fracking, ha minimizado la magnitud de los desahucios, ha apostado sin fisuras por la gestión privada de lo público, y por endurecer y ampliar las políticas de recortes sociales y laborales. Y al igual que los economistas de Vox, sostiene que no hay derechos adquiridos, y que el Estado no ha de proporcionar ningún servicio (únicamente los que se refieran a Cuerpos y Fuerzas de Seguridad, es decir, el Ejército y la Policía). Daniel Lacalle cree que es necesaria una mayor desregulación del mercado de trabajo, sostiene que “la protección social generosa se carga el empleo”, y ha declarado que eliminaría las ayudas de Cooperación al Desarrollo. Sin más comentarios.

 

Por su parte, el programa económico de Vox es directamente un instrumento al servicio de los más ricos y poderosos, y un ataque flagrante a las clases más débiles y vulnerables. Este magnífico artículo colectivo de eldiario.es nos lo resume: Vox hace todo un elogio de la reforma laboral del PP (2012), pide revisar nuestro sistema de protección al desempleo por ser “uno de los más generosos y de los más prolongados de la UE”, propone una “devaluación fiscal” que consistiría en “sustituir cotizaciones sociales por incrementos de la recaudación por IVA e impuestos especiales”, ataca de forma directa a la escuela pública asegurando que la equidad en este modelo es “un espejismo”, y proponen que “se descuelgue del sistema sanitario público” a los ciudadanos que apuesten por una mutua privada. Afirman sin despeinarse que “El Estado accionista debe desaparecer del panorama empresarial español” (en román paladino, que piensan privatizar las pocas empresas públicas que vayan quedando). Vox desea dar todo un vuelco completo al sistema laboral, fiscal y de protección social de nuestro país durante los últimos 40 años. Y ante la “avalancha de pensionistas”, proponen que el sistema de pensiones migre a un sistema semiprivado. También proponen dejar los tramos de IRPF en dos (un tipo del 22% hasta los 60.000 euros y otro del 30% cuando se supere esa cantidad), y establecer un tipo único del 22% para el Impuesto de Sociedades. Así mismo, proponen limitar el derecho de huelga, y saltarse los Convenios Colectivos en pro de pactos individuales empresa-trabajador/a.

 

Viñeta: Jorge Alaminos

También abogan por la liberalización del transporte ferroviario, la libertad de contratación sin restricciones en el mercado del alquiler, y la creación de un “cheque escolar” para las familias, equivalente “al coste medio de un puesto escolar en un centro público”. En sanidad, proponen también la implantación de un “sistema de copago para los inmigrantes cuya residencia sea inferior a los cinco años”, anulando por tanto la universalidad del sistema. Para Vox, los costes de las indemnizaciones por despido en España son elevados (“entre los más altos de la OCDE”), y consideran que las prestaciones por desempleo “prolongan de manera artificial la duración del desempleo”, ya que no generan incentivos para la búsqueda activa de empleo. Es, como vemos, el mismo discurso duro y antisocial de los más altos dirigentes empresariales, y de sus respectivas asociaciones. Y en el terreno laboral proponen, además de las vergonzosas medidas ya comentadas, que los Tribunales de lo Social no puedan rechazar la validez de los ERE, eliminar la ultraactividad de los Convenios, e implantar un “salario de inserción” para los jóvenes y demandantes de primer empleo, que esté exento del pago de cotizaciones sociales. Clasismo puro y duro y sin complejos, ataques laborales a troche y moche, y desmantelamiento de los sistemas de protección social, obedeciendo los parámetros donde se mueve la ultraderecha insolidaria y clasista. ¡Cuántos empresarios/as estarán babeando para que se implanten sus medidas!

 

Vox define el Sistema Público de Pensiones como “un lastre para el crecimiento económico de España, un escollo insalvable para reconducir las finanzas públicas a la senda de la estabilidad y una espada de Damocles sobre los propios pensionistas”…¿Alguien da más? ¿Habrá en España algún pensionista que vote a Vox? De entrada, proponen el retraso en la edad de jubilación, introducir incentivos a la prolongación de la vida laboral y aumentar el número de años cotizados exigidos para obtener una pensión. Pero como consideran (¡qué inteligentes ellos!) que el sistema, aún con estas medidas, seguirá siendo insostenible, proponen un “sistema mixto” (que se implantaría por tramos de edad) que contaría con una parte de reparto (el Estado sólo aseguraría una pensión ridícula, indigna y residual) y otra parte privada, en la que el trabajador o trabajadora depositaría la mitad de su cotización en una cuenta bancaria que gestionarían fondos privados de inversión. ¡El sueño de los bancos hecho realidad! Y la miseria de los pensionistas también. Si a todo ello unimos que Vox pretende aún más barbaridades sociales, tales como perseguir a quienes ayuden a los migrantes irregulares, ya tenemos el mosaico que nos presenta al mayor engendro político que hemos presenciado desde el advenimiento de la “democracia” en nuestro país. La sola presentación de un programa electoral con estas medidas debería ser considerado un delito penal y un atentado grave a los derechos humanos, y cualquier organización que lo presentara debería ser ilegalizada de forma inmediata.

 

La reorganización de esta derecha tricéfala y fascista, manifestada en la unión de estos tres personajes y sus respectivas formaciones políticas, es la expresión manifiesta de la salida autoritaria que las clases dominantes pretenden darle a la crisis del Régimen del 78, un régimen antidemocrático por naturaleza, antisocial y borbónico, corrupto y podrido, que debe ser abolido. Para evitarlo, la tríada derechista prepara una involución en toda regla: amenazan con un 155 perpetuo en Cataluña, que sería una grave conculcación de derechos y que afectaría al resto de nacionalidades, Galicia y el País Vasco, y a todo el Estado; prometen volver atrás en derechos de las mujeres, atacar a los colectivos LGTBI, expulsar a los migrantes, enterrar la memoria histórica (mientras subvencionan a las Cofradías de Semana Santa, como están haciendo en Andalucía), mantener y profundizar los recortes sociales que ya llevara a cabo el bipartidismo, y recuperar y consagrar “tradiciones” históricas aberrantes, así como actividades perjudiciales para el medio ambiente y la sostenibilidad. ¿Vamos a seguir haciéndole el juego a esta peligrosa ultraderecha? Cualquier discurso contrario a los Derechos Humanos debiera ser ilegalizado, provenga de donde provenga. Por tanto, y como muy bien explica Jordi Ortiz en este artículo para el medio Nueva Revolución:Quien auspicia el ascenso del fascismo es quien contribuye a generar un marco mental colectivo que acepta y normaliza la presencia de sus discursos de odio. Quien lo pone en el centro es quien lo introduce en platós televisivos, en estudios de radio o en páginas de prensa en aras de una supuesta pluralidad política mal entendida, porque la negación de los derechos humanos nunca debe tener un lugar reservado para extender su odio en democracia. Quien le abre una autopista para que circule libremente es quien acepta sus votos y sus condiciones para formar gobierno en alguna institución”.

 

Viñeta: Israel Rodríguez

Pero no nos engañemos: este giro a la derecha también ha sido provocado por la propia izquierda al dejar de serlo, al volverse una izquierda descafeinada, al caerse Podemos de sus propuestas originarias, y al ir convirtiéndose el PSOE en otro partido más del régimen del 78. Hoy sólo podemos encontrar en el arco electoral una derecha dura o una derecha blanda, porque la izquierda revolucionaria y transformadora ha sido barrida del mapa. Este desencanto puede conducir a una peligrosa situación de abstención masiva (como ya ocurrió en Andalucía), que claramente beneficiaría a estos partidos de la derecha más dura. Porque tras 9 meses de Gobierno del PSOE de Pedro Sánchez, las principales líneas de actuación del PP han quedado intactas: no se ha derogado la Reforma Laboral, ni la LOMCE, ni la Ley Mordaza, ni han mejorado las condiciones de vida de la clase trabajadora, más allá de algunas migajas concedidas a última hora, quizá para reconquistar el voto de los tránsfugas. No ha existido voluntad (en realidad nunca la hubo) de enfrentarse clara, valiente y decididamente contra los intereses de las clases dominantes, de los ricos y poderosos, de las grandes fortunas, de las grandes empresas, ni de los dictámenes de esta Unión Europea del capital.

 

Visto lo visto, creo que debemos plantear las próximas elecciones del 28-A como una guerra electoral, porque son ellos o nosotros. O conseguimos que la izquierda (aunque sea descafeinada) consiga gobernar, o vendrán los “trillizos reaccionarios” (en expresión de Irene Montero) y nos veremos amenazados con más recortes sociales, y el derribo de todos los derechos fundamentales y servicios públicos de los que aún disfrutamos. Pero ojo, porque si esta nueva oportunidad no es aprovechada de verdad para desplegar un plan de doble ruptura (por un lado, ruptura con el Régimen del 78, autodeterminación de los pueblos, y referéndum Monarquía-República, y por otro lado, ruptura con las políticas neoliberales y con la Unión Europea del capital, abandonando la austeridad y recuperando los derechos y conquistas sociales perdidas, auditando y repudiando la deuda pública, y atendiendo las verdaderas necesidades sociales), lo que estaremos consiguiendo de nuevo es que la clase trabajadora se acerque aún más a la Tríada derechista, ante la incapacidad de implementar desde la izquierda nuevos modelos sociales y nacionales que den solución a sus necesidades.

 

Para ello es necesaria una movilización social sostenida, amplia y constante, aglutinadora de todas las Mareas y movimientos ciudadanos que se han situado a la izquierda del PSOE e incluso de Podemos, porque en caso contrario, los 7 años de gobierno de M. Rajoy nos parecerán un camino de rosas al lado de lo que se avecina. Hemos de tener claro que contra la derecha franquista sólo cabe la lucha por la República y el Socialismo, que cualquier intento de quedarse a medias tintas será aprovechado por esta derecha involucionista y sin complejos, para atarnos aún más de lo que lo estamos al podrido Régimen del 78. Es más, si la siguiente legislatura es gobernada por partidos de la izquierda parlamentaria, hemos de exigirles que las formaciones políticas y demás organizaciones sociales (asociaciones, fundaciones, etc.) que no respeten escrupulosamente los Derechos Humanos sean inmediatamente ilegalizadas. Bajo la falsa bandera del “constitucionalismo” y del patrioterismo barato y excluyente que promueven, no podemos consentir el ataque y la vulneración de los Derechos Humanos. La triada derechista representa a la España casposa, intolerante, trasnochada y anacrónica. Son la España de la crueldad y del odio, del crucifijo y de la espada, que pretende eliminar las libertades y los distintos logros sociales que generaciones enteras de hombres y mujeres han conseguido tras muchos años de luchas y de compromiso. Para impedirlo, es necesario que la jornada del 28-A sea masiva y contestataria, que todo el mundo participe, que nadie se quede en casa, que no se pierda ni un solo voto. En situaciones críticas como la actual, todos los sufragios cuentan, y han de ser profundamente meditados y conscientes.

 

En resumidas cuentas, el resultado electoral del próximo 28 de abril va a tener una gran trascendencia, durante los próximos años, para los intereses y derechos de la mayoría social, y especialmente de los sectores más vulnerables. Ante el peligro real de un gobierno de este frente reaccionario, que imponga nuevos recortes sociales, laborales y políticos, debemos invocar a la conciencia de las clases trabajadoras y a su responsabilidad, para no facilitar ni con su voto ni con su abstención la victoria de la ultraderecha que nos amenaza. La clase trabajadora, la juventud, los pensionistas, las mujeres, los migrantes, los estudiantes…todos los colectivos afectados deben unir sus esfuerzos, converger sus luchas, para frenar al “trifachito”. Cuantos menos apoyos electorales del conjunto de la ciudadanía obtenga esta peligrosa derecha en sus tres vertientes, más posible será un escenario donde poder aplicar políticas de cambio social al servicio de la gran mayoría, y consolidar los avances necesarios en servicios públicos, en derechos laborales, en pensiones, en igualdad entre hombre y mujer, en calidad de vida para las clases populares. Rafael Almazán lo ha resumido magníficamente: “Un panorama difícil, donde la izquierda más allá del PSOE tiene que reaccionar y conseguir el apoyo electoral necesario para que ese tridente ultramontano, aznarista y fascistoide, formado por las tres derechas, no pueda formar gobierno. Es el momento, ahora o nunca”.

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21 abril 2019 7 21 /04 /abril /2019 23:00
Filosofía y Política del Buen Vivir (36)

Importa un bledo que las temperaturas lleguen a extremos difícilmente soportables para la vida humana, que el mar esté lleno de plástico y mierda, que los bosques mengüen a ritmo inquietante, que los ríos apesten, que los derechos de los ciudadanos se pisoteen, aquí lo único que importa es que las grandes corporaciones que dominan el mundo global sean cada vez más grandes, más poderosas, más ricas, hasta que se conviertan, por su ceguera, en las más ricas del cementerio en que se convertirá la Tierra en breve de no ser capaces de acabar con esta locura de destrucción y muerte

Pedro Luis Angosto

Bien, una vez introducidos diversos asuntos que nos han preparado el terreno (hemos expuesto las terribles consecuencias del cambio climático, la situación derivada del agotamiento del petróleo, el concepto de crisis civilizatoria, hemos presentado la necesidad del decrecimento, hemos introducido la Economía del Bien Común, hemos expuesto los fundamentos del ecofeminismo y del ecosocialismo, entre otros muchos temas asociados), creemos que ha llegado el momento, en esta serie de artículos, de ir ya introduciendo los conceptos relativos al Buen Vivir, que hasta ahora hemos citado únicamente de pasada, por su relación con los temas tratados aquí. De momento, sólo expondremos un primer acercamiento, ya que volveremos sobre el asunto a medida que avancemos en nuestro conocimiento sobre la filosofía asociada y la política necesaria para alcanzar esa meta. El Buen Vivir es lo que da título a esta serie de artículos, y es nuestro objetivo principal exponer al máximo los conceptos, ideas y valores que lo fundamentan. Hasta ahora hemos andado un camino introductorio, para ponernos en situación. A partir de aquí, nos iremos introduciendo en el Buen Vivir, sus paradigmas, su filosofía, sus modos de Ser, Tener, Hacer y Estar. Pero al ser un tema profundo y extenso, que requiere un acercamiento por capas, iremos también durante las próximas entregas revisando más asuntos tangenciales y colaterales con el que nos ocupa. De entrada, diremos que el Buen Vivir tiene que ver con todo lo que hemos expuesto hasta ahora. No es una disciplina ajena. Toma y posee puntos de contacto con el ecofeminismo, con el ecosocialismo, con la economía del bien común, y con otras muchas corrientes de pensamiento. Pero va más allá. El Buen Vivir toma como referencia a la naturaleza, a la madre Tierra, a esa Pachamama indígena, que los pueblos primitivos cultivaron, amaron y sintieron cercana. El Buen Vivir nos acerca a ella, la sitúa en el centro de la filosofía de nuestra existencia, la valora como referente de nuestra interrelación (con nosotros mismos, con el resto de animales y con la naturaleza misma), y nos provee nuevas y distintas formas de producir, distribuir, consumir, reciclar y desechar. 

 

Una primera fuente de referencia que vamos a utilizar es este magnífico artículo del Doctor en Ciencias Sociales Fernando de la Cuadra, publicado en el digital Rebelion, que vamos a seguir a continuación. Las bases morales y cognitivas del Buen Vivir suponen una superación de los errores y limitaciones de la matriz de pensamiento capitalista. El Buen Vivir se asienta sobre un imaginario que trasciende a las actuales formas de vivir y de pensar, de concebir nuestra relación con el mundo que nos rodea. El capitalismo, esta especie de mandato sacrosanto, se transformó en una verdad única e incuestionable que acabó por someter o ignorar toda vida, y cualquier perspectiva de la misma surgida fuera del canon occidental de formación de la modernidad y del propio capitalismo como proyecto civilizatorio. El Buen Vivir cuestiona la esencia del patrón productivista imperante, así como del patrón consumista que viene dominando el planeta, imponiéndonos a su vez su propia concepción del "progreso", de las "necesidades", de la "prosperidad", del "bienestar", del "crecimiento", y de otros perversos valores impregnados de su filosofía. El Buen Vivir nos advierte sobre la inviabilidad de continuar manteniendo el actual esquema de producción y consumo, concebido como un dispositivo legítimo de crecimiento basado en la acumulación permanente de bienes materiales. Para el Buen Vivir, en cambio, la riqueza no consiste en tener y acumular la mayor cantidad posible de bienes, sino en lograr un equilibrio entre las necesidades reales y fundamentales de la humanidad y los recursos disponibles para satisfacerlas. El Buen Vivir nos aporta nuevos valores como la sostenibilidad, el reparto, la cercanía, el autoconsumo, la austeridad (verdadera, no el concepto austericida proclamado por la corriente capitalista y neoliberal que nos gobierna), la compartición, la solidaridad, la confraternización, el cooperativismo, la armonía entre la naturaleza y los seres vivos, el animalismo, etc. 

 

Fernando de la Cuadra nos explica: "Sumak Kawsay en Quecha, Suma Qamaña en Aymara o Buen Vivir en la traducción más difundida, representa una cosmovisión construida a través de muchos años por los pueblos altiplánicos de los Andes. Ella no encarna necesariamente una manera de pensar y actuar de las comunidades altiplánicas, pues dicha perspectiva también es parte de la vida de otros pueblos originarios, como las comunidades Mapuche del sur, las poblaciones que habitan en la región amazónica o los diversos grupos autóctonos diseminados por todo el continente. De esta forma, el Buen Vivir se ha constituido en una propuesta y en una oportunidad para pensar otra realidad en la cual los seres humanos forman parte de un todo más armónico con la naturaleza y con los otros humanos, con la alteridad que nos enriquece cotidianamente. Es el reconocimiento de que existen diversos valores y formas de concebir el mundo, de respeto por todos los seres vivos que integran y conviven en nuestra casa común, la tierra. Su visión utópica se ha venido complementando y ampliando a través de la incorporación de múltiples discursos y saberes diseminados por los más diferentes rincones del planeta". De esta forma, el Buen Vivir se nos ofrece como otra dimensión en nuestra vida, con un imaginario colectivo distinto, y bajo otros modelos de relación distintos, que configuran existencias distintas a las que hasta ahora nos han inculcado. Por supuesto, el Buen Vivir no es patrimonio de ningún grupo o sector social determinado, ni tampoco supone una fórmula mágica o catecismo al cual haya que adherirse categóricamente, como en una secta. Simplemente nos ofrece otra visión distinta, otro horizonte distinto, otros valores y otros comportamientos para enfocar vidas distintas. Tampoco está cerrada, sino que es una propuesta en construcción permanente, es una concepción que parte de la idea de que existe una diversidad cultural, una pluralidad que se enriquece permanentemente en la convivencia cotidiana y que encuentra su armonía precisamente en el reconocimiento de esas diferentes formas de vivir. 

 

El Buen Vivir es la búsqueda de una vida en fraternidad y cooperación del ser humano consigo mismo y con su entorno, con sus pares y con el conjunto de todos los demás seres que habitan y comparten nuestra naturaleza, que le dan soporte y equilibrio, que la enriquecen y la potencian continuamente. Todos ellos forman (formamos) parte de una entidad indisoluble e interdependiente, cuya existencia se delimita y se construye a partir de los otros, necesita a los otros, complementa a los otros. Tal visión no implica desconocer que en las sociedades coexisten las diferencias sociales, los conflictos y las desavenencias entre sus miembros. Pero lo que el Buen Vivir plantea es que se puedan superar estos obstáculos y desacuerdos en torno a una consciencia común y un compromiso colectivo que permita cimentar una vida más plena y sostenible para todos. El Buen Vivir recupera valores, actitudes y comportamientos que han sido parte del arsenal de la humanidad desde sus más remotos tiempos, pero que han sido postergados en función de las fuerzas económicas y mercantiles que se impusieron desde que el capitalismo tomó fuerza e instaló sus modos y sus formas. El Buen Vivir sintetiza esta alternativa, esta posibilidad de pensar en otro tipo de modelo. Precisamente por ello, y por la importancia que tiene para nuestro devenir civilizatorio, la noción de Buen Vivir es lo suficientemente amplia y abstracta como para no estar configurada todavía como conjunto de políticas públicas. Precisamente es éste el camino que hay que recorrer, una vez que nuestras comunidades estén impregnadas de sus valores y principios. No tenemos referencias de una agenda concreta del Buen Vivir que se haya incorporado a través de las acciones gubernamentales, dada la urgencia de los gobiernos en reconstruir agendas sociales que palíen los efectos perniciosos que el neoliberalismo ha ido creando. 

 

El Buen Vivir concibe que las personas y las comunidades no están necesariamente abocadas a satisfacer únicamente sus necesidades materiales, pues ellas forman parte de una constelación más amplia, pero acotada, de necesidades construidas culturalmente. Desde ese punto de vista, el Buen Vivir nos propone rediseñar y reconstruir el imaginario de nuestras necesidades, centrándonos más en la vertiente del desarrollo a escala humana. Los autores que más han trabajado en esta corriente de pensamiento han sido Manfred Max-Neef, Antonio Elizalde y Martín Hopenhayn, creadores del trabajo "Desarrollo a escala humana. Opciones para el futuro", que puede consultarse en Internet en su versión resumida. Este texto data de 1986, y puede considerarse pionero en revolucionar el campo del estudio de las necesidades humanas desde puntos de vista diferentes a los convencionales (es decir, diferentes a las contempladas en el modelo desarrollista imperante). ¿Qué defienden estos autores? Los defensores del desarrollo a escala humana plantean que a diferencia de lo que generalmente se piensa, las necesidades humanas son finitas y se encuentran en permanente interacción. Ellas pueden ser definidas y clasificadas de acuerdo con dos criterios: existencial y axiológico. En la primera categoría se encuentran las necesidades ligadas al Ser, Tener, Hacer y Estar. Y en la segunda categoría se encuentran las necesidades de Subsistencia, Protección, Afecto, Entendimiento, Participación, Ocio, Creación, Identidad y Libertad. Anotando en el eje de abscisas las necesidades de la primera categoría (existenciales) y en el eje de ordenadas las necesidades de la segunda categoría (axiológicas), creamos una matriz de necesidades y satisfactores, donde los autores muestran las necesidades concretas que se encuentran en su intersección, es decir, que satisfacen ambas categorías. Las iremos presentando en sucesivos artículos. Continuaremos en siguientes entregas.

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18 abril 2019 4 18 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Cecilia Zamudio

Viñeta: Cecilia Zamudio

Mientras algunas personas gastan cientos o miles de dólares en un manjar exótico, un vino añejo, en joyas, en pieles, en cirugías estéticas y hasta en viajes espaciales, otras, muchísimas otras, más de mil millones de otras, están desnutridas, no tienen nada que comer, nada para darle de comer a sus hijos. Tampoco tienen agua potable para beber, ni asearse. Y por supuesto que no tienen acceso a la salud, ni a la educación, ni a nada más que una vida corta en la sala de espera de la muerte

Ricardo Natalichio (Director de Ecoportal.net)

BLOQUE VI. POBREZA INFANTIL

 

Comenzamos a partir de esta entrega la exposición de la faceta de la desigualdad que afecta a la niñez, al desarrollo más primigenio del ser humano, donde las experiencias, desarrollos y aprendizajes son absolutamente vitales para los futuros adultos que serán. Bien, lo primero que tendríamos que afirmar, lisa y llanamente, es que la pobreza infantil no existe, sino que es, en realidad, otra manifestación más de la pobreza. Básicamente, los niños y niñas del mundo son pobres porque lo son sus padres, pero también porque el mundo se despreocupa de esos niños y niñas. Dado el tremendo auge de la misma (es decir, de la pobreza en su manifestación durante la infancia), hemos preferido concederle un bloque temático separado, para así enfatizar la suprema importancia que esta faceta posee en la arquitectura social de la desigualdad. Ya a mediados de 2016, el portal Infolibre publicaba que la tasa de pobreza infantil severa en España había crecido en medio millón de niños más desde 2008, cuando más o menos comenzaron a manifestarse las consecuencias de la crisis en todo su rigor. La organización Save The Children alertaba de que la "salida de la crisis", tan pregonada por nuestros indecentes gobernantes, no era más que un espejismo, y denunciaba la debilidad del sistema español de protección social a la infancia. Tomamos datos a continuación desde dicho artículo. Infolibre recogía que un 3,2% de los hogares no pueden permitirse una comida de carne, pollo, pescado o equivalente vegetariano tres veces a la semana. Casi 940.000 niños y niñas viven en un hogar donde no pueden mantener la vivienda con una temperatura adecuada (pobreza energética, de la cual nos ocuparemos también a fondo en el siguiente bloque temático). La tasa de pobreza alcanza el 16,7% entre los menores de 18 años, y hasta datos de 2015, 1.390.000 niños viven en hogares que cuentan con unos 9.000 euros de ingresos anuales. El retrato más doloroso es el de hogares monoparentales (monomarentales, en realidad), de mujeres que viven con sus hijos/as, y que entre diversas ayudas económicas y algunos trabajos esporádicos, en los mejores casos, reciben unos míseros ingresos al mes con los que tienen que hacer frente a todos los gastos. 

 

Normalmente se trata de niños y niñas que aún escolarizados/as, no pueden comenzar sus cursos con los libros de texto y materiales adecuados, que han de cancelar visitas a dentistas u otros profesionales sanitarios, y que en su entorno familiar carecen de bastantes de sus necesidades. El porcentaje de niños en esta situación, conocida como pobreza relativa, sigue en aumento y afecta especialmente a los niños y niñas de entre 12 y 17 años (el 35,5%), el tramo de edad crítica para su trayectoria educativa o inserción futura en el mercado laboral. Sin embargo, la población más afectada es la que se encuentra en situación de pobreza severa. Un niño que viva con sus dos padres se encuentra en esta situación si los ingresos del hogar son inferiores a 9.612 euros anuales. La pobreza se mide también (véanse las primeras entregas de la serie, donde introdujimos varios indicadores de la misma) por el llamado "Índice de Privación Material", que mide los retrasos en el pago de recibos de vivienda o de determinadas compras vitales, la capacidad de mantener la vivienda a una temperatura adecuada durante los meses fríos, la posibilidad de hacer frente a gastos imprevistos, poder garantizar una ingesta de carne, pollo, pescado o su equivalente vegetariano cada dos días, la posibilidad de salir de vacaciones fuera de casa al menos una semana al año, o de disponer de un vehículo, lavadora, televisión a color o teléfono. Pues bien: es España, a la fecha indicada, casi 760.000 niños, lo que supone el 9,1% de la población infantil del país, vivían en hogares incapaces de cumplir al menos cuatro de estos indicadores. Antes de la crisis, es decir, hasta 2007, había un 40% menos de hogares en esta situación. De los datos aportados se deduce que casi 270.000 niños podrían estar sufriendo malnutrición en España, y un 11,3% de la infancia de nuestro país sufriría pobreza energética. 

 

Save The Children denuncia que a diferencia de la mayoría de los países de la Unión Europea, España cuenta con un sistema de protección social a la infancia débil, con prestaciones más bajas, de acceso demasiado restrictivo y donde prima la existencia de ayudas aplicadas sobre la Declaración de la Renta (IRPF) de los padres. Esta ONG propone reforzar este sistema insuficiente, aumentando por ejemplo la prestación por hijo/a a cargo hasta los 100 euros mensuales por niño, con una bonificación adicional del 50% para familias monoparentales, pues en ellas entran de media menos ingresos que en las familias con ambos progenitores. Bien, como hacemos siempre, vamos a extrapolar también las cifras a escala mundial, porque como venimos contando, la arquitectura de la desigualdad es un elemento global que se proyecta a todos los países del mundo. Eduardo Camín nos presenta en este artículo reciente para el medio Alainet el panorama mundial de la protección a la infancia, que tomaremos como referencia a continuación. Unicef y la OIT son las dos organizaciones firmantes del informe de referencia, que ponen de manifiesto la necesidad urgente de extender la protección social a todos los niños, para sacarlos de la pobreza y de sus devastadores y traumáticos efectos. El panorama más típico dibuja unos programas de protección social a la infancia de coberturas limitadas, niveles de prestaciones inadecuados, fragmentación y una pobre institucionalización. Algunos países sujetos a un proceso de consolidación fiscal están reduciendo los subsidios, en lugar de extender las prestaciones, como fue acordado en los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). 

 

A nivel mundial, sólo un 35% de los niños goza de protección social, con cifras que oscilan desde el 87% en Europa y Asia Central, 66% en América Latina, 28% en Asia y 16% en el continente africano. El panorama es, pues, tremendamente desolador. Según Isabel Ortiz, Directora del Departamento de Protección Social de la OIT, la pobreza infantil puede ser reducida de la noche a la mañana con una protección social adecuada. Es decir, que si existiera la voluntad política suficiente, se podría alcanzar la protección social universal, pero desgraciadamente, no se hace. Este tipo de prestaciones son un elemento vital de las políticas dirigidas a mejorar el acceso a la nutrición, la salud y la educación, puntales principales, así como para reducir el trabajo infantil, la pobreza y la vulnerabilidad de los niños del mundo. Por su parte, Alexandra Yuster, Directora Asociada y Jefa de Inclusión Social y Políticas de UNICEF, ha declarado que "La pobreza afecta a los niños de manera particularmente grave, ya que sus consecuencias pueden hacerse sentir a lo largo de toda la vida. La malnutrición y la pérdida de años de educación, que con frecuencia derivan de la pobreza, son una tragedia para el individuo, su comunidad y la sociedad". Esta investigadora pone los puntos sobre las íes, al dar en el clavo de lo más terrible de la arquitectura social de la desigualdad, que es proyectarla sobre el mundo infantil, porque es un mundo que se está formando, son los adultos del futuro, y evidentemente, les estamos recortando e imposibilitando su desarrollo, su formación y sus necesidades vitales. Esta es la verdadera tragedia de la pobreza infantil, el hecho de que supone una brusca interrupción en las necesidades incipientes del ser humano, durante su crecimiento. A esa edad las personas no son autosuficientes, luego si no somos capaces de diseñar un mundo que garantice que los niños no tengan que pasar privaciones, nos encontraremos con un mundo más desigual en el futuro, y con personas que arrastran graves y profundos déficits en todos los indicadores vitales. 

 

De esta forma, proyectar la desigualdad y la pobreza sobre la infancia solo nos traerá mayores injusticias sociales, perpetuando la explotación del actual orden económico dominante, tanto en el plano nacional como internacional. Quizá sea ésta la manifestación más cruda de la profunda insensibilidad del mundo capitalista en el que vivimos, que contempla sin inmutarse el tremendo sufrimiento social que estamos causando a nuestros niños y niñas. Ya sabemos que la crisis general del capitalismo implica su decadencia, su descomposición, conduciéndonos al abismo, y abarcando al conjunto de la humanidad, perturbando a fondo su economía, su régimen social, político, ideológico y cultural, como afirma Eduardo Camín en su artículo. Pero si además todo esto lo proyectamos y hacemos víctimas de ello a la infancia, estamos multiplicando el daño para las futuras generaciones. Camín expone muy sabiamente: "Aceptamos con cierta normalidad que la riqueza del hombre más rico del mundo, Jeff Bezos, dueño de Amazon, alcanzó el año pasado 112.000 millones de dólares. Al tiempo que se nos indica que "el presupuesto de salud de Etiopía equivale al 1% de su fortuna", debemos al menos interpelarnos, porque si esto no es una descomposición y decadencia de un sistema económico (además de una injusticia flagrante), entonces posiblemente no hemos entendido nada, en todos estos años sobre las injusticias que nos gobiernan". En efecto, nuestra insensibilidad para "digerir" estos datos y quedarnos tan tranquilos es absolutamente pasmosa y preocupante. De manera general, la riqueza de los 26 mayores multimillonarios del mundo aumentó en 900.000 millones de dólares durante 2018, a un ritmo de 2.500 millones de dólares por día, mientras los ingresos de la mitad más pobre de la población del planeta cayeron en un 11%. Al mismo tiempo, uno de cada cinco niños vive en las formas más extremas de pobreza (menos de 2 dólares al día), mientras que a una vaca europea se le destinan de 2,5 a 3 euros diarios, y casi la mitad de los niños del mundo viven en situación de pobreza "moderada" (menos de 3,10 dólares al día). Los datos son machacones, incisivos, denigrantes, espectaculares, insufribles, incontenibles. Pero son la realidad. Esa realidad que hemos creado. Continuaremos en siguientes entregas.

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16 abril 2019 2 16 /04 /abril /2019 23:00
Hacia otra Política de Fronteras (43)

El mercado mediático nos propone la radical descontextualización de los procesos sociales. La mirada televisiva nos ofrece atajos para comprender la realidad: para que percibamos al inmigrante subido a la valla como un asaltante, previamente hemos tenido que despojarle de su humanidad. Lo vemos como una aparición súbita, como un ser sin pasado y sin futuro. Existe porque lo vemos. Existe mientras lo vemos

Eduardo Romero

En efecto, tal como nos dice Eduardo Romero en la cita de entradilla, sólo así es posible que nuestra sociedad albergue aberrantes centros como los CIE, y el resto de la población permanezca inerme, como si no pasara nada. No es el único caso: en Estados Unidos tienen la base militar y prisión de Guantánamo (Cuba), donde se han practicado y se practican los más crueles maltratos a los presos, y el mundo sigue mirando para otro lado. Hemos desarrollado esa escandalosa insensibilidad, ese hierático silencio, esa pasmosa indiferencia, no para no ver, sino para no querer ver que estas monstruosidades existen en nuestro mundo. Los Centros de Intermiento para Extranjeros (CIE), que estamos tratando a fondo en estas entregas, son otro claro ejemplo. El carácter penitenciario de estos centros, como nos cuentan en el Informe "CIE: Derechos Vulnerados" que estamos tomando como referencia, excede a la propia arquitectura y fisonomía de los mismos, para extenderse a la privación de los derechos de las personas detenidas en estos centros, que en ocasiones es superior a las que se aplican a las típicas cárceles. La negación por ley del carácter penitenciario de los CIE nos debería llevar a presuponer que el nivel de calidad de estancia de las personas internadas en ellos debiera ser superior al existente en las cárceles propiamente dichas, es decir, debiera suponer un régimen más favorable, algo que desgraciadamente no se corresponde con la realidad. La ley establece que las personas ingresadas en los CIE tienen únicamente restringido su derecho ambulatorio. Por ello se debería respetar por norma el resto de sus derechos, los cuales son en muchos casos vulnerados, condenándolos sin ser delincuentes a condiciones mucho peores a las que se ven sometidas las personas que sí han cometido delitos. Un ejemplo de ello es la restricción a los internos en el uso de sus teléfonos móviles.

 

Los CIE adolecen también de otras restricciones: no disponen de intérpretes, la falta de garantía de acceso a la defensa jurídica (con la consiguiente indefensión), la imposibilidad de agrupamiento familiar, la ausencia de cámaras de vigilancia en parte de las instalaciones (que impiden verificar el correcto funcionamiento del centro en todo momento y lugar), y el uso de protocolos y procedimientos administrativos inadecuados para que los internos puedan tramitar con seguridad y confidencialidad quejas respecto a la vulneración de sus derechos. Otra de las carencias que se acusa es la vulneración de la intimidad en las comunicaciones a través de mamparas, lo que impide el contacto físico con familiares y amigos, o del derecho a la integridad moral que supone compartir una habitación de pocos metros cuadrados con numerosas personas. Como ya advertíamos en la entrega anterior, cobra una especial relevancia la práctica del desnudo integral a la que se somete en algunos CIE a las personas que van a ingresar a los mismos, que resulta absolutamente intolerable y constituye una clara agresión a los derechos de las personas. Así mismo, normalmente las personas no son identificadas por su nombre y apellidos sino por su número, lo que conlleva una grave despersonalización e infravaloración de las personas internas. Continúa siendo frecuente el internamiento de personas con problemas de salud, especialmente psiquiátricos, y mujeres embarazadas en los CIE, que carecen de los recursos para poder darles a estas personas una atención adecuada a su situación. Algunos CIE conservan instalaciones muy degradadas (procedentes de cuando eran utilizados como centros penitenciarios), pese a que en otros se hayan efectuado algunas reformas. Bien, todo este retrato que estamos relatando refuerza la conclusión que ya habíamos enunciado desde el artículo anterior, solicitando una nueva Política de Fronteras que, entre otras muchas medidas, no contemple el encierro en este tipo de centros a personas que no han cometido ningún delito.

 

Hemos de volver a insistir en que son personas que únicamente carecen (aún) de la documentación necesaria para acreditar su residencia o su trabajo entre nosotros, y que por ello, no pueden ser objeto de presidio, en instalaciones deficientes, sin respeto a sus derechos elementales, y sin información sobre la duración de su encierro. Estas estructuras de maltrato no pueden continuar. Una Política de Fronteras humana y sensible debería descartar la existencia de estos centros, pero mientras tanto, su regulación debería hacerse por Ley Orgánica en vez de por Reglamento, como se hizo por el Gobierno anterior. Debería tratarse de una Ley específica que regule expresamente el régimen jurídico de estos centros, cuya ausencia trae como consecuencia la peligrosa arbitrariedad y discrecionalidad de los Cuerpos y Fuerzas que se ocupan de su vigilancia y seguridad. Dicha Ley debería contemplar al menos los siguientes aspectos:

 

1.- Que se prohíban expresamente los lugares de detención de las personas extranjeras que no tengan la consideración legal de CIE. De esta forma, quedaría prohibido de manera expresa la posibilidad de habilitar, aunque sea de manera provisional o por motivos de urgencia, establecimientos que no cumplieran con los requisitos de habitabilidad o servicios mínimos con los que deben dotarse. 

 

2.- Permitir el acceso de la sociedad civil y de las organizaciones sociales a los CIE de forma regular y estandarizada. De esta forma, se acabaría con gran parte de la opacidad que aún rodea al funcionamiento de estos centros. Cualquier ONG o asociación civil legalmente instituida que lo solicitare, debiera obtener permiso para visitar cualquiera de estos centros. 

 

3.- Comunicación con el exterior. La Ley Orgánica y sus ulteriores reglamentos deben establecer previsiones concretas sobre el acceso a la comunicación con el exterior de los internos e internas, que debe ser garantizado con la existencia de teléfonos públicos, además del libre acceso a los propios teléfonos de los internos.

 

4.- Asistencia médica y social completas e independientes. Los CIE deben contar con una asistencia médica independiente, con libre acceso a la misma de todos los extranjeros internados. Éstos deben así mismo poder acceder a todos los servicios de la sanidad pública. Otro tanto cabe decir de los servicios de asistencia social. 

 

5.- Visitas y comunicaciones. Se debe garantizar el ejercicio del derecho a las visitas familiares, y de quienes lo pidan las personas encerradas, con compromisos concretos en cuanto a infraestructuras para que las mismas se efectúen en condiciones de dignidad e intimidad. Los horarios de visita deben tener en cuenta la conciliación familiar y laboral, estableciéndose visitas en horarios de mañana y tarde. Por su parte, la comunicación de los letrados con sus respectivos clientes debe realizarse en lugares especialmente habilitados para ello, con objeto de preservar su confidencialidad. 

 

6.- Mecanismos para prever malos tratos. El asunto de los abusos y malos tratos a los internos ha sido sin duda lo peor que ha trascendido de los CIE. Todo ello debe desaparecer bajo los parámetros de funcionamiento de una sociedad civilizada. Garantizando el respeto a la intimidad personal, se debe prever la existencia obligatoria de cámaras de grabación que eviten la comisión de malos tratos, torturas o tratos inhumanos o degradantes, y en su caso, su posible sanción, tanto en los propios CIE como en los desplazamientos al aeropuerto u otros lugares desde los que se ejecuten las expulsiones. 

 

7.- Transparencia y Control. Hemos de acabar con la opacidad, el secretismo y la arbitrariedad que rigen el funcionamiento de estos centros. En este sentido, el Reglamento debería incluir un mecanismo para que se informe a la sociedad civil sobre la situación de los CIE, existiendo total transparencia sobre su gestión. Sólo el juez encargado de autorizar el inicio, seguimiento y control de la detención administrativa, deberá autorizar cualquier modificación del régimen que afecte a la persona interna, incorporándose tanto al expediente administrativo como al judicial las posibles denuncias que se formulen.

 

Aún estamos lejos de cumplir con todos estos requerimientos. Los CIE son, en cualquier caso, lugares indignos, pues limitan la libertad de personas que no son delincuentes. Por ello, no deberían existir dentro de los límites de una Política de Fronteras justa y humana. Continuaremos en siguientes entregas.

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15 abril 2019 1 15 /04 /abril /2019 23:00

La lista de sandeces, barbaridades y estupideces de los líderes de la derecha política (hoy expresada en el trifachito PP-C’s-Vox) es realmente espectacular. No tienen bastante con incluir en sus listas electorales a personajes venidos de profesiones tan “edificantes” como el toreo y las Fuerzas Armadas, sino que además van de disparate en disparate. Proclamas y medidas de corte falaz, ordinario, ignorante y desconcertante, que ni siquiera se molestan en estudiar a fondo, con lo cual, cuando los periodistas les interrogan un mínimo de dos veces sobre el asunto, quedan en el más espantoso de los ridículos. Eso mismo le ha ocurrido a la candidata a la Presidencia de la Comunidad de Madrid por el PP, Isabel Díaz Ayuso, cuando ha anunciado recientemente en un desayuno informativo que (agárrense): “El concebido no nacido se considerará como un miembro más de la unidad familiar, para que se le pueda tener en cuenta a la hora de expedir el Título de Familia Numerosa, o de cara a una plaza escolar”. Y se ha quedado tan pancha. Cuando un periodista presente en el acto le ha preguntado qué pasaría si hay problemas durante el embarazo, la candidata, después de balbucear un poco, ha respondido que “no lo había pensado”. Claro, porque seguramente si lo hubiera pensado, se hubiera dado cuenta de la barbaridad que había anunciado.

 

Porque para empezar…¿Quién es el “concebido no nacido”? Respuesta: Nadie. A lo más que llega nuestro Diccionario de la Real Academia es a la siguiente acepción de “Concebir”: “Referido a una hembra: empezar a tener un hijo en su útero”. Esa denominación (difundida por la Iglesia Católica, por cierto) está basada en intentar conceder un protagonismo actual a una existencia futura, es decir, en potencia. Se refiere a “alguien que será, pero que todavía no es”. Porque para que sea, simplemente, tiene que haber nacido. La “concepción” (aplicada al ámbito que tratamos) no existe, sino la fecundación. El “No Nacido” nos lleva por otra parte a pensar que pudiera existir el contrario, es decir, “El Nacido”, pero ya entonces tampoco lo llamaríamos así, sino por su nombre o identificación social, jurídica, personal o familiar. ¿Tiene sentido hablar entonces de que el “concebido pero no nacido aún” es alguien? Sólo desde un punto de vista fundamentalista religioso (católico, en nuestro caso) puede sostenerse tal afirmación, porque la religión sí concibe “la vida humana” desde la unión del óvulo y el espermatozoide. Pero en realidad, la sociedad entiende y habla de personas desde que ocurre el nacimiento, y alguno de los progenitores inscribe al bebé nacido en el Registro Civil.

 

Es entonces cuando a todos los efectos existe esa persona, tanto en su dimensión física, como jurídica y social. ¿Tendría sentido entonces hacer proyecciones con los “concebidos no nacidos”? ¿Tendría sentido contabilizarlos como población activa? ¿Quizá como futuros cotizantes? Si lo extrapolamos al mundo real, tampoco tiene mucho sentido hacer estadísticas con personas y situaciones en potencia: ¿Tendría sentido contabilizar a los estudiantes de Medicina como médicos en potencia? Sólo cuando finalizan sus estudios, aprueban el MIR y acceden a una plaza, son verdaderamente médicos para el sistema. De igual forma, ¿tendría sentido que una Cofradía contabilizara los embarazos de sus feligresas como miembros de la misma? Son ejemplos del contrasentido al que se podría llegar si aplicáramos la medida de la candidata del PP a cualquier otro contexto.

 

Lo que hay detrás de todas estas absurdas y fanáticas medidas es la presión de los denominados “Grupos Pro-Vida”, todos ellos fundamentalistas religiosos, que hacen presión en la bancada de los grupos políticos de la derecha, para inculcar sus obsesivas medidas contra el aborto. Y todo vale en su objetivo de “abortos-cero”. Estos grupos consideran la vida un “Don de Dios”, porque para ellos sólo Dios puede darnos la vida y también quitárnosla, en lo que coinciden con los parámetros donde se mueve la Conferencia Episcopal, y que además les llevan a oponerse frontalmente a otros asuntos, como la eutanasia, que ha vuelto a salir recientemente a la palestra a través de otro penoso y mediático caso. Estos grupos parten de una cosmovisión religiosa en torno a la concepción (esta vez usamos la palabra con la acepción de “comprender, asimilar, entender”) de la vida humana, por efecto e influencia de los preceptos de la Iglesia Católica en nuestra sociedad, y por tanto consideran que cualquier acción, decisión o comportamiento que lleve al ser humano a “interferir” en los procesos de esa “concepción” de la vida y de la muerte, es contraria a los designios de Dios, y no debe ser permitida.

 

El aborto ahora es combatido en positivo, y por ello el candidato del PP Pablo Casado ha propuesto en este contexto una Ley de Ayuda a la Familia. En el fondo, es esta dimensión “divina” de la vida humana la que les interesa, lo que prevalece, la razón última de la defensa de sus políticas. Pablo Casado ha dejado dicho: “Si pretendemos favorecer la natalidad, tenemos que pensar en cómo ayudamos a las madres a tener los hijos, no en cómo los abortamos”. En vez de tanta proclama falaz, más les valdría ocuparse de la propia dimensión humana de la vida, la cual parece que descuidan en cuanto esos fetos nacen. Por eso nos suena a fanatismo rancio eso del “concebido no nacido”, porque además suele ser la misma gente que defiende la ley del darwinismo social, que proclama que la sociedad debe, después de que haya nacido, abandonar a cada cual a su suerte, para que venza y triunfe el más fuerte, el más poderoso, el que posea más medios.

 

Esos mismos a los que tanto les interesa la “vida” son los mismos que defienden la competitividad, la desigualdad, el egoísmo, el individualismo, valores que tanto se alejan de la humanidad, sobre todo en su dimensión social. Esos mismos que tanto alaban la “vida” son los mismos que están en contra de la protección social, de los servicios públicos, y de los humanos valores del bien común, de la igualdad, de la cooperación, de la confraternidad. A estos que tanto defienden la “vida” más les valdría estar en contra del neoliberalismo, porque éste sí que acarrea muerte, destrucción, odio, competencia, miseria y caos. Pero no, parece ser que para ellos/as, el único tramo de la vida digno de ser protegido es el del “no nacido”. Y una vez nacido, parece que no importa si no puede ser criado y alimentado por sus padres (la pobreza infantil se ha disparado en nuestro país durante los últimos años), si no pueden darle una buena educación, si la sanidad no puede atender sus posibles enfermedades, si (en el caso de ser una persona discapacitada) la sociedad renuncia a su deber de asistencia, si una vez adulto no puede disfrutar de un trabajo digno, de una vivienda digna, o si una vez ancianos/as, la sociedad no le garantiza unas mínimas prestaciones para seguir viviendo dignamente. Parece que todas estas dimensiones de la vida, como ya son humanas y terrenales, no divinas, ya no interesan tanto, y las personas se pueden ver abocadas a su suerte, y continuar viviendo en la pobreza, en la miseria, en la indigencia, en la barbarie, en la precariedad, en la exclusión, en el desempleo o en el exilio. ¿No deberíamos también proteger a los “concebidos nacidos” en todo momento de su vida?

 

En la propia doctrina y comportamiento de la Iglesia Católica encontramos la base del pensamiento de estos grupos: frente a la defensa más enraizada de la vida del “concebido no nacido”, y frente al más enconado fervor por penalizar el aborto y estigmatizar a las mujeres que defienden el derecho a poder practicarlo cuando entiendan que no van a poder procurarle a su hijo/a esa vida, se encuentra también el mayor silencio, la mayor complicidad, la mayor colaboración y la mayor insensibilidad moral a la hora de alinearse y de defender las políticas capitalistas y neoliberales, esas que atacan al auténtico derecho a la vida. Por tanto, ¿están por la vida humana en toda su dimensión, o son simples rehenes de un integrismo religioso? Las conclusiones y los planteamientos no pueden estar más claros. Que cada cual se sitúe en la posición que quiera, pero que no intenten darnos gato por liebre, e inculcarnos una sesgada y ciega fe en un supuesto derecho a la vida sólo mientras somos un conjunto de células en división constante, mientras se nos niega cuando ya somos personas, seres sociales, con personalidad jurídica.

 

Y es que en el fondo, el PP no sabe ya qué medidas va a proponer para desincentivar y desmotivar a las mujeres embarazadas para que no aborten (obsesionado como está con este asunto), que ya deliran y protagonizan los ridículos más espantosos. Hace pocos días, en entrevista radiofónica, también le preguntaban por este asunto al número 2 por Madrid, Adolfo Suárez Illana (“de atrás le viene el pico al garbanzo”, como reza el dicho popular), y éste respondía con absoluto desparpajo que “En Nueva York acaban de aprobar una ley para que se pueda practicar el aborto después de haber nacido”, sin caer en la barbaridad que había dicho, porque precisamente, si el feto ya ha nacido, no puede haber “aborto”, porque este término se aplica únicamente para la interrupción del embarazo, y lógicamente, si el embarazo ha llegado a su fin y el feto ha nacido, no se puede hablar de aborto. Como es lógico, el candidato tuvo que disculparse también esa misma tarde, por sus poco afortunadas declaraciones. En fin…¡qué daño están haciendo las Iglesias de todo el mundo a la vida de las personas! Rompamos con la tremenda hipocresía e ignorancia de los que se alzan en paladines del “derecho a la vida” y de la importancia del “concebido no nacido”, pues no son más que fanáticos fundamentalistas y voceros del cruel y feroz sistema capitalista que ataca a la vida, a todas las formas de vida, de forma continua y despiadada.

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14 abril 2019 7 14 /04 /abril /2019 23:00
Viñeta: Ramses

Viñeta: Ramses

El mundo no está amenazado por seres que quieren matar sino por aquellos que a pesar de conocer los riesgos sólo piensan técnica, económica y comercialmente. La economía capitalista ha llevado el planeta a un callejón sin salida. La situación es tan grave que, hoy día el recurso a la violencia por parte de los movimientos antisistema debe considerarse, sin más, legítima defensa. Estamos amenazados, la población mundial está amenazada de muerte, por vulgares hombres de negocios con aspecto inofensivo. Considero ineludible que nosotros, a todos aquellos que tienen el poder y nos amenazan, los asustemos. No hay que vacilar en eliminar a aquellos seres que por escasa imaginación o por estupidez emocional no se detienen ante la mutilación de la vida y la muerte de la humanidad

Günther Anders (“Llámese cobardía a esta esperanza”)

Como ya afirmábamos en el artículo anterior, la idea fundamental de una economía ecológica y socialista es producir valores de uso, bienes que necesariamente sean destinados para la satisfacción de las necesidades, el bienestar y el pleno desarrollo de las personas. Enfocamos por tanto la característica general del progreso no en el crecimiento indefinido de productos (tener) sino en la reducción del trabajo socialmente necesario y el concomitante aumento del tiempo libre (ser). Está más que demostrado que el "progreso" en la acepción dominante (capitalista) acarrea toda una serie de consecuencias destructivas para la naturaleza. La obsesión por el lucro continuo y creciente explota las dos fuentes de riqueza: el trabajo humano y la naturaleza. Pero es la misma lógica depredadora del capitalismo la que está actuando a ambos niveles, consiguiendo explotar y degradar tanto a la mano de obra humana como a los propios recursos naturales. Todos estos principios ya se conocían desde la vasta obra de Marx y Engels, pero la Ecología va tomando forma propia a partir de medidados del siglo XX. Durante las décadas de 1970 y 1980 en Europa y los Estados Unidos, comenzó a tomar forma un socialismo ecológico. Manuel Sacristán, un filósofo comunista de primer orden, referente y maestro de muchos filósofos y activistas de la izquierda actual, fundó en 1979 la revista ecosocialista y feminista "Mientras Tanto", introduciendo el concepto dialéctico de "fuerzas productivas-destructivas". Sus trabajos y su extensa obra no solo influyeron en pensadores de nuestro país, sino también en autores marxistas y ecologistas extranjeros, tales como Raymond Williams, André Gorz, Barry Commoner, James O'Connor, etc., que hicieron avanzar el ecosocialismo, y consiguieron proporcionarle un cuerpo ideológico más firme y extenso. 

 

Una nueva generación de pensadores ecomarxistas aparecieron durante los años 2000, incluyendo a John Bellamy Foster (autor ya citado en entregas anteriores) y otras personas en torno a la revista Monthly Review, que desarrolló aún más el concepto marxista de "fractura metabólica" entre las sociedades humanas y la naturaleza. En 2001, Joel Kovel y Michael Löwy (autor del cual estamos extrayendo datos e informaciones desde este artículo) escribieron "Un manifiesto ecosocialista", que luego fue más desarrollado por los mismos autores, junto con Ian Angus, en el "Manifiesto Ecosocialista de Belem", publicado en 2008, y que fue firmado por cientos de personas de 40 países y distribuido en el Foro Social Mundial del año 2009. Desde entonces se ha convertido en una referencia importante para ecosocialistas de todas partes del mundo, contribuyendo a reforzar esta disciplina de pensamiento, que pretende ser la fiel evolución del marxismo original, actualizado al conocimiento humano sobre la ecología y los procesos de los ecosistemas naturales. Bien, esto nos está instando a que hagamos una mezcla de ambas disciplinas, de tal forma que una complementa a la otra, y a que, por tanto, lleguemos a la conclusión de que las personas socialistas necesitan ser también ecologistas, y también a que las personas ecologistas necesitan ser socialistas. Pero veamos por qué. Como todos estos autores y muchos otros han demostrado, el capitalismo es incompatible con un futuro sostenible. El sistema capitalista, una máquina de crecimiento económico impulsada por los combustibles fósiles a partir de la Revolución Industrial, es el principal responsable del cambio climático y la crisis ecológica más amplia y peligrosa que se cierne sobre el planeta. Su lógica irracional de expansión y acumulación infinita, el desperdicio de recursos, el consumo ostentoso, la obsolescencia programada y la búsqueda de ganancias a cualquier costo están conduciendo a nuestro planeta al borde del precipicio. 

 

Ante este panorama, ¿ofrece el llamado "Capitalismo Verde" una solución? Más de 25 años de intentos, de conferencias internacionales, de protocolos incumplidos, de aumento de emisiones, de agotamiento de recursos, y de contaminación del planeta, nos demuestran que esta vía está agotada. No será posible reducir el impacto ambiental mientas se mantengan las instituciones económicas dominantes, funcionando bajo los mismos paradigmas. Está demostrado que bajo las ópticas de producción y consumo dominantes, y sin cambiar los objetivos de los grandes agentes económicos, no es posible alcanzar las metas propuestas. La acción colectiva por el bien común se ve continuamente entorpecida, bloqueada y ninguneada por la micro-realidad capitalista cotidiana. Michael Löwy lo explica en los siguientes términos: "La lógica ciega del mercado se resiste a una rápida transformación energética lejos de la dependencia de los combustibles fósiles que están en contradicción intrínseca con la racionalidad ecológica. El punto no es enjuiciar a los capitalistas ecocidas malos en oposición a los capitalistas verdes buenos; el error se encuentra en un sistema basado en la competencia despiadada y en una carrera por ganancias a corto plazo que destruyen el balance de la naturaleza. El desafío ambiental (construir un sistema alternativo que refleje el bien común en su ADN institucional) se vuelve inextricablemente unido al desafío socialista". Todo el imaginario colectivo capitalista de la economía ha de migrar hacia una economía moral, basada en principios no monetarios y socio-ecológicos, gobernada a través de procesos democráticos y populares. Pero esto no será posible sin tomar el control de los medios de producción, y sus instalaciones, maquinaria e infraestructuras. Necesitamos migrar desde una economía de mercado hacia una economía ecológica. La experiencia nos dice que la falta de una postura realmente anticapitalista coherente ha llevado a la mayoría de los partidos verdes europeos a convertirse en simples compañeros suavizantes de las reformas social-liberales del capitalismo. Este, decididamente, no es el camino. 

 

Por su parte, las personas y los programas también se equivocan si únicamente pretenden aplicar las medidas del "socialismo realmente existente" del pasado siglo. Y ello porque este socialismo no era ecologista. Hoy día sabemos con certeza que cualquier teoría o praxis socialista que no integre la ecología como un elemento central de su programa y estrategia, es incoherente, anacrónico e irrelevante. No será posible alcanzar un modelo civilizatorio justo y sostenible únicamente aplicando los paradigmas clásicos del socialismo, sino también impregnando a éstos de los valores, objetivos y estrategias del ecologismo. Es decir, el socialismo ha de ser necesariamente ecológico, y la ecología ha de ser necesariamente socialista. Sólo la perfecta unión de ambos paradigmas harán posible la continuidad de nuestra civilización humana sobre la Tierra. Quizá sea ya demasiado tarde cuando las colectividades asuman esto. De nuevo recurrimos a las palabras de Michael Löwy: "El ecosocialismo extiende el significado de la transformación socialista más allá de un cambio en la propiedad, hacia una transformación civilizatoria en el aparato productivo, los patrones de consumo y el estilo de vida completo". ¿Cómo llegamos hasta él? En primer lugar, necesitamos ir recorriendo un camino de adaptación económica y tecnológica en relación a los modelos productivos, en particular la batalla para forzar a los poderes económicos para que reduzcan drásticamente las emisiones de GEI sigue siendo un frente clave y un objetivo fundamental (es justo lo que están intentando, sin éxito, las Cumbres por el Clima del IPCC, la última de las cuales se ha realizado en Katowice, Polonia, a finales del año pasado). Pero este objetivo hay que combinarlo con esfuerzos locales para migrar hacia métodos agroecológicos, energía solar cooperativa y la administración comunitaria de recursos. Pero mientras avanzamos en todo ello, hemos de elevar la conciencia ecológica y socialista, y promover el activismo desde abajo. Tanto la conciencia masiva como la auto-organización social son precondiciones decisivas y fundamentales para transformar radicalmente el sistema. Sin un nivel de compromiso y conocimiento social adecuado, estos asuntos no pasarán de ser meros objetivos teóricos. 

 

La síntesis de miles de esfuerzos locales y parciales hacia un gran movimiento global sistémico irá forjando el camino hacia la transición necesaria. La conciencia colectiva debe asumir la dimensión internacionalista del problema, ya que la crisis mundial ecológica, económica y social no conocen fronteras, y por ello la lucha contra las fuerzas sistémicas que provocan estas crisis deben ser también globalizadas. Están apareciendo muchos movimientos alrededor de todas estas corrientes de pensamiento, cuyas intersecciones son muy interesantes. De entrada, el ecosocialismo tiene bastantes puntos de encuentro con el ecofeminismo tratado ya en anteriores entregas, lo que los convierten en movimientos convergentes y complementarios. Todos los movimientos por la justicia social, por supuesto, tienen cabida dentro de él (luchas por la justicia fiscal, por la renta básica, por las pensiones, por los servicios públicos, etc.), y todos ellos a su vez conectan con los movimientos antirracistas y contra la intolerancia, porque todos ellos luchan juntos contra la destrucción de las condiciones de vida de comunidades y colectivos que sufren discriminación, o que simplemente son despojados por este agresivo capitalismo salvaje, en su estadío terminal. En los movimientos indígenas, por su parte, también hay líderes que son ecosocialistas, mientras que, igualmente, muchos ecosocialistas ven el modo de vida indígena, basado en la solidaridad comunitaria y en el profundo respeto a la madre Tierra, como una interesante inspiración para el paradigma ecosocialista. De forma parecida y complementaria, el ecosocialismo también se nutre y encuentra voces entre movimientos campesinos, sindicales, decrecentistas, y otros. Como se puede observar, tenemos un crisol de movimientos que aspiran a la vez a un cambio sistémico, convencidos de que otro mundo es posible más allá de la mercantilización absoluta, de la destrucción ambiental, de la explotación de personas y recursos, y de la opresión de comunidades y colectivos. El poder de las élites que gobiernan el mundo es inmenso, y todos estos movimientos aún muy débiles, pero están creciendo y se levantan como una gran esperanza mundial para detener el catastrófico rumbo del crecimiento capitalista. Continuaremos en siguientes entregas.

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